ALUCINACIONES DE VENGANZA
Capítulo XXV- Sucumbiéndose en la obscuridad.
¡Volví!
¡Hola, queridos lectores! Seguramente ya estarán hartos de mí y de mi incesante canción de disculpas por tardar mucho tiempo en subir, y lo sé, soy un monstruo por no actualizar rápido, ni siquiera en mis otros fics :C.
Sí, sí, yo también me pongo muy triste cuando no puedo escribir y hacer lo que más me gusta pero la escuela me consume y no me da tiempo para pensar en mis fics T.T
Ya, esta vez ya no les haré una biblia tan larga. Quiero que sepan que aunque tenga mucha tarea por hacer, siempre pensaré en ustedes y no dejaré inconcluso ninguno de mis fics (E2020: eso espero :C).
¡Qué tengan buena semana! Espero disfruten mucho del capítulo, que aunque está un poco corto, lo hice con toda mi dedicación y sentimientos :´)
Gracias por su apoyo y gracias por leer todas las cosas que publico, me hacen sentir muy feliz :D
Ya saben, si les gustó el capítulo no olviden dejar su lindo e importante comentario, eso me anima mucho más de lo que creen y me hace ponerle mucho más empeño a la historia, ya saben, soy bien dramática :3
En fin, que estén muy bien todos y que tengan una buena semana santa, disfruten de sus vacaciones, chicos, y si no tienen como yo, me pongo a llorar con ustedes bye…
cursiva= recuerdos.
Teen Titans no me pertenece, yo sólo creo historias con sus personajes, sin ningún fin lucrativo.
Capítulo XXV- Sucumbiéndose en la obscuridad.
(POV Starfire)
Llevaba caminando quizás una hora sin rumbo, mis pies ya estaban cansados y el ocaso pronto daría paso a la acogedora noche. Antes de eso había despertado entre cajas de cartón en una fábrica que por alguna extraña razón se encontraba vacía. Estaba muy confundida, no sabía cómo había llegado hasta ahí ni tampoco reconocía aquel vecindario como para volver a la Torre; y para colmo no me sentía nada bien como para volar y buscar un camino desde el aire.
Era tan hermoso el sol para mi vista aunque la cruda realidad era que se alejaba de mí, la llama de esperanza disminuía y el dolor se volvía hacer presente en mi pecho devorando la apacibilidad de mis nervios. Poco a poco comenzaba a recordar el porqué estaba tan lejos de mi hogar y el porqué debería seguir estándolo.
—Cierra los ojos un momento —me escuché decir desde mis labios resecos, reconfortados imaginando probar un poco de agua. No podía hacerlo, tenía que irme lejos, seguir merodeando hasta encontrar algún lugar donde esconderme, perderme entre los enormes edificios o buscar una zona rocosa en donde nunca me pudieran encontrar, por lo menos hasta que me recuperara y pudiera regresar a Tamaran.
No quería irme, no quería alejarme de esta ciudad, de esta tierra que me había salvaguardado por más de dos años. Era mi nuevo hogar y no podía abandonarlo.
"Tienes que hacerlo, no por ti, hazlo por ellos" me respondió una voz dentro de mi cabeza y temí que tuviera razón. No era por mí, sino por ellos. No quería lastimarlos nuevamente, no quería dañar nunca jamás a otras personas, en especial a mis amigos; me habían dado todo y no quería herirlos.
—¡Starfire!— volví a escuchar en mi mente aquellos alaridos desesperados con un toque de incredulidad. Pude reconocer algunas voces… Cyborg, Chico Bestia, incluso a él; su fuerte voz me hizo sacar una pequeña sonrisa pero ésta cambió al recordar lo que continuaba después de aquellas palmadas incesantes en la puerta.
Me detuve repentinamente cerca de una tienda de materiales de agricultura y vislumbré mi silueta frente al cristal empolvado, aunque no lo suficiente, permitiendo ver en su reflejo mi figura demacrada con parte de la ropa hecha jirones, algo quemada y empobrecida de color gris por el polvo. Estaba algo sorprendida, a pesar del dolor en mi cuerpo no había moretones ni cortadas y muy apenas se apreciaba una pequeña cicatriz de quemadura en mi abdomen. Sabía que me curaba más rápido que los humanos pero esto era algo insólito, con el nivel de heridas que había recibido en aquella explosión y en la tortura de Blackfire me hubiese costado reponerme en mínimo tres días.
Suspiré con cansancio. Esto era demasiado. No podía explicar lo que había sucedido y el estrés estaba aumentando. Cerré los ojos y recargué mi frente en el vidrio, rememorando debajo de mis párpados el infierno que acababa de vivir.
—¡Starfire! —un último grito y después el sonido de una puerta derrumbada. Sus ojos, tan inquietantes como sorprendidos, no dejaban de posarse sobre mí, como si estuviesen viendo a una completa desconocida…, quizás lo hacían.
El resplandor naranja, tan cegador como siempre, me impedía ver con claridad todo lo que sucedía alrededor. Los mareos no cesaban y esas voces en mi cabeza me volvían loca; me susurraban ideas entrechocadas que tal vez sólo mi subconsciente podía comprender.
Mis compañeros, heridos y con el aspecto de haber salido de una montaña de arena, se encontraban en la otra esquina de la habitación. No entendían lo que sucedía ni yo tampoco, sólo recordaba haber visto mucho movimiento y cosas volar por la habitación rompiéndose al estrellarse con el suelo o desintegrándose lentamente en el aire. Todo lo divisaba como en cámara lenta, una que se encaminaba entre el ojo de un huracán, de un desastre.
Aún recordaba el rostro de mi hermana disipándose por el lugar. Aún recordaba que había otros más que también perecieron por ese rayo, luz, energía o lo que sea que me rodeaba. Me sentía culpable pero también con un terrible orgullo debajo de esa capa de horror hacia mí misma.
Parecí entenderlo, poco, quizás lo suficiente para tener esa sensación de terror de llegar hasta donde estaban mis amigos. ¿Qué tal si ellos también se desintegraban al acercarse?
Sería su asesina. Nunca desearía eso. Nunca podría vivir con ello.
Tan pronto mis pies tocaron el sólido piso, una sacudida invadió el cuarto y ellos parecieron preocuparse mucho más. Podía leer en sus facciones que querían cruzar ese largo salón invadido de cristales y cosas rotas para poder abrazarme, sin embargo dentro de mí crecía desmesuradamente el miedo de herirlos.
Algunos pedazos de techo caían y los Titanes parecieron reaccionar, me miraban incitándome a correr hacia ellos y salir libres por la puerta, no obstante yo sólo di traspiés hacia atrás tratando de evadir cualquier castigo sobre ellos. Me miraron confundidos y comenzaron avanzar hacia mí, cuidando de no quedar aplastados por uno de los fragmentos de concreto que bajaban en picada.
Miré a la única persona que podía entender perfectamente mi mirada y con los ojos llorosos moví la cabeza en negación mientras las palabras se quedaban atoradas en mi garganta y un golpe en el pecho me agitaba.
No pude ver la reacción de él pues una explosión me hizo caer y en cuanto volví a levantarme observé aterrorizada cómo un tercio del techo ya no existía más, ahora residía por los suelos como grandes pedazos de hielo de un lago congelado. Debajo de éstos veía a mis amigos, inconscientes y con sangre resbalando por su piel. Una máquina cerca de ellos había explotado y una hilera de fuego nos dividía.
El corazón no pudo evitar dar un sobresalto, uno en el que la preocupación me contagiaba las ganas de ayudarlos pero la duda asfixiante sobre si les haría daño tocarlos no me dejaba en paz.
—¡Lo siento! —pude alcanzar a decir con voz temblorosa. Con las lágrimas rozándome las mejillas troté hacia mis espaldas, concentré mi energía y como pude atravesé los siguientes pisos de ese lugar.
Me odiaba profundamente en este momento; odiaba lo que había pasado, el daño y las muertes que había ocasionado, pero sobretodo odiaba más a las personas que lo habían causado. El remordimiento me envenenaba por dentro. Sólo quería salir de aquí, huir del sufrimiento y la culpa; dormir en paz.
—¿Mamá? —escuché a lo lejos un quejido, una vocecilla temblorosa y pasos que marcaban el asfalto con ese pequeño y débil sonido hueco.
Levanté mi frente y me di la vuelta buscando a la primera persona que aparecía en aquellas calles que había estado recorriendo desde que desperté en la fábrica, lo cual era muy extraño pues la mayoría del tiempo había tráfico y personas paseando, sin embargo hoy, bueno, al parecer no había sido tampoco un buen día para ellos.
Sus ojitos verdes me miraban con tristeza y decepción. Movió sus cortos rizos dorados al negar con la cabeza y escuché sus sollozos mientras estaba con la mirada en el suelo. —No llores —me acerqué al pequeño niño de unos seis años que yacía en el medio de la calle frente a mí. Me incliné ante él tratando de tomarle del hombro pero retrocedió inseguro. Después me miró fijamente a los ojos y una mueca de reconocimiento le adornó el rostro.
—¿Por qué lloras?, ¿también perdiste a tu mamá? —sentí un nudo en la garganta al escucharlo y no pude evitar pensar en mis padres, ellos ya murieron, bueno, en realidad los asesinaron; acepté sus muertes hace años y sabía que no podía retroceder el tiempo, sólo me quedaba recordarlos, aunque sea lo poco que pude pasar con ellos.
Limpié mis lágrimas y con uno de mis dedos hice lo mismo con el niño de cabello castaño claro. —¿Quieres que te ayude a buscarla? —él pareció sonreírme y asintió intentando dejar de llorar. Luego pasó algo que no me esperaba: el pequeño se lanzó hacia mí, me rodeó el cuello con sus delgados brazos y sentí el más tierno abrazo que me habían dado.
Me quedé pasmada por un momento hasta que el escalofrío subió por mi espalda. "¡Mis poderes!" pensé asustada sobre lo que les había hecho a mis captores y a mis amigos, sin embargo cómo era posible que pudiera tocar sin dañar a este pequeño. ¿Eso significaba que estaba bien? No me importó, lo abracé con la misma dulzura que él me confiaba y por lo menos en ese instante volvía a ser la misma de antes.
—¡Vamos! —lo tomé de la mano, aún me sentía muy cansada como para cargarlo o como para volar, así que con pasos simultáneos y firmes atravesamos la solitaria calle en busca de otras personas que pudiesen ayudarnos.
—¡Señorita Raven, ya hemos revisado las zonas que nos indicó y no hemos encontrado a más personas!
—¡Gracias, Más y Menos! Reúnanse con las autoridades que están en el centro comunitario junto con Jericho y Aqualad. Ayuden a asistir a las personas que encontraron, y protéjanlas. Los mantendré al tanto si ocurre algo más —pronunció por el comunicador moviendo algunas teclas de la computadora, entrelazándose con las cámaras de video de la ciudad, no obstante las cuadras que quería ver simplemente estaban sin electricidad. Se encontraba inquieta, no podía controlar su nerviosismo y se sentía impotente al no saber qué hacer en esta situación incluso con sus poderes. Podía defenderse, sabía pelear, claro que sí, aunque en esta ocasión no sabía a quién enfrentarse. Esta vez no era un enemigo en concreto, sino una comunidad dañada.
Las alarmas habían teñido de rojo todo el cuartel desde hacía ya un par de horas. Los agentes policiacos mencionaron que había ocurrido una explosión electromagnética de procedencia desconocida que había dañado a varios generadores de energía, lo que dejó sin luz a una parte de la ciudad. Todo iba normal hasta ese punto, sin embargo todo cambió cuando se reportaron casos de violencia provocada por ciudadanos en contra de todo aquel federal que se acercara a la zona sin luz.
No se sabía con certeza qué fue lo que había ocurrido, algo en ella sospechaba que tenía que ver con la Hermandad del Mal y los planes de los que habló Terra, de los cuales Starfire también podía salir herida. Se dispuso a actuar como lo haría su líder y en cuanto la mayoría de los Titanes Honorarios llegaban a la Torre, les dio la misión de revisar el área y proteger a las personas de esos "agresores". Grande sorpresa que se llevó al enterarse que la mayoría de la gente de ese espacio se revelaba contra la sociedad atacando a cualquiera que se les acercara.
"Tienen la apariencia de zombies" recordó haber escuchado de los gemelos velocistas, pues describían que los "ciudadanos infectados" tenían marcas violetas en la piel y se veían muy pálidos. ¿Acaso podía ocurrir eso?, ¿zombies? Por supuesto, después de tantas cosas que había vivido el que existieran muertos volviendo a la vida no sonaba tan descabellado, incluso Slade o Terra podrían ser parte de esos casos. Después de todo estaba rodeada de personas con poderes sobrenaturales, muchas veces inexplicables, y sin olvidar que ella era mitad demonio, hija de Trigon, un ser maligno que trató de corromperla y convencerla de que el sufrimiento de cada ser que gobernaras era para demostrar lo cuan poderoso y grande eras.
Negó con la cabeza aquellos recuerdos; nunca llegaría a esa situación, tal vez así fue su padre pero eso no significaba que ella seguiría sus pasos. Azar le enseñó a controlar sus sentimientos y buscar la paz, liberarse de los instintos de Trigon que vivían dentro de ella y mantenerlos dormidos. Su padre le heredó poderes que todos los días tenía que controlar junto con su ser alma, al igual que una parte de su naturaleza, y eso no significaba que por ser su hija también sería malvada. Estaba aprendiendo a sobrellevar sus poderes, su "maldición", aquella que la había privado de sentir por mucho tiempo. Tenía claro que quería ser como los demás, quería ser libre para demostrar sus emociones y lo lograría ahora que nadie se interpondría.
—¿Ésta es tu casa? —preguntó empujando lentamente la puerta, que sorpresa o no, estaba sin cerrojo.
—Sí, pero mamá ya no estaba cuando desperté —comentó el niño. Ambos caminaron hacia adentro tratando de distinguir las paredes y no colisionar contra ellas ya que la noche había aparecido triunfal afuera, dejando todo en completa obscuridad.
La chica al encontrar un interruptor trató de encenderlo, sin embargo ninguna luz iluminó los cuartos explicando por qué desde las colinas no se veía ningún farol funcionando aun cuando el ocaso se montaba en el cielo.
La pelirroja encendió en su palma una luz verde e intentó controlar la intensidad para que no ocurriera un accidente, no quería dañar a nadie. Tanto ella como el pequeño caminaron y se adentraron en la sala, después en el corredor que conectaba con la cocina y al asegurarse que no había nadie ahí subieron las escaleras hacia el segundo piso dirigiéndose a los dormitorios.
—¡Tengo miedo, Starfire, me da miedo la oscuridad! —mencionó el niño tomando más fuerte la mano libre de la chica quien no dudó en devolverle el gesto, sin lastimarlo, en señal de fortaleza.
Ella se detuvo y agachándose hasta llegar a la altura de esos brillantes ojos verdes, le sonrió y le dijo: —Verás, te contaré un secreto. Cuando era pequeña yo también le temía a la obscuridad, pensaba que había alguien dentro de ella, algo que me asustaría; pero un día mi papá me mencionó que no había porqué temerle, que en nuestro corazón existía tanta luz que nos iluminaría incluso cuando sólo hubiera tinieblas. Hay que mantenernos firmes y valientes, pues nunca estaremos solos; siempre tendremos a alguien en el pensamiento y en el corazón que nos pueda acompañar en aquellos caminos que parecen tenebrosos. Así que cuando tengas miedo, no sólo a la oscuridad, piensa en aquellas personas que más quieres y verás que no te sentirás solo y podrás sentirte seguro ante cualquier cosa.
…
Llegaron a un cuarto pintado de celeste con unas nubes esponjosas en el techo que a su vez dejaban sobrevolar unos avioncitos a lo largo de un hilo. Existía una ventana en uno de los extremos, ésta dejaba al descubierto la sombra de las montañas que se extendían a lo lejos.
El infante se acercó a su cama y subiéndose en ella tomó a uno de sus peluches, un osito café obscuro el cual era su favorito: —¡Él es Jhony! ¡A él también le gustan los superhéroes que ayudan a las personas!
—¡Hola, Jhony! —exclamó Starfire sonriendo, recordando a varios de sus peluches de la infancia y la alegría de jugar con ellos.
Un sonido desde el primer piso acaparó su atención, pensó en la posibilidad de que fuera la mamá del niño por lo cual lo bajó de la cama y le dijo que había que ir a la planta baja. Ethan, como dijo que se llamaba en el camino a casa, emocionado bajó con cuidado las escaleras en compañía de una de sus superheroínas favoritas, tomándole la mano para no perderse en la oscuridad y con la otra agarrando fuertemente a su osito favorito.
Los sonidos provenían de la cocina por lo cual sus pasos tomaron esa dirección. Cuando doblaron la esquina y entraron a ese cuarto extenso, se sorprendieron; dos hombres estaban ahí parados buscando con desesperación algo en las gavetas frente al refrigerador. Al parecer la luz verde neón que producían las manos de Star llamó su atención y voltearon ante el niño y la chica; ésta última ahogó un grito, comenzó a temblar y el corazón se le detuvo por un segundo.
Reconoció esas líneas en la piel y esos ojos escalofriantes en los sujetos sólo que ahora no eran de un color violeta neón sino un morado más obscuro, casi negro, lo cual los hacía ver más aterrador. No eran sus compañeros Titanes, de eso estaba segura, eran personas que no conocía y sabía que en ese estado eran peligrosas.
Las piernas no le respondieron, sólo se quedó estática mientras escuchaba las respiraciones de los cuatro presentes incluyendo la suya. "¡Corre!" le gritaron sus pensamientos y aun así no reaccionaba ante ellos, no hasta que los dos sujetos gruñeron de manera horripilante y caminaron, mejor dicho corrieron, hacia ellos.
La pelirroja cargó a Ethan y haciendo un esfuerzo por volar llegó a la entrada sin estrellarse con nada. Abrió la puerta con un forcejeo y corrió con el pequeño hacia la calle esperando recuperar fuerzas para salir volando lejos de ahí.
Su respiración era entrecortada, le dolía respirar, aún estaba débil y no podría soportar una pelea con esas cosas. Sintió el cuerpecito del pequeño esconderse detrás de ella al igual que el temblor de sus manos.
—¡Todo estará bien! —recitó tratando de calmarlo pero ni siquiera ella era capaz de librarse de ese angustiante pánico. Y como si hoy fuese literalmente el peor día de su vida, otras 6 personas "infectadas" salieron de uno de los callejones.
—Ethan, no te separes de mí.
Los gruñidos de aquellas personas no hacían más que sofocar el ambiente, lo convertían en uno de terror en donde la solitaria calle haría presencia de una batalla por la supervivencia.
Las ideas se le mezclaban y el dolor de cabeza le propiciaba una bofetada mental. No podía salir volando de ahí por falta de energía; no podía gritar por ayuda ya que en todo el camino no había visto a más ciudadanos; tampoco podía correr pues no avanzaría mucho, además esas "personas" podrían ser más veloces que un humano promedio.
Dio pasos hacia atrás propiciando más tiempo para idealizar un plan, sin embargo llegó un momento en que Ethan y ella tocaron con la espalda una de las paredes de la casa contigua. No pensaba usar sus rayos, si lo hacía no sabía qué podría llegar a hacer y mucho menos si podría parar. Este era justamente el momento en que necesitaba a los Titanes, a sus amigos, al chico que era su novio…
Una flamante llamarada hizo que las miradas de todas esas "personas" observaran el cielo inducidos en una especie de hipnosis mientras seguían con su vista el objeto prendido en llamas que caía a varios metros de ahí. El sonido de una moto se escuchaba cerca, no obstante a estos seres no les importaba más que esa luz brillante y cegadora que ahora chispeaba como un par de fuegos artificiales.
—¡Sube! —exclamó el tipo con un casco negro, que tan pronto como se subieron sus dos protegidos, arrancó y se perdió nuevamente en la oscuridad de la noche.
