Capítulo 8.
Era lunes por la mañana y la alta rubia jamás había esperado el inicio de semana como en ese momento. Desde que había abierto los ojos, recordó que ese día tendrían de vuelta a Armitage "enamorado y recién casado" Hux y se apuró a alistarse para llegar puntual a la oficina.
Una hora después, misma que se le había hecho eterna, Phasma escuchó a lo lejos la voz de su jefe y ahora amigo, dándole los buenos días a los empleados que ya trabajaban desde sus cubículos.
La secretaria no pudo esconder su sonrisa cuando el trajeado sujeto llegó hasta su escritorio y la saludó con una enorme sonrisa que no le había visto nunca. Además, reparó en que llevaba, aparte de su portafolios, una lonchera en la otra mano, algo inusual en el contador.
— Hola, Phas —le saludó evidentemente animado—. ¿Pendientes? ¿Algo sucedió en mi ausencia? ¿Pudieron manejar todo? ¿Se salió algo de control? Dime que nada se salió de control, por favor.
— Oh, oh… para ahí señor don casado y primero cuéntame todo —pidió ella apoyando el rostro sobre sus manos, lista para fangirlear.
— Phasma, primero lo primero. Pendientes —corrigió él ya pasándose de largo a su oficina, obligando a la rubia a pararse y seguirlo con agenda en mano.
— De acuerdo, jefe —soltó resignada frunciendo la boca—. La verdad es que no tuvimos ningún inconveniente, todo marchó de maravilla y recomiendo hacer este tipo de cosas porque es sano para todos que se distribuya el trabajo equitativamente. Esas carpetas de ahí son para el visto bueno, los chicos acabaron los pendientes y en la nube de tu computadora están los demás reportes que solicitaste, así que puedes estar tranquilo ningún balance salió en rojos, ningún peso de más o de menos. Todo cuadró.
Él asintió complacido y asombrado.
— De acuerdo. Revisaré esto y después tendremos una junta, es hora de empezar a delegar ciertas actividades o me voy a volver loco.
— Vaya eso no me lo esperaba, pero lo felicito señor —comentó la secretaria asombrada de que el jefe quisiera dejar de controlar absolutamente todo lo que pasaba en ese despacho—. ¿A qué hora estaría bien esa junta? —preguntó con la pluma sobre la agenda, lista para anotar.
— A las doce —dijo él ya tomando asiento frente a su escritorio.
— Bien, si eso es todo estoy lista para escuchar —comentó Phasma también sentándose. Hux rio y negó con la cabeza.
— Todo está bien Phasma. Rose y yo estamos tranquilos. Apenas vamos por dos días de casados y esto es un acuerdo. Así que no dejes volar esa imaginación tan novelesca que tienes —la secretaria resopló ante la respuesta de su jefe.
— De acuerdo —dijo poniéndose una mano en el pecho, ofendida—, ya me di cuenta que no me quieres contar nada.
— Porque nada ha pasado.
— ¿Se van a ir de luna de miel? —presionó la rubia, cruzando una pierna y enderezándose.
— No. Yo debo trabajar y ella también. Además, no veo sentido en gastar tanto dinero solo para llevar esto a otro nivel —ella curvó las cejas asombrada.
— ¿Su relación?
— La farsa, Phas —dijo entre dientes y acercándose a ella sobre el escritorio—. Es innecesario irnos a un viaje y pretender más de lo que ya lo estamos haciendo.
— La gente no lo va a percibir bien, yo nada más te aviso eh. Es raro que una pareja de jóvenes enamorados y recién casados no hagan ese viaje tan especial.
— Pues que la gente piense lo que quiera, prefiero invertir mi dinero en otra cosa.
— Ash, de verdad que eres un anti romántico Armitage Hux —le acusó.
— ¿Perdona? —le preguntó parpadeando y dándole la oportunidad de retractarse.
— Nada, nada —movió la mano restándole importancia a lo que acababa de decir antes de hacerlo enojar—. Bien, si no me necesitas para nada más, regresaré a mi lugar —él asintió.
— Es todo por ahora Phas. Gracias —ella se puso de pie y cuando ya estaba saliendo del lugar se dio la vuelta.
— Se me olvidaba, ¿quieres que te pida la comida? ¿de dónde te gustaría?
— No… hoy no —negó con la mano—. Rose me puso el lunch… —Phasma alzó una ceja y puso cara pícara, lo que hizo sonrojar al contador—. Quita esa cara y ve a tu lugar.
— De acuerdo, jefe. Me retiro —canturreó sin esconder su diversión.
Armitage negó con la cabeza y una vez que la secretaria cerró la puerta, apoyó su peso en el respaldo de la silla giratoria.
Pese a que estaba de vuelta en su mismo lugar de trabajo, con su aparente misma rutina, presentía que aparte del enorme cambio en su estado civil, casi de un día para otro, también habría muchas más cosas que iban a dar un giro. De a poco ya habían comenzado.
En la mañana cuando salió de su cuarto ya ataviado con uno de sus trajes que ocupaba para ir a la oficina, encontró a Rose en pijama en la cocina. Al principio pensó que verla ahí se debía que ella se había levantado temprano para ir al club de Dameron como acostumbraba para hacer ejercicio. Después descubrió que en realidad la razón por la que madrugó era él, pues le había preparado una lonchera para que tuviera qué comer. El gesto le pareció muy lindo de su parte. Él jamás había tenido a alguien que se preocupara por él en ese sentido, y ella estaba siendo muy atenta.
Antes de irse, su esposa le dijo que iría a su tienda y qué pensaría en lo que quería hacer con su carrera. Él le hizo saber que la apoyaba en lo que fuera, y que siguiera su verdadero sueño. Esa fue la única forma en la que se le ocurrió regresarle el detalle a Rose.
De ida al despacho se la pasó pensando. No sabía exactamente cómo era el comportarse como un "esposo", porque nunca antes estuvo casado, no tenía amigos y el matrimonio de sus padres fue una experiencia horrible para él que no iba a usar de referencia, pero pensó en que lo descubriría junto a ella.
Sabía que llevaban nada conviviendo juntos en su casa y que igual se estaba adelantando a pensar, pero, todo pintaba muy diferente a lo que los dos habían planeado y a lo que incluso él llegó a pensar el día de su boda. Había pensado en alejarla para que cada uno hiciera lo que quisiera, y ahora, quería pasar tiempo con ella… con la verdadera Rose que se asomaba entre sus palabras directas y presuntuosas.
El sentimiento de protección que estaba desarrollando hacia su esposa también le indicaban que, muy a resistencia, se estaba enamorado de ella.
El contador encendió su computadora portátil y antes de ponerse a revisar números y cuentas, le echó una mirada a la fotografía de Rose que descansaba sobre su escritorio.
Estaba contemplando la hermosa sonrisa que ella posaba cuando el sonidito de las notificaciones indicó que le había llegado algo al celular. Tomó el aparato y se quedó viendo un rato la pantalla.
Hue no mintió, Solo había ejecutado la transacción.
En el escenario que imaginó al principio de todo, cuando el abogado les dio a leer el testamento, él hubiera sido feliz por tener en su poder lo que le correspondía, aunque fuera sólo la mitad.
Hux pensó que era cuestión de perspectivas porque definitivamente tenía con él, algo que ahora quería… aunque fuera a medias.
Pasó un dedo por el cristal que se interponía entre el papel fotográfico y su piel. sonrió antes de meterse de lleno a su trabajo.
Rose entró al local abandonado de su tienda Millie. Esta vez no perdió tiempo observando los estantes de sus colecciones de ropa y fue directo a su taller en la parte trasera.
Encendió las luces y lentamente, se acercó a su mesa de trabajo. Todo estaba justo como lo había dejado la última vez que estuvo ahí, cuando había besado a Armitage debido al influjo del bendito whisky coreliano.
Se llevó las manos a los labios, recordando la calidez y dulzura que ya extrañaba sentir, pero enseguida movió la cabeza para concentrarse en lo que había acudido a ese lugar.
Tomo la tela de satin en tono perla que dejó abandonada y observó los patrones de esa nueva colección que se suponía estaba maquinando.
Rose había ido esperando poder continuar cosiendo, pero el sitio no hacía más que deprimirla pues ya no tenía la vida que antes, ella y sus empleados le daban.
Lo quería intentar. Incluso se lo había dicho a su esposo y él le había ofrecido apoyo, lo que en verdad le motivaba, pero en contra parte, también se sentía mal… mal por no estar en igualdad de condiciones con él que era un contador muy trabajador y responsable. Ella a su lado ya no parecía ostentar la fama de diseñadora de ropa que alguna vez tuvo. La tienda cerrada desde hacía meses le recordaba su fracaso y su incapacidad por tomar una decisión de una vez por todas.
Metida en sus reflexiones, fue hasta la máquina de coser que había heredado de su mamá y con la cual, había hecho miles de creaciones, tanto de chica, al lado de ella como ya en su carrera. Aquella era una de sus posesiones más preciadas pues le hacía sentir que en cada puntada, su madre estaba a su lado aprobando sus trazos.
— Madre… ¿te enojarías si te digo que mi sueño era diferente al tuyo? —murmuró con algo de pesar.
Rose sabía la respuesta. Sabía que si había tomado la decisión de dedicarse a la industria de la confección y moda había sido sólo por ella misma y por querer llenar ese vacío que había dejado la muerte prematura de su mamá. Ni su padre, ni Paige le habían presionado en ese sentido.
Había creído que era lo que quería y que todos estarían felices con eso, hasta ella. Rose pensó que quizás eso solo fue el pretexto que se vendió, pues tenía miedo a mostrarse como era. Incluso con Hux le pasaba eso… aunque últimamente, se estaba dejando llevar y se preguntaba si, avanzados los meses, sus sentimientos por él llegarían aún más profundo y podría llegar a develar su verdadero ser ante él.
Su celular vibró en la bolsa de su pantalón y al sacarlo una notificación bancaria apareció en pantalla. Su padre había cumplido, una parte de su dinero estaba en su cuenta. Supuso que Armitage estaría muy feliz por eso. No lo culpaba, ella misma se imaginó antes de la boda saltando de felicidad cuando los viejos no pudieran hacer nada para seguir robándole. Pero nada estaba saliendo como esperaba… se preguntó si eso también era parte del plan de su papá.
— Ni creas que voy a darte nietos, eh —lanzó mirando hacia el techo, cómo si su padre estuviera ahí, viéndola. Se sonrojó por su propio comentario y antes de que su mente volara hasta galaxias inexploradas, se dio unas palmaditas en las mejillas, regresando a la realidad.
Rose, sabía que era hora de dejar de escudarse en el discurso que se repetía siempre. Aún podía hacer algo para redirigir su camino. Su alma creativa pedía un cambio que sería drástico y eso, con su poca confianza hacían que fuera aterrador.
Y a la vez, el simple hecho de haberle comunicado a Hux su deseo por retomar su carrera había subido sus ánimos a tope.
La chica pensó si era normal que la boda le estuviera moviendo todo por dentro. ¿Estaba mal querer cambiar no sólo por ella sino por ser una digna compañera de su esposo "ficticio"?
Sin dar más tiempo para las dudas, fue hasta su bodega y tomó una caja vacía. El corazón le bombeaba de prisa por los nervios, pero ya lo había decidido.
No tardó más que veinte minutos en llenar el audi con todo lo necesario: telas, cajitas con hilos, sus reglas, la tisa de costura, su cinta métrica y la máquina de coser portátil. Se frustró porque no fue capaz de meter el maniquí que usaba para colocar sus creaciones, pues las dimensiones eran más de lo que cabían en su auto, pero pensó que podía arreglárselas de alguna manera y que le pediría a Armitage que fuera por él en su camioneta después.
Se subió al carro y manejó hasta la casa que compartía con Hux, deseosa por poner manos a la obra.
El buen ánimo del pelirrojo acabó nada más puso un pie en el comedor de su casa, mismo que acababa de perder tal función, pues se había convertido en un taller de costura improvisado por Rose.
Hilos, retazos de tela y pelusas esparcidos en el suelo. En la mesa, las herramientas de la diseñadora desperdigadas mientras Rose yacía en una esquina, frente a una máquina de coser.
— Rose ¡por los Siths! ¿Qué está pasando aquí? —exclamó dejando en una silla su portafolios y la lonchera para centrar toda la atención en su esposa.
— Pues que te hice caso, eso está pasando —explicó de forma calmada, apagando la luz de la máquina—. Decidí hacerlo. Millie va a cambiar —anunció dejando ver su hermosa sonrisa—. Tenías razón… tengo que intentarlo, y es lo que estoy haciendo.
— Rose… yo… —comenzó él, conteniéndose porque no quería hacer menos su ánimo—, me alegra de verdad, es… es maravilloso.
— Eres muy malo fingiendo, ¿sabías? —comentó ella dejando caer los brazos sobre su regazo.
— Es que… —él se llevó los dedos al puente de la nariz. Enserio tenía un problema con el desorden, le causaba ansiedad—, no pensé que fueras a traer todo aquí. Mira, tú tienes un taller para esto… la casa no es… dios… hay hilos y retazos por doquier —explicó posando la mirada en el suelo y pateando con la punta del pie lo que él consideraba basura.
— Pues ni modo. Necesito un lugar nuevo. El local sólo me deprime, no quiero volver ahí por ahora.
— Siento decirte que terminarás volviendo algún día… —dijo, apretando los labios.
— En su momento será —comentó algo irritada—. Pensé que ibas a alegrarte de que al fin estuviera haciendo algo con mi vida y no fuera perdida por el mundo —lanzó, herida—, y dijiste que me apoyarías…
Los ojos negros de Rose se apartaron de su labor y lo miraron fijamente. Él no pudo seguir molesto, aunque quiso. Lentamente, sintió su cuerpo relajarse y bajar la guardia. Ella estaba enojada, pero Hux también le percibía el rastro de dolor en su tono de voz.
— Si, lo dije —admitió—, es sólo que no era lo que tenía en mente.
— Lo sé —le contestó elevando los hombros. Armitage se rascó la cabeza.
— Vas a colmar mi paciencia, querida —soltó el aire.
— Aprenderás a soportarme, querido —comentó Rose deteniéndose a mirar la tela—. Anda, ve a cambiarte y siéntate a mi lado para que me cuentes tu día en lo que hago esto—pidió Rose.
Aunque pensó que nuevamente el pelirrojo replicaría, lo vio asentir y darse la vuelta.
Media hora después de una ducha, Armitage ya se había sentado junto a ella y charlaban de cuentas y clientes; de Phasma y su obsesión por saber acerca de ellos dos y del lunch delicioso que ella le había empaquetado, todo mientras Rose seguía concentrada en lo suyo.
Él que relataba su día, aprovechó la ocasión para observarla detenidamente mientras trabajaba. Rose no era consciente de la mirada, y si lo era, no le estaba incomodando. El rostro de la diseñadora estaba serio, sus ojos rasgados se movían ágilmente siguiendo la trayectoria de lo que cortaba con las tijeras y sus labios estaban entre abiertos. La visión lo hechizaba por completo. La estaba viendo en su elemento, engarzando las cuentas de su destino, hilando el paso al camino, cortando el miedo que la paralizaba.
— Te quedaste callado… ¿qué pasa? —pronunció ella volteándolo a ver. Él se sorprendió un poco ante lo que ella acababa de señalar.
— Pensé que no me estabas escuchando.
— Claro que lo hacía, me estabas contando de la junta…
— Ah si… decía que la junta estuvo bien y como todo marchó con normalidad en la oficina el día que nos casamos, decidí soltar la contabilidad de las empresas grandes a mis empleados más destacados y responsables.
— Vaya… eso es un gran paso para alguien tan controlador como tú.
— Tomaré eso como un cumplido —le dijo entornando los ojos.
— Me sorprende que no te tomes mi comentario a mal, hoy te veo más animado —lo cual lograba alegrarla a ella también y, sin embargo, la sombra de una duda cruzó sus pensamientos y recordó cierto detallito que había ocurrido durante la mañana—: ¿Es porque Ben ya nos ha depositado el dinero que nos llevó a iniciar esto?
Él frunció con decepción la boca. Constantemente sentía que avanzaban un paso y luego, retrocedían tres.
— En parte por eso —contestó escondiendo la verdadera razón, para sí.
— Por supuesto que lo es ¿qué se iba a esperar de un contador? —concordó sin hacer contacto visual la chica—, evidentemente todo se trata del dinero.
— No somos tan diferentes… —murmuró el pelirrojo. Ella alcanzó a escucharlo y se sintió muy mal por haberle lanzado su veneno. Le hería pensar que él, si estuviera siguiendo con el acuerdo y que no sintiera nada, a diferencia de ella.
No dijo nada más. Hux se puso de pie y salió de la habitación para ir a la contigua, que era la sala. Rose se mordió el labio en reproche y llevó las manos a la cabeza.
— Bien, Rose Tico… ¡bien! —se regañó.
Armitage tenía pocas fotografías de su madre, pero la que más atesoraba era una en donde ella estaba sonriente, mirando hacia el lente que la tomaba, mientras se agarraba la barriguita de embarazada.
Cuando se sentía triste o vulnerable, se dedicaba a observarla, evocando a los buenos momentos que tuvo con ella en donde su padre jamás empañó la felicidad entre madre e hijo.
Varios años habían pasado desde el fatal episodio, y aún le dolía recordarlo. Aún la extrañaba y sabía que eso era algo que jamás iba a desaparecer, aunque ya elegía prendarse de los bellos recuerdos y atesorarlos. Varios de esos eran de los dos cocinando, pues su madre tenía una habilidad excepcional en ello porque en su juventud había sido cocinera y le enseñó muchas recetas.
Armitage estaba sentado en el sillón, recordando los guisos que su madre solía hacerle, cuando sintió la mirada de su esposa sobre él. Rose entró quedita, apenada.
Él giró el rostro lentamente, eligiendo mirarla, y se encontró con la disculpa en su cara antes de que se lo hiciera saber de viva voz.
— Lo lamento —se acercó vacilante hasta él pensando que quizás iba a rechazar sus palabras pero él no se movió. Aun temerosa de arruinar aún más todo, se sentó a su lado.
— ¿El qué exactamente? ¿Ser tan directa? —contra atacó.
— Si… bueno no… es decir —se tomó el borde de la blusa que usaba y la apretó entre sus manos—, es más que soy imprudente y grosera… lo sé.
— Estamos progresando, al menos ya lo admitiste —ironizó él moviendo la cabeza en un gesto de exasperación. Rose negó y clavó la mirada en sus sandalias.
— Sé cómo soy desde hace mucho. Mamá solía decírmelo todo el tiempo —la sombra de la tristeza se arremolinó en el semblante de Rose—. Ella decía que, mi lengua me iba a meter en muchos problemas y que algún día iba a herir a las personas que amara…
Él parpadeó ante eso último… ¿ella estaba implicando algo hacia él?
— Rose… yo…
— Es ella ¿cierto? —soltó rápidamente Rose, quitándole el retrato de su madre de las manos.
— Si. Ella era mi madre. Esta foto es de cuando tenía cinco meses de embarazo.
— Luce tan feliz. Era muy hermosa —dijo admirando su cabello castaño. Entornó los párpados y se sorprendió al descubrir que los astros celestes que le encantaban, habían sido heredados de ella—. Tienes sus ojos y te pareces mucho a ella físicamente.
— Excepto porque luzco en todo lo demás como Brendol. Alguna vez llegué a odiar mi apariencia por eso —señaló su cabeza y no entró en detalles pero Rose entendió.
— A mí me gusta tu cabello —le dijo tomando un mechó de su fleco ladeado. Aunque después se puso nerviosa al darse cuenta que estaban muy cerca, lo cual igual parecía una tontería porque no era como que antes hubieran guardado mucho las distancias—. Además, y lo más importante… estoy segura que, eres como ella.
— ¿Un tipo con problemas de control y trabajador en exceso? Déjame decirte que mi madre no era así.
— No Armitage —negó—, me refiero a que eres una buena persona.
Él abrió la boca para decir algo, pero la fue a cerrar de nuevo asombrado por la dulzura que irradiaba de su esposa.
— Nos hicieron falta nuestras madres ¿no es así? —Rose conectó las miradas y por sus ojos se asomaron las lágrimas.
— Definitivamente —asintió Hux—, pero la tuya estaría muy orgullosa de ti, por lo que estás haciendo. Ella te apoyaría, al igual que tu padre y que tu hermana.
— Gracias, en verdad —los dedos de Rose atraparon el llanto, limpiándose enseguida las gotas que ya estaban corriendo y recomponiéndose enseguida—. Los tuyos también estarían orgullosos. No sé sobre tu padre, pero…
— Mi padre fue Hue —le aseguró—, y creo que, fue tanto lo que me esforcé en que se viera de esa forma que, evidentemente me gané la enemistad de su hija consentida. Siempre te taché de caprichosa pero ahora me doy cuenta que en cierta forma, también quise usurpar un lugar y estuve peleando por su reconocimiento, porque no lo tuve de mi padre biológico.
La revelación dejó a Rose completamente desarmada. Recordaba lo mal que le caía y las cosas horribles que llegó a decirle a su padre sobre Armitage. Y qué decir de las miradas de odio que alguna vez le echó.
— A decir verdad, creo que te he juzgado mal desde que te conocí. En realidad, si estaba celosa por el cariño que te tenía mi padre y porque te colaste en la familia. Pero, papá te lo dijo en el video. También te quería como un hijo y probablemente, de no haberte encargado del sinnúmero de cosas que él te confió por lo increíblemente bueno que eres para lo que trabajas, Paige y yo no hubiéramos tenido la oportunidad de viajar con él y disfrutarlo los últimos meses de su vida, así que, gracias por eso. Él nos dejó y definitivamente ha sido muy difícil para ambas, aunque sospecho que más para mí porque Pai es muy fuerte y valiente, pero tampoco me he puesto a pensar que tú también lo perdiste y que seguramente te duele y te afecta de forma diferente a la mía.
— A veces se retrocede un paso y se avanzan tres —pensó Armitage—. Lo extraño también. Es triste entrar a la oficina y pensar que no tendré ninguna otra charla con él o que no me reprenderá por no irme a casa temprano. No dudo de mis habilidades pero, a veces creo que no podré llenar su vacío.
— Sólo tienes que ser tú. Hacerlo a tu forma y tu visión. Él confiaba en ti y yo lo hago, así que deberías empezar a creer en ti un poco más —Rose tomó la mano de su esposo y le dio una palmadita cariñosa.
— Te pareces mucho a tu padre.
— No, esa es Paige, yo me parezco a mamá.
Hux ya no pudo decirle que él se refería a la forma profunda en la que hablaba, porque ella sugirió hacer la cena. Se pusieron a ello y como el comedor estaba ocupado, se sentaron en la sala cuando los alimentos estuvieron listos.
Platicaron un rato más y vieron otro capítulo de la serie por la que Rose alucinaba.
Se fueron a dormir se parados. No hubo besos, abrazos u otra forma de cariño que no iban a negar, ya querían sentir de nuevo, pero las palabras que se regalaron ambos los hicieron sentirse un poco más cerca.
— Jefe, te busca el Abogado Solo —anunció Phasma, molesta.
— Phas, ya te dije tu sacrificio no quedará en vano, ya perdóname.
— ¿Sacrificio? Ben Solo Organa Skywalker Naberrie —pronunció Phasma y Ben sintió algo de incomodidad al darse cuenta que la rubia estaba al tanto de todo su árbol genealógico—. Eso que hiciste se llama TRAMPA —rebatió la rubia enfatizando la última palabra para después salir de la oficina, bastante ofendida.
— No te va a perdonar —comentó Armitage sin despegar la mirada de su laptop. Sus dedos tecleaban rápidamente.
— Lo hará, es cosa de tiempo —elevó los hombros.
— ¿A qué debo este extraño… honor? —preguntó Armitage sarcástico como siempre. Ben sonrió y se acomodó en el asiento frente al contador.
— ¿Un padrino no puede visitar al recién casado para ver cómo va en su matrimonio? Ya pasó un mes… sólo quería saber si todo marchaba bien o si tu casa es un campo de batalla —el pelirrojo dejó su labor y lo estudió con recelo. Sabía que esa no era la razón de la visita pero por más que quiso aguantar en decirle algo lo llevaba acumulando.
— En realidad es un campo minado —explicó—. Todos los días es descubrir alguna manía de Rose.
— Oh… ¿enserio? ¿deja la pasta de dientes destapada?
— No eso no… aunque igual sería muy molesto.
— ¿Qué crimen ha cometido entonces? —presionó Ben ansioso por saber.
— Se la pasa cambiando las cosas de lugar. Las estanterías de la cocina ya tenían un orden, ahora deja los platos y los vasos limpios donde sea y deberías ver el bendito escurridor que parece hacer malabares de cómo lo carga de ollas, sartenes y tazas —se masajeó las sienes—. Se llevó su taller a la casa y no sabes la cantidad de veces que tengo que barrer para que esos molestos hilitos que despeluchan sus telas, desaparezcan. Además de que está ocupando el comedor. ¡Cenamos en la sala! ¡Hazme el favor! —Hux manoteó sobre el escritorio.
— Vaya… diría que te compadezco, pero la verdad es que no puedo esperar a descubrir lo que Rey hará cuando vivamos juntos. ¿Preferirá el lado izquiero o derecho de la cama? ¿Será de las que dejan la ropa fuera del cesto? —se preguntó Ben en ensoñación.
— No es gracioso Solo, enserio. Es muy desordenada, tanto que a veces no encuentra su propia ropa del revoltijo que tiene y ya me empezó a robar mis playeras —comentó encrespado. Dos noches anteriores cuando había llegado, descubrió que llevaba encima su playera azul marino favorita aunque la visión de ese cuerpecito pequeño y bajito usando la prenda que le quedaba de vestido se le antojó sexy, pero no iba a mencionar nada de eso a nadie.
— Vaya, vaya pelirrojo —soltó Solo.
— No, espera —le detuvo mostrándole una palma—, no es lo que te imaginas, eso no ha pasado. Nada ha pasado —añadió nervioso, dándose cuenta que estaba hablando de más. Ben soltó su acostumbrada carcajada—. Basta de hablar de esto, seguro has venido a otra cosa.
— Es evidente estimado Hux que mi estadía en este lugar es por otra cosa, pero aun no estamos en esa parte. Lo que yo veo aquí son dos personas que se están conociendo en el ámbito cotidiano y es lo más normal del mundo chocar con ciertas cosas. Pero sigan así, que pronto se pasa el año e igual y ni se divorcian.
— Esto me saco por estar contándote lo que no te incumbe. ¿Qué quieres aparte de molestar e interrumpir mi trabajo?
— Te traigo noticias.
El semblante de ambos hombres cambió drásticamente de un segundo a otro. Hux sabía que el abogado estaba retomando el tema de Snoke y Pryde.
— ¿Ahora que hicieron esos vejetes?
— Tengo un informante quién me ha confirmado que el que se está haciendo cargo de todo es Finn.
— ¿Y? ¿Por qué presiento que vas a hacer una propuesta descabellada?
— Me alegra que me conozcas lo suficiente para saber que elaboro planes arriesgados.
— Déjate de misterios.
— Mi hipótesis anterior de que usarían a Finn fue correcta así que me voy a atrever a pensar que él es el elemento clave en este jueguito. Pienso que, sería bueno hacer un contra ataque usándolo.
— No te estoy entendiendo ni un carajo. ¿Usar a ese idiota?
— Me encantaría irme a un juicio, pero los procesos legales muy a mi pesar son lentos. Tengo otro tipo de estrategias. Vengo de hablar con Rose. Va ayudarnos con él para traerlo de nuestro lado y que suelte todo lo que sabe. Finn se ha metido en algo delicado y ni es consciente, puedo ofrecerle protección y salir ileso de todo este embrollo si coopera con nosotros.
— ¿Estás demente? ¿Recuerdas si quiera que lo corrimos de la boda y que le partí la cara? Jamás va a querer ayudarnos.
— A nosotros no, pero a Rose sí —explicó Ben, serio.
— Estás jugando con fuego —soltó Armitage algo alterado pero tratando de disimularlo. Ben no pasó desapercibido que el contador tenía las manos en puños sobre el escritorio.
— Y parece que tú ya te estás quemando. ¿Por qué te molestas tanto? ¿A qué le tienes miedo con Storm?
— A nada, sólo es un imbécil, es todo.
— Mira piensa que obtendremos un gran beneficio si ella lo convence, es eso o esperar. Todo sería más fácil si pudiéramos acceder a la información bancaria, pero eso no es posible, ya lo intenté y aunque hice valer la amistad de mi abuela con Rush Clovis, el gerente del banco, no pude obtener nada. Las instituciones bancarias tienen políticas muy fieles a sus clientes y jamás develarían movimientos que nos son esenciales para atrapar a esas dos ratas arrugadas.
— ¿Y piensas hacer que Rose hable con él y lo convenza por las buenas? No me hagas reír, Solo.
— Aunque te cause gracia, es así.
— No estoy de acuerdo —negó Hux, ofuscado. El sólo hecho de que Rose tuviera que ver o hablar con Finn Storm, lo hacía perder los estribos.
— Bueno, eso ya estaba contemplado, sólo vine a hacértelo saber, no te estoy pidiendo permiso ni Rose tampoco, ella estuvo de acuerdo en todo esto.
Armitage se sintió algo herido. ¿Por qué tenía que ser Solo el que le dijera del plan y no ella? ¿Acaso ella quería ver a Finn y que él no les estorbara? ¿Por qué le molestaba tanto?
Ben se puso de pie y lanzó un último aviso:
— Te advierto por el bien de tu empresa, tu dinero y tu matrimonio que no interfieras o hagas algo loco que ponga en juego todo esto.
— Has lo que quieras.
— Oh, eso tenlo por seguro, lo haré.
— Es demasiado, DEMASIADO ordenado —dijo Rose sintiendo cómo sus dedos se aferraban a los bordes de su celular, concentrando ahí su descontento—. Si muevo algo de lugar, así sea unos centímetros, lo regresa a donde estaba y se pone del mal humor ¿qué manías son esas? Luego lo del taller, cuando coso, él está listo a mi lado con recogedor y cepillo en mano para levantar los pedazos de tela. Ya le expliqué que pretendo limpiar cada que acabe la jornada, pero no hay manera.
— Hermanita, entiéndelo, jamás había vivido con alguien —soltó Paige divertida del otro lado de la línea.
— No sé qué hacer, enserio. Chocamos mucho.
— Yo veo que son parecidos, en algunas cosas y que se complementan bien. Su orden te molesta y a él tu desorden. La pareja perfecta.
— ¡Paige! ¿De qué lado estás?
— No te enojes, Rosie. Eso es parte de vivir con alguien, descubrir hasta el más mínimo defecto y que luego eso no sea un impedimento para querer seguir a su lado. Recuerda cuando me casé y descubrí que Bhodi roncaba cual wookie.
— Es verdad, me llamaste la primera noche y te quejaste de eso. Hasta me dijiste que no ibas a poder acostumbrarte.
— Y ahora me arrulla todas las noches —las hermanas soltaron la risa ante el comentario.
— Ay, Paige… pero es que tu lo amas.
— ¿Y tú no amas a Armitage?
— Pai… ya hemos hablado de esto.
— Lo sé, y precisamente por eso te lo digo. Suéltate, déjate llevar. Habla con él, díselo. Puede que te lleves una sorpresa —Paige Tico sólo recibió un suspiro por parte de su hermana menor y decidió dejar el tema—. Bueno no voy a presionarte más con eso. Sólo quiero que seas feliz.
— Estoy bien. No todo es malo. Él me irrita pero, es una buena persona. Ha sufrido mucho pero, trata.
— Me alegra escuchar eso. Sé poco de mi cuñado pero papá alguna vez nos lo comentó. Hay algo muy denso sobre él acerca de su padre, pero sólo él sabe, sólo él y ese dolor que ha cargado, así que compréndelo y escúchalo, ambos lo necesitan.
— Lo sé Pai-Pai… lo sé. Oh cielos, estoy escuchando las llaves, aquí viene. Te hablo luego.
— De acuerdo nena. Te quiero.
— Te quiero igual.
La diseñadora colgó a tiempo para ver que Armitage entraba a casa. Lucía cansado y más serio de lo normal. Quizás había tenido un día difícil en el trabajo y ella pensó que podía compensarlo preguntándole qué quería para cenar y cocinárselo. Además, necesitaba buscar el espacio entre ellos para que hablaran de lo que Ben había discutido con ella horas antes en su visita. A su esposo no iba a gustarle más de lo que a ella, pero quería su apoyo.
— ¡Hola! —murmuró animada, acercándose a tomar la lonchera y su portafolios—. ¿Mal día?
— Si, algo así —contestó un tanto indiferente.
— ¿Tienes hambre? ¿Quieres que te cocine algo?
— No, la verdad es que prefiero irme a dormir. Me duele mucho la cabeza.
— Ah, bueno una pastilla podría arreglar eso. Te la busco.
— Tengo en mi cuarto. Gracias —contestó tirando las llaves en la mesita de la entrada. Rose lo siguió con la mirada. Sentía el muro nuevamente entre ellos, aunque no quiso ser extremista. Quizás el trabajo lo estaba agobiando. Respiró profundo y lo miró caminar por el pasillo, hasta que cerró la puerta de su recámara.
Ella se acostó tarde, metida en el vestido de novia que estaba bordando, pero también esperando por si él salía de nuevo, cosa que no sucedió. Cuando Rose descubrió que cosía por inercia y había pegado mal unas perlas, decidió que era hora de dormir antes de arruinar más su trabajo.
Se sentía triste, pero no quería sucumbir a ello. Sólo era un mal día y todos podían tener uno así.
A la mañana siguiente, cuando abrió los ojos y comprobó la hora se lamentó por haberse desvelado. Eran las diez de la mañana y él ya no se encontraba en casa. La oportunidad de verlo se había perdido.
Trató de calmarse y no pensar nada, pero la ansiedad le carcomió. Quería hablarle pero también temía que le rechazara en la llamada.
Decidió entonces hablarle a Rey y compartir su sentir, cosa que la tranquilizó demasiado. Su amiga le hizo ver que suponiendo cosas no llegaría a ningún lado y que lo mejor era llamarle o enviarle un mensajito. No era necesario tocar el tema aún porque eso debería hacerse en persona, pero así ella podía mostrarle su interés por él.
Después de esa llamada de una hora entre las dos mejores amigas, quedaron para verse pronto pues Rey tenía algo importante que decirle, pero prefería que fuera en persona.
Con los ánimos más renovados, la jovencita de ojos rasgados tecleó el contacto de Taggie y esperó en la línea. No obtuvo respuesta.
Insistió una vez más, pero la llamada fue desviada. Pensó que estaba ocupado en alguna junta o con algún cliente. Le dejaría un mensaje de texto, esperaría su regreso a casa más tarde y hablaría con él.
Tenía rato que Armitage no hacía ejercicio. Ese día había decidido que lo necesitaba para desquitar su furia y estrés de alguna manera. El horario después de la oficina en el club de playa le era conveniente porque la mayoría de la gente asistía antes de ir a sus trabajos y había poca gente que pudiera estorbarle en su rutina.
Corría a todo lo que daba sobre la caminadora, explotándose para cansarse y liberar su tensión.
Estaba enojado porque Rose no le había dicho nada acerca del estúpido plan de Ben y a la vez, se decepcionaba de sí mismo por estar actuando como un adolescente. El encerrarse en su cuarto y no hablar con Rose no iba a solucionar nada, pero tampoco sabía cómo abordar el tema sin evidenciarse o sin terminar diciéndole que sentía algo por ella.
Minutos después, exhausto y colorado por el esfuerzo se bajó del aparato y se dirigió a las duchas para tomar un relajante baño que lo ayudó a calmar su cabeza y a pensar.
Ya listo, atravesó el complejo, encontrándose a Dameron y a Rey en el camino. Los saludó con un además y apretó el paso pues a juzgar porque también estaban recién bañados, se dirigían al estacionamiento y él prefería estar solo porque no tenía muchas ganas de hablar.
Metió su maleta deportiva a la cajuela y bajó la puerta. Cuando estaba por girarse una voz ya conocida para él le alertó.
— No sabes cuánto tiempo esperé a encontrarte solo, infeliz.
Armitage sintió un empujón que lo hizo revotar contra la parte trasera de la camioneta, sacándole el aire y cayendo de rodillas al suelo.
Dio unas bocanadas audibles, esperando recuperar el aire. Cuando éste entró a sus pulmones provocándole ardor pero algo de alivio, pudo girarse lentamente. Se encontró con la cara de Finn. Le miraba altivo.
— Ahora si vamos a estar a mano, pelirrojito.
Anunció antes de lanzarse sobre él con el puño cerrado.
Rose colgó la llamada. Rey le había dado santo y seña de lo que había sucedido minutos antes en el estacionamiento de Poe.
Quería salir corriendo para matar a Finn con sus propias manos e ir por Armitage, pero su amiga le convenció que se quedara en casa porque su esposo estaba yendo para allá.
Armitage no había dejado que Rey llamaran a la policía o a la ambulancia y se marchó nada más recuperó el aliento.
Gracias a la fuerza, Poe se había metido impidiendo que Finn le hiciera más daño al pelirrojo y entonces fue el turno de lanzar los improperios. Su ex prometido había atacado a su actual esposo, acusándolo de estar usándola y de haberse casado con ella sólo por su dinero.
Era como Ben le había mencionado. A Finn le habían lavado el cerebro y engrandecido el ego.
Rose daba vueltas por la sala, esperando, preocupada. Por lo que Rey mencionó, Armitage no había podido defenderse por que el cobarde del administrador lo agarró de espaldas, así que ella esperaba que no tuviera alguna contusión seria.
Hux ya había tenido su oportunidad en la boda, pero ella se las iba a cobrar. Quería venganza.
El ruido de un auto se escuchó afuera y ella corrió a asomarse a la ventana. Era él. Había llegado.
Arrastraba los pies con pesar. El cuerpo adolorido y el orgullo lastimado.
Entró directo a la cocina, abrió el congelador y vació una bandeja de cubitos de hielo en la toalla de manos que estaba ahí.
No escuchó a Rose, pero supuso que estaba en su habitación. A paso lento se fue a la sala, resbaló el cuerpo lentamente en el sillón.
Sostenía con una mano la bolsa de hielo que presionaba contra el pómulo derecho. Su mente reproducía una y otra vez el momento en que había sido atacado cobardemente.
Le quedaba la satisfacción de no haberlo dejado irse ileso y haber defendido su matrimonio de las habladurías de un mocoso petulante.
Su escuálido cuerpo no se comparaba con el corpulento de su antagonista, pero eso no lo amedrentó ni un segundo, pese a que la situación fue diferente a cuando él le dio la golpiza en su boda.
El ruido de las pisadas de su esposa se fue acercando hasta que su figura apareció en el umbral de la sala. La mirada azulada de él chocó con los ojos negros de Rose que se lo quedó viendo unos segundos. Él no pudo descifrar si estaba enojada, preocupada o le era indiferente, pero casi obtiene su respuesta segundos después, pues ella se dio la vuelta sin decir nada más.
El contador suspiró cansinamente y movió la cabeza en negación al comprobar que, en efecto, había sido un grandísimo idiota al defenderla del imbécil de su ex y ponerse en evidencia en el proceso, porque a Rose no le importaba nada de eso. Aunque no la culpaba, después de todo, estaban juntos por sus ambiciones y no por otra cosa ¿no?
Supuso que los avances que creyó tener como pareja, no eran indicios de nada.
Él seguía lamentándose en silencio, cuando, para su sorpresa minutos después Rose entró con un botiquín médico que seguramente había llevado con la mudanza. Lo dejó en la mesita de centro y se sentó a su lado. Le echó un vistazo rápido a su cara y luego estiró la mano para abrir y buscar los aditamentos necesarios para la curación. Tomó una torunda de algodón y ladeando el bote de isodine la empapó.
La diseñadora giró su cuerpo hacia Armitage que seguía cada uno de sus movimientos en silencio.
— Quítate un momento el hielo —habló al fin ella y él obedeció, aunque el tono que había empleado distaba mucho de ser de autoridad o de molestia.
Rose llevó un dedo al mentón de Armitage para poder apreciar bien las zonas de su blanca piel que debía limpiar: tenía el labio inferior roto y un golpe en la mejilla que se divisaba en un gran círculo enrojecido. La diseñadora bajó la vista y descubrió los nudillos de Hux magullados.
Él la escudriñaba mientras ella hacía lo mismo con sus heridas y tenía que reconocer que la tranquilidad de su esposa lo tomaba por sorpresa, puesto que esperaba gritos y reclamos de su parte.
— Rey me lo contó —soltó ella al fin al tiempo en que empezaba a pasar el algodón húmedo sobre su labio inferior, buscando remover la sangre que tenía ahí.
Hux asintió. Esperó sentir ardor ante el contacto del antiséptico, pero una vez más se equivocó. Que Rose se enterara, era algo que se esperaba puesto que las chicas eran mejores amigas y se contaban todo.
— Fue estúpido —le aseguró. Ella alzó una ceja.
— ¿Fue estúpido defenderme? —soltó, deteniéndose en su mirada al formular la pregunta. Él sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo y se le erizó el vello de los brazos. Algo raro estaba pasando, era casi palpable.
— No, no quise decir eso —se excusó, parpadeando para salir del trance—. Fue estúpido de mi parte actuar así, sabiendo que ese tipo iba a molerme, pero…
— ¿Pero…? —presionó ella ante el discurso que su esposo había dejado en el aire.
— No podía permitir que hablara así de ti… y todo lo que dijo de nosotros… que nuestro matrimonio estaba arreglado, que yo no te quería…
— Oh… —soltó ella dejando ya a un lado el algodón y centrando toda su atención en él—, ¿y eso que dijo no es verdad? —el corazón de Rose bombeó con violencia esperando la respuesta. Conocía a Armitage y desde que trabajaba con su padre jamás le conoció un escándalo, una pelea o un problema personal de la índole que había tenido con Finn ya dos veces. No quería agarrarse de ello, pero no podía evitar sentir que también en él pasaba algo.
— Ya no lo sé… no estoy seguro —dijo sincero sin quitarle la vista. Era la verdad. Los días con ella en su casa habían cambiado. Se encontraba más alegre y relajado, hasta Phasma se lo había dicho. Delegaba el trabajo que años antes hubiera guardado celoso para hacer él. Miraba esa fotografía sobre su escritorio más veces de las que quisiera admitir y se apresuraba a llegar a casa sólo para verla y escucharla hablar. Estaba harto de pretender que no la quería y que no anhelaba terminar con ese jueguito de la casita y los esposos postizos para ejercer ese rol con todo lo que implicaba y porque lo quería. Porque la quería.
— Taggie… yo… —susurró ella, callándose porque se estaba perdiendo en sus ojos. La expresión de su esposo era de sorpresa, pero a la vez, relajada… Con cuidado y siguiendo lo que su cuerpo y corazón le pedían Rose dejó su labor de curación a un lado, dejando los aditamentos en el sillón y le tomó la mejilla. Tocó esa espesa barba que él se había dejado a petición suya y sintió la electricidad entrarle por las huellas dactilares hasta llegar a su corazón aumentando sus ya de por si desbocados latidos. Se quedaron viendo por unos segundos que parecieron una eternidad. Ella comenzó a acercarse, aun viéndolo a los ojos, temerosa de que la apartara. Hux fue más rápido. Cuando se dio cuenta de lo que iba a suceder, la tomó de la cintura con una mano y con la otra le agarró el cuello para guiarla a sus labios.
El dolor que sintió en el labio inferior por el golpe se fue mitigando poco a poco mientras Rose lo besaba con dulzura. No era su primer beso, pero sí que era diferente a los que ya se habían dado.
Era tímido y dulce. Los labios de ambos se rozaban delicadamente como ejerciendo esa pausa para disfrutarlo y perderse.
Cuando se separaron él fue el primero en hablar:
— Rose… esto… ¿Qué significa para ti? —quizás podría parecer obvio, pero no lo era, o más bien sí, pero quería saber de viva voz de su esposa.
Sin embargo, ella bajó la mirada. Armitage pudo ver el rubor en sus mejillas y su duda, pues se frotaba las manos.
Rose sabía lo que pasaba hacía tiempo. La estancia en casa de Armitage y su convivencia habían resultado todo menos lo que esperó y más bien, él era todo menos lo que creía saber. Podía verse como un tipo calculador, serio, un hueso difícil de roer y lo era, pero ella había sobrepasado esa línea, quizás porque él se lo había permitido o ella lo había hecho por mérito propio y daba igual eso, pero frente a ella se encontraba un hombre sensible, detallista, con un interior lleno de dulzura… y contra todos sus pronósticos, había quedado prendada de él. Era el momento de hacérselo saber, pero sus demonios no la dejaban hablar con claridad, pues comenzaban a taladrarle con su horrible vocecita.
Rose se puso de pie cual resorte y se dio la vuelta tratando de huir, pero él la detuvo tomándola de la muñeca haciéndola voltear de regreso. El pelirrojo acercó sus labios y besó suavemente el dorso de su mano.
Las preguntas borboteaban junto con sus sentimientos. Rebasaban la estancia.
— Quédate, por favor —le pidió. Nerviosa, Rose volvió a sentarse. No sabía qué decir, pero no fue necesario que ella comenzara porque Hux sabía que ahora era su turno. En sus manos estaba el desenlace de lo que había estado esperando muy en el fondo que pasara entre los dos.
— Es una locura... Es inesperado —soltó él sonriendo ante la aceptación de lo que se cernía.
—Lo sé, pero, no va a ser un problema. De seguro estoy confundida... —y ahí estaba ella, queriendo huir por miedo, pero él no iba a dejarla, aunque todo careciera de lógica. La quería a su lado y quería algo real.
— ¿Ah si? Porque me pareció en ese beso que no lo estabas.
—B-Bueno es que...
Él vio su cara enrojecida y no pudo más que enternecerse. Sus barreras cayeron, derribadas por eso que había comenzado a sentir por ella y que, acababa de comprobar, era mutuo. Pensó que Hue ya estaría feliz donde quiera que estuviera.
—Te empeñas en poner esa fachada que te aleja de las personas, porque te da miedo que alguien descubra quien eres, pero, lamento decirte que me la mostraste y que quiero seguir descubriendo a la verdadera Rose que habita ahí dentro —le señaló a la altura de su corazón.
—Pues puedo decir lo mismo de ti —dijo ella un poco a la defensiva—. Un hombre solitario, que solo se dedica a trabajar porque teme comprometerse con alguien y que le hagan daño. Puedo parecer tonta, pero no lo soy...
—No, no lo eres y tienes razón sobre mi… ahora me conoces y la verdad, eres la única que me aguanta.
— Si, pero ya te dije que…
Hux tomó el control remoto que descansaba en la mesa de centro frente a ambos. Apuntó hacia la televisión que se encendió de inmediato y comenzó a buscar algo. Rose lo miró extrañada por el cambio tan abrupto de la situación.
La melodía de piano y la voz de una mujer comenzaron a inundar el lugar. A la chica se le hizo muy agradable, aunque no entendía nada. Él se puso de pie lentamente, aunque ignoró el dolor en su cuerpo. Tomándola de la mano la guio hasta el centro del lugar, en donde estaba más despejado. Le tomó una mano en alto y la otra la dejó en su cadera y la pegó a centímetros de él. Comenzó a guiarla para que danzara junto a él, y Rose inevitablemente lo siguió.
— ¿Taggie…? —balbuceó a medias sin querer romper esa magia que los envolvía.
Él soltó una risita que le rozó la oreja a Rose provocándole cosquillas y escalofríos.
— Intentemos esto por favor —soltó al fin él. Rose se despegó del cuerpo de su esposo y lo miró, incrédula.
— ¿Qué?
— Me gustas Rose, y resulta que, últimamente me arrepiento de haberme casado contigo por interés, porque ya no me siento ajeno a ti. No sé de qué forma lograste esto, pero, no quiero estar lejos de ti. Ya no quiero escudar lo que siento en peleas absurdas para sacar de quicio al otro… y ya sé que esto te sorprende porque soy el tipo más frio del planeta pero has logrado que eso cambie… —los ojos de la mujer que se había metido en lo recóndito de su corazón se llenaban de lágrimas y casi pudo adivinar sus pensamientos. Tenía miedo y aunque se lo estaba diciendo, no lo creía del todo—. Olvidaba que a veces te cuesta captar las cosas y funcionas más con acciones... Bueno... —se inclinó a ella, disfrutando del hecho de que ella fuera más bajita que él.
Posó sus labios en los de ella, que enseguida se abrieron para recibirlo y corresponderle.
Rose supo que no quería más ese miedo y que él ayudaba a disiparlo.
— ¿Quieres esto? —pregunto ella, temblando por la emoción.
— Quiero todo de ti, pero quiero saber si estás de acuerdo con ello.
— Taggie —le dijo alzando la mano y acariciándole el mentón sobre la barba que la volvía loca—. Oh cariño… no hay nada más que desee que esto. Todo este tiempo he tenido miedo a decirlo porque…
— ¿Pensaste que eras la única que sentía algo? Qué curioso, me pasó lo mismo.
Ambos rieron.
Rose abrazó a Armitage y al posar su oído sobre el pecho de su esposo, descubrió la música que componían los latidos, tan desbocados como los propios. Y supo que ambos corazones complementaban una sola melodía.
Lo tuve que cortar aquí porque iba a ser más largo, pero ya, se viene lo que todos hemos estado esperando. Lamento si esta historia se ha vuelto tediosa y lenta, se los compensaré el próximo capítulo. GRACIAS.
Si alguien quiere saber qué canción es la que bailan en la sala búsquenla en Youtube como: It is what it is de RuthAnne
