Finn abrió la puerta de su departamento en Endor. Dejó ambas maletas en el suelo y se estiró notando que la tensión que cargó durante meses en los hombros al fin había desaparecido.
Después de dos semanas de vacaciones, regresaba a casa con algunas verdades reveladas y ánimos renovados.
Había decidido apartarse de todo y por eso escogió internarse en una cabaña en el corazón del bosque de Kashyyyk, dejando su teléfono celular a propósito en su departamento. De todos modos, donde se recluyó no había señal, así que consideró que no era necesario cargarlo.
El administrador se dirigió hasta su cuarto en donde había dejado el aparato resguardado en el cajón de su buró.
Sabía que era una gran posibilidad que su jefe Snoke le hubiera estado mandando mensajes, pero no le preocupaba mucho porque le había avisado que estaría lejos y se desconectaría. Si surgió algo o no en su ausencia, no era problema suyo.
Después de un año de muchas experiencias, Finn, había necesitado de un momento para pensar y ordenar su vida. Ese taller extraño de yoga y meditación estilo Jedi que había encontrado en el instacrait le había caído de perlas. Aquel grupo de maestros lo hizo conectarse hacia lo más profundo de su ser y la iluminación llegó una vez que dejó de resistirse. Se dio cuenta entonces de que era un grandísimo idiota.
Cuando estuvo ahí, en contacto con sus sentidos, inevitablemente había pensado en Rose, su ex novia y la mujer que ahora sabía, no había olvidado. Se arrepintió en cada pensamiento de haberla herido al presionarla para casarse con él a sabiendas de que ella no se sentía lista para dar ese paso y lamentó aún más haberla dejado meses después del compromiso para aceptar la oferta de trabajo que Snoke le ofreció. Rose no quiso irse con él y abandonar su lugar de origen y prefirió su sueño, que no le parecía algo malo, salvo que la abandonó con los preparativos listos.
No le iba nada mal en el ámbito laboral. Después de un año en el que alcanzó poder al ser puesto frente a la empresa de Snoke, F.O, y de que probó las mieles del dinero y el codearse con gente descomunalmente rica, cayó en cuenta que le hacía falta algo más… algo que había dejado en Naboo.
El joven dejó pulsado el botón a un costado del celular y la pantalla se iluminó. Aprovechó para sacarse los tenis deportivos y quitarse la chamarra de encima en lo que el dispositivo cargaba. Supuso que, aparte de su flamante jefe, tendría mensajes de Poe Dameron, el dueño del club de playa de Varykino y uno de sus mejores amigos y por el cual había conocido a Rose, tres años atrás.
Como previó, las notificaciones llegaron una tras otra. Se tiró en su cama esperando que la vibración por la cola de mensajes terminara, para comenzar a leer. Cuando eso sucedió, abrió el primer mensaje de muchos que Poe le dejó: era simple, un saludo amistoso, que lo extrañaba y que tenía cosas que contarle.
Segundo mensaje: Le urgía hablar con él.
Tercer mensaje: Le decía que sabía que aún no regresaba de su viaje porque la llamada a su celular no entraba, pero le urgía -de nuevo- localizarlo.
Cuarto mensaje: -ahora en mayúsculas- EL PADRE DE ROSE HA FALLECIDO.
A Finn se le heló la sangre. Deslizó los dedos sobre la pantalla abriendo como loco los demás mensajes que no revelaban nada más que la urgencia de Dameron para localizarlo. Hasta que dio con el último. Finn abrió los ojos lo más que sus músculos faciales le daban.
Una fotografía, una invitación:
Le tomó dos segundos darse cuenta de lo que estaba viendo. El pánico comenzó a recorrerle el cuerpo. Nervioso, pulsó el contacto de su amigo y la llamada se enlazó.
Un timbrazo.
Dos.
Tres.
— ¡Por la fuerza! ¡Finn! —exclamó Poe del otro lado.
— Explícame qué significa esa invitación —demandó en un tono serio el moreno.
— Creo que no hay mucho que explicar, amigo. Es eso, la invitación a la boda de Rose. Me llegó hace unas semanas y si hubieras estado disponible te hubieras enterado.
— ¿Ya se casó? —preguntó alarmado.
— No, la boda es en dos días.
— Pero… ¿Cómo demonios pasó algo así? Conmigo no quería casarse. Habla, Poe, estoy seguro que sabes algo —le amenazó.
— Sólo sé que llevan un año siendo novios y hace seis se comprometieron.
— Imposible —negó—, me fui hace un año… no puedo creer que después de que la deje, ella…
— Tranquilo soldado, estaba en su derecho, no seas engreído —reprimió Poe.
— ¿Por qué no me dijiste antes? ¿Por qué hasta ahora que se va a casar?
— ¡Porque no lo sabía! —se exasperó— Déjame decirte que tengo una vida atendiendo mi negocio, no dedicándome a espiar a los socios de mi club.
— Tenías que vigilarla, te lo encargué y no puedo creer que en un año no supieras de ella y su novio, prometido o lo que sea...
— Parece que lo mantuvo en secreto, porque su padre estaba enfermo, y ahora que eso pasó se les ha visto mucho. El rumor corrió por todo Naboo y medio mundo habla de eso. Y déjame decirte que las malas lenguas comentan que dejó de ir a fiestas porque él se lo pidió.
— No puedo creerlo… me niego, ella no puede ir en serio con ese Arma… Arme...
— Armitage —le corrigió Dameron.
— ¿Lo conoces? ¿Cómo es? ¿Es guapo?
— Pues a mí no me gusta, pero evidentemente a ella si —contestó Poe riendo un poco—. Sé que era la mano derecha de Hue Tico y ahora es prácticamente su heredero… parece algo serio. Las revistas rosas han hecho muchísimos artículos de los dos, no sé si todo sea real, ya sabes que les encanta inventar cosas pero por si te interesa saber más de él, puedes buscarlo en la holonet.
— Vaya, con que el tipo está forrado en dinero, para ese caso me hubiera escogido a mi si lo que le interesaba era eso.
— Finn, no digas esas cosas, no sabes su historia.
— ¿De qué lado estás? —le reclamó su amigo.
— De la felicidad y tu, amigo mío, escogiste la tuya, escogiste tu sueño y eso no tiene nada de malo, la cosa es que no lo hiciste bien.
— Ya lo sé, pero me fui de vacaciones a reflexionar sobre eso, llego a la maldita conclusión de que la quiero recuperar y ahora se va a casar. ¡Por la fuerza!
— Es una señal, debes dejarla ir.
— No, es la señal de que debo regresar a Naboo cuanto antes. Si me apuro puedo estar ahí mañana por la tarde —anunció haciendo cálculos rápidos de las horas de vuelo.
— Finn…
— Te marcaré para que vayas por mi al aeropuerto… ¿me das asilo en tu casa?
— Eres imposible. No te voy a dejar que causes problemas.
— Me vas a tener que amarrar, iré a verla y a impedir esa boda, así no estés de acuerdo, de una vez te aviso y… espera… demonios —exclamó Finn que despegó el teléfono de su oreja al sentir la vibración en contra de ella. La pantalla de la llamada con Poe cambió a una entrante de su jefe—. Es el viejo. Te dejo. Nos vemos mañana.
— E-Espera… Finn—escuchó el aludido a su amigo antes de colgar y contestar la otra llamada— Señor —dijo titubeante.
— ¡Finn Storm! ¡Hasta que te dignas! —bramó del otro lado la voz de Snoke—. He estado tratando de localizarte desde hace días.
— Señor, enserio lo lamento, recuerde que estaba de vacaciones y a donde fui no había señal…
— Si, si ya recordé…
— Emm… bueno, no sé cómo decir esto pero necesito unos días más… necesito ir a Naboo a arreglar un asunto personal muy importante y, sé que no tengo derecho a pedir más días cuando ya me fui, pero, en verdad…
— Qué gran coincidencia Finn, justamente hablaba para decirte que necesito que estés aquí pronto para un tema importante… de negocios por supuesto.
— ¿D-De verdad? ¿Cuándo me necesita ahí?
— Mañana, si te es posible.
— Hecho, señor, y disculpe, debo dejarlo para preparar todo, en cuanto antes salga, mejor, aun debo hablar a la aerolínea a ver si encuentro boletos disponibles.
— De acuerdo, cuando estés en la ciudad, avísame para reunirnos después de los asuntos personales que tengas que tratar. Buen viaje, Finn.
— Gracias, Señor, es muy amable. Lo veré pronto —se despidió el chico con urgencia.
Snoke colgó el teléfono y esbozó una sonrisa triunfal. Enric lo miraba, admirado. El viejo había acertado en su predicción con Finn y se lo tenía que aplaudir.
— No fue necesario que le dijera nada, ya le habían llegado los rumores, es la ventaja de vivir en este pueblucho —vociferó Snoke encendiendo un puro.
— Fue justo a tiempo, faltan dos días para la boda… espero que tu aprendiz pueda hacer algo.
— Lo hará —aseguró Snoke, que anticipaba el desastre—. Ahora sólo debemos esperar a mañana y dejárselo todo a Finn. Él se ensuciará las manos por nosotros.
Rose entró presurosa al restaurante. Miró su reloj. Estaba retrasada y sabía que para Armitage el tiempo era muy valioso. Se le había ido el día en su taller, patronando vestidos de novia. Sintió un poco de temor ya que podía imaginarse perfectamente el ceño irritado de su futuro esposo cuando se topara con ella exigiéndole una explicación.
— Bienvenida, Señorita… —la saludó la hostess en la entrada.
— Buen día, mi prometido me está esperando, Armitage Hux —le indicó con una sonrisa.
— Por supuesto, síg…
— No es necesario, sólo indíqueme donde está, por favor —soltó ella con impaciencia.
— En la planta alta a la izquierda, señorita.
— Gracias —se apresuró a decir. Caminó, abriéndose paso entre las mesas. Algunos comensales la seguían con la mirada. Era consciente de los rumores que corrían en torno a ellos y se sintió victoriosa de que el plan que había ideado después de que Snoke le hubiera hecho esa visita sorpresa a Hux en su despacho, estuviera funcionando. El dejarse ver por la ciudad en diferentes restaurantes y en el club de playa había provocado que algunos periódicos y revistas locales se sintieran curiosos por ella y Armitage.
La alfombra roja que cubría el piso del lugar, amortiguaba el ruido de sus pasos mientras subía las escaleras. No tardó en encontrarlo. El cabello rojo de Hux y el color de su piel sobresalían de inmediato. Estaba sentado en una mesa del fondo y tamborileaba sus dedos contra el impoluto mantel y con su otra mano apoyada, sostenía su cara. Una vez que se fue acercando, reparó en algo que no había notado en días anteriores, el pelirrojo se estaba dejando la barba y a ella le parecía que le quedaba muy bien. Otra cosa que notó, fue que extrañamente ese día no iba en traje, sino que portaba solo una camisa azul con líneas, que usaba abierta en el primer botón. La visión le hizo sentir algo de nervios.
Hux sintió una mirada sobre él y cuando alzó la vista, se topó con Rose que llevaba una falda negra tableada y una blusa blanca de mangas tres cuartos, con su cabello lacio cayendo en una cascada, enmarcando su rostro. Se le olvidó en ese momento que estaba molesto por su impuntualidad y se puso de pie instintivamente.
— Ya sé lo que vas a decir —se adelantó Rose—, que te hago perder el tiempo —dijo ella. Hux pensó que recibiría una disculpa por los veinte minutos de espera, pero no fue así y sólo negó con la cabeza.
Rose se acercó hasta él, quedando a unos centímetros de su delgada figura. Ambos se quedaron quietos mirándose y se inclinaron para darse un besito fugaz y luego ocuparon cada uno su asiento.
Aquello era parte del show, al principio había sido algo embarazoso para ambos, pero conforme los días fueron pasando, habían terminado por superar la incomodidad inicial y aceptar que eso era parte del circo que debían montar.
Después de la extraña visita de Snoke, Hux había telefoneado a Rose y habían acordado comenzar a hacerse más públicos para que corrieran rumores que hicieran parte del trabajo por ellos. Habían resuelto sus agendas, y sobre todo la del contador, para reunirse a cenar tres veces por semana.
En el club de playa Rose no dejaba de recibir felicitaciones por algunos compañeros del gimnasio mismos que se vieron en un principio extrañados por la noticia y que la cuestionaron por ello, sin embargo, Rose era más lista y supo argumentar que debido al detrimento de la salud de su padre había mantenido reserva de su relación.
Del lado de Hux, en la oficina, también estaban al tanto, ya que la menor de las Tico ya se había pasado varias veces a saludar e incluso se había hecho amiga de Phasma.
Aunque seguían peleando de vez en cuando, ocupaban esos encuentros que tenían en lugares públicos para conocerse mejor, no porque estuvieran pretendiendo eso, sino porque debían hablar; La gente tenía que verlos así y no ignorándose. Así que habían establecido un sistema de preguntas y respuestas entre los dos que les permitieron descubrir gustos y aficiones. Información que servía para seguir sosteniendo su farsa ante quién se atreviera a preguntarle sobre algún detalle importante del otro.
— Pedí la cena porque te estabas tardando demasiado.
— ¡Sólo fueron veinte minutos! Ya, déjalo pasar —él elevó las cejas—. Y gracias por pedir la cena, confío en tu buen gusto.
— Lo sé —una especie de acuerdo sin declarar se había instado entre ambos, haciendo que la compañía que compartían fuera más llevadera.
— Por cierto… —comenzó Rose, un tanto vacilante—. Mi amiga Kaydel ha venido para la boda y… hará una reunión mañana por la tarde en su casa, con unos cuántos amigos.
— Rose… No —expresó tajante—. Te lo dije desde el día uno que empezamos esto: Nada de fiestas ni alcohol ni esas cosas, NADA.
— Y yo te dije que no me podías controlar —contraatacó con una sonrisa.
— ¿Vamos a empezar con esto de nuevo?
— Mira, no quiero pelear, vengo en son de paz de verdad. Pero quiero que comprendas, Kaydel es una amiga mía desde la infancia y no nos hemos visto en años, ella es modelo profesional y cuando comenzó a brillar se fue a Coruscan a seguir su carrera. Enserio quiero ir, así que… ¿Qué te parece ir juntos? Mataríamos tres pájaros de un solo tiro: Nos ven juntos, me acompañas y te aseguras de que no haga algo que te "avergüence" y yo veo a mi amiga —explicó con ayuda de sus dedos de la mano.
— No me gustan las fiestas y lo sabes —evadió él.
— Es una reunión pequeña… Armitage, por favor, sólo va a ir Poe Dameron y yo, él también es amigo de Kaydel.
— ¿Y ese quién es?
— El dueño del club de playa de Varykino, no puedo creer que no lo sepas —Hux elevó los hombros y luego negó—. ¿No podrías hacer una excepción? Mira que te lo estoy consultando —evidenció, haciendo su cabeza de lado. Aquello era verdad no podía negarlo. Rose se había calmado bastante y ahora lo estaba haciendo parte de sus planes. Él lo meditó unos segundos más y suspiró, pues, sintió que podía hacerlo y que quería romper su rutina.
— Un rato y nada de alcohol. Son mis condiciones.
— ¡Gracias! —exclamó ella radiante—. Eres un prometido muy considerado.
— Un rato, Rose, de una vez te digo que no nos vamos a alargar ahí —puntualizó con el dedo sobre el mantel.
— Pelirrojo… —lo llamó.
— Si te desvelas vas a estar toda ojerosa para la boda y no creo que quieras tal cosa, así que un rato y ya.
— Bueno, si lo pones así… de acuerdo, no digo más sobre ese tema—contestó mostrando las palmas, rindiéndose. El camarero apareció en ese momento con la bandeja llena de lo que había pedido Armitage y comenzó a poner los platos en la mesa. Una vez que volvieron a estar solos y con su cena frente a ellos, retomaron la charla—. ¿Y bien? ¿en qué nos quedamos hace dos días...?
— Ummm —el pelirrojo se quedó pensativo haciendo memoria—. Lo último que me contaste fue que un día se fue la luz en tu casa y se escucharon ruidos en el ático y Paige te dijo que era el fantasma de Palpatine que vivía ahí.
— Es verdad —sonrió al recordar—. Me moría de miedo y Paige disfrutaba ver mi cara asustada. Al final resultó ser que había una plaga de ratones en el altillo —rio levemente y él no pudo evitar sentirse contento por lo que le contaba. Se notaba que las hermanas eran muy unidas y tuvieron una infancia feliz—. Pero yo ya hablé mucho de mí y casi no me has dicho nada de tu vida —Armitage jugó con su copa llena agua tomándola del tallo y haciéndola girar.
— No hay mucho de mi vida. No es interesante —dijo queriendo desviar la atención mientras tomaba el tenedor y lo clavaba entre la pasta para agarrar una buena cantidad.
— Vamos, no creo que eso sea verdad. Lo que pasa es que no quieres contarme, pero esto tiene que ser recíproco —le dijo señalándose a ella misma y luego a él con el cuchillo.
— Te lo resumí hace unos días. Soy hijo único, fui tímido de pequeño, no tengo amigos, soy contador… me gusta el azul marino… ummm, creo que es todo —se encogió de hombros.
— Hux, eso no dice gran cosa, hay mucho más y si no quieres contarme entonces yo haré las preguntas —resolvió la chica dándole un sorbo a su copa de agua para aclararse la garganta.
— Si quieres…
— Si, si quiero, veamos… ¿A quién le sacaste lo pelirrojo? ¿A tu padre o tu madre? —los labios del joven formaron una línea recta y desvió la mirada antes de contestar. Rose no pasó eso desapercibido.
— De mi padre… mi mamá era castaña y en realidad hubiera preferido salir a ella… —confesó él con pesar—. No la pasé muy bien en mi educación primaria, por mi aspecto, ya sabes pelirrojo, pálido, delgado…
Rose percibió el dolor en su semblante e inconscientemente alargó su mano para posarla sobre la de Armitage que descansaba sobre la mesa.
— Pues yo creo que eres único y por eso te tenían envidia —le dijo, con fervor—. Lamento que hayan sido crueles contigo, nadie merece tal cosa, mucho menos un niño pequeño —Hux elevó las cejas ante la mirada molesta de Rose. Los dos se quedaron viendo por unos segundos y después desviaron la mirada. Rose retiró su mano y se echó al respaldo de la mesa—. Tu turno —le anunció posando la vista en su ensalada mediterránea.
— Hay algo que quería saber, el nombre de tu marca… ¿también lo elegiste por algo referente a tu madre?
— Oh… eso… —una sonrisa fugaz se instaló en el rostro de la diseñadora y él se sintió curioso—, en realidad, es una tontería…
— No lo creo, se lo pusiste a tu marca… cuéntame —le pidió él y ella clavó su vista en sus ojos azules que se le antojaban misteriosos. Tuvo esa sensación de nuevo como cuando él la consoló en su taller y cuando hablaron en su auto de sus miedos. No sabía que era, pero estaba ahí.
— Verás, teníamos de vecina a la vieja Ahsoka y ella tenía muchos gatos que paseaban por nuestro jardín. Paige me dijo que tenía como tres años cuando vi uno y me enamoré de ellos. Papá era alérgico así que nunca me dejó tener uno, aunque se lo pedí en cada oportunidad que tuve en mi cumpleaños y en navidad… hice muchos berrinches por eso, pero nunca cedió. Entonces mamá arregló todo regalándome un cuento que iba de una gatita que era rescatada el día de Navidad y se llamaba Millicent. Con aquel libro, consiguieron que se calmaran mis ansias de tener un gatito y mamá y Paige me contaban cuentos de Millie a la hora de dormir, que ellas comenzaron a inventar y ella se volvió mi heroína. Ya más grande, cuando fundé la marca y estaba pensando en el nombre, supe que quería algo muy especial y bueno… por eso lo elegí.
— Vaya… es un nombre que encierra un gran significado, es… lindo.
— Si —asintió ella.
— Y dime ¿no crees que Millie merece hacerte feliz? ¿no crees que deberías cambiar de giro? —le presionó. Rose masticó lentamente antes de contestarle.
— No
— Rose… —le llamó por su nombre con reproche.
— Armitage —le imitó—. No quiero hablar de eso ¿de acuerdo? —él suspiró. Respetaba su decisión, pero no estaba de acuerdo, aunque la entendía, tampoco era nadie para tocar temas que le dolían, no cuando él mismo no podía arreglar los suyos.
— De acuerdo.
Continuaron sus alimentos en silencio después de ello hasta que los terminaron. No se demoraron en la sobremesa, sino que pidieron la cuenta y salieron del restaurante.
Se dirigieron al estacionamiento y se detuvieron entre sus autos.
— Oye y ¿Todo bien con la mudanza? ¿Ya me vas a dejar poner un pie en tu casa? —le reprochó.
— Te prometo que dejaron todo bien. Además, Rey se encargó de acomodar todo en su lugar. No es necesario que entres hasta después de la boda —hacía una semana que las cosas de Rose habían llegado a su departamento, pero se negó a que la chica fuera a su casa antes de que se celebraran su unión porque quería disfrutar lo más que pudiera de su intimidad en casa.
— No sé por qué tanto misterio —comentó irritada.
— Vas a juzgar mi casa antes de tiempo, lo sé.
— Como si no lo fuera a hacer después de la boda. ¿No será que estás escondiendo a alguien ahí dentro? —entrecerró sus ojos rasgados en una mueca un tanto divertida.
— ¿Celosa? —Armitage se sorprendió a sí mismo de que aquella palabra le hubiera salido tan natural pero cuando Rose soltó una carcajada por su comentario, se arrepintió de lo que dijo.
— Ay, pelirrojo, me haces reír, enserio. Haces comentarios muy graciosos.
— Al menos tienes diversión ¿no?
— Es verdad, no podría estar con alguien que… —se detuvo ante lo que iba a decir porque sintió que no aplicaba ya que aquello era arreglado—. Olvídalo. Mejor dime, ¿tienes todo listo para la boda? Ya es en tres días.
— Ya compré un traje si es lo que quieres saber. Por cierto ¿Quién va a ser mi padrino?
— Ah ya lo verás no comas ansias —rio bajito. Hux entornó los ojos.
— Bueno. Nos vemos mañana en la noche, entonces.
— ¿No irás al gimnasio en la mañana?
— No, tengo que dejar todo en orden por el asunto de la boda.
— Enserio Armitage, no va a pasar nada si tus empleados te ayudan —le dijo Rose.
— ¿Es formal la fiesta de tu amiga? —preguntó cambiándole la plática.
— Oh no, una reunión y ya, no se te ocurra ir de traje.
— De acuerdo. Te alcanzaré ahí después del trabajo. Mándame la ubicación —se acercó a ella y Rose se puso de puntitas. Sus labios de los dos se tocaron en lo que se supondría sería un beso fugaz pero de pronto él pasó su mano por su cintura y ejerció una presión más fuerte. Rose posó en consecuencia las manos sobre las clavículas del pelirrojo y se perdió en el movimiento de la boca de Hux sobre la de ella.
Se despegaron segundos después por un ruido que escucharon detrás de ellos: Dos personas con cámara en mano disparaban sin miramientos y se acercaban más a ellos.
— ¡Otro beso! —exclamó uno de ellos sin despegar el ojo de la mirilla.
— ¿Están emocionados por la boda? ¡Rose unas palabras!
Rose se apresuró a su auto y Armitage le abrió la puerta.
— Hasta mañana, cielo —le dijo—. ¡Te amo! —soltó. Él sintió que el corazón le daba un vuelco. Era la primera vez que ella le decía algo así.
— ¡Y yo a ti! —le contestó al tiempo en que le guiñaba el ojo y la vio partir antes de subirse a su camioneta.
Rose tardó todo el camino a casa para que su acelerado corazón volviera a la normalidad. Ella había soltado las palabras, pero Hux las contestó. Se preguntaba si el pelirrojo había visto a los paparazzis y por eso había profundizado ese beso que aún le quemaba la boca.
Phasma entró a la oficina de su ahora jefe y amigo y no pudo evitar sonreír cuando lo cachó con la mirada azulada clavada en el portarretratos de Rose. Esa mañana incluso había llegado canturreando una canción y no con su acostumbrado semblante imperturbable. Lo que sucedía era evidente y en cierta forma se alegraba. Antes de ser secretaria del joven, presenció su esfuerzo y su trabajo impecable para Hue y ella siempre pensó que le hacía falta soltarse un poco y vivir.
El contador se recompuso cuando vio a Phasma frente a su escritorio.
— ¿Me buscabas? —le preguntó ella con voz alegre.
— Si, necesito que estos reportes los haga Unamo —le pasó una carpeta rebosante de papeles—. Que Thanisson se encargue del consorcio Windu.
— ¿Ya te vas? —cuestionó alzando una ceja y tomando la carpeta que le ofrecía.
— Si, tengo un compromiso con Rose y una amiga suya —Le anunció mientras se ponía de pie, se quitaba el saco y la corbata y los colgaba en el perchero dispuesto en la esquina de su oficina—. Ya sabes, para hacernos visibles.
— Como si la prensa no se hubiera encargado de eso —pensó la rubia—. Me alegra, espero que les vaya bien.
— ¿Tienes las instrucciones que te di para cubrir mi ausencia por la boda mañana?
— Si, señor, todo anotado y en orden.
— Bien, gracias Phas —le dijo. Ella formó una gran "O" con sus labios. Nunca le había llamado por su diminutivo—. Me voy. Te veré mañana.
— Ahí estaré —le sonrió—. Y si me permites… emm… a las mujeres nos gusta la atención, los detalles. Las acciones lo dicen todo, cuando las palabras no alcanzan.
— ¿Por qué me dices eso? —cuestionó algo extrañado por el comentario de su secretaria.
— Por nada en específico, es sólo un pequeño tip.
— Bien… pues, gracias, supongo —salió presuroso y buscó en el chat que tenía con Rose la dirección de la casa de Kaydel para ponerla en el mapa virtual y seguir el trayecto.
Diez minutos después estaba frente a la casa en los suburbios de los lagos. Le mandó un texto a Rose avisándole que había llegado y miró su reloj. Eran las cinco de la tarde y calculaba que podían estar ahí hasta como las nueve para tener un descanso pleno para todo lo que les aguardaba al día siguiente.
Miró por el retrovisor pues un taxi se había estacionado detrás de su camioneta. Estaba en eso cuando vio a Rose salir de la casa de su amiga. Se desabrochó el cinturón con prisa y bajó del auto.
— Hola, cielo —lo saludó cálida.
— Hola, Ro…
— ¡Rose! —la voz los interrumpió cuando estaban por besarse. Armitage volteó y encontró a un chico moreno que no conocía, pero que lo miraba furioso como si él le hubiera hecho algo. Se giró de regreso hacia Rose y vio la expresión de furia en ella.
— ¿Qué demonios estás haciendo aquí, Finn? —lo encaró.
— Yo… Rose. Mira, llegué hace un par de horas, vine exclusivamente hasta aquí porque me he dado cuenta de muchas cosas, sé que fui un idiota —el tal Finn agachó la cabeza, como apenado—. No te cases, por favor.
— ¿Disculpa? —bramó ella. Armitage abrió sus ojos azules.
— Te amo, discúlpame por todo… por favor. Discúlpame por no haber estado contigo cuando lo de tu papá —dio unos cuántos pasos hacia ellos. Al escuchar aquello, el pelirrojo sintió que la sangre comenzaba a bullir dentro de sus venas y arterias, pero no se iba a quedar callado.
— Mira no sé quién seas, pero no estoy pintado, no molestes a mi prometida ni a mi —alegó el pelirrojo, recibiendo la atención de Finn.
— Con que tú eres el futuro esposo —lo barrió de arriba abajo y Hux se irguió. Le agradó comprobar que era más alto, aunque le ganaba en musculatura, pero eso no lo asustaba.
— Así es ¿Y tú eres, perdón?
— ¿Ella no te habló de mí? Soy su ex prometido —el delgado joven reprimió la sorpresa para no darle más armas a quien lo provocaba, pero se sintió dolido al saber que Rose había estado comprometida con anterioridad y él ni por enterado.
— Digamos que no hablamos de cosas sin importancia —contra atacó Hux.
— Mira, la cosa no es contigo —rebatió, acercándose a Rose con cara de súplica. Finn alargó su mano para poder tomar la de Rose pero fue detenido por el prometido de esta que lo tomó de la muñeca.
— No la toques —le advirtió.
— Mira idiota…
— ¡No le hables así a Armitage! —Rose se metió entre ambos y empujó a Finn, desconcertándolo—. No sé qué pasa por tu mente, pero no vas a lograr nada. Vete de aquí, no quiero saber nada de lo que creas que tengas que decirme.
— Ya la escuchaste, ¡largo! —se hizo escuchar el novio.
— ¿Qué está pasando aquí? ¿Finn? —Poe y Kaydel salieron de la casa debido a los gritos.
— Poe ¿Tu le dijiste que íbamos a reunirnos? —le cuestionó Rose.
— No, por supuesto que no Rose. Lo dejé en mi casa, se está quedando conmigo y le dije que saldría hacer unas cosas...
— Y te dices mi mejor amigo Dameron. No puedo creer que no me lo quisieras decir.
— Finn, quería evitar que hicieras precisamente esto... ¿Cómo es que supiste que vendría?
—Revisé tu celular porque estaba buscando el teléfono de Rose ya que me bloqueó de todos lados y por eso me enteré —explicó Finn y su mejor amigo se llevó las manos a la cabeza.
— Rose, Kaydel y… Armitage, un gusto, por cierto —comentó rápidamente Poe tomándole la mano al pelirrojo y estrechándosela—, lo lamento. Nosotros nos vamos.
— No he terminado de…
— Yo creo que sí. No hay nada de lo que deba hablar contigo, ya te lo dije. Déjame en paz, nada de lo que digas hará que deje de querer a mi prometido o me case con él —declaró Rose tomando la mano del contador que veía todo totalmente sorprendido—. Lo nuestro se acabó, déjame ser feliz.
Finn trataba de decir algo. Abría y cerraba la boca y pasaba su mirada de Rose a Armitage y a Poe. Su derrota fue inminente.
Dameron se acercó a él, lo tomó del brazo y llamó de vuelta al taxi en el que había llegado con un chiflido.
— Lo siento chicas, de verdad. Nos retiramos… los veré mañana —comunicó Poe arrastrando a su mejor amigo para alcanzar el vehículo y subiéndolo a la fuerza.
— Rose… escúchame por favor —comenzó Finn. La chica se cruzó de brazos—. ¡Dame una oportunidad! ¡Estoy seguro de que aún me amas! ¡No te engañes con ese tipo! ¡No puedes sentir nada por él! —le soltó sacando medio cuerpo de la ventana.
— ¡Idiota! —le gritó la aludida de vuelta. El vehículo color dorado se alejó con Poe y Finn dentro. Kaydel, Rose y Armitage se quedaron parados afuera de la casa hasta que el contador decidió tomar la palabra.
— Lamento todo esto, Kaydel —se disculpó y le alargó la mano—. Soy Armitage Hux y es un gusto conocerte, aunque haya sido en esta situación tan incómoda.
— ¡El gusto es mío Armitage! Emm bueno no sé si quieran pasar a la casa o… —Rose y el pelirrojo se miraron entre sí.
— ¿Te importaría que dejemos esto para otro día? —le dijo su amiga de la infancia que podía notar que debía hablar con su prometido cuanto antes y lo mejor sería retirarse.
— C-Claro, no hay problema. Además, mañana nos veremos para el gran día —dijo Kaydel dando pequeños aplausos.
— Gracias, Kaydel, eres muy amable, si nos disculpas nos retiramos también —volvió a extenderle la mano para estrechársela y se adelantó a su auto, momento que Kaydel aprovechó para abrazar a Rose y expresarle su preocupación:
— Querida, ¿va a estar todo bien? ¿lo arruinó Finn?
— Oh, no te preocupes, es que debemos encargarnos de unos últimos detalles, Taggie ya me lo había mencionado, no es por el idiota ese. Él puede verse serio pero en realidad es porque es tímido.
— De acuerdo —le asintió y la volvió a abrazar—. Entonces te veré mañana, hermosa. Duerme temprano para que amanezcas radiante.
— Lo haré, gracias.
Rose se subió a la camioneta y su futuro esposo arrancó. El silencio, que ya empezaba a ser algo raro en ellos volvió a hacerse presente y la chica se sintió incómoda. Sabía que le debía una explicación a Armitage que parecía molesto. Ella también lo estaba, detestaba a Finn con todo su ser.
— Lo lamento —comenzó ella.
— No fue tu culpa —contestó él enseguida, serio.
— Si no te conté sobre Finn fue porque…
— No me tienes que contar ahora si no quieres —lanzó y casi se arrepintió porque sentía que se sentía mal con la situación y se estaba desquitando.
— Es que si quiero que sepas —volteó a verla y recorrió su cara buscando algún indicio de mentira, pero su semblante relajado le indicó que ella estaba diciendo la verdad—. Mira… Finn y yo fuimos novios durante un año y, él quería casarse, en cambio yo no. No estaba segura de que fuera él la persona con la que quisiera pasar mi vida entera porque éramos muy diferentes, pero insistió mucho y terminé aceptando pensando que el sentimiento se iba a desvanecer. Traté de convencerme de que eran los nervios. Comencé con los preparativos, aunque, en el fondo nunca estuve segura. Finn trabaja para Snoke y meses después de que nos comprometiéramos le ofreció ser el administrador de sus negocios en Endor lo que implicaba mudarse ahí. Finn quería que nos fuéramos juntos, pero me negué y entonces de un día a otro desapareció.
— Y ahora que vamos a casarnos ha regresado de la nada. Qué conveniente.
— Si, pero eso no cambia nada.
— ¿Lo amas? —lanzó. Necesitaba saber. La duda comenzaba a carcomerle desde el momento en que Finn le había dicho que la amaba y pensó que tal vez ella aún guardaba sentimientos por él.
— No —contestó Rose sin un ápice de duda.
— ¿Lo amaste? —la pregunta salió de su boca sin más. No podía frenarse.
— No. Ahora sé que lo quise, pero no lo amé —Hux asintió. Rose se estaba preguntando por qué diablos él le cuestionaba esas cosas, cuando la última pregunta llegó:
— ¿Él supo que tu sueño era ser diseñadora de vestidos de novia?
— El único que sabe eso eres tú.
— ¿Por qué no se lo dijiste a él y a mí sí? —presionó. Tragó saliva. No sabía que estaba haciendo, pero ahí estaba. Las dudas se le habían disparado al mil y buscaba desesperado el hilo rojo que no sabía si compartía con ella o no, pero necesitaba agarrarse de algo.
— Por que… —los ojos negros de Rose denotaban desconcierto—, porque confío en ti…
Hux se aferró al volante.
— Gracias —dijo antes de clamar al silencio.
Rose se sintió acongojada porque parecía que la brecha que habían desecho esas últimas semanas volvía a crecer y no lo quería así.
Llegaron a la mansión y le echó una última mirada, pero él no pareció querer seguir hablando. Se quitó el cinturón de seguridad y a punto de bajarse él le tomó la mano.
— ¿Crees que ese tipo intente algo mañana en la boda?
— Es probable, pero si es necesario lo voy a echar yo misma —puntualizó furiosa.
— No va a ser necesario eso. Me voy a encargar de que no lo haga. Seguro Solo conoce a alguna agencia de seguridad confiable.
— Si —asintió ella y luego cambió su expresión a una suave—. No quise escondértelo, enserio, es sólo que pensé que quizás iba a molestarte el hecho de tener de prometida a alguien que había sido abandonada antes y ya tengo suficiente con la lástima que siento hacia mí.
— Nunca sentiría lástima por ti… —declaró un poco apenado de su reacción. Rose nuevamente se abría a él en cuanto a sus sentir y él sólo se encargaba de poner muros. Le acarició levemente su mano con el dedo pulgar, tratando de calmarse también.
— Ni yo por ti, quizás por eso no quieres contarme cosas tuyas, pero… me importan. Digo, vamos a estar haciendo esto por un año ¿no? Al menos deberíamos llevarnos bien, ya sé que es difícil, soy difícil…
— Lo eres —coincidió—, pero yo también lo soy —ambos rieron por el comentario. Creo que mañana podríamos dar una muy buena impresión ¿no te lo parece?
— ¿Carta abierta para comportarnos como los novios locamente enamorados que no somos? —le preguntó Rose.
— De acuerdo.
— Bien. Entonces, debes tener en cuenta que cuando recites tus votos tienes sonar muy convincente.
— Lo mismo para ti.
— Descuida, seré la novia más enamorada que Naboo haya visto —pronunció aquella y se quedaron viendo por unos segundos.
— Entonces… te veo mañana en el altar —dijo Armitage en despedida.
— Te veo mañana en el altar —repitió ella. Fue Rose la que se acercó a él. Ahí no había cámaras que los hicieran actuar, pero se habían acostumbrado tanto a saludarse y despedirse de beso que fue casi en automático.
Paige tenía media hora esperando la llegada de su hermana en la sala. El vuelo había transcurrido sin incidentes y al fin estaba en casa. Veía las fotos que los paparazzis les habían tomado a Rose y su futuro cuñado en la revista "Reina de Naboo" y tuvo que admitir que se lo estaban tomando muy enserio para convencer a todo mundo.
De pronto, escuchó que las rejas automáticas se abrían a lo lejos y un auto se estacionaba. Salió con emoción al umbral de la puerta para recibir a su hermana, sin embargo, cuando vio que los futuros esposos compartían un beso cauto no pudo evitar sentir que era el augurio de que aquel arreglo saldría mejor de lo que su padre había planeado.
Ahora si, la boda viene en el próximo capítulo... xD
