ALUCINACIONES DE VENGANZA
Capítulo XXXI- Escape
¡Hola, chicos! Espero que estén muy bien y les agradezco mucho a aquellos que todavía se toman el tiempo para leer, los aprecio mucho. Gracias a las personas nuevas, siempre son bienvenidos. Les traigo un nuevo capítulo, igual de largo que los últimos, por lo que de ahora en adelante que actualice espero hacerlos así, para que el fic no termine con muchos capítulos y para que valga la espera. No olviden comentarme qué les está pareciendo la historia, algún consejo, o un saludo xD saben que me animan a escribir más seguido.
Les recuerdo que tengo página de Facebook "Yarezzi Phantom Grayson" para que vayan a darle like ya que publicó ahí los links cuando recién actualizo, además que empezaré a subir dibujos sobre este fic, ya publiqué el primero que es sobre la apariencia de Jericho como zombie, vayan a verlo :D También quiero comentarles que este mes de Octubre estoy haciendo un reto llamado "fictober", son 31 frases o palabras que tengo que utilizar para hacer fics diariamente, y cómo estoy más apegada al fandom de Teen Titans, lo estoy haciendo sobre ellos. Si quieren más info pueden leer el fic "Fictober 2020 YPG" en esta misma cuenta.
Perdón por la biblia, espero que estén bien y cuídense mucho. ¡Nos vemos!
Teen Titans no me pertenece, yo sólo utilizo a sus personajes para crear esta historia sin ningún fin lucrativo.
Capítulo XXXI- Escape
(POV Starfire)
Utilicé mi fuerza para romper el candado que había en la puerta hecha de barrotes de hierro y rápidamente nos dirigimos a auxiliarlos. Con varios starbolts me deshice de los grilletes en sus muñecas mientras Veloz los ayudaba a mantenerse de pie para que no cayeran al suelo. Ellos estaban muy débiles por lo que prefirieron sentarse un momento en el piso recargando su espalda en una de las paredes.
Argenta me miró y apuntó hacia una dirección con su brazo. Aún alumbrando con una esfera verde el cuarto, seguí el camino que me indicó encontrando pronto un interruptor en uno de los muros, lo presioné y la celda se iluminó. Con la luz cálida de aquellos focos en forma de tubo esparcidos en el techo pude observar mejor la apariencia de mis amigos. Se veían demacrados, sus ropas lucían muy maltratadas y parecía que no habían estado comiendo ni durmiendo muy bien puesto que les costaba mucho mantenerse concentrados.
Tragué saliva, no podía creer que fuesen realmente ellos, en especial al recordar que la última vez que los vi tenían aquella mirada asesina y sus venas violetas me provocaban un escalofrío. Antes de desmayarme en el portal los había visto perderse en el fulgor blanquecino y cuando desperté aquí Robin me dijo que habían encontrado una cura para el control que Psimon tenía en ellos, aunque para ser honesta, en este momento ya no creía nada de lo que mi novio, Cyborg o Chico Bestia me dijeron.
—¿Qué sucedió? —preguntó con preocupación Roy en cuclillas frente a ellos.
Tardaron un poco en responder. —No lo sabemos. La Hermandad del Mal nos había atrapado por días en una celda, luego nos encerraron en una especie de cubo en el que fuimos parte de un experimento con sonidos insoportables y alucinaciones hasta perder la consciencia. Despertamos hace algunos días, o quizás semanas pues perdimos la noción del tiempo, en la enfermería y todo iba bien hasta que ellos empezaron a actuar raro. Incluso ustedes actuaban extraño. No nos dejaban salir de la Torre y cuando lo intentamos nos encerraron aquí —dijo Kole abrazando a Gnarrk quien seguía inquieto.
—¿Nosotros los hemos lastimado? —pregunté horrorizada señalando las manchas de sangre en su ropa.
—No —comentó Argenta tratando de levantarse—. Eso es lo más extraño. Las heridas aparecen por sí solas, se cierran a los pocos segundos y después de un tiempo desaparecen las marcas; no sabemos por qué. Ahora deberíamos salir de aquí antes de que ellos se den cuenta.
—No te preocupes por eso. Las cámaras no están funcionando y ustedes tienen que descansar un poco más para que podamos escapar —mencionó Roy tratando de hacer que volviera a tomar asiento. Ella negó con la cabeza rechazando la ayuda de él: —¡No, ustedes no entienden! ¡Ésta no es la Torre, ellos no son los Titanes! ¿Díganme, desde cuando este lugar es parte de su hogar?
Nosotros dos nos miramos entre sí, ella tenía razón. La enfermería era el único lugar en el que habíamos pasado tiempo desde aquel portal de luz, y lucía normal, incluso diría que demasiado bien tomando en cuenta que Terra y Psimon la habían destruido la vez que entraron para secuestrarme. Sin embargo en cuanto salimos de ella los pasillos parecían laberintos, y en nuestra búsqueda hacia el primer piso encontramos una puerta desconocida que nos condujo hasta este sitio el cual era muy obvio que no pertenecía a nuestra Torre. Además, como Roy lo había dicho antes, ellos estaban actuando raro, nos ocultaban información y sobretodo nos estaban drogando para perder la noción del tiempo y mantenernos cautivos.
—Tienen razón —comencé dirigiéndome a mis cuatro compañeros heridos—, ellos no son los Titanes, o al menos no los que conocemos; podrían estar siendo manipulados por Psimon. Estoy de acuerdo con ustedes sobre escapar de aquí, pero también estoy de acuerdo con Roy, es necesario que desc…
El dolor me hizo soltar unos pequeños alaridos y rápidamente llevé mi mano hacia mi muñeca izquierda tratando de aliviar el ardor. Roy se acercó a mí para auxiliarme, preguntó qué sucedía sin embargo yo estaba más concentrada en la horrible sensación de un cuchillo traspasando mi piel. En cuanto quité la mano de la zona observamos con horror una herida en mi antebrazo; parecía que alguien estaba clavándome una daga puesto que el corte se hacía más profundo y largo.
Me mordí los labios intentando aguantar el dolor para no seguir quejándome y no ponernos en riesgo si los otros Titanes escuchaban el bullicio. Los ojos llorosos indicaban que pronto comenzaría a llorar aunque eso era mucho mejor a que estuviera gritando. Mi mano estaba temblando y la sangre seguía derramándose en el suelo ensuciando lo que quedaba del guante gris en mi brazo. Veloz se agachó a cortar un pedazo de tela de su pantalón para improvisar un vendaje pero antes de rasgarlo la voz calmada de Kole lo sorprendió: —No es necesario, en unos minutos se curará sola.
El dolor disminuyó a los pocos segundos y tal como mi amiga de cabello rosa había dicho, la herida se cerró poco a poco dejando sólo una cicatriz. Estábamos muy sorprendidos, ¿cómo era posible eso? Incluso con mi habilidad de regeneración debería tardar más en sanar.
—¿Qué está sucediendo? —preguntó desconcertado Veloz mirando a nuestros compañeros. Jericho hizo algunas señales hacia él con sus manos y Roy asintió observándolo fijamente permitiendo que nuestro amigo utilizara sus poderes en él. Los ojos de Joseph se volvieron oscuros y en segundos su cuerpo desapareció.
—¡Gracias, Veloz! —habló Jerico en el cuerpo de Roy—. Creo que tengo una idea de lo que está pasando, al menos lo relacionado con nuestras heridas. Yo desperté mucho después de ellos en la enfermería, aunque no pude verlos hasta que me trajeron aquí. Lo último que recuerdo antes de estar en la camilla es a Psimon atacándome en una de las calles cercanas al refugio donde era voluntario. Él me dijo molesto que mi padre se había escapado de su plan pero que sería bueno que yo le diera una visita. Me acuerdo que escuché un sonido muy fuerte y de pronto sentí un dolor muy agudo en la cabeza; comencé a ver fragmentos de cosas horribles como si se tratara de pesadillas hasta que no pude soportar los gritos y me desmayé.
—¿Tu padre?, ¿qué tenía que ver con Psimon? —preguntó Argenta interesada.
—Bueno, creo que casi nadie lo sabe, pero soy hijo de Slade.
Las otras dos Titanes se quedaron sorprendidas, e incluso si Veloz seguía consciente sabía que también estaría desconcertado. Sólo algunos Titanes sabíamos ese dato sobre él. Robin lo había comentado alguna vez con nosotros; al principio pensé que lo había dicho para que tuviéramos precaución ante una traición por parte de Joey, aunque una vez que lo conocimos supimos que ese chico era una buena persona, que tenía un corazón muy lindo, y que lo que realmente nuestro líder nos quería demostrar era que nuestra familia no nos definía.
—No entendí sus palabras en un principio y menos al despertar aquí. El ambiente parecía tan normal que sinceramente creí que todo estaba bien. Eso hasta que las heridas llegaron —mencionó mirando la palma de la mano de Veloz como si fuese la suya—, un corte de espada apareció en mi mano derecha y después otro cerca del hombro. El dolor era real, y aunque creía que estaba delirando o algo así, recordé las palabras de ese sujeto y no tardé en relacionarlo con aquellas lesiones. Dudé de mi realidad y construí mi teoría, quizás Psimon había manipulado mi cuerpo como yo lo puedo hacer con mis poderes, al igual como él lo había hecho con Kole, Gnarrk y Argenta; y mientras mi padre luchaba contra mí en el mundo real yo estaba atrapado dentro de mi subconsciente. Aunque ahora estoy seguro de que no estoy dentro de mi cabeza puesto que ustedes están aquí y no hay forma de conectarnos de esa manera, tiene que haber otra explicación sobre este sitio. Intenté salir de la Torre para averiguar más sobre este lugar hasta que me atraparon y me encerraron aquí.
Roy comenzó a dar unos pequeños espasmos y Jericho salió repentinamente de su cuerpo, al parecer utilizar sus poderes le estaba costando mucho pues su respiración se volvió agitada y se recargó en la pared junto a los otros para no caer.
—¿Estás bien? —le pregunté. Él me respondió con una pequeña sonrisa asintiendo con la cabeza. Continuó moviendo sus manos haciendo algunas señales que Veloz nos tradujo: —Él dice que es como si se tratara de una prisión mental creada por Psimon, como si nos hubiera intercambiado de lugar por nuestras versiones corrompidas.
Nos quedamos en silencio asimilando la idea de Joey, y entre más recordábamos las cosas extrañas que sucedieron, aceptábamos su teoría. —Yo creo que tiene razón, los Titanes que sabemos que fueron manipulados con el invento de la Hermandad del Mal, que por lo que dice Jericho más bien era el plan de Psimon, son los únicos que actúan normal en este sitio —le dije a Veloz. Me volteé hacia los otros para agregar: —Incluso ustedes dijeron que nosotros también actuábamos extraño antes, eso hasta que despertamos en la enfermería después de aquel portal y aquellos sonidos insoportables, justo como lo que sufrieron ustedes antes de aparecer en esta Torre.
—Lo que dices tiene sentido, Jericho, además coincide con el tiempo de las desapariciones. Kole, Argenta y Gnarrk fueron los primeros en ser raptados y llegaron primero aquí; después fuiste tú aunque tuvo que ser reciente porque al menos un día antes del portal en el que caímos seguías en contacto con la Torre —mencionó Roy dirigiéndose al chico rubio.
—¿Si todo esto resulta ser cierto, significa que nosotros también estamos actuando como aquellas personas de la zona sin luz en el mundo real? —pregunté curiosa a Veloz. Él asintió y comencé a entrar en pánico al pensar en lo que pudiera estar haciendo en este momento con mis poderes en la realidad; me horroricé más recordando la última situación que había tenido con ellos, aquel fulgor naranja que podía destruir todo lo que estaba cerca, algo que sería demasiado peligroso para la ciudad y mis amigos si mi cuerpo era controlado por Psimon. Roy sospechó de mi miedo y rápidamente posó su mano en mi hombro para calmarme diciéndome que ellos estarían bien.
—Bueno, lo que tenemos claro hasta ahora es que hay dos "realidades": nuestro mundo tal cual lo conocemos en donde la Hermandad del Mal hizo un caos con su experimento para controlar a las personas, y éste en el que nos encontramos ahora, que es una especie de cárcel mental muy probablemente creada por Psimon en la que permanece otra versión de los Titanes. Dado a lo que han visto desde que llegaron aquí está la posibilidad de que hemos cambiado de lugar con nuestras versiones malvadas cuando nos expusieron a esos sonidos que causaban alucinaciones, y al parecer ellos tienen total control sobre nuestro cuerpo en el mundo real —comentó Veloz llamando la atención de todos—. Las heridas que aparecen inexplicablemente en nuestra piel nos hacen creer que las heridas que ellos reciben allá también son reflejadas aquí, como si nuestro cuerpo original aun estuviera conectado a nosotros en este mundo, aunque aún no estamos seguro de ello.
—Podemos deshacernos de la duda —hablé acercándome a Jericho. Con una mirada y un ademán con mi mano pedí su brazo izquierdo, él tímidamente lo acercó a mí y cuando observé la pequeña quemadura que aún existía en su muñeca no pude evitar sentir un dolor en el pecho. Yo lo había lastimado cuando el portal nos estaba absorbiendo y sabía que la herida había sido mucho más profunda que aquel vestigio en su piel; el dolor debió ser terrible. No pude contener un par de lágrimas antes de mirarlo a los ojos y disculparme: —Lo siento, te lastimé.
Él rápidamente negó con la cabeza y no dudó en abrazarme para consolarme. Volví a disculparme mientras él se separaba un poco y con el movimiento de su boca sin producir sonido me decía que estaba bien.
—¿Si ellos pueden hacernos daño estando allá, no es lógico que nosotros podamos también hacerlo a ellos? —escuché a Argenta detrás de mí pues todavía no me alejaba de Joey.
—Es cierto, además los Titanes extraños evitaron atacarnos cuando tratamos de escapar. Tal vez por eso nos tienen encadenados aquí, para que nosotros tampoco nos hagamos daño —mencionó Kole. Me volví hacia ella, lucía mejor y Gnarrk estaba sentado a su lado asintiendo y apoyando lo que ella decía.
—Es probable, aunque siento que es demasiado riesgoso intentar comprobarlo; además no tenemos una forma de retroalimentación. Por lo pronto deberíamos buscar una forma de escapar de aquí —dijo mi compañero pelirrojo sobándose un poco la barbilla, se detuvo un momento como si hubiese encontrado una respuesta y pronto volvió a dirigirse a ellos—. No han salido de esta Torre, ¿cierto? ¿Hasta dónde llegaron?
—Creo que logramos subir un piso más de la enfermería. No conocemos bien su Torre por lo que estábamos muy confundidos sobre a dónde ir y no podría confirmar si había algo diferente en los pasillos —contestó Argenta encogiéndose de hombros. Ella ya estaba de pie, dispuesta a salir de aquí a como dé lugar.
—Ya veo. Es muy sospechoso que en primer lugar nos quisieron mantener en la enfermería y que no nos dejaran salir ni siquiera a nuestras habitaciones por ropa. Ustedes intentaron escapar pero ellos les impidieron llegar y los encerraron aquí para evitar que trataran de huir nuevo. Yo creo que salir de esta Torre es la clave. Si ellos se esforzaron tanto en mantenernos lejos del primer piso y ocultarnos en el subterráneo, quizás es porque no quieren que veamos qué hay allá afuera.
Roy estaba realmente convencido de ello, su mirada mostraba aquel brillo de seguridad que me hizo recordar a Robin. Divagué un poco pensando en él, en lo que mi yo malvada en el otro mundo podría estar haciendo, en el peligro en el que él y mis amigos se encontraban si Psimon decidía atacarlos con todo mi poder. Estaba realmente preocupada, no quería regresar y encontrar otra pesadilla hecha realidad.
La voz llena de esperanza de Kole me sacó de mis cavilaciones deteniendo el caos en mi mente: —Quizás ni siquiera hay algo allá afuera; podría ser la puerta que nos devuelva a nuestro cuerpo.
(POV Nathan)
Los gritos no paraban y podía sentir cómo Ethan me abrazaba fuertemente del cuello mientras yo lo cargaba. Ambos estábamos respirando agitadamente, asustados de que alguna de aquellas sombras que bajaban del techo se abalanzara sobre nosotros. Las personas que aún quedaban cuerdas empezaron a huir de aquellos que ahora parecían zombies, al parecer los entes invasores los transformaban en monstruos como los que aparecieron días atrás en la zona sin luz.
Corrí hacia la entrada del gimnasio vislumbrando lo poco que podía gracias a la luz rojiza que se colaba por las grietas encima de nosotros. Llegué a los pasillos que conectaban con los salones de aquella secundaria; buscar un lugar en dónde escondernos sería mejor que salir a las calles a averiguar qué clase de ser provocó aquellos rugidos antes del temblor.
Algunas personas corrían en la misma dirección que yo y gracias a que una de ellas traía una lámpara de mano, nos facilitó encontrar un aula en donde la oscuridad era total por lo que nos escondimos dentro de ella. Nos aseguramos con la linterna que la sala estaba vacía, cerramos con seguro la puerta y nos amontonamos en una esquina guardando silencio mientras escuchábamos más gritos y las pisadas de aquellos seres con ojos negros recorriendo los pasillos con gran velocidad.
Estábamos mínimo cuatro personas arrinconadas en la pared tratando de no hacer algún ruido. Nuestras respiraciones eran pesadas y el pánico que sentíamos nos orillaba a querer salir corriendo para tomar aire, aunque nuestro miedo era mayor por lo que evitamos a toda costa sollozar o hablar con los demás. Abracé a Ethan tratando de calmarlo, diciéndole en voz baja que debía guardar silencio.
Los minutos pasaron y la espera se volvió eterna. Los gritos se calmaron allá afuera aunque tuvo que pasar un buen rato para que un hombre de los que ahí estaba presente se atreviera a hablar.
—¿Alguien está herido?
Escuché algunos "estoy bien" en forma de susurros. Al parecer éramos más de los que yo pensaba.
—Asegúrense de que todas las ventanas estén cerradas y con cortinas —dijo en voz baja el mismo hombre. Después de algunos movimientos en la oscuridad, escuché a algunos otros más decir que todo estaba listo. La linterna volvió a alumbrarnos y por fin pude ver a las personas que nos acompañaban; éramos siete: dos hombres, una mujer quizás de más edad que los primeros, dos chicas que parecían estudiar en esta secundaria ya que vestían el uniforme, Ethan y yo.
—¿Alguien sabe qué está ocurriendo? —preguntó nerviosa una de las adolescentes.
—Yo fui uno de los que salió cuando ocurrió el temblor —comentó uno de los hombres cuidando el volumen de su voz mostrando un semblante despavorido—. ¡Es el apocalipsis! ¡Había un monstruo gigante con cuernos allá afuera de color rojo! ¡Parecía salido del mismísimo infierno!
Miré alrededor las caras de terror de las demás personas. Tragué saliva, me sentía como ellos y la idea del apocalipsis no sonaba tan descabellada.
—Hay que tranquilizarnos. Tenemos que buscar ayuda, ¿alguno de ustedes tiene un celular? —cuestionó la mujer, quien parecía luchar por mantenerse serena ante la situación.
—No hay señal y el Internet tampoco me está funcionando —dijo una de las chicas revisando su teléfono. Hice lo mismo y el resto que contaba con celular también, llegando al mismo resultado: no había manera de pedir ayuda.
—¿Qué haremos? —les pregunté y todos se quedaron pensando.
—Yo opino que deberíamos salir —mencionó el hombre que traía la linterna en la mano.
—¡Estás loco! ¿Acaso no me escuchaste? ¡Allá afuera hay un monstruo gigante! —exclamó el otro joven con pavor. Ethan me abrazó más fuerte por la cintura, sólo estaban asustándolo más y el hecho de que su oso haya caído por tanto bullicio en el gimnasio no le daba la misma seguridad. Le devolví el abrazo susurrándole que estaríamos bien, que yo lo protegería.
—Por eso mismo deberíamos salir, si es tan grande como dices no le importará caminar sobre los edificios cercanos y aplastarnos.
Los demás nos quedamos en silencio, él tenía razón, si no buscábamos alejarnos lo más que pudiéramos del monstruo terminaría sepultándonos con todo el escombro de los edificios.
—¿Pero qué hay con los zombies? —pregunté recordando no sólo a las sombras, sino también lo desquiciado que se volvían las personas cuando éstas se apoderaban de su cuerpo.
—¿Zombies? —preguntaron los mayores al unísono confundidos.
—Sí, ya saben, las personas con los ojos completamente negros.
—Parece ser que perdieron la cabeza, tendremos que evitarlas o luchar contra ellas. Hay que buscar algo para defendernos en caso que sea la segunda opción —mencionó la mujer recorriendo en silencio el aula mirando hacia todos lados en búsqueda de algún objeto que pudiera ser útil.
Estábamos en una especie de sala de estudio en donde sólo había cuatro escritorios, algunas sillas, una computadora de escritorio que no funcionaba por la falta de electricidad, un pizarrón y dos libreros. La mujer se rindió pues a simple vista en un salón como éste no encontraríamos algo para defendernos.
—Quizás podríamos utilizar las herramientas de jardinería o de los conserjes —habló rápidamente una de las chicas.
—¿Está muy lejos la bodega? —preguntó el hombre de la linterna, que aunque él la sostenía no podía observar bien su rostro; de hecho no podía ver muchos detalles de los presentes.
—No, está en el siguiente pasillo, doblando a la izquierda —contestó una de las chicas; visualmente podía diferenciarlas por su color de piel y por el color de cabello, una lo traía obscuro y la otra un castaño claro.
—¿Creen que sea buena idea salir todos? —preguntó el otro hombre, aunque por su expresión entendía que para él lo mejor era quedarse.
—Será mejor salir en un grupo pequeño —respondió el de la lámpara de mano y fue como si el ambiente se pusiera más tenso. Nos miramos los unos a los otros esperando a que los demás tuvieran la iniciativa de salir. El primero en decir que se apuntaba fue el hombre de la linterna, titubeó al decirlo pero cuando miró que los demás estaban tan asustados para hablar, cambió su semblante como si un golpe de valentía lo hubiese inundado. La siguiente fue una de las adolescentes, la de cabello negro, diciendo que sería de ayuda para guiarlos, y aunque la otra chica le rogó para que no fuera, su decisión no cambió. Después de meditarlo mucho, también decidí ir; no quería dejar solo a Ethan pero era mejor a que él viniera con nosotros, además me aseguraría de regresar por él con algo con que defenderlo de aquellas criaturas extrañas.
Después de esperar a que alguien más se nos uniera sin obtener resultado, nos preparamos para salir. Antes de irme le pedí a la mujer de cabello rubio que cuidara de Ethan y me despedí de él prometiéndole que regresaría para sacarlo de ahí.
Mis dos compañeros me esperaban en la entrada del salón, él tenía una mirada seria y ella, al igual que yo, lucía preocupada. Antes de siquiera abrir la puerta nos dedicamos a guardar silencio para tratar de escuchar lo que sucedía afuera. La falta de sonido era demasiado asfixiante e incluso sospechosa, por lo que lentamente abrimos la puerta y aunque la iluminación rojiza entre los pasillos era deficiente pudimos confirmar que no había nadie acechando.
Caminamos con cuidado, mirando hacia las dos direcciones del corredor, pendientes ante cualquier movimiento. Había algunos casilleros abiertos por lo que montones de hojas y libretas adornaban el suelo. El resplandor cálido que atravesaba las ventanas y las grietas del techo nos permitían ver hasta cierto punto el camino por lo que optamos que lo mejor era seguir sin encender la lámpara para no llamar la atención.
Nuestras pisadas, por más que tratáramos de evitarlo, provocaban eco a nuestro alrededor. Nuestra respiración estaba controlada, aunque eso no impedía que nuestras miradas paranoicas analizaran cada rincón que se nos presentara.
—Es por aquí —susurró la chica de tez morena mientras se acercaba más al final del pasillo. Vi cómo con un movimiento rápido el hombre que nos acompañaba la tomó del brazo y la detuvo antes de dar la vuelta. Los extraños sonidos se hicieron más fuertes y con los nervios a flor de piel observamos a uno de esos seres pasando frente a nosotros por aquel pasillo adyacente al nuestro. Esta persona pálida y con los ojos completamente oscuros no se detuvo, como si no se hubiese dado cuenta de nuestra presencia, y siguió de largo perdiéndose en otra de las intersecciones de más adelante.
Suspiramos aliviados después de ver aquella cosa doblar en una de las esquinas y alejarse de nosotros. Continuamos con mayor sigilo pues era probable que hubiese más zombies alrededor. Seguimos caminando hasta llegar a la puerta de la bodega, con sumo cuidado giramos la manija y nos adentramos en el lugar. Encendimos la linterna para observar mejor lo que había en la pequeña habitación y analizando rápido las herramientas que allí habían, terminamos tomando algunas palas, trapeadores, un descuidado botiquín y una llave Stilson lo bastante pesada como para dejar inconsciente a alguien si golpeabas su cabeza.
Volvimos sin problemas al aula junto a los demás. Nos estaban esperando preocupados ya que dijeron que habían escuchado algunos sonidos provenientes del exterior a través de las ventanas, como si el patio de la secundaria estuviera siendo invadido por aquellos monstruos. Nos acercamos a los cristales para verificar si seguían ahí, no obstante el silencio nos aseguró que ya se habían ido y lo comprobamos al vislumbrar un poco del sitio haciendo un doblez en la cortina.
—Está bien, ahora que tenemos con que defendernos necesitamos trazar una ruta de escape, ¿cuál es la salida más próxima de esta secundaria? —preguntó el hombre de la linterna dirigiéndose a las dos chicas.
—Mmm… creo que sería la salida de emergencia a un lado del laboratorio, eso nos abriría paso hacia el estacionamiento de los maestros y podríamos salir —comentó la chica de cabello más claro.
—Me parece buen idea, entonces cada quien agarre algo para defenderse —habló nuevamente el hombre tomando él una de las palas. Los demás tomaron lo que había y yo alcancé a tomar un trapeador, que si bien podría romperse en pedazos si lo impactaba con mucha fuerza, era mejor a nada.
Nos preparamos todos tomando un gran respiro antes de abrir aquella puerta. Le comenté a Ethan que saldríamos y que por ningún motivo me soltara la mano, que tratara de hacer el menor ruido posible y que no hablara o gritara. Salimos en grupo por el pasillo, todos pendientes ante cualquier sonido que nos indicara que alguien estaba cerca. Las chicas comenzaron a guiarnos; el camino no sería tan largo sin embargo estábamos en riesgo dado que nuestras pisadas ante tal silencio eran peligrosas.
Llegamos al laboratorio del que nos había hablado una de las chicas y pronto observamos la salida de emergencia a su costado. Con el mismo sigilo abrimos la puerta y salimos al estacionamiento, sólo nos faltaba cruzarlo hasta llegar a la caseta y salir por aquel umbral. El cielo seguía de un color rojizo, y aunque la luz del sol era deficiente podíamos ver nuestro alrededor sin problemas. Había algunos automóviles estacionados por lo que no dudamos en usarlos como una barrera para evitar que nos atraparan.
Cruzábamos agachados de auto en auto siguiendo al hombre de la linterna, del cual no sabía aún su nombre, hasta que él se detuvo abruptamente volteando hacia nosotros para hacernos una señal de silencio con su dedo índice en los labios. No había sonidos por lo que nos pareció raro que nos detuviera, él miró nuestros semblantes confundidos y con otra seña nos pidió que subiéramos un poco la cabeza a través de los vidrios del coche donde nos ocultábamos. El resto lo hicimos y vimos con sorpresa cómo dos de aquellas personas pálidas estaban cerca de la caseta, merodiando entre una de las camionetas que allí había.
Nos miramos los unos a los otros buscando un plan ya que si nos acercábamos más se darían cuenta de nuestra presencia, y al parecer arruinarían la mejor forma de salir de la secundaria en este momento. Teníamos que alejarlos, ¿pero cómo? Los recuerdos de aquella vez que salvé a Starfire y a Ethan vinieron a mi mente, ¡a esos seres les llama mucho la atención las cosas brillantes!
Volteé inmediatamente hacia la mujer de cabellos rubios y con la mano le señalé el botiquín que traía en una de sus manos. Moví mi boca, sin emitir sonido, formando la palabra alcohol y ella con cuidado abrió la cajita y me pasó la botella sin hacer ruido. Rocié con aquel líquido el trapeador que traía y cuando miré a uno de los hombres en busca de una llama, uno de ellos supo lo que tramaba y sacó de su bolsillo un encendedor.
Estaba temblando, tendría que ser rápido cuando encendiera la tela del trapeador y lanzarlo lo más lejos posible de nuestra ubicación. Miré a los demás tratando de decirles que se prepararan para aumentar la velocidad en cuanto lograra mi objetivo, ellos asintieron y no lo dudé más, presioné el pulsador y lo acerqué a la cabeza del trapeador mientras me ponía de pie. El sonido de la tela cuando comenzó a arder fue suficiente para llamar la atención de aquellos seres pero por suerte había logrado lanzar mi "arma" lejos de nosotros, cayendo en una de las esquinas del estacionamiento.
Los zombies corrieron hacia el fuego y nosotros hacia la caseta, pasamos por debajo de la plumilla y salimos de la secundaria entrando a una de las calles que colindaban con ella. Nos pegamos a la pared del exterior de la escuela para tomar un respiro y tan pronto nos tranquilizamos continuamos nuestro camino prefiriendo tomar los callejones aledaños que las avenidas.
Caminamos por un par de cuadras más, alejándonos del centro donde creíamos que se encontraría aquel gigante monstruo del que tanto había hablado uno de los hombres que venían con nosotros; sin embargo desde nuestra vista no se veía nada parecido y tampoco escuchábamos los rugidos horripilantes de hace rato. Nos detuvimos por el inesperado sonido de golpes cerca de nosotros y tratamos de ocultarnos detrás de un contenedor de basura, pero por desgracia algunos de esos sombríos seres nos habían visto desde una de las aberturas del callejón.
Empezamos a correr puesto que ya no servía de nada escondernos. Tomé entre mis brazos a Ethan y forcé a mis piernas a alcanzar a los otros. Los seguí hasta que se detuvieron abruptamente ocasionando que casi me estrellara contra ellos. Estaba a punto de gritarles que siguieran corriendo hasta que vi que delante de ellos había otras dos personas con aquellas venas negras alrededor de su cuerpo. Sentí miedo, estábamos rodeados y no teníamos otra forma de escapar, además yo era el único que ya no contaba con algo para defenderse.
—¡Corran! —gritaron los dos hombres usando las palas para golpear y mantener la atención de aquellos dos seres sobre ellos. La mujer mayor, quien traía la llave Stilson, también nos dijo que buscáramos un escondite, y se acercó a ayudar a los dos hombres quienes seguían golpeando a sus contrincantes.
Las chicas corrieron y yo las seguí cargando al niño. Salieron del callejón doblando en uno de los edificios departamentales y sólo pude ver cómo uno de esos monstruos se abalanzó sobre una de ellas tirándola en el piso. La otra chica no lo pensó e intentó quitarle esa cosa de encima a su amiga con el trapeador que traía en la mano pero aquella persona tomó el palo de madera antes de que lo golpeara y lo rompió con sólo apretarlo. Nos quedamos congelados, esa cosa nos miraba de una manera tan horripilante y parecíamos estar pegados a la tierra puesto que no nos podíamos mover.
La chica que estaba tirada en el suelo estaba inconsciente por lo que aquel ser estuvo a punto de brincar hacia nosotros cuando una gran roca lo arrojó hacia un extremo mandándolo lejos.
—¡Chicas! —escuché el grito desesperado de otra chica. Volví mi mirada hacia la dirección de donde provino la roca y encontré a una joven muy preocupada sobrevolando en otra piedra y con las manos iluminadas de un color amarillo. Se me hizo conocida, pero debido a lo asustado que me encontraba en este momento no podía pensar más que en poner a salvo al niño.
(POV Starfire)
—¿Están listos? —nos preguntó Roy, todos asentimos. Habíamos subido el montón de escaleras de aquella cueva extraña conectada a la Torre y ahora sólo esperábamos detrás de la puerta que nos llevaría al pasillo cerca de la enfermería.
Veloz abrió la puerta lentamente, acercando su cabeza a la pequeña franja que quedaba libre entre ésta y el marco, asegurándose de que no hubiese alguno de los Titanes merodeando por ahí. Salimos cuidando de no hacer ruido y caminamos de nuevo por aquellos pasillos siendo guiados por Argenta, Kole y Gnarrk puesto que ellos habían logrado subir un piso más la vez que intentaron escapar.
La falta de luz seguía en todo el lugar por lo que mis starbolts ayudaban a alumbrar nuestros pasos. Nuestros amigos nos llevaron hacia otra puerta, yo la recordaba en la Torre original como un cuarto donde guardaban cosas de mantenimiento, pero cuando ellos la abrieron me sorprendí de que las escaleras hacia el piso superior estuviesen ahí. Subieron ellos primero, Veloz y Jericho me miraron preocupados ya que me quedé algo aturdida por la situación.
—Recuerda que ésta no es la Torre —mencionó Roy ofreciéndome su mano, la tomé y los tres subimos por aquellos escalones.
Llegamos rápido al siguiente piso, el cual debería ser el primer subterráneo, pero en vez de encontrar el área del gimnasio y de la piscina, el lugar era muy parecido a la planta baja de la Torre, justo donde se encontraba la puerta principal. Veloz también lo reconoció por lo que esta vez era él quien nos guiaba. Dentro de mí deseaba que esta locura acabara en cuanto encontráramos la salida; deseaba que los otros Titanes no nos descubrieran.
—¡Encontré la puerta! —susurró Roy, acercándose a aquella puerta de metal como de tres metros de alto. Al menos era igual a la de la Torre real. Él se acercó tratando de empujarla pero ésta no cedió, ni siquiera lo hizo cuando yo presioné el código en la pantalla con números a un costado de ella.
—Tendremos que derribarla —Argenta comentó, preparando su rayo rojizo, pero antes de que pudiera lanzarlo Veloz la detuvo. —No podemos, si hacemos ruido nos descubrirán.
Los seis nos miramos entre nosotros, buscando una forma en la que pudiésemos salir sin despertar a los otros.
—Quizás sería más fácil salir por el garaje —dijo Kole con nerviosismo, estábamos estancados y cualquier idea sería buena.
—Podríamos, pero el garaje debería estar en el primer sótano, entre el piso de la enfermería y éste, y parece que esta Torre lo ha desaparecido —le dije desanimada.
Jericho hizo una seña indicando hacia arriba, creo que se refería a la azotea y lo confirmé cuando Roy le contestó: —No podemos subir más arriba, ellos se despertarían y si llegásemos a la azotea sólo dos de nosotros pueden volar y no podrían cargar a los demás.
—¿Qué sucede Gnarrk? —escuché a Kole asustada. Nos volvimos hacia ella y vimos cómo trataba de calmar a nuestro amigo. Él estaba inquieto y su nariz se movía mucho como si estuviese captando un olor. Después de unos segundos aquel extraño aroma llegó a nosotros y comenzó a hacernos toser.
—¡No lo huelan, es un somnífero! —gritó Roy indicándonos que nos acercáramos más a la puerta. Argenta no esperó ninguna señal y lanzó uno de sus rayos hacia la entrada pero el metal simplemente no cedió. Se estaba preparando para lanzar otro por lo que también creé un starbolt de tamaño considerable juntando mis manos. Antes de soltarlos Roy nos detuvo, acomodó su arco, tomó una flecha de su espalda y cuando asintió con la cabeza los tres lanzamos nuestros ataques.
El sonido del metal crujiendo fue estrepitoso sin embargo habíamos logrado hacer un gran agujero en la puerta. La luz amarilla de afuera nos invitaba a salir corriendo de aquella falsa Torre, sobretodo porque sabíamos que los Titanes malvados no tardarían en llegar a nosotros. Nos apresuramos a salir, la luz era demasiado cegadora, en especial porque habíamos estado durante mucho tiempo en la oscuridad, que nos impedía ver con claridad hacia dónde íbamos e incluso en un punto nos hizo bajar los párpados. Todo era de un blanco amarillento, como si estuviésemos a punto de traspasar un umbral como el que nos había traído hasta aquí. El fulgor fue disminuyendo conforme caminábamos hacia adelante hasta que desapareció.
Abrí los ojos completamente, creí que volvería a mi cuerpo justo como Kole pensaba que funcionaría si salíamos de la Torre; no obstante estaba muy equivocada. Me encontraba muy confundida al igual que ellos, seguíamos juntos y desorientados, buscando con la mirada una respuesta ante aquel panorama. El suelo era de un color cobrizo, el cielo era totalmente rojo, las nubes era de un morado pastel y la ciudad, si a eso podía llamársele ciudad, estaba constituida por edificios de forma extraña y descuidada, y parte de su estructura estaba destruida.
—¿En dónde estamos? —musité angustiada mirando lo arruinado que estaba ese lugar.
