Armitage se subió a su auto pero no fue capaz de conducir. Su cabeza daba vueltas y su corazón latía violento, esta vez por miedo.
Snoke había sembrado la duda en él y se negaba a creer en lo que había insinuado como un mecanismo natural de su mente frente al shock.
— Él no puede haber regresado… —se decía, repitiéndolo como un blucle interminable… como una plegaria que si la pronunciaba en voz alta, se materializaría, protegiéndolo del mal.
Invadido por el pánico, aun dentro de su camioneta, miró por todas direcciones, sintiendo que saltaría hacia él en cualquier momento. Temió que estuviera acechándolo desde algún ángulo de la calle que él no era capaz de localizar. Se imaginó esos ojos que le había heredado y que durante su niñez no hicieron más que mirarlo con odio y desprecio y el escalofrío recorrió su espina dorsal.
Su cuerpo comenzó a emitir un leve temblor, reaccionando a su temor y a las escenas que su mente evocaba frente a sus ojos. Recuerdos… unos muy dolorosos que le costó años dejar de ver durante las noches en sus sueños.
Notó su respiración aumentada y trató de calmarse. Se dio cuenta entonces que había aferrado sus manos al volante de su auto y ya estaban más pálidas de lo normal debido a la fuerza que había concentrado ahí. Retiró su agarre y movió los dedos tratando de volver a la normalidad su circulación sanguínea.
La incomodidad iba creciendo dentro de él, aunque luchaba por no dejar pasar esa paralizante bruma negra de pensamientos.
Casi enseguida, su esposa llegó a su mente. Ella era ese remanso de paz que lo anclaba a la realidad, que le devolvía la calma, y aunque quería concentrarse en ella de esa forma, no pudo porque otro tipo de pensamientos bombardearon su cerebro.
¿Y si él la estaba asechando?
Tan pronto se planteó la pregunta, buscó su celular en la bolsa del saco y tecleó el contacto de Rose lo más rápido que pudo. Necesitaba asegurarse que estaba bien, necesitaba escucharla.
Se pegó el artefacto a la oreja y esperó.
Un timbrazo.
Dos…
Tres…
— Hola, mi amor —contestó ella con su voz alegre y cantarina. A Hux se le hizo chiquito el corazón y no pudo evitar que su tono proyectara todo el miedo que sentía.
— Rose, ¿en dónde estás? —exigió saber, alzando la voz.
— Ya estoy en la casa. Fui al supermercado por algunos víveres para…
— No salgas de ahí y espérame aún tengo trabajo en la oficina antes de poder ir a casa pero, no te muevas por favor… —le suplicó de pronto lo que logró alarmar a Rose del otro lado.
— Taggie ¿Qué pasa? —le cuestionó.
Él paró en seco su discurso como si se hubiera dado contra una pared. ¿Qué iba a decirle? ¿Cómo iba a decirle? No sabía, no lo había pensado, sólo actuó sin voluntad.
Lo único que sí sabía era que, por teléfono tampoco era una opción.
— Yo… yo… —balbuceó, pensando en algún argumento rápido—, fui a ver a Snoke
— ¿Qué? Pero… ¿por qué?
— No sé, quería verlo ahí, quería que supiera que no va a salir, pero… no sé se me alteraron los nervios.
— ¿Te dijo algo? —ante la pregunta se congeló en su lugar—. ¿Armitage? ¿Estás bien?
— No, no me dijo nada. Bueno, sí, dijo que su abogado es muy bueno.
— Dudo que sea mejor que Ben —protestó ella—. Pero claro, tiene que dar patadas de ahogado.
— No sé, Rosie… tengo temor de que los suelten a ambos y que nos quieran hacer algo —mintió. Apretó los ojos y se llevó la mano a la frente, sintiéndose terrible por lo que estaba haciendo, sin embargo, eso surtió efecto. Escuchó el suspiro de su esposa y luego su voz ya más calmada:
— Tranquilo, eso no va a pasar, Ben nos lo prometió y lo conozco, hará absolutamente todo para que esos dos reciban lo que merecen. No va a dejar ir esta oportunidad de oro que Finn nos consiguió. Todo estará bien, mi amor, así que trata de calmarte y ven a casa pronto, quiero verte…—le dijo haciendo que sintiera ganas de llorar.
— Rose… yo también te amo, muchísimo nunca dudes de eso, por favor —dijo con intensidad, aferrando fuerte su mano al teléfono.
— Jamás lo haría. Voy a continuar con el vestido de Rey. Quizás al rato te pida que me ayudes midiéndote la parte del corset…
Eso le arrancó una leve risa, aunque no alcanzó a liberarlo de todo el choque de emociones.
— Si preciosa… te ayudaré con lo que quieras —sabía que por más que se resistiera a la idea, acabaría cediendo ante esos ojos hermosos de su esposa.
— Te amo mi amor. Te veré más tarde.
Ella colgó y Armitage se quedó ahí por unos minutos, pensando. Respiró hondo, y se concentró en su respiración, logrando calmarse al fin pasado un tiempo.
Pensó en la posibilidad de que Snoke estuviera torturándolo con la duda y nada más. Después de todo, Brendol y él habían hecho un trato y hasta ese momento, lo había cumplido. No había razón por la cual ahora su padre quisiera irrumpir en su vida tantos años después.
Más calmado pudo encender el auto y se fue manejando con precaución a su oficina. Se arrepentía de haber ido a encarar a Cornellius, porque había resultado contraproducente, pero al menos le había servido para estar un poco más alerta y también para hacerle saber que harían todo lo posible para que nunca saliera de ese lugar.
Aparcó frente a su oficina, aún sin poder dejar de pensar todo lo que estaba pasando. Nuevamente tuvo esa sensación de ser vigilado, así que se bajó de la camioneta negra mirando a todos lados, pero no encontró nada sospechoso en la zona.
Hux pensó que quizás estaba ya poniéndose algo paranoico así que decidió no entregarse al pavor nuevamente y seguir con su día, apurándose lo más que pudiera para estar con Rose más tarde.
Entró a la oficina, sorteando los cubículos de los demás empleados. La rubia secretaria que tenía una vista panorámica desde su lugar se dio cuenta que algo pasaba con él porque llevaba una mueca que dejaba entrever bastante tensión en su jefe.
— He vuelto —murmuró Hux sin mirarla—. No me pases llamadas, no estoy para nadie —le ordenó en tono tajante. No estaba de ganas para tratar con clientes por el momento, y sospechaba que tampoco iba a poder hacer cuentas pero con eso si tenía que lidiar mínimo para concentrarse en otra cosa.
— Oye pero, ¿y si es Rose? —atinó a preguntarle, poniéndose de pie para cerrarle el paso. El pelirrojo era alto pero ella le sacaba seis valiosos centímetros.
— Rose nunca me hablaría a la oficina —le contestó con las cejas juntas, extrañado de su pregunta—. Nada de llamadas ni irrupciones—le advirtió.
— ¿Qué pasó? ¿Es por lo de Snoke y Pryde?
— Ahora no es un buen momento, Phasma. Déjame pasar, tengo trabajo —los ojos azules y perspicaces de la rubia lo estudiaron cual escáner en sólo unos segundos. Algo había pasado y estaba segura, el semblante de Armitage le delataba por completo, pero ella aún no era capaz de señalar qué era. Se hizo a un lado, momento que el pelirrojo aprovechó para seguirse de largo.
Phasma lo siguió torciendo el cuello hasta que cerró la puerta de su oficina.
— Hola, cielo —saludó alegre Mitaka, acercándose al lugar donde su alta, güera y hermosa novia estaba.
— Hola —le contestó ella, seca sin quitar la mirada de su computador.
— ¿Te pasa algo?
— No.
— Yo creo que si —dijo dejando un sobre sobre su mesa y cruzándose de brazos—. Son para el jefe.
— Pues ahí se va a quedar. No quiere llamadas y no quiere que nadie lo interrumpa en lo que sea que está haciendo porque con el humor que traía dudo mucho que esté trabajando.
— Quizás está muy estresado. Recuerda que el contador maneja muchas cuentas y tiene más responsabilidades ahora… —Phasma negó con la cabeza.
— No creo que sea por el trabajo. Algo pasó pero no me quiso decir qué.
— Nena, quizás sólo está teniendo un mal día. A lo mejor fue por lo de esos dos viejos. Me he topado con la noticia nada más salí a la calle esta mañana, está en todos los periódicos, imagino que es un gran impacto para los involucrados en el tema.
— No tiene mucho sentido que sea eso —rebatió, irritada—, Armitage era de los que querían a esos vejetes en la cárcel, ahora están ahí, digamos que es como una victoria.
— Phasma, te recuerdo que no eres detective y que nos va bien en este trabajo. Es más, el licenciado Hux pudo haberme corrido. Con el triste fallecimiento del señor Tico no tenía mucho sentido que yo siguiera en el puesto, pues él tiene su propio auto y en cambio me ha dejado seguir trabajando. Si haces algo vamos a pasar los dos por un buen castigo en el menor de los casos, o un despido y no me gustaría defraudar su confianza —dijo él ya dándose cuenta de que su novia no iba a dejar de lado ese asunto tan fácil. La conocía.
— Es que todo es muy raro, lo conozco… es mi jefe y es mi amigo también —puntualizó ella.
Dopheld se la quedó viendo y notó que su chica enserio estaba afligida.
— A ver linda —le dijo sentándose en la esquina de su escritorio para captar su atención—, tu también estás bajo mucha presión ¿te gustaría ir al cine después del trabajo y después por un helado oscuro? ¿Qué dices?
Phasma soltó el aire en tensión que había estado guardando en su pecho y sonrió ante la propuesta de su novio. Adoraba que él se preocupara por ella y por hacerla feliz. Y pensar en que cuando la estuvo pretendiendo ella se resistió a hacerle caso porque le llevaba once centímetros más, pero al final, sus lindos detalles terminaron por conquistarla.
— Me gusta la idea, gracias —le dijo depositando un beso fugaz en los labios—. Y no quiero correrte, pero si el jefe te ve así…
— Ni lo digas —pegó un brinquito para retirarse de la esquina del escritorio—. Vuelvo por ti en un rato más —anunció viendo su reloj y luego guiñándole un ojo.
Darle aquella indicación a su secretaria había sido muy atinado. Ni una llamada, ni una interrupción de nadie. Había logrado concentrarse después de mucho esfuerzo. Tecleaba encima de la enorme calculadora contable que arrojaba la tira del rollo de papel mientras él metía número tras número en operaciones matemáticas.
Estaba a nada de acabar, poderse ir a casa, estrechar a Rose y someterse a sus peticiones acerca de ser su maniquí personal esta vez para el vestido de Rey y aunque lo último no le entusiasmaba del todo, estaba dispuesto a ayudarla en lo que ella quisiera.
Se detuvo a mirar la fotografía que le había enviado cuando se comprometieron y una opresión en el pecho comenzó a sofocarlo.
Apoyó la frente en una palma pensando lo que le diría a Rose acerca del asunto de su padre. Independientemente de si es que era verdad o no que Brendol estaba en Coruscant era un tema pendiente con ella, sin embargo eso implicaba develar el secreto mejor guardado de su vida.
Quería ser honesto con su esposa, en todo lo que le estaba escondiendo, porque así había sido ella cuando le habló de sus miedos y su historia con su madre. Pero también temía por su reacción.
Después del accidente y se atrevía a decir que, por ese motivo, Hue lo acogió en su vida, tratando de ayudarlo al notarlo desprotegido. ¿Qué diría Rose acerca de eso? Pensaría que se había aprovechado de que le tendieron la mano y que él se había hecho la víctima. Otro tipo de miedo, más grande que el que le tenía a Brendol, se disparó. ¿Y si la perdía por eso?
Parpadeó al tiempo que el inesperado sonido de su teléfono de escritorio le impidió seguir formulando un plan.
Se quedó viendo el aparato incapaz de tocarlo como si estuviera maldito. La paranoia comenzó a abrirse paso de nuevo y sus alarmas internas se encendieron. Era muy extraño que llamaran directo a su extensión y no a la de Phasma.
El artefacto reproducía el ringtone, mientras él deliberaba si debía o no contestar y si sería su padre o algún cliente despistado o alguien con su contacto directo.
Dejó el titubeo unos segundos correr junto a la cancioncita y casi cuando pudo advertir que iban a colgar alzó el auricular.
— Hue Tico y asociados, buenas tardes —recitó, disimulando los nervios. Hubo una pausa por unos segundos del otro lado que sólo hizo aumentar la ansiedad—. ¿Quién habla? —se aventuró a preguntar sintiendo un nudo en la garganta.
— ¿Armitage? ¿eres tú?
El contador reconoció la voz enseguida y su mueca de desconcierto acompañó el instante.
— ¿Bazine? ¿Cómo conseguiste éste número?
Hacía rato que su esposo debía haber llegado de la oficina. Dos horas para ser exactos, y no había ni una llamada o un mensaje de él explicando alguna situación.
Le había marcado a su pelirrojo pero la llamada había entrado directo a buzón y se preocupó un poco por que en la mañana que había hablado con él lo notó alterado.
Rose estuvo tentada a hablarle a la linda y divertida Phasma pero se dijo que no era necesario y que debía esperar. Atinó a enfocarse en el pedido de su mejor amiga mientras él regresaba, seguramente con alguna explicación de que su trabajo se había alargado más de la cuenta.
Una de las cosas que tenía Armitage, que ella no sabía si calificar como defecto o virtud era que, era un total workaholic. Ostentaba esa cualidad desde que lo conoció cuando era bastante joven. Rose recordó que era una de las cosas que encontraba irritantes de él en ese entonces. Muchas veces se lo comentó a su papá y muchas otras tantas se burló de él por eso, pero la realidad era que le envidiaba esa entrega y disciplina que ella nunca logró para sus proyectos. Además de que siempre le intrigó el hecho de que fuera tan solitario y prefiriera escudarse en números que en lazos sociales.
Su padre lograba que fuera a las fiestas que organizaba, pero porque lo amenazaba con despedirlo si no lo hacía, siempre argumentándole que era uno de sus mejores elementos y que necesitaba que construyera lazos y conexiones en el mundo financiero. Y aunque Hue siempre quiso tenerlo junto a él durante las pláticas con sus amigos o diversas personalidades, Rose lo recordaba sentado en algún rincón, con su copa de agua. En ese entonces le parecía tan soso y petulante que no quisiera tomar alcohol cuando ella deseaba que, aunque sea la dejaran tomar vino.
Movió la cabeza en negativa, cayendo en cuenta que en verdad había sido la típica niñita malcriada y grosera. Ahora entendía que había mucho que aún no conocía de él, como el asunto de la bebida que parecía algo doloroso. Esperaba con todas las fuerzas de su corazón ser digna de que él le contara algún día, eso que tanto le costaba.
Estaba con esos pensamientos en mente, mientras su pie ejercía fuerza sobre el motor de pedal, cuando unos veinte minutos más tarde, la puerta de la entrada sonó y fue imposible para ella seguir aguardando en su lugar. Se puso de pie para ir a su encuentro, sin querer reprimir las ganas y la emoción contenida de verlo.
— Hola —le saludó él con una sonrisa tímida—. Lamento la espera y la hora, tuve una junta de última hora con unos clientes y se alargó más de lo que pensé.
— Mucho trabajo, entonces.
— Si. Perdóname, sé que me esperabas más temprano. Vine tan pronto me desocupé.
— Me preocupé por tu llamada de la mañana. ¿Estás mejor? —se acercó a ayudarle a quitarse el saco y él se encorvó para besarla. La calidez que sintió de los labios de su esposo hizo que se le olvidara momentáneamente sus cavilaciones.
— Si… bueno no sé qué pensar pero, estoy más calmado.
— Sólo pensemos positivo. Todo va a salir a nuestro favor —le tranquilizó ella, colocando sus pequeñas manos sobre la corbata para aflojársela.
— Es lo que trataré de hacer. ¿Cómo estuvo tu día? ¿Fuiste al local?
— ¿A Millie? No, ya te dije que no voy a ir ahí en un buen tiempo, hasta que pueda tener algo de esta colección. Aunque reconozco que necesito ayuda, esto va a tardar más de la cuenta, pero quiero hacer estos vestidos sola ya que serán los primeros, después de eso, podré volver al local y hacer los cambios correspondientes, contratar gente y todo eso.
— Está bien cielo, será como tu creas correcto para ti.
Rose ladeó la cabeza. No supo si era algo en el rostro de él o su tono de voz, pero había atisbo…
— ¿Te pasa algo? Te siento extraño —Hux se la quedó viendo y cambió su semblante un poco más animado tratando de que ella abandonara ese pensamiento.
— No, sólo estoy algo cansado. ¿Podríamos cenar y luego ir a la cama?
— ¿Seguro que todo está bien? Sabes que puedes decirme lo que sea.
Ahí estaba la oportunidad y él se exigió tomarla. Abrió la boca queriendo dejar salir todo, pero no pudo.
— Todo está bien mi amor —dijo depositando un beso cariñoso en su frente—. Iré a darme una ducha, ya regreso.
— Bien, voy a preparar la cena.
Rose no despegó los ojos de la espalda de su esposo. Detectaba algo raro pero luego pensó que Armitage no tenía motivos para esconderle nada, ya tenían confianza, así que trató de alejar las vocecillas que le decían que algo le estaba ocultando.
Cenaron y platicaron acerca del vestido de Rey, de la visita de Armitage a Snoke y del juicio que se avecinaba. Rose decidió dejar su trabajo por ese día y se fueron a dormir juntos.
Durante la madrugada, ella sintió a su esposo removerse más de lo normal. Lo que la hizo despertar.
Todo estaba en penumbras, así que tuvo que pestañear y esperar unos segundos a que sus ojos se acostumbraran a la negrura.
Se acercó a él, descubriendo que su delgado cuerpo estaba hecho un ovillo, dándole la espalda. Lo escuchó sollozar y por un momento pensó que estaba despierto.
Encendió la lámpara de su lado de la cama y fue cuando se dio cuenta de que el apretaba el ceño a consecuencia de la pesadilla que estaba teniendo. Sudaba y se podía notar en su mandíbula la tensión.
— Mi amor —susurró, removiéndolo un poco empujando su hombro.
— Perdóname… perdóname —susurró él moviendo la cabeza de un lado a otro.
— Ey, Armitage —le acarició la mejilla, pero como vio que no reaccionaba se atrevió a zarandearlo con más fuerza colocando sus manos sobre sus clavículas, logrando al fin que despertara, aunque de forma brusca.
— ¿Qué pasó? —preguntó asustado, incorporando medio cuerpo.
— Creo que estabas teniendo una pesadilla —le dijo con suavidad, estudiando su semblante vulnerable.
Hux jadeaba, buscando tomar aire. El recuerdo fugaz del sueño llegó a su mente. Si, aquellas pesadillas habían regresado, como presuntamente su padre lo había hecho también, justo cuando ya era muy feliz al lado de la mujer de su vida.
— Si, si estaba teniendo una —admitió—. Lamento haberte despertado.
— Todo está bien ahora —le acarició el rostro dulcemente tratando de imaginar qué era eso que le atormentaba a su guapo pelirrojo—. Volvamos a dormir —sugirió.
Entonces él se movió lentamente, pegándose a su cuerpo.
— ¿Podrías abrazarme? —le preguntó con delicadeza.
— Si mi amor.
Rose se giró a apagar la luz que emitía la lámpara de noche y luego se movió en medio de la cama para estar más cerca de él. Armitage la miró y le dio un beso delicado, para luego acomodarse en el pecho de ella, descansando su brazo sobre la curva de su cadera. Rose pegó su frente a la altura de la coronilla pelirroja y coló sus dedos entre sus cabellos dándole un leve masaje, queriendo con esa pequeña caricia, alejar las pesadillas y relajarlo.
Armitage cerró los ojos y concentró su atención en la sensación de protección que el cuerpecito de Rose le hacía sentir. Era increíble e indescriptible que su pareja tuviera ese hermoso poder. Sonrió disfrutando del calor corporal que emanaba de Rose y su fresco aroma y poco a poco su respiración se fue tornando más relajada.
A Rose no le costó mucho quedarse dormida también.
Esa noche, las pesadillas no volvieron más a asaltar a Armitage durante las siguientes horas de sueño.
— Por aquí hay mucho trabajo, nena —dijo Paige animada por escuchar a su hermana menor—. Pero estamos bien. ¿Cómo vas con el pelirrojo?
Rose había resuelto en llamarle a su hermana, porque un ataque de ansiedad le había impedido seguir trabajando.
— Bueno, hay muchas cosas que contarte Pai Pai… pero, me gustaría que los detalles fueran en persona —quería tener esa plática con ella de forma correcta y contarle también acerca de su sueño frustrado. Se debían esa plática como hermanas.
— A mi también me gustaría verte para que me contaras todo, pero de mientras puedes adelantarme algo pequeñito, porque no sé por qué presiento que tú y Armitage ya aceptaron sus sentimientos.
Rose no pudo evitar ensanchar una enorme sonrisa.
— Porque es verdad.
— ¿De verdad? ¡Rosie! ¡Me alegra tanto escucharlo! ¿Por qué no me lo habías contado?
— Estabas con la remodelación del casino, no quería interrumpir y has tenido mucho trabajo.
— Tonterías, algo así merece que tú y yo nos demos el tiempo de hablar, así que por favor en otra ocasión no dudes en hablarme. ¿estamos?
— Estamos.
— Y ahora que me has dicho ese motivo de felicidad, estoy esperando a que me digas qué es lo que te aflige, porque noto en tu voz algo de preocupación.
— Él… él me aflige. Está muy extraño.
— ¿No es por lo de Snoke y Pryde? Rose ¿en qué estás pensando?
— No lo sé… a lo mejor lo estoy exagerando.
— ¿Y por qué no le preguntas?
— Lo hice pero, dice que no es nada por eso lo he dejado pasar, pero se perfectamente que hay cosas que aún no me cuenta… ¿será que me esconde algo? ¿o es que no me tiene confianza? Paige, no sé qué pensar.
— Oh, Rosie. No pienses cosas raras. Armitage te ama, lo sé.
— No sé…
— Debes confiar en él, pero también él debe confiar en ti. No debes presionarlo pero, creo importante que se den el tiempo para hablar. Tú ya le has preguntado acerca de si le pasa algo y él lo ha negado, bien, ahora hazle saber cómo te sientes. Si él no lo sabe quizás piense que todo está bien así y no lo está realmente. Él necesita saber que lo apoyas y que entiendes que hay cosas que le son difíciles, pero también debe ser consciente que su actitud te hace sentir insegura. Deben hablar, no hay más que la comunicación. Así él no esté listo para contarte todo, necesita saber que ahora son dos, son una pareja y tienen que ir construyendo su relación.
— ¿Y si hay alguien más? —soltó de pronto, materializando el miedo.
— ¿Por qué piensas eso? Rosie, ¿has encontrado indicios de algo así?
— No… bueno, ayer llegó más tarde de lo normal, le hice una llamada por la tarde antes, pero me mandó directo a buzón… no se lo dije pero creo que me pudo haber llamado. Incluso si se le descargó el teléfono, tiene línea en su oficina, no sé… hay muchas alternativas. Siento que me esconde algo…
— Para ahí. Son tus inseguridades hablando, te dijo que estuvo en una junta y se le alargó, con tanta cosa en la cabeza se le ha de haber pasado.
— Pai, estas justificándolo —la mayor de las Tico se quedó callada un momento, pensando bien sus argumentos.
— Si perdón. No quiero sonar así. Mi consejo es que se lo hagas saber, que le preguntes directamente por qué no te llamó. Y no estoy tratando de decir que lo que sientes es exagerado, pero dudo mucho que se trate de eso. Armitage no parece de ese tipo de hombres. ¿Te ha tratado bien los días previos? ¿Ha sido lindo?
— Si, todo… todo ha sido como un hermoso sueño y en realidad, tengo miedo a que solo sea eso.
— No lo es. Esas cosas se sienten. Él no tenía obligación de quererte porque ya tenían un acuerdo, y pasó, porque así debía ser, porque se dieron la oportunidad y la vida diaria los llevó a eso. Tranquila nena.
— Ay Paige, te juro que hoy más que nunca necesito un abrazo tuyo, como cuando pasábamos horas en tu cuarto, cuando mamá se fue… y sé que esto es muy egoísta de mi parte pero me encantaría tenerte aquí conmigo. Te extraño mucho.
— Yo también te extraño, pero te prometo que nos veremos más pronto de lo que piensas.
— ¿Vas a venir a verme?
— Pronto. Lo prometo, también hay cosas que quiero contarte.
— ¿Todo está bien con Bodhi?
— Si, más que bien, pero ya te daré los detalles. De mientras haz lo que te dije.
— Gracias Pai… —suspiró Rose—. Debo dejarte. Por favor salúdame a Bodhi. Los quiero a ambos, muchísimo.
— Y nosotros a ti. Habla con Armitage y háblame después para contarme. Esperaré esos detalles que quieres confiarme para mi próxima visita. Todo va a salir bien Rosie. Confía en el amor de tu esposo y en el tuyo hacia él.
Las hermanas Tico terminaron su llamada. Rose se tranquilizó un poco gracias a todo lo que Paige le había aconsejado. Agradeció a la fuerza tenerla de hermana mayor y de que fuera más madura que ella gracias a los años que se llevaban y las experiencias que habían vivido, tan distintas.
Paige tenía razón. Si quería que ellos estuvieran bien, debía hacerle saber a Armie lo que pasaba en ella.
La diseñadora de modas se animó un poco, casi visualizando la escena. Sintió su corazón dar un vuelco al recordar el rostro de Armitage y supo que todo iba a salir bien. Hablarían y lo resolverían porque ambos estaban comprometidos con el otro.
Miró el reloj de pared del comedor. Aún quedaban horas para que él volviera y pensó que quizás podía irlo a buscar para que fueran a comer fuera de casa. Ya casi no habían salido ambos lo necesitaban. Tenía ganas de comenzar a nutrir su matrimonio, de salir del taller, que si, ahora era su vida y su nueva felicidad, pero también moría por cambiar esa rutina, por pasear de la mano con su esposo y mirarlo alegre. Quería comenzar a construir recuerdos con él, por pequeñitos que fueran.
Extendió la falda del vestido de Rey y se permitió acariciar la suave tela de satin blanco. Se sintió orgullosa de lo que estaba logrando y sintió que a su amiga iba a ser muy feliz también.
Tomó asiento frente a su máquina de coser y tan pronto lo hizo, el timbre sonó. Rose que tenía la boca llena de alfileres tuvo que clavarlos de nuevo en su alfiletero hecho de fieltro rosa en forma de corazón.
Fue al baño a echarse un vistazo rápido en el espejo y a comprobar que su maquillaje no se hubiera corrido. Una vez conforme con su aspecto, se dirigió hasta el recibidor del departamento y abrió la puerta.
— Buenos… días —pronunció frenando enseguida al darse cuenta que no había nadie ahí y que frente a la puerta sólo estaba una caja de cartón.
Rose salió del departamento que se ubicaba en la primera planta de esos condominios y le echó un vistazo a los jardines y el estacionamiento enfrente, tratando de encontrar a la persona que había dejado eso ahí.
Sin embargo ni una presencia rondaba las cercanías.
El día, esplendoroso en clima y sol, contrastaba irónicamente con el miedo que comenzó a sentir, pensando que quizás eso contenía algo peligroso. ¿Y si era obra de los viejos "amigos" de su padre?
Despacio se acercó hacia el objeto esperando encontrar algo que le hiciera sentir segura de tomarlo. La caja de cartón era lisa, de unos treinta por treinta centímetros, sellada con cinta adhesiva transparente. No llevaba remitente o destinatario como solían tener las que llegaban del correo.
Algo temerosa, se movió para rodearla y fue así que en una de sus caras encontró una tarjeta pegada que develó el destinatario:
Para Armitage Hux.
B.
— Fue estúpido ir a verlo —soltó Ben molesto del otro lado de la línea.
— Cállate, eso ya lo sé —se defendió Hux, que había puesto al abogado en altavoz mientras conducía—. ¿Alguna novedad sobre el juicio?
— Aún no fijan la fecha, estoy presionando para ello. No debe pasar de esta semana. Storm ha aceptado declarar a nuestro favor, así que va a ir dentro de la lista de testigos junto contigo, Rose, Paige, y algunos empleados.
— Ese payaso. Seguro lo que quiere es quedar bien con Rose —soltó bastante irritado—. Sólo porque estamos en estas condiciones, sino le volvería a partir la cara —declaró cerrando el puño sobre la palanca de velocidades con toda la fuerza que fue capaz, imaginando que era la mano de Finn—. ¿Necesitas algo más? Estoy llegando a casa.
— ¿Y ese milagro que saliste temprano? —dijo el abogado sorprendido.
— Quiero estar con mi esposa —contestó, aunque no supo muy bien porqué le estaba contando cuando era claro que solo le daba material a Solo para que se burlara de él.
— Bien, me alegra, y si, si necesito algo más. Tres cosas para ser exacto. Así que escucha bien —Armitage volteó los ojos al mismo tiempo en que daba vuelta para entrar en el último tramo de calle para llegar al residencial donde tenía su departamento—. La primera, que no vuelvas a ir a ver a Snoke o a Pryde por mas ganas de insultarlos que tengas. La segunda, que te aguantes y dejes de lado tu odio hacia Storm, por lo menos en lo que se resuelve lo del juicio.
— Eso del juicio puede tardar meses y lo sabes —puntualizó, como dando a entender que eso iba a necesitar demasiado esfuerzo y él no iba a prometer nada.
— Pues te vas a tener que controlar, lo necesitamos de nuestro lado y le ofrecí protección por hablar, no quiero que tus arranques echen a perder todo.
— Ash… —soltó—. ¿Cuál es la tercera?
— Que te comuniques con Rey para que le digas cómo va su vestido, ya que eres el modelo oficial —lanzó Ben divertido sin resistirse a ponerlo de mal humor.
— ¡Eres un idiota, Ben Solo! —bramó colgándole la llamada mientras el otro se arrancaba a las risas.
El abogado jamás cambiaría eso le quedaba claro al contador. Tenpia esa absurda capacidad de pasar de una cosa seria a bromear con cualquier idiotez que se le ocurriera, y eso le enervaba.
Entró al fraccionamiento que habitaba y se estacionó en el cajón designado con el número de su pieza. Armitage bajó de su camioneta y divisó la ventana de la sala. La luz estaba encendida y la silueta de Rose se asomó detrás de la cortina. Él sonrió y se apresuró a entrar. Tenía muchas ganas de verla.
— ¡Estoy en casa, mi amor! —le gritó una vez estuvo dentro. No obtuvo respuesta lo que lo descolocó porque sabía perfecto que ella estaba ahí—. ¿Rosie? ¿En dónde estás bonita?
Recibió silencio nuevamente.
Armitage se aventuró a la sala en donde la encontró sentada con la mirada clavada en una caja de cartón que yacía en la mesita de centro.
— ¿Rose? —se detuvo, notando enseguida el ambiente algo tenso.
— Alguien ha venido a dejar esa caja para ti, pero es una lástima que no haya tenido el valor de mostrar la cara —soltó y él pudo ver enseguida que le hablaba con un tono de molestia que rozaba el dolor.
— ¿Qué estás insinuando? —pronunció desconcertado, casi adivinando lo que ella estaba pensando.
— Yo nada. Mejor dime lo que has estado haciendo y quién es esa persona que firma con la letra B —el corazón le dio un vuelco y posó la mirada en el paquete—. Anda, ya ábrelo, quiero saber de qué se trata la sorpresa y porqué se molestaron en venir a dejarlo a nuestra casa.
Armitage se acercó despacio. Miró a Rose que estaba cruzada de brazos esperando por una buena explicación, misma que no tenía porque no sabía lo que estaba pasando. Sin embargo, cuando vio aquel trozo de papel al lado del cartón, distinguió la caligrafía y sus peores miedos fueron confirmados.
— No es lo que piensas, mi amor. Te juro que no es lo que piensas —le prometió.
— Pues está claro ¿no? Me has estado ocultando cosas —las fosas nasales de la pequeña naricita de Rose se inflaron por el enojo.
— No. No Rose —negó él queriendo decir más pero el cuerpo no le respondió y todo se tornó extrañamente en cámara lenta.
Molesta, ella decidió que tenía que ponerle fin a la situación. Hacía horas que tenía las tijeras a la mano, pues había pasado toda la tarde deliberando si debía abrir la entrega o esperar a que él llegara.
— Espera, Rose… no…
— Basta —le paró su esposa—. Si tú eres un cobarde y no quieres abrirla yo no me voy a esperar más.
Tomó las tijeras sin importarle que fueran las que usaba para cortar la tela y pasó el filo de la cuchilla por las líneas cubiertas de cinta adhesiva. Ni siquiera sabía que esperar, sólo sabía que encontraría las respuestas al comportamiento de Armitage dentro de ese desafortunado presente. Liberó las tapas y las abrió con brusquedad, ya sin poder controlar su rabia. Sin embargo, al destapar el paquete se encontró con algo que carecía sentido para ella.
Se inclinó y tomó en manos lo que parecía ser la funda de un viejo disco de vinilo. Juntó las cejas, mientras giraba el objeto.
En la portada estaba una mujer morena de cabello rizado en un afro característico de los años setenta.
"Rae Sloane"
Executrix
— ¿Qué tipo de broma es esta? —lanzó Rose posando la mirada en Armitage para encontrarse con algo que no esperó.
Como en trance se acercó hasta ella para tomar aquel disco con la mayor delicadeza que pudo, como si se tratara de una pieza de colección o una piedra preciosa.
Las lágrimas brillaban dentro de las cuencas de sus ojos azules y por su rostro miles de emociones pasaban.
— Pensé que nunca… pensé que nunca volvería a ver esto —susurró con voz quebrada, luchando con la marea de recuerdos que creyó haber bloqueado por su propio bien—. Era el disco favorito de mi madre. Las canciones que contiene nos acompañaban cada vez que bailábamos —Armitage ladeó el delgado contenedor y el vinilo salió de su escondite con una nota fijada en su superficie.
Te espero mañana en el Hotel Supremacy.
A las 12:00 hrs, habitación 66.
Brendol Hux.
Rose alzó la vista hacia su esposo que temblaba de pies a cabeza.
— ¿Armitage? ¿Qué…? ¿Qué significa esto? Tu padre tiene años muerto… tú mismo lo dijiste… tú se lo dijiste a mi padre.
El pelirrojo cerró los ojos, apretándolos con fuerza y dejando escapar dos lágrimas silenciosas.
— Les mentí… les mentí a todos Rose y no sabes cuánto lo lamento. Si hubiera tenido el valor de admitir que mi padre estaba vivo, quizás Hue jamás me hubiera dado su apoyo, y aunque yo quería eso y quería destacarme, inconscientemente estaba buscando una mejor figura paterna que la que tuve durante veinte años, que me hizo vivir un infierno y que fue el culpable de la muerte de mi madre. Entiendo si vas a enojarte conmigo e incluso si quieres irte, entiendo si no confías en mi de ahora en adelante por esto y lo lamento con todo mi ser. Sólo quiero que sepas que, te amo, que en verdad lo hago y que no fue mi intención ocultar esto, pero… no podía… no podía…
La miró, aguantándose todo el dolor que le rasgaba las entrañas y fue incapaz de quedarse ahí porque el silencio de su esposa le dijo lo que necesitaba saber.
Ella iba a irse… iba a abandonarlo como su madre lo hizo cuando murió, como su padre lo hizo desde que él nació, despreciándolo como su hijo.
Armitage cruzó la habitación y se fue directo hacia su cuarto cerrando de portazo y dejando a Rose parada en la sala, acomodando lentamente las ideas y siendo golpeada por la marea de la realidad.
Ella acababa de obtener la cruel respuesta que había estado buscando esos días:
Brendol Hux estaba vivo y ahí residía todo el miedo y el dolor de Armitage.
¿Por qué lo había ocultado? ¿Qué crueldades escondía su niñez como para querer borrar a su progenitor de su vida y seguir sin más? ¿Por qué había tenido que protegerse de esa forma? ¿De verdad Brendol había tenido que ver con la muerte de su propia esposa?
Un escalofrío erizó la piel de sus brazos.
Sintió una opresión en el pecho y supo que no podía ni quería dejarlo solo, no cuando él también la había consolado y la había ayudado a desahogarse, no cuando era el hombre que amaba y su dolor lo compartía en carne propia.
No tuvo que pensarlo más.
Caminó hasta la habitación que ya se había convertido en la de ambos y lentamente giró la perilla de la puerta.
Desde donde estaba parada, sólo podía distinguir el cabello de fuego de su esposo que sobresalía gracias a su altura, pues la cama ocultaba el cuerpo de Armitage, que se había sentado en el piso y recargaba la espalda en el colchón.
Rose entró con sigilo y rodeó el lecho para encontrarse con él, abatido en su lugar. Despacio dobló sus rodillas y fue sentándose a su lado sin querer hacer ruido o algún movimiento brusco como si él fuera a salir corriendo. No quería asustarlo.
Lo miró. Él tenía las manos enlazadas descansando sobre sus piernas, y aunque titubeó un poco al principio, Rose terminó por deslizar su palma sobre las suyas, para hacerle saber que lo apoyaba, que estaba ahí para él.
Los ojos tristes de él la buscaron, convergiendo en silencio, pero transmitiéndose todo sin palabras.
Así como él la amaba, ella lo hacía de vuelta y tuvo que hacerse fuerte para no derrumbarse al verlo así.
Él ya no pudo contenerse y se inclinó hacia ella para recargarse en su hombro. El sollozo salió de su boca, junto con las lágrimas intempestivas que sólo estaban esperando el momento preciso para salir volcadas, una tras otra después de años. Rose lo abrazó con toda la fuerza que fue capaz, queriendo fusionar su cuerpo con el de él.
— Aquí estoy, mi amor —pronunció ella.
— Y-Yo… R-Ro… N-No —balbuceó sin éxito. Rose sintió las vibraciones de su voz contra su pecho, en donde él lloraba.
—Tranquilo, no me tienes que decir ahora. Estoy aquí para ti. Siempre estaré para ti.
Lo sintió aferrarse a su cintura y siguió sacando todo lo que le aquejaba. Ella besó sus cabellos y paseó su palma frotándola contra su espalda, buscando reconfortarlo, aunque fuera un poco. Hubiera querido hacer más, pero sabía que él tenía que drenar todo.
Ella no supo cuánto tiempo pasaron asi, aunque le pareció duro y agonizante escucharlo totalmente quebrado. Él que había demostrado un temple y una seriedad que jamás le conoció a nadie, acababa de tomar otra faceta que jamás visualizó pudiera experimentar.
Cuando sintió que no le quedaba más, Armitage se retiró lentamente de los brazos de su amada que lo sostenían como una noche antes cuando disipó sus pesadillas. El dolor de cabeza por el llanto se empezó a manifestar y se esforzó por ignorarlo.
Ahora fue el turno de Armitage, que tenía la cara totalmente enrojecida, de limpiar las lágrimas que Rose derramó.
— Te he hecho llorar, y si algo detesto es eso… —Rose negó con la cabeza.
— No es tu culpa, es que… no he podido al verte así.
— Siempre he tenido un problema con eso y con permitirme llorar… cuando escucho a alguien o cuando veo a alguien así, la veo a ella y recuerdo lo que sufrió y lo que yo sufrí. Me arrepiento de haber escondido esto, pero… —el pelirrojo tomó aire por la boca, sintiendo que era el momento de hablar—. Desde que tuve memoria, mi padre siempre tuvo problemas con el alcohol. Cuando llegaba en estado inconveniente siempre insultaba, a mi mamá o a mi. Creo que jamás nos quiso a ninguno. Por eso nunca entendí porque ella seguía a su lado. Aún ahora no lo entiendo y jamás voy a saberlo. El día que mi madre falleció, iba con mi padre en el auto y él iba tomado. Tomaron la carretera, y ni siquiera sé a donde iban… cayeron en un barranco —Rose cerró los ojos y movió la cabeza negando, horrorizada. Aunque conocía a Armiatage de años antes, jamás se molestó en preguntarle a su padre acerca del accidente que involucró a los Hux—. Ella murió al instante, pero él no. Quedó grave y por un momento pensé que no iba a lograrlo, pero sobrevivió. Y yo no quería volver a verlo, jamás pude personarle que me arrebatara a mi madre, así que decidí que para mí él también había muerto. Cuando abandonó el hospital y quiso impedir que regresara a Coruscant a seguir con mis estudios, hice un trato con él. Le prometí una buena suma de dinero al mes a cambio de que jamás se me acercara. Le dije que hiciera de cuenta que yo no existía, que también me había muerto. En ese entonces no tenía trabajo pero sabía que era bueno para el estudio y las matemáticas y amaba mi carrera, así que fue fácil para mi proponerme el reto de llegar alto. Cuando abandoné Arkanis y regresé a la universidad tu padre fue el único que se acercó a mí a preguntarme cómo estaba. Los rumores se habían corrido por el campus y alguien por ahí le había dicho que mi madre y mi padre habían fallecido, yo tomé esa versión porque así lo creía —Armitage compuso una sonrisa triste, mientras las lágrimas aún bajaban por sus angulosos pómulos—. ¿Sabes qué me dijo? —Rose no pudo evitar emocionarse ante la mención de su padre—. Dijo que era su mejor alumno y que tenía un gran futuro por delante y me ofreció trabajar para él. Tomé la oportunidad porque necesitaba el empleo, pero también porque lo admiraba. Tu padre era una eminencia en la facultad y era un excelente profesor. Él me hizo lo que soy ahora… gracias a él, pude mantener a raya a mi padre y vivir… o más bien sobrevivir todo este tiempo. Hubo un tiempo en el que pensé que pude haber hecho más, pude haberlo evitado.
— No, no te lastimes así, eras un niño, tú no podías resolver algo que le correspondía a ellos. Tu madre tuvo sus razones, aunque no las llegues a entender o no tengan lógica.
— Si, es así… y por eso, también fui muy tajante en tantas cosas, sé ahora que todo fue por miedo. No quise tener amigos, ser feliz… o enamorarme… porque pensé que me harían daño —él se quedó callado viéndola y Rose sentía un infinito arrepentimiento por juzgarlo sin conocerlo, incluso sentía vergüenza por el modo de vida que llevó por años, pensando que ella tenía grandes problemas en su vida. Nada de eso se comparaba con lo que su pelirrojo había vivido a tan corta edad. Las cicatrices que llevaba consigo se le hicieron visibles y tenía ganas de borrárselas todas, porque él no merecía llevar consigo tan pesada cruz—. Y luego… muchos años después de habernos conocido en los peores términos, volviste a aparecer tú mi Rosie y todo cambió.
Ella se llevó las manos a la cara, y dejando que el llanto regresara.
— Gracias a la locura que se le ocurrió a tu padre, estamos aquí pero también… ahora me elegiste… lo hemos elegido. Ahora nos hemos aceptado ambos. Todo este tiempo he tenido miedo de contarte que mi padre estaba vivo, y que creyeras que me aproveché de Hue, pero te juro que no fue así.
— Lo sé. Sé cuánto lo querías y sé que me amas —se acercó a él para elevarle la cara por el mentón y habló cerquita de él para no dejar que se colaran las dudas—. Jamás me perderías por algo como esto. Lamento como no tienes idea haberme comportado como una estúpida. Me siento terrible por todo el tiempo en que te juzgué mal y lamento aún más que hayas tenido que vivir esas cosas horribles, tan pequeño, pero quiero que sepas que estoy contigo, en lo que sea.
— Gracias, mi amor —la estrechó sintiéndose condenadamente afortunado de que la vida le estuviera regalando la felicidad con ella.
— No quiero romper este momento, pero debo preguntar —dijo ella aferrándose del cuello del pelirrojo—. ¿Qué quieres hacer? Te apoyaré en lo que decidas.
Él besó la suave mejilla de Rose y suspiró después, porque sabía que el momento había llegado.
— Creo que tengo que dejar de huir y enfrentarlo. Si lo ignoro va a seguir molestando y realmente no sé a qué ha venido hasta aquí. No va a ser fácil, eso me queda claro. Hace diecisiete años que no lo veo, no sé si pueda hacerlo, aunque sé que debo.
— Yo iré contigo. Él no podrá hacerte nada. No lo voy a permitir —juró con vehemencia—, podré ser pequeña pero no le tengo miedo ni a él ni a nadie —él rió, contagiando a Rose al darse cuenta que estaba logrando animarlo un poco.
— ¿No se supone que yo te tengo que proteger? Vaya esposo que te conseguiste.
— Si, quién sabe de dónde me lo saqué. Creo que me arreglaron el matrimonio con él y yo lo eché a perder.
— ¿Qué? ¿Por qué dices eso?
Rose usó su dedo índice para delimitar los bordes de los gruesos labios de Armitage. Observó cada centímetro de su cara que aguardaba la respuesta.
La había hechizado y ya no había manera de que quisiera volver a lo que era antes.
— Porque me enamoré.
— Bueno, me alegra no haber sido el único —añadió sonriente acercándose a robarle un beso.
El panorama que Armitage tenía por delante parecía abrumador y doloroso, sin embargo, tenía a Rose a su lado para inyectarle osadía y valentía. Mientras se perdía entre sus labios y sus caricias, supo que podría contra el mundo.
Bueno, ahora si, el final se viene en el siguiente capítulo. Estoy contenta que esto de enfocarme a un sólo fic me esté resultando.
Gracias infinitas a las y/o los que leen este fic. Sepan que le he puesto todo mi corazón.
Lamento si encuentran algún error, incoherencia, redundancia, etc...
