ALUCINACIONES DE VENGANZA

Capítulo XXXII- Varados

Hola, chicos. Espero que hayan tenido una bonita navidad a pesar de la situación que estamos viviendo. Deseo de todo corazón que este año nuevo signifiquen mejores cosas, sobre todo salud y que en sus casa no falte alimento. Échenle ganas y si tienen tiempo libre hagan algo que los nutra, ya sea aprender un nuevo idioma o a usar un instrumento musical, escribir fics o dibujar, aprender nuevas recetas de cocina, jardinería o lo que a ustedes les guste más. Los quiero mucho y les agradezco a aquellas personas que aún siguen leyendo este fic, significa mucho para mí. Espero disfruten este capítulo y si tienen algo que decir son bienvenidos sus comentarios, no saben lo feliz que me hacen sentir cuando los leo. ¡Cuídense!

Teen Titans no me pertenece, yo sólo utilizo a sus personajes para crear esta historia sin ningún fin lucrativo.


Capítulo XXXII- Varados

(POV Starfire)

Todos seguíamos atónitos ante lo que veíamos. No sabíamos en qué lugar estábamos, si continuábamos en el juego de Psimon o si habíamos regresado a nuestro hogar después de un apocalipsis, porque justo así se veía todo nuestro ambiente, como si una guerra hubiese acabado con la ciudad y los años hubiesen pasado sin evolución.

Miré hacia mis costados sin encontrar más ruinas, sólo lejanas montañas rocosas de color naranja y unas cuantas figuras azules y deformes reemplazando nuestros árboles. Detrás de nosotros estaba la mitad de una pequeña fábrica destruida que era iluminada en su interior por aquel portal del que habíamos salido. ¿No existía una Torre? ¿Qué era aquel lugar del que escapamos y qué clase de sitio era éste?

—¡Tenemos que irnos! —comenté asustada observando aquel umbral de luz cambiando de tamaño como si fuese a desaparecer o como si alguien estuviera a punto de salir. Ellos también se dieron cuenta de esto por lo que bajamos de la colina en la que nos encontrábamos, con dirección al montón de edificios destruidos que teníamos en frente.

Corríamos tratando de no tropezar con las rocas en el suelo, dándole una mirada de vez en cuando al portal luminoso que seguía inestable a nuestras espaldas, agradecidos que aún no aparecieran los otros Titanes. Entramos a la desolada ciudad y a lo que parecían ser las avenidas principales. Todo lucía descuidado y destruido, tan solitario como una comunidad fantasma, como si tuviera demasiado tiempo sin que alguien hubiese vivido aquí. Nos perdimos de vista de la construcción de donde habíamos surgido por lo que redujimos la velocidad para tomar un pequeño descanso, sobretodo porque nuestros compañeros seguían débiles después de estar en aquella extraña cueva por un largo tiempo.

—¡Ojala hubiera agua o comida! —exclamó Argenta sentándose en una gran roca mientras nos refugiábamos dentro de un edificio del que sólo quedaban dos pisos con la mitad de paredes deshechas.

—Lo lamento, no tuve tiempo de buscar provisiones —Roy dijo apenado.

—No te preocupes, seguro que la mayoría de comida que ellos tenían estaba envenenada o algo así —le contestó mi amiga, suspirando y volviendo a ponerse de pie. —¡Tenemos que buscar una forma de salir de esta ciudad, realidad, cárcel mental o lo que sea! —. Todos asentimos, Argenta se veía tan decidida a continuar que los otros se llenaron de determinación y le siguieron el paso cuando ella regresó a las calles.

Caminamos por otro par de minutos, siendo sigilosos y manteniendo la guardia en alto ante cualquier amenaza que se nos presentara. Usábamos los muros de las construcciones para ocultarnos y hasta ahora todos estábamos de acuerdo en no llamar la atención usando nuestras habilidades. Conforme recorríamos más calles las edificaciones variaban de tamaño y parecían estar en mejores condiciones, aunque seguíamos sin encontrar a otras personas.

Todo estaba tan silencioso y ellos tampoco habían dicho nada, supuse que estaban igual de impresionados por el sitio, por las grandes estructuras que no compartían mucha similitud a las de Jump City; por la rara especie de árboles azules y púrpuras que permanecían en las descuidadas banquetas cobrizas; por el cielo nublado de color morado y rojo, y los dos enormes soles que se veían a través de las nubes. Si era obra de Psimon, ¿por qué deformar todo lo que conocíamos y crear características innecesarias?

Quizás ellos también lo sospechaban, aunque dado a que yo ya había estado en otros planetas era más fácil confirmarlo. No estábamos en nuestra ciudad, ni siquiera continuábamos en la Tierra. Esto era tan diferente y se sentía tan real como para ser una simulación. Estábamos varados en otra tierra, en otro mundo, quizás alejados a muchos años luz de nuestro hogar.

—¡¿Pero qué mierda?! —cuestionó Roy rompiendo el silencio, tomándose el cabello con frustración. Habíamos recorrido unas 10 calles y todo se veía de la misma forma, no encontrábamos civilización o algún sitio con tecnología que pudiese ayudarnos a comunicarnos con nuestros verdaderos amigos o que nos diera más información sobre dónde estábamos.

—¿Alguien más comienza a creer que estamos dando vueltas en el apocalipsis? —preguntó Argenta también frustrada.

—¿Si esto es obra de ese tal Psimon, por qué simplemente no nos regresa a la Torre con los Titanes malvados? —le siguió Kole cansada recargándose en Gnarrk.

—¿Estará jugando con nosotros? Sólo miren, pareciera que no podemos salir de esta ciudad y cuán diferentes son las cosas aquí, ¿árboles azules y dos soles? ¡Está jugando con nuestra mente!

—Creo que esto no es uno de sus juegos, Roy. Estoy casi segura que él ya no nos tiene encerrados en una de sus creaciones, esto es diferente, hay demasiados detalles en este lugar como para ser simplemente imaginados por Psimon. Incluso el aire es distinto, se siente más pesado y me cuesta respirar —dije dándole una mirada rápida a aquellas construcciones que parecían ser casas y a lo que podía ver dentro de ellas. Me volví hacia ellos y continué: —Estamos en otro planeta.

—¡¿Otro planeta?! —Kole y Argenta casi habían gritado y Veloz las reprendió con la mirada por hacer ruido. Él y Jericho lucían sorprendidos, y Gnarrk estaba asustado escondiéndose tras nuestra amiga de cabello rosa.

—¿Estás segura?

—Estoy casi segura. La tierra anaranjada, el aire seco, el diseño de las casas y los adornos en ellas, el color del cielo y sobretodo los dos soles encima de nosotros. No sé qué planeta es pero el portal nos teletransportó lejos de casa, quizás a otra galaxia.

El silencio volvió a instalarse entre nosotros. La angustia les adornaba el rostro, y no les culpaba, creer que estábamos en otro planeta tal vez era demasiado para ellos, quizás nunca habían tenido la oportunidad de viajar a través del espacio como lo había hecho yo.

—Si el portal nos trajo aquí es posible que exista otro que nos lleve a casa, ¿no? —sugirió Kole formando una sonrisa nerviosa.

—O podría ser el mismo…

—¿Y arriesgarnos a volver a aquella Torre falsa? —replicó Argenta ante el comentario de Veloz.

—Podríamos intentar buscar otro portal antes de regresar a donde aparecimos —opiné dándole la razón a Kole.

—¿En medio de la ciudad que parece no tener fin? —cuestionó preocupada Argenta mirando lo largo de una de las avenidas en la que estábamos y que parecía perderse en medio de otros edificios. No podíamos observar hacia dónde íbamos o cuál era nuestra meta final, si seguíamos así sólo caminaríamos sin rumbo.

—Podría dar un vistazo desde el aire, quizás pueda encontrar algo desde arriba, un lugar que nos pueda ayudar o mínimo una dirección para salir de esta urbanización —sugerí buscando la aprobación de Roy que hasta ahora había sido quien nos conducía como equipo.

—El riesgo de que te miren y sepan nuestra ubicación sería alto, pero dada la situación es lo mejor que podemos hacer en vez de seguir dando vueltas. Ten cuidado.

Asentí y me elevé sobre ellos pegándome a los muros de uno de los edificios para disminuir la posibilidad de que los otros Titanes me atraparan volando. Cuando estuve cerca del último piso observé las cuatro direcciones encontrándome un extenso desierto de arena rojiza rodeando la ciudad, a excepción del lado noreste de nuestra ubicación donde sobresalía un enorme castillo de piedra violeta. Bajé rápidamente segura de que en aquel lugar encontraríamos una pista para volver a la Tierra.

—Encontré un castillo en aquella dirección, lo demás es un desierto —mencioné señalando hacia donde había visto la fortaleza.

—Bueno, ¿estamos de acuerdo en que ir ahí podría ser nuestra llave para volver? —nos preguntó Veloz. Todos asentimos, él nos brindó una media sonrisa y con su mano nos invitó a seguirlo. Empezamos a caminar hacia el punto que había señalado, escabulléndonos entre los pedazos de concreto que adornaban la desolada capital, con la esperanza de encontrar una salida y volver con nuestros amigos.

Conforme el tiempo pasaba el aire se volvió más frío y una extraña neblina inundó nuestro camino dificultándonos la visión. Teníamos cuidado de no hacer ruido con nuestros pasos o con los escombros que había regados, puesto que todavía existía el riesgo de que las otras versiones de nuestros compañeros estuvieran buscándonos. Apresuramos el paso debido a que pronto oscurecería ya que los dos soles de este planeta estaban acercándose a una de las montañas; no queríamos recorrer la ciudad en penumbras y obligarnos a Argenta y a mí a utilizar nuestros rayos como linternas pues eso les daría más oportunidad de encontrarnos.

Transitamos más avenidas y algunos callejones con tal de llegar a la fortaleza morada que había visto a las afueras de este sitio, y aunque quizás faltaba un tercio de camino seguíamos con buena actitud determinados a volver a casa. Nos manteníamos alerta ante lo que alcanzábamos a ver, sobretodo en búsqueda de agua, comida o algún dispositivo de comunicación que pudiésemos usar.

Estábamos andando con más velocidad, siguiendo a Veloz y a Argenta quienes iban adelante guiándonos hasta que pararon en seco y casi chocamos contra ellos. Se habían detenido abruptamente por algo que se atravesaba en su trayecto. —No hagan ruido —susurró Veloz dándonos una mirada rápida, volviendo luego a observar al frente preocupado. Alcé mi vista tratando de vislumbrar qué los había detenido y noté entre la densa niebla, a unos 8 metros de nosotros, una decena de personas –o quizás más- que se perdían dentro de la nube blanca.

Nos quedamos atónitos un minuto, aguantando la respiración y las ganas de salir huyendo, rogando porque no nos hubiesen escuchado llegar y que tampoco pudiesen percatarse de nuestras siluetas. Los segundos pasaron y aquellas sombras no se movieron para nada, lo que nos confundió más y provocó que hiciéramos un esfuerzo por observar más detalles de éstas, aunque no sirvió en absoluto por el clima. Veloz nos miró y haciendo una señal con su mano nos pidió que lo esperáramos. Me mordí el labio cuando lo vi acercarse a aquellos sujetos, eran demasiados y no podía dejar de pensar en que si resultaban agresivos no podríamos defendernos con lo mal que estaba el ambiente y nuestras fuerzas por la falta de agua y alimento.

Mi corazón estaba latiendo muy rápido y el nerviosismo me estaba haciendo sudar un poco, Roy estaba lo suficiente cerca como para que ellos reaccionaran sin embargo nunca los vi moverse. Mi amigo nos hizo una seña para que nos aproximáramos y al llegar a su costado no pude evitar soltar una exclamación de asombro combinado con preocupación.

—¿Son personas…

—Petrificadas —finalicé con tristeza la oración de Kole, frente a nosotros había un montón de humanos convertidos en roca. Un escalofrío me recorrió el cuerpo al observar el horror grabado en los rostros de aquella gente, el temor en sus ojos y la forma en que sus brazos quedaron mostrando que trataron de defenderse en el último minuto. Sentí un piquete en el pecho al recordar que Robin me había contado lo que Slade y Terra le hicieron creer conmigo, que lo habían engañado con una réplica de piedra de mi imagen para lastimarlo, y aunque deseaba que este caso fuese también sólo una mentira, no podía quitar mi vista de aquellas figuras con el terror impreso en sus facciones.

—Tenemos que continuar —dijo tajante Veloz avanzando entre aquellas filas de estatuas como si no le importaran en absoluto.

—¿No vamos a ayudarlos? —pregunté preocupada acercándome a él, buscando detenerlo. Él me encaró y con la intención de que sólo yo escuchara susurró: —No podemos hacer nada por ellos, tenemos que salir primero de este lugar para poder arreglar todo lo demás.

Bajé la mirada, tenía razón, necesitábamos primero regresar a nuestros cuerpos y defender a nuestra ciudad de lo que la Hermandad del Mal había causado. No podíamos retrasarnos, no cuando cada minuto que permanecíamos aquí Jump City y nuestros amigos corrían peligro con las personas infectadas. —¡Vamos! —animé a los demás para que nos siguieran, algunos estaban tristes por lo que veían y en otros podía notar un semblante de culpa. No sabía quiénes eran los desafortunados habitantes que habían sufrido tan horrible destino, quería ayudarlos sin embargo mi hogar me necesitaba más que nunca.

Proseguimos con nuestro camino sorprendiéndonos de la cantidad de estatuas que había en el perímetro, ni siquiera era capaz de contarlas dado a la niebla. El sentimiento de culpa creció más, estábamos abandonando a demasiadas personas que obviamente necesitaban ayuda. La calle parecía no terminar, además tuvimos que detenernos ya que Jericho se frenó para observar fijamente un punto de aquel grupo de figuras. Creo que reconoció a alguien, aunque antes de poder preguntarle salió corriendo hacia aquella dirección.

—¡Espera! —Roy le llamó la atención pero nuestro compañero no hizo caso y continuó alejándose de nosotros. Fuimos detrás de él, deteniéndonos con asombro frente a la silueta que él seguía viendo de pies a cabeza como si no pudiese creer lo que estaba delante de él. Un hombre alto y fornido, y aunque no contaba con su máscara sabía quién era por la armadura que llevaba.

—¡¿Slade?! —solté confundida, era imposible que él estuviera ahí. Antes creía que le había hecho daño aquella noche en el callejón cuando Dick me encontró, incluso pensé que era una alucinación y que lo había asesinado junto a los otros el día que escapé de la Hermandad del Mal, eso hasta que hace unas horas Joe explicó a través de Roy que su padre había luchado con su alter ego en el mundo real. ¿Si eso era cierto, Slade escapó de Psimon y Jericho? ¿Si fue así cómo era posible que estuviera aquí y en ese estado? ¿Acaso ellos le hicieron algo? ¿Realmente se había librado de ellos?

—¿Podría ser… —me cuestioné con una sola idea en la cabeza. Mi pulso se aceleró y salí corriendo en busca de respuestas.

—¡Star! —los escuché preocupados no obstante los ignoré, en este momento sólo había una cosa que podría calmarme. Miré muchos rostros mientras recorría con desesperación las filas llenas de figuras, rodeé un buen pedazo y me adentré en la niebla perdiéndome de la vista de mis amigos. Mi respiración cada vez se volvía más agitada, sentía un gran calor en el pecho y la ansiedad que me causaban los segundos de incertidumbre hacía que me palpitara la sien.

Por el rabillo del ojo logré distinguir aquella silueta que deseaba ver, me dirigí de inmediato hacia ella con una sensación de alivio en el pecho y un par de lágrimas bajando por mis mejillas. Me había hecho tanto daño, había sido parte de este desastre y aunque deseaba no volver a verla por lo que me hizo, me aliviaba saber que no estaba muerta o al menos eso era lo que mi corazón creía al encontrarla aquí.

"¡Están vivos! ¡No soy su monstruo!"

Caí de rodillas por la conmoción, con una sonrisa ingenua, incapaz de procesar lo que estaba viendo, lo mucho que significaba para mí el que hubiese una posibilidad de que yo no les haya hecho daño de verdad. Para mí simbolizaba esperanza, redención, liberarme de la culpa, de la sensación de que les pertenecía y que me habían convertido en un monstruo. Era libre de ese castigo, de ese dolor, de esa amargura. ¡Era libre!

—¡Te encontré, cariño! —me tensé por escuchar su voz y por sentir sus brazos rodeando mi cuello desde atrás. Recargó su cabeza en mi hombro y mientras miraba con atención la silueta de mi hermana comentó: —¡Vaya, esto no le va a agradar a tu otra tú! Hubieras visto su cara de felicidad cuando supo que la mataste.

—Pero no sientas alivio por esto, Kory, esa perra se lo merecía y aún podemos terminar con ella. Si quieres yo mismo lo hago, sólo pídemelo, sabes que haría cualquier cosa por ti —apretó más su agarre dificultándome la respiración y me dio un beso en la mejilla.

—¡Suéltame! —lo alejé de mí golpeando mi cabeza con la suya, ocasionando que ambos perdiéramos el equilibrio y cayéramos al suelo.

—¡Star! —oí nuevamente los gritos de mis compañeros buscándome, aún estaban lejos de mí por lo que era mejor alertarlos de lo que estaba sucediendo. —¡Chicos, ellos están aquí! —grité nuevamente poniéndome de pie lista para correr pero Robin me estiró del cabello y con un movimiento de su pierna golpeando mis pantorrillas me tiró al piso.

—¡Sé que no eres Robin, así que no me sentiré culpable de hacerte daño! —amenacé haciendo brillar mis ojos. Él no se inmutó y permaneció en su lugar mientras yo me levantaba con dificultad. Me sentía confundida pues no parecía que quisiera continuar con una lucha. Sabía que ellos no querían lastimar nuestros cuerpos por razones que aún no teníamos claras pero que suponíamos se trataban de la reciprocidad de las heridas en nuestras otras versiones, y con esto sólo aumentaba mis sospechas. Creía que si me lastimaban aquí el daño también afectaría a la Starfire que controlaba Psimon en el mundo real y era por eso que se estaban limitando a atacar.

—No estés tan segura. Estoy conectado a tu Robin, soy parte de él y lo que me hagas a mí será el mismo daño que le harás a su cuerpo —mencionó tranquilo mirándome fijamente, tal vez analizando la situación para buscar la manera de contrarrestarme sin dañarme gravemente.

—¡Estás mintiendo! ¡Él ni siquiera ha estado en aquella Torre falsa! ¡Él no ha sido infectado! —exclamé formando un starbolt y manteniendo mi puño en su dirección. Si Robin estuviera conectado a él como nos sucedía a nosotros, tendría que estar en este planeta y su alter ego en la Tierra, el mismo caso para Chico Bestia y Cyborg; ellos no eran reales, no tenían nada que ver con los verdaderos.

—Star, siempre te he dicho que no saques conclusiones apresuradas. Tienes que investigar más antes de aceptar una cosa como real —comenzó a acercarse a mí lentamente. —Soy tu novio, tu Richard Grayson, o al menos la versión oculta dentro de sí que ni siquiera él conoce bien —se quitó su antifaz y pude ver aquella mirada azul que tanto me estremecía, sólo que esta vez no de alegría sino de temor ante su semblante tan frío.

—¡Tú no eres Dick! ¡Eres esa creación mental de Psimon que lastimé cuando me encerraron! ¡Él está jugando con mi mente! —grité de nuevo haciendo crecer mi starbolt, lista para dispararlo pero las piernas me temblaban, la imagen de Robin siendo quemado por uno de mis starbolts en aquella habitación del psiquiátrico me impedía atacarlo. ¿Y si él estaba diciendo la verdad? ¿Si terminaba lastimando a Dick por pelear contra él?

—Soy tan real como estas personas y este planeta —tomó parte de mi brazo evitando acercarse a mi starbolt y le dio una mirada rápida a las figuras de piedra que nos rodeaban, después fijó sus ojos en los míos—. No se trata sólo de la toxina que Psimon usó contigo o el portal con el que Roy también se convirtió. ¿Por qué crees que no viste a Raven ni a los demás Titanes Este en mi Torre si ellos tampoco han sido atacados con el gas? ¿No recuerdas cierto pedazo de techo que me cayó encima aquella vez junto a Vic y a Gar? ¿Adivina quién lo provocó para obtener la oportunidad de extraernos de ellos?

Psimon. ¡Maldito Psimon! ¿Qué pretendía con traernos aquí, con darnos una Torre y esperar a que ésta se llenara con los Titanes que se convirtieran en sus títeres? ¿Era una nueva clase de tortura? ¿Nos destruiría en cuanto terminara de coleccionarnos a todos? ¿Por qué el afán de controlar también a los ciudadanos? ¿Por qué traicionar a la Hermandad del Mal y encerrarlos en este planeta como rocas? ¿Cuáles eran sus motivos? Las preguntas estaban en mi cabeza martilleándome y desconcentrándome del rayo en mi mano que pronto desapareció. Robin estaba tan cerca de mí, cara a cara y usando aquella mirada tan penetrante que me impedía reaccionar ante él.

—Sé que no vas a lastimarme, o lastimarlo, tómalo como quieras. Siempre has puesto tus sentimientos por sobre lo que deberías hacer. Quizás eso es lo que me llama tanto la atención de ti, la capacidad y pasión que tienes para proteger a los tuyos sobre todas las cosas. Me haces sentir más humano —acarició mi mejilla con sus guantes helados.

Estaba acercándose peligrosamente a mi rostro cuando sin previo aviso se abalanzó con fuerza sobre mí regresándonos al suelo. Antes de caer escuché un sonido y observé cómo una flecha estaba pasando peligrosamente cerca de su nuca. —¡Veloz, no! —grité durante mi caída, Dick intentó protegerme con su cuerpo del impacto pero ambos soltamos un alarido al golpearnos la cabeza contra el pavimento cobrizo.

—¡Malditos monstruos, no dejaré que sigan destruyendo mi ciudad! —gritó una voz molesta y cuando me intenté poner de pie para detener a Roy me di cuenta que no había sido él quien atacó a Robin.

—¡Espera! ¡No voy a hacerte daño! —exclamé levantando las manos en señal de rendición ante el joven cubierto en su mayoría por una tela azul marino. Estaba un poco más bajo que yo y llevaba vendas tanto en su cabeza como rostro por lo que sólo podía observar sus ojos y boca. —¿Eres de este planeta? —le pregunté pero él se limitó a subir su arco nuevamente y apuntarme con su flecha. Me preocupé puesto que tenía la intención de atacarme, aunque noté cierto temblor en sus manos y no pude evitar pensar que sólo era un chico tratando de defender su lugar.

—Tranquilo, no quiero pelear con ustedes. De hecho necesito ayuda para volver a mi hogar —dije dando un paso hacia adelante pero él se sobresaltó y estaba a punto de lanzarme una flecha cuando un birdarang cortó parte de su mano haciendo que soltara su arma.

—¡No! —exclamé corriendo a auxiliarlo sin embargo Robin me tomó del brazo y me arrastró hacia otra dirección. Escuchamos varios gritos de lucha cerca de nosotros y entre la neblina pudimos observar los rayos de Cyborg y Argenta iluminando parte de las estatuas que seguían ahí. Creí que ambos estaban luchando hasta que llegamos y me di cuenta que ahora estaban defendiéndose de un grupo de personas cubiertas por los mismos vendajes que el joven que nos había atacado a Robin y a mí.

—¡Kole, Gnarrk! —grité zafándome del agarre de Dick y corrí hacia ellos para ayudarles con los tipos que traían afiladas lanzas. Alcancé a quemar algunas de éstas ocasionando que sus dueños prefirieran huir, no obstante seguía oyendo más bullicio alrededor de nosotros. Busqué con la mirada a mis otros amigos pero lo único que veía era la nube blanca y un montón de figuras tanto estáticas como moviéndose lo cual me dificultaba el reconocer de entre ellas a mis compañeros. Le hice una seña a Kole y a Gnarrk y juntos atravesamos el campo de batalla tratando de reunirnos con los demás sin dañar a los habitantes.

Logramos dar con Roy quien estaba peleando cuerpo a cuerpo con otro de los ciudadanos, un hombre mayor que a diferencia de su equipo traía menos vendas cubriendo su piel rosada. Ambos estaban heridos por los golpes, sangrando un poco por la nariz y golpeándose con las rocas del suelo hasta que Veloz tomó la ventaja cuando logró hacerle una llave que lo dejó inconsciente.

—¡Tenemos que salir de aquí! —expliqué acercándome a él y dándole una mano para que se levantara del pavimento. Roy miró al piso preocupado, buscando con la mirada algo y cuando pareció ubicarlo se agachó para recoger lo que después vimos era su arco.

—¡Hay que encontrar a los demás! —mencionó dirigiéndonos lejos de los ataques, cerca de uno de los locales en la orilla de la avenida y se volvió esta vez a Kole y Gnarrk quienes lucían más asustados por el alboroto. —Ustedes ocúltense aquí, nosotros iremos a buscar a Argenta y a Jericho. No peleen si no es necesario —ordenó mi amigo y ellos asintieron entrando a la construcción hasta perderse en los escombros.

—¡Vamos!

—¡Sé dónde encontrar a Argenta! La vimos junto a Cyborg por esa dirección —señalé el sitio donde la había visto por última vez.

—Trata de no lastimar a los ciudadanos, ellos creen que somos una amenaza —me pidió mientras nos dirigíamos de nuevo al centro de la pelea.

—Lo sé, uno trató de darme con una flecha gritando que éramos unos monstruos que destruimos su ciudad.

—Tal vez sí lo hicimos, o bueno, nuestras versiones oscuras lo hicieron.

—Realmente espero que no fuera así —confesé vislumbrando de nuevo algunas flechas por el aire y sombras en la niebla que se movían. Los gritos de aquellas personas me provocaban una punzada en el estómago, al parecer Robin, Chico Bestia y Cyborg no se medían a la hora de atacarlos y eso me preocupaba. Quería ayudar a estas personas pero ni siquiera sabía cómo evitar que me quisieran matar.

—¡Ahí está! —exclamé apuntando hacia mi amiga. Trotamos en su dirección esquivando algunas piedras que eran arrojadas desde nuestra izquierda. Estábamos a punto de llegar cuando una explosión cerca de nosotros sacudió el lugar y nos lanzó al suelo junto a una lluvia de tierra. El sonido palpitaba en mis oídos y por un momento perdí el sentido. Desorientada me levanté con ayuda de una de las personas hecha roca y caminé hacia Roy para confirmar que estuviera bien.

Ya estaba cerca de mi amigo, a punto de ofrecerle mi mano cuando sentí un fuerte dolor en el abdomen. Solté un pequeño alarido y me curvé ante la sensación de punzadas. Llevé instintivamente las manos a la parte afectada de mi vientre para detener el sangrado pero caí de rodillas perdiendo la fuerza. Roy me vio tan asustado y se arrastró como pudo hasta mi lugar.

Sostuve la lanza tratando de mantenerme arrodillada hasta que Veloz llegó y pude dejarme caer sobre él. —Espera, te sacaré de aquí —lo escuché decirme con voz ahogada pero yo negué con la cabeza, no me sentía bien para pararme y él no podría cargarme. Me movió un poco hasta recargarme en una de las figuras de piedra y revisó mi herida. Sus ojos se abrieron con horror y pude notar que tragó saliva, supongo que era peor de lo que dolía. Comencé a sentirme mareada, el cielo oscuro apenas se veía y las siluetas a mi alrededor se movían tan horriblemente que tuve que cerrar los ojos para no vomitar.

Roy seguía llamándome mientras movía mi hombro tratando de hacerme entrar en razón pero difícilmente podía mantener mis ojos abiertos. El dolor no se detenía y el líquido caliente en mi abdomen empezaba a empapar mi falda. Tosí varias veces, toqué mis labios y observé mis manos temblorosas manchadas de sangre; por la expresión de Roy supuse que eran malas noticias. —¡Lo siento! —dije con culpa, cerré los ojos y por más que él intentó hacerme reaccionar una fuerza mayor dejó todo en oscuridad y silencio.


(POV Robin)

Abrí los ojos con pesadez. El dolor seguía presente en mi espalda y cada vez que respiraba sentía nuevamente punzadas. Estaba boca abajo sobre una superficie dura, algo fría pero no lo suficiente para ser metal. Me levanté un poco con ayuda de mis antebrazos y miré a mi alrededor encontrándome con Starfire a unos metros de mí sentada en una silla. Volvía a tener su apariencia normal y si no fuese por el maldito ardor de los vidrios hubiese olvidado que ella no era mi Star. Me observaba fijamente, sin expresión en su rostro, quizás esperando a que yo iniciara nuestra conversación. Cerré los ojos aguantando el dolor y me senté como pude mirando hacia otro lado.

—Robin, sólo quiero protegerte. Sabes tan bien como yo que esta pelea está perdida. ¿No crees que es mejor aceptar la oportunidad de vivir, aunque sea bajo las órdenes de Trigon, si de todas formas vamos a morir? —cuestionó con preocupación y escuché cómo se acercaba a mí. No podía si quiera tomarme en serio sus palabras, incluso me sentía culpable por haber pensado en la derrota cuando vi el portal hacía algunas horas y al demonio saliendo de él. Yo también me había rendido fácilmente pero sabía que Starfire era más fuerte que eso. Ella era esperanza pura, una guerrera. No se arrodillaría ante nadie sin pelear. Me aferraba a seguir creyendo que ella no era Star, que era otra marioneta de Psimon para afectarme psicológicamente y quebrantarme. No lo permitiría.

—¡Starfire no se daría por vencida! —escupí distrayéndome con el escozor de las heridas. Aproveché para mirar el lugar en donde me encontraba, era una habitación sellada de color grisáceo, muy parecida a las del psiquiátrico donde me habían encerrado con Madame Rouge haciéndose pasar por Terra.

—¡Te equivocas, Robin, yo preferiría salvar a las personas que amo! ¡Aceptar la mejor opción para ellos y en este caso sería ser soldados de Trigon mientras nos permita vivir, de lo contrario sufriríamos una muerte dolorosa! —había tomado mi rostro obligándome a mirarla y observé aquellos ojos esmeralda vidriosos a punto de derramar lágrimas. ¿Por qué se parecía tanto a ella?, ¿por qué sentía su esencia dentro de aquella chica? ¿Realmente era Star?

—¡Cállate! ¡Ella estaría dispuesta a pelear, incluso se sacrificaría! —me sobresalté. No podía ser ella. Star no sería tan egoísta como para sacrificar a toda la Tierra, ni siquiera si con eso nos salvaría de la destrucción.

—¡Sí, pero por las personas que amo! ¡Estaría dispuesta a cualquier cosa sólo por ustedes! ¡Te amo a ti, Dick, amo a nuestros amigos, y si Trigon permite que sigamos viviendo lo aceptaré sin importar qué pase con lo demás sólo para protegerlos! —me tomó de las mejillas con fuerza, estaba afligida y yo no podía reaccionar. Era ella, su rostro, su voz, su mirada, todo coincidía, además sabía mi verdadero nombre y sólo los Titanes lo conocían.

Mis ojos comenzaron a ponerse llorosos, no podía creer que ella estuviera diciendo eso, seguro la estaban manipulando o eso esperaba. Starfire no era de las personas que se rendían ante alguien más fuerte, ni siquiera mostraba miedo en el campo de batalla, ella era optimista y sobretodo una guerrera que lucharía con su vida para salvar al mundo.

—¿Qué te hicieron? —pregunté con miedo, acariciando parte de su rostro. Ella endureció su mirada y con algo de enojo me dijo: —¡Admítelo, te da miedo aceptar lo que ves! ¡Crees que soy un monstruo por sincerarme contigo!

Me quedé mudo, veía el dolor en su rostro, ¿esto realmente estaba sucediendo? —¡Te da miedo esta parte de mí! ¡Sólo ves a una asesina!

—No, Star, yo no… —intenté acariciar nuevamente su mejilla sin embargo se alejó de mí dándome la espalda.

—Seguro no les has dicho lo que hice —susurró hacia la nada con voz quebrada. Quería levantarme y abrazarla, pero mis piernas no respondían. Sea lo que sea que le hubiesen hecho quería convencerla de que no pensaba así de ella, la amaba y lo que había sucedido no era su culpa. Todo lo que había hecho lo hizo para sobrevivir y yo no la juzgaría por eso.

—¿Ya les has contado que yo fui quién mató a una parte de la Hermandad del Mal? —cuestionó dolida volviéndome a ver. Bajé la mirada respondiendo tácitamente su pregunta, aún no se lo había contado a nuestro equipo, y quizás no lo había hecho por las razones que ella pensaba en este momento. No sabía cómo ellos podrían reaccionar ante la noticia y yo no estaba listo para actuar objetivamente en su caso, no quería que la alejasen de mí incluso si para las autoridades fuese una asesina que debería estar encerrada. No quería que volviesen a privarla de su libertad, ella sólo se había defendido, ¡no merecía sufrir más!

—¿Lo ves? Quieres que los demás sigan pensando que soy una chica inocente. Estás asustado de que vean realmente lo que soy —sus lágrimas empezaron a bajar, sus ojos estaban rojos y expresaban tanto dolor y enojo. Me rompía verla así, saber que se sentía de esa manera.

—¿Confías en mí? —preguntó acercando su rostro hasta la altura del mío. Asentí esperando que pudiera darme la oportunidad de explicarle todo. —Entonces, créeme, esta es la única manera de estar juntos.

Desvié mi mirada por unos segundos, la amaba y confiaba en ella, incluso estaba dispuesto a ir al mismísimo infierno por salvarla, sin embargo esto no se trataba sólo de nosotros dos. Esto involucraba a toda la Tierra y me atrevería a decir que a todo el universo. No podía ser tan egoísta como para dejarme guiar por lo que sentía. —Lo siento, pero no puedo aceptar eso —dije firme sin mirarla.

Escuché cómo resopló, sin duda estaba molesta. Yo seguía sin poder creer que realmente fuese ella, cualquier cosa que le hubiesen hecho a su mente tenía que buscar la forma de revertirlo. —¡Vaya, creí que me amabas más allá de eso! El mundo se va a ir a la mierda sin importar qué, te dan la oportunidad de estar junto a mí, ¿y eliges morir?

—Te amo y lo sabes bien, pero también sabes que soy un héroe, no puedo quedarme de brazos cruzados observando cómo todo se destruye. No dejaré que mis sentimientos le den la espalda a la humanidad. No puedo abandonarlos. ¿Qué sentido tendría vivir en un mundo miserable? Si voy a morir lo haré peleando y espero hacerlo a tu lado.

—No sé por qué sigo intentando convencerte —se cuestionó a sí misma rodando los ojos—… si de igual manera pronto serás el Robin que conozco. Pierdo el tiempo con tu versión heroica, necesito al chico que va más allá de sus ideales sólo para obtener lo que desea. Quería intentar traerlo de ti sin tener que recurrir a Psimon pero veo que es imposible. Hablando de eso, debería irme, creo que Roy necesitaba ayuda para preparar el ejército con nuestros amigos, seguro es más divertido convertirlos que escucharte a ti —dijo con una sonrisa burlona y fruncí el ceño. Se dio la media vuelta y comenzó a caminar hacia la salida, yo aún seguía atónito por su comportamiento. ¿Cómo podía divertirle hacerle daño a sus amigos?

—¡No sé qué te hicieron para que actúes así, pero te prometo que te traeré de vuelta! —grité desde mi lugar aún soportando el dolor en mi espalda. Ella se detuvo y empezó a reír amargamente para luego decir: —¿Igual como prometiste cuidarme? —. Se volvió encarándome, con cierto resentimiento en su mirada. —Todo esto está sucediendo porque no pudiste protegerme, porque llegaste tarde y casi me matan.

Me quedé callado, tenía razón. Si tan sólo hubiese llegado antes, si hubiese descubierto la trampa sobre la roca que pretendía ser ella. Si me hubiera dado cuenta de que era Minina quien tomaba mi mano en aquel parque y no ella, si tan sólo lo hubiese descubierto Star no habría huido de mí hacia la Torre donde Madame Rouge la atacaría y esto sería diferente. —Lamento haberte fallado, debí haber estado ahí para ti —hablé realmente arrepentido.

—No te lamentes. Si hay una cosa que todavía conservo de la Starfire que conoces es que sigo encontrando algo bueno incluso en los peores escenarios. Si no fuera por lo que pasó no tendría la oportunidad de salir y convertirme en lo que debí haber sido antes, una chica con el poder necesario para gobernar Tamaran y vengarse de la Ciudadela. Trigon me dará el honor de destruir aquel mundo donde me mantuvieron cautiva por tanto tiempo así como lo hice con mi hermana —sus ojos mostraban un odio tan vigoroso y pronto comenzó a rodearse de una luz anaranjada justo como la vez que la encontramos en el laboratorio del psiquiátrico, después de que carbonizara con esa llama a sus enemigos.

—Dick, por fin voy a vengarme, los haré pagar por todo lo que me hicieron, ¿no te alegra eso? —preguntó con una pequeña sonrisa y una mirada tan transtornada que me dieron escalofríos. Había perdido totalmente la cabeza. —¿Por qué no respondes, acaso no… —hizo una mueca de dolor y empezó a toser con fuerza. La luz que la rodeaba desapareció de inmediato y ella cayó de rodillas sujetándose el abdomen. Corrí hacia ella tratando de levantarla pero sólo gritaba de dolor y no dejaba de tocarse el vientre. Me asusté mucho cuando la sangre hizo presencia manchando sus manos y el suelo, y cuando intenté ayudarla pude ver una profunda herida en su piel.

—¡¿Star, qué está pasando?! —cuestioné con desesperación al ver cómo estaba perdiendo tanta sangre de la nada. La cargué en brazos y la llevé a la cama de concreto donde había despertado, todo esto para tratar de hacer presión sobre la herida. —¡Ayuda! ¡Necesito ayuda! —grité como loco esperando que alguien de afuera me escuchara pero la celda estaba sellada y no había cámaras en ella.

Star seguía tosiendo y llorando por el dolor. Me congelé cuando empezó a sacar sangre de su boca y le costaba mantener sus ojos abiertos. ¡Esto no estaba pasando, parecía una pesadilla! ¡Ella estaba muriendo! —¡Star, no! —pedí en un intento porque reaccionara pero sus respiraciones se volvían más pesadas y lentas. —¡Por un demonio, ayúdenme! ¡Está muriendo! —rogué desgarrándome la voz, sintiendo una gran impotencia, temblando por el miedo de perderla una vez más.

—¡Star, no te vayas! —lloré mientras sostenía su cabeza con mis manos, manchando sus mejillas de sangre. Miré el miedo en sus ojos y las lágrimas no dejaban de salir. Tomó por última vez mi rostro con una de sus manos impregnándome de líquido vital, formó una pequeña sonrisa y después simplemente se fue. —¿Star? ¿Star? ¡¿Star?! —la estrujé tratando de despertarla pero ella ya no estaba respirando. La abracé al entender que era demasiado tarde y lloré frenéticamente sobre su cuerpo volviendo a sentir un desgarre en mi pecho, una falta de aire. Volví a perderla.