Disclaimer: De Horikoshi todo. Pero no me importa, porque aunque me hace llorar, se nota que él si quiere a los personajes, no como otras autoras que parecen odiar a los suyos.

«Este fic participa en el reto multifandom del foro Alas Negras, Palabras Negras».

Prompts: Reconfortar y Melancolía.

Créditos de la portada a Sarahdemons14.

¡ALERTA SPOILERS! Este fic contiene spoilers del capítulo 298. Léelo bajo tu propia responsabilidad.


Inconsciente

Katsuki abrió los ojos, confundido. Los últimos retazos de la pelea llegaron a su mente en forma de piezas inconexas. Inhalando profundamente, angustiado, se incorporó, arrancándose la mascarilla de oxígeno. Ahogó un gemido de dolor, llevándose la mano al costado.

—¿Qué pasó con Todoroki y Deku? —preguntó rápidamente al verse rodeado de algunos de sus compañeros.

Las respuestas golpearon su mente una y otra vez.

«Deku no ha despertado. Es el único que no lo ha hecho aún». «Todoroki no puede hablar, pero está bien». «Deku está inconsciente».

No ha despertado.

No ha despertado.

No ha despertado.

—Quiero verlos.

—Bakugou, no deberías moverte —protestó alguien, Katsuki ni siquiera se fijó en quién.

Unos brazos le intentaron retener, pero Katsuki se zafó de ellos con fuerza, gritando, ignorando el dolor de su costado, sin escuchar lo que le estaban diciendo.

Primero llegó a la habitación de Todoroki. Estaba rodeado del resto de sus compañeros. Todoroki alzó la cabeza inmediatamente al sentirlo entrar, mirándolo con angustia. Katsuki dio un par de pasos en dirección a su cama, en silencio, sosteniéndole la mirada. Sus compañeros se apartaron para permitirle acercarse más, pero no lo hizo. Los ojos de Todoroki bajaron hasta su costado durante un segundo, antes de volver a subir, inquisitivos.

—Puedo aguantarlo —se jactó Katsuki, disimulando una mueca de dolor.

Todoroki esbozó una sonrisa triste y cansada que apenas se dibujó en su cara antes de desaparecer cuando agachó la cabeza, concentrándose en sus manos vendadas.

—Tiene la garganta quemada, no puede…

—Ya lo sé —ladró Katsuki, sin apartar los ojos de Todoroki—. Voy a verle.

Todoroki se apresuró a levantarse. Katsuki salió de la habitación en tromba, sin molestarse en comprobar si Todoroki le seguía. Varias personas intentaron pararle en el pasillo, pero forcejeó lo suficiente como para abrir la puerta donde, suponía, estaba Deku. Katsuki se quedó quieto en el marco, prácticamente suspendido en el aire por las manos que lo agarraban intentando contenerlo.

Tumbado sobre la cama, Deku parecía pequeño y vulnerable. Su postura inmóvil resultaba antinatural. Los mechones de pelo desordenados se desparramaban por la almohada, dándole un aura de irrealidad al rostro inexpresivo. Sólo el leve movimiento de la sábana, subiendo y bajando a la altura de su pecho, indicaba que seguía con vida.

—Joven Bakugou. —All Might estaba sentado junto a la cama, con los codos apoyados en el colchón, derrotado. Había alzado la cabeza al oír el escándalo. Katsuki sintió el alma desplomársele a los pies cuando vio la cara de desesperación del profesor—. Joven Todoroki.

Katsuki, todavía aferrado por las manos de quienes le habían intentado detener, miró a su lado, comprobando que Todoroki estaba junto a él, impertérrito.

—Han venido a verte, joven Midoriya. Tus amigos están aquí —musitó All Might, dirigiéndose al cuerpo inerte de Deku.

Katsuki no pudo resistir más aquella farsa. Volvió a forcejear, intentando liberarse de las manos que le sujetaban, tragándose el dolor que sentía en el costado. Vio que Todoroki alzaba una mano para tranquilizarlo, pero cuando estaba a punto de ponérsela en el pecho, se detuvo a escasos centímetros de su piel, dubitativo. Katsuki se revolvió con más fuerza.

—¡Despierta! ¡Tú, nerd! ¡Inútil! ¡Despierta, no te quedes ahí tumbado! ¿Me oyes? —gritó Katsuki con la voz impregnada de desesperación, dándose cuenta de que iban a tomarlo por loco.

Todoroki hizo otro gesto para intentar calmarlo, pero Katsuki tiró con fuerza y Todoroki se apartó, intentando respetar su espacio. Empezaron a tirar de Katsuki hacia atrás, alejándole de la puerta. Todoroki echó un último vistazo a Deku, antes de comenzar a caminar detrás de él, siguiéndolo.

—¡Soltadme! —gritó Katsuki, pugnando por resistirse a ser arrastrado—. ¡Nerd estúpido! ¡Si te mueres, te mataré! —aulló, desgarrándose la garganta—. ¿Me oyes, Deku?

Un último forcejeo hizo que su herida, que estaba intentando ignorar activamente, restallase de dolor. Katsuki gimió y luego todo se volvió de color negro.

.

Shouto supo que Bakugou había despertado por el cambio del ritmo de su respiración. Al quedar inconsciente, lo habían arrastrado hasta su habitación cómodamente. Shouto se había sentado en el sillón de las visitas, negándose a levantarse cuando le pidieron que regresara a su habitación. Present Mic, alertado por el escándalo, que debía haber oído medio hospital, había tenido que intervenir sugiriendo que le dejasen quedarse allí hasta que Bakugou recuperase el conocimiento.

Una vez solos, Shouto se había levantado de la butaca y se había acercado a la ventana. Se había quedado allí todo el tiempo, con la frente apoyada en el cristal, los brazos cruzados sobre el pecho, abrazándose y sintiendo los pies, descalzos, fríos por el contacto con el suelo, esperando a que Bakugou regresara de nuevo de la inconsciencia.

En la calle, la vida de la gente continuaba. Las personas iban de un lado a otro, apresuradamente. Había más policía de lo habitual y podía ver algunos héroes profesionales dispuestos en un orden aparentemente aleatorio, aunque imaginaba que no era así. La sensación de irrealidad que le había acompañado desde que había despertado hasta ese momento se acentuó.

Shouto se volvió hacia Bakugou, que le miraba fijamente, con los ojos entrecerrados. Se quedó de pie junto a él. Bakugou intentó incorporarse, pero Shouto se lo impidió poniéndole la mano gentilmente en el pecho, sin hacer fuerza, intentando decirle que era mejor que se quedara quieto y, al mismo tiempo, consolarle, pues conocía el dolor que Bakugou estaba sintiendo en su interior. Era igual que el suyo propio.

—Duele, joder —se quejó Bakugou, dejándose caer de nuevo en la cama y sosteniéndose el costado vendado con la mano.

Shouto, acariciándole despacio la piel del pecho para reconfortarle, se sentó en el borde del colchón, mirándolo. Deseó poder hablar. Exasperado, meneó la cabeza y apretó los labios. Bakugou le agarró la mano del pecho. Shouto pensó que iba a quitársela de encima con un grito pero, tras apretarla un segundo con fuerza, Bakugou la soltó y dejó caer los brazos a lo largo de su cuerpo, suspirando. Con la otra mano, Shouto le escondió uno de los mechones que le caía sobre la frente tras la oreja, con delicadeza. Bakugou se dejó hacer sin decir nada.

— Me alegro que hayas despertado, Bakugou. —Present Mic estaba en la puerta, con los brazos cruzados y una mirada de comprensión en el rostro—. Los médicos vendrán a revisar tus heridas ahora para asegurarse de que no te hayas hecho daño en el pasillo. —Bajo sus dedos, el pecho de Bakugou se tensó. Shouto le dio una palmadita en un gesto de consuelo—. Todoroki.

Shouto asintió y se levantó. Miró a Bakugou, deseando pedirle que tuviese paciencia, pero no estaba seguro de que este estuviese entendiéndole. Sin oponerse, pasó al lado del profesor, que tenía marcas de agotamiento en la cara. Present Mic le apretó el brazo con cariño, cerrando la puerta y acompañándole hasta su habitación.

El resto de la tarde fluyó desquiciantemente despacio. Shouto soportó estoicamente las visitas de sus compañeros de clase, esta vez más ordenadas para que no coincidiese tanta gente al mismo tiempo, y las de sus hermanos. Intentó prestar atención a las charlas intrascendentes que mantenían entre ellos y en las que intentaban incluirle, agradecido porque no mencionasen nada más de la batalla ni de las consecuencias que había tenido, pero su mente vagaba constantemente a su padre, a Touya y a Izuku.

«Touya», pensó con melancolía, mirándose las manos vendadas una vez más y perdiéndose en los dolorosos, y escasos, recuerdos, la mayor parte de ellos aprendidos de fotografías y retazos de conversaciones.

Cenó la insípida comida del hospital, sin apenas apetito, esperando con impaciencia que se apagasen las luces de las habitaciones. Amparado por el silencio de los pasillos, Shouto se levantó y caminó, rápido y descalzo para no hacer ruido, hasta el cuarto de Bakugou. Cerró la puerta tras de sí cuando llegó, para no llamar la atención del puesto de enfermería.

Intentando no sobresaltarle, se sentó en el borde de la cama de Bakugou y le acarició la cara para despertarlo. En cuanto sintió el contacto, veloz como un resorte, los dedos de Bakugou se cerraron alrededor de la muñeca de Shouto, que se llevó un dedo a los labios para indicarle silencio. Bakugou lo miró durante unos segundos antes de aflojar su agarre y permitirle terminar la caricia.

«Sígueme», vocalizó Shouto con los labios, haciéndole un gesto con la cabeza. Se levantó y se asomó a por la puerta para otear el pasillo.

Bakugou se apresuró a obedecerle, levantándose rápidamente y ahogando un gemido de dolor al ponerse de pie. Shouto volvió a indicarle que guardara silencio y salió al pasillo, guiándole deprisa hasta la habitación de Izuku, permitiéndole entrar antes de cerrar la puerta tras ellos sin hacer ruido alguno.

.

Toshinori se desveló al oír la puerta abrirse. Se puso alerta, pero no se movió, expectante. Dos sombras entraron en la habitación. Se removió bajo la manta, recolocándose en el incómodo sillón en el que había estado intentando descansar, velando el sueño de Midoriya, simulando estar dormido.

«Los jóvenes Bakugou y Todoroki», comprendió cuando entreabrió uno de los ojos, intentando acostumbrarse a la oscuridad, y los dos chicos se quedaron paralizados en medio de la habitación.

Decidió no moverse para no asustarlos. Se atrevió a abrir los ojos cuando estuvo seguro de que ninguno de los dos le estaba prestando atención. Bakugou estaba arrodillado junto a la cama de Midoriya, agarrando las sábanas con fuerza. No conseguía distinguir la expresión de su rostro, pero Toshinori estaba dispuesto a jurar que su expresión estaba lejos de ser aquella de ira continua. Todoroki estaba al otro lado, sentado a los pies de la cama, acariciando los dedos vendados de Midoriya con suavidad. Su rostro habitualmente inexpresivo estaba iluminado por una leve franja de rayo lunar y reflejaba preocupación.

—Si no despierta, lo mato —murmuró Bakugou con voz queda.

Sus palabras resonaron en la habitación gracias al silencio reinante. Toshinori recordó que era lo mismo que había gritado cuando se lo llevaban. Todoroki hizo un par de gestos en dirección a Bakugou que Toshinori no fue capaz de interpretar.

«Joven Bakugou…», pensó, con lástima. «Tienes amigos muy leales, joven Midoriya. Eso me reconforta».

Bakugou se levantó con esfuerzo. Toshinori estuvo a punto de incorporarse, pensando que se marchaban, pero el chico se tumbó en la cama al lado de Midoriya, intentando no rozarle los brazos destrozados. Bakugou se acomodó con cuidado antes de pasar el brazo por encima del torso del chico inconsciente, acariciándole los vendajes delicadamente.

Toshinori sonrió, enternecido. Él sabía cuán importante era Midoriya para Bakugou, más de lo que el propio Bakugou debía intuir, según creía. Melancólico, recordó sus propias amistades de la juventud, todas aquellas que ya no estaban allí para él. Algunos dolores seguían siendo demasiado recientes, constató con pesar.

—No te quedes ahí parado, mitad y mitad —gruñó Bakugou en voz baja.

Todoroki se apresuró a acostarse del mismo modo, al otro lado de Midoriya, abrazándole con el mismo cuidado. Toshinori oyó la respiración agitada de un sollozo, pero no supo de cuál de los dos chicos provenía. Al cabo de unos minutos, cesó y el sonido de sus respiraciones acompasadas al ritmo de la de Midoriya inundó la habitación. En silencio, Toshinori se levantó de la butaca y paseó por la habitación, procurando no despertarles. Veló el sueño de los tres jóvenes y, cuando la luz del amanecer iluminó tímidamente la estancia, se acercó a la cama.

Las manos de Bakugou y Todoroki, encima del torso de Midoriya, estaban entrelazadas. Ambos tenían la frente junto a la cabeza de Midoriya, aumentando el contacto, y dormían un poco encogidos, pero calmados. Cogiendo la manta del sillón, Toshinori la extendió encima de los tres, cubriéndolos para que no pasasen frío y se apoyó en el marco de la ventana, reflexionando.

—¿Qué tal ha pasado la noche? —preguntó Yamada, asomado a la puerta, mirando sorprendido hacia la repleta cama de Midoriya. La misma melancolía que había sentido Toshinori se reflejó en el rostro del agotado profesor. Sabía que no estaba siendo fácil para él. Shirakumo, Kayama, Aizawa.

Toshinori se puso un dedo en los labios, indicándole que bajase la voz.

—Sigue inconsciente, pero su respiración es más regular ahora —susurró Toshinori, acercándose a él.

—¿Y ellos? —Yamada señaló en dirección a la cama.

—Creo que han descansado y eso es lo que más necesitan ahora mismo.

Yamada asintió, conforme. Apretando el brazo de Toshinori, salió de la habitación. Toshinori se volvió hacia los chicos. Desde la cama, Bakugou le miraba con expresión recelosa.

—Buenos días, joven Bakugou —murmuró Toshinori, con un gesto de cabeza, sentándose en la butaca para darle a entender que no iba a expulsarle de la habitación.

Cuando volvió a mirarlo, el chico había cerrado los ojos, pero Toshinori pudo ver que, con el dedo pulgar, acariciaba por encima de la manta el dorso de la mano de Todoroki en pequeños círculos. Satisfecho, sonrió. Al pasar con el desayuno, los celadores dejaron tres bandejas sin hacer ninguna pregunta.

«Joven Midoriya, tienes muchos motivos para despertar y dos de ellos están contigo en esa cama. No puedes decepcionarlos».