Capítulo largo.

Canción de Armitage y Rose: The Moon Song (cover de The Hound + The Fox).


Capítulo 6.

En cuanto los aplausos que acompañaron el anuncio de Rose y Armitage como esposos, cesaron Rey volvió girar instrucciones a su equipo para que hicieran los arreglos correspondientes para llevar a cabo la ceremonia de índole legal.

La organizadora, miró el reloj de su teléfono y se dio cuenta que estaban a tiempo. El Juez llegaría en escasos veinte minutos, así que no había nada de qué preocuparse. Rara vez en algo que estaba a su cargo se presentaban contratiempos, así que estaba feliz de comprobar que la situación seguía su curso.

La ceremonia religiosa había sido bellísima por la demostración de amor de la que todos fueron testigos con esos votos que Armitage y Rose se dieron.

— Preciosa… —la voz profunda de Ben la tomó desprevenida sacándola de la ensoñación en la que estaba.

— ¿Qué haces, amor? —le preguntó nerviosa al sentir el recorrido lento de las manos de Ben de su espalda hasta su vientre sobre la tela del vestido. El abogado se acercó a su cuello y justo cuando ella pensó que dejaría un beso marcado en su piel, él se detuvo a milímetros y habló—: Acabo de ver a Finn.

— ¿Qué? ¿Cómo entró? —la chica lo buscaba con la mirada entre la gente.

— Está atrás, así que no te molestes en encontrarlo, yo me voy a encargar de él —habló cerca de su lóbulo—. A juzgar porque trae un uniforme de mesero, yo diría que se coló en la camioneta de servicio del banquete y que sobornó a alguien del personal. Planeo correrlo por las buenas no tan buenas —comentó divertido.

— Rose va a ponerse furiosa —cayó en cuenta Rey—. Lo va a querer sacar de la fiesta ella misma y va a estropear su lindo vestido, su maquillaje y su humor.

— Es precisamente lo que quiero evitar —anunció Ben—. Antes de llevármelo, debo avisarle al novio, así que, te encargo a la ahora señora Hux por unos minutos. Distráela con lo que sea que se te ocurra mi vida.

— De acuerdo, cielo. Voy por Rose —asintió la castaña, fingiendo una sonrisa en su rostro.

Ben liberó la cadera de Rey con cierto pesar. La observó moverse hasta la novia que estaba con el pelirrojo, saludando a algunos invitados que aún permanecían sentados y esperaban la siguiente ceremonia.

Rey se acercó al oído de Rose, le dijo algo y entonces la novia se despidió de sus invitados y de su esposo para comenzar a caminar hacia la casa.

Armitage quedó parado en solitario momento en que Ben aprovechó para ir hasta él.

— Está aquí. El ex novio —murmuró—, no se te ocurra buscarlo o nos vamos a delatar —le advirtió el padrino.

— ¿No que la seguridad era confiable? —preguntó irritado Hux, poniendo su mejor semblante sereno.

— No hay tiempo para discutir eso. Lo voy a echar antes de que se acerque a Rose o de que quiera detener la boda civil —soltó calmo comenzando ya a caminar.

— No, Solo —le detuvo Armitage tomándolo del brazo—. Yo lo voy a echar.


Finn observaba resguardado por unos arbustos el lugar en donde hasta apenas minutos antes Rose y el tal Armitage Hux habían contraído matrimonio por la iglesia.

Una parte de él le decía que ya no tenía caso intentar nada, pero otra le recordaba que aún faltaba la boda civil y se esforzaba por pensar lo más rápido que podía en lo que iba a decirle.

Si le declaraba su amor de una forma más tranquila estaba seguro que ella lo iba a escuchar. Ya estaba casada por la iglesia pero él la aceptaría así, no tenía problema, podían anular el matrimonio, tenían el dinero para hacerlo.

Se recriminó. Si tan solo el idiota del mesero al que había sobornado se hubiera decidido más rápido a aceptar su generosa oferta y no ponerse a negociar, hubiera llegado al tiempo para impedir el casamiento.

Había estado esperando una oportunidad para acercarse y hablar con Rose a solas, misma que se estaba presentando en esos momentos. La novia era llevada de la mano por su mejor amiga y recorrían el camino entre las sillas del jardín. El moreno esperó otro tanto más y para su buena suerte, se dio cuenta que se dirigían adentro de la casa, las dos solas.

Salió de su escondite y echó un vistazo hacia el jardín para comprobar que nadie se percataba de su presencia. Estaba dando sus primeros pasos cuando una voz lo alertó.

— Joven ¿sería tan amable de, servirme una bebida?

— Oh, disculpe pero yo no…

Finn se estaba girando cuando unas manos grandes le aprisionaron las muñecas en la espalda. Volteó la cabeza alarmado y distinguió al que era el padrino, detrás de él.

— ¡Oye, suéltame! —se removió el moreno, sin éxito.

— Por supuesto, en un segundo, pero déjame dirigirte a la salida —habló en tono diplomático, pero al mismo tiempo burlón. Ben giró al chico que llevaba sometido, obligándolo a caminar gracias a la diferencia en complexión de la que gozaba, y lo llevó por la parte trasera de la casa para evitar que alguien los viera—. Supongo que, no sabías que irrumpir en propiedad privada es un delito.

— Yo… no lo sabía… —admitió Finn, balbuceando.

— Me lo imaginé. Mira, no sé qué pretendes hacer, pero no lo vamos a averiguar.

El abogado lo llevó por un caminito de gravilla blanca, flaqueado entre arbustos perfectamente bien podados que estaban dispuestos ahí pretendiendo se runa especie de pared. Finn sabía que lo estaba llevando al estacionamiento, pues conocía la casa perfectamente bien.

Cuando el sendero se terminó, llegaron a la explanada donde había varios autos estacionados y donde también ya los esperaba el novio.

Armitage se quitó el saco sin quitarle la vista de encima a Finn. Abrió la puerta de la camioneta y lanzó su prenda al asiento. Una de sus pálidas manos viajó hacia su cabello, echándoselo hacia atrás.

— ¿Así que será dos contra uno? —musitó el agraviado—. Qué cobardes —Hux sonrió con malicia ante el comentario.

— Mira quién habla de cobardes —se burló—. Te equivocas, no necesito que alguien te sostenga para partirte la cara, idiota.

Ben liberó a Finn y lo aventó frente a él haciendo que trastabillara un poco pero se recuperó a los segundos adoptando una postura de combate.

Hux no se quedó atrás. Colocó su cuerpo de lado, el pie derecho frente al izquierdo con las rodillas flexionadas. El brazo derecho estaba firme y paralelo a su pierna y el otro brazo elevado a la altura del hombro. Ambas manos cerradas en puños.

— Por favor… no me hagas reír… ¿ya te viste? —lanzó Finn con burla—. ¿Qué va a decir Rose cuando llegues con tu cara de niño bonito hecha papilla?

— Dudo que eso pase, pero si es así, mi esposa, lo va a entender —dijo poniendo énfasis en la palabra que sabía, provocaría al chico—. Mira, te daré una oportunidad, lárgate de aquí, asume que la perdiste y no vuelvas a molestarnos —concedió el pelirrojo, esperando disuadirlo.

— ¡Ella no es tuya, imbécil! —gritó Finn al momento en que daba dos pasos al frente. Armitage no se movió de su lugar.

— No lo es pero… me eligió a mi para pasar la vida junto a ella.

El pelirrojo vio la furia en los ojos de su rival cuando terminó su oración. Finn ya no se aguantó y se lanzó hacia él.

Aquel moreno no era el primero en subestimarlo por su apariencia. En el pasado tuvo que soportar burlas por su físico un tanto escuálido, sin embargo, lo que le gustaba de no tener muchas personas cercanas o amigos era ser una caja de sorpresas para ellos. Sabía que tenía años fuera de practica en el tae kwon do, pero estaba a punto de desempolvar sus habilidades.

Como si llevara resortes en sus pantorrillas, rebotó unos segundos sobre sus pies. La pierna que descansaba enfrente dio un paso para tomar fuerza y la de atrás fue elevada por el pelirrojo. El impacto dio de lleno en la quijada del moreno.

En reacción, Finn se hizo hacia atrás y chilló ante el dolor que le irradiaba en la cara. Hux aprovechó ese momento para pegarle un golpe limpio a la altura del estómago, sacándole el aire y doblándolo de rodillas.

— Seguiría con esto, créeme, pero no quiero ensuciarme las manos cuando estoy a punto de contraer matrimonio por segunda vez en el día con la mujer que amo.

— ¡Eres un…!

— Tranquilo, soldado —comentó Ben moviendo en reprobatoria la cabeza. Dos guardias aparecieron de la nada y sujetaron a Finn por los hombros—. Escolten al caballero que no es bienvenido a este lugar y si intenta otra cosa, llamen a la policía.

— Aléjate de mi esposa —amenazó Armitage tomándolo del sitio donde había impactado su zapato, haciendo que con eso el intruso gritara de dolor—. Te lo advierto.

Los de seguridad pusieron al maltrecho y falso mesero de pie y se lo llevaron. Satisfecho con su actuación y con no haberse ensuciado, el novio fue hasta la camioneta de Ben y tomó el saco de su traje que había dejado ahí para que no se estropeara, colocándoselo de nuevo. Estaba contento porque no se había hecho ni una sola arruga en el traje.

— Vaya… no te conocía esas habilidades, con razón estabas tan confiado —concedió Ben, asombrado. Hux se encogió de hombros y enseguida cambió su semblante a uno serio.

— ¿Cuánto tiempo tengo? —preguntó ajustándose el moño en su cuello.

— Cinco minutos para la boda civil —corroboró el padrino.

— Justo a tiempo —sonrió el novio, complacido—. Por cierto, Padrino… —lo llamó el pelirrojo haciendo énfasis en la palabra—, necesito un favor tuyo…


Rose que estaba parada con Rey delante de la mesa donde se colocaría el juez vio llegar a Armitage.

— ¿Todo bien? No te vi por ningún lado cuando regresé de que Rey me retocara el maquillaje. ¿Qué estabas haciendo?

— Planeando algo con el molesto del padrino —soltó Armitage. Era lo primero que se le había ocurrido.

— ¿Ah sí? ¿Y qué planeaban? —presionó Rose parpadeando de curiosidad.

— Es una sorpresa —dijo él y le guiñó el ojo.

Rose sonrió encantada de su actitud un tanto coqueta y estuvo por rebatir algo más cuando el juez se colocó en su lugar y se dirigió a ellos por sus nombres.


La boda civil fue breve. El juez dio también una lección de amor y respeto a los contrayentes, como era costumbre, antes de hacerlos firmar a ambos su acta de matrimonio y llamó a los testigos.

Del lado del contador, su asistente Phasma que irradiaba felicidad y su novio, Mitaka, se acercaron a plasmar su rúbrica en el papel. De lado de Rose, la organizadora de eventos fue la encargada de firmar y junto con ella, una chica llamada Jannah Calrissian que Armitage no conocía.

Fueron declarados por segunda vez esposos y ambos volvieron a aprovechar el momento para robarse un beso que revelaba más de lo que podían decir en palabras.

Cuando el segundo acto finalizó, los esposos, se abrieron paso sostenidos de las manos, dirigiéndose dentro de esa enorme carpa de lona blanca a mitad del jardín, donde estaban montadas las mesas para el banquete. Los invitados los seguían siendo acomodados por parte del equipo de la organización, en sus mesas.

Rose sonrió encantada al ver la decoración. Del techo colgaban series de luces dando una atmósfera dulce y a la vez elegante. Las mesas no se quedaban atrás. Cirulares y rodeadas de sillas blancas con un lazo en tono melón en el respaldo. La novia distinguió también los centros de mesa hechos de flores, combinaban con el ramo que ella llevaba entre sus manos.

Para ellos dos les reservaron un sitio aparte, un tanto alejados de los invitados, y del otro lado de la pista de baile que consistía en una duela de madera. Una mesa de cristal los recibió. Encima tenía un arreglo de flores que caían en cascada por los bordes frontales de la mesa.

Hux ayudó a Rose a sentarse en el sillón doble capitoneado que les pusieron. Le acomodó la cola del vestido para que no se estropeara y después, tomó asiento al lado de ella.

El pelirrojo estaba embelesado. No podía dejar de mirar a Rose y ciertamente no estaba poniendo más atención que en ella. Apreciaba los detalles, y que el lugar estuviera tan bien arreglado porque eso creaba una atmósfera increíble, sin embargo si no hubiera sido así, con la presencia de ella y el hecho de que se convirtiera en su esposa, le hubiera bastado y sobrado.

— ¿Ya me vas a decir que sorpresa planeaste con Ben? No creas que se me ha olvidado —comentó Rose mirándolo de soslayo y entrecerrando los ojos.

— No vas a estar tranquila hasta saber ¿cierto? —comentó divertido.

— Ya me conoces —admitió ella, elevando los hombros desnudos gracias a su hermoso vestido strapless. Él se sintió contento por eso, porque si, ya conocía.

— Bueno, digamos que… hice un pequeño ajuste en la canción de nuestro primer baile —comentó alzando una ceja.

— Armitage pero… si tú dijiste que me encargara de eso y escogí una que me gustaba —protestó ella un poco irritada pero no lo suficiente porque lo tenía muy cerca de ella y eso la distraía y la ponía nerviosa.

— Ya sé lo que dije pero —se detuvo perdiéndose en la curiosidad que ella reflejaba en su rostro—, quería que hubiera algo mío en todo esto… algo de mí para nosotros —admitió sintiendo que una cosquilla subía lentamente de su estómago hacia su garganta.

Rose ladeó la cabeza sorprendida por la confesión del pelirrojo. Aquello era sumamente dulce y tierno.

Se estaban mirando cuando fueron nombrados por el conductor del evento y llamados a la pista para su primer baile de casados.

El contador se puso de pie, desabotonó su saco para tener mayor libertad y tomó la mano de Rose conduciéndola a la pista acompañados de las palmas de felicidad desde las mesas.

Definitivamente meterse en ese asunto de la boda planeada por la cláusula en el testamento lo estaba llevando a hacer cosas que en su vida imaginó.

Armitage depositó una mano en la cadera de su ya esposa, y ella colocó una sobre su hombro. Sus manos libres se encontraron en el trayecto, amoldándose a la otra, manteniéndose en el aire.

El sonido dulce de las notas provenientes de un ukulele comenzó segundos después y ellos despegaron los pies para moverse de un lado al otro, danzando despacio. No ensayaron nunca para ese momento, pero sus pasos parecían acoplarse y seguirse.

— Conozco la canción… —dijo ella abriendo sus ojos, emocionada—. Esta versión es mi favorita.

— También es la mía… —coincidió, alegre de que tuvieran ese gusto en común. Sabía que al hacer el cambio podía encontrar molestia en ella, pero al parecer ambos estaban decididos a mantener su acuerdo de principio a fin.

— Es… ¿nuestra canción entonces? —se aventuró a preguntar Rose, sintiéndose algo expuesta en esos momentos con él. Tenía ganas de dejar salir todo, y a la vez algo de miedo por la reacción de él—. E-Es decir… todos los esposos tienen una canción.

— Es nuestra si así lo quieres —concedió y la tomó con más fuerza de la cadera para que ambos giraran con un poco más de velocidad recorriendo la pista. La falda del vestido de novia se expandió luciendo su esplendor de pedrería bordada y hubo exclamaciones de asombro entre el público.

— ¿Sabes? —comentó ella terminando la vuelta y recuperando el ritmo lento y suave—, la barba… te hace ver muy guapo —dijo tocándole el mentón apenas con las yemas y quedándose embobada del contraste tan sorprendente que hacía la piel pálida, los ojos celestes, el cabello pelirrojo y el traje negro.

— Quería un cambio para hoy, y si te gusta se puede quedar…

— Que se quede… sí, creo que en definitiva te sienta —Hux mostró su sonrisa al descubrir que ella lo encontraba atractivo. No iba a mentir, era lo que había buscado con eso. Aprovechando que, ya que estaban en el momento de las confesiones sin preocuparse de nada, él también debía ser sincero, porque había pasado dos ceremonias de matrimonio esforzándose por no comérsela a besos frente a todos.

— Luces hermosa, Rose… ya lo eres, pero… hoy estás espectacular —el sonrojo vino para ambos y la aludida se apresuró a decir algo tratando de desviar la atención.

— Este vestido es el primero que hice —aseguró, orgullosa—, lo hice para mi —las cejas pelirrojas se elevaron de asombro. La sombra de una duda cruzó por la mente del novio. Que él supiera, la jovencita no soñaba con casarse y le había dicho que tampoco estaba convencida de unirse a Finn… ¿entonces cuál había sido el motivo?

— ¿Lo estabas guardando para tu propia boda? —lanzó sin poder aguantarse.

— Lo estaba guardando para usarlo en el momento correcto… —dijo Rose—, y este lo es.

Rose soltó la mano de Hux y depositó su palma en su pecho. Él acarició la mejilla ruborizada de su esposa. Se acercaron lentamente, él encorvándose como siempre lo hacía y ella, aunque llevaba zapatillas, poniéndose de puntitas para que sus labios se reunieran.


Paige fue la primera en ponerse de pie e ir con Bodhi a felicitar a la pareja. El hermoso baile que habían ejecutado su hermana y –su ahora cuñado- no le había dejado ninguna duda de que esos dos estaban más que enamorados y entusiasmados por su unión. No sabía si su padre había previsto eso, pero, estaba encantada de verlos tan felices.

— Rosie… estoy tan feliz por ti —la abrazó mientras su esposo felicitaba a Armitage con un apretón de manos—. Te amo hermana y deseo mucha felicidad en tu matrimonio.

— Gracias, Pai Pai, también te amo —contestó alegre tallándole la espalda a su hermana mayor—. Sé que va a salir bien… creo que vamos a sobrellevarlo —dijo Rose cerca del oído de Paige.

— También lo creo, pequeña —le dijo Paige a Rose, pellizcando suavemente su mejilla—, va a salir bien, lo sé… lo presiento —le aseguró la mayor, contenta—. Y tú, Armitage —lo tomó del hombro y cambió de lugar con Bodhi que ahora abrazaba a Rose—, cuida mucho a mi hermana, por favor.

— Lo haré, Paige.

— Sé perfectamente que puede ser algo difícil pero, veo que se están llevando muy bien —le dijo al oído y enarcó una ceja.

Hux se ruborizó ante el comentario.

— Nos estamos tomando el papel enserio —le aseguró encogiéndose de hombros.

— Claro, claro… —respondió Paige haciendo aspavientos con la mano.

Una fila de invitados esperando felicitarlos ya se había formado detrás de Paige y Bodhi. Los siguientes en pasar fueron el padrino Solo y la organizadora y mejor amiga, Rey.

— ¡Rose! ¡Te ves tan hermosa! —las dos se abrazaron—, y también muy feliz… estoy muy contenta por ti… por los dos.

— Oh Rey, el trabajo que hiciste con tu equipo es precioso, amo todos los detalles, las flores, los colores, las mesas, las luces del techo... Gracias, gracias —exclamó la diseñadora besándole los cachetes.

Detrás de Rey la enorme figura de Ben Solo apareció con una sonrisa, abrazó y felicitó a la novia cuando Rey la soltó, teniéndose que encorvar bastante para estar a su altura y después, siguió con el novio. Ben chocó su palma con la de Armitage.

— Detecto felicidad en ti, pelirrojo —le dijo palmeando su espalda en el abrazo forzado que Hux le estaba devolviendo—. Estoy seguro de que vas a convencer a todos los invitados, a Snoke y Pryde… y a ti mismo… incluso yo ya estoy convencido.

— ¿Qué demonios dices, Solo? ¿Quieres que alguien te escuche? —lanzó con los dientes apretados Hux.

— Relájate —lo zarandeó del hombro—. Te deseo lo mejor, a ti y a Rose y… nos vemos en un rato en el brindis.

— No quiero nada raro —le advirtió.

— Sólo voy a entrar en mi papel, igual que tu… descuida —sonrió malicioso el abogado.

Unos grititos agudos distrajeron a Hux que ya empezaba a irritarse por el semblante burlón de su padrino.

Kaydel y Jannah, la otra testigo de Rose abrazaban a su esposa, visiblemente emocionadas. Otra chica detrás en la fila las miraba algo extrañada de su reacción.

— Hola, no nos conocemos, pero vengo con Jannah. Soy Bazine —le estiró la mano la jovencita de cabello corto y labios en tono morado como su vestido.

— Soy Armitage —sonrió el pelirrojo.

— Oh, oh disculpen yo tampoco me he presentado —exclamó la morena despegándose del abrazo—. Soy Jannah Calrissian, amiga de Rose de la infancia, junto con Kaydel. Es un gusto conocer al fin al hombre que tiene loca a mi adorada amiga.

— ¡Jannah! —la regañó Rose de inmediato. No quería que la evidenciaran con él.

— Es un gusto, espero que hayan escuchado sólo cosas buenas de mi —asintió Hux estrechándole la mano

— De hecho, si. Rose no ha parado de hablar de ti en el grupo que tenemos en…

Taggie —soltó Rose interrumpiendo y aferrándose al brazo de él, amorosa. El pelirrojo la miró confundido al ser nombrado bajo ese apodo que jamás le había escuchado decir, pero se recompuso porque todas tenían los ojos encima de él—. Jannah es amiga mía desde educación primaria. Hace años que se mudó a Bespín en donde es gerente de una empresa de Marketing.

— Oh, ya veo… —comentó amable el esposo—. Bienvenidas todas.

— Y ella es Bazine, una gran amiga mía. Debo decir que es la mejor arquitecta de la ciudad. Se ha especializado en centros comerciales en muchas ciudades, una genio. Y bueno dado que ambas estamos en modo soltería, decidí que me acompañara hoy a ver si… pescamos algo por aquí —confesó bajito pasando la mirada por el salón.

— Oh Jannah, pasemos a nuestros lugares, estamos atrasando la fila —anunció Kaydel algo incómoda—. Disculpen a mi amiga, es muy parlanchina y a veces se cuelga en las conversaciones, hablando de más. Felicidades chicos, en un ratito más nos vemos para el baile. Se ven guapos, muy felices y enamorados —les guiñó el ojo y se llevó a la arquitecta y a la agente de marketing a empujoncitos.

— Yo aprovecho también para felicitarlos y disculparme por lo de ayer con… mi amigo —dijo Poe acercándose algo apenado—. Me aseguré de que no viniera a molestar en el gran día de los dos.

— Gracias por las felicitaciones Poe y por venir. Lo demás no vale la pena que lo recordemos —dijo Rose tomándolo de las manos.

Hux elevó las cejas asombrado. Poe Dameron definitivamente no sabía de lo que Finn era capaz y tenía un serio problema confiando en él.

— No fue culpa tuya, Dameron —comentó el—. De todas formas, si hubiera puesto un pie en este lugar yo mismo lo hubiera echado.

— Bueno, mas tarde los veré en la pista de baile… creo que es mi momento para convencer a Kaydel de que acepte salir conmigo —narró por lo bajo muy sonriente.

— Estoy segura de que va a aceptar, sólo dale tiempo y deja de ser tan coqueto con las demás —le amenazó la novia con el dedo.

— Ya me retiré de eso Rose, lo juro. Felicidades de nuevo…

El dueño del club de playa al cual asistía Rose desde hacía años, se marchó, momento en que Hux aprovechó para acercarse a la oreja de su pareja.

— ¿De dónde sacaste ese apodo de Taggie? —preguntó en tono molesto—. Es algo…

— ¿Lindo? —pestañeó la diseñadora.

— Tonto —tajó él. Rose se volteó hacia él regalándole sus facciones molestas.

— Todos los esposos tienes nombres de cariño, nosotros somos los únicos que no, así que se me ocurrió. No te emociones tanto. Dijimos que daríamos una buena actuación ¿no?

— Claro. Hasta ahora va saliendo muy bien… Rosie.

— Qué bueno que estamos de acuerdo, Taggie cariño.

— ¡¿Cómo está mi pareja favorita?! —una efusiva Phasma que ya llevaba una copa en mano se fue encima de los novios—. Estas preciosa Rose, enserio, si Armitage no lo nota es porque está ciego.

— ¿Tan pronto estás bebiendo? Si aún ni se hace el brindis —reclamó el contador a su asistente poniéndose serio—. Mitaka ¿Por qué no la estás controlando?

— Traté de hacerlo, pero cuando me di cuenta ya se había metido a la cocina por una botella de champaña. Prometo que se va a comportar, enserio.

— Oh, lo haré enserio… es que estoy muy contenta por ambos. Son una pareja hermosa, quien iba a pensar que ustedes iban a llegar hasta aquí…

— ¡Phas! Déjame decirte que luces tan guapa en tu vestido —Rose le quitó la copa que llevaba entre las manos y sonrió complacida.

— ¡Gracias, señorita Tico!

— Mitaka llévatela de aquí y ni una gota más de lo que sea que esté bebiendo, no quiero que meta la pata —le advirtió Hux al chofer quien asintió algo nervioso y se llevó a Phasma de la mano.

Rose y Armitage se miraron por unos segundos, deseando que Phasma no fuera a hacer nada extraño. Siguieron saludando a los invitados que llegaban ante ellos para darles palabras alegres, abrazos y buen augurio. Para sorpresa de los esposos, los últimos en acudir fueron Snoke y Pryde.

— ¡Qué hermosas ceremonias de las cuales hemos sido testigos! —lanzó Snoke con su sonrisa torcida—. Mucho amor en el aire y entre ustedes jóvenes.

— Nuestro gran amigo Hue estaría orgulloso de verlos casados —prosiguió Enric.

— Él sabía de lo mucho que ambos nos queremos —dijo Rose tomando de la mano a Armitage—. Lo pudo constatar el tiempo que aún lo tuvimos con nosotros y sé que él y mi madre nos están viendo.

— Por supuesto que sí, pequeña Rosie. Me alegra que todo se haya acomodado. Ahora no sólo son un par de jóvenes enamorados, sino que llevan en sus manos las riendas del imperio que mi querido Hue construyó en vida —Snoke con voz pasiva.

— Una unión bastante sorpresiva ¿Quién iba a decirlo? —siguió Pryde—. El amor puede florecer donde sea… así que, felicidades a ambos. Como mejores amigos de Hue nos gustaría estar cerca de ambos para ofrecer nuestro apoyo en lo que sea.

— Gracias a ambos por tan amables felicitaciones. Los invitamos a pasar a sus respectivos lugares, el banquete ya se está sirviendo —lanzó el pelirrojo. El momento estaba poniéndose incómodo y él ya no sabía si esos dos lanzaban sus discursos al aire o tratando de que ellos mordieran algún tipo de anzuelo.

— Claro, y nuevamente, felicidades —se despidió el de rostro desfigurado.

Los esposos que se habían puesto de pie a un lado de su mesa, fueron nuevamente a sentarse y comenzaron a probar bocado.

— ¿Crees que sospechen algo? —preguntó Rose sin mirarlo a los ojos ya que sentía el escrutinio de los dos "mejores amigos" de su padre, a lo lejos.

— No lo sé… lo que dijeron me dejó pensando. Espero que no sea así.

— Debemos seguir con esto —comentó ella dejando el camino de su cuchara con la sopa a la mitad del camino.

— Vamos bien… estoy seguro —le tomó la mano y besó su reverso suavemente recibiendo una sonrisa de ella, volviendo al juego.

El cuarteto de violines amenizó con suaves y tranquilas melodías mientras los asistentes tomaban sus alimentos. Rose veía desde su lugar a su hermana Paige con su cuñado Bodhi, sentados junto a Ben y Rey y sus amigas de la infancia. Todos charlando felices. Por otro lado, estaban los empleados del despacho de contadores de Armitage, que tenían un ambiente un poco más serio a excepción de donde se encontraban Phasma y Mitaka que bromeaban con los becarios de la oficina.

Rose se permitió aprovechar el momento sentada junto a su esposo para mirarlo detenidamente, siendo pillada varias veces por él. Le pareció verlo sonrojarse, pero no estaba segura y no quería pensar en nada que tuviera que ver con definir lo que estaban haciendo. Ya tendría tiempo para ello.

En algún punto cuando todos terminaron de degustar el delicioso banquete, Ben, imponente por su altura y por el traje que llevaba puesto se puso de pie. La hora del brindis había llegado.

— Buenas tardes a todos —dijo el abogado con la copa entre sus dedos—. Para los que no me conocen, soy Ben Solo. Fui escogido por mi buen amigo Armitage para fungir el día de hoy como su padrino y me siento muy honrado por ello —Hux, que tuvo que reprimir el impulso de voltear los ojos, apretó la mandíbula. Ben se detuvo por un momento. Pasó su mirada que viajó desde su novia, al lado de él, por las mesas y luego, descansó en los recién casados. Una sonrisa landina apareció entonces en su rostro. Sacó la mano que estaba guardada en la bolsa de su pantalón y un ademán se adelantó a su voz ronca—. Hace muchos años, conocí a un adolescente pelirrojo que llegó a la oficina de Hue Tico, un día de verano. Nos presentaron y la primera impresión que tuve de él, fue que era muy serio. hasta la fecha creo que lo es, pero… debo admitir que no conozco a nadie tan dedicado y comprometido como este contador que ven aquí —puntualizó—. Armitage trabajó con toda la entrega desde el día uno y eso pronto le rindió frutos, ganándose la confianza de mi jefe, su cariño y la admiración de muchos, incluyendo la mía. Por otro lado, conocí a Rose cuando Hue me contrató, antes de que Armitage se uniera a las filas de la empresa. En ese entonces la hermosa novia, era una jovencita risueña que estaba definiendo su camino —Rose sonrió ampliamente al ser nombrada—. Quizás no lo crean pero, estuve presente cuando estos dos esposos se conocieron. No se cayeron muy bien que digamos en esa ocasión —se escucharon risas ante el comentario—, pero, pasa que las personas crecemos y maduramos y el destino se encarga de mover hilos y de ponernos en nuestro lugar —Ben miró rápidamente a Rey y ambos se sonrieron—. Más tarde, cuando Rose terminó sus estudios, ellos se volverían a encontrar para que unos años después, sin que ellos o nosotros lo esperáramos, empezaran una relación. Recuerdo el día en que me lo comunicaron en el club de playa. Ninguno de los dos podía quitarse la mirada de encima, aunque trataban de disimularlo. Y déjenme decirles que mi buen amigo puede ser alguien poco expresivo ante las personas, pero, puedo asegurar que jamás había visto que mirara a nadie de la forma en la que ve a Rose, sé que la ama y sé que todos ustedes lo saben porque se nota —el novio sonrojado miraba a Rose por el rabillo del ojo midiendo su reacción ante las palabras de Ben. ¿Realmente proyectaba ese amor cuando miraba a la jovencita? ¿En serio era muy evidente? —. Rose por su parte, y no me va a dejar mentir, ha conocido al verdadero Armitage Hux, escondido detrás de esa fachada seria que vemos. Ella pudo entrar ahí dentro porque es una mujer hermosa, con un gran corazón y peculiar sentido del humor, lo cual hace que se complementen y creen un equilibrio perfecto entre los dos —el abogado alzó su copa—. Rose, Armitage… quiero hacer un brindis por ustedes… porque su matrimonio dure toda la vida, porque se hagan muy felices el uno al otro y se amen más de lo que nos dejan ver. ¡Salud!

Los invitados corearon la palabra después de Ben. Entre asombrado y receloso de las palabras que el padrino había dedicado Hux acercó su copa de cristal a Rose y las chocaron juntos.

— Por nosotros —dijeron al mismo tiempo y rieron por coincidir en su deseo antes de darle el sorbo a la bebida espumosa.

Después del brindis vino el momento de partir el pastel en donde la pareja se colocó junta para hundir el cuchillo en esa elegante torta dulce de varios pisos. Les hicieron fotos ahí juntos y Rose no perdió oportunidad para tomar con el dedo algo del betún que cubría el pastel y embarrarle la nariz a su esposo. En primera instancia la jovencita pensó que se iba a ganar todo su desprecio, pero él la dejó callada cuando pasó la mano en una parte del pastel tomando algo de esa pasta blanca, le embarró la boca y luego la besó. Su corazón retumbó de ahí en adelante sin que ella pudiera detenerlo. Cada vez que sentía su mirada sobra ella, su sonrisa, sus dedos y su voz cerca, su pecho se oprimía.

Por su parte Armitage sabía que ese comportamiento era impropio de sí, pero, una alegría que hacía tanto tiempo no experimentaba se había apoderado de él. A lo mejor como Hue había dicho en la cinta que les dejó, Rose le estaba ayudando a soltarse un poco. Por tal motivo cuando lo del pastel, sintió que quería hacer algo divertido con ella y dejarse llevar, ni siquiera lo había pensado mucho. Tampoco lo pensó cuando el conjunto comenzó a tocar aquella música pegajosa y Rose lo miró con entusiasmo y fueron de la mano a la pista seguidos de algunas parejitas. Él odiaba ese tipo de cosas y ni siquiera sabía que se podía contorsionar, pero ella le mostró… ella que lucía feliz y desinhibida y bailaba frente a él, le cantaba, lo señalaba y lo estaba embrujando con absolutamente todo lo que hacía.

Después de bailar por un lapso de tiempo que no midió. Llegó el momento de tirar el ramo y la liga.

Ni bien fueron llamadas a la pista, las féminas se agruparon detrás de Rose que se había encaramado en una silla mientras Hux la sostenía de la cadera para que no se fuera a caer. Él no iba a mentir, la vista que tenía enfrente era muy privilegiada. El escote en forma de corazón del vestido de novia de su esposa mantenía en su lugar su bien dotado pecho. Sin premisas, eso lo llevó a algo en lo que no había pensado hasta ese momento: la noche de bodas. Ambos acordaron a que terminando la fiesta regresarían juntos a su departamento, pero no habían dicho más. No era necesario que nada pasara ¿o sí? El pelirrojo comenzó a sudar por sus propios pensamientos. Tampoco pasaba nada si sí pasaba algo ¿cierto? ya eran esposos por todas las leyes ¿no?

Volvió la vista esta vez al rostro de ella y no pudo negar que muy en el fondo sentía la curiosidad de develar su cuerpo lentamente y conocerla en la intimidad. Rose movió sus brazos hacia atrás y lanzó el ramo. Los gritos de las invitadas sacaron a Armie de sus cavilaciones justo a tiempo para ver quién se lo ganaba.


Rey estaba en medio de todas las chicas que se habían parado y aunque eran varias, la única que le daba pendiente era Phasma. La alta secretaria solo tenía que alzar una mano y el ramo sería suyo. La castaña no era tan bajita, pero ante tremenda mujer como lo era la rubia no la tenía fácil. Pero no iba a rendirse.

Era bien sabido por todos que quién cachara el ramo de la novia sería la siguiente en contraer matrimonio y ella deseaba con el alma dar ese paso con Ben. Sentía que después de varios años de relación ya estaban listos, a lo mejor el ramo no tenía mucho que ver en esa decisión, pero su experiencia en el ámbito de las bodas y su romanticismo la invitaban a creer con fervor en aquella tradición.

El vocalista del conjunto ayudó a Rose haciendo la cuenta regresiva. La organizadora del evento se quedó en posición siguiendo la trayectoria del brazo de su mejor amiga que a la cuenta de tres no soltó el ramo. Los quejidos y gritos de todas no se hicieron esperar.

— ¡Eso no se vale Rose! —gritó Jannah.

— ¡No juegues con nosotras! —exclamó Kaydel.

— ¡Yo también me quiero casar! —bramó Phasma.

El chico del sonido volvió a animarlas para que tomaran su lugar y estuvieran atentas. Volvieron a contar y Rey no despegó su mirada del bonito ramo. A la cuenta de tres Rose lo soltó y el ramo viajó hacia las mujeres que se codeaban entre sí, peleando ya por el objeto que aún estaba en el aire. El manojo de flores volaba directo hacia Rey pero había un problema. Phasma estaba delante de ella y estaba segura de que le arrebataría la gloria sin esfuerzo.

— ¡Oye, Phasma! —la voz de Ben irrumpió el momento. La rubia volteó un segundo a verlo, el suficiente para que se distrajera.

— Eres mío, cielo —profirió Rey dando un brinquito en su lugar y agarrando el ramo por el tallo sin que sufriera ningún daño—. ¡Sí! —exclamó extasiada y abrazó las flores con afecto.

— ¡BEN SOLO ERES UN TRAMPOSO! —Phasma gritó y fue hasta el abogado, lo tomó de los hombros comenzando a zarandearlo.

— Lo lamento Phas pero tu apenas llevas un año con Mitaka a nosotros ya nos toca… —le dijo tratando de calmarla—. Seguro tendrá suerte en la liga, cálmate.

— No se vale… yo lo quería —rebatió, zapateando en su lugar.

— Te lo podemos recompensar siendo dama de honor de Rey ¿Qué dices?

— Eres un tonto, Solo —exclamó la rubia molesta yéndose ya a sentar a su lugar.

— ¡Mira, Ben! ¡Atrapé el ramo! —se acercó Rey a mostrarle y él la recibió con un beso.

— Esa atrapada fue excelente y ahora es mi turno, preciosa —anunció quitándose el saco y quedándose en su camisa blanca que lo hacía ver muy fornido.

Rose se bajó con cuidado de la silla y Armitage la volteó para que ella se sentara. Ahora tocaba el turno de la liga que sería peleada por los caballeros.

Desgraciadamente -o afortunadamente-, cuando hicieron el trato de casarse no habían hablado de eso, y se habían enterado de que debían llevar a cabo tales juegos en ese mismo instante porque era la tradición de las bodas y Rey lo había incluido en el programa a seguir.

Rose tomó la falda de su vestido y se la subió lentamente. Los varones ya eran llamados al centro de la pista para entrar en acción. Armitage se colocó frente a ella y se agachó lentamente sin quitarle la mirada. Comenzó a sentir calor cuando los dedos largos de él buscaron la liga que debía sacarle y no pudo evitar pensar en él de una forma que jamás se le hubiera ocurrido. Pronto recordó que una vez terminando todo, ambos se irían juntos al nuevo hogar. Había muchas cosas que pasaban en una boda, como el asunto que estaban a punto de ejecutar, y también había otro que era bien sabido por todos. Ella no sabía si iba a suceder o si debía esperarlo o no. Sus cosas estaban en otro cuarto para que ambos durmieran separados… habían dicho que aparentarían frente a todos… ¿Qué sería de ellos de la puerta cerrada hacia dentro?

Los temblorosos dedos encontraron lo que estaban buscando: La delicada tela de encaje. Lentamente el camino para liberarla fue recorrido y ella pensó que ese era el momento más sensual que había vivido a su corta edad. La mirada que él le estaba ofreciendo le hacía pensar cosas sugerentes y poco le estaba importando que estuvieran ahí, en medio de una carpa con todos los invitados rodeándoles. Pero la realidad la golpeó cuando los gritos de los hombres, al ver la liga, inundaron el lugar.


Ben estaba listo. Viendo el panorama en alturas de sus contrincantes se llevaba la victoria, aunque no quería confiarse. Mitaka tampoco era tan bajito y Phasma le había hecho prometer a su novio que atraparía la liga. Pero él no se la iba a dejar fácil y aprovecharía su corpulencia hasta el último segundo. Rey lo miraba emocionado desde la mesa y le enseñaba el ramo. Aquello era mero pretexto, porque él ya tenía planeado desde hacía meses pedirle matrimonio a su hermosa novia., la cajita que descansaba en el bolsillo de su pantalón era la prueba de ello. Sin embargo, quería esa pequeña prenda para, al final de la fiesta, cuando se estuvieran yendo a casa, él pudiera pedírselo con todas las pruebas de que el universo les estaba dictando dar semejante paso.

El abogado posó la mirada en la mano del delgado contador que sostenía la liga. Conocía al tipo y estaba seguro en un 90% que no haría lo mismo que Rose. El público le ayudó a contar al que dirigía el juego.

Tres… dos… uno…

Nadie se lo esperaba porque resulta que en ese tipo de dinámicas casi siempre la primera es la finta, pero no cuando se trataba de Armitage tirando la liga. Ben se abrió paso en medio de todos empujándolos hacía atrás para que no dieran ni un paso más y se abalanzó hacia delante cachando en el aire el encaje.

Volteó a ver a Rey y meneó la liga en el aire, presumiendo su victoria. Ya no veía la hora de que la fiesta terminara para llevar a cabo la propuesta que Rey ni sospechaba.


Hubo otra ronda de baile después de los juegos en la que Rose fue llevada a la pista por Jannah, Kaydel y Poe, seguidos por Bazine, momento que Phasma aprovechó para ir por su jefe y amigo y llevarlo a su mesa.

— Ten señor recién casado —le dijo la rubia poniéndole una copa de whisky coreliano frente a él y sirviéndole a Mitaka y a ella después.

— Mitaka te dije que no la dejaras tomar nada —comentó Hux volteando los ojos.

— Lo lamento pero cuando Phas se pone algo necia no hay poder humano que la convenza —dijo el chofer en su defensa.

— No lo culpes a él, lo amenacé con algo si no me dejaba tomar, pero me voy a comportar, te lo prometo.

— No quiero saber con qué lo amenazaste, pero, ya sabes que yo no bebo desde hace años —le recordó el ahora esposo de la menor de las tico, rechazando la bebida.

— Lo sé, pero hoy es una fecha especial, amerita, aunque sea un poco —Hux negó con la cabeza—. ¿Es porque le prometiste a Rose que no beberías y por eso te niegas? —sondeó la alta chica.

— No de hecho. Ella y yo ya teníamos el acuerdo de no ingerir alcohol desde antes, así que no hubo necesidad de volver a tocar ese tema.

— Pues, creo que alguien ya decidió romper las reglas —comentó Mitaka señalando a la pista en donde Rose se empinaba una botella mientras sus acompañantes le alentaban con aplausos y grititos.

Armitage se estaba poniendo de pie, dispuesto a ir a enfrentarla y descargar su enojo cuando la mano de Phasma lo tomó del hombro e hizo que volviera a ocupar su lugar.

— Déjala. Está feliz y no está haciendo daño a nadie. Está con sus amigas a las cuales no había visto y se acaba de casar contigo —dijo su secretaria. Él tuvo que admitir que tenía razón—. Además de que… creo que está muy bien ir agarrando valor para esa noche de bodas… —el pelirrojo volteó a ver a su amiga con los ojos abiertos de par en par y Phasma no se pudo aguantar la carcajada—. Oh vamos Armie, no me digas que no habías pensado en eso —comenzó bajito—. Sé que todo esto es montado, pero… están más que metidos en sus papeles, no me puedes negar que en el fondo si quieres eso… ¿o me equivoco? —él la miró con severidad.

— ¡Cállate! —espetó Hux tomando la copa que le acababan de llenar y echándose el trago de golpe—. Sírveme otro, que sea doble —le dijo a Mitaka y éste obedeció sin rechistar.

— Así me gusta señor novio —sonrió triunfal su amiga y le palmeó la espalda.


Rose jamás había visto a Armitage en ese estado porque conocía su negativa y recelo con el alcohol, pero no dijo nada cuando se dio cuenta de que estaba bastante ebrio, porque no quería ningún tipo de altercado. Cuando todos los invitados se habían despedido de los dos, Ben se ofreció junto con Rey a llevarlos a la pieza de Armitage, Paige y Bodhi también lanzaron la misma oferta, pero ella se negó, alegando que se encontraba bien. Ciertamente el baile le había bajado en gran medida lo que consumió y dado a su historial fiestero, tenía una capacidad de aguante mayor , en cuanto a bebidas alcohólicas.

Su esposo no estaba en condiciones de manejar, lo sabía. Así que aceptó la misión de ser ella la que lo llevara. Cuando el salón quedó vacío tomó de la mano al pelirrojo y lo llevó a su auto. Él cooperó bastante bien, dejándose llevar aunque de forma algo accidentada dando tropiezos, pero una vez que se sentó de copiloto se quedó ahí quieto.

Gracias a las habilidades al volante de Rose, los dos llegaron con bien a la que sería su nueva casa. Batallaron un poco al entrar porque Armie no daba con la llave correcta para abrir pero después de tomar unos minutos buscando, la puerta cedió y se colaron al lugar.

Rose quería reparar en los detalles, pero no pudo. El lugar se le hacía lindo a la vista pero sus pensamientos no estaban en eso. Hux la condujo por un pasillo, señalando una puerta que le indicó era de su habitación y se metió en la de enfrente, donde estaba la de él.

La había dejado ahí parada sin decir más. Tambaleándose un poco en si, Rose reparó que llevaba en hombros el saco de Hux. Pegó la nariz a la tela del forro y percibió el olor de su esposo, mismo que comenzó a alborotar sus sentidos. Supo que aun quedaba algo de alcohol en su sistema cuando sus pensamientos comenzaron a traicionarla.

Su corazón retumbaba nervioso. Lo podía sentir en las venas de sus sienes. La noche ya estaba cayendo afuera mientras el incendio de las ganas crecía en su piel al recordar los besos y las muestras de cariño regaladas por ambas partes durante toda la boda. Había habido de todo comenzando por el enojo del malentendido, pero una vez que se encontraron en el altar, todo cambió, para bien.

El miedo a aquella hambre voraz de él que crecía en su pecho la paralizó en su lugar por unos segundos. La puerta de la habitación del pelirrojo no estaba cerrada en su totalidad, dejando entrever un espacio por donde la luz se colaba. No había ruido alguno en esa morada, más que la de su propia respiración entrecortada.

Dubitativa, la jovencita dio unos pasos al frente, estiró la mano y empujó lentamente la puerta que chirrió al ceder.

Se topó a Armitage de frente parado a un metro de ella. Descubrió así que no era la única que estaba luchando contra una batalla campal.

Hux se había quedado de pie desde el mismo instante en que entró a su cuarto, sopesando la posibilidad de que sucediera algo más entre ellos y cuando la vio entrar con el saco que no recordaba haberle puesto pero que le hacía ver tan sexy, perdió la razón.

Ese algo se apoderó de ambos en el mismo momento. Acortaron la poca distancia. Sus labios se encontraron, furiosos y ávidos, explorándose más de lo que ya habían hecho ese día. Hux sintió los dedos de ella peleando con el moño de su cuello que logró destrabar y después con los botones de su camisa. Él buscó el cierre del vestido de novia en la espalda de su esposa. Lo bajó lentamente hasta que la prenda se aflojó se deslizó bajo su cuerpo, develando parte el brassiere de encaje blanco que llevaba debajo.

Apenas y podía estar en pie, se arrepentía en parte de haberse dejado convencer por Phasma acerca del whisky, aunque reconocía que de otra forma hubiera sido un cobarde. Le ayudó a su esposa, desabotonándose las mangas para deshacerse de su camisa. Cuando eso sucedió los dedos de Rose se posaron sobre su pecho y el tacto le hizo estremecer.

Volvieron a los besos y caminaron a ciegas buscando la cama. Rose cayó de espaldas sobre el colchón y sin despegarse del otro se acomodaron a la mitad del lecho.

Armitage abandonó los labios de su esposa para observarla unos segundos. Se estaba acercando nuevamente a ella cuando Rose lo frenó depositando sus pequeñas manos en sus hombros.

Era verdad que él no estaba en las mejores condiciones, pero aun así notaba el cambio en sus ojos. En sus negras pupilas se encerraba algo parecido al miedo.

— ¿H-Hice algo mal? —se atrevió a balbucear el pelirrojo desconcertado. Ella negó lentamente.

— Perdóname… —susurró con la voz entrecortada—, n-no puedo…

— No… perdóname tú a mí esto… esto no debió pasar —su poca cabalidad lo hizo retroceder. De rodillas se deslizó al borde de la cama y tomó asiento ahí. Todo le daba vueltas y ya no estaba tan seguro de que fuera por su condición etílica—. V-Voy a la sala, si quieres puedes quedarte aquí —le anunció con pesar. Iba a recoger sus cosas cuando sintió a Rose tomarle la muñeca.

— ¿Puedes abrazarme? P-Por favor —le suplicó. Él no entendió, pero al notar el resplandor de las lágrimas en su esposa supo que algo no andaba bien. Se colocó junto a ella despacio y la pagó a su pecho desnudo. Rose enterró ahí su rostro—. No es tu culpa —dijo ella en tono doloroso—, te juro que no es tu culpa.

— Shhhh —soltó él suavemente acariciando el cabello ondulado y negro de ella. Eso pareció calmarla porque cerró los ojos y no volvió a decir nada.

Los ojos de Armitage que la contemplaban poco a poco se fueron sintiendo pesados. Luchó contra la sensación, pero minutos después, al igual que Rose que yacía en sus brazos, se quedó dormido.


La canción que bailan Hux y Rose iba a ser mi canción de boda. No me casé, por que la vida te acomoda en los lugares correctos.

No me maten por cómo cerró este capítulo. Todo tiene una razón y les aseguro que valdrá la pena. Ténganme fe por favor...

-huye-