ALUCINACIONES DE VENGANZA
Capítulo XXIII- Secretos.
Hola, disfruten el capítulo (reedición 2020: me esmeré mucho editando esta parte puesto que le agregué una buena parte de la historia de cómo Blackfire fue quien convirtió a su hermana en esclava, todo esto es basado en las diferentes versiones de los orígenes de Starfire en los cómics, en especial en su primera aparición en "The New Teen Titans", si alguien no los ha leído se los recomiendo).
Perdonen por haberme tardado tanto, soy un desastre a la hora de planificar cosas D: Espero que se la hayan pasado bien en estas festividades, y les deseo un muy buen feliz año nuevo :D
Datos:
cursiva= recuerdos.
Komand'r es el nombre original de Blackfire en Tamaran.
CF= Abreviatura de Chico Flash, si han visto Young Justice me entenderán.
Hola de nuevos chicos y chicas, espero que sigan disfrutando de mi alocada historia. Y muchas gracias por sus reviews, follows and favorites, me alegran la vida.
Seogumi y Masunny: Gracias por tu review n.n, espero no dejarte con tanto suspenso esta vez.
Angel Rebelde 18: Sorry, hermanita, no quería que te revolvieras tanto, ojala y en este capítulo no te suceda lo mismo. :D cuídate.
Ana Paola: No te preocupes, cualquier comentario es recibido, y me encanta que puedas contarme sobre cómo te parecieron los capítulos. Saludos.
Firelight14: De hecho he estado pensando en eso, lo tomaré mucho en cuenta, digo, no es porque quiera evitar que me secuestren xD Ya, sin bromas, en realidad si me estoy tomando un momento para decidir, pero lo más seguro es que si haga por lo menos una pequeña secuela. Saludos.
En fin, adiós, cuídense y… ¡Feliz año nuevo!
Teen Titans no me pertenece, yo sólo creo historias con sus personajes, sin ningún fin lucrativo.
Capítulo XVIII- Secretos.
(POV Starfire)
Los gritos resonaban en aquella habitación llena de crueldad. La visibilidad de mis ojos era borrosa, sin embargo sabía dónde estaba. Me sentía desorientada, aunque eso no me impedía sentir las descargas que traspasaban mis músculos ocasionando un inaguantable ardor dentro de cada parte de mí.
Sentía mucho dolor y fue cuando me di cuenta que los alaridos que intentaban traspasar las paredes eran míos. Mi cuerpo ya no era más mi cuerpo; no reaccionaba ante mí, no podía controlarlo. El sufrimiento se transformaba en mi voz y el alivio sólo la muerte me lo daría.
Vi la vida frente a mis ojos, rememorando todo lo que había estado luchando por mi libertad, y me daba coraje cómo aquella raza llamada Psions se apoderaba de mi último suspiro sin tanto esfuerzo. No lograba entender cómo podía haber seres tan crueles y sin corazón.
Volví a repasar cada acontecimiento que ocurrió mientras viví. No me hacía bien quedarme con la oscuridad, la tristeza y el odio con el que había vivido rodeada los últimos años. Decidí mejor recordar mi infancia, antes de que la ciudadela me llevara prisionera, pues era ahí la única época en la que disfruté de la alegría, del amor y de la unión.
Cuando estaba a punto de cerrar los ojos y dar el último suspiro, porque sabía que había llegado mi límite y no sobreviviría, observé una luz que traspasaba mis lágrimas y escuché el ensordecedor sonido de algo grande…
Oscuridad, tortura, muerte; lo único que podía percibir en ese lugar. Sufrimiento, desesperanza, maldad y caos. Los Psions no eran seres con buenas intenciones, torturaban y destruían para enriquecer su conocimiento. Veían a los demás planetas y a sus habitantes como algo inferior, algo que no tenía valor, algo que sólo podía servir como datos para sus estudios.
Los recuerdos dolían. Causaban la misma sensación de lo que ocurrió aquella vez, como si estuviera presente en ese momento y volviera a experimentar cada escalofrío. Esas remembranzas eran tan vívidas y despreciables. Sufrir era lo único que sobresalía de aquella maraña de imágenes en mi memoria. Me aterraba lo que vendría a continuación como aquella vez...
Una tenue luz se abrió paso por una de las lejanas esquinas dejándome observar un poco la enorme extensión de la habitación. Estaba nerviosa. El frío metal de las extrañas ataduras me quemaba, y el nudo en mi garganta, junto con la desesperación, no desaparecía.
Esta obscuridad me hacía sentir devastada, débil, sola…, como si se tratara solamente de mí peleando contra todos esos villanos. Sin compañía. Sin ayuda.
Sacudí la cabeza. No estaba sola. Nunca volvería a estarlo, ¿por qué?, porque conocía a personas maravillosas que jamás me dejarían caer; ellos me ayudarían a levantarme. Porque ellos se habían vuelto mi nueva familia, la familia que me habían arrebatado por muchos años cuando más la necesitaba. Ellos impedirían que la maldad se adueñara de nuestra ciudad; lucharían por la justicia; ayudarían y protegerían a las personas que los necesitaran; no permitirían que alguien se sintiera solo porque encontrarían la forma de hacerle saber que no lo estaba. Ellos eran los Titanes, un grupo de jóvenes que estaba feliz de conocer y pertenecer a su equipo.
Tenía que salir de allí. Sabía que podía. Tenía que haber un método, y la opción de dejar que acabaran conmigo así porque sí no estaba en mis planes.
Un segundo alumbrado se encendió en el centro del cuarto y noté el conjunto diverso de aparatos tecnológicos pegados a una de las paredes laterales. Un diminuto reflejo me mostró que existía algo más de lo que no me había percatado: una vitrina tan limpia y transparente que se extendía frente a mí y me aislaba del exterior.
Estaba sola, lo cual me sorprendía ya que últimamente cada vez que despertaba alguien solía torturarme física o psicológicamente. Observé con dificultad mi alrededor dentro de aquel vidrio gigante, el cual no me rodeaba, sólo separaba un tercio del gran salón como si fuese otra pared más. Aquí adentro no veía nada más que un par de pantallas que emitían sonidos con un volumen muy bajo, la plataforma inmovilizadora en donde me tenían atrapada y una mesa metálica que brillaba por la reflexión de las luces sutiles encima de mí.
Era demasiado obvio que había cámaras o sensores por doquier, pero eso no me impedía tratar de buscar una salida de esta armadura que me mantenía inmóvil. No tenía mucha energía, apenas contaba con la necesaria como para estar despierta por lo que usar mi fuerza para romper las ataduras sería en vano. Tenía que haber algún interruptor que desactivara mis grilletes, tal vez estaría en algún panel atravesando el cristal sin embargo sería imposible llegar hasta él.
Podría intentar reunir todo el poder que me quedaba para crear un starbolt que pudiera destrozar alguna de las esposas en mis manos, eso me daría más ventaja respecto a esta estructura no obstante me arriesgaba a que estuviera hecha para absorber mis rayos. Sabía que Blackfire tenía que ver con este diseño, era parte de mi tortura mental y no me sorprendería saber que ha hecho todo lo posible porque fuesen exactamente como la de los Psions: resistentes a la energía y radiación del sol.
Suspiré pesadamente. ¡Cómo deseaba que Robin estuviese aquí! ¡Él sabría qué hacer!
"¡Vamos, Starfire, piensa en otra manera de escapar!".
Me animé de nueva cuenta, volví a inspeccionar el lugar intentando deducir qué plan tendría más porcentaje de éxito. En mi búsqueda, limitada a sólo mirar mi entorno ya que ni siquiera podía mover mi cabeza, había encontrado una puerta casi imperceptible en aquella extensión trasparente que separaba este gran cuarto, aunque probablemente se necesitaba alguna tarjeta de identificación o código para entrar.
Subí con dificultad mi mirada tratando de no lastimarme más con este collar firme y grueso que apretujaba mi cuello; apenas y logré vislumbrar un par de objetos pequeños y transparentes suspendidos en lo alto de mi cabeza, muy cuidadosos de no tocarme pero lo suficientemente cerca como si estuviesen conectados con el soporte de hierro que tan espantosos recuerdos me traía.
El que más había llamado mi atención de estos recipientes era una esfera totalmente negra con un contenido que parecía moverse constantemente como si se tratara de un líquido dando vueltas. En realidad me parecía algo familiar, ese color y la forma en la que se comportaba se me asemejaba a la energía de los hechizos de Raven, aunque cómo era posible que…
—Por el miedo en tu rostro, supongo que ya te has acordado de aquella vez cuando obtuvimos nuestros poderes, ¿no, Koriand'r? —rápidamente volteé hacia su voz, encontrándola de pie frente al gran vidrio que nos separaba, con las manos en la cintura y una desmesurada sonrisa.
—¿Por qué lo haces? —le cuestioné con una rabia no característica de mí. Estaba temblando, antes de miedo ahora de furia. Cómo se atrevía a exponerme ante tal crueldad, no solo para mí, sino también para ella pues todo este escenario debía significar una experiencia muy amarga en su historia.
—Sabes que odio hablar de ese tema. Aunque debo confesarte algo, agradezco parte de ese horrible episodio, gracias a ellos me volví más poderosa. Pasé de ser la inútil y desplazada princesa a una verdadera guerrera. Me convertí en el gran desastre que mamá y papá siempre pensaron que era.
—Ellos nunca pensaron que eras un desastre, Komand'r. Ellos te amaban tanto como a Ryand'r y a mí.
Rodó los ojos y soltó un bufido. —¿Hermana, cuándo aprenderás a ver las verdaderas intenciones de las personas? No son más que basura. En el mundo sólo debes preocuparte por ti porque siempre habrá gente que te dará la espalda. ¿Acaso no aprendiste algo de eso con tu vida como prisionera? Tamaran entregó a sus princesas a cambio de su propio bienestar y ni siquiera intentaron luchar para defenderte —mencionó con algo de odio.
—Bien sabes que no tenían opción, éramos nosotras o la destrucción de Tamaran —dije con la voz quebrada, si bien esa decisión había significado una vida llena de sufrimiento, era mejor que la extinción de todo un planeta. Fue un duro sacrificio pero a cambio de salvar millones de vidas tuve que soportarlo; más bien tuvimos, ella conocía tan bien como yo la crueldad de la Ciudadela.
—Kom, yo sé que puedes ser mejor. Tú eres mejor que ellos, eres mi hermana y no mereces rodearte de personas con un corazón tan despiadado. Sé que has cometido errores, ¿pero quién no los comete? Mereces una segunda oportunidad y sé que dentro de ti existe luz; existe una persona que tiene miedo de amar.
—Kory, ahórrate las palabras. No necesito tu lástima. Estoy en el lugar en donde quiero estar y ya que esta será la última vez que te vea creo que es tiempo de romper tu pequeña burbuja idealizada sobre mí.
Estaba atenta a sus palabras. ¿Qué era eso de que sería la última vez que me vería?, ¿iban a matarme? Ella se acercó más al vidrio, con emoción en el rostro como si estuviese a punto de revelarme el secreto del universo.
—Yo nunca fui una esclava —comenzó y mi rostro expresó confusión—. Me alié con la Ciudadela y los Gordanianos después de nuestra pelea cuando entrenábamos con los Caballeros de Okara. Tú habías sido elegida para ser sucesora de la corona; me quitaste mi lugar. La corte de Tamaran me arrebató, desde muy pequeña, el derecho de gobernar excusándose en mi enfermedad física sin importar si mis otras facultades serían las adecuadas para el cargo. Yo siempre fui más fuerte que tú, Koriand'r; era mejor guerrera y mi carácter era perfecto para liderar.
La miraba atónita. Sabía que ella se había ido de nuestro planeta por un tiempo ya que había intentado matarme en uno de esos duelos de nuestro entrenamiento. Recordaba que ella me tenía mucho odio porque la gente solía decirme frecuentemente que sería una buena gobernante cuando creciera. Entendí su enojo aun siendo una niña, aunque me dolía que se desquitara conmigo cuando la decisión no la había tomado yo. Me parecía injusto que le hubiesen quitado el derecho a la corona sólo porque había nacido enferma, su cuerpo no podía absorber la energía del sol como lo hacíamos todos los demás por lo que no podía volar, pero eso no la hacía incompetente para ser una buena líder. Es por eso que cuando intentó asesinarme en aquella batalla no le guardé rencor ni tampoco le tuve miedo; simplemente entendía que la habían lastimado mucho y sólo necesitaba más comprensión. Era mi hermana y no podía juzgarla.
—Planeé el golpe a Tamaran junto con ellos con la condición de ser parte de su ejército, de que te pidieran como trofeo y me dejasen el camino libre para gobernar cuando tuviera la edad adecuada a cambio de recursos que ellos necesitaban de nuestro planeta. Les di buena información sobre nuestras defensas para que pudieran entrar y atacar, y cuando la guerra estuviera a su favor pidieran a cambio como ofrenda de paz a sus dos princesas y los recursos que necesitaban, o el exterminio de nuestra especie sería inminente. Ya sabes qué pasó después, aunque la diferencia es que tú entraste a esa nave como una esclava y yo como un general del ejército de la Ciudadela.
Mis ojos se llenaron de lágrimas, no podía creer lo que estaba diciendo. Sentía un gran dolor en el pecho, como si me hubiesen golpeado tan fuerte y me sacaran el aire. Hace años cuando regresó a nuestro planeta después de estar dos semanas desaparecida, la recibimos con las puertas abiertas sin tener idea a dónde había ido o qué había hecho, aun así yo la abracé fuertemente porque la había extrañado tanto. Nuestra relación no mejoró tanto pero al menos ya no me rechazaba. Después de unos meses la Ciudadela atacó nuestro hogar, sabían cómo destruir la defensa, habían asesinado a muchos soldados, mis padres incluidos; pronto nos dominaron y no nos quedó de otra que aceptar sus condiciones para salvar a nuestra gente.
—¿Cómo pudiste? —cuestioné con la voz entrecortada, las lágrimas no dejaban de fluir y no podía respirar bien. Era demasiado para mí. Sentía un gran peso encima de mí y sólo me preguntaba con horror cómo una chica de 12 años había planeado algo tan cruel para derrocar a su familia. Lo que más me dolía era que no había ningún rastro de remordimiento en su rostro.
—Ya te lo dije. Tenía que defenderme, tomar lo que me pertenecía. No lo entenderías, eres tan débil. Deberías estar muerta. Planeaba matarte antes de volver a Tamaran y hacerles creer a todos que había escapado y que a ti te habían matado hace tiempo, con eso no tendrían más remedio que devolverme el trono; pero para desgracia de las dos los Psions nos capturaron, hicieron aquellos horribles experimentos y cuando estábamos a punto de morir una nave de la Ciudadela intervino. Obtuviste poderes, no obstante seguiste siendo una asquerosa esclava mientras yo resurgí más poderosa entre las tropas. Parecía que aquellos científicos me habían curado pues ahora podía volar e incluso mis ráfagas eran más fuertes que las tuyas; con eso sería cuestión de tiempo para que Tamaran implorara que fuera su reina. Todo hubiera salido perfecto si no hubieses escapado.
—¡Tú nos traicionaste Komand'r! ¡Me convertiste en esclava! ¡Destruiste mi vida y la de Ryand'r! ¡Dejaste que mataran a nuestros padres! ¡Arruinaste Tamaran! ¡¿Hiciste todo eso sólo porque querías la maldita corona?! ¡Eres un ser despreciable! —grité con tanta ira. Estaba temblando de la rabia que sentía. Quería salir de esta maldita estructura y golpearle la cara de satisfacción que tenía.
—No te esfuerces, hermana. Sabes bien que esa máquina está diseñada para los tamaranianos. Incluso si pudieras utilizar tus rayos no lograrías nada —se dio la vuelta dirigiéndose hacia la salida. Abrió la puerta y antes de cerrarla se volvió hacia mí: —Por cierto, no te preocupes por tu planeta. Después de que mueras podré proclamarme como la única gobernante de Tamaran y por fin haré de él el planeta guerrero y glorioso que alguna vez fue, algo que nuestro débil padre no pudo hacer nunca.
Escuché la puerta cerrarse, me había quedado nuevamente sola aunque sabía que habría quienes estuvieran oyendo todo por micrófono, pero no me importaba; ellos no me importaban ahora.
Seguía sintiendo como si un peso se hubiese abalanzado sobre mí. Dolía demasiado, mi corazón latía lentamente con punzadas de dolor y es que Blackfire se había encargado de hacerlo añicos. Ardía, mi cuerpo se sentía destrozado. Quería odiarla, necesitaba odiarla pero mi alma no estaba preparada para eso, incluso después de todo lo que había hecho no me sentía con la fuerza suficiente para odiarla, ¿acaso ella tenía razón?, ¿era una persona débil?
Me hería tanto que terminara así. Que su odio, su egoísmo y su hambre de poder la llevaran a cometer actos tan atroces, que la convirtieran en un monstruo. Era mi hermana, la amaba y aunque estuvimos separadas por mucho tiempo, aunque ella no me soportara y nunca concordáramos, me hubiese gustado ayudarla a sanar de toda esa ira que la envenenaba, sin embargo nunca me dio la oportunidad. Nuestra conexión siempre había estado rota…, tal vez nunca existió.
—¡Vaya, no pensé que se agradaran tanto! —exclamó el chico pelirrojo observando la escena mientras se acariciaba el cabello de la nuca.
—Yo, en realidad… —balbuceó Chico Bestia mientras un leve sonrojo se asomaba por su rostro. Terra no pareció inmutarse ante el comentario de Chico Flash puesto que seguía recargándose en el pecho del joven Titán, cuidando de no molestarlo con la estructura en sus manos, respirando rápida y silenciosamente sobre su hombro asimilando lo que acababa de ocurrir.
Él seguía abrazándola al mismo tiempo que sentía los pequeños espasmos de la chica, sabía que estaba llorando y le rompía el corazón que estuviera en ese estado. Ella estaba asustada, el shock que le había dejado aquel hombre le impedía regresar a la realidad por lo que se aferraba más a su compañero como si tuviera miedo de que al separarse se daría cuenta que la bala no había fallado.
—¡Vamos, chicos, apresúrense, ya localizaron a Robin! —la voz de Cyborg resonó en uno de sus oídos por medio del auricular que les había otorgado. Los chicos se miraron entre sí y asintieron.
—Terra, tenemos que irnos —mencionó con tranquilidad el chico verde ayudándola a levantarse. Ella con algo de dificultad logró ponerse de pie y limpiándose las lágrimas con uno de sus antebrazos miró a ambos chicos para suplicar: —¡Por favor, encuentren a Starfire!
—¡En eso estamos! —comentó el pelirrojo tomándola en brazos y transportándola en segundos a la sala de comando gracias a su velocidad. El cuarto era de tamaño mediano, de unos treinta y cinco metros cuadrados, estaba poco iluminado para apreciar mejor las doce pantallas en las que constantemente cambiaban los vídeos junto con su descripción sobre qué piso y número de cámara era a la que pertenecían las grabaciones. En éste se encontraba Cyborg observando fijamente uno de los tantos monitores que allí había; junto a él estaban dos guardias amordazados, sujetos con sogas e inconscientes. Chico Flash bajó a la chica que cargaba en sus brazos al mismo tiempo que una araña verde en el hombro de ella saltaba en el aire volviendo a su forma humana.
—¡Terra, me da mucho gusto que estés bien! —exclamó el mitad robot con una pequeña sonrisa al percatarse de su presencia. Se acercó a ella y con una llave logró tirar al suelo el aparato metálico que ocultaba sus manos; ella pronto comenzó a sobarse las muñecas, al parecer el metal las había magullado un poco.
—¡Díganme que ya saben algo de Starfire! —suplicó la rubia acercándose más a las transmisiones de las cámaras, tratando de encontrar en ellas a la chica que se había sacrificado por ella.
—Lo siento, aún no sabemos en qué lugar la tienen, y tampoco encuentro rastro de los otros tres Titanes honorarios —mencionó decepcionado Cyborg.
El silencio se estableció en aquel cuarto mientras los cuatro jóvenes observaban a detalle los vídeos de cada pasillo o habitación que aparecían en las pantallas intentando descubrir una señal de sus amigos secuestrados.
La búsqueda se prolongó unos minutos más en los que Cyborg se comunicó con Raven para preguntar sobre la situación del equipo de defensa. Al parecer aún no había movimiento fuera del psiquiátrico por lo que Jinx, Más, Menos y Aqualad seguían custodiando la zona desde el bosque preparados para la salida de los otros dos equipos.
—Yo… quiero agradecerles por haberme salvado de ese sujeto —comentó apenada la rubia, llamando la atención de los tres chicos quienes no dudaron en sonreír.
—¡No fue nada! ¡Por cierto, aún no nos conocemos, soy Chico Flash! —sonrió presentándose ante ella haciendo un ademán.
—¡Mucho gusto, Chico Flash! —respondió ella con una sonrisa. Pasaron algunos segundos en los que se debatió sobre qué más decir; sabía que debía disculparse pero no encontraba las palabras correctas y además estaba muy nerviosa.
—También quiero disculparme con ustedes. Sé que no merezco su perdón por todas las cosas horribles que hice en el pasado y no creo que exista forma de remediarlo; aun así estoy dispuesta a cooperar con lo que ustedes me pidan e incluso si debo pagar mis crímenes en una prisión estaré de acuerdo —sonaba totalmente sincera, sus ojos lucían vidriosos y se notaba el gran esfuerzo que le estaba costando formar una sonrisa sin soltar a llorar.
—¡Tranquila, Terra! —habló el metamorfo colocando su mano en el hombro de ella como señal de apoyo—. Raven nos contó lo que sucedió contigo y Slade, y también sobre lo de Starfire. Robin debe de estar muy contento de que Star se encuentra con vida. Hiciste lo correcto al regresar con nosotros por ayuda y estoy seguro que muchos de nosotros apreciamos esa decisión.
—Todos cometemos errores alguna vez, Terra. Lo que importa es darse cuenta de ello, de tener la voluntad para querer repararlos. Y sobre lo del pasado, ya habrá tiempo para hablar sobre ello; para curar las heridas de ambas partes —comentó Cy con una sonrisa comprensiva.
Ella asintió limpiándose las lágrimas que ya estaban empezando a derramarse sobre sus mejillas. Estaba contenta, creía que las cosas mejorarían y quién sabe, quizás hasta podría recuperar los amigos que perdió, la familia de la cual se alejó. Por primera vez desde que despertó en el hospital sentía que estaba en el lugar correcto, incluso aunque hacía minutos estuvo a punto de morir. Si así se sentía ser una Titán, ¿cómo era que había renunciado alguna vez a esto?
Aunque las cosas pintaran bien para su futuro, al menos hablando de los siguientes días, también existía la parte en ella que sentía que no se merecía aquellas palabras. Seguía siendo atormentada por un fantasma que no recordaba pero que sabía que había hecho mucho daño, y le costaba creer que ellos pudieran volver a aceptarla. Bajó la mirada, estaba dispuesta a correr el riesgo, a proteger lo que antes deseaba destruir, a defender a aquellos chicos que alguna vez la habían recibido en su equipo; estaba decidida a hacer eso y más sin importar si ellos confiaran en ella o no.
—Entendido, Abeja —la voz de Cyborg llamó la atención de los otros tres.
—¿Qué sucedió? ¿Están en problemas? —cuestionó preocupado el chico de piel verde.
—No te preocupes, Bestita. Están bien, ya vienen para acá.
Cyborg volvió a sentarse frente a los monitores, analizando por tercera vez si había alguna relación o dato sobre los pisos cinco y seis ya que en el mapa que él había logrado descargar aparecían y se le hacía demasiado extraño que no hubiera ninguna cámara, o por lo menos una ligada a aquella sala de vigilancia, que mostrara algo de aquellos misteriosos niveles.
Se sentía frustrado. Estaba estancado, habían logrado entrar al cuartel de los villanos sin embargo el objetivo de la misión ni siquiera se había cumplido al cincuenta por ciento. Llegar hasta ahí no fue nada fácil, principalmente porque el líder del grupo se había tomado la libertad de irse mucho antes que ellos debido a su impulsividad, y segundo, porque el psiquiátrico tenía muy pocas opciones de entrada.
Al inicio tenían planeado utilizar el túnel por el que Robin y Terra habían entrado pero antes siquiera de llegar al lugar se dieron cuenta que varios guardias lo custodiaban. La siguiente opción fue entrar directamente, bajar al sótano y buscar el dichoso elevador del que Terra había hablado, por suerte Cyborg logró acercarse lo suficiente al psiquiátrico como para controlar el sistema de las cámaras, haciendo que esa ruta fuera más fácil para ellos. También consiguió descargar un plano tridimensional sobre el lugar en el que estaban, mostrándole rápidamente en dónde se encontraban celdas, habitaciones, laboratorios, cuartos de observación y el centro de comando; cosa que agilizó el plan.
Tan pronto encontraron el ascensor Cy lo hackeó para poder bajar al tercer piso puesto que era donde estaba el centro de comando, lo cual significaba que también estarían ahí las grabaciones de las cámaras de vigilancia que podrían ayudar en la localización de sus compañeros. Al caminar por los pasadizos del nivel tres se encontraron algunos guardias y villanos menores que los cinco Titanes implicados en la misión se encargaron de detener sin llamar tanto la atención.
Mientras los dos equipos, ataque y rescate, se infiltraban en el hospital antiguo, el de defensa esperaba fuera de él cerca del bosque para luchar en caso de emergencia o para apoyar cuando sus compañeros salieran de aquel lugar. Desde la Torre, Raven se encargaba de informar a cada grupo sobre sus tareas y el desarrollo de cada una de ellas, además de establecer contacto con cada uno, cuidando que la nueva red de comunicación de Cyborg no se viera con problemas de interferencia. Respecto a lo que sucedía con la ciudad, y ya que la información sobre el artefacto que Terra mencionó que utilizarían con Starfire era muy escasa, solo pudo alertar a las autoridades para que estuvieran disponibles ante cualquier altercado.
Antes de salir de la Torre principal Raven les había explicado las nuevas modificaciones del plan que Robin había hecho dada las confesiones de Terra; realmente no discernían mucho de la misión original, a excepción que Robin se infiltraría primero que todos y que el objetivo de rescate se había expandido a una persona más. Todos se alegraron cuando escucharon la noticia de que la Titán pelirroja aún estaba viva, fue como si aquella nube gris que los mantenía decaídos se fuera por completo llenándolos de una gran energía para unirse a la batalla.
…
La puerta se abrió de golpe asustando a Terra quien seguía divagando en sus pensamientos. La luz del pasillo contiguo permitía que una franja de luz atravesara la habitación iluminando sus rostros. De inmediato un chico de altura promedio, cabello anaranjado, con un carcaj de flechas montado en la espalda y un arco en su mano accedió por el umbral. Seguido de él apareció una pequeña figura que planeaba en el aire y que al estar completamente dentro de la habitación creció hasta tener el tamaño del arquero. La chica era de tez morena y llevaba un traje en colores negro y amarillo acompañado de unas alas como si se tratara de una abeja. La rubia no los conocía, o al menos no los recordaba, pero estaba segura de haber escuchado sobre ellos cuando estaba con Slade y Rouge. Finalmente entró el chico maravilla, quien contaba de nuevo con su traje, siendo recibido con una sonrisa por parte de sus otros compañeros.
—¿Robin? —preguntó Terra asombrada, agradecida de que él se encontrara bien.
—Terra, me da gusto que estés a salvo —mencionó el pelinegro aliviado de que no le hubiesen hecho daño. Se volvió a sus demás compañeros y principalmente cuestionó a Cyborg con algo de ansiedad: —¿Hay alguna pista sobre dónde pueden encontrarse Starfire y los demás?
—Aún no lo sé con seguridad. He revisado las grabaciones en vivo de todos los lugares disponibles y no noté nada inusual más que guardias en vigilancia y unos cuántos enemigos menores conversando; sin embargo el mapa que descargué en mi programa me muestra que hay dos plantas más debajo de nosotros que no están conectadas con las cámaras, o al menos no con este centro de vigilancia. Lo más seguro es que los tengan ahí abajo.
—¿Sabes algo acerca de esos pisos? —cuestionó el líder a Terra.
—No, ni siquiera sabía de su existencia hasta hace poco cuando entramos por el túnel del elevador.
—Bueno, entonces nos separaremos —ordenó Robin vislumbrando el mapa tercera dimensión que proyectaba el antebrazo de Cyborg—. Kid Flash, Terra, quédense aquí por si notan alguna anomalía en las grabaciones que pueda ayudarnos o prevenirnos. Cyborg, Speedy, Chico Bestia y Abeja, vengan conmigo, iremos a investigar en esos dos pisos y si es necesario dividirnos lo haremos.
Todos los demás jóvenes asintieron. Estaban a punto de salir cuando Chico Flash pareció recordar algo importante: —¡Espera, Robin! Encontré algo cuando revisé algunas de las habitaciones —el velocista sacó de un rincón el cinturón utilitario.
—¡Gracias, CF! Tengan cuidado, y si hay alguna razón por la que deban salir de aquí no lo duden. Manténganse en contacto con los transmisores.
Los cinco chicos emprendieron marcha hacia el quinto piso utilizando el elevador. Cuando las puertas se abrieron vieron un panorama totalmente distinto al de los otros niveles del psiquiátrico. Las paredes estaban impecables igual que las baldosas blancas que componían el suelo. No había tantos pasillos por lo que la extensión era más pequeña; conforme caminaban las habitaciones se veían nuevas y mejor equipadas respecto a la seguridad, incluso había cámaras Gesell.
El lugar estaba muy frío como si el aire acondicionado hubiese sido modificado para mantener una temperatura muy baja. Con destreza los jóvenes desactivaban o manipulaban las cámaras de vigilancia que encontraban para no llamar la atención, aunque era extraño que éstas no estuvieran conectadas al centro de comando en el que anteriormente habían estado.
Los chicos estaban atentos ante la probable llegada de guardias e incluso trataban de ser lo más sigilosos posible. La ausencia de vigilantes en cada uno de los pasillos les pareció sospechoso, quizás ya sabían sobre su presencia, ¿pero si era así no sería más lógico que mandaran más hombres para atraparlos?
Después de caminar unos metros más se toparon con un corredor sin salida. Los Titanes se miraron entre sí confundidos puesto que el plano en 3D de Cyborg indicaba que existía más área por explorar.
—¿Crees que el plano esté erróneo? —preguntó Abeja al mitad robot.
—No lo creo, hemos estado utilizándolo desde que entramos aquí y todo estaba correcto.
—¡Qué diablos! ¡Parece que tendremos que hacer un hoyo en la pared para averiguar qué hay del otro lado! —mencionó frustrado Veloz sacando de su carcaj una flecha explosiva.
—¡¿Estás demente?! —exclamó el líder sin medir el volumen, quitándole la flecha de la mano al pelirrojo. Notó que había hablado más fuerte de lo que debería por lo que continuó en un susurro: —¡Una explosión nos delataría de inmediato!
—¿Pues cómo crees que derribaremos este muro, con una de tus bombas de humo? —el sarcasmo del pelirrojo se hizo notar. Su entrecejo, tanto como el del pelinegro, se frunció y era evidente para sus otros compañeros que habría otra discusión entre ellos.
—Chicos, tal vez haya una entrada por alguno de estos cuartos —mencionó Chico Bestia intentando llamar la atención de los dos pero ambos seguían mirándose desafiantes.
—Ya que tienes buenas ideas, Veloz, ¿por qué no buscamos a Slade para que nos diga él mismo dónde está la puerta? —respondió Robin con ironía.
—Terra no está presente y en caso de que estuviera derribaría el muro provocando el mismo estruendo que si lo hago yo con una de mis flechas —se defendió el arquero arrebatándole la flecha que le habían quitado antes de que pudiera dispararla hacia aquel muro de concreto. Después sintió la necesidad de provocar más al pelinegro y dañar su orgullo pronunciando: —¡Tal vez no estés tan interesado en salvar a Starfire!
El impacto de un puño contra la palma de la mano fue la primera señal de que deberían separarlos. Luego vino el empuje por parte de Robin que logró aventar a Veloz hacia la pared, sin embargo el pelirrojo no dudó en defenderse, propinándole un golpe con su arco que lo alejó de él. Antes de que volvieran a reincorporarse Cyborg y Chico Bestia detuvieron la pelea tomando a cada uno y distanciándolos un poco.
—¡Dejen de comportarse como niños de preescolar, así nunca llegaremos a nada! —reclamó Abeja lo más bajo posible, disgustada por la conducta de sus compañeros—. ¿Acaso no entienden que estamos aquí como un equipo y debemos trabajar como uno? Vinimos a este lugar para salvar a nuestros amigos, no para decidir a quién le importa más Starfire. Ella está aquí con vida y seguro que está esperando que la ayudemos, al igual que con Kole, Gnarrk y Argenta. Si siguen discutiendo no lograremos llegar hasta ellos. Deberían unirse más ahora que tienen el mismo propósito, si quieren salvarla tendrán que apoyarse el uno el otro. Ahora dense la mano y actúen como verdaderos compañeros.
Los dos chicos enfadados y refunfuñando a lo bajo se acercaron, sin embargo antes que sus palmas chocaran, en un rápido movimiento y sin que ninguno de los otros Titanes pudiera evitarlo, Veloz lanzó su flecha explosiva hacia aquella pared por la que había empezado la discusión. Un "no" casi sordo inundó aquel sitio robándose las miradas ansiosas de los presentes. Sus ojos cambiaron rápidamente a unos desconcertados al ver cómo la flecha había traspasado la sólida pared sin siquiera haber detonado.
—¿Qué sucedió con tu flecha, Roy? —preguntó desorientado Cyborg mientras poco a poco se acercaba al final de ese corredor.
—¡Viejo, dime que tienes flechas especiales que pueden hacer eso! —mencionó Chico Bestia sorprendido.
—Quisiera decir que sí, pero esa flecha simplemente debió de haber dejado un hueco.
—Creo que sé de lo que se trata —Robin se acercó a Cyborg y junto a él comenzó a observar la supuesta "pared". Ambos se miraron entre sí y al mismo tiempo traspasaron aquel umbral disfrazado.
—¿Un holograma? —se cuestionó Abeja en voz baja tratando de encontrar respuestas—. Pero en todo caso, ¿por qué la flecha no hizo explosión?
—Vamos, no nos quedemos atrás.
Los tres Titanes restantes caminaron hacia la misma dirección de sus amigos para reunirse con ellos y en cuanto cruzaron el concreto simulado se sorprendieron con el nuevo color de los siguientes pasadizos. Un efecto tablero de ajedrez tapizaba el techo, el piso y las paredes, y un déjà vu rememoraba a un villano en la mente del metamorfo: —¿Alguien más cree que esto es una trampa?
El grito de dolor viajó a través del aire y el eco se volvió espantoso. El sonido se esparció por los rincones y la desesperación y el horror que acompañaban la voz dejó helados a los chicos presentes.
—¡Es Kole! —exclamó Robin corriendo entre los confusos azulejos buscando una dirección. Los demás lo siguieron cuidando de dónde pisaban, pendientes de cualquier indicio sospechoso que pudiera ponerlos en peligro.
Guiándose por sus oídos llegaron frente a una puerta de metal que fue derrumbada inmediatamente por Cyborg. Dentro, en una de las esquinas de aquel salón inmenso, encontraron a su compañera cabizbaja cubriéndose desesperadamente las orejas. La chica siguió gritando desgarrándose la garganta, comunicando que algo malo estaba ocurriendo.
—¡Kole, escúchame! ¿Qué te sucede? —se inclinó Veloz soltando su arco y tratando de verle la cara pero ella se negaba a elevarla. Sin previo aviso los gritos dejaron de salir de su boca y por un momento el silencio se volvió eterno.
—¡Mis sensores están captando algo! —tan pronto como el mitad robot terminó la frase la pared junto a él se derrumbó y Gnarrk lo empujó estampándolo contra el otro extremo. Todos centraron su mirada en ellos lo cual fue la distracción perfecta. Una nueva exclamación de dolor se abrió paso, lo sorprendente era de dónde venía pues cuando volvieron su vista hacia donde estaba el arquero éste se sostenía el brazo tratando de contener la sangre que bajaba rápidamente por su piel.
—¿Quién será el siguiente? —un tono de voz tan frío y monótono, con una expresión sin emoción en el rostro, provino de Kole, quien ahora estaba de pie mirando con los ojos vacíos y de un color violeta intenso a sus amigos. Dos de sus dedos estaban convertidos en cristal y seguían cubiertos de la sangre del pelirrojo a quien acababa de herir.
