Capítulo 13.

Armitage Hux estaba disfrutando enserio su papel de padrino porque tenía absolutamente toda la libertad de ver a Ben Solo, vuelto loco de los nervios, dando vueltas en su lugar desde hacía como veinte minutos, parado frente al altar de la finca de los Skywalker en el lago de Naboo.

Se preguntó si él se vio así de nervioso durante su boda y después de hacer un poco de memoria, recordó que, en efecto, él estaba igual, aunque no lo demostró tanto como el enorme abogado lo hacía en ese momento.

— Cálmate Solo o vas a hacer un hoyo en el pavimento —le dijo aguantándose las ganas de echarse a reír.

— Cállate tú, señor padrino. Te recuerdo que alguien estaba peor en su boda.

— Si, pero ahora me toca a mí estar en el papel del que se burla y no sabes cómo estoy disfrutando esta revancha.

El pelirrojo sonrió ante la mirada de recelo del novio.

— Ben, cariño, estás más pálido de lo normal. Tranquilo, Rey ya casi sale —dijo Leia que se había acercado del brazo de su esposo Han, que le dio una palmada en el hombro a su hijo.

— Lo harás bien, Ben, tranquilo —le dijo su padre. Leia se puso de puntitas y le arregló el moño—. Casi es hora, nos iremos a sentar —indicó Han ahora acunando el rostro de Ben.

—Te queremos, hijo —dijo Leia dándole un abrazo fugaz.

— Estamos orgullosos de ti —pronunció su padre. Ben los envolvió fuerte en un abrazo como solían hacer cuando él era un pequeño, sólo que esta vez, él les sacaba varias cabezas en altura y alcanzaba a rodear a los dos sin esfuerzo.

— Gracias, a ambos. Por todo…

Leia y Han se alejaron con lágrimas en los ojos pero aguantándose para guardarlas en el momento en que Rey y Ben por fin se dieran el sí.

En silencio, Armitage se enterneció un poco por presenciar la escena.

— Respira hombre —le dijo a su apadrinado, usando la misma frase que él le había dicho cuando fue su boda con Rose.

— Ya me está comenzando a cansar que te diviertas tanto —gruñó el novio, sin dejar de jugar con sus manos.

— Y lo que falta —le aseguró con burla el pelirrojo—. Tengo un brindis que dar y voy a ser muy efusivo —le advirtió.

— Oh, si, ya lo creo —Ben lo miró con malicia cuando se dio cuenta que Finn llegaba hasta el lugar y tomaba asiento en las sillas de los invitados a la ceremonia. La sonrisa se le borró enseguida al contador cuando notó la presencia de su antiguo rival.

— ¿Es enserio Solo? ¿Lo invitaste? —Ben se encogió de hombros con falsa inocencia.

— Gracias a que robó los archivos de la oficina de Snoke y a su testimonio es que esas dos ratas están en la cárcel con muchos años de condena por cumplir. Además de que todo el bendito proceso penal duró un año entero retrasando mi boda y Storm y yo pasamos mucho tiempo planeando estrategias incriminatorias ¿qué te puedo decir? Trabamos amistad en el proceso.

— Hubiera sido mejor que él fuera el padrino —soltó molesto Hux, ganándose una fuerte carcajada del abogado que hizo que los invitados se voltearan a ver al par de hombres en traje negro—. Qué escandaloso eres, amigo —masculló el pelirrojo al sentir la atención de todos.

Ben arqueó sus cejas ante la palabra que Armitage acababa de usar, pero no quiso decir nada más porque sabía que iba a cruzar nuevamente los límites y que era capaz de dejarlo botado ahí en el altar sin padrino.

— Bueno, pero mira, ahí llega Jannah y oh… le acaba de dar un beso… ¿ves? No tienes de qué preocuparte. Finn está haciendo su vida.

— Eso espero —comentó el pelirrojo algo más animado.

— No tienes remedio, Hux. Es malo ser celoso.

— Y me lo dices tú que tenías celos de Poe Dameron cuando Rey y tú se hicieron novios —Ben se volteó a ver a su compañero y lo fulminó con los ojos. Deseó en ese momento tener eso que le llamaban fuerza y poderlo ahorcar un poco para que guardara silencio.

— Cállate. Eso fue un mal entendido y fue hace muchos años, y cambiando de tema abrupta y convenientemente, antes de que los nervios hagan que me olvide, tengo algo que darte —le anunció sacando un sobre blanco de su saco—. Mañana se cumple un año de tu boda con Rose y no hubo divorcio, así que tengo órdenes de que esta carta llegue a sus manos. Deben leerla juntos, pero mañana.

— ¿Qué es esto? —dijo Hux tomando el sobre y arqueando la ceja.

— Órdenes de Hue Tico —comentó Ben con una sonrisa. Antes de que el pelirrojo pudiera pedir más explicaciones, una melodía de piano anunció la llegada de Rey que dominó en un instante el lugar al comenzar a caminar por la larga pasarela luciendo aquel hermoso vestido de tela de satin en corte sirena que le ajustaba perfecto todas sus curvas. La castaña con su velo de encaje que cubría su rostro, sostenía en manos un ramo de corazones de Reina, rosas rojas típicas de Naboo y obsequio de los abuelos Anakin y Padme.

Rey conectó la mirada con su amado Ben que la esperaba ya con el rostro iluminado al pie del altar y se sintió en un hermoso sueño que, aunque había sufrido retrasos, al fin había llegado.

Siguió avanzando hasta que llegó hasta el hombre de su vida que le ofrecía una mano para que se uniera a él para siempre. Rey estiró la suya sin una sola duda del amor que sentían el uno por el otro.

Y al fin, tomó la mano de Ben y ya no pensaba soltarla jamás.

Detrás de la guapa novia, la dama de honor, que portaba un hermoso y sensual vestido rojo se robó la atención completa de Armitage, que tuvo que hacer un esfuerzo por que no se le fueran los ojos hacia el escote de su mujer.

Cuando la novia llegó hasta su prometido, Rose ocupó su lugar entre la multitud y Armitage fue junto a ella.

Se tomaron la mano y disfrutaron juntos ver la unión de sus dos enamorados amigos.


La fiesta había sido una mezcla de ternura por los novios que no perdían ocasión ni rincón para regalarse besos, abrazos y miraditas cómplices, y de diversión a la hora del ramo y la liga, objetos que fueron peleados con todo aplomo por Phasma y Mitaka y que ganaron al fin.

Rose y Armitage habían bailado hasta el cansancio junto con los asistentes e incluso hubo un momento en donde Rey sacó a bailar a Armie y Rose se fue con Ben, aprovechando para darles algunos consejos para lo que les esperaba en la vida cotidiana como recién casados.

La hacienda de los Skywalker había recibido a todos los invitados a los cuales se les asignaron habitaciones para que estuvieran ahí disfrutando de la propiedad los días que quisieran quedarse. Eso les había quedado de maravilla a Rose y a Armitage que, al día siguiente de la boda de Rey y Ben, cumplían un año de casados.

Padrino y dama de honor se escabulleron de la celebración sin que nadie lo notase cuando el alcohol empezaba a hacer estragos en los asistentes y cuando Rey y Ben también desaparecieron.

Rose y Armitage aprovecharon que nadie los veía para comenzar a besarse por todo el camino que debían recorrer para llegar a su cuarto.

Suerte que la habitación quedaba bastante retirada de donde se hospedaban los demás, aquello por cuenta de la hermosa señora Rey Solo como regalo de aniversario, y lo cual sólo logró que se elevaran las expectativas del momento que buscaban a solas los esposos.

Cuando al fin estuvieron dentro de la habitación no quisieron perder más tiempo.

Armitage, que recorría los seductores labios de su esposa paseaba su mano por su suave espalda buscando el cierre de su vestido. Rose, había logrado sacarle ya el moño y ejercía con orgullo la habilidad que ya había perfeccionado de desabotonarle la camisa a Armie en un nuevo record –eso gracias a que su esposo usaba camisas a diario y eso le permitía practicar muy seguido-

Una vez que él tiró del cierre, la tela roja cayó al suelo revelando el juego de lencería del mismo color, sobre la piel apiñonada de Rose.

— Eres tan sexy —le dijo admirándola sin poder cansarse de lo hermosa que era, con o sin ropa.

Dejó que ella se acercara y tirara de su camisa para que esta tomara lugar al lado de su vestido en el piso. Sin quitar sus ojos negros de él, las manos de Rose se afianzaron en el borde del pantalón, desabrochando el cinturón haciendo que él quedara sólo con el bóxer azul puesto.

Rose no esperó a que él hiciera el primer movimiento después de quedar semi desnudos. Lo tomó los glúteos y acarició el lugar dándole unos pellizcos por encima de la tela de licra mientras él ya comenzaba a besar su cuello despacio alternando el lado derecho e izquierdo de tanto en tanto.

— No sabes las ganas que tenía de quedarme a solas contigo —le confesó ella, sintiendo que hervía en ganas. Los besos que dejaba sobre su clavícula le quemaban la zona.

— Estuve tentado a sacarte en brazos del lugar como dos veces —admitió Armitage ahora dejando un beso húmedo sobre los labios de Rose. Ella no pudo resistirse y siguió el ritmo de su boca, momento que él aprovechó para cargarla y depositarla despacio sobre la cama con dosel de esa habitación de estilo victoriano.

En esa posición, él se encargó de desabrochar las tiras que aprisionaban su tobillo y le sacó las zapatillas. Luego hizo lo mismo con sus zapatos y calcetines.

Armitage se subió a la cama, sintiéndose un depredador disfrutar a su presa. Se posó sobre ella y fue besando la tela del sexy sostér rojo. Incapaz de esperar más coló su mano por la espalda de Rose buscando el broche que lo separaba de la gloria de sus montículos.

Cuando los liberó se tomó un breve momento para colocar ambas manos sobre ellos y masajearlos lentamente, atento a Rose que se mordía el labio inferior y tenía los ojos cerrados, dejándose recorrer. Una de las blancas palmas abandonó su sitio que fue reemplazado por la boca de Hux que succionó el pezón ya duro por el estímulo.

Ella aprovechó y fue delineando los brazos de Armitage que ya habían comenzado a sufrir cambios porque tenía meses que ambos habían regresado a ir al club de playa a entrenar.

— El ejercicio te está sentando de maravilla cielo, estos brazos —dijo tocándolo y apretándole los biceps—, me vuelven loca…

— Y a mí me vuelve loco otra cosa —el pelirrojo dejó el pecho de Rose en paz para besar su vientre y llegar a la tira roja en su cadera. Le dio un mordisquito en el muslo y luego comenzó a bajarle la prenda usando sus dientes.

El suspiró que Rose estuvo conteniendo se escuchó y él sonrió orgulloso por eso. Logró sacarle la diminuta tanga, tirándola despreocupado por ahí y sin más él mismo se despojó de su prenda inferior.

Rose se incorporó un poco para que su mano derecha alcanzara la virilidad dura y suave de Armitage, notando enseguida que la rodeó, lo caliente que estaba. Con un movimiento suave y continuo, comenzó a jalar la piel del mástil rosado, lo que le valió a Armitage un quejido de placer.

— Me encantas hombre guapo… y te necesito, te necesito ya.

Él no dijo nada más porque le era imposible resistirse a tales órdenes de su mujer. Poco a poco fue curvando su cuerpo hasta arrinconar de nuevo a Rose sobre las sábanas y las almohadas. Ella aún tenía entre sus dedos su longitud y lo guiaba hacia su entrada. Nada más sentir la deliciosa humedad, Hux gruñó de éxtasis. No esperó más tiempo y se empujó penetrándola lentamente. Esta vez Rose no cerró los ojos, sino que aguantó ahí compartiendo con él la mueca de placer mientras su cavidad se amoldaba a la envergadura. Boquearon juntos, sintiendo correr por las terminaciones nerviosas la delicia del contacto.

Ella colocó sus palmas sobre la espalda de su esposo y frotó la zona. Ninguna tela que hubiera pasado por sus manos era tan suave como la piel de durazno de Armitage, ni como el amor y la ternura que despedía de él cuando la hacía suya.

Armitage gruñó ahora en su oreja esa música gutural cuando estuvo totalmente dentro de la cavidad.

Perdidos, encontraron la boca del otro a la mitad del camino y él comenzó la danza, entrando y saliendo. Rose le ayudó, moviéndose también debajo de él, tratando de seguir el ritmo que él ya había marcado, tomando por punto de apoyo el cuello de Armitage.

— Te amo —susurró él dejando su dedo pulgar sobre la boca de Rose que comenzó a lamerlo con la punta de la lengua, provocándole así un siseo de excitación a su amado.

— Y yo te amo a ti —declaración logró sacarle otra sonrisa más de deleite a Armitage, mientras no dejaba de moverse encima—. Feliz aniversario, mi cielo.

— Feliz aniversario, preciosa —clamó él clavándola hasta el fondo, logrando que de un segundo a otro gritara sin tapujos.

Después de un año juntos, sus cuerpos que ya se conocían, seguían encontrando formas nuevas de explorarse y lugares que veces anteriores no habían repasado. Ya sabían qué hacer y cómo volver loco al otro, donde tocar con fuerza o despacio. Armitage sabía qué susurrarle y prometerle para llevarla a la gloria y Rose donde besarlo y enterrar las uñas.

Ya sabían, pero eso no hacía que el deseo por poseer el cuerpo del otro aminorara ni un poco.

El juego de miradas y toqueteos había comenzado en la fiesta, sin que a ambos les importara desaparecer o levantar sospechas. Era su noche para amarse como necesitaban.

Pronto cambiaron los papeles, ahora Rose tomando el control. Hizo que Armitage se colocara sentado con la espalda pegada a la cabecera de la cama y ella fue a encajarse en su longitud.

Apoyada del filo de la madera, inició el movimiento mientras él subía las manos de sus glúteos hasta sus costillas y pegaba la boca en sus senos. El aroma que Rose desprendía en una mezcla de su delicioso perfume, su olor corporal y la esencia de su shampoo logró prenderlo aún más. Con un brazo la sostuvo de la cintura ejerciendo presión para que ella se clavara aún más profundo y con su otra mano, jugó con su largo y sedoso cabello.

— Qué sexy te ves con esa cara —dijo él apreciando a Rose con sus labios entre abiertos, moviéndose y clavándose. Gimiendo para él.

— Amo tus ojos, Armitage… amo que me miren de esa forma —dijo al reconocer el fuego del deseo en ellos.

— No hay forma en que te vea diferente… me vuelves loco…

Él la sostuvo con las manos extendidas sobre su espalda y se inclinó para penderla un poco. Fue él quien desde su posición aumentó la velocidad, recibiendo gritos entre mezclados de ella y los propios que rebotaban en las paredes.

— A-Arm… A-Armitage —llamó ella, anunciándole el climax que se avecinaba.

— Si, mi vida… si… —le rogó, sintiendo que ya se movía por inercia y que ella tensaba los músculos de sus preciosos y rellenos muslos—. Rosie…

Rose enredó sus dedos en el cabello pelirrojo mientras él le sostuvo la nuca y ambos se miraron antes de voltear los ojos en reflejo al éxtasis del orgasmo. La oleada de placer tocó su punto máximo y fue disparado por miles de direcciones cual explosión estelar.

Rose se rindió, liberando el mástil de Armitage, dejándose caer a un lado de él que también tomó posición acostándose a su lado.

Aún recuperándose, besó el rostro de Rose, primero su frente, luego los pómulos, la punta de su nariz y terminó dulce y profundo en sus voluptuosos labios hinchados de frotarlo con él.

— Necesito más regalos así de aniversario —confesó Rose, jalando la sábana para taparse con él.

— Aún quedan muchas horas… este sólo ha sido el principio —Armitage dejó unos minutos a que ambos estuvieran recuperados para renovar los besos. Lograron encenderse de nuevo cuando un beso cauto subió de nivel y las puntas de sus lenguas se enredaron… él no tardó en colarse entre la gloria de sus lindas piernas, introduciéndose en ella nuevamente.

Planeaba disfrutarla hasta que ella le pidiese que parara y por cómo se veían las cosas, eso no iba a suceder.

La noche aún era muy joven y las ganas de ambos, solo iban en aumento.


En la mañana, Rose despertó con un enorme ramo de Rosas al lado de su cama, y una cajita con un lindo collar de oro Haysiano como regalo de aniversario y Armitage con un tocadiscos como el que había tenido su madre cuando era pequeño.

Después de la apertura de los regalos y de que recorrieran los rincones de esa enorme habitación y de hacerse el amor en la cama, el sillón, la alfombra y la ducha, Rose y Armitage habían salido hacia las Montañas Gallo para tener un picnic de desayuno frente a las cascadas.

Todo había sido preparado por instrucciones de Leia, para que la pareja pudiera disfrutar su aniversario a solas en ese mágico lugar. Así que cuando salieron de su cuarto y se dirigieron a la camioneta del contador, les habían dejado sobre el toldo una gran cesta que contenía lo que iban a necesitar.

Al llegar al lugar, caminaron tomados de la mano apreciando la vista y siguiendo con la mirada las mariposas azules que aleteaban cerca de sus pies.

Luego de elegir un lugar, la pareja extendió la manta azul sobre el pasto fresco y comenzaron a sacar todos lo que la enorme cesta de mimbre contenía. Ahí Rose había guardado su otro regalo para su esposo.

Desayunaron dándose bocados el uno al otro de diferentes alimentos que tenían como menú, repartiéndose dulces besos y platicando acerca de la boda y los momentos más memorables como el discurso que Armitage había dado en donde llamó a Ben por segunda vez en la noche como un "amigo" y como la cachada tipo futbol americano de Mitaka con la liga.

Cuando terminaron, se quedaron recostados sobre la tela, disfrutando del clima.

Las cascadas detrás de ellos expedían un rocío fresco que llegaba hasta ellos produciéndoles una rica sensación en la piel, y el sonido del agua al caer comenzó a relajarlos.

— Casi se me olvida —comentó Armitage incorporándose en su lugar, recordando algo importante—. Ben me dio esto —dijo el pelirrojo sacando de la bolsa de su pantalón el sobre blanco que el abogado había tenido en posesión durante un año.

— ¿Qué es? —preguntó Rose ladeando su rostro.

— Dijo que era algo de tu padre. Parece que, nos dejó algo por si sobrevivíamos al año de casados.

— ¿Es enserio? ¿Mi padre dejó algo más que el testamento y el video? —Rose se sentó en su lugar de la emoción ante la mención de su papá y de que había algo más para ellos de su parte.

— Era un hombre con muchas sorpresas y una increíble capacidad de planeación —comentó Hux recordando a su jefe—. ¿Te gustaría ser tú quien la leyera? —le preguntó y ella aceptó asintiendo.

Con cuidado, Rose abrió el pequeño sobre, rompiendo una de las orillas. Sacó entonces una hoja que se encargó de desdoblar lentamente. La nostalgia de toparse con la letra de su padre hizo que sintiera un nudo inmediato en la garganta. Le sorprendía que fuera una carta y no otro video, pues le hubiera encantado verlo una vez más, sin embargo, sabía que su padre no solía hacer ese tipo de cosas, salvo cuando se trataba de una ocasión especial. En los aniversarios con su madre, él le escribía y también cuando era cumpleaños de Paige o de ella.

Se aclaró la garganta y comenzó.

Queridos Rose y Armitage:

Si están leyendo esto en este momento es porque han cumplido su primer año de casados de la forma en que yo esperaba que sucediera. Nuevamente, tengo que decir que Ben tenía instrucciones mías de no entregarles esto hasta que pasara un año de su unión, pero tampoco podía darles esta carta si es que no eran felices como pareja. Así que, quiero suponer que al final, ambos han encontrado en el otro un compañero, un amigo, un aliado y sobre todo un buen amor. Desde donde quiera que estoy, quiero que sepan que hasta esta parte de la galaxia se puede sentir lo mucho que se aman. Imagino que tuvieron que recorrer un largo camino para que eso sucediera pero me complace confirmar que no me equivoqué. Sé que la elección de esa "cláusula de amor" no fue quizás la mejor, pero no había forma de que ambos admitieran el gusto que tenían por el otro en voz alta.

— Espera —paró Rose—. ¿De qué está hablando? —le preguntó a su esposo que lucía igual de confundido que ella.

— No sé a qué se refiere con eso de admitir nuestro gusto por el otro… —Rose arrugó el ceño pero decidió seguir leyendo.

Me imagino sus caras en este momento y puedo apostar que son muy graciosas, pero ¿saben? No les queda disimular nada. Rose, querida, desde que conociste a Armitage te la pasabas hablando de él y criticando la forma en la que hablaba, se paraba, caminaba, trabajaba o se ponía serio. En ese entonces eras una niña, así que no le di mucha importancia, supuse que eran sólo celos infantiles, pero conforme fuiste creciendo y me preguntabas por él incluso por teléfono cuando tú y tu hermana vivían en Naboo, supe que algo más allá pasaba.

— Rosie, ¿enserio le preguntabas a tu papá por mí? —preguntó Armitage sin contener la sonrisa.

— C-Claro que no, bueno, sí… pero era porque quería saber si ya te habías dignado a ser menos serio o si estabas con alguien porque me parecía imposible algo asi, con el carácter que tenías y eso de que casi no hablabas pues, yo…

— Oh, vaya, vaya… ¿estabas enamorada de mí en secreto? —le preguntó moviendo ambas cejas y completamente extasiado de enterarse de eso.

— ¡Cómo crees! Basta Taggie, déjame seguir leyendo esto —exclamó ella con las mejillas rojas. Armitage apretó los labios para no dejar salir una carcajada.

— De acuerdo, prosigue…

Cuando tú y tu hermana regresaron después de graduarse la cosa siguió igual. Decías que verlo te revolvía el estómago pero me di cuenta de cómo lo veías cuando lograba convencerlo –o más bien lo amenazaba- para ir a las fiestas y se quedaba solo. Querías hablarle, pero no te atrevías.

— ¿Enserio dice eso? Rose ¿Es enserio esto? —dijo Armitage emocionado—. A ver, dame eso quiero leerlo de la caligrafía de Hue —le extendió una mano y la abrió y la cerró varias veces pidiéndole que le pasara la carta. Rose volteó los ojos, pero ya estaba toda roja.

Pero no fuiste la única que sentía curiosidad, porque Armitage también la tenía hacia ti. No al principio cuando eras pequeña, porque ciertamente me daba cuenta que cada que hacías un berrinche él ponía cara de fastidio pero cuando volviste de Naboo y coincidieron en esa fiesta de bienvenida que les hice a Pai y a ti, me di cuenta de que notó totalmente el cambio que tuviste físicamente. Él estaba ahí sentado en un rincón mientras tú hablabas con tus amigas de la primaria y no te quitaba la vista. Después de ahí, comencé a mencionarte en cada plática que tenía con él, de forma digamos casual queriendo averiguar que pasaba y Armitage, hijo, serás muy inteligente para los número pero no para disimular otras cosas, porque mordiste el anzuelo. De ahí comenzaste a sentir confianza y no me vas a dejar negar que me preguntabas por Rose, por cómo estaba, si se había adaptado al cambio por regresar a Coruscant, si extrañaba a su mamá. También me preguntaba por los planes que tenía a futuro con su marca.

Armitage se quedó callado mientras bajaba la hoja y miraba a su esposa.

— Oh, vaya, vaya mi amor —contra atacó Rose divertida—. Con que estabas preocupado por mí y mi futuro y me veías a lo lejos.

— Rose, eso no es verdad… era obvio que te tenía que ver, había mucha gente ahí, uno cruza miradas con todo mundo, además de que eras muy escandalosa y pues obviamente lograbas captar mi atención con ese cambio que tuviste de cuando te fuiste a cuando volviste… ya no eras una niña, bueno si una niña mimada pero… ¿sabes qué? mejor ya me callo.

— Ven aquí pelirrojo —soltó ella feliz y sin poder creer lo que acababan de descubrir. Lo tomó de las puntas del cuello de su camisa y lo jaló hacia ella para besarlo con pasión. Él le correspondió dejando la hoja de lado y enterrando su mano entre su nuca y su cabello, pegándola hacia él para disfrutarla.

Se separaron los dos con una gran sonrisa y la verdad revelada, compartiendo después la risa y una extraña sensación de alegría que les nacía del pecho, irradiando calor a todos los rinconcitos de sus cuerpos.

Rose acarició la cara de Armitage con cariño.

— Me queda claro ahora que si era cosa del destino que estuviéramos juntos —admitió—. La verdad es que siempre me pareciste muy guapo, pero si, estaba celosa de lo mucho que te quería mi papá, y también era muy tonta, creo que quería llamar la atención con mi horrible carácter y aunque lo hice, no de la forma adecuada…

— Nunca has sido tonta, pero sí muy berrinchuda. Y ya que estamos en las confesiones, pues sí, si quedé impresionado cuando regresaste graduada. Ya eras toda una hermosa señorita —le dejó un besito fugaz en los labios y prosiguió leyendo donde se había quedado.

Fue así que me di cuenta que tenían grandes posibilidades de enamorarse si yo sabía darles un empujoncito. Fue por eso que decidí que el testamento se quedara de esa forma. Lamento si los orillé a un capricho mío, pero al final funcionó.

Hijos míos, soy muy feliz por que estén juntos y aunque no pude verlos en persona, desde donde estoy lo hago.

Armitage, quizás debido al posible juicio y a que mis dos ex amigos son capaces de todo, ya te hayas enterado de que sabía perfectamente que tu padre estaba vivo. Quiero que sepas que nunca pensé mal de ti por ocultarlo, yo sabía de tu dolor y por eso mismo busqué a Brendol y en su momento, así como tú compré su silencio, egoístamente quizás porque también me gustaba pensarte como el hijo varón que nunca tuvimos mi Thanya y yo. Creí que si él volvía a tu vida y te pedía perdón quizás yo perdería ese privilegio y es tonto lo sé, pero lo hice porque estuvieras tranquilo y fueras feliz. Espero no estés molesto por eso.

Quisiera decirles más, pero creo que ya lo saben todo. Les deseo todo el amor y la felicidad del mundo juntos. Rosie, dale un abrazo fuerte a tu hermana de mi parte y a Bodhi también. A ella también le dejé una carta que seguramente Ben ya le dio.

Con amor, Hue.

P.D.: Quiero nietos.

Ambos rieron por esa última petición en la carta.

El pelirrojo detuvo la lectura, dobló la hoja y suspiró. Rose se acurrucó junto a él. Aquella carta había revelado una cosa que ninguno había querido admitir antes y el hecho de que fuera mutuo incluso en ese entonces que fue un comienzo muy simple y lejano, los hacía sentir contentos. Estaba escrito que debían estar juntos y al final, de una u otra forma, sucedió.

Armitage también sabía de otra cosa que no había querido admitir y que ya era hora de que le dijera a ella:

— Rose… —comenzó él girándose y tomando las palmas de ella entre sus dedos largos—, lo que dije esa vez de la boda en mis votos… todo era enserio. Esperaba que se cumpliera y por supuesto quería cumplirlo. Ahora es real, después de este año maravilloso en donde nos seguimos conociendo, peleando porque somos necios, pero arreglando las cosas hablando y sin ocultarnos nada.

— Mi Taggie, lo que yo dije también fue verdad… a esas alturas, aunque aún nos peleáramos a cada rato, ya estaba más que enamorada de ti. Eres todo lo que no pensé. No sabía que así era tener una pareja que te ama y te corresponde. Me has dado felicidad, confianza, valor… has hecho que quiera seguir cuando toda la vida viví con miedo.

— Para mi representas algo muy sagrado, Rose. Cuando pasó lo de mi padre, pensé que te perdería por haber sostenido la mentira, y sin embargo cuando me derrumbé estuviste ahí para sostenerme, para escucharme y aconsejarme siempre buscando mi paz y mi felicidad. Tú me encontraste y me salvaste —Armitage colocó su palma en la sien de su esposa y la contempló—. Te amo, y sé que es raro que sea yo quien lo diga y no tú, pero me atrevo a hacerlo porque sé que me amas también, lo noto, lo veo y lo siento y no puedo pedirte más.

— Yo sí… quisiera pedirte algo más —el pelirrojo alzó una ceja y se acarició la barbilla—, bueno en realidad son dos cosas, una siempre la he querido y la otra… ahora la quiero.

— ¿Y cuáles son esas dos cosas que mi hermosa y sexy esposa desea que yo pueda cumplir?

— La primera… quiero una mascota, un gato. Que sea pelirrojo como tú para que esté conmigo en el taller y te extrañe menos mientras no estás conmigo —Armitage soltó una carcajada, no de burla, sino de diversión.

— ¿Eso quieres? ¿Enserio?

— ¿Es muy tonto? —preguntó ella sintiéndose un poquito ofendida.

— No mi vida, simplemente, creo que ahora eres muy sencilla. Antes me hubieras pedido un diamante o algo así.

— Bueno, he cambiado —argumentó la diseñadora, él estuvo de acuerdo con tal afirmación.

— No sé de dónde voy a sacar a la gatita, pero te prometo que la buscaremos.

— ¿Gata?

— Si, quiero que sea gata ¿alguna objeción o pasamos a la segunda petición?

— Ninguna, mi general —negó ella, haciéndole un saludo militar improvisado.

— Muy bien mi agente Tico, así me gusta. Ahora, quiero que me diga su segundo deseo.

Rose apretó los labios y disimuló una sonrisita bajando el rostro. Se inclinó frente a él para tomarle sus grandes manos y cuando lo miró a los ojos él descubrió que un lindo rubor se había instalado en sus mejill

— Quiero tener un bebé contigo —pronunció, decidida—. Bueno, ya sé que después de lo de anoche es como algo obvio pero, quería decírtelo... no sé si tú quieres, o podemos esperar, sólo... bueno ¿qué dices?

— Rose… —Armitage apenas podía articular palabra. Abría y cerraba la boca sin poder contener la alegría que estaba sintiendo—. Dios mio Rose, yo también lo quiero. Yo también... quiero que seas la madre de mis hijos y si pudiera tenerlos ya en verdad lo haría. Si, si quiero, claro que quiero, preciosa —contestó con una amplia sonrisa. No cabía de lo feliz que era y de que fueran a ampliar su familia porque ambos así lo querían.

— Creo que podemos practicarlo, con calma como ya lo estamos haciendo… y que llegue cuando tenga que llegar —dijo Rose, feliz de ver la reacción de su esposo.

— Estoy de acuerdo en todo ¿en dónde firmo? —preguntó moviendo las cejas.

— Aquí —Rose señaló con su dedo índice sus labios y él, gustoso se acercó a su esposa para besarla y cerrar el pacto.


Este fic ha sido uno de los mayores retos que me he puesto, aunque quizás no lo parezca, pero para mi lo es. Hacía mucho tiempo que no me atrevía a un AU y menos a un long fic, pero la magia de mis adorados niños Gingerrose que llegó a mi en Mayo del año pasado, todo lo puede.

Llevo a Rose y a Armitage en mi corazón y son una loca entusiasta de ellos. En mis fics donde encuentren Gingerrose habrá Reylo y donde haya Reylo habrá Gingerrose, seguro jejeje.

Quiero agradecer infinitamente y dedicar este fic a mi amiga adorada Sailor Luba, por acompañarme en todo momento y en todo el proceso de este fic, que sin su ayuda en muchísimos aspectos, y sus porras y su entusiasmo, este fic no existiría. A Maka_ jarrah, que es una de mis escritoras favoritas del fandom Reylo y que fue la latigueadora oficial de este fic (aunque ya no me latigueaba en los últimos capítulos la tuve siempre en mente al escribir y cuando me atrasaba me decia: ¿que diría Maka de que no estés escribiendo en este momento? jaja), a BEAZUL28 por leerme y dejar lindos comentarios que me inspiraban a seguir, a Berthatadeo7 por sus comentarios ocurrentes y ser la autora de la serie que Armitage y Rose ven "Hechizo en las Highlands" y a ser junto con bebemiau (y sus comentarios divertidos que me hacían botarme de la risa), las que bautizaron a Armitage con los mejores apodos del fandom: Zanahorio, cabeza de volcán, cabeza de lava, cabeza de cerillo xDD. A Mjoi25, mi linda Mari preciosa y sus comentarios preciosos y llenos de miel porque toda ella es pura miel y amor! A Irma Burton, por leer la historia y dejar sus comentarios que me hacían botarme a las carcajadas. A la linda Elenmar5722 que es gingerrose cursi como yo y adora a Domhnall y a Hux y me entiende jeje y a SabrinaCornwell, señorita gingerrose con la cual coincido en twitter y se me hace una lindísima persona y que entiende mi obsesion por estos dos y mi amor por Alejandro Sanz.

Algunas me leían en otra plataforma en la que estaba, pero espero que este mensaje les llegue de una forma u otra.

Gracias a cada una de ustedes chicas por seguir esta historia, espero haberles hecho sentir cosas lindas por estos dos y divertirse con ellos y suspirar y contagiarles un poco de esta magia y este amor que despiden Rose y Armitage. Gracias por que cada lectura y cada lindo y ocurrente comentario me ayudó y me hizo fangirlear.

Enserio, gracias por llegar hasta aquí.

Si este fic ha contenido algún error, incoherencia o demasiado drama, les ofrezco una disculpa, es un fic a final de cuentas y a la autora a veces se le van los dedos en el drama o la miel, y aún me falta mucho por mejorar, pero, en esta historia puse el corazón y el alma. Tenía otros proyectos cuando la empecé y terminó por ser mi único foco de atención porque quería hacerlo lindo, tomarme el tiempo de disfrutar escribiéndola para que fuera un regalo bonito para el fandom Gingerrose. Espero haberlo logrado.

Gracias por estar aquí, coincidir y compartir.

¡Viva el Gingerrose!