.
No es tan Dificil
Un OsaSuna para Noe
Disclaimer: personajes no son míos
I. Confesiones
Rin apoyó su pulgar en mi manzana, el resto de sus dedos acariciaron mi nuca. No fui capaz de reaccionar. No cerré los ojos. Quizá, debido a los nervios, le hablé de arroz. Nunca sé ser considerado.
Ocurrió al finalizar nuestro penúltimo día de escuela. Tan solo unos minutos atrás, Rintarou me ayudaba a recoger los balones que regué por el gimnasio.
—¿Qué hiciste ahora?
—Me caí —y señalé el canasto que yacía boca abajo.
Hacía un tiempo, Rintarou me prestaba su ayuda sin yo habérsela pedido. Me había dado cuenta. A mi hermano no le hacía esos favores. Atsumu también reparó en la diferencia de su trato, y como era natural, lo enfrentó.
—¿Por qué eres esa clase de persona que tiene favoritos, Suna?
—No parezcas ofendido, esas cosas nunca te han importado. Además, es un hecho de que todos prefieren a Osamu antes que a ti.
Y los que estaban allí presentes asintieron, pero yo sabía que Atsumu no se refería a eso. Rintarou también, por eso lo dijo de aquel modo.
Aunque nos habíamos retirado, seguíamos asistiendo al club de vóleibol. Ese penúltimo día, Atsumu, por primera vez, no se quedó a practicar sus servicios; fue el primero en dejar la escuela.
—Cúbreme —me pidió, sin ofrecerme explicaciones.
Si volvía a casa sin Atsumu, tendría que mentir a papá y mamá. Si no volvía, en casa asumirían que ambos nos quedamos jugando vóleibol. Comprendí la falla de mi plan en cuanto se asomaron al gimnasio otros ex miembros del equipo, y al verme solo, me preguntaron por mi hermano.
«No tengo que mentirles a ellos», pensé. De todas formas, yo no tenía idea. Dije solo lo que sabía, o sea, que no sabía. Se miraron entre ellos.
—Esto huele a city-love —dedujo Gin—. De seguro se escapó con algún novio secreto que tiene en la ciudad y se están haciendo cuchi-cuchi.
—Por favor detente.
La imagen de mi hermano besándose con un extraño me ponía los pelos de punta. Pero yo intuía que no se trataba de ningún extraño, como sugería Gin. Rintarou tampoco estaba presente en ese momento, si bien aquello no tenía nada de extraordinario. Después de patear a Gin por no detenerse en sus insinuaciones, me concentré en mis entrenamientos, con la esperanza de que el impacto de los balones borrase aquellas imágenes perturbadoras.
Por eso me sorprendí cuando vi por las ventanas a Rintarou merodeando por los pasillos desiertos, como si con mi pensamiento lo hubiese invocado, y en mi sobresalto, caí sobre la canasta de los balones. Al estruendo, Rintarou entró corriendo al gimnasio, cámara en mano. Pareció decepcionado al verme botado en el piso.
—Pensé que se trataba de algún kohai —reconoció, tendiéndome una mano para ayudarme a ponerme en pie—. Me habría gustado hacerles un último bullying antes de la graduación. ¿Qué haces acá?
—Vóleibol...
—No eso. Qué haces acá, realmente.
—¿Es una pregunta filosófica? Porque conoces mis notas en el área...
—Está bien, olvídalo. Pensé que habría algún otro motivo.
No aguanté mucho tiempo el silencio que le siguió a aquella declaración. Algo en Rintarou lograba hacerme sentir culpable. A esa cualidad de Rin la conocíamos como sus juegos mentales. No tenía que decir nada. En muchos casos le bastaba una mirada desviada, un silencio, para que el resto nos comiéramos la cabeza.
—De acuerdo, estoy cubriendo a Atsumu —admití—. No tengo idea de qué, pero lo estoy cubriendo.
Y le pregunté si él sabía algo, pero se encogió de hombros.
—Gin dice…
—Oí a Gin —me interrumpió, de pronto fastidiado—. Por supuesto que no fue a besarse con nadie, Atsumu me lo habría dicho.
—Ahh...
Dejé el balón que me quedaba en la canasta y me acosté en el piso de tablas del gimnasio, fingiendo que estiraba músculos. Rintarou se sentó a mi lado, sin mirarme. Desde mi posición podía admirar el largo de su cuello, tan elegante, que abría en una barbilla afilada y angulosa, casi como una escultura, rasgos que me resultaban más femeninos que apolíneos. Me gustaba aquello suyo. De normal, Rintarou caminaba encorvado, arrastrando los pies, pero cuando se sentaba en el suelo de aquella manera, salía a flote su belleza oculta. Me preguntaba si Rin sería consciente de aquella dualidad suya.
Con la cabeza alta, pero los ojos perdidos en el espacio, trataba de imaginarme qué estaría pensando, y a juzgar por la manera en que sus dedos se mordían entre ellos, qué sería aquello que lo molestaba. Algo de lo que dijo Gin, sin dudas, pero qué sería.
En los últimos meses, desde que mi hermano saliera del armario, y por mucho que Rintarou dijese que yo era el favorito de cualquiera sobre Atsumu, esos dos habían estrechado lazos de un modo que al principio no comprendía, hasta que vi a Rin haciéndole la manicura a mi hermano. Entonces comprendí qué era aquello que los unía.
—¿Suna también…? —le pregunté a Atsumu, luego que Rin regresara a su casa.
Él sonrió de oreja a oreja, contemplando sus uñas perfectas..
—¿Te lo dije o no te lo dije? Y Sakusa, y la manager nerviosa del Karasuno, y ese chico Akaashi que te roba la comida en los Nacionales, acuérdate de mí. Te digo que tengo un don para esto, soy un predictor gay.
El tiempo le daría la razón respecto a Sakusa, la manager nerviosa y Akaashi, pero yo no podía darle en el gusto y admitir que no se equivocaba; Atsumu había pronosticado lo mismo para mí.
También el tiempo le dio la razón en eso.
En ese sentido, Atsumu era más intuitivo que yo. Podía darse cuenta por dónde discurrían los sentimientos de otras personas, y era el primero en enterarse de cualquier romance. Pero en lugar de regarlos, solo me los comentaba a mí, para saber qué pensaba. Quizá fue por eso que, en esos temas, me era tan complicado mostrarme sincero con Atsumu. Solo por un tiempo pude engañarlo. Si lo logré, fue porque yo también me engañaba.
Por esos días acababa de terminar una relación de varios meses con una compañera del salón de Atsumu. Ante la inminente separación producto de la graduación, decidimos dejarlo de mutuo acuerdo. Creí que me dolería más. No fue un autoengaño propiamente tal. Soe-chan era más grande y pesada que yo, más velluda que yo. Precisamente por esos rasgos la encontraba atractiva. Era, como diría mi abuela, una mujer viril. Gozaba de todo el Apolíneo que le faltaba a Rintarou. La atracción inicial, sin embargo, no tardó en diluirse a medida que la relación siguió su curso, y ambos tuvimos que aceptar que no tenía caso que siguiéramos esforzándonos.
Un ruido me obligó a mirar hacia la puerta del gimnasio. Soe-chan apareció por la apertura, agitando las manos desde fuera.
—¿Todavía aquí, Osamu-kun? ¿Quieres ir a comer? Vienen las chicas.
Las chicas eran sus amigas del club regional de halterofilia. Decliné su invitación con un gesto de mano, y aunque no lo habían invitado directamente, Rintarou también declinó.
Una vez se cerró la puerta del gimnasio, me preguntó:
—¿Siguen hablándose?
—Supongo.
—Pero…
—Seguimos siendo amigos —lo corté, antes de que empezara con sus juegos mentales—. No tenía caso continuar alargando aquella relación. Al final hemos quedado como amigos, y está bien. Aunque…
—¿Sí?
—Me habría gustado que me doliera un poco. No es tan extraño —añadí casi a la defensiva, como retando a Rintarou a contradecirme—. Es igual a lo de Atsumu con los abucheos…
—Ah, no. No voy a permitirlo. Detente ahí.
—Es lo mismo —insistí.
—Sé que es lo mismo, no me refiero a eso. Pero tú tampoco te has dado cuenta, ¿cierto?
Su conversación no tenía sentido. Lo quedé mirando, pensando que finalmente se había vuelto loco. Rintarou se burló de mí.
—Sé que te molesta que constantemente te comparen con Atsumu, y que estas comparaciones nunca se den en sentido contrario, pero tú haces lo mismo, Osamu. En ese aspecto sé que no empezamos con buen pie… pero ahora te vas a separar de Atsumu, así que sale de su sombra de una buena vez.
De todas las cosas que pudo decirme, aquello jamás me lo esperé. Me cabreé.
—Te lo estabas guardando, ¿eh, Suna? Si tienes algo que decirme, ¿por qué no te dejas de rodeos?
—Sé que es muy dramático creer que no volveremos a vernos tras la graduación… de todas formas, yo quería decírtelo. Y otra cosa más…
Creí que me estaba vacilando. Sentados frente a frente en el piso del gimnasio, yo con el buzo de gimnasia, él con su uniforme, cerró la distancia con un beso que no supe responder. La escapada de Atsumu, los dichos de Gin, el enfado de Rin. Todo debía estar conectado de alguna manera, y debía ser así, porque de otra manera no se explicaba que Rin me estuviera besando. A menos… ¿pero qué podría ser? No, ya basta. Era demasiado complicado para mí. Rin abrió sus ojos. Mis labios dejaron de ser presionados. El silencio.
—Por favor no te quedes mirándome y di algo.
—…
—Si te he molestado, lo siento. Yo… yo tampoco me podía quedar con esto. Necesitaba que lo supieras. Siempre has sido tú, Osamu. Prácticamente desde el inicio.
—Arroz —respondí.
—¿Qué?
—Recordé que tengo que hacer arroz… si me voy ahora, tendré los onigiris listos para la cena. En casa hay varias verduras que podría saltear. Hay umeboshis.
—Entiendo que puede ser chocante, pero en el fondo ya te habías dado cuenta. No he podido ser más evidente. Incluso Atsumu debe saberlo, pero se ha mantenido al margen. Y no lo sé… Si no sientes lo mismo, lo entiendo. Solo dime algo.
—Y huevo. Una pasta de huevo, azúcar, sésamo y nori. Funcionaría bien. Es sencillo. Tengo todos los ingredientes en casa.
—Ahhh, de verdad que eres el peor de los gemelos.
Sentí el impacto de una patada que me arrastró varios metros. Me quedé de piedra, rígido en mi sitio, viendo a Suna correr la maratón de su vida, huyendo de mí, de él mismo, de nosotros.
Comencé a temblar. Me tiritaba todo el cuerpo. Tenía que irme a casa, a cocinar. No sé por qué, pero cocinar parecía la mejor alternativa. Sentí el impulso de tomar el teléfono y llamar a Atsumu. Mi bolso deportivo comenzó a vibrar. Abalanzándose hacia las graderías, saqué mi teléfono. ¿Lo habría invocado? ¿Dos invocaciones en un día? Atsumu me estaba llamando. Contesté.
—Hice algo estúpido —empezó, con su voz a punto de reventar—. ¿Samu, dónde estás?
—En el colegio, ¿dónde estás tú? ¿Necesitas que te busque en algún sitio?
—No… ahhh, me quiero morir.
Así que tú también te quieres morir…
Comprendí que no me correspondería ser el protagonista del drama aquel día, y que debía recuperarme como fuera. ¿Preparar onigiris? Era un idiota.
—Dime dónde estás, iré a buscarte.
Rin tenía razón. Yo seguía a la sombra de mi hermano, por voluntad propia. Recién comenzaba a sentir el dolor que produjo la patada en mi estómago. Dolía y mucho. Me temblaba la boca. Allí, donde los labios de Rintarou presionaron por la respuesta que le negué.
Sin dejar de temblar, me colgué la bandolera al hombro y arrastré los pies fuera de la escuela. Encontré a Atsumu en el viejo arcade cercano a casa, arreglado y perfumado, pero con los ojos rojos, las mejillas húmedas, como si acabase de llorar.
—¿Qué fue lo que hiciste?
Atsumu se mantuvo en silencio un momento, tratando de no perder la concentración en su juego, pero perdió. Era la primera vez que perdía tan rápido.
—¿Es que acaso no te lo imaginas?
En otra ocasión, quizá. Mi cabeza pensaba en el beso de Rintarou, recreaba una y otra vez la manera precipitada en que abandonó el gimnasio.
—No te des tanta importancia y solo dímelo, ¿quieres?
Atsumu le cedió su máquina a unos pequeños que lo vigilaban con celo. Lo seguí fuera del local. Me sentía extraño, como sucio. ¿Por qué? No era bueno para la filosofía, y aquello no lo comprendía. Si Rintarou se iba a declarar, debió usar otras palabras. Basta. Ya basta con Rintarou, estás ahora con Atsumu. Como lo mirase, aquello que Rintarou se había estado guardando sonó más bien a una declaración de guerra. Pero detente de una vez, estúpido.
Nos sentamos fuera de un konbini. Saqué mi billetera y conté mis monedas. Podía invitar a Atsumu a algún bollo caliente. Al sugerirselo, se negó. Las emociones siempre se le iban al estómago. Al final, me aceptó un café de máquina. Regresé con su café más un bollo para mí.
Me dijo:
—No te vayas a burlar de mí.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—No puedo prometerte eso. Si hiciste una estupidez, corresponde que me burle de ti.
Logré sacarle unas risas.
—Está bien, seguramente en unos años yo también me ría de esto. Fui a ver a Kita-senpai.
—Ahhh, no. Detente allí. ¿Hiciste lo que estoy pensando? ¿Por qué, Tsumu? ¿Por qué lo hiciste? Te dije que no lo hicieras.
Sentí mis músculos temblar de nuevo. ¿Acaso era el día de las confesiones? Qué coñazo...
—Ya lo sé —continuó Atsumu—, hasta ayer no pensaba hacerlo, pero… luego lo hablé con Suna y… maldición, seguramente se estaba metiendo conmigo, pero en su momento me pareció muy convincente.
—¿Suna? —sentí como el sudor me delataba. Por supuesto. Rin me mintió. Nos lió la mente a todos—. ¿Qué te dijo ese traidor?
—Bah, ya da igual.
—No me digas que te declaraste de la manera más vergonzosa posible y Kita-san te rechazó también de la manera más vergonzosa posible.
—Solo quería que lo escuchara de mí. Quería oírme decirlo. Samu, ya sabía que no me iba a corresponder, pero de todas maneras… no podía quedarme con esa duda. Y oyó todo lo que tenía que decirle, fue muy educado. Supongo que eso fue lo que me jodió. Darme cuenta que yo nunca seré otra cosa que su kohai el odioso, y aún así, sigue preocupándose por mí, sigue orgulloso de mí, y eso será todo. Ese es el límite entre nosotros.
—Ya veo… oye… quédate tranquilo...
Dejó el café a sus pies y se largó a llorar sobre mi regazo. Lo abracé. Le dolía el corazón porque no fue correspondido. Yo había terminado con mi novia y solo me producía indiferencia. Lo envidiaba por ello. Ojalá no siguiera llorando. Ojalá nunca se hubiese confesado a Kita-san. Si no lo hubiese hecho, quizá me habría atrevido a contarle lo de Rintarou. Le acaricié el pelito. Se lo había cortado y retocado las raíces tan solo unos días atrás, según él para salir bien en las fotos de la graduación. Quizá no fuese del todo cierto. Puede que hubiese planeado este momento hace un tiempo. Puede que Suna no le haya liado la menta propiamente tal. Era la espina que mi hermano necesitaba sacarse de una buena vez. Lo hizo. Ya está.
Sacarse las espinas duele, al mismo tiempo que alivian.
Al día siguiente, Gin y otros de nuestros compañeros se le abalanzaron sobre Atsumu preguntándole qué era el misterio nuevo que se traía entre manos. Atsumu corrió a golpearme, tuve que huir.
—¿Qué te dije? ¡Que me cubrieras!
—¡Y lo hice! ¡Papá y mamá no sospecharon nada!
—¡No de papá y mamá maldito estúpido puerco! ¡Por qué para esto tenías que resultar tan obtuso!
Como siempre, nos tuvieron que separar para no acabar con nuestras caras amoratadas antes de la ceremonia. Durante esta, Rintarou evitó mirarme. Yo también evité hacerlo. Con toda nuestra promoción de testigos, ambos intercambiamos saludos. Ni siquiera nos estrechamos de manos, y nos alejamos para cuando llegaron las fotos.
Rintarou aplicó a una universidad que le ofreció beca deportiva. Se hubo rendido ante la primera alternativa, y siguió adelante. A veces me preguntaba por qué Rintarou se conformaba de aquella manera, pero entonces no se lo pregunté.
Nos despedimos de nuestros maestros, del entrenador Kurosu a quien hicimos pasar tantos malos ratos. Admitió que, pese a todo, nos extrañaría. Atsumu se me adelantó para alcanzar a Rintarou. Lo jaló de la chaqueta, y Rin siguió caminando, pero acomodándose al ritmo de mi hermano. Yo apresuré el mío, manteniendo una distancia prudente que no revelase mi presencia, pero que me permitiera no perderme palabra.
—Al final sí lo hice —le confió Atsumu a Rintarou—. Te dije que si me desafiabas, lo haría. Y no salió bien, como cabía de esperar… pero por otra parte, supongo que salió bien.
—Por supuesto que no te desafié, lo entendiste todo mal. Siempre tienes que entender los temas más cruciales de la peor manera, te odio.
—¿Ahhh? ¿De qué hablas? ¿Por qué te lo tomas tan personal?
—Porque por tu culpa, yo también tuve que salir de dudas.
—No. Repite eso.
—Que yo también.
—¿Ahhhh? Espera un momento, Suna, ¿me estás diciendo que también te le declaraste a tu crush?
Y vi a Atsumu mirar hacia atrás, hasta toparse con mis ojos. No pude soportarle la mirada.
¿Ya lo sabía?
—Me da rabia que seas más valiente que yo, Atsumu. Si no lo hacía, ya no me quedaría dignidad. Claro que, a juzgar por cómo se dieron las cosas… quizá ya no sea digno de la dignidad.
—Ya veo —Atsumu regresó la vista a Rintarou—. Así que también te salió mal.
—No lo digas de esa manera.
—¿Entonces al fin me dirás quién era tu crush? Me has tenido meses en vilo.
¿Meses?
—No. Te dije que te lo diría solo si resultaba bien. Pero… bueno, al menos me lo he sacado.
—¿Eso significa que seguirás adelante? —alcé la voz, entrometiéndome en la conversación.
Rin se giró a mirarme, con la espalda levemente arqueada. Empalideció bruscamente.
—¿Estabas escuchando?
—Desde un principio —se adelantó Atsumu—. Te lo he dicho, Suna. Yo soy el gemelo bueno. Yo.
—Como sea… sí, supongo que seguiré adelante. No me queda otra opción. Ahora déjenme en paz, ambos. Hacen de mi vida un infierno. Me alegra que no volvamos a vernos.
Enroscó las correas de su mochila en sus muñecas, y apresuró los pasos hasta cruzar la calle. Con Atsumu giramos en la intersección siguiente, perdiéndolo de vista.
Y así fue como nos despedimos de Suna.
Me dijo Atsumu:
—Si te pregunto qué sucedió entre ustedes...
—No te lo diré. Además, es obvio que estabas más enterado que yo, ¿cómo fue que te lo callaste?
—No me correspondía a mí decirlo —dijo encogiéndose de hombros—. ¿Fue muy incómodo?
—Creo que le hice daño…
Podía sentir el peso de los labios de Rin presionando contra los míos.
—Bah, estará bien. Estamos hablando de Suna. Es un dramático para ciertas cosas, pero luchador para otras. Estará bien.
Y, sin embargo, tuvieron que pasar casi dos años para que Rin y yo nos reencontráramos.
Aprovecho de que en Japo ya es el cumpleaños de Suna para publicar esto... y que es el no cumpleaños de Noe para regalárselo :D ¡feliz no cumpleaños!
Querida Noe… A veces, el solo hecho de tener en común una ship con alguien más, es suficiente para sentir cercana a esa persona. Y aunque apenas hemos hablado, y nuestras conversaciones se limitan a intercambios de rws, siento mucha simpatía hacia ti. Sé que la historia es un poquito simplona, pero… no sé. Me sentí blandita escribiéndolo, y quería dedicártelo.
Esto surge de un fanart que vi, que sé que conoces (url en mi profile. El pulgar de Rin en la manzana de Osamu me dejó absorta, y no me quedó remedio más que abrir un documento de word y desatarme.
Cómo siempre… disculpas por los typos y cosas varias, pero ya no me disculpo más por empezar nuevos proyectos teniendo otros pendientes... porque esto es lo que me gusta, chao.
(Igual se supone que es un proyecto corto... según yo, no más de 4 capis y tal)
(Claro que uno siempre dice que hará un proyecto corto y luego todo se lía...)
(Dramas de fickers)
(Los guiños a +/- no son coincidencia...)
Japiera Clarividencia aka el caso perdido.
