Capítulo 7.
Las luces de neón captaron levemente su atención pese a que su vista era borrosa y cada paso que daba, tambaleante. La música era estridente y el ambiente festivo, en aquel club al cual se había ido a meter. Lo último que recordaba era haber ido al baño y cuando regresó a la mesa que estaba ocupando, su grupo de "amigos" con los que hacía tiempo ya acostumbraba irse de fiesta, ya no estaban.
A ese mismo grupo que ahora buscaba, lo había conocido en el ambiente nocturno y no se relacionaban con su vida más que en el estatus, porque en ellos no encontraba nada más; ni amistad, ni aprecio, sólo cosas vacías, como la diversión efímera de lo que representaba salir de antro en antro y beber.
Atravesó la multitud de personas que se retorcían con el ritmo y que estaban tan perdidos como ella. Rose se detuvo en un pasillo largo que parecía dirigirla a la salida y que era apenas iluminado por unas lamparillas diminutas en el techo.
Movió los párpados rápidamente esperando despejarse y se agarró de la pared lisa y negra por un segundo, tomando aire. Necesitaba decidir qué hacer o a dónde dirigirse porque parecía que no iba a toparse de nuevo con sus acompañantes así que se esforzó en presionar a su cerebro para que trabajara y tomara la decisión correcta.
— Hola preciosura —susurró alguien detrás de ella y pronto sintió unas manos que le aprisionaban la cadera. Acto seguido unos labios comenzaron a depositar besos en su cuello y ella sintió náuseas.
— ¡S-Sueltame! ¡Ayuda! ¡Ayúdenme! —gritó ella, pero la música en decibeles altos ahogó su voz.
— Nadie va a venir —se rio la voz en su oído. Las manos empezaron a pasearse hasta el borde de la falda que llevaba, comenzando a colarse debajo. Los sentidos de ella se alertaron. El alcohol que llevaba en la sangre quedó de lado. La adrenalina se disparó. Rose le pegó un taconazo en el pie, lo más fuerte que pudo a aquel hombre desconocido que trataba de propasarse con ella. Gracias a la fuerza, tuvo éxito logrando que la soltara y sin mirar atrás se echó a correr a donde el pasillo la llevaba. Algo de alivio se presentó al darse cuenta que estaba llegando a la salida. Empujó la puerta abatible y salió a la calle. El aire frío chocó contra su rostro y le erizó la piel. Como reflejo se sobó la piel de los brazos y fue que recordó que había llevado una chamarra que bien ya podía dar por perdida porque no iba a volver a buscarla.
La jovencita miró el letrero del club nocturno, tratando de hilar la situación, pero el nombre "Weequay" no le dio respuestas, tampoco reconoció el lugar, ni el barrio. No recordaba cómo había llegado ahí y ciertamente no se iba a detener a averiguarlo pues su instinto le dictaba que corriera lejos y fue lo que hizo.
Muerta de miedo porque aquel tipo del club pudiera alcanzarla, Rose corrió por la calle en la que halló grupitos de amigos igual de alcoholizados que ella. Le chiflaban y le gritaban al pasar, pero no se detuvo.
Estuvo corriendo por minutos, con su bolsita cruzada rebotando en su cadera. Ni siquiera se molestó en sacar el móvil. Hablarle a Rey o a Paige no eran una opción, no quería que la vieran en ese estado pues aquello las rompería de la misma forma en la que ella misma se estaba rompiendo a pedazos sin encontrar la forma de salir de ese hoyo negro en el que ya llevaba tiempo. Eso era algo que iba a librar sola, porque ella misma lo había elegido.
Llegó al fin a una avenida donde el tránsito de los autos tenía mucha afluencia. No sabía cómo le había hecho para correr en tacones de doce centímetros de alto sin torcerse el tobillo, pero le atribuyó todo al instinto de sobrevivencia.
Rose estiró su mano, en búsqueda de un taxi que la recogiera. Sólo veía luces frente a ella así que rezó porque alguna se detuviera para acogerla. Las lágrimas comenzaron a correr y el nudo que sentía en la garganta se apretó más ahí. Su cuerpo convulsionaba por el sollozo y el temor sin que pudiera pararlo.
— Rosie… —una suave voz la alcanzó. No era la de aquel tipo del club. Se volteó al llamado que le hicieron y encontró a ese hombre que bien conocía parado frente a ella.
Él estaba ahí y le sonreía.
Lucía ese traje negro y elegante, el boutonniere en la solapa y los ojos azules centelleantes. Armitage le estiró la mano—. No voy a hacerte daño —le dijo con dulzura—. Confía en mí.
— Perdóname —rogó ella—, tú no tienes la culpa de nada… perdóname…
Él caminó y la envolvió en un cálido abrazo. El miedo que sintió se disipó como si nunca hubiera existido.
Por primera vez en mucho tiempo Rose se sintió segura.
Abrió los ojos de sopetón. La luz se había colado entre las cortinas de la habitación, iluminando todo a su paso.
Otra vez había tenido ese sueño. Otra vez había revivido la tortura de la desafortunada noche. Aquel evento la atormentaba más seguido de lo que quisiera admitir y hacía mella en su cuerpo. Gracias a la fuerza que había podido reaccionar y salir de ese club sana y salva. Su osadía en su época oscura de adicción a la fiesta y la bebida le había pasado esa factura tan cara que aún hacia eco en sus sueños.
Pestañeó un poco, recobrando el sentido y la orientación. La cama en la que descansaba era mullida y cálida.
Se incorporó despacio y entonces fue consciente de unos brazos que la aprisionaban. Al voltear se encontró con Armitage durmiendo plácidamente a su lado con el rostro hundido entre su cabello suelto.
A diferencia de los sueños anteriores que terminaban con ella tomando el taxi que en la vida real la llevó a su casa, esta vez su esposo se había colado en la pesadilla dándole consuelo en su abrazo. Rose pensó que su pesadilla se había enramado con la realidad y por eso lo había visto con el traje que usó en la boda.
Los ojos rasgados se le llenaron de lágrimas al recordar lo que había sucedido una noche antes. Se reprochó haberle hecho eso a Hux. Nunca pensó que aquel evento le afectara a ese nivel porque tenía mucho tiempo que no estaba con nadie en el ámbito íntimo. El alcohol que ingirió durante su boda y las manos de él sobre su piel le alertaron cuando se estaba acercando a un punto sin retorno. No estaba lista, no podía aún y no porque no le quisiera, porque de eso ya estaba más que segura. Se había encontrado con un muro de roca sólida que le impedía dar ese paso en ese momento, más por ella que por él.
Su mirada se centró en el contador. Su cabello pelirrojo brillaba con la luz solar y sus mejillas estaban rosadas creando un contraste hermoso sobre la blanca sábana en la que descansaba. Reparó en que ella misma se encontraba en ropa interior y su vestido y velo –que no recordaba haberse quitado o si quiera traer puesto para la hora en que arribaron a la casa- estaban tirados en la alfombra de la habitación.
Se giró lo más despacio que pudo aun entre sus brazos y se dio cuenta que él solo llevaba el pantalón puesto. Su pecho labrado se elevaba pausado y tranquilo aún entregado al sueño y una mueca parecida a una sonrisa se formaba en las comisuras de su boca.
Quiso abrazarlo, llenarlo de besos, despertarlo y decirle que lo necesitaba, que había tantas cosas de su pasado que quería contarle y de las que se arrepentía. Quiso decirle que lo quería y que esperaba que él llegara a quererla también… quiso hacerlo, pero nuevamente el miedo le puso un freno.
Un quejido salió de los labios de Armitage que despacio y sin ser consciente la liberó de su agarre. Rose se incorporó en su lugar sentándose para abrazar sus piernas contra el pecho. Sintió la necesidad de huir antes de que él despertara, pero pensó que eso era cobarde, así que se quedó quietecita al lado de él, esperando a que abriera los ojos.
Había estado sintiendo entre sueños, un calor entre sus brazos que poco a poco fue perdiendo, lo que desencadenó su despertar.
Cuando sus pestañas se elevaron, lo primero que vio fue la cortina de su ventana que dejaba traspasar la luz.
Segundos después un terrible dolor de cabeza le punzó como si hubiera apretado un botón para que esa respuesta se activara. Armitage se llevó una mano a la frente y en automático se sentó al borde de la cama.
La realidad lo golpeó como un balde de agua fría y aunque hubiera preferido olvidarlo, recordó todo al ver su saco, el moño y la camisa blanca en el suelo. Lentamente viró el cuerpo para descubrir a Rose hecha un ovillo a su lado. Tenía esa misma mirada que le había otorgado cuando le pidió que la abrazara durante la noche y él se sintió terrible.
— B-Buenos días —la saludó, sintiéndose raro por ello. Jamás había tenido a nadie a su lado a quién darle esas palabras por la mañana.
— H-Hola —contestó ella, rehuyéndole la mirada.
El pelirrojo, se dio cuenta que ambos estaban parcialmente desnudos y se apresuró a ir a su closet. Sacó una playera para él que se puso enseguida y tomó una sudadera para Rose que le tendió sin mirarla. Suponía que ambos estaban igual de incómodos con la situación.
— Gracias —concedió ella colocándose la prenda que le quedó bastante larga de las mangas y que le llegó hasta la rodilla.
Se quedaron unos segundos quietos en su lugar, ella sentada en la cama, él de pie. Armitage desvió la mirada porque ver a Rose con ese rastro de miedo en los ojos le dolía y aunado a eso las sienes le estaban taladrando.
— Armitage… yo… —comenzó ella, algo temerosa.
— No tenemos que hablar de esto, en serio —dijo él—. Sé que evidentemente tomé demasiado y en verdad lamento mucho haberme propasado pero te prometo que no va a volver a pasar —le aseguró serio, aguantándose la vergüenza se atrevió a posar su vista en ella para que supiera que hablaba enserio.
Rose se lo quedó viendo. Ese semblante duro y frío en su esposo volvía a asomarse y amenazaba con echar todo abajo cuando apenas comenzaban esa aventura que duraría un año para poder heredar todo lo que les correspondía. Más importante, ella había sentido que, durante la boda, habían avanzado bastante en confianza y no quería perder eso.
— Espera —le detuvo cuando él ya estaba por salir de la habitación—. Quiero que lo sepas…
— Es evidente que te hace daño y yo no quiero que te sientas mal, además no tienes la obligación de decírmelo.
— Tienes razón, me afecta, pero he llevado esto desde hace mucho tiempo sin podérselo contar a nadie. Quisiera que me escuches…
Él asintió y fue a sentarse a la cama quedando frente a ella que tenía la espalda pegada a la cabecera y las rodillas contra sí.
— Te escucharé, pero antes y discúlpame, necesito algo para el dolor de cabeza, además de tomar un baño. Olvidaba lo que se siente una resaca —refunfuñó irritado consigo mismo por aceptarle la bebida a Phasma y por no haberse podido detener una vez que empezó.
— Tienes razón —asintió Rose. Al tenerlo cerca estudió su semblante y no pudo evitar divertirse por las muecas que estaba haciendo—. La verdad si te ves terrible.
— Vaya, pues… gracias —lanzó Armitage y Rose soltó una risita que destensó el ambiente y que contagió a su esposo—. El baño de los invitados está afuera o puedes usar este —le señaló una puerta—. Como te sientas cómoda y todas tus cosas están en el otro cuarto.
— Usaré el de afuera, gracias.
— De acuerdo —afirmó.
Él se paró y fue a levantar el vestido de novia y el velo que dejó sobre la cama. Después se dirigió a su armario y sacó una muda de ropa.
Rose siguió el recorrido de Armitage hasta el baño. Cuando él entró y se giró tomando el picaporte, las miradas de ambos se encontraron.
Ninguno apartó la vista hasta que la puerta se cerró.
Que el agua hubiera caído sobre su cabeza y cuerpo había aliviado parte de su malestar físico, además de ayudarlo a pensar con claridad. Estaba nervioso por lo que ella quisiera contarle, aunque también estaba agradecido de que confiara en él para tocar un tema que a leguas se notaba no era fácil para Rose.
Se vistió con calma con una playera y jeans y se quedó descalzo como acostumbraba a hacer. Arregló la cama en la que habían dormido acomodando el edredón y evocó los recuerdos de la noche anterior. Se arrepentía de que hubiera sucedido de esa forma y por el estado inconveniente en los dos.
El pelirrojo tomó aire antes de salir de su cuarto. Imaginó que Rose tardaría más tiempo que él en estar lista, sin embargo, cuando salió por el pasillo escuchó ruidos en la cocina. Fue hasta ahí y la encontró luciendo un vestido sencillo color azul y asomada en el refrigerador, buscando algo.
— ¿Rose? ¿Qué haces?
— Lo siento, pero me dio hambre y decidí preparar algo —anunció sacando un paquete de carne molida.
— No tenías que hacerlo, podíamos haber pedido a domicilio.
— La verdad tenía ganas de cocinar —dijo ella de buen humor. La verdad era que no iba a admitir que quería que hicieran algo especial para su primer día de casados, pero así era—. ¿En dónde tienes las especies?
— En… oh… —Hux soltó una leve risita porque sin su ayuda, ella no iba a alcanzar. Fue hasta ella y estiró la mano para abrir la puerta de la gaveta superior—. ¿Qué se supone que vas a cocinar? —preguntó curioso estudiando los utensilios de cocina sobre la encimera, que ella ya había sacado.
— Lasaña —contestó.
— ¿Y sabes hacerla para empezar? —él alzó una ceja y puso sus manos en jarras, dudoso. Recibió una mirada acusadora de ella que le apuntó con la palita de madera que llevaba en la mano.
— Ya sé que me tienes en el concepto de niña mimada, pero cuando Pai y yo nos fuimos a estudiar fuera, tomé varios cursos y aprendí.
— Ya veo… —asintió él sorprendiéndose del hecho.
— Pásame el orégano por favor —él obedeció bajándole el botecito y dejándolo en sus pequeñas manos—. Por cierto, tienes esa cosa llena de comida ¿no se te echa a perder? —Rose señaló el refri.
— ¿Qué tratas de decir? —lanzó Armitage un poco a la defensiva y pensó que ella se molestaría, pero sonrió algo divertida y comenzó a explicarle:
— Por lo que sé, te la pasas trabajando desde muy temprano a muy tarde, supongo que nunca comes en casa y mucho menos que tienes tiempo para preparar algo.
Hux arqueó las cejas asombrado. A Rose no se le iba nada. No quería decirle que días antes de la boda fue de compras para que no encontrara la cocina vacía y tuviera algo que ofrecerle.
— Pues no sabes que yo también tengo habilidades culinarias y que me gusta explotarlas cuando puedo.
— ¿De verdad? Muéstrame entonces, te encargo la carne en lo que yo me ocupo de la sopa de pasta para la lasaña. Por cierto, encontré esto en el cajón cuando buscaba una cuchara, creo que te va a servir para ese dolor de cabeza —comentó Rose entregándole unas aspirinas. Él sacó el aire en alivio. Realmente necesitaba algo para quitarse el malestar, pero sospechaba que no sólo las pastillas ayudarían, sino la presencia de ella también.
La escena era extraña para ambos, pero se sintió agradable. Rose y Armitage cocinaron juntos, en su mayoría en silencio, pero pendientes del otro por el rabillo del ojo. Algunos comentarios acerca del sabor o los condimentos fueron pronunciados.
Una vez que terminaron el platillo y mientras él esperaba a que estuviera listo, Rose picó unos cuantos vegetales para hacer una ensalada. El pitido del horno se dejó escuchar tiempo después. El contador fue el encargado de sacar el refractario con unos guantes y ya estaba yendo a la cocina para dejarlo en la mesa cuando se dio cuenta que Rose tenía otros planes; ella estaba llevando el bowl de la ensalada hacia la sala y él tuvo que seguirla.
— Podemos comer aquí —señaló la mesita de centro.
— Pero… Rose para eso tengo un comedor —puntualizó algo en desacuerdo.
— Es sólo por hoy… —pidió ella con unos ojos que lo desarmaban. Derrotado suspiró y llevó la lasaña hacia allá. Rose por su parte sacó un jugo del refrigerador y una jarra de agua, por aquello de la resaca. Armitage llevó los platos y los cubiertos y cuando todo estuvo listo se sentaron sobre la alfombra de la sala. Ella fue la encargada de servirles una buena porción ambos.
— Oye esto sabe muy bien —concedió Hux masticando. Rose tomó un poco con su cuchara y se lo llevó a la boca. Asintió de acuerdo con él.
— Te lo dije, pero dudabas de mí —aseguró su esposa con aire victorioso.
— Bueno, no te lleves todo el crédito que yo también participé.
— De acuerdo… Lo hicimos bien, somos un buen equipo cuando no peleamos —soltó ella sin pensarlo mucho y cuando se dio cuenta se sonrojó. Él se la quedó viendo y se sintió emocionado de alguna forma.
— Por cierto ¿qué acostumbras hacer los domingos que son tus días libres? —preguntó la diseñadora cambiando rápidamente la conversación.
— Pues… hago ejercicio en las mañanas, suelo cocinarme algo y ver películas. Como toda la semana estoy fuera me gusta quedarme en casa. Supongo que tú ibas al club de Dameron ¿o me equivoco?
— Te equivocas. Últimamente he ocupado los domingos para diseñar vestidos de novia, tengo todo en el taller así que me gustaría seguir con eso en la semana. Quiero abrir la tienda de nuevo, pero no estoy muy segura.
— Rose, tienes que seguir ese sueño, no puedes dejar que el miedo te paralice. Es lo que realmente quieres hacer, así que sólo hazlo.
— Es que no es así de fácil.
— Lo sé, pero si no te atreves a dar el paso jamás vas a saber si pudiste tener éxito o no.
— ¿Por eso trabajas tanto? ¿Para asegurar tu éxito?
— En realidad… nuestro éxito se basa en la confianza de los clientes por llevar sus cuentas de forma transparente.
— Que yo sepa mi padre se encargó de instaurar esa confianza junto contigo. Tienen una cartera de clientes impresionante y desde hace muchos años, asi que, digamos que entonces, sus clientes son hasta cierto punto seguros, el éxito ya lo tienen.
Armitage se le quedó viendo. Apenas llevaba un día en su casa y ella ya estaba apuntando a cosas que él tardó mucho tiempo en descubrir. Sabía que trabajaba tanto porque había cosas que decidía evadir, como su dolor por la muerte de su madre, su decisión por no tener amistades y estar solo.
— No tienes que contestarme, lo siento. Hablo demasiado —comentó ella rápidamente al notar que Armitage se había quedado reflexionando sus argumentos.
Terminaron de comer ya en silencio y luego lavaron los platos, Armie bajo el chorro de agua frotando la porcelana y ella secando todo con un trapo. Él le propuso a Rose que vieran una película y ella aceptó, pero cuando él estaba buscando alguna en la plataforma digital hubo un momento en el que ella lo miró. Armitage supo que el momento de la plática había llegado así que apagó el televisor y centró su atención en ella. Iba a esperar que su esposa tomara la palabra, pero desde que despertó llevaba algo atormentándolo y tenía que hacérselo saber porque no iba a estar tranquilo.
— Rose… —comenzó dubitativo—, la verdad es que, me avergüenza haber llegado a ese punto anoche —confesó jugueteando con sus dedos sobre la tela de la mezclilla de su pantalón—. Cuando estuvimos planeando la boda, nunca hablamos de eso, y en realidad no tenía que haber pasado porque tú y yo no somos…
— Lo sé, pero no te sientas mal. No fue tu culpa —le interrumpió Rose también avergonzada—. Ambos bebimos y no quiero que pienses que te propasaste o me obligaste porque… no es así, aunque sé que puedes pensarlo por mi reacción —Rose se detuvo mordiéndose el labio. Se iba a arriesgar a que él pensara mal de ella, porque Armitage repudiaba el ámbito en el que se había suscitado el incidente que vivió, pero no tenía ganas de esconderle nada, quería mantener la confianza intacta. Así pues, tomó aire y comenzó—: Hubo una vez en la que bebí mucho, enserio, mucho. Me había reunido con unos amigos y fuimos a muchos lugares en una sola noche. Sólo tengo lapsos de cómo empezó esa noche, pero lo último está en mi mente de forma vívida —el pelirrojo la miraba con atención—. Recuerdo haber reaccionado y encontrarme sola en un club al que no supe ni cómo llegué. Me asusté y quise buscar a las personas que venían conmigo, pero no pude encontrarlas, no sé si por mi estado o porque ya se habían ido. Caminé tratando de buscar la salida y un tipo… —se detuvo de golpe. Armitage que estaba sentado en la orilla del sillón se arrimó a ella. Un enojo que jamás había sentido antes comenzó a carcomerle desde dentro.
— ¿Te hizo algo ese infeliz? —le preguntó con miedo de la respuesta. Las lágrimas resbalaron de las mejillas de Rose.
— Me besó el cuello y quería levantarme la falda, pero pude librarme de él dándole un pisotón enterrándole el tacón. Ni siquiera supe en donde estaba cuando salí del lugar, pero tuve mucho miedo y…
— ¿Recuerdas al tipo? —preguntó el pelirrojo ahora posando sus manos sobre el rostro de Rose. Estaba furioso y a la vez dolido de verla así—. ¿Si lo buscamos, lo reconocerías?
— No… apenas lo vi porque llegó detrás de mí… y-yo… por eso anoche cuando estábamos… yo… p-perdóname —él apretó los ojos conteniendo la rabia que sentía y entendiendo perfectamente lo que pasaba.
— Rose perdóname tú a mí… —negó con la cabeza mientras la abrazaba y frotaba sus brazos para reconfortarla. En otra situación quizás no sabría cómo reaccionar, pero el instinto de protegerla se había activado de inmediato.
— No te enojes, por favor… ya no había bebido desde que tú y yo decidimos esto, pero no volverá a pasar —aseguró ella jalándole la playera a Armitage y alzando la vista para admirar sus ojos celestes.
— Tranquila —le dijo tomándola de las manos. Le dolía verla así de consternada y de que pensara que iba a enojarse por algo así. Definitivamente lo había estado haciendo mal con ella—. Yo no… en realidad nunca debí prohibirte nada porque no funciona así. Mi negativa con el trago es porque tengo mi propia experiencia con el alcohol que espero poder contarte pronto, no soy tan valiente como tú para enfrentar estas cosas… pero te lo contaré lo prometo —Rose asintió comprendiéndolo. No era la única que guardaba secretos, y estaba bien, tendría paciencia con él. Elevó una mano en la barba pelirroja y tuvo el impulso de besarlo pero se aguantó porque sabía que la boda había sido una cosa y estar ahora ahí juntos después de eso sería otra—. Estarás bien, Rose —pronunció limpiándole suavemente las lágrimas con los pulgares—. Te juro que no voy a dejar que nadie te haga daño.
— ¿No estás enojado? —se aventuró ella. Él negó con una sonrisa triste.
— Ya sé que he sido el peor, sé que mi carácter no ayuda, pero no podría estar enojado contigo por esto, no es tu culpa, además.
— Lo es, por andar en cosas que…
— No Rose. No te castigues, las lecciones son duras, pero tómalo así —ella asintió y dejó que esa sensación de protección que emanaba de su esposo la embargara. Se sentía segura con él—. Hay otra cosa que creo, sería bueno platicar —prosiguió él aprovechando que Rose ya estaba calmada—. Nos queda un largo camino en esto, creo que podríamos hacerlo llevadero, en la boda funcionó ¿no crees?
— Bastante bien —coincidió ella.
— Bueno, creo que debemos acordar cómo nos dirigiremos en esto… ¿qué opinas? ¿quieres proponer algo? —Rose se tomó unos segundos estudiando el semblante de Armitage que parecía bastante abierto a sugerencias sin estar molesto o irritado lo cual representaba un gran paso entre ellos que tenían la especialidad de ponerse a pelear por todo.
— Creo que para que esto funcione debemos confiar en el otro y tratar de ser amigos. Las muestras en público pueden seguir de la forma en la que ambos nos sintamos cómodos y en casa llevarnos lo mejor que podamos —dijo el fin ella.
— "En casa" —pensó el contador. Le gustaría saber si ella sentía que esa era su casa ahora o simplemente había sido la expresión—. Me parece un buen trato —asintió el pelirrojo con una mano en el mentón—. Me gustaría preguntarte si hay algo que yo haga que te resulte incómodo.
— A veces eres insufrible, pero es parte de tu personalidad —se encogió de hombros la diseñadora—. ¿Y tú? ¿Tienes algo qué decir?
— Bueno, a decir verdad, odio ese apodito que me has puesto.
— A mí me gusta así que lo siento, se va a quedar —acotó Rose ante su esposo que negaba con la cabeza.
— Bien, de todas formas, creo que no coincidiremos mucho en horarios.
— Bueno creo que eso si es algo que me gustaría que cambiáramos un poco. Sería buena idea que comiéramos o cenáramos juntos cuando podamos, creo que ayudará a seguir conociéndonos y a aparentar el matrimonio.
— No puedo garantizar que podamos comer siempre juntos, por la carga de trabajo que tengo en la oficina —ella volteó los ojos porque eso era una conversación que antes ya habían tenido.
— Siempre puedes delegarlo, ya te lo dije. Ahora eres el jefe, no todo tiene que recaer en ti, tienes que confiar en tu equipo de trabajo o te la vas a vivir por siempre metido en una oficina.
— Prometo que trabajaré en eso, pero no va a ser así todos los días y, tú también tienes que poner en marcha Millie y no voy a aceptar un no como respuesta —le advirtió al ver que ella ya había separado los labios para replicar—. Si me estás poniendo condiciones entonces yo también.
— No puedo garantizar que eso suceda —dijo Rose imitándolo.
— Pues debes intentarlo.
— De acuerdo, lo haré. ¿Algo más señor seriedad?
— Creo que por ahora no. Pero debemos hablar si surge algo. Ya iremos compaginando rutinas
— Coincido contigo.
Luego de ponerse de acuerdo, la pareja se sentó a seguir el plan original de ver películas. Rose insistió en ver una serie llamada "Hechizo en las Highlands". Hux se tuvo que aguantar viendo en pantalla a un fornido y enorme escocés que durmió por mucho tiempo y fue despertado por la mujer que estaba destinada para él. No le gustaban para nada ese tipo de contenido pero acababa de descubrir que Rose era una romántica empedernida y él no podía negar que su cara de emoción le encantaba.
Más tarde cuando habían avanzado en unos capítulos, interrumpieron el momento pues Paige le habló por teléfono a su hermana para invitar a la pareja a cenar con ella, Bodhi, Ben y Rey en la mansión Tico, aprovechando que aún estaban ahí y para despedirse porque al día siguiente regresarían a su hogar en Canto Bight.
Se cambiaron para ponerse más presentables para la cena y decidieron ir en la camioneta de Armitage a la antigua casa de Rose.
Cuando llegaron a la mansión, abrazos amorosos y efusivos de Paige y Rey recibieron a la recién casada como si tuvieran varios días sin verla. Las tres fueron directamente a la cocina para llevarse los platillos al comedor mientras sus hombres se enfrascaban en una plática de motores de autos y naves espaciales.
Rose que conocía perfectamente a su hermana ya estaba esperando que ella le preguntara acerca de su día con Armitage, lo cual sucedió más rápido de lo que pensó pues ni bien entraron a la cocina, la mayor de las dos se volteó a verla desbordando curiosidad.
—Y, ¿Qué tal el primer día de casados? ¿Todo bien anoche? ¿Pasó algo? Quiero que me cuentes TODO —comentó Paige haciendo énfasis en la última palabra. Rey se acercó también para escuchar.
— Yo también quiero saber todos los detalles —pestañeó su mejor amiga.
La aludida las miró y coló una sonrisa forzada en su boca. No quería mentirles, pero contarles con santo y seña lo que había sucedido implicaba hablar de ese episodio oscuro en su vida y no estaba lista para hacerlo aún con ellas—. Pues… ayer bebimos de más, por si no lo recuerdan…
— Yo te vi bastante bien Rose, al que sí vi fundido fue al novio —dijo Paige, sacando unos vasos de la repisa.
— Si porque no está acostumbrado a hacerlo, pero bueno, Phasma lo convenció, así que ni bien llegó a su cuarto Armitage se quedó dormido. Y yo por mi parte tomé un baño y me fui al mío.
— Espera… ¿están en cuartos separados? ¿Esa idea de quién fue? —preguntó Rey poniendo una mueca de inconformidad.
— Pues claro que cada uno duerme por su lado, les recuerdo que esto no es un matrimonio convencional y eso fue idea de los dos —se defendió Rose.
— Lo siento, pero, por todo lo que vi ayer pensé otra cosa, hermanita —comentó la mayor y le lanzó una mirada a Rey. Sabía que ambas se habían dado cuenta de cómo se trataban esos dos durante la boda, lo cual percibieron como un gran paso.
— Pues pensaste mal, las dos lo hicieron —les señaló—. Hoy hemos hablado y decidimos llevarnos bien y seguir con todo esto de aparentar.
—¿Y tú estás bien con eso? ¿No quisieras intentarlo en serio? —lanzó Rey.
—Rose… Puedes ser honesta con nosotras, lo sabes —le alentó su hermana.
—Pai, Rey… estoy bien, yo… no podría aspirar a nada más con él —dijo un poco apesadumbrada.
— Pero… ¿por qué? —Paige fue hasta ella y le tomó el hombro con cariño—. Están casados y sé que no estaba dentro de tus planes, pero parece que algo comienza entre ustedes. Podrían intentarlo.
— Apoyo eso que dice Pai, Rosie… Además, se nota que él muere por ti. ¡Cambió el baile de casados en el último momento por una canción que significaba algo para él!
— Eso puede que no sea nada —comentó Rose tratando de tomarse todo con calma.
— Oh vamos, eso no es cierto —arremetió su hermana.
— ¿Él sabe lo que sientes? —preguntó entonces Rey, desarmándola por completo.
— Por supuesto que no…
— ¡Rose! —le regañaron las dos al mismo tiempo.
— Perdón por interrumpirlas señoritas —la cara pálida de Hux se asomó por la puerta—. Rose, Ben quiere vernos en el despacho de tu padre.
— Oh… ¿no podría ser después de la cena?
— El abogado dice que no nos tardaremos —se encogió de hombros.
— Ve Rosie, ya nos encargamos Rey y yo de poner la mesa —Paige le dio un empujoncito.
— De acuerdo, ya las veo. No empiecen sin nosotros —les pidió al tiempo en que salía con su esposo y caminaban hacia la oficina donde apenas un mes antes se habían enterado de esa cláusula que los llevó a ese momento exacto— ¿Te dijo de qué se trataba?
— No, ya sabes que Solo disfruta con torturar a la gente con la duda —contestó él con aire indiferente.
Al entrar a la habitación, él ya los esperaba sentado.
—Tomen asiento por favor —les indicó el abogado—. Bien, solo quiero decirles que la primera transacción de la herencia está hecha y que se verá reflejada mañana a primera hora en sus cuentas. No necesito recordarles que deben mantener su unión por un año o sino los viejos decrépitos se quedarán con su dinero. Así que espero que sigan comprometidos con esta causa como al principio —Ben los miró a ambos. Sabía que así era, que incluso los dos estaban bastante enamorados, pero disfrutaba picarles el orgullo.
— No te preocupes por eso Ben, Armitage y yo ya hemos hablado de esto.
— Si, ya acordamos no matarnos entre nosotros.
— Bueno, me dejan tranquilo con sus respuestas —bromeó el alto joven.
—¿Alguna noticia de Enric o Snoke? ¿Ya han hecho algo que pueda inculparlos?
— Aún no. Estoy esperando que hagan algún movimiento de esas cuentas nuevamente para poder rastrear el desvío de dinero y comprobar el fraude, pero nada aún. Aunque… tengo una teoría o más bien es como un presentimiento.
— ¿Acerca de…? —preguntó el pelirrojo. Ben enlazó sus largos dedos sobre la mesa.
— Temo que podrían utilizar algún intermediario que se ensucie las manos por ellos. Finn trabaja para Snoke, es el ex prometido de Rose y además estuvo aquí ayer y después de la forma en la que lo corrimos creo que él podría ser el peón en este tablero de ajedrez… pero es una simple conjetura mía.
— Espera ¿cómo que lo corrieron de la boda? —exclamó Rose mirando al abogado y luego al contador—. ¿Por qué no me habías dicho nada, Armitage?
— No era algo que valiera la pena —contestó él irritado y miró a Ben acusadoramente. El abogado había dicho eso no por causarles problemas, sino porque pensó que el escuálido de su apadrinado le había dicho a Rose en algún punto de la boda lo que pasó con Finn. Acababa de descubrir que no fue asi y lo mejor que podía hacer antes de salir regañado por Rose Tico era huir.
— Bueno eso era todo lo que quería decirles —canturreó, poniéndose de pie—, los dejo solos por un momento —anunció.
Cuando Ben salió del lugar la diseñadora se volteó a su marido.
— Explícate —pidió, punteando un dedo en el escritorio. Él cruzó los brazos, molesto.
— Pues no hay mucho que explicar, más que ese idiota estuvo aquí ayer con obvias intenciones de frustrar la boda civil ya que no pudo con la religiosa. Fue Ben quién lo vio y lo llevó hasta mí, y yo lo corrí de una forma no muy amable pero no me arrepiento de nada, se lo merecía. No entiendo ese afán que tiene por no dejarnos en paz. Que te siga buscando con la esperanza de que le hagas caso es enfermo —se explicó.
— ¿Y por qué no me lo dijiste? —le preguntó su esposa con una mueca fruncida en sus labios.
— ¿Para qué? ¿Acaso, querías verlo?
— ¡Claro! ¡Lo hubiera echado a la calle yo misma! También era mi boda, eh, Armitage.
— Pues yo no quería que te viera —y eso era verdad. No quería que Finn estuviera cerca de su esposa y que viera lo hermosa que lucía con su vestido de novia. Tampoco se iba a arriesgar a que ese tipo le convenciera de abandonarlo y aunque eso era poco probable no le quiso dar motivo—. Además lo manejamos bien. Nadie se dio cuenta y nadie más que él resultó herido y la fiesta transcurrió con éxito. Si te hubiéramos dicho con justa razón te le hubieras ido a los golpes con todo y vestido y de seguro se arma una revolución. Acepta que fue lo mejor así —Rose odiaba admitirlo pero el pelirrojo tenía la razón esta vez. Ella hubiera hecho un escándalo monumental.
— Bien, pero tienes que decirme este tipo de cosas cuando pasen ¿qué hablamos de la confianza?
— Ya lo sé —soltó vencido—. No creí que fuera importante, pero tienes razón. Lo siento —se disculpó él calmandose un poco.
— No es importante porque es Finn —le aseguró al ver el semblante de él. No quería que pensara que su ex novio le importaba—, pero es importante porque era nuestra boda y pudo arruinarlo, aunque... me alegra que lo hubieras corrido y como dices, seguramente hubiera terminado todo en desastre de enterarme porque a veces soy demasiado visceral —reconoció ella. Hux arqueó sus cejas asombrado de la reflexión—. Espero esa anécdota con gusto.
— Creo que Ben y yo la podemos contar en la cena.
— Bueno, entonces no hagamos esperar a los demás.
Él asintió. Se fueron caminando hombro con hombro por el pasillo de la mansión, en silencio.
Armitage se daba cuenta que Rose realmente se estaba esforzando en su forma de ser, podría ser aún caprichosa y disfrutar de tener la última palabra, pero en serio lo estaba intentando. Él quería hacer lo mismo, y se prometió que lo haría.
Sin pensarlo mucho deslizó sus dedos entre los de ella que le dio un apretoncito en la mano al sentir su piel. No se miraron, pero ambos sonrieron y se fueron tomados de la mano los pocos pasos que les quedaban hasta el comedor.
Finn que se había presentado aquel lunes por la mañana en la oficina de Snoke esperaba en la salita a ser llamado. Seguía irritado por el asunto de la boda pues no sólo le había dolido perder a Rose. El golpe en la mandíbula había pegado en su orgullo.
Unos diez minutos después de haber llegado, la asistente de su jefe le indicó que este lo esperaba.
Suspiró algo cansado, pero se dirigió al lugar. Estaba seguro de que Snoke iba anunciarle nuevos proyectos que lo retendrían en Naboo. Esperaba poder persuadirlo de que lo dejara irse a alguna otra sede de sus múltiples negocios. Necesitaba sacarse a la diseñadora de la cabeza y cerca de ella no lo lograría.
Cuando entró a la oficina, se encontró con Snoke y su amigo Enric –a quién Finn solo veía como un perrito faldero-.
— Buen día, joven Finn —lo saludó su jefe que estiró un dedo señalando la silla desocupada al lado de Pryde para que tomara asiento.
— Buen día —saludó a ambos, el administrador.
Snoke estudió a su empleado por unos segundos. Éste tenía la derrota clavada en el rostro. Él y Pryde sabían que se había infiltrado en la boda de Tico y Hux, porque lo vieron a lo lejos cuando Ben se lo llevaba, sin embargo no intervinieron y no planeaban mencionar el incidente porque no les convenía.
Habían pensado en que Finn iba a poder hacer algo para impedir la unión, pero se equivocaron en eso. Sin embargo, Snoke tenía dos ases bajo la manga, y estaba a punto de lanzar uno de ellos.
Antes de la boda, Pryde se había encargado de recabar información acerca de la hija de su mejor amigo Hue y el pelirrojo insufrible, mano derecha de él. El romance había surgido de la nada y no había antecedentes de que fueran pareja desde hacía tiempo. La prensa Rosa había mencionado eso un sin fin de veces. Y ellos no eran tontos. Apenas días después de la muerte de Hue, ellos se habían comprometido. El contacto en la joyería en donde Armitage había comprado el anillo de compromiso lo comprobaba. Pryde y snoke sabían la razón: El testamento.
Esos dos jovencitos querían verles la cara, pero no lo harían sin que ellos les dieran pelea. Ambo asistieron a la boda con la idea de descubrir algo más, y ciertamente no lo lograron. Snoke debía admitir que Rose y Armitage merecían un gran premio por sus actuaciones. Pero eso no iba a ser suficiente para mantener su farsa. No si agregaban a Finn de forma correcta en la ecuación. Pryde había estado en desacuerdo de incluirlo una vez más pero Snoke aún creía que podía por lo menos preparar el terreno y además, manejar el lavado de dinero sin ser tan consciente de ello.
— ¿Me llamaba para algo? —se atrevió a preguntar el muchacho al ver que Snoke estaba callado.
— Finn llevas años trabajando para mí y sabes que te tengo en alta estima por tu trabajo y lealtad hacia mí y mis negocios. Eres un joven brillante y un administrador talentoso —comenzó Snoke con cautela. El chico se relajó y una sonrisa de regocijo apareció en él. Estaba picando el anzuelo—. Me voy a meter en algo personal y te pido una disculpa por adelantado por ese hecho.
— ¿Señor? —preguntó Finn mirando a su jefe y luego a Enric.
— Sé que antes estuviste comprometido con Rose Tico y que disolviste eso en el momento en que te propuse una mejor vida para ti fuera de Naboo y, creeme que lo lamento —Finn que esperó cualquier plática menos esa ladeó el rostro.
— No comprendo por qué estamos hablando de este tema, pero si me permite aclarar, no fue culpa de usted. Le agradezco que se preocupe por mí, pero eso ya quedó en el pasado. Rose ahora está casada con alguien más y no quiere tener nada que ver conmigo por eso. Ella ama a ese tipo.
— Yo dudo eso joven Storm —soltó al fin Snoke casi relamiéndose la boca por la duda que veía en el chico—. Creo que aún podrías hacer algo para recuperarla.
— De verdad que no estoy entendiendo nada.
— Tienes que saber que ellos se han casado porque Hue Tico dejó una cláusula estipulada en su testamento de que debían hacerlo para poderse quedar con todo lo que él en vida construyó. Les obligó a contraer matrimonio y tienen que permanecer así un año. Me temo que el joven Armitage Hux sólo está interesado en la pequeña Rosie porque quiere poder y quedarse con la empresa de su padre. Después de tantos años de trabajar para él, se cree merecedor de heredar ese imperio. Incluso, va a heredar una parte que nos corresponde a nosotros como accionistas y bueno, no pudimos hacer nada para impedir que contrajeran matrimonio. Rose parece estar cegada a mantener la promesa a su padre de cumplir sus instrucciones, pero nosotros tememos que ese contador se aproveche de ella.
— ¿Pero... ¿Qué demonios? Eso no es posible. Rose no tiene necesidad de hacer eso y menos quitarles algo que les corresponde a ustedes —bramó Finn alterado—. Yo lo voy a arreglar, ese maldito Armitage me debe una muy grande —dijo aun sintiendo el dolor en la mandíbula que le había dejado su patada.
— Entendemos que quieres salir corriendo y hablar con ella, pero te aconsejamos que lo tomes con algo de cautela —habló al fin Pryde.
— ¿Y qué sugieren? —preguntó Finn recargándose en el respaldo de su silla.
— Sugiero dejarte aquí en Naboo y darte acceso a los dos negocios que controlamos Enric y yo: los centros comerciales de Hoth y Bespín. Necesitamos que los administres y nos ayudes a hacer algunas transacciones para asegurar nuestro dinero. Armitage nos quiere robar lo que nos pertenece, pero con tu ayuda podremos poner nuestro patrimonio a salvo. Pryde y yo hemos sido amigos de Hue desde hace mucho tiempo, le ayudamos a levantar sus empresas con inversiones, no es justo que ese mocoso pelirrojo quiera quitarnos todo y tampoco es justo que quiera quitarte a Rose cuando tú la quieres genuinamente—explicó Snoke.
— Quedándote aquí y haciéndote cargo de eso sin que nadie sepa, nos ayudarás y podrás estar cerca de Rose para recuperarla poco a poco y salvarla de las garras de la ambición de Hux —prosiguió Pryde.
— Vamos a desenmascarar juntos las verdaderas intenciones de ese contador de cuarta. Mantendremos vigilado a ese matrimonio desde las sombras. Seguramente Armitage cometerá un error y estarás listo para eso —aseguró Snoke esbozando una sonrisa con su cara desfigurada.
— Bien… entonces, ¿qué es lo primero que debo hacer? —preguntó el joven Storm con aire decidido. Pryde y Snoke se regocijaron en sus lugares.
Había acuerdos por tomar y cosas por decir y habrá muchas más con la vida cotidiana, asi que, aun tenemos fic para otro ratito según yo y esos bebés xD.
Como me lo ha enseñado mi propia experiencia del año pasado (xD), no me voy a meter a escribir nada más hasta que acabe esta historia.
Gracias por su apoyo a todas.
Gracias por leer este fic.
