Disclaimer: Star Wars no me pertenece. Todos los personajes son propiedad de Lucas Films y Disney. Sin fines de lucro.
Cláusula de Amor
Capítulo1.
Armitage consultó la hora en su reloj mientras comenzaba a dar pasos cada vez más apresurados en aquel campo santo.
Había dejado absolutamente todo su trabajo listo para poder llegar al funeral a tiempo y lo estaba logrando por poco. Cualquiera pudiera pensar que, debido a la muerte de su jefe, pararía todas sus labores, pero no funcionaba así para él y sabía que tampoco para Hue Tico. Él se hubiera sentido orgulloso de que se encargara de todo y después fuera a darle el último adiós.
El joven distinguió a lo lejos el séquito de gente vestida de negro y con gafas oscuras, que rodeaba el lugar donde descansaría la cabeza del Buffet de Contadores Tico y Asociados.
En los últimos meses, Hue había estado bastante enfermo. Hacía dos años le habían detectado cáncer en los pulmones, a raíz de que en su juventud el tipo había fumado como loco. Inicialmente se trató, pero conforme la enfermedad no parecía detenerse, se negó a seguir en quimioterapias y se dedicó a poner sus empresas en orden, dejar instrucciones y a viajar con sus dos hijas.
Fue entonces que, el fin de semana, todo se había complicado, y ese día, en pleno miércoles, su cansado cuerpo había dejado de luchar y se había ido en paz.
Ben Solo, el abogado de los Tico, le había dado la noticia mientras él entrenaba en el gimnasio.
Hux se abrió paso entre la gente para quedar enfrente del ataúd. Ahí se topó con algunos miembros del despacho:
Phasma la secretaria de Hue, Solo, que estaba con su novia en un extremo, Snoke y Pryde, mejores amigos del empresario, y frente al féretro, abrazadas, estaban Paige y Rose, que lloraban desconsoladas. Bodhi, el esposo de la mayor, también estaba ahí con ellas, ofreciéndose su apoyo e igual, afectado por la muerte de su suegro.
— Pensé que no ibas a llegar a tiempo —le dijo la rubia por lo bajo mientras el padre ofrecía unas palabras de un paraje bíblico.
— Sabes que siempre estoy a tiempo —contestó él con indiferencia. Phasma asintió y decidieron guardar silencio para escuchar con respeto. Después de unos diez minutos, que les parecieron abrumadores, el sacerdote terminó su intervención.
— Si alguien desea dar unas palabras para Hue Tico, por favor. Puede tomar la palabra —anunció el religioso.
Armitage alzó la vista y se miró primero con Ben que negó levemente con la cabeza. Luego, su mirada se topó con la de la hija mayor de Tico y ésta le asintió, haciéndole saber que él era el elegido para tan significativo momento.
— Buenas tardes a todos —comenzó él en voz alta, desde su lugar—. El día de hoy, con pesar, nos reunimos aquí para despedir a un gran hombre, como lo fue Hue. Lo conocí desde hace unos doce años. Fue mi maestro en la facultad de contaduría y la persona que me dio mi primera oportunidad de trabajo, misma que cambiaría mi vida para siempre. Me invitó a trabajar para él y empecé mi carrera de esa forma. Poco a poco, se convirtió en mi mentor, mi jefe y en una especie de padre para mí. Siempre tenía una sonrisa, un consejo que nadie pedía pero que atinaba en lo que fuera que estuvieras haciendo con tu vida. Siempre fue noble y altruista, un padre dedicado y amigo leal. Doy gracias a la vida por haberme permitido conocerlo, sin él, mi vida sería distinta. El mundo necesita más hombres ejemplares como él. Lo despedimos hoy, después de una gran batalla. Descansa en paz, Hue.
Los aplausos aparecieron después del discurso de Hux. El ataúd fue bajando poco a poco al orificio, ayudado por la máquina que hacía ese trabajo. Uno por uno de los asistentes fue acercándose para arrojarle alguna flor, susurrarle algo o simplemente ver como la tierra comenzaba a cubrir la caja de madera.
Los sollozos de las hermanas Tico, se escucharon con más fuerza. Armitage desvió la mirada y apretó los ojos. Detestaba escuchar y ver a la gente llorar, lo hacía sentir incómodo y no sabía cómo actuar.
Por suerte aquello no duró mucho y la gente comenzó a dispersarse. Dejando a los trabajadores de la firma y a los restantes de la familia, solos. Phasma se disculpó con el pelirrojo y fue a reunirse con Mitaka, el chofer de su jefe.
Armitage se quedó ahí parado viendo al montículo de tierra y sintiendo por primera vez en mucho tiempo, tristeza. Hue había significado bastante para él. Su partida cambiaría todo, tanto en su vida profesional, como personal: la estructura del despacho, la forma en que llevaban los negocios de empresas gordas de Coruscant, y su vida personal también. Extrañaría sus charlas breves y sus consejos.
Paige, se dejó por un momento a su hermana y esposo y acercó lentamente hacia él para saludarlo.
— Hola —le dijo con voz triste. Su nariz, que sostenía la montura de sus lentes negros sobresalía más de la cuenta de su rostro porque estaba roja debido al llanto.
— Señorita Tico —saludó él con formalidad, con un leve asentimiento.
— Oh, vamos Armitage. Basta de tanta seriedad, nos conocemos desde hace años —él sonrió, cortésmente—. No había tenido la oportunidad y lamento que sea en este momento, pero, quiero agradecerte por todo lo que hiciste por mi padre, durante todos estos años. Lo apoyaste en sus negocios, has sido su mano derecha y su amigo y yo, en verdad estoy muy contenta por ello.
— Nada de eso, Paige —negó—. Tu padre hizo más por mí de lo que yo pude hacer para él —ella le sonrió. Hux se dio cuenta que la mayor era muy parecida físicamente a su padre.
— ¿Sabes? siempre nos habló a Rosie y a mí, maravillas tuyas, en verdad te quiso, como un hijo.
— Y yo lo quise como un padre —aseguró. Los padres de Armitage habían fallecido cuando él estaba en primer año de universidad. Poco tiempo después de ello, Hue le ofreció trabajo, y fue como comenzó a fungir en una figura de autoridad para él y también paternal.
— Lo sé. Lo que dijiste fue muy bello —él se encogió de hombros, sin saber qué mas decir. Pese a que hacía años que conocía a Hue y a su familia, nunca fue muy cercano con sus hijas, en cuanto aspectos personales, aunque si llegó a verlas muchas veces en el despacho, reuniones, fiestas o por las pláticas que sostenía con su jefe.
— ¿Vas a quedarte por aquí un tiempo? —le cuestionó tratando de romper un poco el hielo.
— Sólo unos días, Bodhi y yo debemos regresar a Canto por negocios, quizás me lleve a Rose, para pasar tiempo juntas. Desde que me casé, ha sido difícil vernos más que un par de días y bueno, los excesos de mi hermana son de mi conocimiento —Hux posó brevemente la vista hacia Rose que era abrazada por Rey, su mejor amiga. Se limitó a asentir porque no quería entrar en detalles en una plática de la menor de las hermanas, pero era cierto. Todos los cercanos a la familia sabían que Rose se la pasaba entre fiestas, clubes nocturnos, alcohol y vaya a saber la fuerza qué otras cosas más. Y eso repercutía directamente en su negocio, que iba en caída libre hacia la desgracia.
— Les haría bien estar unidas —dijo para no parecer indiferente. Aunque, a decir verdad, no le importaba.
— Si… bueno todo depende de mañana. ¿Te ha dicho Ben acerca de lo del testamento?
— Si, nos reuniremos en casa de tu padre, por la tarde. Pensé que esperarían más tiempo, creo que es innecesario. Es algo un tanto… insensible apresurarse tanto.
— Si, pero papá lo dejó estipulado de esa forma. Ben sólo cumple sus órdenes, así que, debemos hacer lo mismo.
— Pai pai —la llamó Rose, acercándose a ambos—. Oh, disculpa no me di cuenta que estabas con… Armitage —dijo ella, barriéndolo con la mirada—. Buenas tardes —lo saludó de forma escueta.
— Buenas tardes, señorita —contestó él apretando la mandíbula.
— Cuanto lo siento, pero, me voy a llevar a mi hermana —le anunció sin mirarlo.
— Rosie… Hux y yo estábamos hablando… —comenzó Paige.
— Pero ya terminaron, vámonos —demandó la menor.
Paige le lanzó una mirada al pelirrojo en disculpa y éste le sonrió, haciéndole saber que no había problema.
— Te veremos mañana —le dijo antes de que su hermana se la llevara a rastras junto a Bodhi.
Rose se volteó a ver al pelirrojo y estudiarlo de arriba abajo. Hux le sostuvo una mirada de superioridad, no iba a dejarse sobajar por una niña mimada.
— ¿Él va a estar presente? ¿Cómo por qué? —le susurró Rose a su hermana para que Armitage no pudiera escucharlas.
— Porque es la mano derecha de papá y porque lo quería como a un hijo. Todas razones muy fuertes y de peso. Supongo que le ha de haber dejado instrucciones de algo, o herencia de algún tipo.
— ¿Herencia? ¿A Armitage? —Rose se paró en seco, casi ofendida por lo que Paige acababa de decir—. Suficiente dinero tiene él. ¿Para qué necesitaría más? Es un arribista.
— Rose, no seas mal educada, tu y yo sabemos que eso no es cierto. Hux trabajó muy duro para el puesto que tiene hoy en día, el pobre ni vida social tiene —la menor reflexionó un poco.
— Pues qué bueno, porque con esa cara de amargado la verdad es que nadie en su sano juicio se acercaría a él.
— Rose…
— Esta bien, ya. Basta de hablar del pelirrojo y vayamos a casa a cenar junto con Bhodi, Ben y Rey, necesito despejarme un poco.
— De acuerdo, nena —asintió su hermana, abrazándola.
Armitage caminó hacia afuera del cementerio y se encontró con Snoke y Pryde que se susurraban algo entre si. Cuando advirtieron la presencia del pelirrojo se separaron.
— Qué palabras tan conmovedoras las que dijiste, pequeño Armitage —le dijo Snoke dándole una palmada en el hombro.
— Vaya que Tico se sacó la lotería contigo, de hijo adoptivo —secundó Enric. El delgado y pálido chico les sonrió falsamente. Ninguno de los dos le caía bien. Eran amigos de Hue desde la universidad y los tres habían trabajado juntos, pero Tico había hecho más dinero que ellos y más rápido, sin embargo, para no dejarlos fuera de la jugada, los había hecho sus socios, aunque, en realidad aportaron muy poco y sólo se dedicaban a exigir sus ganancias.
— ¿Sabes algo de la lectura del testamento? —le preguntó Snoke sin tacto alguno. Hux pasó sus ojos azules por la cara desfigurada del individuo, que no le asustaba ni un gramo y no disimuló su expresión de asco.
— Deberías guardarle más respeto a la memoria de tu mejor amigo, en vez de estar pensando qué beneficio obtendrán de ello —lanzó, molesto—. Y no sé nada, pregúntale a Solo, él es el abogado y no yo. Buenas tardes —el pelirrojo se despidió y abordó su camioneta negra, dejando a los dos
— ¿Crees que sea una molestia? —preguntó Pryde viendo como el vehículo del contador se alejaba.
— Era como el hijo de Hue pero no lo suficiente como para dejarle todo. Le va a tocar sólo su parte, pero a nosotros nos conoció de antes y
La jornada en el despacho había acabado para Hux a las 5 p.m. aunque de no ser por la reunión que tenía en casa de Hue, seguramente hubiera tenido que pasar otras tres horas más en su oficina.
El contador se despidió de Phasma que ya estaba guardando sus cosas y salió en su camioneta hacia la residencia de los Tico, misma que se encontraba en el barrio de Hays Mayor. Una zona residencial bastante cara.
La ostentosa mansión la cual no visitaba más que en ocasiones muy específicas y cuando era "indispensable", le recordó el poderío y estatus que su jefe llegó a alcanzar y que él anhelaba para sí.
Había trabajado cada día de su vida desde que ingresó a trabajar con Hue para estar en donde ahora, sin embargo, aún le faltaban metas que alcanzar. Y aunque había sacrificado muchas cosas, no se arrepentía de nada, pues estaba muy cerca de alcanzar lo que deseaba.
Descendió de su auto, dejándolo estacionado en la rotonda que precedía la casa. Caminó unos metros y entró por la puerta de roble que estaba abierta. Caminó por los pasillos llenos de plantas y decoraciones caras, dirigiéndose hacia el despacho donde se llevaría a cabo la lectura de su testamento.
Ciertamente él no esperaba heredar nada de Hue, pero sí estaba seguro de que había dejado instrucciones de cómo llevar la firma de contadores y de sus negocios, de lo cual él tendría que hacerse cargo al ser su mano derecha. También, tenía el presentimiento de que algo iba a pasar con la menor de las Tico y su parte de la herencia. Paige, al ser la hermana mayor, ya había recibido su fortuna en el momento de su unión con Bodhi Rook. A ella le había sido heredados los negocios de su padre en Canto Bight, lugar a donde se había mudado para encargarse personalmente de todo. Lo último que Hue le había comentado acerca de Rose, su consentida, era que sabía que estaba yéndose por un camino que él no compartía y aunque trataba de hablar con ella, la chica siempre terminaba por escabullirse y salirse con la suya, así que necesitaba darle una lección. Sin embargo, nunca llegó a comentarle en qué consistiría aquello. Pero presentía que estaba por enterarse.
Armitage no quería enfrentarse ante la furia de la caprichosa jovencita, no porque en realidad le temiera, sino porque podía llegar a ser insoportable. Nada más recordar ciertos berrinches que le llegó a hacer a su propio padre en plenas instalaciones del buffet, sentía escalofríos. Pero si éste había dejado indicaciones acerca del dinero que le tocaba a la menor de sus hijas, él estaría feliz de incordiarla un poco con ello y ser parte de la lección.
La relación entre ambos era tensa, porque Rose lo veía como una amenaza y un simple empleado de su padre. Había sido así desde el día en que él teniendo 20 y ella 13 se habían conocido. Un desastre total porque la niña no dejaba de verlo con desprecio. Sin embargo, solo tuvo que soportarla por tres años más, ya que todo cambió cuando su madre, Thanya había fallecido. Queriendo alejar su tristeza, las hermanas se fueron a Naboo a seguir su educación y sólo años después cuando se graduaron volvieron a Coruscant, y fue donde el ciclo se activó de nuevo, y él descubrió que Rose no había madurado ni un gramo. Aunque la jovencita era diseñadora y dueña de su propia tienda de ropa llamada Millie, su vida era un desastre.
Hux salió de sus pensamientos cuando entró al lugar y se encontró cara a cara con los presentes.
Habían dejado el lugar de Hue libre, en la cabeza de la mesa. Paige y Rose estaban sentadas juntas del lado derecho y frente a ellas estaba Ben Solo.
Hux vaciló un poco, y se sentó al lado del abogado. Observó que frente a las hermanas y a él se encontraban unas carpetas de cuero.
— A tiempo, Hux.
— Como siempre, Solo —Armitage suspiró. Iba a ser una junta larga. Gracias a dios que con la hija mayor se llevaba bien, pues suficiente tenía ya con el altanero de Solo y la consentida "Rosie".
— Buenas tardes a todos —comenzó Ben abriendo su carpeta—. Antes de que hojeen el testamento, tengo que decirles que, el señor Tico, dejó estas instrucciones desde hace unos meses. Tal y como se está haciendo fue su petición. Sé que hubieran preferido que pasara más tiempo para eso, señoritas —se dirigió a las hermanas—, pero su padre así me lo expresó y mi trabajo es cumplir sus órdenes, así él ya no se encuentre con nosotros. Por favor, abran las carpetas que tienen frente a ustedes.
El pelirrojo fue el primero en ver el contenido. Su cara comenzó a contorsionarse en una mueca extraña que Ben le distinguía por el rabillo del ojo.
— Solo… —comenzó Hux pasando las únicas tres hojas contenidas en su juego—, creo que se te ha freído el chip, porque aquí solo hay unas cuántas hojas y no creo que esto sea todo lo que…
— A nadie se la he freído un chip, ni que fuera un droide Hux. Digamos que esta va a ser una junta muy rápida. Paige, tu padre ya te había dado acceso total a todos sus negocios en Canto Bight, sigues teniendo ello y un veinte por cierto de las acciones del centro comercial en Varykino, para ti es lo único que se ha agregado como puedes leer aquí —le señaló, puntual con el dedo en el papel. Paige asintió—. En cuanto a ti Hux y a la señorita Rose… Hue dejó una sola cláusula para ambos, que pueden leer a continuación.
El contador pasó de inmediato al siguiente párrafo. Rose hizo lo mismo. El silencio se hizo en el lugar y Ben esperó a que la bomba estallara.
— ¿Qué demonios es esto? —soltó Hux, viendo el papel.
— Tiene que haber un error —dijo Rose, mirando a Ben con cara de fastidio.
— ¿Qué pasa? —preguntó Paige que había cerrado su carpeta. Volvió al testamento y leyó la cláusula de la cual se quejaban su hermana y el contador de su padre. Sus ojos se abrieron de par en par.
— Esto es… ¡Es una tontería! —bramó Armitage pegándole a la mesa con un puño. Paige se asustó un poco, pero Rose no. Estaba igual de furiosa—. ¿Qué significa esto, Solo? ¿Tú lo redactaste?
— A ver, Armitage, cálmate ¿Qué parte de "Son las órdenes e instrucciones de Hue" no entendiste?
— Mi padre no pudo haber hecho esto, es imposible… él no —comenzó Rose. Paige detuvo a su hermana tomándole la mano—. ¿Qué tipo de broma es esta? ¿Lo planeaste con mi padre? —bramó, interrogando ahora a Armitage directamente.
— ¿Qué? ¿Cómo por qué haría algo como esto? No necesito un matrimonio arreglado para tomar lo que es mío, me corresponde ese 40% de las acciones y mi puesto en el despacho. Él no tendría por qué haberme condicionado. Jamás mencionó tal cosa y mucho menos algo como esto es obra mía, niña —soltó con desprecio, sintiéndose rebasado.
— ¡No me hables así, majadero! —gritó ella, sin poder creer el tono que había empleado.
— A ver, los dos cálmense. Debe haber una solución —intervino Paige—. Ben, ¿Sabes por qué hizo esto mi padre?
— Me hizo jurar que no se los dijera yo —sacó de la solapa de su saco una memoria pequeña—. Aquí está la explicación, primero, y lo tienen que ver ambos, a solas. Después lo podrás ver tú y Bodhi—le dijo a Paige.
— ¿Es enserio? —negó Rose sin poderlo creer.
— Como ya dije, indicaciones —el abogado se encogió de hombros y se puso de pie, siendo imitado por Paige.
— Seguro hay una explicación para esto, tranquila. Estaré afuera esperándote —dijo la mayor tratando de calmar a su hermana.
Rose suspiró. Fue hasta la esquina del despacho y tomó la laptop de su padre, para llevarla al centro de la mesa. Tomó la memoria que Ben había dejado y la metió en la ranura.
Hux la observaba, tamborileando los dedos en la mesa de caoba. Estaba en shock y esperando una muy buena explicación por parte de Tico para lo que había hecho.
Después de dar unos cuántos clics, la pantalla se puso en negro y segundos después, Hue apareció en escena. Estaba sentado en ese mismo lugar y tenía una enorme sonrisa en el rostro que hizo que Rose se pusiera la mano en el pecho. Acababan de enterrarlo y volverlo a ver estaba representando una impresión fuerte para ella. Pese al desconcierto que sentía, las lágrimas se formaron en sus ojos y comenzaron a resbalar, una por una. Él estaba por ponerse incómodo ante eso, pero su jefe en el monitor, comenzó a hablar:
— Sé lo que se están preguntando. Los conozco a ambos muy bien y deben estar furiosos conmigo, suerte que para estas alturas ya no estoy con ustedes, porque serían capaces de volverme a matar —soltó una fuerte carcajada, característica de él—. La cosa es simple. Necesito asegurar tu bienestar hija mía. No creas que no sé en todo lo que andas, y tienes enderezar el buen camino. A tu madre no le gustaría verte así de perdida y ciertamente a mí tampoco, lamento no haber podido hacer nada para que reaccionaras mientras yo me encontraba aún con vida, mi pequeña. Eres una maravillosa diseñadora de modas y podrías explotar tu negocio si te centraras lo suficiente y fueras responsable. Es ahí donde entra Armitage —Tico hizo una pausa y después sonrió—. Te quiero como un hijo y lo sabes y sé que estas muy enojado por esto, pero te lo explicaré: ¿Recuerdas que hace un año te pedí que invirtieras en mis negocios y aceptaste? Si lo hice fue por dos cosas: Eres brillante y un buen muchacho, algo frío y calculador, pero brillante al fin, y sé que podrás manejar todo esto que estoy por contarte. La segunda razón y la de más peso es que Pryde y Snoke han estado robándome —Armitage echó su cuerpo sobre el respaldo de la silla, sorprendido. Rose lo vio por el rabillo del ojo—. Han estado desviando dinero a sus cuentas de los complejos comerciales de Bespín y de Hoth —Hux movió la cabeza, negando por la frustración. Bien le había dicho a Hue que lo dejara llevar la contabilidad de esas dos plazas descomunales, pero él se había negado, y había puesto todo en manos de sus dos "amigos" —. Sospecho que no sólo han sacado dinero de ahí, pero Ben está averiguando ello. Por un año no dije nada, para que nadie sospechara. Así que, con ese dinero que casi te obligué a invertir, que han sido todos los ahorros de tu vida, me complace en anunciarte que te has vuelto el socio mayoritario de todos mis negocios y al ser mi mano derecha en el buffet de contabilidad, con mi muerte, asciendes a mi puesto —Rose y Armitage abrieron la boca en el mismo momento, perplejos—. La verdad es que siempre quise que todo quedara en mi familia, y siempre te consideré como a un hijo, por lo tanto, lo que les corresponde a ambos se les será entregado, con una sola condición, estipulada en esa cláusula que ambos acaban de leer: una vez que se casen. Mis viejos amigos esperan heredar un buen porcentaje porque ciertamente, hice un testamento antes, cuando Thanya murió. En ese entonces tuve el temor de que algo me pasara y Rose y Paige quedaran desprotegidas. Puse todo en sus manos de esos dos para que lo administraran todo y la única forma en la que la herencia podía pasar de ellos a mis hijas, era en el momento en que cada una contrajera matrimonio. Paige lo hizo primero y con ella ya no hay problema. Sin embargo, lo que a Rose le corresponde se quedó bajo esos términos y a estas alturas sigue soltera. Sé que están pensando en que, lo más fácil era modificar el testamento, sacar a Enric y a Snoke de la jugada, repartir todo y ya. Simple quizás, y yo nunca fui simple. Con todo esto mato muchos pájaros de un solo tiro. Rose no se queda desprotegida, endereza el camino, obtiene su herencia, Armitage controla y administra las empresas, y me ayudan en mi venganza. Y bueno, ese es el meollo del asunto. Ben estará tramitando todo así que, entre más pronto se lleve a cabo la boda, mejor. Primero, se liberará la mitad de lo que les estoy prometiendo a cada uno en el momento de su unión y lo demás, será completamente suyo un año después.
— ¡¿QUE?! —exclamaron Rose y Hux al mismo tiempo.
— Las condiciones entonces son estas: Deberán casarse, vivir juntos, durar al menos un año y sobre todo y lo más importante, aparentar ser un matrimonio, ante los ojos de todos. Mis dos… amigos son capaces de cualquier cosa, pero si ustedes dos están juntos, aseguraremos que todo el fruto de mi trabajo quede en las manos correctas y que sea más difícil para ellos hacer algo. Si se separan, antes del año bueno… la otra mitad pasará a Snoke y a Enric. Y si no aceptan llevar a cabo esto pues, no obtendrán nada y mis apreciados y ambiciosos socios minoristas se quedarán con todo. Así que confío en que hagan lo que les digo, sino mi trabajo de años será en vano.
— Y el mío —pensó el atormentado joven posando una palma sobre su frente y negando con la cabeza.
Armitage, —lo llamó, haciendo que éste regresara la vista a la pantalla de la computadora—, la vida de mi hija está en tus manos, todo lo que construí con arduo trabajo también. Sé que podrías con esto. Eres inteligente y perseverante, siempre admiré esa cualidad de ti, pero también, necesitas dejarte llevar un poco y que tu vida no sólo se trate del trabajo. Y aunque ya dije que tu ayudarás a Rose, ella también lo hará de vuelta contigo. Estoy más que seguro. Te quiero, hijo.
Rose, mi cielo. Lamento que te haya tocado estar en medio de esta quizás absurda venganza. Pero, todo se ha acomodado de esta forma para que cada uno aprenda diversas lecciones. No te enojes, cariño, todo esto es arreglado, pero, Armitage es un buen chico, excelente partido, sé que va a cuidarte muy bien. Dale la oportunidad de verte cómo eres, y conócelo. Sé que va a sorprenderte. Y bueno, si en el camino deciden hacerme abuelo no me voy a enojar —el contador resopló y Rose volteó los ojos—. Cuídate mucho. No te alejes de tu hermana. Quiéranse mucho como hasta ahora. Sé que voy a hacerles falta, pero tanto Bodhi, como Hux velarán por ustedes. Las amo con el alma. Extráñenme, pero no estén tristes, ya estoy con su madre.
La pantalla volvió a ponerse en negro. Hux y ella se miraron. Más que una broma de mal gusto, aquello era algo escabroso. Hue Tico le había arreglado el matrimonio a su desatrampada y consentida hija menor con él, quien fuera su amigo y trabajador más fiel, condicionándolo a no recibir el dinero que él había trabajado e invertido y todo para cumplir una venganza, que Armitage estaba seguro merecía, pero no involucrándolo a él.
— ¿Y bien? —soltó Rose, cruzada de brazos, desplomándose en su asiento—. ¿Cómo vamos a solucionar esto?
— No hay nada que solucionar, porque nada va a pasar… —comenzó él, sin poder creer que ella esperara a cumplir lo que su padre había dicho.
— Ya veo… entonces, estás dispuesto a dejar todo lo que te corresponde en manos de esos dos malnacidos y vivir en la calle —dijo la chica con ironía.
— Esto no va a pasar, ya te lo dije —sostuvo el pelirrojo.
— Mira, resulta que a mí sí me interesa lo que me corresponde, y sinceramente, dudo mucho que quieras iniciar desde abajo. ¿Cuántos años llevas trabajando para mi padre?
— Doce, pero ahora soy su socio…
— No, no lo eres, a menos que te cases conmigo porque, por si tienes las orejas tapadas acaba de ponernos una condición.
— ¿Me estás tratando de convencer que me case contigo? —Rose soltó una risotada amarga.
— Ni en tus mejores sueños, Armitage. Quiero esto tanto como tú, o sea, NADA, pero quiero mi dinero y quiero vengarme de Enric y Snoke, así que, renunciar para ti no es una opción, no voy a dejar que lo hagas. Llevaremos a cabo lo que mi padre indica.
— Estás loca —Armitage se puso de pie. Su cuerpo comenzó a temblar del coraje que sentía.
— No, se trata de mi herencia y por favor no me digas que no somos parecidos. Tú nada más trabajas para tener dinero y estatus, y lo estás acariciando, lo sé. Quieres lo que mi padre ha prometido, pero tu orgullo no te deja —Hux se quedó callado ante el examen de Rose. No quería admitirlo, pero tenía razón.
— ¿Y qué propones? —dijo, aunque ya sabía la respuesta.
— Hacemos una boda, pretendemos que somos un matrimonio por un año, cada quién por su lado y doce meses después, tramitamos el divorcio, tú te vas muy tranquilo con tu dinero y yo con el mío y dejamos en la calle a esos dos imbéciles y fin de la historia —la estudió. Sus ojos negros y su expresión seria develaban que su decisión era firme y estaba convencida de que todo iba a ser muy sencillo. Él en cambio dudaba un poco, pero quizás sólo debía relajarse como bien había dicho Tico durante el video. Él se la pasaba de lleno en el trabajo, ella en sus fiestas y en su negocio, ni siquiera iban a verse. Un año pasaba volando ¿qué podía salir mal?
— ¿Cuántos años dices que tienes? —la cuestionó.
— Veinticinco, ¿por qué? —respondió ella a la defensiva.
— Por nada… —contestó-
El pelirrojo se llevó las manos a las sienes. Maldita la hora en la que había decidido dedicarse a trabajar y dejó su vida social de lado. A sus treinta y dos años, bien ya podía estar casado y con una familia sin tener que pasar por ese macabro enredo. Lo que había hecho Hue era un golpe muy bajo. ¿Por qué tenía que salir él embarrado solo para cuidar de su hija menor y vengarse de dos idiotas? ¿Acaso no era suficiente estar pendiente de ella? ¿Por qué no simplemente había cambiado el testamento? ¿Por qué tenía que llegar a ese grado?
Pero Rose tenía razón. Él era ambicioso y una voz le susurraba en el oído que aceptara la propuesta.
— ¿En cuánto tiempo sería? —preguntó él, sorprendiéndose por lo que estaba a punto de hacer.
— No tengo idea, pero digamos que dentro de un mes, aquí, en el jardín.
Armitage Hux asintió. Estaba enojado, sí, porque ciertamente las cosas no debieron ser de esa forma, pero él era experto en calcular, los planes rara vez se le escapaban de las manos, lo haría funcionar y se quedaría con lo que era suyo. Soportar a Rose sería un precio algo elevado, pero estaba dispuesto a pagarlo, a lo mejor perdería los nervios en ello, pero ganaría lo que siempre había soñado. Sabía fingir sonrisas, por supuesto que podría fingir un matrimonio.
— De acuerdo. En un mes —asintió y suspiró—. No me voy a arrepentir, no me voy a arrepentir… no me voy a arrepentir —pensó para sí, como un mantra.
— Bien. Nos volveremos a ver una vez que tenga los detalles de la boda, además debemos discutir otras cosas y tomar acuerdos de cómo dirigiremos todo esto, pero no tengo tiempo ahora —miró su reloj—. El club de playa me espera, así que, no te molestes en llamar, seré yo la que te contacte—. Hux puso los ojos en blanco—. Trae tu mejor traje pelirrojo —le dijo Rose con una sonrisa cargada de ironía—, porque no todos los días tienes la fortuna de casarte conmigo.
Ella se puso de pie y salió del lugar. Armitage se cruzó de brazos, enervado por el tono de aquella chica.
Si Hue Tico había designado que todos aprendieran una lección con lo que los estaba obligando a hacer, entonces se iba a tomar muy enserio su papel.
Iba a domar a aquella fierecilla e iba a darle una lección que jamás olvidaría. Si ella podía ser altanera y grosera, él podía ser el tipo más frío y molesto del mundo y sería un esposo ejemplar.
Armitage se puso de pie y se acomodó el traje, sintiendo las ganas renovarse en él.
Que ganara el mejor.
No me maten, los nenes Gingerrose hicieron de la suyas en mi mente! -huye-
