Capítulo 12.
Si había algo de lo cual Armitage jamás se cansaría, era de despertar todos los días al lado de Rose.
Tener la consciencia de que su cuerpo descansaba próximo y sentir su calor emanando, le producía océano de sentimientos agitados, una marea embravecida en la cual estaba dispuesto a naufragar.
El ritual entre los dos, durante las noches ya había tomado un curso ininterrumpible.
Dormían encontrando la posición más cómoda en donde sus cuerpos estuvieran lo más juntos que su propia anatomía les permitiera. Ella casi siempre buscaba su pecho y se dormía con la oreja pegada a la altura de su corazón. A Armitage ya no le apenaba que ella lo escuchara latir como un loco ante su presencia. Extrañamente eso parecía arrullarla porque en minutos caía rendida ante el sueño.
Al día siguiente, al abrir los ojos, otro hermoso espectáculo llegaba acompañado de los primeros rayos de sol:
Él casi siempre despertaba antes, acostumbrado ya a su rutina madrugadora de años por su trabajo. Con ternura, comprobaba que pese a las horas que habían pasado soñando, como un pacto silencioso, sus cuerpos amanecían cerquita del otro.
Lo primero que se topaba era con la carita de Rose sobre la almohada, sus manos escondidas bajo el cojín o posadas por encima de su cadera como queriendo atarse a él y tenerlo cerca incluso sin ser consciente, y lo que nunca faltaba, sus lacios y largos mechones negros que se salían de la trenza que solía hacerse para dormir, coronaban ese momento. A él le gustaba mucho despejar su rostro y observarla. No se cansaba de grabarse cada línea que la conformaba, ver sus lindos labios, recorrer los arcos de sus espesas pestañas y sentirla respirar a centímetros. Lo que sentía en ese momento le hacía saber que estaba en el lugar correcto.
Esa mañana, no fue diferente y logró quedar cautivo ante ella. Sin embargo, también había algo más de lo que tenía que hacerse cargo. No quiso moverse para no despertarla, así que se quedó en su sitio y clavó la vista en el techo. Sin que pudiera evitarlo, los recuerdos del día anterior se agolparon uno tras otro, reclamando su atención.
No pudo evitar preguntarse por qué su padre había vuelto y qué relación tenía con Snoke como para que él le hubiera insinuado que estaba en Coruscant.
Aunque a decir verdad no le extrañaría que ellos hubieran encontrado y contactado a Brendol pues eran capaces de todo. Al parecer, habían estado escarbando en su pasado, tratando de hallar un punto débil que lo hiciera trastabillar.
Supuso que ya averiguaría lo que había sucedido con exactitud, y dejando de lado ese planteamiento, otros más apremiantes comenzaron.
¿Qué pasaría cuando se encontrara de frente con Brendol?
¿Qué le diría?
¿Había algo que quisiera decirle que su padre que éste no supiera ya?
No estaba muy seguro.
Pensó que podía írsele a golpes porque en verdad tenía ganas de hacer eso, pero también se imaginó gritándole y vomitando toda la repulsión que sentía por él. También se vislumbró a sí mismo tan afectado que quedarse callado era una posibilidad. En contra parte, pensó en las reacciones de él, incluso imaginó su voz, aunque ya la hubiera olvidado después de tantos años alejados.
La piel se le erizó momentáneamente por la aversión que sentía al pensar en él y entonces, como otras tantas veces, sintió que las extremidades de Rose que se enroscaban en su pecho, lo sacaban de ese lúgubre lugar.
Su linda voz le dio los buenos días y ni bien Armitage se los devolvió, su esposa ya estaba regalándole suaves y diminutos besos en su cuello y varios "te amos" que fueron contestados por él, afirmándole que el sentimiento era mutuo.
Él no quería salir de ese mundo en donde sólo estaban ellos dos, en donde sólo los ojos negros y rasgados de Rose lo anclaban a un puerto seguro, pero después de abrazarse por varios minutos, resolvieron ponerse de pie porque había algo importante para hacer en aquel día y los dos lo sabían perfecto.
Ella anunció que se metía a bañar y Armitage aprovechó para telefonear a Phasma para enterarla de que no iría a la oficina ese día. También le dejó instrucciones.
Entonces, aunque amortiguada, la voz melodiosa de Rose en forma de una canción que no conocía, llegó hasta sus oídos provocándole felicidad y asombro, porque ciertamente cada día le descubría algo que sumaba a la lista de porqué la adoraba como lo hacía.
Sonrió tratando de hacer el miedo y la ansiedad a un lado.
Tomó su turno en la regadera después de que ella saliera goteando y posteriormente desayunaron juntos, como ya acostumbraban.
Rose estaba más cariñosa que nunca, queriendo infundirle valor a su amado y proyectando todo su amor para él. No tenía duda que era un momento decisivo y que quizás no dependía de ella arreglar eso que tanto temía su esposo. Sin embargo, si era su elección pasar eso con él y hacerle saber que jamás volvería a estar solo.
Más tarde, salieron en el audi azul que ella misma condujo y Armitage se dejó guiar por primera vez en mucho tiempo, ocupando el asiento de copiloto que le hacía sentir extraño, pero también un poco más libre.
No hablaron durante el trayecto y no se sentía incómodo, pero eso dio pie a que él se fuera en sus pensamientos muy muy lejos proyectando nuevamente escenarios, tratando de adivinar movimientos, ceños y hasta palabras. Armitage estaba despierto pero sus ojos azules verdosos se clavaban fijo en el camino y veía sin realmente prestar atención.
No supo decir si fue mera intuición, pero cuando sintió que la ansiedad regresaba, Rose tomó su muñeca, justo como él lo había hecho meses atrás, cuando le dijo que había descubierto que su tienda estaba en la quiebra.
— Esa vez, cuando hiciste esto mismo… me sentí muy segura —habló ella dándole una miradita rápida y después regresándola al frente—. Sé que había tomado, pero mi tristeza y aflicción eran verdaderas. Apenas y nos conocíamos, pero, me calmaste solo poniendo tus dedos alrededor de mi muñeca en un agarre fuerte… y me escuchaste. Tengo que confesar que, fue un momento muy importante para mí —reveló Rose queriendo que él fuera consciente de todo lo que significaba para ella y lo que en ese momento le ayudó. Terminó por tirar suavemente de su mano y besarle los nudillos. Él le dio una mueca cargada de cariño y nostalgia mezcladas.
— A veces pienso que desperdiciamos mucho tiempo siendo unos necios y teniendo miedo de esto… más yo… —comentó el contador meneando la cabeza en negativa.
— También lo creo. Lamento haber sido una molestia en ese entonces.
— Y yo haber sido un pesado —secundó.
— Taggie… ¿estás bien? Dime qué piensas cielo mío —a Hux le invadió una extraña mezcla de cosas al escuchar su pregunta.
— Tengo miedo —confesó—. Rose… creo que necesito ayuda para enfrentar esto, es decir… ayuda profesional.
— ¿Quieres que dé la vuelta? —dijo poniendo las intermitentes y orillándose de golpe. Rose giró su cuerpo y atrapó las manos de su esposo. Él se sintió sumamente amado y cuidado y si había titubeado un poco con el asunto de ver a su padre, ella acababa de cambiar eso.
— No —negó, y apretó fuerte sus pequeñas manos—. Lo puedo hacer. Si puedo… lo sé.
— Claro que puedes, amor —asintió, orgullosa.
Llegaron al Hotel Supremacy a la hora pactada. Aquel era un elegante y lujoso lugar que en otra ocasión, les hubiera dado gusto visitar de lo lindo que era, pero que en ese momento contrastaba totalmente con el motivo de su visita.
Se dirigieron hasta la recepción, y ahí Armitage preguntó por el inquilino dando su nombre completo y la habitación que le había indicado.
Les informaron entonces que el señor Hux estaba en el jardín, así que ambos se dirigieron ahí.
Armitage le tomó la mano a Rose y salieron al exterior topándose con el fresco aire y una hermosa vista de rosales y arbustos podados con esmero.
No había señales de gente por ahí, aunque era casi predecible por la hora y porque no era temporada vacacional aún.
Un caminito empedrado dirigió los pasos de ambos y ellos lo siguieron. Cuando habían recorrido la mitad, el contador distinguió a su padre a lo lejos sentado frente a una mesita con sombrilla cerca de la alberca.
Detuvo su andar en seco y se lo quedó viendo. Brendol, también notando su presencia, se puso de pie y se sacó los lentes negros de sol.
— Voy a ir a sentarme a la mesa del fondo —le anunció Rose, dándose cuenta de que aquel encuentro era muy de ellos dos.
— ¿Segura? —preguntó dudoso de que la estaba haciendo a un lado.
— Mi amor, creo que ustedes necesitan hablar a solas. Yo estaré cerca por si me necesitas ¿De acuerdo? —le comunicó.
— Nunca voy a poder pagar todo lo que estás haciendo por mí, pero te prometo que lo compensaré todos los días.
— Ya lo haces —le apretó la mano que aún le sostenía y le sonrió con cariño—. Una cosa más, mi vida. Quiero que tengas muy presente que tú no tuviste la culpa de nada, y que él no te convenza de lo contrario. Y… no te pido que le perdones, pero sí que te perdones a ti mismo y que busques tu paz… recuerda Taggie, no combates lo que odias, salvas lo que amas.
— Y tú eres a quien yo amo, Rosie —contestó verdaderamente inspirado por sus palabras.
— Y por eso ya me has salvado, Taggie —ella se puso de puntitas y él se inclinó hacia la acostumbrada altura que usaba para besarla. Compartieron un beso cargado de valor, se dieron una última mirada y Rose fue a sentarse en otra mesita en el otro extremo de donde el padre de Hux estaba.
Armitage tomó todo el acopio del que fue capaz y se acercó hasta el tipo que lo esperaba parado.
Las manos le sudaron en cuanto encontró los ojos, del mismo tono que los suyos, en ese rostro que también se le parecía.
— Brendol —susurró despegando sus labios anchos, conteniendo el aliento y todo lo que sentía para no demostrarle nada. No le iba a dar armas que pudiera usar en su contra.
— Hola, Armitage —su voz rasposa pronunció su nombre y él tuvo que agarrarse del borde de la mesa que los separaba para que el mareo momentáneo que sintió no lo engullera.
— ¿Qué haces aquí? —exigió sin más preámbulos y sin nada de tacto. Él no merecía consideraciones o palabras suaves. Armitage estaba listo, había esperado años por una oportunidad así y le iba a hacer saber que aún lo despreciaba.
— Primero siéntate por favor —le pidió con una amabilidad que jamás en su vida le conoció. Su padre fue el primero en dejarse caer en la silla que tenía detrás, y después de unos segundos así lo hizo el pelirrojo. Desde sus sitios, los dos se estudiaron en silencio. Armitage encontró más arrugas en él que la última y lejana vez que hablaron, también lo veía mucho más delgado y ojeroso debajo de ese traje sastre que llevaba. Brendol nunca fue precisamente delgado como él que heredó la complexión de su mamá, y a decir verdad lo imaginaba más rechoncho como signo de la gran e inútil vida que se estaba dando. Verlo así de demacrado fue una sorpresa, aunque lo fue más descubrir que se había afeitado toda la cabeza y que no llevara barba.
Brendol recorrió el cabello pelirrojo de su hijo, bajó por su rostro y sus hombros. Diecisiete años habían pasado para que volviera a verlo en condiciones totalmente diferentes a cuando se despidieron.
— "El inútil de su hijo" —recordó para sus adentros que así solía decirle, cuando era apenas un pequeño. Nada de eso era cierto. Su pelirrojo siempre había sido un niño muy inteligente para su edad y muy capaz… pero arrepentirse ya no tenía caso, aunque sí lo hacía.
Giró un poco la cabeza para mirar por breves segundos a la esposa de Armitage, que representaba para él la oportunidad de salvarse… o, más bien, aunque sonara feo y desconsiderado, la conveniente oportunidad de sobrevivir…
— Veo que has traído a tu esposa, Rose Tico ¿cierto? La había visto en las revistas, pero en persona e incluso de lejos se ve muy hermosa. ¿Por qué no nos presentas? —Brendol pensó que la tenía difícil con su hijo, pero si ellos estaban tan enamorados como llegó a darse cuenta minutos antes, Rose podría ser ese puente, esa conexión que ayudara a Armitage a cambiar su pensamiento en cuanto al odio que le tenía.
— Porque no quiero que mi esposa tenga algo que ver con un monstruo como tú —soltó queriéndole hacer daño—. Dime ya a que has venido, porque en tu nota no ha quedado claro nada. Si tu propósito era atormentarme recordando a mamá con su viejo vinilo favorito, estarás feliz de saber que lo lograste.
Brendol suspiró, había fallado también en eso.
— No, no buscaba eso. Quería que lo tuvieras tú. Era… era algo que compartías con ella.
— Y te recuerdo que tú lo destruiste —contestó Armitage sintiendo que la ira le bullía.
— Han pasado tantos años… —dijo, ignorando por completo el desdén de su hijo—, eres todo un hombre y te pareces tanto a tu madre…
— ¡Basta! —le gritó Armitage incapaz de contenerse—. ¡No te atrevas a mencionarla!
— Hijo…
— ¡No me llames así! —la voz casi se le corta, pero la aguantó, ahora sacando la rabia y el coraje hacia él.
Brendol se quedó pasmado y Armitage no supo por qué tenía esas reacciones. Lo notaba dudar tanto y agachar la cabeza que le hacía pensar muchas cosas. ¿Estaba actuando? ¿Se burlaba así de él ahora en un nivel más alto de descaro? ¿Acaso quería darle lástima?
— No lo voy a repetir de nuevo —le amenazó inclinándose hacia el frente—. ¿Qué demonios haces aquí? —pronunció despacio, remarcando cada palabra de esa pregunta. Brendol no contestó, pero lo miraba de una forma extraña—. Teníamos un maldito trato, que por sí ya se te olvidó, estuviste muy contento en aceptar. ¿Qué cambió ahora? ¿Qué quieres?
— Lo sé —habló al fin, reacomodándose en su silla—. No era mi intención romperlo, pero… he tenido muchos años en solitario para pensar muchas cosas y, además, salías en todos lados, revistas, periódicos… por eso me enteré de tu boda, bueno y también por un bviejo amigo de tu ex jefe.
— Dime cuánto te ofrecieron esos bastardos ¿te pagaron bien por venir y hacerme la vida imposible? —él negó, casi con vergüenza en la cara y eso sólo hacía que Armitage se enfureciera aún más porque no le quedaban esos gestos de un posible "falso arrepentimiento".
— Yo los busqué —Brendol llevó una mano temblorosa a la solapa de su saco para tomar algo que Armitage no distinguió hasta que se lo puso frente a él, sobre la mesa. Era una simple tarjeta blanca, en la cual estaba estampada la caligrafía que reconocía perfecto después de tantos años de leerla en informes: la de su suegro. Apuntados ahí dos números: El móvil de Tico y el de Snoke—. Él me la dio. Hue Tico me la dio.
— ¿Qué tonterías estás diciendo? —reclamó. El pulso se le había acelerado aún más y las manos le estaban sudando.
— Él lo sabía… que yo estaba vivo —soltó despacio como si supiera que aquellas palabras corrían el riesgo de incendiar el lugar.
— Eso no es…
— Es verdad —le interrumpió su padre—. Él me buscó un año después de que te fuiste de Arkanis. Me dijo que le contaste a todos que yo había muerto pero que no quisiste dar mas detalles así que él investigó con una amiga que tenía en la policía… algo de Kanata, no lo recuerdo… me dijo que trabajabas para él y yo lo puse al tanto de nuestro trato como queriendo acusarte y que se diera cuenta de que estabas comprando mi silencio —Brendol desvió la mirada hacia sus manos huesudas por unos segundos—. Y él sonrió y dijo que era un plan digno de tu cabecita calculadora. También me dijo que eras brillante y que te auguraba un gran éxito en tu carrera. Me ofreció dinero extra para no acercarme a ti y bueno, yo lo acepté en ese entonces muy gustoso porque como has dicho, soy un monstruo —el mayor de los Hux se quedó callado, mientras Armitage trataba de entender lo que estaba pasando. Tico sólo le había preguntado una vez por su padre y de ahí, jamás volvió a mencionar nada. Nunca hubo un indicio de que supiera la verdad y ahora no sabía cómo reaccionar a eso, porque aquella revelación significaba que siempre lo supo y aun así aceptó su silencio—. Tenía que encontrarte y no tenía más pistas que el nombre de Coruscant y de Hue Tico pero supe que había fallecido meses antes porque salió en las noticias, por lo tanto, sólo quedaba el otro contacto que me dejó por si algo sucedía. Hablé con ese tal Cornelius Snoke, y sí, si me quiso ofrecer dinero porque colaborara con él, pero me negué. Él fue quién me dio tu número. Marqué el día que supe que sería tu boda esperando poder verte pero cuando llegué al lugar me di cuenta que era una ceremonia privada y que no podría entrar. He estado aquí desde entonces, esperando poder acercarme pero, tampoco podía… nor eunía el valor hasta ayer que mandé eso a tu casa.
Tembloroso, el menor de los dos Hux se pasó la mano por el cabello y tuvo que hacer un enorme esfuerzo por no salir huyendo de ahí.
— ¿Y has venido a decirme esto? ¿A decirme que le sacaste más dinero a alguien más? Porque ya he tenido suficiente.
— No, Armitage. He venido a pedir dos favores y a… en cierta forma, despedirme.
— Brendol, deja ya los rodeos o me voy a ir.
— Ni si quiera debería pedir esto porque sé que no lo merezco y no lo voy a obtener pero debo intentarlo, quiero que me perdones por…
— No te atrevas… —le interrumpió su hijo—. Jamás podría perdonarte ¿lo entiendes? Jamás. Por tu culpa mi madre está muerta. Ella está muerta y no tú.
— Pero pronto lo estaré y ese es mi karma, que necesito sepas, acepto en su totalidad y que sé que ni siquiera así podría reparar todo lo que hice… aun así ya no tengo tiempo tampoco para hacerlo.
— Es un recurso muy barato hasta para ti que pretendas darme lástima —soltó ácido el contador.
— Estoy enfermo y tengo una cirugía programada que no puedo pagar y de la cual es muy probable que no salga vivo. Quería verte para decírtelo, para pedirte perdón y para suplicar que me acompañes. Sé que es una molestia para ti, pero… eres la única familia que me queda. Es costosa y yo… sé que vas a pensar lo peor, pero sé que los Tico tienen mucho dinero y yo quería…
— Esto es increíble —Armitage se hizo hacia atrás en su asiento y movía la cabeza en negativa por lo que acababa de escuchar—. No puedo creer que vengas a pedirme algo como esto para sacar más dinero y encima ¿tú me hablas de familia? ¿TÚ? ¡Tú destruiste tu familia! —le gritó ya poniéndose de pie, lo que hizo que Rose reaccionara y saltara de su lugar para ir hacia ellos—. ¡Tú la mataste y yo no tuve el maldito valor de hacer nada para que te pudrieras en la cárcel! ¡En cambio te di una pensión para que nunca tuviera que verte la cara de nuevo!
— Armitage… yo…
— ¡NO! ¡No quiero escuchar más! Y ¿sabes una cosa? ojalá… ojalá que…
— Taggie… —Rose se metió a tiempo, dándole un apretón suave en el brazo a su esposo—. Es suficiente, cariño —habló con la voz cargada de tristeza—. Vamos a casa.
Armitage la miró logrando salir del trance colérico e inspiró aire con esfuerzo, esperando una calma que no poseía y veía lejana. Se limitó a asentir ante la propuesta de Rose y le dedicó una última mirada a Brendol, aún sin creer todo lo que le había dicho porque seguramente era otra de sus mentiras o artimañas.
Armitage fue el primero en alejarse del lugar dando zancadas rápidas, Rose estaba por seguirlo pero Brendol Hux le habló.
— Lamento conocerte en estas circunstancias —la jovencita lo estudió unos segundos y pudo ver el dolor reflejado en esos ojos tan parecidos con los del amor de su vida.
— Yo también.
— Esperaba que pasara esto —admitió, suspirando—. Pero, todo lo que dije es verdad… aunque entiendo que crea que le miento.
— ¿Enserio? Yo dudo que usted estuviera preparado para recibir un no, sino ni se hubiera molestado en venir —Brendol alzó una de sus escazas cejas—. A veces hay cosas que no se pueden sanar de la noche a la mañana, ni pasados diecisiete años. No después de tanto dolor. Armitage ya ha sufrido bastante por su culpa, y lamento su estado de salud, pero usted mejor que nadie sabe por qué él es así. Debe entenderlo.
— Yo lo hice así —asintió con pesar. Dudó un momento en su lugar observándola—. ¿Es bueno contigo? —se atrevió a preguntarle.
— ¿Tiene miedo de que esté repitiendo lo que usted le hizo a su esposa? —Brendol agachó la mirada y soltó un suspiro sonoro—. Déjeme decirle que su hijo es un gran hombre. Es muy inteligente, protector, muy cariñoso. Es fuerte, quizás algo serio ante todos, pero no conmigo. Es un gran esposo y tengo mucha suerte de haberlo encontrado. Amo mucho a su hijo.
— Me alegra que te tenga a su lado. Gracias por quererlo así.
— No tendría que agradecérmelo, es lo que Armitage merece. Hasta luego, señor —Rose le dio una fugaz sonrisa que fue más un reflejo por lástima y se echó a correr para alcanzar al pelirrojo.
Procesar el regreso de Brendol y su aparente "arrepentimiento" le llevó algunos días a Armitage. En realidad, quería seguir odiándolo y castigarlo con desprecio, justo como lo había hecho con él cuando de niño, sin embargo la frase que Rose le había dicho resonaba fuerte en su mente cada vez que pensó en él.
Habló mucho con Rose al respecto y ella pacientemente lo escuchó y le dio su punto de vista.
En algún punto se enojó consigo mismo por creer aquel cuento que su padre le recitó y como no pudo quedarse quieto ante la duda, tuvo que contactar a Ben. Al principio tuvo recelo, porque debía explicarle la situación completa. Para la sorpresa del pelirrojo, esta vez Ben no hizo bromas o comentarios sarcásticos, lo que sí que le hizo toda una lista de preguntas y le prometió que tendría toda una investigación al día siguiente.
Armitage no se asombró para nada cuando la carpeta llegó a su oficina de manos de Mitaka un día después como el abogado prometió. Cuando leyó el informe que Ben había hecho, pudo constatar que lo que su padre le contó era cierto.
Así fue que se enteró que su padre estaba invadido por el cáncer y la cirugía de la que le había hablado era tanto costosa como peligrosa.
Al final no se había tratado de una mentira, pero eso tampoco lo eximía de nada.
Esa noche llegó a casa y habló largo y tendido con su esposa, que siempre lograba darle calma y otro punto de vista que le iba bien.
El pelirrojo se quedó despierto hasta tarde, mientras Rose ya soñaba. Le dio una y mil vueltas, y después de estudiar todo, incluso su propio dolor, tomó su decisión.
Días después de volver a su pueblo natal había recibido una llamada del hospital en donde lo citaban para su cirugía. Le informaron que habían recibido una petición de que se programara la intervención, misma que sería pagada por Armitage Hux, una vez que se llevara a cabo.
Él casi no podía creerlo.
Brendol se presentó ese día en el hospital central de Arkanis con la certeza de que su destino acabaría sobre la plancha quirúrgica, sin embargo, aún con mínimas posibilidades de éxito, quiso ir e intentarlo. Sabía que no tenía caso lamentarse por todo lo que había hecho, aunque en realidad, llevaba años flagelándose con sus recuerdos. Sabía que merecía lo que le estaba pasando, y que ni con eso alcanzaría a enmendar o compensar nada. Cuando vio el pánico y la furia en su hijo, aquel día en el hotel, se odió aún más a sí mismo. Se avergonzaba también de haber mencionado lo del dinero que Hue le dio y por pedirle ayuda a Armitage para costear la cirugía, pero había sido su forma de darle cierta lástima a su hijo y como había previsto no había funcionado. Pero esa era una gran posibilidad que barajó desde un inicio. No lo culpaba y tampoco creía que era una mala persona. Que hubiera ido a su encuentro fue la primera señal de que no lo era y luego lo que Rose le contó terminó por dejarlo más tranquilo. Anhelar una relación con él era un sueño bastante tonto de su parte, pero todos esos años solo, con la noticia de su cáncer invadiéndole sin poder hacer nada, entre quimios y medicamentos, le hizo reaccionar. Hubiera querido estar en su boda y verlo feliz, e incluso tener nietos… pero eso era algo que jamás sería capaz de ver. Ese era su castigo en vida.
Las enfermeras entraron al cuarto, haciendo que él dejara las lamentaciones porque el momento había llegado. Lo ayudaron a traspasarse con cuidado a la camilla que lo llevaría al quirófano.
Brendol se aguantó las ganas de llorar por vergüenza y porque le habían dicho debía estar tranquilo a fin que no se alterara psicológicamente y aumentara el riesgo del desenlace.
Lo sacaron por el pasillo y sus ojos captaban sólo las lámparas de alógeno en el techo y los rostros de las enfermeras que parecían sonreírle detrás de sus cubrebocas y que lo miraban de tanto en tanto.
— ¡Esperen! ¡Esperen!
La camilla fue frenando poco a poco ante la imprevista petición.
Pensó que estaba soñando, pero despejó la duda en cuanto distinguió a su hijo acercándose corriendo hacia él.
Al tenerlo cerca, se dio cuenta que en sus ojos ya no había furia, pero si otra cosa a la cual no pudo ponerle nombre.
Sintió sobre su muñeca izquierda el tacto de los dedos de su hijo, aprisionándole el lugar, reconociendo el gesto que su difunta esposa utilizaba para consolar a sus seres amados.
Como en cámara lenta, vio a su muchacho agacharse, quedando a la altura de su oído. Armitage le susurró algo que lo cambiaría para siempre.
— Gracias —dijo Brendol en respuesta, mirando a los ojos a su hijo.
Ninguno de los dos Hux apartó la vista cuando las enfermeras reanudaron el camino hacia el quirófano.
Al llegar ahí, cada uno del equipo que lo acompañaría durante el procedimiento, se presentó con el paciente y luego le aplicaron la anestesia.
Se fue quedando dormido mientras desde lo lejos, algún rincón de su mente le repetía la voz calmada de su hijo en un loop infinito:
"Te perdono"
Una hora más tarde, Rose y Armitage que estaban en la sala de espera, recibieron la noticia de boca del médico oncólogo.
Brendol Hux había fallecido.
Phasma se sentía un poco mal por lo que estaba haciendo, pero hacía días que el comportamiento de Armitage Hux dejaba mucho que distar: Llamadas misteriosas a la extensión del jefe sin pasar por la suya antes como era lo acostumbrado, salidas por parte de Hux antes de su horario de trabajo y reuniones secretas que no se llevaban a cabo en la sala de juntas del bufete eran cosas que empezaban a suceder y que a ella le daban muy mala espina.
La rubia, había tomado entonces la rienda de todo eso entre sus manos y un día, cuando su jefe se fue y le dio el discurso de que tenía que volver a casa antes, resolvió seguirlo junto con Mitaka después de la jornada de trabajo. Fue ahí donde se dio cuenta de que le había mentido porque no se dirigió a su hogar y en cambio se reunió con una mujer en el centro comercial. Phasma la reconoció enseguida porque la había visto durante la boda. Se trataba de Bazine Netal.
Mitaka le había dicho en esa ocasión que se viera con ella no significaba nada malo y le instó a dejar las cosas como estaban para que no se metiera en problemas. La secretaria estaba muy molesta con su novio por eso. No era posible que Dopheld no viera la gravedad del asunto. Armitage no podía estarle viendo la cara a Rose. No a la linda y enamorada esposa que tenía con él y por la cual pensó que el pelirrojo, babeaba.
Después de esa ocasión se puso aún más alerta y justo ese día todo alcanzó niveles insospechados de descaro que ella ya no iba a solapar o consentir como si no escuchara nada. Quizás Rose no era una amiga íntima, pero si era alguien a quien respetaba de mujer a mujer y que apreciaba.
Había descolgado su auricular para espiar la conversación del jefe y fue así que lo escuchó quedar con la tal Bazine. Se dio el tiempo para pensar en su estrategia y llegó a la conclusión de que en vez de confrontarlo, podía frustrarle el plan y atraparlo con las manos en la masa.
Decidida, en cuanto su jefe se escabulló casi enseguida que había arribado a la oficina esa mañana, la secretaria proveniente de Parnasos, telefoneó a la menor de las Tico y le dijo que necesitaba hablar con ella de un asunto delicado. Y así logró que Rose fuera a recogerla a la oficina.
— Phas ¿qué hacemos aquí? No entiendo —Rose interrumpió sus pensamientos con su voz suave y dubitativa. La aludida se volteó hacia el asiento del conductor y la miró con las cejas juntas.
Rose nunca la había visto así de consternada. Phasma se caracterizaba por ser una mujer muy divertida y parlanchina y esa ocasión en cambio su rostro delataba que estaban ahí por algo no muy agradable. La rubia la había hecho conducir hasta la plaza en donde ella tenía su abandonado Millie y esperaban dentro del auto, a algo o a alguien. Le había dicho que aparcara en la fila de autos a unos metros de la puerta principal y ya llevaban unos cinco minutos ahí sin que la secretaría dijera algo. Simplemente estaba en silencio con los ojos fijos en frente.
Y eso cambió en breves segundos cuando la rubia decidió dar su explicación al fin:
—Rose, la verdad es que tu esposo ha estado actuando raro estos días —comenzó Phasma que, aunque estaba enojada, también estaba dudosa de decirle algo a Rose porque no quería lastimarla y porque sentía no tenía pruebas contundentes, más que de la que esperaba fueran testigo en unos cuantos minutos. Ahora el remordimiento le carcomía sorpresivamente.
— Así que no sólo yo lo noté —suspiró ella, sintiendo a la vez que su corazón se estrujaba. Sabía que pasaba algo, Armitage era muy bueno para esconder cosas, pero últimamente una emoción poco disimulada le delataba— ¿Qué es lo que sabes, Phas? Necesito que me digas todo, sea de lo que sea que se trate —le pidió clavando su mirada en los asustados ojos azules de esa mujer que la acompañaba.
— Bueno, es que él…
Phasma no completó lo que fuera que iba a decir porque Rose desvió la mirada al frente. La secretaria se quedó callada en cuanto se dio cuenta que al lugar arribó el auto del bufete que Mitaka conducía y se estacionó frente a la entrada del centro comercial.
— ¿Qué demonios...? —susurró al verlo bajar de prisa y abrir la cajuela. Su novio le había dicho que Armitage le encargó hacer algunos pendientes, aunque no quiso decirle de qué se trataban por más que ella insistió. ¿Acaso Dopheld estaba al tanto de todo lo que sucedía? Peor aún ¿apoyaba a Armitage en su doble vida?
Entonces el delgado pelirrojo que ocupaba las reflexiones de ambas mujeres, apareció como si lo hubieran invocado. Salió del acceso principal y fue a alcanzar a Mitaka que le pasó una caja de cartón. Armitage regresó por donde había llegado y el chofer lo siguió segundos después de estirar la mano para cerrar el auto con el control remoto, cargando otra caja igual.
— ¿Qué está pasando aquí? —susurró Rose. Phasma que se había quedado petrificada en su asiento y pestañeaba por la sorpresa, se preguntaba lo mismo.
Siguiendo con la mirada a ambos hombres, la diseñadora se bajó del auto. Esperó a que los dos se perdieran de su vista y fue que comenzó a caminar lo más rápido que sus piernas le daban porque no era su estilo quedarse con la duda de nada.
La rubia no tardó en alcanzarla con unos cuantos pasos, gracias a la imponente altura que poseía. El ambiente tan tenso sólo le indicó que no sólo el pelirrojo respondería por sus actos, Mitaka no estaba exento de nada tampoco y si era necesario cachetear a los dos, ella lo haría por Rose que era más bajita.
Presurosa la diseñadora, entró al lugar al cual no había acudido desde hacía meses, pero no le prestó mucha atención como para notar el cambio en la decoración que habían hecho por la nueva estación del año que entraba.
En un minuto, las sospechas que había tenido de que su esposo estuviera viendo a otra mujer –que había tenido incluso aunque luchó contra ello–, se evaporaron al darse cuenta de otra cosa… algo que había pasado por alto: Conocía esas cajas que Mitaka y Armie cargaban, pues eran las mismas en las que se había llevado ciertas cosas de su taller de costura a casa. Recordó también que hacía un tiempo se dio cuenta que las llaves de su local que guardaba en el buró del lado de su cama, habían desaparecido. Hizo un desastre aquella vez, volteando toda la casa y buscando en cada rincón, sin éxito alguno. Incluso recordaba que el pelirrojo casi se había infartado al llegar al hogar y ver todo el departamento patas arriba.
En esa ocasión él le consoló dándole el argumento de que ya aparecerían en cuanto menos lo pensara y ella misma se dijo que no iba a ocuparlas por el momento porque estaba negada a regresar sin antes acabar su primera colección de vestidos de novia, que se coronaba por supuesto con el que le estaba haciendo a Rey. Así que ahí había quedado todo.
Armitage había estado actuando raro, en eso Phasma tenía razón. Llegaba ocasionalmente a deshoras sí, pero también en algún punto le había preguntado por su local, por sus gustos en decoración y colores y en cómo imaginaba que sería su tienda el día que llegara a re-aperturarla.
Las señales siempre habían estado ahí, pero ella no las había captado, o más bien, había pensado algo diferente porque el miedo, aunque ya menor de perderlo, había dejado ciertos rastros en ella. Rose lamentó en silencio haber pensado si quiera en esa posibilidad, justo como cuando pasó lo de Brendol, porque una vez más estaba por comprobar que el amor de su esposo era muy grande.
Apretó el paso y llegó frente a la tienda, topándose con la presencia de Armitage parado en el marco de la puerta de cristal. Tenía una enorme sonrisa fija en los labios y las manos escondidas en las bolsas de su pantalón de vestir azul en una pose relajada.
Rose alzó la vista a las letras del local, que resaltaban pues habían cambiado en estilo y tipografía y cuando dirigió sus ojos al aparador de la derecha y vio cinco maniquíes de tela negra que exhibían los vestidos de la colección, supo lo que estaba pasando.
— Sorpresa, mi amor —dijo el pelirrojo, abriendo los brazos, mostrándole.
Avanzó hasta su mujer, que se había quedado a unos metros de la entrada totalmente pasmada, y le rodeó la cintura quedándose cerquita de ella. Vio a Phasma llegar detrás, pero Mitaka que estaba terminando de acarrear algunas cosas la detuvo antes de que se acercara hasta ellos con las notables intenciones de golpear a alguien. El pelirrojo sabía perfecto que tanto su esposa como su secretaria habían mal interpretado las cosas, y justo por eso ese día había puesto en marcha la última fase del plan.
Había quedado con Bazine a propósito ese día porque ya todo estaba listo para mostrárselo a Rose y porque Mitaka ya le había advertido que Phasma estaba sospechando ciertas cosas y entonces los dos hicieron que la rubia llevara ahí a Rose, sin que ella misma fuera consciente de que eso era parte de lo planeado.
— Armitage… ¿qué hiciste? —le preguntó alzando la palma para tocarle la barba.
— Lo que debía hacer —contestó sin poderse aguantar la emoción—. Quiero que veas todo, tienes que entrar y conocer tu nuevo lugar. Sé que te va a gustar mucho.
Le tomó la mano y la condujo adentro. Desde que puso el primer pie en el sitio, Rose tuvo ganas de llorar por todo lo que representaba ese cambio.
No quedaba nada de la antigua Millie. Ni los racks de la última ropa que diseñó y que dejó abandonados cuando despidió a todos sus empleados y decidió cerrar; ni los estantes, ni los aparadores. Nada. Era un sitio totalmente nuevo y diferente. Ahora había una hermosa sala de espera con sillones lindos y elegantes, un candelabro de cristal que se alzaba encima de ellos y su viejo mostrador había sido cambiado por otro más ad hoc con el nuevo estilo.
Rose caminó, despegándose de la presencia de Hux, sólo para descubrir cada rincón nuevo. Una vez que pasó la sala, se encontró un poco más al fondo las paredes con percheros en donde irían colgados los vestidos y ahí junto una tarima circular rodeada de espejos, y un amplio probador.
— Tienes que ver el taller, amor, también tuvo algunos cambios. La máquina de coser de tu mamá ya está ahí, esperándote.
— Taggie… esto… —balbuceó apenas, paseando los ojos por todos lados sin poder decidir qué cosa le gustaba más. Si el color, el estilo, la decoración o el aura que todo junto desprendía o que Armitage lo hubiera planeado—. ¿Por qué hiciste todo esto?
— ¿Te molesta? —le preguntó para luego morderse el labio un poco angustiado. Cuando había contratado a Bazine para que llevara el proyecto, la arquitecta bien le había preguntado si su esposa no se molestaría que él se encargara de ese cambio tan personal que harían. En ese entonces él pensó que no habría problema, pero al escuchar la pregunta de Rose no pudo evitar sentir que se había precipitado—. Estuvo mal ¿verdad? Debí consultarte, perdóname.
La risilla que ella soltó después mientras negaba con la cabeza, le devolvió la calma de inmediato.
— No, no, Taggie. Me encanta, todo me encanta te lo juro. Pero, no tenías por qué hacer esto, es decir… es el detalle más hermoso, importante y grande que alguien me ha hecho y yo no tengo palabras más que… que te amo demasiado y que me has hecho muy feliz.
Él, la persona que la hacía sentir segura, le había hecho un lugar seguro…
— Si, si debía y quería. Lo hice porque sé que estás lista para volver y hacer lo que te gusta. Hace días que acabaste la pequeña colección y hace días también que Bazine terminó todo. Si no te lo dije antes fue porque quería que fuera una sorpresa. Te amo Rose y sólo quiero que seas tú, quiero que confíes y te atrevas, aunque yo no aplique mucho eso en mí —puntualizó encogiéndose un poco de hombros—, pero, estoy tratando… Y, sobre todo, sólo quiero regresarte todo lo que has hecho por mí, con esto Sólo quiero que seas feliz. Sé que te lo he dicho muchas veces, pero, es enserio.
Rose ya no pudo guardarse más las lágrimas que habían anegado sus ojos y las dejó salir. Quería pensar que no merecía a Armitage pero la verdad era que sí, que los dos se merecían mutuamente y que habían pasado un largo camino para precisamente, descubrir eso. Se lanzó hacia él, abrazándolo y hundiendo su naricilla en el saco que él portaba, deleitándose con su aroma y su calor.
— No llores, preciosa —le pidió mientras correspondía el fuerte abrazo, descansando la barbilla en donde nacían sus largos cabellos negros.
— Perdóname, porque todo este tiempo estuve pensando cosas locas… y en cambio tu haz hecho todo esto para mí. Soy una tonta, amor. Perdóname —pronunció pegando su rostro en el pecho de su esposo, escondiendo su vergüenza. Él la tomó por sus delicados hombros y la echó hacia atrás para que lo mirara.
— Imaginé que pasaría algo así, pero decidí correr el riesgo de que pensaras mal y de que Phasma me golpeara —Rose se rio inevitablemente ante el comentario y se limpió las mejillas. Más que lágrimas de tristeza eran de felicidad.
— La verdad es que siento pena de estar tan contenta y de que ella esté muy molesta —le comunicó, algo divertida pero también sintiendo pena por la rubia que había querido ayudarla.
— Lo sé, ha estado así desde que empezamos el proyecto porque me comunicaba con Bazine desde mi extensión sin pasar por la suya, y tú sabes que esa es una de sus funciones y que, además, adora saber todo con lujo de detalle, pero fue así porque precisamente no quería que arruinara la sorpresa. Esa de hecho, fue idea de Mitaka a quién le encargué que contactara a Bazine en primera instancia, y bueno, el creyó pertinente que me comunicara desde la oficina, tanto para evitar a mi mordaz secretaria como para que mi esposa no descubriera antes lo que planeaba. Sin embargo, Phasma está muy pendiente de todo y es difícil ocultarle cosas, se fija mucho en los detalles. Estos últimos días enserio pensé que iba a entrar a mi oficina a ponerme una golpiza en cualquier momento, debo decir que sí me salvé por poco. Lo de hoy también fue planeado y también era otro arriesgue a que no saliera como queríamos, pero debo decir que esos dos se conocen bien. Mitaka vaticinó que te traería aquí en vez de irme a reclamar a mi directo. Supongo que le está explicando todo en este momento—dijo el contador alzando la vista y viendo a lo lejos a la pareja de novios sentados en unas banquitas alejadas, charlando. La rubia agitaba los brazos y gesticulaba cada que hablaba. Dopheld un poco abrumado, le mostraba las manos, como si estuviera intentando calmarla, sin mucho éxito.
— Es una buena persona, creo que seremos grandes amigas. Quiso ayudarme, muy a su estilo impulsivo. Deberías pensar en darle un aumento, primero tuvo que soportar que Ben hubiera hecho trampa para que Rey le ganara el ramo y ahora esto.
— Lo consideraré —asintió Hux. Quizás eso impediría que Phasma se ensañara con él por no hacerla parte del plan—. Entonces… ¿te gusta?
— Todo me gusta incluido el esposo que se hizo cargo —le dijo alzándole la ceja de forma traviesa.
— Me alegra escuchar eso, porque hoy tendremos una inauguración.
— ¡¿Qué?! Pero ¿cómo es posible? ¡No tengo nada listo!
— Calma cariño o te va a dar algo —le frotó los hombros sobre su blusa tratando de darle tranquilidad—. Mira, la inauguración oficial será cuando tú lo consideres, pero la no oficial es hoy. Asi que, sorpresa de nuevo —le susurró mientras la giraba. Como arte de magia, Rose se encontró de un momento a otro con los rostros alegres de Paige, Bodhi, Rey y Ben entrando a la tienda. Mitaka y Phasma que se levantaron de sus lugares, se unieron también, al parecer un poco más calmados, y también estaba ahí Bazine.
— Yo me adelanto, antes de que todos te feliciten porque ya debo irme, pero no quería perder oportunidad para ser testigo de este momento. Armitage lo estuvo preparando durante un tiempo —la mujer de cabello corto se acercó a la pareja—. Felicidades Rose. Me gustó mucho trabajar en este proyecto tan hermoso y, la verdad es que creo que son una pareja muy linda. El día que me case, me gustaría que mi esposo hiciera algo así para mí —la arquitecta le alargó la mano y ambas se la estrecharon.
— Muchas gracias por tu trabajo Bazine, esto es… enserio quedó divino —le felicitó la diseñadora—. Si ves a Jannah, por favor salúdamela.
— Seguro la veré pronto y claro, de tu parte —prometió la mujer que luego se dirigió a su cliente—. Gracias por confiar en mi trabajo Armitage, me alegra que tu esposa esté contenta con el resultado.
— A ti, Bazine —asintió el pelirrojo—. Lo logramos.
La arquitecta se fue tan solo se despidió y fue cuando Paige y Bodhi se abalanzaron sobre Rose para envolverla en un abrazo.
— ¿Ustedes lo sabían? —preguntó la pequeña de las Tico pasando la mirada por su hermana y su cuñado.
— Digamos que sí, pero no tiene mucho que Armitage nos telefoneó y nos contó muy brevemente. Dijo que la que tenía que contar esa historia eras tú —comentó Bodhi pellizcándole el cachete a Rose con cariño y luego estrechando la palma del pelirrojo.
— He venido para que me des absolutamente todos los detalles de esto, hermanita. Creo que tenemos mucho de qué hablar. Y aunque no me has dicho nada, quiero que sepas que te apoyo en todo y que sé que vas a ser muy exitosa —le anunció Paige con una mirada de orgullo para su hermana. Luego se dirigió al pelirrojo—. Armitage, no tengo palabras para agradecerte todo lo que haces por Rosie y cómo la amas. Gracias. Jamás la he visto tan feliz en toda su vida, lo digo enserio. Gracias, cuñado.
— Paige, no hay nada qué agradecer —comentó él, con algo de pena por los elogios.
— Felicidades Rose, estamos muy contentos por este paso que vas a dar —se acercó Ben y le revolvió el cabello con cariño mientras le guiñaba el ojo. Rey fue más efusiva aún y casi la carga al estrecharla.
— En cuanto Armitage nos contó no podía creerlo, me alegra tanto Rosie ¡esto será un éxito! —exclamó su mejor amiga—. Te voy a ayudar a organizar la inauguración. Podemos hacer una pasarela en este espacio. Incluso podría contactar a la agencia de modelos donde trabaja Kaydel—.
— Es una magnífica idea —dijo Rose, ensoñada imaginando lo que vendría para su carrera.
— Casi lo arruino —comentó ahora Phasma acercándose—. Pudieron habérmelo dicho ¿saben? Estuve a nada de agarrarlos a golpes a ambos —reclamó la rubia viendo a su jefe y a su novio—. Sé guardar secretos, enserio. Felicidades Rosie y perdóname por haberte traído aquí por razones equivocadas. Estuve a punto de provocar un divorcio sin razón y mi despido.
— Oh, Phas… no digas eso, tranquila —le dijo Rose—. Te agradezco que te hayas preocupado.
— No quisimos correr el riesgo —intervino Mitaka—. A veces te gana la emoción. ¿Recuerdas que en cada navidad terminas confesándole a tu amigo secreto que tú eres la que le deja los dulces en su escritorio por la presión que eso te provoca?
— Ay Dop, no me ayudes por favor —le dijo mientras le lanzaba una mirada de advertencia con sus ojos azules muy abiertos. Todos se tiraron una fuerte carcajada.
— Lamento haberte hecho pasar por el coraje, Phas. Gracias por no golpearme y enserio, deja de ver tantas novelas, porque algún día si te vas a meter en serios problemas por andar suponiendo cosas que no son —puntualizó su jefe pelirrojo.
— Mejor ustedes dejen de ocultarme las cosas y no habrá peligro de nada.
Rose rio bajito ante el comentario de Phasma. Abrazó a su esposo por la cadera y se recargó en él admirando la tienda y a los presentes ahí.
Nunca pensó que se sentiría tan completa.
Pensó inevitablemente en su mamá, en que la estaría viendo y seguro sabría que, aunque había intentado seguir sus pasos, ahora tenía la misión de seguir su propio sueño. Por su mente también pasó su padre. Para él tenía la gratitud de haber puesto de una forma nada convencional a Armitage en su camino.
Los esposos se regalaron una mirada de ternura mientras sus invitados conversaban y hacían comentarios acerca del lugar, sin prestarles atención.
Un te amo que no fue pronunciado por sus labios, pero si transmitido por sus rostros y sus corazones palpitantes se coló en el momento.
Eran felices, porque el otro lo era.
Y el fin llegó... no es verdad! Ya que es el final de este fic que amé escribir con el alma (y porque el capítulo iba a quedar inmenso), decidí partirlo y hacer una actualización doble... así que el capítulo 13 es el final. Gracias por llegar hasta aquí. Que lo disfrutes.
