Disclaimer: Star Wars no me pertenece. Todos los personajes son propiedad de Lucas Films y Disney. Sin fines de lucro.
Capitulo 2.
— Rosie ¿estás segura de esto? Yo sé que papá te ha pedido que hagas las cosas así pero, podríamos ver una manera para que no tengas que fingir una boda —dijo Paige, mientras le echaba azúcar a su café. Las dos hermanas y Bodhi estaban reunidos en el comedor, compartiendo el desayuno antes de hacer sus actividades planeadas para ese día.
— Pai… no voy a dejarle el dinero a esos dos desgraciados que aparentaron ser amigos de papá y nada más se dedicaron a robarle. Reconozco que no es la mejor medida, pero, todo va a salir bien —aseguró ella, llevándose a la boca un trozo de melón.
— Estás muy confiada cuñadita —comentó Bodhi, con picardía—. ¿Y si te terminas enamorando?
— ¡¿De Armitage?! —soltó Rose, divertida—. ¿Quién podría enamorarse de un tipo tan frio y que es adicto al trabajo?
— Vamos, Rosie… no es nada feo —rebatió Paige, sonriéndose con su esposo.
— Los hombres amargados como él no son mi tipo, así que nada va a salirse de control. Todo está fríamente calculado.
— ¿Y si él se enamora de ti? ¿Qué vas a hacer? —le preguntó su cuñado.
— Oh bueno… —dijo Rose echándose el cabello lacio hacia atrás—, eso no se puede evitar. Digo, estamos hablando de mi, muchos matarían por estar en su lugar y si se enamora, no lo voy a culpar. Pero sinceramente no es lo que busco, crearía más problemas. Además dudo que Hux tenga sentimientos. Así que ustedes no se preocupen, de verdad.
— De acuerdo ¿necesitas ayuda con los preparativos de la boda? Si quieres podría quedarme más días, a hacerte compañía y a ayudarte —le preguntó su hermana.
— No, Pai, no te preocupes, tu debes atender todo en Canto, y mantenerte ocupada va a ayudarte a distraerte de este asunto de papá y Bodhi también tiene su trabajo. Rey se va a encargar de todo.
— Es verdad, olvidaba que se dedicaba a planear eventos. Entonces todo va a salir perfecto si es ella quien se encarga.
— Si, por eso es que no debes preocuparte —le aseguró su hermana, limpiándose delicadamente la boca con la servilleta—. Si me disculpan, debo irme —anunció poniéndose de pie.
— ¿Vas a la tienda?
— Si… si, quiero retomar unos diseños que dejé pendientes con todo esto de papá…
— Me encantaría verlos —le sonrió Page.
— Son bocetos aún, pero cuando estén terminados, te los mostraré —Rose se acercó a donde su hermana estaba sentada aun tomando su desayuno y la abrazó y le besó una mejilla. Se giró e hizo lo mismo con Bodhi—. Los veré en la noche, para acompañarlos al aeropuerto. No se vayan a ir sin mi, ¿eh?
— Te esperamos, cuñada —asintió Bodhi.
— Diviértanse —les guiñó el ojo y salió del comedor. El ruido de sus tacones se fue alejando cada vez más, hasta que el matrimonio estuvo seguro de que ya estaba fuera de la casa.
— ¿Y tú que piensas de todo esto, cielo? —le preguntó Bodhi a su lado, besando con dulzura su frente—. ¿Enserio crees que todo esto entre ellos salga bien?
— Yo espero que si, aunque, si te soy sincera, me encantaría que esos dos estuvieran juntos por amor y no porque mi padre así lo planeo.
— ¿De verdad? ¿Te gusta Armitage para tu cuñado? Eso si que es una sorpresa.
— Es una buena persona, es serio sí, pero, Rose le ayudaría en esa parte… o más bien lo hará. Son muy parecidos y quizás eso los haga chocar pero… no sé, tengo un presentimiento acerca de esto… y no sé si es bueno o malo.
— Tendremos que esperar a verlo…
Rose estacionó su audi azul afuera de la plaza comercial Naberrie. Estaba a punto de bajar de él cuando una llamada de Rey entró.
— ¡Hola, Rosie! —la saludó animada del otro lado de la línea.
— ¡Rey! ¡Hola!
— Te hablo para decirte que tengo unos detalles pendientes que necesitamos resolver para la boda. Mira, el banquete, la música, la decoración, el padre y el juez están listos.
— Excelente. Dime, qué es lo que necesitas
— Bueno, el vestido de bodas es uno de esos pendientes…
— Yo me encargo de eso, no te preocupes.
— Bien… el padrino y los testigos… no me preocupan los tuyos, sino los de Armitage…
— De acuerdo, es algo que tengo que decirle, aunque dudo mucho que tenga amigos. ¿Qué más?
— La canción para su "primer baile de esposos"
— ¡Arg! ¿Enserio debemos hacer eso?
— Rose, te recuerdo que fue tu idea hacerlo todo al pie de la letra —dijo la organizadora, con cierto aire acusatorio.
— Pues es que necesita ser creíble, no será muy grande, pero, considero que siendo quien soy, debería tener algo como esto o se levantarán sospechas. Estamos de acuerdo que yo no me casaría en una ceremonia ultra privada ¿o si?
— Para nada, por eso mismo debe haber vals así que lo discutes con Armitage y me avisas. También necesito tu lista de invitados, como todo es tan pronto, debo mandan a hacer las invitaciones para que se repartan esta semana.
— Bien, voy a hablarle por teléfono y quedar con él y Ben, porque ciertamente hay que tomar otros acuerdos para que nada se nos vaya de las manos—. ¿Podremos tener todo listo en un mes?
— Si, no hay problema con ello —aseguró Rey—. ¿Estás segura de que estás bien con esto, Rosie?
— Si, Rey. Pai Pai también me lo preguntó. Tu sabes mejor que nadie que mi sueño no es casarme, así que no me molesta todo esto. No estoy nada de acuerdo que sea con Armitage, pero no puedo hacer mucho al respecto, más que enfocarme y hacer que ese año se pase muy rápido.
— De acuerdo, sabes que te apoyo en todo —le hizo saber la castaña.
— Gracias, lo sé… y ahora necesito pedirte otro favor.
— El que gustes.
— ¿Crees que Ben podría darme el número de Armitage?
— Si. Le escribo y le pido que te lo envié.
— Gracias, Rey. Creo que citaré a esos dos hoy más tarde en el club de playa… ¿te veo ahí?
— Perfecto. Nos vemos más tarde.
Rose se detuvo frente a su tienda comercial. Observó las letras del nombre "Millie" apagadas y la puerta de cristal con ese enorme letrero de cerrado pegado en ella.
La diseñadora suspiró. Había estado evitando eso durante mucho tiempo. Sacó las llaves de su bolso y comenzó a liberar las cerraduras que estaban a raz del piso y que mantenían la puerta de la tienda segura.
Cuando puso un pie adentro, automáticamente las luces se encendieron. Todo estaba como la última vez que había pisado el lugar. Los estantes llenos de ropa, la computadora, la caja, la terminal para tarjetas… los probadores al fondo… todo esperándola desde que había decidido cerrar porque su vida era un desastre, porque ya no estaba vendiendo ni diseñando. Eso no lo sabía nadie. Ni Paige, ni su padre, ni Rey. Se había encargado de liquidar bien a sus empleados para no sentir presión de que fueran a hacerle un escándalo, cosa que parecía haber funcionado.
Rose atravesó la tienda con un nudo en la garganta y fue hacia la parte trasera del local, en donde tenía su taller y oficina, lugar en el que solía llevar su proceso creativo.
Una mesa de trabajo enorme donde cortaba su tela la recibió, llena de hilos, cuentas, retazos y bocetos que había dejado sin terminar. Les dedicó una mirada triste y los ojos comenzaron a llenarse de lágrimas que se aguantó hasta que ya no pudo evitar dejarlas salir.
Un sollozo salió desde su garganta y tuvo ese sentimiento de que lloraba por la muerte de su padre, pero también por todo lo que hacía tiempo traía atorado. Temores, inseguridades, baja autoestima… todo perfectamente disimulado en una fachada que era más fácil de llevar, que asumir lo que realmente le estaba pasando.
Miró sus dibujos, no se trataban de ninguna pieza de alguna nueva colección que estuviese planeando, porque en realidad lo que estaba plasmado en ese papel eran bocetos de vestidos de novia, su verdadera pasión.
Rose se permitió llorar hasta que sintió que había logrado que la opresión en su pecho bajara considerablemente. Fue hasta un pequeño armario que tenía en donde guardaba telas y materiales y se subió al banquito para alcanzar una caja circular negra que aguardaba arriba del estante.
La colocó sobre su mesa de trabajo y la abrió. La tela suave y blanca le dio la bienvenida y se permitió sonreír. Con cuidado tomó el delicado modelo y lo asió hacia ella para admirarlo por completo: Era el primer vestido de novia que había confeccionado y lo había hecho con sus propias medidas. Pensó que por lo menos algo de todo eso que sería montado, iba a ser real.
Estaba pasando la mano sobre la suave falta de tul, cuando su teléfono sonó. En la pantalla apareció el identificador de Ben que le mandaba el número de Armitage. Aquello fue lo que la hizo recomponerse.
Rose sacó de su bolso su espejito de mano y con cuidado se limpió las lágrimas y arregló su maquillaje.
Tomó el teléfono y le tecleó a Ben un mensaje de agradecimiento para después pulsar sobre el número de Armitage.
Hux estaba muy concentrado revisando unos reportes que Phasma le había hecho pasar, cuando su teléfono vibró. Él no lo miró porque en un inicio pensó que se trataba de un mensaje de texto, pero cuando se dio cuenta de que el celular no dejaba de vibrar supo que se trataba de una llamada. Clavó sus ojos azules en la pantalla y se dio cuenta que desconocía el número desde el cual le marcaban, pero como solía atender a muchos clientes para asesorías o posibles negocios, decidió contestar.
— Armitage Hux, buen día —dijo con tono pre ensayado.
— El mismísimo pelirrojo en persona —dijo una voz burlona del otro lado. Él la reconoció enseguida.
— Rose… ¿Cómo conseguiste mi número?
— Es bueno que mi mejor amiga sea la novia del abogado de tu despacho ¿no crees? —Hux arrugó la nariz. Maldito fuera ese Solo—. Pero no te irrites, de todas formas lo iba a necesitar, y si no me lo dabas tú, lo conseguiría.
— Si bueno, tengo trabajo, si solo has hablado para decirme que conseguiste mi número entonces me despido.
— Enserio eres desagradable. Te hablaba para quedar contigo en el club de playa, hoy, a las cuatro, para discutir asuntos de la boda.
Armitage miró su reloj.
— ¿Por qué piensas que puedes disponer de mi tiempo?
— Mira, relájate. Ahora eres prácticamente el jefe, tienes que aprender a delegar funciones. Además, recuerda que te estás viendo con tu prometida y esto es importante. Ben estará ahí también, no es una especie de cita así que no te me emociones.
— Eres…
— ¡Relájate hombre! Fue una broma. Te veré más tarde ahí, en la alberca. No llegues tarde.
— Nunca llego tar… —estaba completando su acostumbrada frase cuando se dio cuenta de que Rose le había colgado—. Maldición —susurró. Puso los codos sobre su escritorio y se sostuvo la cara viendo la pila de carpetas con los balances que debía revisar. Podía encargarle a uno de sus trabajadores que revisara la mitad, pero era algo perfeccionista y si él no lo hacía, no podía asegurar que estuviera bien. No quería errores, así que decidió apurarse.
Descolgó el teléfono de la oficina y apretó un botón que comunicaba con su ahora secretaria.
— Phasma, que no me interrumpan, tengo que salir temprano hoy. Pide un lunch de "Artur n' Tripio´s" y no me pases llamadas.
— A la orden jefe.
Suspiró y prosiguió con su tarea. Estaba perdiendo el primer round, pero más tarde sería su revancha en el club de playa.
Cuando Hux llegó al club Varikyno, fue directo a la piscina. Extrañamente había poca gente, aunque se alegró de eso. No consideraba que fuera un buen lugar para tomar acuerdos acerca de una boda planeada, pero tampoco quería llevar a Rose a su oficina para que todos los vieran ahí o hicieran preguntas que no quería responder. Su casa no era una opción y la de Tico tampoco, si bien tendrían privacidad, estaría en el terreno de la chica.
Localizó en la distancia a Ben que estaba sentado en una de las mesitas que alrededor de la alberca. Llevaba puestas unas bermudas y una playera sin mangas y bebía una cerveza. ¿Por qué demonios estaban tan relajado?
— ¿Y esas fachas? —preguntó Hux acercándose y tomando asiento frente a él.
— Estoy de vacaciones.
— Ah, entonces por ti es que estamos en este lugar —el pelirrojo pasó la vista y distinguió a Rey y a Rose en medio de la piscina, tiradas sobre un inflable en forma de Porg.
— Pues… después de todo el papeleo que tuve que hacer referente a las empresas de Hue, me dio la instrucción de que me tomara unos días de descanso, así que… ni siquiera deberíamos estar viéndonos aquí por esto, pero bueno, es un asunto apremiante.
— Estoy de acuerdo con eso… a mí me han sacado de mi trabajo y obligado a venir —soltó, aflojándose la corbata.
— Oh ¿enserio? Porque he visto que llegaste por tu propio pie y no creo que Rose te haya puesto una pistola en la cabeza —soltó con sarcasmo él. Armitage lo fulminó con la mirada. Olvidaba que Solo era detestable.
— No te hagas el gracioso.
— Aquí vienen las damas —anunció Ben distinguiendo la esbelta figura de Rey caminar hacia él junto con Rose. El contador volteó para divisar a ambas y cuando se dio cuenta de que la heredera menor llevaba un bikini color azul encima tuvo que hacer un enorme esfuerzo por no abrir la boca. Su cadera quedaba bien delineada por la parte inferior de esa tela azul que llevaba puesta y sus generosos pechos descansaban sobre el sostén que sólo estaba agarrado a su cuello por tiras. Algo parecido a los nervios comenzaron a recorrerle el cuerpo y rezó para que Rose se pusiera algo encima antes de ir a hacer acuerdos o iba a tener que salir corriendo de ahí. Era la primera vez que la veía usando un traje de baño y tenía que admitirlo para sus adentros. Tenía un cuerpo hermoso.
— Hola, Armitage —saludó Rey, sacándolo del trance, para luego inclinarse a Ben y darle un beso en los labios.
— Hola, Rey —ambos se conocían porque la había visto en enumeradas ocasiones, con Solo o con su mejor amiga Rose.
La aludida llegó hasta ellos también y rebuscó en su enorme bolso de mano. Sacó una toalla que se pasó por el cuerpo para secarse y después se puso encima un vestido delgado de tirantes.
— Lamento interrumpir tus vacaciones Ben, enserio y también eso te afecta a ti Rey. Ahora te puse trabajo y no pueden compartir el tiempo.
— No Rosie, todo está bien, de hecho Ben me ha acompañado a hacer varias cosas y así la pasamos juntos ¿verdad? —dijo Rey, sentándose al lado de Ben en otra silla vacía.
— Si, no pasa nada Rosie, yo encantado —soltó, esbozando una pequeña sonrisa y Hux frunció la boca —Hux los miró y reprimió poner en blanco los ojos por alguna razón detestaba que le dijeran "Rosie".
— ¿Podemos comenzar ya? —pidió.
— Tranquilo pelirrojo, recibirás tu herencia —contestó Ben en voz baja—. Bueno, sólo quería discutir ciertas cosas con ambos —el abogado se volteó al respaldo de su asiento donde colgaba una mochila negra de la cual sacó una carpeta que contenía una hoja—. Aquí tengo los acuerdos prenupciales.
— No me digas que hasta esto dejó planeado Tico —soltó Hux sintiendo que le iban a explotar los nervios.
— Pues sí, y también dejó un pequeño fondo para que pudieran usarlo en la boda.
— Con que mi padre puede dejar dinero para una boda pero no para cada uno sin hacer tanto alboroto. De verdad que a veces pienso que se estaba burlando de mí.
— Por primera vez, voy a darte la razón —dijo el joven.
— ¿De veras? Vaya pues gracias —contestó ella a la defensiva.
— A ver, no se desvíen. Miren, los acuerdos prenupciales abarcan esto: Vivir juntos, ¿han pensado dónde? —Ben tomó el bolígrafo que estaba dentro de la carpeta y empujó el extremo para sacar la punta. Rose y Armitage se miraron.
— En mi casa —soltó él. Ben asintió y miró a Rose, esperando que se opusiera, pero ésta dibujó una sonrisa en su rostro.
— Estoy de acuerdo, la casa de mi padre queda lejos, la de Hux no. Aunque no me esperaba esa propuesta —admitió ella viendo a su futuro esposo con conveniencia. Un mesero pasó cerca con una bandeja de bebidas y ella le hizo una seña para que se acercara. Tomó uno que parecía ser una piña colada.
— Te haría bien cambiar de aire —se encogió de hombros. No iba a contestarle, pero él no iba a renunciar a la comodidad de su casa y sus cosas. Y la iba a llevar a su terreno en donde podría controlar la situación.
— El siguiente, es referente a la fiesta. Está indicado que sea una boda religiosa y un acto legal.
— Eso ya lo tengo, sacerdote y juez, listos —anunció Rey contenta. Ben le dio una sonrisa tierna de regreso.
— Aquí una importante —Ben alzó la ceja—: no podrán ser infiel el uno al otro, o la otra mitad de la fortuna pasando el año no será de ustedes y ya sé que eso no lo mencionó en el video, pero aquí está, es legal —Rose soltó el aire acompañado de un quejido. Era asombroso el nivel de planeación que su padre había ejercido.
— Seré la esposa más fiel si Armitage promete hacer lo mismo.
— Lo vamos a jurar frente al altar, por supuesto que lo seré —dijo él, sarcástico—. Siguiente…
— ¿A dónde se van a ir de luna de miel?
— No bromees que eso viene —dijo Hux quitándole la hoja, pero no, no había nada escrito acerca de eso. Ben ya no se aguantó las ganas y comenzó a reír.
— Lo siento… pero si gustan se arregla —les propuso el abogado secándose las lágrimas por la risa.
— ¡NO! —gritaron ambos.
— Esta bien, sólo decía. Eso es todo del pre nupcial. Otra cosa que quería decirles a ambos es que, necesitan ser un poco más… convincentes.
— Ya lo había pensado —dijo Rose, enderezándose en su lugar.
— Creo que si lo que quieren es que Snoke y Enric no sospechen es empezar a comportarse como una pareja —intervino Rey que coincidía con Ben.
— Ya sé que no se llevan mucho con los dos, pero hoy les voy a hacer llegar la copia del testamento como se quedó a esos dos. Si de repente se casan y nada más no los vieron juntos van a saber que lo hacen por el acuerdo, así que, deberán poner en práctica sus habilidades actorales —sentenció Ben—. Snoke y Pryde tienen ojos y oídos en todos lados y más en lugares como estos, así que piensen en qué podrían inventar. Es todo de mi parte y si no les molesta, Rey y yo nos retiramos. Tenemos una cena con mis padres.
— Gracias Ben y Rey —dijo Rose despidiéndose de ellos de beso en la mejilla. Armitage solo se limitó a mostrarles una palma. Se había desparramado en su asiento. La cosa no iba a ser tan sencilla como había pensado, pero, se podía arreglar aun.
— ¿Y qué otra cosa vamos a discutir? —preguntó él, cruzándose de brazos. Tuvo el impulso de pedir algo de alcohol, pero no veía ningún mesero cerca.
— Necesitas un padrino y testigos. Rey será mi testigo y mi amiga Jannah también. ¿Tienes pensado en alguien? —Armitage se quedó callado. Maldijo una vez más su nula vida social. Rose se dio cuenta, ciertamente era algo que ya se temía—. Bien, me encargaré de eso también, no te preocupes. Si me permites el consejo, es bueno tener amistades, pelirrojo, es lindo contar con alguien de vez en cuando.
— Los tengo, pero no aquí —mintió. Porque no, no tenía. Lo más cercano a eso era Phasma, pero ella era su secretaria y no le contaba más que cosas del trabajo—. ¿algo más?
— Uy, tranquilo general, aún faltan varias cosas —dijo Rose, comenzándose a exasperar al igual que él—. La canción para el vals.
— Rose, por favor, hazme perder el tiempo por cosas importantes y no por nimiedades como esa. Cómo si no pudieras escogerla tu como todo lo referente a la boda. Siguiente cosa.
— Bien, si así vamos, cómprame un anillo de compromiso. Uno lindo y sencillo, no aceptaré uno barato, pero no quiero que gastes mucho y se te vaya lo último que tienes para sobrevivir. Me va el número 5, para que sepas.
— Espera… ¿qué?
— Si vamos a jugar esta farsa, lo haremos bien. Ya escuchaste a Ben, Pryde y Snoke están a nada de tener el testamento en sus manos y recordar que el dinero que creen tener va a pasar a mi por matrimonio, cosa que vamos a hacer en breve y van a sospechar algo. Así que hay que inventarnos una relación de bajo perfil desde hace un año —Rose hablaba con fluidez y seguridad y el contador estaba más que impresionado porque ella ya había pensado en todo—. Nos comprometimos hace seis meses y así los tiempos cuadrarán. Pero para ello necesito un anillo en mi dedo, a la de ya, para mañana —se señaló la mano.
— Bien, mañana lo tendrás —asintió él. No le gustaba admitirlo, pero la diseñadora tenía un punto.
— Y vamos a tener que hacernos más visibles en público —él ya no se aguantó la mueca de disgusto—. Si a mi tampoco me encanta, pero es así. Ahora somos novios y mañana prometidos, hay que comenzar a actuar ya.
— Si, pero de una vez te aviso que no voy a hacer lo que tu quieras, yo haré lo que crea conveniente para hacer mis… demostraciones afectuosas y eso no está a discusión. Y ya que acordamos que viviremos en mi casa, ¿Cuándo vas a mudarte? Necesito hacer espacio en el otro cuarto de mi departamento, porque no vas a dormir en mi habitación, de una vez quiero que lo sepas.
— ¡Pues claro que eso no iba a pasar, no seas iluso! ¡Me ofendes! —refutó ella—. Mira, te doy dos semanas para arreglar todo. Antes de la boda mis cosas ya deben estar instaladas.
— Bien —Hux se puso de pie y se abotonó el saco de su traje—. Nos vemos mañana para la pedida de mano —soltó él. Drásticamente su tono cambió a uno que ella usaba con él cuando se estaba burlando—. Y otra cosa, Rosie —la señaló con el dedo y ella se quedó estupefacta—. Tienes prohibido asistir a tus acostumbradas fiestas en casa de tus amiguitos de sociedad, o en cualquier lugar. Si vas a ser mi prometida, no me vas a avergonzar con tus comportamientos.
— Eres un idiota —le dijo mientras se levantaba de la silla e iba hacia él con la intención de plantarle una cachetada. Hux le detuvo las manos con facilidad, pues era más pequeña que él.
— Calma, querida, que pueden vernos… ¿Qué va a decir de nosotros la gente? —se inclinó hacia ella y depositó un beso en la comisura del lado derecho de su boca. El cuerpo se le tensó enseguida y Armitage sonrió complacido—. Te veré mañana, futura esposa… —le susurró en el oído y dio media vuelta para salir del club.
— Es parte del circo Rose, tranquilízate. Solo quiere sacarte de quicio, él no actúa así por otra cosa… el casi beso no significa nada, respira…—se dijo, con la mano en el pecho, tratando de hacer que su respiración volviera a su ritmo normal y los nervios se le pasaran. El cambio total en su actitud la tomó por sorpresa.
El alto y delgado joven subió a su camioneta y tomó su celular para hacerle una llamada a su secretaria.
— Phasma, voy a necesitar el balance general de la tienda de Rose, para mañana, a primera hora en mi escritorio. Que sea del último año —no esperó respuesta de la rubia y le colgó. Si Rose lo iba a condicionar, él iba a hacer lo mismo. Prohibirle las fiestas era el inicio, ciertamente no quería una esposa que le diera mala fama y respecto a su marca de ropa, ya era hora de que alguien tomara las riendas de ese negocio en fracaso y lo ayudara a salir a flote.
Cuando el contador llegó a su oficina a las 9:00 am. Phasma lo recibió con un paquete pequeño.
— Vinieron a dejarlo hace como media hora —le dijo ella después de pasarle los pendientes. No tiene remitente, y el de la paquetería dijo que un empleado lo había ido a dejar, pero no me supo dar otras características.
Armitage miró la caja y la sacudió. En su interior sonaba algo pero el ruido no podía darle alguna pista de lo que era.
— Ten cuidado Hux… ¿Y si es una bomba o algo? —le dijo la rubia preocupada.
— Ves demasiadas películas, Phasma… —le dijo, negando con la cabeza. El pelirrojo sacó un cuter del cajón de su escritorio y lo pasó por las líneas que tenían cinta adhesiva. La alta secretaria lo miró temerosa. Armitage volteó la caja sobre su escritorio y lo que estaba en su interior cayó. El ojo le comenzó a temblar al tomar el portaretrato con una fotografía de Rose.
— No puede ser… ¿enserio ella mandó esto?
— ¿Es tu novia? Es muy bonita —Phasma tomó la foto y cuando se dio cuenta de quién se trataba casi se va para atrás—. ¡¿Es una foto de Rose Tico, la hija menor de Hue Tico?! Armitage Hux ¿En qué estás metido?
— Es mi… novia… —ella se lo quedó viendo y se cruzó de brazos.
— No te creo. Jamás ha venido por aquí, no te llama, nunca la mencionas y no te ves feliz, no estás enamorado.
El pelirrojo suspiró, o Phasma era muy perceptiva, por no decir chismosa, o él de verdad tenía cara de amargado, o no sabía mentir o todas las anteriores. Dejó el portaretrato encima del escritorio, resignado a tenerlo ahí para acompañarlo en sus jornadas laborales.
— ¿Me acompañarías saliendo de trabajar a comprar un anillo?
— Wow, ¿es enserio?
— Te contaré todo, pero debes prometerme que no le vas a contar a nadie.
— No puedo hacer eso… Doph es mi novio y bueno nosotros no nos ocultamos nada… —ella se mordió el labio. Hux se quedó pensando por un momento.
— ¿Les gustaría a ti y a Mitaka ser mis testigos?
— Ay por dios… me tienes que contar todo.
— Si pero ahorita no, más tarde Phasma, por favor aguanta tu curiosidad unas horas —la rubia cambió su semblante sorprendido a uno que incluía una sonrisa socarrona—. ¿Tienes los reportes que te pedí?
— Si, justo encima de tu escritorio. Me voy, cualquier cosa que necesites, avísame —le indicó con voz melodiosa. Era evidente que estaba emocionada por lo que iba a contarle.
Phasma se retiró y él ocupó su asiento como todos los días. Comenzó hojeando el balance general de "Millie" y su sorpresa creció al ver los números rojos. Las cosas estaban peor de lo que había sospechado.
El pelirrojo había terminado contándole todo a Phasma y la hizo jurar que guardaría su secreto y que Mitaka también lo haría, y si se enteraba que alguno de los dos había abierto la boca, los despediría. Esperaba que la amenaza surtiera efecto.
Su alta secretaria lo había acompañado a una joyería reconocida y aunque él quiso que ella eligiera el anillo, se negó diciéndole que eso era tarea del futuro esposo. Hux se decantó por uno con un diamante en un tono rosa muy bajito, sobre una montura de oro. Por alguna razón pensó que se vería bien en la pequeña mano de la chica y que iba con su personalidad.
Se despidieron nada más terminaron de comprar el anillo, porque él tenía algo pendiente. Condujo hasta la plaza en donde se encontraba la tienda de Rose y ahí descubrió lo que sospechaba. Estaba cerrada y era evidente por los números que había visto, que tenía mucho tiempo así.
El pelirrojo se dio cuenta de que las luces estaban encendidas. Titubeó un poco, pero después tomó la manija y la jaló; estaba abierta y supuso que nadie más que Rose estaría en ese lugar. Caminó hacia la parte trasera, donde imaginó estaba la oficina de ella. Escuchó unos sollozos que lo fueron guiando. Ella estaba llorando y la incomodidad comenzó a sentirse en su cuerpo.
Entró al taller y la vio llorando desecha sobre la que parecía ser su mesa de trabajo. Escondía su rostro entre sus brazos.
Él se acercó despacio, tuvo miedo de que se diera cuenta de que él estaba ahí, presenciando ese momento.
Se quedó un momento ahí parado, a centímetros de su espalda.
— Rose… —le susurró despacio y ella frenó su llanto enseguida, volteándolo a ver.
Sus ojos negros estaban hinchados y su maquillaje se había corrido levemente. Inesperadamente, la chica se lanzó a sus brazos y enterró la cara en su pecho para continuar llorando.
— No soy suficiente… no soy… no puedo… nunca seré suficiente… —repetía ella en tono lastimero.
— ¿Qué dices? Rose —le preguntó, pero no obtuvo más respuesta que sus lloriqueos. Algo dentro de él se encendió. No quería que llorara, no quería verla así—. N-No llores —comenzó él pasando lentamente su mano sobre uno de los hombros de ella, intentando reconfortarla—. Mejor grítame o insúltame… —dijo sin que se le pudiera ocurrir algo mejor, más que la verdad. Prefería eso a verla así de destrozada. Pensó que quizás se debía a lo de su padre y luego recordó los papeles que había revisado esa mañana en su oficina e intuyó que algo de eso tenía que ver—. Oye, calma… te compré el anillo —dijo sin saber por qué, queriendo distraerla. Ella se separó de su camisa y parpadeó. La cara se le iluminó de una forma en la que él no le había visto.
— ¿Es bonito y caro? —le preguntó, Armitage tuvo que reprimir la carcajada. Siempre tan alzada, la jovencita.
— Me quedé en la calle por comprarlo, ya estarás feliz por eso —le dijo.
El ahora director del despacho de Hue Tico buscó en la bolsa de su pantalón y sacó una cajita negra. Cuando había estado en la tienda comprándolo se imaginó a sí mismo yendo a casa de Rose, dejándole la caja sobre la mesa y que le diría alguna cosa con el propósito de provocarla e irse victorioso, pero nada de lo que había planeado parecía que debía suceder.
Él abrió lentamente la cajita sin perder detalle en la cara de Rose que tenía algo que no podía descifrar.
— Vaya… es bonito y es caro… me gusta mucho —dijo ella con la voz aun cortada.
— Pensé en que se parecía a ti… —le aseguró tratando de distraerla.
— ¿Ah sí? ¿En qué…? —quiso saber la chica, mientras se limpiaba las lágrimas.
— En lo caro y en lo excéntrico.
Bien Armitage, eres un idiota y ahora te va a golpear —se regañó.
— Eres un idiota Hux y no sabes tratar a las mujeres.
— Quizás tengas razón —admitió. Le tomó la mano a Rose y deslizó el anillo en su dedo anular—. Pues creo que, oficialmente estamos comprometidos y te he cumplido el capricho.
Rose no sabía si eran los ojos azules de Armitage que la miraban de una forma extraña, los que le nublaban el juicio, pero se sintió extrañamente atraída a él y su cercanía. El olor de su delicioso perfume se había quedado revoloteando en su nariz y tenerlo ahí le resultaba agradable. No estaban peleando como siempre lo hacían y eso era nuevo.
Se acercó nuevamente a él, algo nerviosa por lo que su cuerpo le dictaba hacer. Ambos se miraron, estudiando los movimientos del otro.
Rose tomó su corbata azul para jalarlo hacia ella.
Él se dejó guiar por ese tirón y se encorvó.
Los labios de ambos se encontraron a media trayectoria.
Ninguno entendía que pasaba, pero si sabían que no querían detenerlo.
Ya viene la bodaaaaaaaaaaaaaaa, no mas avisooooooo xD
Gracias por leer!
