ALUCINACIONES DE VENGANZA
Capítulo XXVIII- Consuelo
Teen Titans no me pertenece, yo sólo utilizo a sus personajes para crear esta historia sin ningún fin lucrativo.
Capítulo XXVIII- Consuelo
(POV Starfire)
Mirar la ventana no era saludable. Nunca lo había sido cuando lo único que podías observar era tu reflejo tan deprimente y el paisaje gris, nublado y casi muerto de una ciudad.
Había estado haciendo eso todo el día. Sólo observar parte del río y del cielo deseando que mi mente se desconectara. Un montón de preguntas e ideas se habían cruzado por mi cabeza y después de un rato eran sustituidas por otras, todas martilleándome por dentro.
Estaban preocupados, lo entendía, yo lo hubiese estado; aunque ahora…, ya nada tenía sentido al menos para mí. No me había movido, no había hablado y casi no había comido, no había ni siquiera sonreído ni llorado; sólo mostraba mi cara monótona y una mirada vacía, sin brillo, con una actitud que deprimía a cualquiera. ¿Y qué podía hacer? Pensaba cosas a cada momento que me golpeaban el pecho, la mente y mi conciencia. No podía aguantar, no era tan fuerte, no después de todo lo que había pasado.
Estaba tiesa, inmóvil, casi no parpadeaba y no emitía sonido alguno. Era como una muñeca de trapo arrinconada en una de las esquinas de su habitación, toda destrozada y sucia, sin voz y sin movimiento, sólo observando y preguntándose si había un motivo para seguir jugando.
Nada era fácil y sin embargo me cuestionaba por qué ahora me sentía peor que en otras ocasiones si mis amigos estaban conmigo. Siempre fui más alegre, más positiva, ¿por qué me estaba apagando? Me sentía cansada, harta de estos sentimientos de culpa. Sólo quería descansar un poco…
…
Tres días aquí y ya me sentía asfixiada. El primer día me la pasé durmiendo, no quería levantarme de la cama y mucho menos comer. Ellos trataban de animarme, de hacerme hablar, no obstante yo sólo me quedaba callada y fingía dormir para no responder sus preguntas; de todas formas ellos permanecían en mi habitación para velar mis sueños.
El segundo día me sentí peor, ya no me dolían las heridas físicas gracias a los poderes de Raven, aunque eso no evitó que sintiera como si me desgarraran por dentro. Existían heridas que no sanaban y que se estancaban en mi pecho dificultándome el respirar. Quería llorar, quería desahogarme pero simplemente no encontraba la forma. Tenía miedo de que ellos me vieran peor y sospecharan lo que me estaba pasando; lo que había hecho.
Hoy había sido diferente, desperté como si hubiera renunciado a estar presente con ellos. Pocas veces les respondía, me distraía con facilidad y por fin les había dicho algo: "Por favor, necesito estar sola". Robin se negó varias veces aunque al final Raven lo convenció, creo que ella comprendía por sus poderes el mar de emociones en las que me estaba ahogando y que sí requería un tiempo a solas.
Aquella noche en el callejón sólo podía sentir remordimiento. Estaba devastada y las emociones se avecinaban sobre mí como una corriente que me llevaba a la locura. Y luego lo sentí, sus brazos me rodearon y a pesar de que su ropa mojada estaba helada, pude disfrutar de ese calor que tanto necesitaba; un pequeño lugar para sentirme protegida, para sentirme por un instante segura.
En ese refugio no me importó ya nada, sólo me encariñé con ese sentimiento y lloré; lloré con toda el alma hasta que sentí que la fuerza se me iba; hasta que me sentí mareada y también aliviada; quizás ese era el momento perfecto para decir adiós, para despedirme de la vida que tanto quería, pero no, ¡aún no quería morir! Y mientras caía en la oscuridad de mi mente, sólo percibía sus brazos estrujándome más como si temiera que me fuera. Me acarició la espalda tratando de sostenerme mientras podía sentir sus susurros y sollozos en mi cuello, consolándome diciendo que todo estaría bien. Ambos sabíamos que eso era una mentira.
Me había enterado que una parte de la ciudad estaba en cuarentena debido a una epidemia de no sé qué enfermedad que los estaba poniendo frenéticos y violentos. Sabía que estaba relacionado con mis compañeros secuestrados y con lo que me había sucedido, sobre todo con la Hermandad del Mal pues sospechaba que eso formaba parte de su plan cuando me raptaron. Aún no sabía qué fue lo que hicieron o cómo, pero mis amigos ya estaban tratando de averiguarlo.
La ciudad estaba hecha un desastre. Algunas personas lograron ser evacuadas por las autoridades por temor a que pudieran resultar heridas, y muchos ciudadanos ya tenían miedo de salir a las calles. Se suponía que todo estaba controlado hasta ahora; se había capturado a una parte de las personas lesionadas con esta crisis, aunque se temía que hubiesen más escondidos en lugares públicos como escuelas, bibliotecas o teatros. Eran extremadamente peligrosos cuando había multitud y cuando se sentían intimidados; además aún estaban desaparecidos Kole, Argenta y Gnarrk, quienes eran una amenaza más grande por sus poderes.
Presentía que todo esto tenía algo que ver conmigo. Ellos lo sabían, sin embargo tenían miedo de decírmelo; evitaban hablar del tema cuando estaban junto a mí y me daban muy pocos detalles de la investigación. Eso sólo me hacía sentir peor, ¿acaso no confiaban en mí?, ¿acaso creían que era tan débil como para no poder soportarlo?
¡Perfecto! ¡Ahora no sólo cargaba con las muertes de mis agresores, sino también con víctimas inocentes que acababan de perder la normalidad de sus vidas!
De verdad mi cabeza se estaba volviendo un problema y las pastillas no estaban logrando ningún efecto. Cada vez que pensaba en cualquier cosa que tuviera que ver con la situación, el dolor palpitaba en mis sienes como si me avisara que eso era un tema prohibido. No sólo mi cuerpo se encontraba devastado mentalmente, también se estaba cobrando por los últimos días en que la resistencia involuntaria a reaccionar y poder realizar lo básico como alimentarme y dormir bien estaba muy presente en mis acciones.
No tenía hambre pero debía comer. Me acerqué a la bandeja de comida en una de las mesitas que habían traído a mi cuarto y con dificultad comencé a ingerir pedazos de melón. Estaba a punto de terminar con el vasito que contenía la fruta cuando las arcadas llegaron. Salí corriendo de mi habitación con dirección al baño llegando justo a tiempo para no hacer un desastre con mi vómito.
Me miré en el espejo del lavabo, realmente me veía mal: las ojeras eran prominentes y había perdido el color de mi piel, parecía un muerto. Esperé un rato dentro del baño tratando de controlar las náuseas y relajarme un poco antes de volver a mi cuarto. El sudor en mi cuerpo comenzó a preocuparme pues sentía como si tuviera fiebre, aunque al querer confirmarlo con el dorso de la mano en la frente noté que realmente estaba fría.
Esto no estaba bien. Estos síntomas me estaban debilitando mucho y los medicamentos que Cyborg me había ordenado tomar no estaban funcionando. ¿Qué estaba sucediendo con mi cuerpo? No lo pensé más y cerré la puerta del baño con seguro, me giré hacia el lado de la tina y abrí la llave para que se llenara de agua caliente, quizás eso detendría los escalofríos que empezaba a experimentar.
Me deshice del pijama que llevaba encima y me sumergí en el agua caliente disfrutando el contacto del vapor con mi piel. La temperatura era lo más alta posible que permitía la llave y mi piel no veía problema con eso, después de todo resistía el calor y necesitaba deshacerme del espantoso frío que transmitía mi cuerpo.
Suspiré, esto se sentía mucho mejor de lo que pensé. Me sentía tranquila, concentrada en las sensaciones del agua sobre mi piel como si curaran parte de mi alma. Cerré los ojos dejándome llevar por el sonido de mi respiración y sin desearlo me quedé profundamente dormida.
Desperté cuando tocaron varias veces la puerta: —Star, ¿estás bien? —escuché del otro lado. Notaba algo de preocupación en la voz de Robin.
—¡Sí, estoy bien! ¡Estoy tomando un baño! —mencioné, para mi sorpresa, con una voz alegre.
—Está bien. Sólo te traje la cena, te espero en el cuarto.
"¿La cena? ¡X'hal! ¡Me quedé dormida casi dos horas!".
—¡Sí, enseguida salgo! —grité nerviosa. ¿Cómo se había ido el tiempo tan rápido? Saqué mis manos sólo para comprobar si habían pasado tantos minutos, y en efecto, mis dedos estaban húmedos y muy arrugados como si fuesen una pasa.
Me sumergí totalmente en el líquido para mojar mi cabello y rápidamente lo lavé con shampoo para después enjuagarlo. Salí de la bañera con cuidado de no resbalarme y me vestí con una bata de baño que estaba colgada cerca de la cortina. Exclamé un no a lo bajo, no había planeado bañarme así que olvidé traer ropa limpia por lo tanto tendría que salir sólo con eso; esperaba no encontrarme con alguien en el camino hacia mi cuarto.
Abrí un poco la entrada y busqué con la mirada si había algún Titán en el pasillo. Salí inmediatamente al no encontrar a alguien y caminé lo más rápido posible hacia la habitación que tenía mi nombre. De pronto recordé que Robin estaría esperándome allí pero ya era demasiado tarde como para regresar al baño; mi mano había apretado el botón y la puerta se había deslizado.
Él volvió su mirada hacia mí mientras estaba sentado en mi cama y yo no pude evitar sentir las mejillas tan calientes que seguro mi cara parecía un tomate.
—¿Estás bien? —preguntó preocupado levantándose y acercándose hacia mí.
—¡Sí! —dije nerviosa—. Yo, lo siento, es que olvidé llevar ropa limpia—mencioné con vergüenza mirando hacia otro lado.
—¡Ah, claro! ¡Te espero afuera! —dijo entendiendo la indirecta. Lo miré antes de salir y él también estaba sonrojado. La puerta se cerró y suspiré con pesadez, me estaba comportado como una niña. Tenía que comenzar a ser menos penosa con él; era mi novio y no tenía que avergonzarme por estas cosas. Era normal sentir esta atracción por él y sabía que en algún momento nos volveríamos tan íntimos que poco importaría si me veía en bata o no.
Aunque no había estado antes en un noviazgo entendía algunas cosas de las relaciones terrícolas gracias a algunas películas de romance que había visto, no obstante algunas acciones me parecían demasiado dramáticas, ¿por qué les era tan difícil confesar sus sentimientos o mantenerse juntos? Cómo sea, también había tenido charlas con Raven y me explicó que no creyera todo lo que viera en la televisión, normalmente las relaciones eran menos complicadas.
En Tamaran no tuve oportunidad de hablar de estas cosas con mi madre puesto que la habían asesinado antes de que siquiera me gustaran los chicos, además aún era una niña cuando me llevaron como prisionera. Tenía una vaga idea de lo que era amar a alguien en ese sentido; lo veía en mis padres e incluso en los de mis amigos, y pensaba que estar junto a alguien era principalmente para formar una familia, pero estaba muy equivocada, significaba mucho más que eso.
Estar con alguien era la decisión de compartir tu vida con aquella persona especial; crecer juntos; apoyarse mutuamente; disfrutar de los momentos; escribir una historia. Y justamente era lo que sentía al lado de Dick incluso antes de que me confesara sus sentimientos. Sonreí, estaba enamorada de ese chico como nunca pensé estarlo de alguien después de tantas desgracias. Me dio esperanza, me ayudó y fue amable conmigo cuando creía que no existían ese tipo de personas. Fue una gran dicha conocerlo a él y también a mis amigos. Los amaba con todo mi ser.
Me cambié rápidamente poniéndome otro pijama compuesto por una blusa de tirantes lila y un short del mismo color ya que faltaba poco para que oscureciera y no tenía planeado salir. Noté con felicidad que podía moverme con más facilidad y el dolor de cabeza había desaparecido. El baño me había caído bien y me había relajado lo suficiente como para olvidar por un momento todo lo que había pasado. Me sentía otra vez yo, con energía e incluso un poco de hambre. Estaba sorprendida, era como si el agua se hubiese llevado mi sufrimiento.
—¡Estoy lista! —grité indicándole que podía entrar. Escuché el sonido de la puerta y pronto ahí estaba él frente a mí observándome.
—¡Te ves mejor! —comentó con una sonrisa.
—¡Me siento mejor! —exclamé devolviéndole la sonrisa. Había extrañado estos últimos días la cálida sensación de bienestar.
—¡De verdad me alegra que te sientas mejor! —me abrazó y al separarse me dio un beso en la frente. —¡Ahora vayamos a cenar! Traje también mi comida para que cenemos juntos porque de ninguna manera voy a permitir que sigas sin probar bocado —dijo a modo de regaño, aunque su rostro me decía que estaba preocupado por mí. Tomó mi mano y me encaminó hasta la mesa para que pudiéramos sentarnos en la cama.
La comida olía delicioso, seguro que Cyborg se había esmerado en prepararla. Robin acomodó mi plato frente a mí y también me acercó el vaso con agua para que pudiera beber de él. El espagueti con milanesa brillaba ante mis ojos, el color era espectacular y los alimentos seguían aún calientes pues un poco de humo salía de ellos. Después de varios días sin comer correctamente el estómago me pedía a gritos que lo devorase todo y así fue como tomé el tenedor y le di una gran mordida al pedazo de carne.
—¿Estás de acuerdo que tienes que comer para sentirte mejor? —comentó mi novio observándome con diversión. Yo sólo asentí disfrutando del increíble sabor que tenía la comida de Cy.
Estuvimos comiendo un buen rato, a veces nos deteníamos a hablar de temas comunes como que habían llegado algunos otros Titanes Honorarios a la Torre como Phanta, Bushido, Heraldo, Jerico y Hot Spot para apoyar en la búsqueda de la Hermandad del Mal. Comentó que Terra había querido quedarse hasta atrapar a Slade, lo cual me daba la esperanza de que si le ofreciéramos que volviera a ser una Titán aceptaría.
También me confesó que estaba notando como que algo sucedía entre Raven y Chico Bestia pues últimamente se la pasaban juntos y ella había dejado de ser tan sarcástica cuando él contaba chistes. Dijo que todos los Titanes en la Torre estaban convencidos de que algo se traían esos dos. Yo me reí, era gracioso pensar que nosotros fuimos la misma suposición del equipo meses atrás.
…
—¿Cómo te sientes? —soltó de repente cuando yo bebía agua.
—Me siento bien —dije con naturalidad tan pronto alejé el vaso.
—Me refiero a lo que te pasó —mencionó con suavidad tomando mi mano y observándome fijamente a los ojos. Yo me tensé y él lo notó. —Sabes que puedes contarme lo que sea. Confía en mí.
—Robin yo…—bajé la mirada, no podía contarle lo que había pasado o al menos no todos los detalles; pero si no lo hacía seguirían buscando a la Hermandad del Mal y al menos yo sabía que no encontrarían a Cerebro, a Mallah, a mi hermana y a quién sabe cuántos más.
—Tú me viste aquella noche. Las alucinaciones seguían y no podía diferenciarlas de la realidad. Me sentía desorientada y volátil; no sé qué fue lo que me hicieron para reaccionar así —continué apretando su mano cuidando no lastimarlo con mi fuerza. —Y antes de eso ellos me atraparon en una máquina que absorbía mi poder; me dolía mucho, sentía que iba a morir y cuando creí que lo haría la energía explotó dejándome libre. Y yo… yo —las lágrimas salieron impidiendo que pudiera continuar. Él me abrazó y yo rodeé su espalda con mis brazos. Me sentía culpable, le estaba mintiendo al chico que amaba y sobre todo estaba entorpeciendo la investigación. Ellos deberían saber cada detalle para encontrar una solución al problema en la ciudad, ¿pero por qué me costaba tanto decirles la verdad?, ¿realmente ellos me odiarían si se los dijera?, ¿me verían como un monstruo?
—Todo va a estar bien. No voy a dejar que ellos se acerquen de nuevo a ti. Los atraparemos y haremos justicia por lo que te hicieron —comentó acariciando mi cabello aún húmedo.
"Ellos ya pagaron".
…
Desperté con la respiración agitada, mi corazón parecía querer salirse de mi pecho y las bocanadas de aire no parecían ser suficientes para estabilizarme. El sudor en mi frente era frío y los ojos a punto de soltar aquellas gotas saladas buscaban con desesperación en mi cuarto a aquellas sombras que me habían perseguido en sueños.
"Todo fue una pesadilla" me dije para calmarme. "Ellos no son reales, no pueden hacerte daño".
¿Por qué no me dejaban en paz? Creí que después de aquella noche lo único que me mortificaría serían las muertes que provoqué, pero las alucinaciones seguían y las pesadillas también. ¿Acaso tendría que vivir con esto por siempre?
Cuando por fin pude tranquilizarme volví a recostarme en mi cama, miré el reloj que estaba en mi buró y apenas eran las dos de la mañana. Intenté volver a dormir sin tener éxito ya que cada vez que cerraba los ojos las sombras aparecían dentro de mis recuerdos y los susurros en mi oído parecían tan reales que me daba miedo que ellos estuvieran cerca de mí.
Los escuchaba reírse de mí, en especial a Blackfire. Parecía que incluso siendo una alucinación le encantaba herirme pues se la pasaba constantemente diciendo que era una debilucha, un monstruo y que no merecía estar tan tranquila después de lo que había hecho. Al cabo de un tiempo comencé a creerlo, no podía callarla y sus palabras parecían dagas que me atravesaban el corazón. Ella decía que mis amigos me abandonarían, que por fin verían la clase de basura que era y que me echarían de su hogar cuando se dieran cuenta de que era una asesina.
Usaba la almohada para taparme las orejas como si fuera un escudo para las voces, pero ellos seguían dentro de mi mente, no sabía cómo detenerlos. Estuve treinta minutos tratando de volver a conciliar el sueño sin embargo los pensamientos no me dejaban en paz, en especial cuando ahora eran mis cavilaciones las que predominaban entre aquellos sonidos. Repetía las mismas preguntas en mi cabeza y cada escenario de ellas: ¿qué tal si ellos descubrían que había matado a parte de la Hermandad del Mal?, ¿y qué sucedería si pensaban que era peligrosa?, ¿qué pasaría si más gente moría por mi culpa?, ¿y si perdía el control?, ¿y si escapaba a Tamaran ellos pensarían que huía por los crímenes que cometí?, ¿seguirían siendo mis amigos?
Empecé a llorar, me dolía mucho la cabeza y la angustia me mantenía asfixiada como si fuese una cuerda en mi cuello. En algo estaba de acuerdo, tenía que desahogarme lo antes posible o terminaría explotando y eso podría desatar aquella energía que destruía todo lo que tocaba. La desesperación me estaba consumiendo y el dolor en el pecho era grande, no podía con todo esto; necesitaba decírselos incluso si significaba perderlos para siempre, ¿aunque sería hacer lo correcto, no?
¿Estaba preparada para decirles?, ¿para perderlos? Era obvio que no pero tenía que armarme de valor y hacer lo que una heroína haría. No podía seguir callándome esto y menos cuando ponía en peligro a los demás; tal vez mi información les podría ayudar a encontrar una solución para aquellas personas que estaban sufriendo. Tenía que ser fuerte si quería ayudar a salvar a otras personas.
Me puse de pie antes de perder el valor que había conseguido. Tomé mi almohada y me dirigí al cuarto de la persona a la que le tenía más confianza y quizás a quien me diría qué hacer. Limpié mis lágrimas en el camino y cuando llegué a la entrada de su habitación, inhalé profundamente antes de tocar.
Llamé a su puerta varias veces hasta que lo oí, los pasos se acercaron más hasta que el metal se deslizó y pude ver su rostro adormilado, sin duda lo había despertado. Me quedé muda, los nervios habían hecho de nuevo lo suyo y ahora estar ahí me parecía una idea demasiado impulsiva.
—Yo…
—¿Ocurrió algo? —preguntó con preocupación.
—No —contesté apenada mirando hacia el suelo y ocultando mi almohada en la espalda—. Es sólo que no podía dormir y me preguntaba si podía acompañarte esta noche.
—Uhh, claro, pasa —dijo algo nervioso y me invitó a entrar con un ademán.
Encendió la luz de su habitación para acomodar las sábanas de su cama y luego me incitó a recostarme en ella. Yo estaba inquieta, no sabía cómo abordar el tema ni mucho menos cómo confesarle que le había mentido. El valor se había ido y sentía que si me quedaba callada sería mejor. Él me arropó con la manta y ajustó la almohada para que estuviera más cómoda.
—¿Quieres que te traiga un vaso de agua? —cuestionó amablemente acariciando una de mis mejillas.
—No tengo sed, pero muchas gracias —respondí con una pequeña sonrisa esperando que no indagara sobre por qué estaba ahí.
Él asintió acercándose a uno de sus roperos y sacó una manta. Yo lo miré extrañada sin saber qué hacía hasta que arrojó la frazada en el suelo y comenzó a acomodarla. Él planeaba dormir ahí, cosa por la que me sentí mal; lo había despertado, le había quitado su lugar y lo ponía en riesgo de enfermarse por lo frío que estaba el piso.
—Robin, no es necesario que duermas ahí —mencioné sonrojada y con el corazón latiendo muy rápido—. No me incomodaría que durmieras junto a mí.
Él se sorprendió y sus mejillas también se pusieron rojas: —¿Estás segura?
Yo asentí haciéndole un espacio en la cama: —De hecho prefiero estar cerca de ti. Necesito decirte algo.
Él asintió y apagó las luces de su cuarto quedándonos a oscuras hasta que encendió la lámpara de su mesita de noche. Entró a la cama y se acomodó sobre ella recargándose en uno de sus costados para quedar frente a mi perfil. Se cubrió con la manta y mantuvo su atención en mí esperando que iniciara la conversación.
—¿Puedo? —pregunté acercando mi mano a su antifaz. Él se sobresaltó un poco pero volvió a acercarse. Colocó mis dedos sobre su máscara y juntos la separamos de su rostro.
No era la primera vez que veía sus hermosos ojos azules. Eran pocas las veces que los Titanes lo habíamos visto sin su uniforme; al principio él cuidaba mucho su identidad secreta aunque después de unos meses de convivir como familia comenzó a hablar más sobre él, sobre su historia y nos mostró su apariencia de civil. Cuando estábamos solos también se abría conmigo e incluso llegaba a ver más seguido su rostro sin algo que lo cubriera. Sus ojos eran tan lindos y sobretodo expresaban más de lo que un antifaz podía, y no perdía la oportunidad de decírselo.
Lo miré ensimismada, tenía tanto que contarle y me aterraba el que esa mirada tierna que ahora me regalaba se convirtiera en una de decepción u odio. Acaricié una de sus mejillas mientras lo observaba, tratando de ser valiente.
—Dick, te mentí —solté de pronto y mis ojos se llenaron de lágrimas—. No te conté todo lo que sucedió allá.
—Tranquila. Me lo contarás cuando sientas que sea el momento adecuado —mencionó con calma tomando mi rostro con sus dos manos usando sus pulgares para limpiar las lágrimas que comenzaban a bajar.
—Tengo que decírtelo ahora, Robin. Es algo muy importante.
—Está bien. Te escucho.
—Te he contado sobre mi vida en Tamaran, cómo era vivir allí, cómo eran mis padres y los recuerdos de mi niñez; sin embargo no te he hablado aún de algunas cosas horribles que me marcaron. Tú sabías que fui una prisionera, de hecho así fue como me conociste y me ayudaste para dejar de serlo. Tú me liberaste y te lo agradezco muchísimo —dije en medio de una sonrisa, que rápidamente cambió a una mueca de tristeza—. El punto es que no te conté sobre mi vida como prisionera. Era demasiado doloroso y además no había motivo para recordarlo; tenía una nueva vida aquí en la Tierra y una nueva familia, no necesitaba nada más. No quería que me tuvieran lástima o que yo misma me estancara en ese pasado y me impidiera ser feliz, es por eso que traté de nunca hablar de él y simplemente ignorarlo. Creí que lo había hecho, creí que había olvidado todas esas emociones de terror, de suplicio, de desesperanza y de odio. Creí que lo había superado pero en cuanto ellos me encerraron volví a sentirme frágil; volví a sentirme como esa niña en la celda derrotada por cada tortura.
Él escuchaba atento, acariciando mi cabello tratando de calmar el llanto que a veces interrumpía mi habla.
—Cuando tenía diez asesinaron a mis padres, atacaron mi planeta y me pidieron, junto con mi hermana, como ofrenda de paz para salvar a Tamaran del ataque de la Ciudadela. Me convirtieron en una esclava por casi seis años. Me torturaron tanto física como mentalmente, rompieron mi espíritu, destruyeron lo que era y muchas veces deseé estar muerta. Traté de escapar en varias ocasiones en las que fallé y recibí severos castigos por ello; castigos en los que era mejor preferir estar muerta que consciente. Cuando creí que no había peor condena que estar ahí, los Psions atacaron la nave en la que me tenían prisionera y me llevaron a la suya para hacer experimentos. Ellos son una raza de científicos que no tienen escrúpulos a la hora de hacer sus investigaciones, no tienen respeto hacia la vida y les importa poco los métodos que tengan que llevar a cabo por un resultado que enriquezca su conocimiento.
—Ataron a mi hermana y a mí en una máquina que nos proveía de energía solar para que ellos pudieran saber cuánto podríamos absorber antes de que la energía en nuestros cuerpos nos hiciera explotar. Dick, creí que ahora sí iba a morir; fue tan doloroso, lo peor que había sentido en mi vida, como si me rompieran cada hueso y quemaran cada músculo. Logré sobrevivir y obtener mis poderes ya que una nave de la Ciudadela atacó la de los Psions destruyendo aquella máquina en el intento; no había sabido por qué lo hicieron, no éramos tan valiosas, o eso creía hasta hace poco cuando Blackfire me confesó algo que volvió a romperme —mi vista se nubló aún más y mi entrecejo se frunció—. Me odiaba más de lo que yo creía; todo porque ella quería ser quien gobernara a Tamaran. Trató de matarme a los 10 años en un duelo cuando nos enseñaban a luchar, después ella desapareció por un tiempo en donde creímos que estaba confundida sobre esa pelea, aunque hace días me reveló que realmente había estado haciendo alianzas con la Ciudadela para atacar nuestro hogar, matar a nuestros padres, deshacerse de mí convirtiéndome en esclava mientras ella fingía también ser una para luego escapar y obtener la corona cuando me asesinara. Me odiaba tanto que hizo que me utilizaran como una fuente de energía y lo peor de todo es que usó una máquina parecida a la de los Psions para torturarme con los recuerdos. Me odiaba tanto que quería verme muerta no sin antes observar todo mi sufrimiento.
Él me rodeó con sus brazos y yo me aferré a su pecho. Sentía tanto dolor y espasmos. La cabeza me dolía de tanto llorar y estaba muy agitada.
—No puedo creer que ella fuera capaz de hacerte eso —escuché su voz quebrada.
—¡No entiendo por qué me odiaba tanto si yo la amaba! —exclamé en medio del llanto abrazando el cuello de mi novio.
—Lo sé, Star. Tú siempre trataste de ser buena con ella. No te merecía —me separó un poco de él para que lo mirara a los ojos—. No se merecía lo buena persona que eres.
—¡Dick, no digas eso! —grité y él se sorprendió. Antes de que pudiera preguntar solté lo que tanto temía que escuchara: —¡Yo los maté!
Él abrió los ojos más sorprendido. Su rostro me decía todo. Ni siquiera era capaz de creerme.
—¡Yo maté a mi hermana y a los que estaban ahí cuando encendieron la máquina! ¡La energía que me rodeaba los carbonizó! —mencioné afligida mirándolo a los ojos, necesitaba saber su verdadera impresión, si me odiaba, si estaba decepcionado o si evadía mi mirada porque ni siquiera querría verme.
—¡Tranquila, Star! No fue tu culpa, ellos lo provocaron. Te hicieron daño y no es justo que tú cargues sus errores —para mi sorpresa se veía más tranquilo, no sabía si estaba en shock o realmente creía que fue un accidente.
—¡No lo entiendes, Robin, no fue un accidente! ¡Yo los maté! ¡Yo lo quería hacer! —grité alejándome de él. Me senté y abracé mis rodillas. Seguía temblando y no podía explicarle todo lo que sucedía en mi cabeza. —Estaba furiosa con ellos. Me habían lastimado, los habían lastimado a ustedes. Creí que lo mejor sería acabar con ellos y cuando tuve el poder de mi lado simplemente deseé que desaparecieran, que sintieran el dolor que me estaban provocando. ¡Yo los asesiné! ¡Soy un monstruo!
—¡Koriand'r, escúchame! ¡No eres un monstruo! ¡Hiciste lo que hiciste para sobrevivir! —me tomó con fuerza de los hombros para que lo volteara a ver. Verlo llorar me partió el corazón. ¿Por qué le estaba haciendo esto? —Lo hiciste en defensa propia. Tú no tienes la culpa de nada. Ellos trataron de matarte, tú sólo te protegiste —sus lágrimas seguían bajando mientras me miraba fijamente. Creo que nunca lo había visto así. —No te culpes por algo que ellos hicieron. Tarde o temprano iban a terminar así. Lo que importa es que saliste de allí; que estás a salvo; que estás con las personas que te aman; que estoy aquí para ti.
—Dick pero yo…
—No me importa cómo haya sucedido. Sé que lo hiciste para protegernos, para escapar y si no lo hubieras hecho la ciudad y todo el país estarían perdidos, y tú estarías muerta. ¡Salvaste a millones de personas de su plan! ¡No sientas remordimiento por ello! —me abrazó de nueva cuenta. Sonreí, le había dicho lo que tanto me carcomía y ahora me sentía mejor. Le devolví el abrazo, más fuerte que aquella vez en la lluvia, transmitiéndole el agradecimiento por sus palabras.
—Yo estuve a punto de hacer lo mismo con Slade cuando creí que te habían asesinado. Estaba lleno de furia y no me importó pensar en esa posibilidad. Entiendo tus sentimientos, sé lo que sentiste y no te juzgo. Hiciste lo mejor para salvarnos. Starfire, haría lo que fuera por ti. No quiero volver a perderte nunca más. No permitiré que vuelvan a lastimarte —se despegó de mí y pude ver de nuevo esos ojos azules, de pronto me dio una pequeña sonrisa—. ¡No puedo creer que estés viva! ¡Cuando pensé que estabas muerta todo perdió el sentido! ¡Me di cuenta de lo mucho que significabas en mi vida y de lo poco que te lo había agradecido! ¡Star, gracias por creer en mí, por apoyarme! ¡Te amo tanto!
Le sonreí aún con el mar de lágrimas que dificultaban mi visión. No tener su apoyo era lo que más me aterrorizaba desde que llegué a la Torre, pero ahora, simplemente me sentía más tranquila. Podría superarlo. Tenía que ayudarlos a resolver el problema que involuntariamente ocasioné o seguiría culpándome.
Nos seguimos mirando un poco más hasta que sus labios aprisionaron los míos con fuerza, como si tuviera miedo de que desapareciera. Era nuestro primer beso después de tantos días. Cerré los ojos disfrutando de sus caricias. Lo extrañaba tanto. Enredé mis brazos en su cuello acercándolo más. Necesitaba su calor, sus besos. Lo necesitaba a él.
—También te amo —le dije cuando nos separamos sonriéndole mientras borraba las gotas en sus mejillas. —Gracias por escucharme—le di un beso rápido en los labios y luego me recargué sobre su pecho. Él se dejó caer junto conmigo en la cama y nos acomodamos para dormir.
No necesitábamos decir nada más, estábamos juntos en esto y nos apoyaríamos hasta el final. Seguía recargada en su abdomen con los ojos cerrados disfrutando de sus caricias en mi cabello. Mi lugar favorito de ahora en adelante.
Ya no escuchaba las voces, sólo los latidos del chico que amaba. Mis pensamientos ya no eran una maraña de palabras, sabía lo que debía hacer: tenía que contarles a ellos también y encontrar una cura para aquellas personas lesionadas. Tomé su mano libre con la mía y la apreté sin lastimarlo hasta quedarme dormida. Ya no tenía frío. Ya no tenía miedo.
