«Era invierno; llegaste y fue verano.
Cuando llegue el verano verdadero,
¿qué será de nosotros?»
Extracto de "Era invierno, llegaste y fue verano" de Antonio Gala
15 de febrero
—¡Satomi! ¡No me dijiste qué te respondió Takeru!
En cuanto ve a su amiga, Yolei no puede evitar gritarle. Ni Satomi Ayane ni ninguna de las otras chicas que fueron a ver el partido de baloncesto de la Escuela Primaria de Odaiba la noche anterior le dijeron nada sobre si la chica le pidió a su amigo salir, ni qué respondió él.
Satomi se lleva el dedo pulgar a la boca y se muerde la uña, sumamente nerviosa, y habla en voz baja.
—Bueno, él... dijo que sí.
—¡Bingo! Ya sabía que podías contar con él. ¿Cuándo saldrán? ¿Qué van a hacer? ¿Ya sabes a dónde ir? ¿Ya les dije que Ken Ichijōji también me concedió una cita con él?
Emocionada por demás, Yolei comienza a darle ideas a su amiga sobre qué hacer en la primera cita con T-K. Claro que ella nunca ha tenido una, pero le ofrece las opciones más viables que se ajusten a los gustos de ambos.
—Bien, ¿y cuándo van a salir?
—Este... todavía no lo sé. No tengo su número ni... ni nada.
—¿Eres tonta? ¿Cómo ibas a concretar algo si no tienes su número para hablarle?
—No lo sé, solo me olvidé.
—Enseguida lo arreglo —. Antes de que el docente acabe de colocar sus cosas en el escritorio y la clase dé comienzo, Yolei toma su teléfono celular y escribe presurosa ante la temerosa mirada lejana de Satomi. —¡Listo! —articula, haciéndole un gesto con el pulgar hacia arriba a la chica que está tres bancos hacia su derecha.
• • •
Se sienta en el pupitre y escucha el teléfono vibrar contra la madera.
—¿Quién podrá ser a esta hora? —murmura para sí a la vez que rebusca el aparato dentro de la mochila. —¿Yolei?
Pero no puede abrir el mensaje porque en ese momento se ve rodeado por un grupo de personas.
—Bueno, Takaishi, podrías dejarnos una a nosotros, ¿no crees?
—Sí, no es justo.
Oku, Takahashi, Sakata y Aoi, cuatro chicos del equipo de baloncesto que van a su misma división, se le acercan con enormes sonrisas burlonas en el rostro y, como si nada, ocupan asientos que no les corresponden o se quedan de pie para que T-K no pueda salir de la media ronda fácilmente.
—¿De qué hablan?
—De las chicas, Takaishi.
—¿Eh?
—No te hagas el tonto.
—Sí, ¿de cuál de todas tus novias era el mensaje que estabas leyendo?
—¿De Yagami? —aventura Aoi, un chico con el cabello rubio oscuro y los dientes muy torcidos.
—No, se equivocan —responde, sonriendo por la gracia que le causan los comentarios.
—Buenos días —dice una voz alegre, sin embargo, los chicos, cuchicheando y emocionados por tratar de sonsacarle un poco de información a T-K, no se dan cuenta.
—Hola, Kari —. En cuanto ve la sombra de la castaña ocupar el asiento a su derecha, T-K no duda en saludarla. Un silencio absoluto recorre al grupo.
Sin decir más, tras dejar su mochila, Hikari se levanta de su banco y sale por la misma puerta por la que entró.
—Vamos, no le diremos que juegas a dos puntas. ¿Para qué están los amigos, si no? —murmura Sakata.
—Están confundidos. Hikari y yo somos amigos. Y la chica de ayer es amiga de una amiga, así que no podía decirle que no.
—Takaishi, no somos ciegos. Es obvio que tú y Yagami tienen algo.
—¡Claro que no! Además, su hermano, Taichi, me mataría antes.
La campana de comienzo de clases suena y los chicos, no muy convencidos por la respuesta del rubio, se alejan lanzándole miradas de complicidad.
—Los chicos creen que tú y yo tenemos algo.
—Qué tontería. Mis compañeras del equipo de porristas me dijeron lo mismo.
—¿De verdad?
—Sí.
Durante la clase de Economía doméstica, Hikari y Takeru hacen equipo porque Daisuke, el compañero habitual de la castaña, sigue enfermo y se ha ausentado por tercer día consecutivo a la escuela.
—Por cierto, gracias por los chocolates. Estaban bien. ¿Qué dijo Davis?
—No mucho.
—¿No te invitó a cenar a la luz de la PlayStation? —pregunta en burla, a lo que Kari arruga la nariz.
—Claro que no. Se los di y me fui.
—Qué mala eres.
—No quiero que me malinterprete.
—Se esfuerza mucho para que lo reconozcas.
—Sí lo reconozco. Es un buen líder.
—No es esa la forma en que él espera.
—Takaishi, Yagami —el profesor habla en voz alta, llamándoles la atención, y ellos se sobresaltan —, si ya terminaron de conversar, pueden echar las papas al agua.
—Eh... sí —. Un poco avergonzados, no vuelven a intercambiar palabra durante el resto de la clase de Economía doméstica.
Después de la última hora de Matemáticas, mientras guardan las cosas en las mochilas, tanto Takeru como Hikari revisan sus teléfonos celulares: ambos tienen un mensaje de Yolei invitándolos a salir con algunas de sus amigas.
—Tu primera cita será en grupo —se burla ella mientras bajan las escaleras en dirección a la salida.
—Bueno, no me parece mala idea.
—¿Y por qué no la invitaste al cine? Eres un pésimo novio.
T-K arruga la nariz.
—No es mi novia.
—Como digas —. Guardan silencio porque en ese momento se encuentran con Yolei y el grupo de chicas que estaban el día anterior en las gradas gritando histéricamente. Hikari las mira detenidamente, tratando de descubrir cuál de todas invitó a su mejor amigo a salir.
—¡Bien, en marcha! —exclama Yolei.
El grupo sale de la escuela y se dirige a la pastelería que Sora les recomendó la semana anterior, cuando fueron a comprar los chocolates a la tienda y apareció Boltmon.
Antes de hacer siquiera cien metros, la heredera de los emblemas de la pureza y el amor llama a la elegida de la luz con unas señas.
»No quiero que Satomi se sienta acobardada por tu presencia. Deja que ella camine con T-K para que se conozcan mejor.
Yagami asiente con la cabeza y el resto del trayecto lo hace junto a Yolei y las otras chicas del último año de escuela.
Pocos metros detrás de ellas, los siguen Satomi y Takeru. Ella mirando fijamente al piso y sujetando las correas de la mochila con mucha fuerza, y él sonriendo distraídamente con la mirada al frente.
—¿Y vas a decirme tu nombre o voy a tener que adivinarlo? Aunque te advierto que soy muy malo con las adivinanzas.
—¡Ah! Eh... Sí... soy Sa-Satomi Ayane —dice tras dar un fuerte respingo.
—Me gusta —responde él, acomodándose un poco la mochila en la espalda.
—¿De verdad? —murmura Satomi, pero tan bajo que a T-K le parece más un sonido de nerviosismo que un comentario.
Pocos minutos después, llegan a la pastelería. Está llena de estudiantes de la Escuela Tsukishima y parejas de adultos jóvenes que se acurrucan en mesas alejadas de las ventanas Algunas familias también ocupan pequeñas mesas redondas.
El grupo de estudiantes se acerca a la barra para hacer sus pedidos en lo que Hikari y Yolei van a reservar dos mesas contiguas porque estas son demasiado pequeñas para que quepan todos en una. Así, Yolei, Satomi, Hikari y Takeru, quedan juntos en una, mientras las otras cuatro amigas de las dos primeras, se sientan a la otra. En realidad, la idea de Inoue era dejar a la pareja sola, pero no hay demasiados lugares disponibles debido a que la voz del nuevo local se propagó rápidamente, aumentando la popularidad por los precios bajos y la buena calidad, y supone que Satomi no la pasará nada bien si hace eso: es demasiado tímida, y lo que menos pretende es que tenga una mala primera cita.
La tarde cae fría sobre Odaiba. El sol acabó ocultándose detrás de las nubes antes que en el horizonte, por lo que está bastante oscuro cuando salen del local.
—Gracias por invitarme —dice Hikari, saludando a las chicas y Takeru —. Nos vemos el lunes —y se marcha desandando el camino que trazaron hasta la cafetería desde la escuela primaria.
—Hasta el lunes —. Las amigas de Yolei la despiden y toman otros rumbos.
—¿Vives lejos? —pregunta T-K a Satomi, y ella niega con la cabeza.
—A una calle de aquí —dice señalando la acera contraria.
—Bien, entonces vamos. Yolei...
—¡En marcha! —repite sumamente enérgica, alzando el brazo izquierdo al cielo con el puño cerrado, y los tres cruzan la calle.
Yolei piensa que la salida no estuvo tan mal. Satomi pudo hablar con Takeru sin ponerse ni demasiado verde ni demasiado nerviosa, y entonces cae en la cuenta de que a la mañana siguiente ella saldrá con Ken. Pero irán solos. Y se le forman dos nudos: uno en el estómago y el otro en la garganta, de modo que, cuando llega a su casa, pasa de la cena y va derecho a la cama.
16 de febrero
«¡Ken! ¿Prefieres mañana después de tu entrenamiento de fútbol, o el domingo por la tarde? Tengo el lugar perfecto para ambos casos.
Recibido de INOUE YOLEI el 14/02/2006 a las 18:47»
«El domingo me parece bien.
Enviado a INOUE YOLEI el 14/02/2003 a las 18:48»
«¿Necesitas que pase por ti o nos vemos en ese sitio?
Enviado a YOLEI INOUEel 14/02/2003 a las 18:48»
«¡Bingo!
Recibido de YOLEI INOUE el 14/02/2003 a las 18:48»
«Al contrario, yo iré por ti. El lugar será una sorpresa, pero ve bien vestido.
Recibido de YOLEI INOUE a las 18:48»
«De acuerdo. Entonces nos vemos el domingo.
Enviado a YOLEI INOUE el 14/02/2003 a las 18:50»
En el sofá de doble cuerpo de la sala de estar, aguarda demasiado tenso, demasiado recto y demasiado formal, Ken a Yolei.
Es en ese preciso momento de nerviosismo absoluto en el que se pregunta a qué es lo que rayos se trae entre manos Inoue.
Mira de vez en cuando, de reojo, la puerta, como si de esa forma pudiera o apresurar la llegada de la chica, o evitar que llegue. Realmente no sabe qué es lo que prefiere.
Dejó a Wormmon en el Digimundo para que no moleste a Yolei cuando llegue, ni lo acose a él con preguntas a la vuelta.
Los señores Ichijōji están visitando a la abuela de Ken fuera de la ciudad. Les dijo que tenía muchos exámenes por delante para los cuales estudiar y que no podía ir con ellos; al principio le había costado convencerlos de que no pospusieran la visita, finalmente lo logró cuando prometió ir él otro día.
El día sábado, después del entrenamiento de fútbol, había recibido otro mensaje de Yolei diciendo que iría a buscarlo alrededor de las diez de la mañana. Ken está esperando desde la una, cada vez menos seguro de haber aceptado aquella locura.
Finalmente, cuando todos los relojes marcan las diez y cinco, el timbre suena, rompiendo el silencio en que el Elegido de la amabilidad se encuentra inmerso y haciéndolo saltar por el susto. Con cierto temblor en las manos y sintiendo las piernas repentinamente débiles, llega hasta la puerta y abre.
—¡KEN! —grita Yolei, prácticamente empujando la puerta para poder verlo por completo y lanzársele encima para abrazarlo. —¡Gracias, gracias, muchas gracias!
Ken se paraliza y mantiene las manos lejos del cuerpo de Yolei, sin saber cómo reaccionar, qué hacer o decir.
—Eh... —Pero, ante la incapacidad de poder decir algo coherente, vuelve a cerrar la boca.
—Qué bien te ves —dice una vez se separan del abrazo.
—Gracias —. Se pasa la mano por la nuca —. ¿Vamos?
—Sí, sí, vamos —lo toma del brazo y tironea suavemente para apurarlo.
• • •
—Quería ir al Parque Nara, pero queda demasiado lejos, así que...
Después de un viaje en tren de veinte minutos y de caminar casi tres cuadras, el lugar a donde Yolei planeó ir aparece frente a los ojos de un sorprendido Ken: Tokyo Dome City.
A pesar de vivir relativamente cerca, Ken no recuerda haber visitado el parque nunca.
Después de visitar el museo, Yolei lo arrastra hasta la montaña rusa. Ken, a quien nunca le atrajeron demasiado los juegos peligrosos, se queda mirando paralizado la estructura que se eleva y desciende en el aire y atraviesa la Noria por el medio a vez que oye los gritos y risas de las personas.
A medida que la fila avanza (y debe agradecer que haya poca gente delante de ellos, porque de otra forma seguramente hubiera salido corriendo), siente cómo el nudo en su estómago se aprieta más y más. De pronto, al descubrirse sentado con la barra de seguridad bajando delante de sus narices, su cerebro se queda en blanco.
La atracción arranca con un ruido extraño, como de vapor o aire que sale con mucha fuerza, y debido al veloz movimiento, la piedra que parecía habérsele formado en la boca del estómago, desaparece mucho más rápido de lo que llegó para ser reemplazada inmediatamente por una sensación de vacío cuando las vías por las que se mueve aquella especie de gusano gigante vira hacia la derecha.
Antes de que se dé cuenta, el camino de hierros desciende. No es demasiado brusco, pero aquel vacío se acentúa mientras el ritmo cardíaco aumenta. Ken tiene el rostro paralizado en una mueca que no refleja ninguna emoción, excepto por sus ojos enormemente abiertos. Aumenta la presión con que se sujeta a la barra de seguridad que le cubre desde los hombros hasta la pelvis y nota que le duelen los dedos. A su lado, Yolei estira los brazos hacia el cielo cuando pasan por el medio de la Big O, imitando a las personas que ocupan los lugares delante de ellos, y lanza gritos de emoción cuando el camino vira hacia derecha o izquierda, demasiado bruscamente para el gusto de Ken.
Antes de que pueda siquiera sentir que se queda sin aliento, la velocidad disminuye y el juego se detiene.
La barra de seguridad se eleva junto con ese ruido extraño que se parece al de un chorro muy potente de vapor o de aire, y una chica con el uniforme del parque les indica a todos por dónde deben salir.
La adrenalina recorre el cuerpo de Ken, cuyas piernas tiemblan débilmente al salir del gusano de metal. Ni siquiera sabe cómo es capaz de seguir a Inoue a través de la pasarela que los devuelve definitivamente a la tierra firme, que parece incluso demasiado blanda como para poder soportar el peso de tantas personas a la vez.
—¡Fue fantástico! —grita Yolei dando un salto de alegría. —Ken, ¿estás bien? —pregunta, un poco preocupada al ver la palidez del chico.
—S-sí —responde este, cuando en realidad a lo que quiere referirse es «Estoy bien ahora que estamos en tierra firme».
Sin embargo, pasado el primer susto y un poco más relajado, algo en su interior le pedía regresar. Subir a más atracciones.
Después del Thunder Dolphin, el Back Daaan y el Sky Flower no le parecen tan terribles, pero se replantea el estado de su salud mental y la de su compañera cuando, al subir a la Noria, ven pasar justo por debajo de ellos uno de los gusanos de la primera atracción, con gente demasiado pequeña elevando los brazos como si pudieran y quisieran quedarse colgados de los caños de la Big O, y gritos demasiado lejanos y breves que incluso por un momento piensa que han sido provocados por su imaginación.
«Tal vez lo mejor hubiera sido empezar por esta» piensa, mientras el cielo se va cubriendo de gris oscuro debido a las nubes que amenazan con dejar caer una fuerte tormenta sobre la ciudad más pronto que tarde.
En la cima de la noria todo parece demasiado pequeño, demasiado lejano. Los edificios parecen hechos para una maqueta escolar, y las nubes dan la impresión de estar tan cerca que uno podría enroscar un poco en un palo y hacer su propio algodón de azúcar con ellas.
—Yolei, gracias —murmura Ken, acercándose un poco a la ventanilla y por ende disminuyendo el espacio entre ambos, que están enfrentados en el diminuto cubículo que oscila vagamente en el aire.
Apenas notan que el círculo se mueve y que están descendiendo.
—No es nada. Gracias a ti por darme una oportunidad.
—Lo pasé muy bien contigo.
Ken nota cómo las mejillas de Inoue toman un poco de color, y ella desvía los ojos acaramelados de él hacia el exterior.
De pronto, tiene el impulso de tomarle las manos enguantadas, y lo hace, con cuidado y lentitud. Para ello se inclina sosteniendo el peso de su propio cuerpo apoyando los codos en las piernas.
—¿Ken? —murmura ella, un poco sobresaltada por el contacto.
—De no haber sido por ti, no habría enfrentado nunca mi miedo a las alturas.
—¿¡Tienes miedo a las alturas!? —exclama, ahora preocupada. —¿¡Por qué no me lo dijiste!? Podríamos haber ido a cualquier otro lado. ¡Jo!
Pero él niega con la cabeza.
—De verdad, no hubiera elegido ningún otro lugar para pasar nuestra primera cita.
El rostro de la chica vuelve a adquirir un tono rojizo que intenta ocultar nuevamente, ahora pegando la barbilla al pecho para que se le cubra con la bufanda. Sin embargo, Ken le suelta una de las manos y la acerca a la mejilla de la Elegida, quien abre los ojos aun más que antes.
El expemperador de los digimon le quita un mechón de cabello que había caído por delante de los anteojos y se lo coloca detrás de la oreja.
En ese momento, se abre la puerta del cubículo. La vuelta ha acabado. Ken le sonríe de lado a Yolei, y ella es la primera en salir de la noria.
El rápido regreso a Tamachi transcurre en silencio.
Ken se queda esperando junto con Yolei el tren que la dirigirá de vuelta a Odiaba. Y cuando este se detiene, el chico rompe el silencio en que se habían mantenido hasta entonces.
—¿A dónde iremos la próxima vez?
Yolei, que ya estaba en la fila para subir al tren, se lo queda mirando con los ojos llenos de emoción.
—¿¡Lo dices en serio!? ¿Ken, volverás a salir conmigo?
Él se encoge un poquito de hombros y esboza una especie de media sonrisa torcida.
—Bueno... sí. Me gustó mucho salir contigo.
Yolei se le lanza al cuello y lo estrecha contra sí.
—¡Gracias, gracias! ¡Eres el mejor!
Desde el interior del tren se oye una voz computarizada que indica que las puertas se cerrarán pronto y que las personas que estén cerca de las puertas, mantengan distancia.
De un salto, la chica se mete en el vehículo y pronto las puertas se cierran con lentitud de manera automática; segundos después, el tren avanza y poco a poco se va alejando de la estación levantando cada vez más velocidad.
