Recorté varios momentos de la ceremonia religiosa porque:

1. Son contadas las bodas a las que he ido así que no sé mucho de eso.

2. Sería un capítulo más largo de lo que ya es.

Gracias por comprender y una disculpa de ante mano por ese hecho.

Dedicado a Maka_Jarrah, escritora Reylo y Gingerrose admirada por mi y lectora latigueadora oficial de este fic.


Capítulo 5.

Lo único que se escuchaba en esa habitación era el segundero del viejo reloj empotrado en la pared. Rose estaba tan metida en sus pensamientos que, hacía rato había dejado de oír incesante caminar de la aguja. La futura esposa de Armitage Hux, estaba sentada frente a su tocador, ataviada con su bata de dormir de seda, bolígrafo en mano, los ojos negros y rasgados clavados en la hoja de papel que reposaba en la mesita y el corazón retumbante. Trataba de escribir los votos que pronunciaría en unas horas más frente al altar y experimentaba, contra todo pronóstico, algunos problemas técnicos en aquella labor.

Bolas de papel yacían esparcidas por la alfombra de su cuarto, pues nada de lo que había escrito, le convencía.

— Toc, toc —Rose dejó sus pensamientos para girarse y se topó con el rostro sonriente de Rey asomado en la puerta de la habitación de sus padres—. ¿Se puede?

— ¡Claro, pasa! —pronunció emocionada de ver al fin a su amiga, pues todo ese tiempo había estado muy ocupada con el asunto de su boda y otros eventos que organizó, así que sólo se habían comunicado por teléfono.

Las chicas se abrazaron en medio del lugar y fueron a sentarse al borde de la cama.

— ¿Cómo estás, Rey? —la novia observó a su amiga que estaba peinada con esos tres moños que se hacía cuando ella misma metía las manos en uno de sus eventos y llevaba encima una blusa sencilla y leggings color negro.

— La verdad, algo cansada, pero estoy muy contenta porque todo está listo. Te juro que el jardín quedó precioso —comentó la jovencita, orgullosa por lo que había hecho para su amiga.

— Estoy segura que así es. Ya muero por ver todo mañana —Rose ensanchó una sonrisa. Rey le acarició el cabello con cariño.

— ¿Y qué hay de ti? ¿Cómo está la novia más hermosa de todo Coruscant? —le codeó las costillas.

— Oh, no lo sé, así que dímelo —contestó Rose enarcando una ceja. Rey lanzó una carcajada.

— ¡Yo ni siquiera estoy comprometida y tú vas a casarte mañana! Claramente estamos hablando de ti.

— Si, si, pero pronto lo vas a estar yo lo sé. Ben te ama demasiado, lo veo en sus ojos… —dijo Rose con sinceridad. Lo que sus dos amigos tenían era mágico e inigualable. Alguna vez había leído en un libro el término de "Diada". Si tuviera que describir a Ben y a Rey, sería con esa palabra—. La forma en la que te mira es… es amor puro.

— Lo sé, es maravilloso —contestó Rey sin poder esconder su felicidad—. Creo que yo también lo miro así —sonrió ruborizada.

— Si, también lo miras de esa forma y eso me hace muy feliz, por los dos, de verdad —la alegría que Rose reflejaba en el rostro por sus amigos era real, pero por un momento eso se esfumó cuando Armitage pasó por su mente y pensó que, quería algo como lo que Rey y Ben tenían, aunque tantas veces lo hubiera negado en voz alta.

Su amiga se dio cuenta enseguida del cambio en su actitud. Ladeó la cabeza estudiándola, había algo que percibía de Rose, algo que parecía haberse perdido esos días.

— ¿Estás bien? —los ojos verdes de la pecosa buscaron los oscuros de Rose, quién tuvo el primer instinto de negarlo todo, por temor.

— Claro que lo estoy —soltó, tratando de sonar convincente—. ¿Por qué lo preguntas? —Rey se mordió el labio, meditando por breves segundos si era buena idea sacar sus preocupaciones.

— Bueno, verás… —comenzó, tomándole una mano a Rose y dándole unas palmaditas en el dorso—. Yo sé que me dijiste que estabas dispuesta a seguir con esto porque no creías que pudiera surgir algo entre Armitage y tú y todo estaba bajo control, pero… bueno, sé que no he estado pendiente de ti estas últimas semanas y quiero pedirte una disculpa por eso…

— Oh Rey —la chica de los ojos rasgados le apretó la mano con suavidad—. Te encargaste de todo lo de la boda porque yo te lo pedí, eso es estar para mi, y de verdad te lo agradezco. Si esto va a ser un éxito, será por todo tu trabajo —Rey negó con modestia.

— Gracias pero… —la chica se removió un poco en su lugar—, lo que quiero preguntarte es ¿de verdad quieres esto? Sé que Armitage es una buena persona, pero no lo amas y la verdad no me gustaría que fueras infeliz solo por tener que conservar ese dinero que tu papá les dejó a ambos. También sé que estás en un dilema porque si no te casas, Snoke y Pryde se verán beneficiados, pero enserio, te quiero mucho y me dolería tanto que todo esto te hiciera mal. Has de estar pasando por tanto, lo de tu papá, el tener que casarte y encima lo que pasó ayer con Finn.

La diseñadora entendía la preocupación tan genuina que su amiga le manifestaba, porque en realidad no habían tenido tiempo de ponerse al día y platicar de cómo las cosas habían avanzado entre ella y el pelirrojo.

— Finn es un idiota. Si se dio cuenta o no de que me quiere la verdad es que no puede interesarme menos. Así que no te preocupes por ese asunto. Armitage se iba a encargar de pedirle a Ben que contratara a una agencia de seguridad para mañana así que no va a poner un pie en esta casa —Rey asintió—. Y, respecto a lo de Armitage… emm… pues… —Rose vaciló y eso bastó para que Rey percibiera algo en ella. En otras circunstancias ya estaría diciéndole que se relajara y que todo saldría bien. Quizás también se referiría con algún insulto menor hacia su prometido ficticio, pero no era el caso. Notaba claramente su titubeo.

— Sabes que puedes decirme lo que sea, enserio, lo que sea —le alentó, pues sentía que Rose tenía las palabras atoradas—. No te voy a juzgar.

Ella lo sabía. Podía confiar en Rey, pero el problema no era ni remotamente algo que tuviera que ver con hablar eso con alguien más, sino, precisamente hablarlo… puntualizarlo significaba hacerlo real.

— Es que… él es muy diferente a lo que pensé —confesó y Rey se llevó una mano a la boca.

— ¡¿T-Te gusta?! —exclamó, pero enseguida se apresuró a añadir—: Es decir, no tendría nada de malo de verdad, no me estoy burlando es que, ¡esto es una sorpresa!

— Es que… —la diseñadora suspiró audiblemente—. Es guapo, pero no es eso… no es sólo eso —dijo, pensando en el misterioso hombre que era Hux y en que ella lo estaba descubriendo porque él se lo estaba permitiendo, poco a poco —. Hay algo en él, que yo no sé cómo explicar…

— Oh Rose… ¡estás comenzando a sentir cosas por él! —la organizadora de eventos no pudo evitar que el rostro se le iluminara. Rose negó, algo preocupada de que ya lo estuviera aceptando.

— Es muy pronto, hace unas semanas nos estábamos peleando como perros y gatos. Aún lo hacemos, eso no puede significar nada bueno —externó Rose.

— Es que ambos son parecidos, pero dime ¿es amable contigo? ¿Ha mostrado indicios de sentir algo también?

— Es amable, si —asintió recordando todas esas veces en que él le abrió la puerta, en que le tomó de la mano, cuando se ponía de pie al verla llegar y por supuesto cuando la abrazó para consolarla—. Pero, bueno, eso fue parte del plan, tu sabes… no quiero suponer cosas.

— Podrías preguntarle —le alentó la chica de Jakku que notaba ya a la perfección que estaba pasando algo bastante inesperado, pero hermoso.

— No, eso no —se apresuró a decir sintiendo que sus barreras comenzaban a alzarse ante esa idea.

— Rose —le rebatió Rey con tono acusador al ver que su amiga negaba con la cabeza.

La aludida se reprochó ¿por qué había llagado siquiera a contemplar la idea de sentir algo por él o de que se estuviera fijando en ella? Comenzó a sentirse muy incómoda.

— Ay, no… imagínate la cara que va a poner —la menor de las Tico se llevó las manos al rostro, horrorizada. Se imaginó en que Hux iba a reírse si ella llegaba a dar el mínimo indicio de que sentía algo por él—. Se supone que esto es una farsa y yo… no, no —manoteó.

— Puede funcionar, sé que si… pero debes decírselo —presionó la castaña.

— No. Aquí nadie va a decir nada, ni tu Rey —la señaló con el dedo—. No creo que él sienta algo y seguro que yo me estoy haciendo cosas en la cabeza —se dijo, tratando de convencerse y analizando la situación. Rose sabía que había una explicación lógica a todo ello—: Nos acercamos por el acuerdo de hacernos visibles, estoy necesitada de afecto y me estoy confundiendo, sí, eso es.

— Pero me acabas de decir que hay algo que ves en él y que se te hace guapo.

— Si pero que me parezca atractivo no quiere decir que sienta cosas con él. Pero ya, basta de hablar de esto.

— Está bien, puedes tomarlo con calma y pensarlo mejor —se rindió la jovencita—. Por último, quiero saber si quieres seguir con esto.

— Si, la boda no está a discusión —Rose asintió al tiempo en que se escuchaba un golpecito en la puerta. Esta vez, era Paige la que llegaba con las dos amigas.

— Hola —les saludó—. ¿Interrumpo?

— Para nada —se apresuró a decir Rose.

— ¿Lista para el gran día, hermanita?

— Si. Rey arregló todo, el vestido está listo, mis cosas están en casa de Armitage y Ben va a poner seguridad en los alrededores. No quiero que Finn se atreva a arruinar la fiesta.

— Es increíble lo que hizo, creía que era alguien maduro, pero ya veo que me equivoqué… y pensar que llegué a admirar mucho su valentía por enfrentar las cosas.

— No fuiste la única que pensaba que era una persona cuerda —concordó la castaña que había tratado con Finn el tiempo en que anduvo con su mejor amiga.

— Por cierto, el jardín está divino Rey, cuando tenga hijos te voy a encargar a ti la organización de todo.

— ¡Muchas gracias! Yo con todo el gusto, Paige —ambas se dieron sonrisas sinceras y luego la mayor se centró en su hermana de nuevo.

— ¿Algo que necesites, Rosie?

— La verdad es que aún me falta escribir los votos no sé qué poner para… para sonar convincente, ya saben.

— Claro —contestó su hermana que se miró con Rey fugaz, cómplices de lo que presenciaban. Ninguna de las dos iba a decirle a la preocupada novia, que en una boda falsa, cualquier cosa que escribiera funcionaría. Paige se sentó en la cama, junto a ellas—. Bueno… —sonrió ante el recuerdo del día de su boda—, si te sirve, cuando yo me casé y escribí mis votos, pensé específicamente en lo que Bodhi me hacía sentir cuando estaba con él y sobre todo en lo que él me inspiraba. Simplemente me dejé llevar por ese sentimiento y las letras salieron. Así que no lo pienses mucho o saldrá forzado —le aconsejó.

— De acuerdo —asintió la menor, masajeándose las manos.

— Bien, creo que te dejaremos un momento para que puedas completar esa tarea sin interrupciones —dijo Paige lanzándole una miradita a Rey.

— Regresaremos más tarde para nuestra pijamada —le recordó su mejor amiga. Las tres habían acordado pasar la noche juntas, para brindarle apoyo a Rose y porque al día siguiente serían las encargadas de ayudarle en su arreglo.

— Gracias a ambas… las quiero —las tres se abrazaron fuerte por unos segundos.

Cuando Paige y Rey salieron del cuarto, Rose volvió la vista a esa hoja en blanco y concentró sus pensamientos en el pelirrojo.

Había tenido por años tantos prejuicios por el contador, que ahora que lo empezaba a conocer, quería develar hasta el último secreto que cargara en su ser. Esas ganas de escucharlo hablar, verlo sonreír y curarle aquella mirada triste comenzaron a empujarle.

La jovencita cerró los ojos y los astros celestes de Armitage aparecieron en su mente.

Volteó y divisó su vestido blanco colgado en la percha de la pared detrás de ella.

Admiró su creación con orgullo y mucho amor y se preguntó si era normal sentirse emocionada por lo que vendría al día siguiente.

El corazón le dio un vuelco. Le dieron ganas de verlo de nuevo, de recrear esa complicidad, aunque fuera falsa, que estaba entre ambos.

La jovencita hinchó el pecho y dejó que el aire se escapara de sus pulmones, lenta y tortuosamente.

Tomó asiento de nuevo en su banquito, agarró el bolígrafo entre sus dedos y una vez que escribió el nombre de su futuro esposo, las palabras fluyeron.


La mañana del día prometido, Hux abrió los ojos y lo que vino segundos después fue una sensación de como si tuviera un "hueco" en el estómago. No había dormido muy bien porque una especie de nervios le espantó el sueño horas antes de que la alarma de su despertador sonara.

Tumbado en su amplia y solitaria cama, observó la periferia de su cuarto, reparando en cada cosa que tenía ahí.

Aquella sería la última vez que estaría solo en su guarida. Había retrasado lo más que pudo el que ella entrara por la puerta de su casa, y por esa razón no la había dejado que fuera a acomodar sus pertenencias junto con la mudanza. Aquel día se habían peleado. Rose se molestó, pero lograron acordar que Rey fuera la encargada de acomodar todo en el cuarto que Armitage había dispuesto para ella.

La realidad era que le había impedido la entrada porque tenía miedo; el cambio en su "relación" lo había pillado por sorpresa y estaba comenzando a sacar cosas… cosas con las cuales no había lidiado en años, cosas que no quería pensar o sentir.

El reproche interno comenzó de nuevo, pues se sentía estúpido. Se suponía que todo debía ser cauto y medido y ahí estaba él, a punto de casarse con alguien que comenzaba despertarle, en muchos sentidos.

Cerró los ojos tratando de concentrarse en otra cosa, pero tenía la sensación de los labios de Rose; el rastro suave y cálido recorría su boca, provocándole escalofríos.

Las preguntas se agolpaban haciendo fila en su cerebro y él no era capaz de contestarlas, aunque las repasaba una y otra vez.

¿En qué momento ella había cambiado tanto su actitud? Siempre pensó que Rose era una de esas chicas superficiales que sólo pensaba en el dinero y no era que él no pensara en eso, pero la jovencita de 25 años empezaba a mostrar poco a poco su verdadero ser y él sentía la necesidad excavar para encontrar el tesoro en el interior.

Armitage sabía bien que no había razón para que él se sintiera de esa forma, pues todo estaba construido para ser una pantalla. Pero pasaba que, comenzaba a sentirse molesto consigo mismo, porque tenía ese presentimiento de que se le iba a ir de las manos y no podía permitirse eso.

¿Tan necesitado de amor estaba como para haberse tragado un cuento que él mismo ayudó a escribir?

No podía delatarse, porque el día que ella descubriera que comenzaba a sentirse nervioso con el roce de su mano, estaría acabado. Ella iba a humillarlo, se burlaría de sus sentimientos y probablemente usaría eso en su contra.

Con ese panorama de frente, sospechaba que el año se le iba a ir como cuenta gotas, pero también pensó en que podía tener tiempo de recalcular su estrategia: Si lo que importaba era aparentar, cuando estuvieran juntos bajo el mismo techo no tendrían que forzarse a convivir y cada uno podría estar por su lado como bien había sugerido Rose desde un principio.

Se pasó las manos por la cara buscando despejarse con eso, sin embargo los pensamientos lo asaltaban y su mente trabajaba al mil imaginando tantos caminos que podía tomar. Pensó entonces que ceder en el el asunto de las fiestas no estaba tan mal, si eso hacía que Rose estuviera ocupada, pero luego recordó al nefasto del ex prometido y de solo imaginarse que ella se lo podía encontrar en alguna reunión o de que la iba a estar buscando por media ciudad, sintió rabia.

La batalla campal dentro de él había comenzado. La quería lejos para poder frenar lo que estaba provocando en él y al mismo tiempo estaba seguro de que de presentarse la oportunidad no la dejaría marcharse de su lado.

Lanzó un alarido de molestia y golpeó el colchón con el puño ¿En qué momento habían fallado sus cálculos? ¿Por qué había cometido ese error? Se odiaba a si mismo por ser tan tonto y sin embargo…

— Sin embargo… —susurró, incorporándose y volteando hacia su mesita de noche. Tomó el papel, lo desdobló con cuidado y leyó las primeras líneas de sus votos. No había tenido que pensar mucho esas letras y eso en parte le asustó.

El pelirrojo miró el reloj de su celular de pronto. Tenía que estar en la mansión Tico en punto de las doce del día, así que sólo tenía unas horas para arreglarse. Salió de la cama y se dirigió al baño para darse una ducha.

Inevitablemente pensó en que, para ese entonces, Rose quizás ya estaba más avanzada en su arreglo que él.

No iba a negar que moría por verla con su vestido de novia.


No había tardado mucho en arreglarse puesto que su traje había estado listo desde hacía días en el armario. Armitage comprobó mirándose al largo espejo de su habitación que sus zapatos estuvieran lustrados. Se pasó los dedos por la barba pelirroja y prolija y acomodó su pajarita que estaba algo chueca.

Revisó su teléfono. No tenía ni un mensaje de la novia y eso entre que lo ponía nervioso y le daba alivio. La que sí se la había pasado mandándole mensajes teniéndolo al tanto del despacho y dándole ánimos había sido Phasma que parecía estar muy emocionada por el acontecimiento.

Hux acomodó su cabello con una mano por algunos minutos hasta que estuvo contento con el resultado.

La vibración de su teléfono lo interrumpió. Se quedó viendo aquel número que desconocía y tuvo una corazonada. Estaba a punto de contestar cuando el timbre de su departamento sonó.

El pelirrojo echó un vistazo a la pantalla del celular y vio que la llamada se había perdido. Si se trataba de un cliente ya se pondría en contacto después con él. Ese día estaba ocupado y no estaba disponible para otra cosa que no fuera su unión.

Salió de su habitación, atravesó la sala y fue hasta la entrada. Esperaba encontrar algún vecino quien fuera el que llamaba a la puerta, pero cuando abrió, su sorpresa fue mayúscula al ver a Ben, que usaba smoking y lentes de sol, parado frente a él.

— ¿Solo? ¿Qué haces aquí?

— Vine por ti —le contestó encogiéndose de hombros como si fuera lo más normal del mundo.

— Ah ya entiendo —dijo en tono de hastío—, Rose te mandó porque cree que voy a escaparme. Bueno, puedes decirle que tenemos un acuerdo y aunque quisiera no me puedo zafar de esto. Puedo irme yo solo en mi auto, te recuerdo que sé manejar —le dijo Hux sin ceder ni un milímetro para que el abogado entrara a su casa.

— Umm… no, no me mandó ella —contestó Ben haciendo una mueca. Iba a disfrutar ese momento y lo recordaría para siempre.

— ¿Entonces qué…?

— Por si no sabes —dijo con autosuficiencia y Hux entornó los ojos—, está dentro de las funciones del padrino, recoger al novio y llevarlo al lugar de la boda.

— ¿P-Padrino? ¿T-Tu eres mi… ? Esto tiene que ser una broma ¿Cómo…? —el novio balbuceaba, comenzando a sentir que el enojo subía por su garganta.

— Rose me lo pidió y acepté, así que de nada y date prisa —le dijo, mirando su reloj de mano—. Ya deberíamos estar ahí.

— Esto es… ella… no puede ser, me va a escuchar ¡me va a escuchar! —exclamó Hux girando por donde había llegado y yendo por su teléfono a su habitación.

Ben volteó los ojos ante la actitud infantil del pelirrojo. Aprovechó el momento para entrar al departamento y decidió esperar sentado en la sala. Le iba a dar 5 minutos, si se tardaba más se lo llevaría arrastrando. Total, que el pobre pelirrojo estaba más flaco que un fideo y no representaba peligro para él.


Cuando Rose se puso frente al espejo y admiró lo que Paige y Rey habían hecho con su apariencia, se sintió sumamente hermosa.

Paseó lentamente los ojos por su propio retrato, notando sus ojos enarcados en un sencillo pero lindo maquillaje y su cabello, que siempre presumía lacio, ahora descansaba ondulado sobre sus hombros.

Ya la habían ayudado a ponerse el vestido, así que prácticamente estaba lista para llegar al altar. La emoción la embargó, precisamente a ella, que no quería casarse… que una boda no era su sueño. Rose sintió unas ganas inmensas de que Armitage la viera así y que la encontrara atractiva y que no tuviera ojos para nadie más…

Seguido de su emoción, las náuseas le revolotearon en el estómago por los nervios.

— Estas hermosa y te pareces tanto a mamá —le susurró Paige colocándose detrás de ella y abrazándola. Rose se sintió muy contenta por el comentario de Paige.

— Tú y Rey también están hermosas —les concedió la novia volteando a ver a su amiga y su hermana que también ya estaban listas para comenzar la boda. Rey llevaba un vestido color verde jade que tenía un hombro descubierto y caía en una falda vaporosa y por su parte Paige usaba un vestido en tono rosa pastel, de tirantes en corte sirena—. Bodhi y Ben se van a morir cuando las vean —les dijo guiándoles el ojo.

— Y yo más bien creo que el novio pelirrojo va a querer desmayarse cuando te vea caminar hacia él —comentó Rey divertida y Rose volteó los ojos pero sintió que comenzaba a ponerse roja.

Rose se tomó otros minutos para admirar su figura frente al espejo, ya tomando su pequeño ramo de flores. De pronto, el ruido de su celular interrumpió el momento.

— Oh, qué coincidencia, es él —Rey le alcanzó el teléfono a Rose y ella no pudo esconder la sonrisa.

— ¿Qué querrá?

— A lo mejor quiere decirte que ya viene en camino y que muere por verte —inquirió Paige alzando y bajando las cejas en movimientos rápidos.

— ¡Ya contesta! —le alentó Rey.

Rose obedeció porque quería escuchar su voz.

— ¿Hola? —contestó nerviosa dejando ver a su hermana y su mejor amiga su sonrisa embobada.

— ¿Se puede saber en qué demonios estabas pensando? —bramó del otro lado Armitage.

— ¿De qué hablas? —pestañeó Rose al percibir el tono de Hux.

— ¿Por qué Solo va a ser mi padrino?

— A ver Armitage, ¿Te calmas dos segundos? Te recuerdo que dejaste eso a mi cargo.

— Si, pero pudiste haber escogido a alguien más, ¡no al presuntuoso del abogado!

— ¡Te estoy escuchando, escoria Rebelde! —Rose escuchó la voz de Ben que se colaba en la conversación.

— ¡Cállate intento de Kylo Ren! ¡Para tu información jamás sería de la resistencia! —le contestó Armitage furioso. Rose se llevó una mano a la frente y negó con la cabeza. Era increíble que el contador se pusiera así por una tontería.

— Mira, ya que me dejaste esa labor, creí que Ben era la mejor opción porque nos conoce a ambos, no te iba a poner a algún amigo mío para que le hicieras caras. Además, un padrino es una figura importante en todo esto y una persona en la cual ambos debamos confiar.

— ¡Eso ya lo sé! ¡Y por eso mismo lo digo!

— No me ayudaste en nada y ahora te estas quejando ¿Qué quieres que haga?

— ¿Y cómo porqué te iba a ayudar?

— ¡Porque es nuestra boda!

— ¡Todo es montado! ¡Te lo recuerdo! —lanzó con tono amargo. Aquello fue como un golpe para Rose, aunque pensó que por mucho que le doliera, él tenía razón. Nada era real—. No quiero a Ben Solo para mi padrino, así que me reúso a…

— Pues lo siento, señor berrinches. ¿Y sabes qué? Si no es Ben entonces se lo pediré a mi amigo Poe. Tómalo o déjalo.

— ¡¿Qué?! ¡Ese Dameron es el mejor amigo del idiota ese de tu ex prometido!

— Lo que escuchaste. Es Ben Solo, o Dameron, y es mi última palabra. Tienes menos de una hora para llegar aquí o se cancela todo.

— No lo harías, no te conviene —rio nervioso.

— Rétame pelirrojo y verás de lo que soy capaz.

Rose colgó el teléfono y lo aventó a la cama.

— Lo odio… ¡Lo odio! —gritó la novia. Paige y Rey suspiraron al mismo tiempo, lamentando que los futuros esposos se acabaran de pelear cuando la boda aún no había ni comenzado.


— "El usuario que usted intenta contactar no está disp…"

— ¡Maldición! —exclamó Armitage queriendo tirar su teléfono por la ventana del auto de Ben—. Tengo que hablar con ella, en cuanto lleguemos a la mansión Tico iré a buscarla y …

— A ver, Hux, céntrate. En primer lugar, no va a haber tiempo para que lo hagas y en segunda, es de mala suerte que el novio vea a la novia antes de la boda.

— ¿Es enserio que crees en esas cosas? —el abogado que iba al volante se encogió de hombros.

— Si yo me fuera a casar y alguien me dijera que si veo a Rey en vestido de novia voy a arruinar mi felicidad con ella, entonces me aguantaría hasta verla en el altar. No correría riesgos.

Hux sacó el aire de la nariz con violencia y se acomodó en el asiento de copiloto.

— Deberías relajarte un poco, antes de que hagas alguna otra tontería —le aconsejó quien acababa de descubrir, era su padrino.

— Ya sé que todo esto es una farsa, pero… ese es el problema —murmuró el novio. Ben alzó una ceja pero no volteó a ver a su acompañante, sabía que estaba hablando más para sí que con él, pero se divertía descubriendo cosas que le indicaban que ya estaba más que enamorado de Rose—. Por cierto… ¿crees que Snoke y Enric vendrán hoy?

— Es lo más seguro. Supongo que vendrán a vigilar que todo suceda con normalidad y es lo que debe pasar, los tienen que convencer.

— No creo que eso sea difícil —soltó Hux. Ben sonrió, él tampoco lo creía.

Los dos hombres entraron a la mansión por la parte trasera. Cuando bajaron de los autos, Rey, enfundada en su hermoso vestido verde los estaba esperando.

— Hola, preciosa —le saludó Ben tomándola de la cintura y alzándola. Ambos se besaron dulcemente por unos segundos—. Te ves tan sexy…

— Y tu tan guapo mi cielo —halagó ella también. Hux, rodó los ojos e incómodo tuvo que carraspear para recordarles que estaba ahí.

— Oh. Hola, señor novio —saludó Rey, sonrojada por el beso que acababa de compartir con su pareja—. Luces muy bien —lo estudió de arriba abajo—, pero te hace falta esto —la jovencita se acercó a él y le colocó un boutonniére formado por una rosa en tono melón pastel, flores nube y hojas verdes—. Perfecto —le dijo alisándole el traje de los hombros—. Ya tienes que ir al jardín, falta muy poco. Tu lugar es enfrente de la pérgola.

— De acuerdo… gracias, Rey… emm… ¿has visto a Rose? ¿está bien?

— Si lo que quieres saber es si está enojada, la respuesta es si, lo está —Rey vio cómo el novio se lamentaba en silencio—. Descuida, en cuánto te vea se le va a pasar —le guiñó el ojo.

— Ya te alcanzo, esta señorita me tiene que poner el boutonniere a mí también —Armitage hizo una mueca y decidió irse de ahí antes de que presenciara otra muestra de afecto entre esos dos.

Caminó unos metros hasta que llegó al patio en donde se alzaba una gran carpa. Se imaginó que ahí se llevaría a cabo el banquete como se hizo en muchas fiestas que Hue Tico organizó.

La gente ya había llenado las sillas dispuestas en el jardín. Comentarios alegres, risas y expectación revoloteaban entre cada uno al tiempo en que Armitage sentía incontables pares de ojos sobre él mientras llegaba hasta el lugar indicado por Rey. El delgado joven volteó en dirección al escrutinio y analizó los rostros. Se encontró con la cara deforme de Snoke que iba en un traje color verde militar. Éste le ladeó la cabeza en saludo y Armitage le imitó. No vio a Enric, pero supuso que no tardaba en llegar, esos dos no iban a despegarse y estaban ahí para captar cualquier falla. Prosiguió mirando a la gente y en la tercera fila encontró a Phasma, usaba un lindo vestido azul cielo con flores y en cuento sus miradas chocaron ella le mostró los pulgares arriba. Por su parte, Mitaka le dio una sonrisa un tanto nerviosa mientras se acomodaba la corbata azul sobre su camisa blanca. También estaban Poe, Kaydel y otras dos chicas que él no conocía pero que supuso eran invitadas de su prometida. Hux les hizo un ademán fugaz en modo de saludo y comenzó a pasearse en círculos frente a la pérgola. El padre que oficiaría la misa religiosa ya se encontraba ahí también, como él, esperando.

Fue que sintió el peso de lo que estaba a punto de hacer. De que habían planeado llevar a cabo esa boda fingida por la bendita cláusula que así lo estipulaba, al presente habían pasado demasiadas cosas. ¿Cómo era que en tan poco tiempo todo hubiera cambiado? El panorama en esos momentos no podía ser más inesperado: Un matrimonio arreglado y sentimientos que comenzaban a arremolinarse en su pecho… ¿a dónde lo conduciría todo eso? Se daba cuenta que la motivación monetaria que lo llevó a ese justo instante, se le antojaba a muchos parsecs de distancia.

De repente se sintió mal por haberse peleado con Rose por una tontería, porque una noche antes todo había quedado bien entre ellos pese al incidente con Finn. Acordaron seguir el plan y dar sus mejores actuaciones y él probablemente lo había estropeado con sus niñerías.

Tomó una bocanada de aire, clamando a la serenidad y se detuvo en su lugar para admirar el entorno. Había un caminito de pétalos que iba de la entrada de la casa de los Tico hasta sus pies, marcando el camino que ella recorrería. Viró un poco a la derecha, un pequeño cuarteto de violines ya estaba listo para acompañar el andar de la novia. Después, enfocó sus iris celestes en los arreglos florales. Reconocía que calificar decorados no era lo suyo, pero tenía que admitir que el sitio se veía increíble. Rey se había encargado de hacer un trabajo espectacular con tan poco tiempo de anticipación.

— Respira, hombre —le dijo Ben al notar su cara nerviosa y llegando a su lado. El abogado se acercó a acomodarle el boutonniére pues se había ladeado—. Ya casi sale… —le anunció, quitándole una pelusa del saco con la mano y consultando su reloj—. Faltan cinco minutos ¿seguro no quieres que Dameron esté en mi lugar? Ya llegó, lo puedo ir a buscar —comentó en falso tono ofendido.

— No. Él no sabe que todo esto es arreglado… tú sí. No me conviene sumar a más gente a la que le tenga que explicarle cosas. Además de que es amigo del idiota ese —explicó aun molesto. El corpulento padrino le asintió complacido por la respuesta.

Por cierto ¿Los de seguridad son confiables? —añadió paseando los ojos por el patio. Cuando Ben y él habían llegado, vio a varios cuerpos de guardaespaldas en la entrada, pero aun así tenía un mal presentimiento.

— No te preocupes por eso —le aseguró Solo—. Ellos y yo estaremos alerta ante cualquier movimiento, ya sea de Finn o de Snoke o Pryde.

— Al que por cierto no veo aún.

— No creo que se pierda esto, no ha de tardar en aparecer, pero no pienses en ello. Todo está bajo control —le aseguró Solo.

— Bien —asintió.

El novio retomó su corta andanza en su lugar. Frotaba sus manos y se acariciaba de tanto en tanto la barba. Se había dejado de afeitar varios días porque quería sorprender a Rose con su aspecto. Había supuesto que ella luciría muy diferente con un maquillaje más elaborado y su vestido de novia y en comparación con ella, él no tenía muchas posibilidades de destacar con su smoking negro, así que, después de años, se dejó crecer el vello facial para esa ocasión.

Inhaló y exhaló lo más despacio que pudo y luego posó la vista en el cielo azul del medio día.

— Hue… ¿en qué estabas pensando cuando hiciste esa cláusula? —elevó la pregunta al aire, como si su anterior maestro estuviera ahí y pudiera escucharlo—. ¿En verdad confiabas en mi cómo para dejarme a tu hija a mi lado? ¿De verdad lo merezco? ¿Podré… cuidarla?

Sus cavilaciones se detuvieron en el momento en que una dulce melodía salió de los violines. Los invitados se pusieron de pie, y se giraron hacia la novia que acababa de aparecer al inicio del camino.

Armitage se enderezó en su lugar y tragó saliva cuando vio su hermosa figura enfundada en ese vestido de novia.

Rose que iba sostenida de un lado por el brazo de su cuñado Bodhi y por el otro, tomada de la mano con Paige, comenzó a caminar a su encuentro.

No podía verle el rostro aún porque un velo se lo cubría, pero su corazón comenzó a latir desbocado, esperándola.


Aquello era como un hermoso sueño. Gracias a la fuerza caminaba tomada por su hermana y su cuñado, porque las piernas comenzaban a fallarle en cada paso que se acercaba más a su futuro esposo pelirrojo. El aspecto de él le quitó el aliento y ni siquiera le estaba prestando atención a los invitados o el lugar… sólo seguía el camino trazado hacia él, sólo quería llegar a su lado.

Los tres se detuvieron cuando la alfombra se terminó frente al contador. Paige y Bodhi tomaron ambas manos de Rose y el novio enseguida alargó las suyas para acunar los dedos de la novia.

— Te entrego el tesoro más preciado de mi vida —le dijo Paige con lágrimas en los ojos.

— Sabemos que ella estará bien a tu lado y que entre los dos van a cuidarse y amarse mucho —completó Bodhi sonriéndole a los novios y ahora tomando la mano de su esposa para irse a sentar en primera fila.

Con manos temblorosas, él tomó el borde de la tela y le alzó el velo a Rose, descubriendo su hermoso rostro. Observó sus labios rojos y su mirada rasgada detrás de su maquillaje. Era el tipo más afortunado del mundo, aunque se estuvieran casando por razones totalmente diferentes a una pareja común. Rose estaba tan hermosa.

Se miraron por unos segundos, embelesados. El enojo que ambos pudieron sentir durante esa estúpida pelea telefónica, había desaparecido, abriendo el paso para la complicidad.

Rose estaba atónita por lo atractivo que su prometido lucía usando ese traje y la barba que se había dejado crecer. El aire había abandonado sus pulmones gracias a la sorpresa también tuvo que reprimir las ganas que le dieron de llorar. Lo que atinó a hacer fue sostenerle fuerte la mano y llevar sus labios a la blanca piel, depositando un beso ahí que a él le sorprendió. Armitage correspondió el gesto besándole la frente de su futura esposa.

Ambos querían hacerle saber al otro que todo iba a estar bien, todo iba a funcionar… no precisamente pensando en la farsa.

Se giraron, sin soltar sus manos entrelazadas, hacia el padre que abrió las manos y los miró sonriente de comprobar que aquella pareja lucía muy enamorada.

— Estamos aquí reunidos para celebrar la unión entre Armitage Hux y Rose Tico…

Paige, Bodhi, Rey y Ben que presenciaron la dulce escena de la pareja, sonrieron ante lo que parecía el presagio de un hermoso desenlace.


Los invitados y los novios escucharon aquella remembranza acerca del amor que el padre recitó por varios minutos.

Armitage y Rose, buscaban la mirada del otro de vez en cuando y se sonreían. Los nervios no se habían ido, pero sostener la mano del otro les daba tranquilidad.

El acto avanzó con rapidez, hasta llegar al momento cumbre. El padre miró primero a la novia y luego al novio y les habló:

— Armitage, Rose ¿han venido a contraer matrimonio sin ser coaccionados, libre y voluntariamente? —pronunció el padre.

— Si, venimos libremente —pronunciaron al unísono ambos. Sus manos pendían entre los dos en un lazo físico y a la vez invisible.

— ¿Están decididos a amarse y respetarse mutuamente, durante toda la vida?

— Si, estamos decididos —volvieron a contestar juntos.

— Por favor, los anillos —pidió el padre mirando hacia la primera fila, en donde el padrino y la testigo estaban sentados, tomados también de la mano.

Ben y Rey se movieron de sus lugares, y fueron hasta la pareja que se casaba. El sacerdote recibió de la mano de la castaña un cofrecito, y Ben sacó de la bolsa de su pantalón una funda de terciopelo que vació en la cajita, dejando caer así los anillos.

Rose inhaló lentamente reclamando el aire que una vez más le faltaba. Sintió los ojos de Hux sobre ella cuando el padre le ordenó con señas que pusieran de frente.

Él tomó el anillo de oro que Ben y Rey habían elegido para ellos, lo mantuvo en alto, mostrándoselo a ella y exhaló lentamente, tomando valor. Sentía un nudo que ocluía su garganta desde una noche antes en la que había escrito lo que estaba a punto de pronunciar, pensando solo en ella.

— Rose… —la aludida curvó las cejas y relajó el rostro al escuchar al apuesto novio, pronunciar su nombre—, cuando te conocí, hace tantos años atrás, jamás imaginé que la vida me pusiera a tu lado. Tu presencia y tu compañía este tiempo, ha venido a cuestionarme tantas cosas de mi vida y a mostrarme que hay algo más allá de la seriedad y el trabajo o de encerrarme en mí —Rose curvó sus labios al escuchar aquello—. Eres, como bien dijo tu hermana, un tesoro en medio de este lugar, te pude encontrar y me siento muy afortunado por eso. Gracias por estar a mi lado y por caminar conmigo. Eres una mujer a la que admiro mucho y que sin saberlo, me ha enseñado muchas cosas, sobre el amor y sobre confiar. Preciosa… eres muy fuerte, talentosa, creativa. Eres dulce y sumamente hermosa, por dentro y por fuera. Te juro, a ti, a los presentes y a tus padres que en cierta forma están en este momento con nosotros, que voy a cuidarte por sobre todas las cosas y… que te amaré de la misma forma, como ya lo hago —la diseñadora entreabrió sus labios, sorprendida por lo que acababa de escuchar—. Recibe, este anillo como símbolo de mi amor y fidelidad a ti —pronunció él mientras deslizaba la alianza sobre el dedo anular de su prometida.

Entonces fue el turno de ella. Rose sentía alivio de que el pelirrojo hubiera dicho esas hermosas palabras para ella. Conforme lo escuchaba, se las grabó para guardarlas en lo profundo de su corazón. La novia volteó para buscar la mirada de su hermana y ofrecerle el ramo que llevaba entre las manos buscando tener más libertad para colocar el anillo en su esposo. Paige se acercó y una vez que tomó el arreglo, Rose sostuvo la mano izquierda de él.

— Armitage, tú has sido la mejor sorpresa que la vida me ha dado. Pasaste de ser un desconocido y una persona a la que me era difícil tratar, a convertirte en mi confidente y mi apoyo en los días grises, a ser mi amigo. Sé que quizás piensas que no has hecho mucho, pero quiero que sepas que sabes escuchar, sabes aconsejar y sobre todo, sabes acompañarme. Me has soportado en mis peores momentos y te agradezco que aun, pese a eso, sigas aquí y quieras aventurarte a una vida conmigo —aquella frase le arrancó una risita al pelirrojo, y el corazón de Rose dio un vuelco. El gesto la llenó de valor—. Gracias por permitirme conocer al verdadero ser que se encuentra debajo de ese semblante serio, es un precioso regalo descubrir la persona que eres, lo que te inquieta, lo que te gusta, lo que anhelas. Confío en ti y deseo que confíes de la misma forma en mi para luchar día a día por esto que nos une —hizo una pausa para que la emoción no le ganara, ni así las lágrimas—. Te amo, mi cielo. Recibe esta alianza como símbolo de mi amor y fidelidad a ti —una lágrima solitaria resbaló de la cuenca celeste de Armitage por su mejilla al momento en que Rose le colocaba el anillo. Ella elevó su mano y se la limpió con cuidado. Sus propias lágrimas la tomaron desprevenida, porque no se había dado cuenta en qué momento se formaron.

En ese momento el padre hizo otra señal a la hermana y el cuñado. Paige y Bodhi se acercaron al altar y pasaron en medio de ellos un hermoso lazo construido a base de diamantes y perlas, mientras los prometidos seguían digiriendo lo que cada uno había dicho en sus votos.

— Después de escuchar que ambos han venido aquí, por su propia voluntad y de haber pronunciados los votos, es mi deber preguntar a los presentes si alguien conoce algún impedimento para que esta boda se lleve a cabo, que hable ahora o que calle para siempre.

El contador y la diseñadora rezaron internamente para que Finn no irrumpiera en el lugar gritando como loco. Armitage le lanzó una mirada a su padrino que desde su lugar peinaba la zona con la mirada, pero no se veía nada fuera de lo común.

Los presentes se miraban entre ellos, un tanto divertidos por la pregunta. Rose volteó también, y distinguió a Snoke y Pryde sentados juntos en las últimas sillas. Los dos hombres los miraban con ceños fruncidos, la novia esperaba que fuera porque se acababan de dar cuenta de que el testamento no iba a proceder en su favor.

— No habiendo entonces, ningún impedimento —volvió a hablar el padre. Los novios se giraron para poner atención al momento cumbre—, que el Señor confirme este consentimiento que han manifestado ante la Iglesia y cumpla en ustedes su bendición. Que lo que Dios acaba de unir, no lo separe el hombre —el canoso hombre, les sonrió complacido—. Armitage, Rose… los declaro marido y mujer.

Los aplausos, chiflidos y vítores irrumpieron detrás de ellos. Ninguno de los dos esperó a que el padre diera el consentimiento. Hux la tomó de la cintura, sintiendo que la preciosa joven era ahora suya, pero fue Rose la que lo devolvió a la realidad cuando enredó sus manos en su cuello y lo encorvó hacia ella, justo como su primer beso.

Sonrieron victoriosos antes de besarse. Los labios se prendaron del otro, necesitados por hacer esa declaración silenciosa que el otro no sospechaba. Esta vez Hux no se guardó las ganas y coló su lengua en la boca de Rose, explorándola a sus anchas, robándole y robándose el aliento. Esta vez, el beso era muy diferente a todos los que ya se habían dado, porque sin que lo dijeran en voz alta, los dos habían puesto el alma en ello.

Se separaron para contemplarse unos segundos y otro nuevo beso llegó. Rey y Ben se miraban asombrados y también se besaron, contentos. Paige ya estaba llorando y Bodhi aplaudía emocionado.


Cuando Finn escuchó el barullo supo que se había tardado demasiado.

Ataviado con uniforme de mesero y sosteniendo una charola para completar su disfraz. Caminó hasta el sitio de la boda y ahí vio como los novios se besaban.

Acababan de declararlos esposos y él no había podido hacer nada. La mente del chico comenzó a trabajar rápidamente, necesitaba un plan B. No había impedido la boda, pero quizás aún podía hacer alguna otra cosa.


Aún faltan varias cosas por pasar en esta boda. Gracias por leer, enserio.