Ninguno de los personajes pertenecientes a las novelas de Harry Potter me pertenece
FLORES DEL MAL
CAPÍTULO CUATRO
EL CLUB DE LAS EMINENCIAS
Neville entró al tren tras despedirse de su abuela sintiendo que su corazón dentro de su pecho latía ruidosamente. Tenía a Trevor en sus manos sino se las hubiera llevado hacia su pecho en un intento de calmarlo. Sus ojos vagaban por el pasillo, al igual que lo habían hecho en la estación, buscando a su prometida. ¡Oh, Merlín! No podía creerlo aún. Se habían estado escribiendo la última semana con cierta regularidad, siempre hablando de temas simples y poco peligrosos pero aún retumbaba en su mente una de las preguntas que ella le había hecho "¿Prefieres que lo nuestro sea un secreto?" Lo de ellos. Eso sonaba tan magnánimo y realmente lo era. Le había respondido que no le importaba que sus compañeros de colegio se enterasen pero sabía que no había sido sincero. Claro que le importaba. Él no le había dicho a nadie más que a su tío abuelo, y sólo porque su abuela insistió que le contase "las buenas nuevas", como ella lo había llamado. Estaba un poco avergonzado por tener que pasar por esa situación y estaba aún más asustado de la reacción de los Slytherins. ¿Cómo reaccionarían cuando supieran que una de los suyos estaba por casarse con él? ¿Se burlarían? ¿Lo hechizarían? ¿Serían aún más el hazmerreír de todos?
— ¡Hola, Neville!
El muchacho giró sobre sus pies y vio a su amiga Luna parada en el pasillo, con una revista de El Quisquilloso en sus manos.
— ¡Hola, Luna! ¿Has tenido un buen verano?
—Sí. Mi padre y yo hemos estado muy ocupados con El Quisquilloso. Hemos vendido más números que nunca.
Neville estaba seguro que eso tenía que ver con la entrevista a Harry que se había publicado en esa revista el curso anterior. Todo el mundo había querido saber qué era lo que tenía para decir el famoso Elegido.
No pasó mucho antes de que se encontraran con este chico, quien miraba a su alrededor con cierta incomodidad. Neville se dio cuenta que todos los miraban con curiosidad y que el motivo era porque andaban al lado de Harry. Incómodos buscaron hasta que encontraron un compartimiento vacío. Entraron y cerraron la puerta, sintiéndose aliviados de estar finalmente lejos de todos esos ojos que los seguían como si fueran algún tipo de espectáculo.
Comenzaron a hablar sobre lo que ahora sucedía y el tema viajó hasta su pequeña aventura en el Ministerio. Neville le contó lo orgullosa que estaba su abuela e incluso le mostró su varita nueva hasta que Trevor escapó de sus manos y se vio obligado a ir detrás de él, dándole la espalda a sus amigos y tirándose en el suelo para buscarlo debajo del asiento.
— ¿Seguiremos celebrando las reuniones del ED este año?—oyó desde su posición que hablaba Luna.
—No tendría mucho sentido ya que nos libramos de la profesora Umbridge ¿no?
Neville intentó salir de prisa de allí al oír eso y terminó dándose un fuerte golpe contra la parte inferior del asiento.
—A mí me gustaban mucho las reuniones del ED—confesó Neville mientras miraba a Harry—. Aprendí mucho contigo.
—A mí también me gustaban mucho, era lo más parecido a tener amigos—dijo Luna.
Tanto él como Harry se quedaron viendo con incomodidad a la chica. Ella era una buena persona, aunque un tanto extraña, y muchas veces decía esa clase de comentarios que hacían sentir incómodos a los demás.
Neville se quedó sin saber qué decirle pero Harry estuvo a punto de responderle. Sin embargo, un alboroto fuera lo interrumpió.
— ¡Pídeselo tú!
— ¡No, tú!
— ¡Se lo pido yo!
Y una niña con grandes ojos oscuros, de barbilla puntiaguda y largo cabello negro, abrió la puerta y entró sin miramientos. Neville volvió a buscar a su sapo mientras oía lo que ésta decía.
— ¡Hola, Harry!—saludó—Me llamo Romilda Vane. ¿Por qué no vienes a nuestro compartimiento? No tienes porqué sentarte con éstos.
El veneno salía de su boca sin disimulo alguno. Neville intentó no sentirse mal mientras esperaba oír la respuesta de Harry.
—Son mis amigos—dijo el muchacho con frialdad.
—Ah… Bueno.
Neville salió de debajo con Trevor en su mano justo para ver cómo la expresión de la chica se retorcía en un gesto agrio, como si no pudiese creer que el famoso Harry Potter prefiriera estar con ellos antes que con ella. Romilda abrió la puerta dispuesta a salir justo cuando otra figura femenina, una que Neville reconoció demasiado bien, aparecía. Su corazón volvió a acelerarse peligrosamente.
Alessia miró a Romilda como si no fuera más que una mosca que debía de ser aplastada.
— ¿Rogando atención, Vane?—le preguntó ella con burla.
Romilda enrojeció totalmente y salió casi corriendo, como si estuviera huyendo de algo. Lessi se la quedó mirando por unos segundos antes de volverse hacia el interior del compartimiento.
— ¿Puedo unirme a ustedes?—preguntó.
Harry sin duda alguna estaba demasiado sorprendido por la presencia de aquella chica Slytherin que nunca antes le había dirigido la palabra sino era para defender a Malfoy o alguno de sus demás compañeros. Neville, por su parte, estaba tan aturdido que no podía articular palabra alguna.
—Claro, pasa—dijo Luna como si fuera lo más normal del mundo y se movió hacia un lado para dejarle lugar entre ella y Neville.
Alessia entró como si no le importara que Harry la mirara como si de pronto ella, el mundo y todo el universo se hubiese vuelto completamente loco, y fue hasta su prometido.
— ¿Dónde te metiste?—le preguntó a Neville, viendo como su cabello estaba lleno de polvo y pelusas.
Lessi se acercó a él, se sentó a su lado y, siendo muy consciente de lo que hacía, alzó sus manos para agitar el cabello del chico para limpiarlo. Hizo como si no se dio cuenta de lo suave que era su pelo y tampoco reaccionó a su rostro completamente rojo por su gesto íntimo. Apartó sus manos de él y se dedicó a mirarlo directamente a los ojos.
—Hola, Neville—lo saludó suavemente, intentando sonreírle sólo a él.
Ella lo hubiera creído imposible pero el rostro de él se volvió aún más rojo.
—Ho…hola…—tartamudeó.
Suavemente apartó la mirada de él para posarla en los otros dos integrantes. Al ver la expresión de Potter no pudo evitar que su sonrisa se borrara de inmediato.
—Lovegood, Potter—los saludo con seriedad, dando una leve inclinación con su cabeza.
— ¿Qué haces aquí?—preguntó el chico de lentes cuando finalmente logró recuperar el habla.
"Intento averiguar lo que planeas". No, esa no sería una respuesta muy inteligente de su parte. Convencer a Longbottom de que no tenía segundas intenciones detrás de este arreglo matrimonial había sido relativamente fácil. Unas cuantas miradas, sonrisas y palabras adecuadas fueron suficiente para mantenerlo interesado. Sin embargo, no podía hacer lo mismo con Potter. Ese sería su verdadero reto.
— ¿No es obvio, Harry?—preguntó Luna antes de que Lessi pudiera responder—Están comprometidos. ¿No has visto su pulsera?
Lessi miró hacia su muñeca para comprobar que parte del brazalete se veía. Aún así, no era suficiente. La persona que lo viese tendría que ser increíblemente atenta como para darse cuenta que se trataba de una joya de compromiso.
— ¿Comprometidos?—inquirió con desconcierto Harry mientras giraba el rostro hacia su amigo, esperando que le dijese que se trataba nada más que una broma.
—Es… es cierto, Harry—la voz de Neville tembló levemente.
— ¿Cómo es posible? ¡Sólo tienes dieciséis! ¡No puedes casarte!
Alessia contuvo un suspiro. Por más que Potter era hijo de padres magos, todos sabían que había sido criado por muggles. Era comprensible que él no estuviese al tanto de las costumbres de los Sangre Puras.
—Creo que ha entrado un Torposoplo a tu mente, Harry, y por eso luces tan desconcertado. Neville sí puede casarse.
Lessi no pudo evitar girar el rostro para contemplar con extrañeza a la chica Lovegoood. Se había colocado unas extrañas gafas y había bajado la vista a su revista, leyéndola con atención después de aquel inusual comentario.
— ¿Torposoplo?—no pudo evitar preguntar.
Luna apartó la vista de su revista para contemplarla a ella.
—Son invisibles—explicó—. Van flotando por ahí y se te meten por los oídos y te atontan el cerebro. Me ha parecido oír zumbar a uno de ellos por aquí.
Y de repente comenzó a agitar las manos por el aire como si estuviera intentando ahuyentar moscas invisibles. Lessi jamás en su vida había hablado con ella pero ahora comprendía un poco porqué la pobre niña había adoptado el apodo de Lunática. No es que considerase que estaba realmente loca pero iba a admitir que era un tanto extraña. Giró el rostro hacia Neville, quizás buscando algún tipo de explicación para lo que acababa de suceder pero el chico sólo se encogió levemente de hombros.
Justo en ese momento, la puerta del compartimiento se abrió, dejando entrar a los dos mejores amigos del famoso Harry Potter.
—Espero que el carrito de la comida no tarde en pasar, ¡Me muero de hambre!—decía Ron mientras entraba, seguido por Hermione— Creo que en cualquier momento me caeré desmayado por…
Los ojos de Hermione se posaron inmediatamente en la inesperada compañía que tenían sus amigos y rápidamente le dio un leve codazo al pelirrojo para que se callara, sin dejar de observar atentamente a Lessi.
— ¿Qué demonios haces tú aquí?—preguntó Ron al verla.
Hermione se abstuvo de rodar los ojos aunque no le faltaron ganas de hacerlo. Su amigo era tan poco correcto. ¿Le hubiera costado demasiado disimular un poco?
Lessi miró a todos los integrantes de aquel compartimiento, sintiéndose repentinamente sola. Granger la miraba con sospecha contenida pero Potter y Weasley parecían querer sacar sus varitas en ese mismo momento y hechizarla. Luna estaba en su propio mundo y Neville estaba tan nervioso por la tensión del ambiente que apretaba quizás demasiado al pobre Trevor. Él no parecía demasiado dispuesto a defenderla así que supo de inmediato que tendría que tendría que arreglárselas por su cuenta. ¡Vaya prometido que tenía!, pensó con molestia.
—Vine a ver a Neville—explicó.
— ¿A Neville? ¿Por qué?—cuestionó el pelirrojo.
—Están por casarse—dijo Harry con una mueca en el rostro, como si lo que acabara de decir fuera una injuria.
— ¡¿Qué?!
— ¡No es posible!
Los gritos no tardaron en hacerse oír y tanto Hermione como Ron casi corrieron hacia donde se encontraba Neville para exigirles una explicación. Molesta, Alessia se puso de pie y antes de que cualquiera pudiera darse cuenta, se había marchado. Su prometido miró desconcertado hacia la puerta cuando escuchó que ésta se cerraba con fuerza antes de mirar los tres chicos.
— ¿Por qué fueron tan malos?—les preguntó.
— ¡Yo no fui malo!—aseguró Ron— Ella—señaló la puerta por donde se había marchado la Slytherin— es una serpiente. ¡Una enemiga! ¡No te puedes casar con ella! ¡Sería traición!
—Ron, estoy segura que Neville tiene una explicación—dijo Hermione mientras se sentaba al lado de Harry.
—Hermione, tienes que admitir que es bastante sospechoso. Aparece de repente aquí, asegurando que va a casarse con él. ¿Quién hace eso? ¡Ni siquiera son mayores de edad!—dijo Harry con molestia.
—Estoy segura que ellos no se van a casar ahora mismo—dijo su amiga intentando mantener la calma aunque interiormente estaba algo escandalizada por la sorpresiva situación— sino que sólo están comprometidos, ¿No es cierto, Neville?
El chico asintió.
—Mi abuela me informó que había arreglado mi compromiso con ella hace unos meses. Su padrastro fue a verla y firmaron el contrato.
— ¡Pero su padre es un Mortífago!
—Padrastro—sintió la necesidad de aclarar Neville—. Nos hemos reunido en las vacaciones y hemos hablado. Ella tampoco quiere hacer esto.
— ¿Entonces por qué no rompen el contrato?—preguntó Harry.
—No es tan sencillo—aseguró Hermione—. Los matrimonios arreglados no son poco comunes en el Mundo Mágico, aunque son casi exclusivos de las más importantes familias Sangre Pura. Este tipo de contratos siempre tienen una base mágica que los sustenta. Si alguno de los prometidos quiere huir puede terminar maldito él y toda su familia.
— ¡Eso es atroz! Además, la familia de Ron no es así y son Sangre Puras—insistió el chico.
—No, ahora no, pero creo que mi biseabuela tuvo un matrimonio forzado—dijo pensativo el pelirrojo.
—Nuestro matrimonio no es forzado—dijo repentinamente Neville.
La idea de que ella hubiera sido forzada mediante amenaza hacía que dentro de su estómago se formara un nudo de algo parecido a rabia. Alessia había dado a entender que su padrastro no la quería, que hacía aquello como una forma de deshacerse de ella pero aún así, a pesar de eso, le había dicho a él que si no quería involucrarse en ese contrato le pidiera a su abuela que lo liberase. No, a su modo de ver, su matrimonio no era forzado porque ambos habían tenido la oportunidad de desenredarse de él si querían.
—Estoy segura que no, Neville—dijo Hermione con un tono conciliador—. Estoy segura que el suyo es un caso de homogamia.
— ¿Un qué?—preguntó Ron sin entender.
— ¿A caso nunca lees?—inquirió ella exasperada— Es un matrimonio en el que los familiares seleccionan a los novios teniendo en cuenta un grupo social y cultural particular. En este caso, ambos forman parte de los Sagrados 28 que menciona el Directorio de Sangre Puras, por lo que no es de todo ilógico que haya un matrimonio concertado entre las dos familias.
—Pero si no es forzado, no entiendo por qué no puede Neville romper el contrato—dijo Harry mirando a su amigo.
—Porque es una tradición que siempre se ha respetado. Él, por su cuenta, no sé si puede romperlo, pero puede pedírselo a su abuela.
— ¿Y por qué no lo haces?—inquirió Ron, mirando al chico.
Neville sintió los ojos de los tres, contemplándolo. Sólo Luna seguía atenta a la revista, aparentemente ajena a la conversación que se desarrollaba a su lado.
—Porque… no quiero—confesó con vergüenza—. Mi abuela podría romper el contrato si lo pido, es verdad, pero no puedo hacer eso. Ella está orgullosa de mí después de lo que sucedió en el Ministerio y está aún más orgullosa de que yo me involucre de este modo con el resto de las familias mágicas. Ella cree que el padrastro de Alessia me eligió porque he comenzado a parecerme a mi padre. Decirle que no es por eso sólo la decepcionaría y no quiero que eso suceda.
—Estoy segura que ella no pensará que…—comenzó a decir Hermione intentando mejorar el humor de su amigo pero él lo interrumpió.
—Sí, lo estará.
Ella pareció querer decir algo más pero se lo pensó mejor y mantuvo silencio.
— ¿Y cuál es la razón?—preguntó Harry—Dijiste que tu abuela piensa que Nott te eligió porque has comenzado a parecerte a tu padre, pero que decirle que no es así, la decepcionaría. ¿Cuál es la razón, entonces?
Neville dudó unos instantes. No creía que fuera una buena idea decirle sobre cómo trataba Nott a su hijastra. Ella no le había dicho que fuera un secreto pero debía de serlo porque nunca había oído que nadie lo juzgara por eso. No podía ir diciendo a cualquiera la verdad. Era el secreto de Alessia, no el suyo.
—No puedo decírtela.
El ceño de Harry se frunció.
— ¿Por qué no?
—Porque no.
Él nunca había sido realmente valiente y tampoco tuvo una gran opinión de sí mismo. Sin embargo, dado que el curso anterior había aprendido a mejorar su habilidad con los hechizos, su confianza había ido aumentado lentamente. Sabía que no era bueno en muchas cosas pero sí lo era en otras; también comprendía que las cosas que no podía haber bien a la primera, las podría hacer a la segunda o tercera… o cuarta. Era una buena persona que sabía diferenciar el bien del mal y defender a su prometida estaba absolutamente bien.
—Miren—comenzó—… yo no les voy a pedir que sean sus amigos, tampoco que entiendan la situación en la que nos encontramos. Sólo les voy a pedir que lo respeten y eso incluye respetarla a ella. Si no los insulta, si no los amenaza o hechiza, no tienen razón alguna para molestarla.
— ¿Nos estás pidiendo que nos comportemos si ella se comporta?—inquirió Ron.
—Así es.
Harry y Ron quedaron en completo silencio.
—Eso es algo que podemos hacer—intervino Hermione, lanzándole una mirada de advertencia a sus dos amigos— ¿Verdad?
Ambos asintieron, aunque de mala gana.
—No va a ser tan difícil—intervino Luna de repente, apartando sus ojos cubiertos por esos extraños lentes lejos de su revista—. Después de todo, ella nunca nos ha hecho nada malo.
— ¿Nada?—inquirió Ron molesto— ¿A caso has olvidado la cantidad de veces que nos amenazó con su varita cuando estaba con Malfoy?
—Yo sólo vi una sola vez eso pero según recuerdo ella sólo lanzó un hechizo para bloquear el tuyo que iba directo hacia Draco Malfoy—Luna se quedó pensando unos momentos—. Ella y su hermano son extraños. Son amigos de Draco pero nunca se comportan como él.
Después de esto, volvió a leer.
Harry frunció el ceño ante esto, dándose cuenta que la chica tenía razón. Sin embargo, no podía quitarle la sensación de que allí había algo sospechoso y él no dejaría de actuar con precaución hasta que averiguara qué era.
—Hablando de Malfoy, no está cumpliendo con sus obligaciones de prefecto—informó Ron, como si de repente recordara aquello—Estaba simplemente sentado en su compartimiento con otros Slyherins. Era raro.
Eso capturó la atención de su amigo.
— ¿Cómo que raro?
—No es común verlo simplemente sentado. El curso anterior no dejaba de molestar a los más pequeños, creyéndose el jefe—Ron gruñó con molestia.
—Es cierto, es extraño—admitió Hermione—pero quizás sienta que sus responsabilidades como prefectos no son nada importantes comparadas con la Brigada Inquisitorial.
Harry no estaba seguro de eso. Él creí que Malfoy tenía otros asuntos que atender, asuntos que le parecían más importantes y que estaban, seguramente, relacionados con Voldemort. Sin embargo, ninguno de sus dos amigos parecía pensar lo mismo que él.
Antes de que pudiera exponer su propia teoría, la puerta del compartimiento se abrió, dejando ver a una niña de tercero que les entregó un rollo de pergamino a Neville y otro a él. Ambos lo abrieron y leyeron con curiosidad.
— ¿Qué es?—inquirió Ron con curiosidad.
—Una invitación.
Neville volvió a leer la suya por tercera vez, siendo incapaz de comprender quién se la mandaba y por qué razón.
— ¿Quién es el profesor Slughorn?—preguntó desconcertado.
—Es el nuevo profesor—respondió Harry lanzando un leve suspiro—Bueno, supongo que tenemos que ir, ¿no?
Los ojos de Neville se ampliaron.
— ¿Qué querrá de mí?—preguntó con preocupación.
—No sé—dijo sin mirar a Neville a los ojos— ¡Espera! Pongámonos la capa de invisibilidad y de paso vemos qué está haciendo Malfoy.
Neville quiso protestar ante esta idea pero la determinación de Harry era intensa. Sin embargo, pronto se dieron cuenta que andar por el pasillo lleno de estudiantes bulliciosos sin ser vistos no era precisamente una brillante idea. Así que Harry guardó su capa y siguieron andando, teniendo que soportar la mirada de todos los chicos que querían ver al famoso mago del que hablaba la profecía. Cuando llegaron al compartimiento C, que era donde habían sido citados, se dieron cuenta que no eran los únicos.
Neville notó rápidamente que Harry era el favorito del profesor y pensó que era otro de los tantos que querían sólo ser vistos al lado del famoso chico.
— ¡Harry, amigo mío! ¡Cuánto me alegro de verte!—se levantó para saludarlo—Y tú debes ser Longbottom, ¿verdad?
Él asintió temblorosamente, sintiéndose algo desconcertado por la presencia del hombre y, cuando les indicó las sillas que debían ocupar, no tardó en ir a sentarse, queriendo que aquello terminara de una buena vez. Miró con cierta timidez al resto de los invitados, descubriendo a algunos de séptimo año que no conocía, a una Ginny casi tan perdida como él y a dos alumnos de Slytherins que iban a su mismo curso. Uno de ellos era Alessia, quien parecía estar demasiado ocupada hablando entre susurros con su compañero de casa como para dar una segunda mirada a él.
— ¿Ya se conocen todos?—les preguntó el profesor a los dos—Blaize Zabini asiste a su curso, claro—les dijo con una sonrisa y los miró a los tres como si esperara que se pusiesen de pie y se saludasen con un abrazo, como si fueran grandes amigos. Obviamente, eso no sucedió—, y esta señorita también. Alessia Nott.
Al oír su nombre, Lessi miró hacia los dos Gryffindor con seriedad y tampoco dio muestras de reconocimiento. Le hubiese gustado poder sonreírle a Neville y seguir simulando ser la prometida perfecta pero en ese instante seguía molesta con él por lo ocurrido momentos atrás. Aunque cuando lo vio bajar la cabeza con cierta resignación se sintió un poco mal por su frialdad.
Neville oyó que presentaban a un tal Cormac McLaggen, luego a alguien llamado Marcus Belby y, finalmente, a Ginny. Luego, mientras probaban comida que el mismo profesor había llevado, el hombre guió la charla hacia cada uno de ellos. Pronto se dio cuenta que todos los que estaban allí eran parientes de personas famosas y reconocidas en el mundo mágico, excepto Ginny, quien sólo oía atentamente e intentaba pasar desapercibida para todos.
Él nunca había sido precisamente alguien que le gustase oír los chismes de la sociedad por lo que se sorprendió a sobremanera cuando se enteró que Zabini era hijo de una de las brujas más hermosas de Inglaterra; bruja que se había casado siete veces y que sus siete maridos habían muerto en condiciones sospechosas, dejándole una gran fortuna.
—Estoy seguro que todos ustedes conocen el apellido Longbottom—dijo el hombre después de terminara de interrogar a Zabini—, por los famosos aurores que fueron torturados por Bellatrix Lestrange.
Neville sintió que su alma casi caía a sus pies. No, no quería pasar por ello. Ahora entendía por qué razón el despreciable hechicero lo había mandado a llamar. Alzó la cabeza levemente y notó que ahora sí los ojos de Alessia lo contemplaban. No supo cómo interpretar su mirada pero estaba seguro que no era de lástima.
— ¿Cómo se encuentran tus padres, muchacho?
—Bien…
Su voz tembló notablemente, para su vergüenza. Él estaba orgulloso de sus padres pero eso no quería decir que iba a ir hablando de lo sucedido abiertamente, viendo como los demás lo contemplaban con compasión.
— ¿Aún están internados en San Mungo?—esperó que Neville asintiera—Aquel día de la tragedia, cuando me enteré, no podía creerlo. ¡Eran tan excelentes personas e increíblemente extraordinarios! Yo lo quería tanto… Quién hubiera imaginado que una pareja pudiese pasar las penurias de su profesión, sobrevivir y luego ser torturados hasta la locura. Dime, querido, ¿qué tan grave es su mal?
Neville abrió la boca pero no salió ni una sola palabra de ella. Era incapaz de decir algo porque combatía contra lo enfermo que se sentía. ¿Por qué tenían que hacerle pasar eso a él?
—Si los quería tanto como dice—dijo de repente una voz que capturó la atención de todos los presentes—, ¿Por qué no fue a visitarlos así lo comprobaba por su cuenta?
Neville miró con asombro a Alessia, quien simplemente contemplaba con fijeza al profesor. El hombre se removió con incomodidad sobre su asiento y murmuró por lo bajo algo que él no entendió.
—Sólo están permitidas las visitas familiares, querida—dijo luego de aclararse la garganta, hablando con mayor fuerza para que lo pudieran oír.
—Estoy segura que Neville no dudará en darle un permiso especial si así lo quiere.
La mayoría de los presentes se sorprendieron a sobremanera al oír que la chica lo llamara por su nombre o que incluso reconocía su presencia. Ginny le lanzó una mirada interrogativa Harry pero éste no dijo nada y miró fijamente a Alessia, casi como si la retara a decirles la verdad a todos.
—No quiero causar molestias—indicó el profesor, tartamudeando ligeramente al sentirse reprendido por una alumna pero rápidamente se recuperó y colocó una de esas sonrisas tontas en sus labios— ¿Cómo estás tú, querida? Siempre supe admirar la inteligencia de tu madre. Fue una tragedia que falleciera tan inesperadamente, dejando su investigación a la mitad—miró al resto de sus alumnos—. Para aquellos que no lo sepan, la madre de la señorita Nott fue una brillante pocionista que estaba realizando una importante investigación sobre cómo curar la licantropía. Muchas veces se reunió con tu tío Damocles—le dijo a Marcus—para chalar sobre la poción Multijugos.
El muchacho miró a Alessia por unos segundos antes de encogerse de hombros levemente.
—Como le dije, mi padre y mi tío están distanciados.
—Sí, sí—el profesor asintió antes de volver a mirar a Alessia— ¿Dónde quedó su investigación? ¿Logró terminarla?
—No—respondió sin mostrar ningún tipo de expresión en su rostro—, sus papeles se perdieron hace muchos años.
La sorpresa fue grande para el hombre, quien secretamente había tenido la esperanza de ver aquellos escritos y regodearse al saber que sería uno de los pocos que tuvo la oportunidad de leerlos.
— ¿Se perdieron?—preguntó desconcertado— ¿Cómo es eso posible?
—Son cosas que suceden—le dijo ella sin más.
El profesor quedó esperando para ver si obtenía algún otro detalle de aquella tragedia pero la chica no dio mayor detalle.
—Bueno, sí que son malas noticias—dijo finalmente—. Pero estoy segura que has aprendido mucho de ella, ¿no?— no esperó respuesta de su parte y pasó a la siguiente víctima de su interrogatorio —Y ahora... —continuó el profesor— ¡Harry Potter! ¿Por dónde empezar? ¡Intuyo que, cuando nos conocimos este verano, apenas arañé la superficie! ¡Lo llaman «el Elegido»!
Harry no abrió la boca.
—Hace años que circulan rumores, desde luego —prosiguió el profesor, escudriñando el rostro de Harry—. Recuerdo la noche en que... Bueno, después de aquella terrible noche en que Lily y James... Tú sobreviviste, y la gente comentaba que tenías poderes extraordinarios...
Zabini tosió burlonamente ante estas últimas palabras pero se calló de inmediato cuando sintió que Alessia a su lado le daba un codazo.
—Sí, Zabini, tú también tienes poderes extraordinarios... para dártelas de interesante—exclamó de repente Ginny.
Lessi contempló a la pelirroja con cierta diversión mientras se preguntaba si sólo lo defendía porque eran amigos o si había algo más. Desvió sus ojos hacia el chico y notó lo incómodo que se sentía con esto. Si la chica Weasley tenía sentimientos hacia él podía ir perdiendo las esperanzas porque Potter no parecía corresponderle.
— ¡Cielos!— exclamó el profesor y se volvió hacia Ginny, quien fulminaba a Zabini con la mirada—. ¡Ten cuidado, Blaise! ¡Cuando pasaba por el vagón de esta jovencita la vi realizar un maravilloso maleficio de mocomurciélagos! ¡Yo en tu lugar no la provocaría!
Zabini sólo bufó. Él, menos que nadie, tenía miedo a esa chiquilla.
El profesor siguió hablando de Harry, alabándolo como siempre, mostrándose asquerosamente maravillado con él, hasta que el tema de lo acontecido en el Ministerio salió a la luz y, por ende, lo de la profecía. Alessia miró con interés a Potter en todo momento, intentando leer sus expresiones.
—Nosotros no oímos ninguna profecía—dijo de repente su prometido.
Lessi giró el rostro hacia él, completamente sorprendida por su intervención en el tema.
—Es verdad—añadió la chica Weasley—. Neville y yo estuvimos también en el Ministerio y no oímos nada de eso. Todos son inventos de El Profeta.
— ¿Ustedes también estuvieron allí?—preguntó el profesor, esperando con ansias a que los dos jóvenes dijeran más sobre el tema pero al comprobar que no decían nada más, cambió de tema.
Lessi sólo quería irse de allí. Estaba aburrida hasta la muerte. Escuchar las viejas historias de aquel hombre no había sido parte de su plan para pasar el resto del viaje hacia el castillo. Alzó la vista, buscando algo con qué entretenerse, y se encontró con los ojos de su prometido contemplándola. Él le dio una tímida sonrisa que ella no se dignó en devolver y simplemente apartó el rostro, queriéndole demostrar que estaba disgustada.
Tan sólo cuando el atardecer hacía acto de presencia el profesor se dio cuenta del paso de las horas y los dejó marchar. Blaise se puso de pie e hizo una leve seña para permitirle cruzar adelante. Ella sabía que no lo hacía por galantería sino más bien porque había sido criado de ese modo y era parte de su naturaleza. Se puso de pie para salir cuando sintió que alguien se detenía a su lado.
— ¿Qué quieres, Longbottom?—preguntó Blaise con brusquedad.
Nervioso, el chico fue incapaz de responderle y simplemente miró a Alessia, volviéndose ligeramente rojo.
—Déjanos, Blaise—le dijo ella y le dio una mirada significativa a su compañero.
— ¿Desde cuándo te juntas con esta clase de gente?—preguntó él con claro desprecio.
—Desde que estoy comprometida—le mostró el brazalete que colgaba de su muñeca.
El Slytherins alzó una de sus cejas y la contempló como si se hubiese vuelto loca. Sin embargo, no preguntó nada ni dijo nada más sobre el tema.
—Te espero afuera—fue su aviso antes de salir del compartimento, justo cuando McLaggen también lo hacía.
Neville vio a Harry susurrarle rápidamente a Ginny algo al oído mientras lanzaba miradas en su dirección. Asumió que le estaría contando el motivo por el cual él estaba hablando con Alessia Nott precisamente.
— ¿Qué deseas, Neville?
—Eh… supongo… que… que debo disculparme—dijo avergonzado—. Mis amigos no fueron buenos contigo. Sé que te molestaste por eso. Lo siento.
Ella contuvo una sonrisa. Era tan fácil conseguir las cosas de él. Unas simples miradas de molestias bastaron para que él viniese a disculparse.
—Disculpas aceptadas. Aunque no estaba molestas con ellos sino contigo. No puedes culparlos por verme como una infiltrada, mi presencia generó sospechas—inmediatamente que dijo aquellas palabras se arrepintió pero ya no había vuelta atrás así que tuvo que utilizarlas para su beneficio—. Ponte en su lugar, ellos no tuvieron nunca una buena relación con ningún miembro de mi casa. Especialmente con Malfoy, que es mi amigo. ¿De qué otro modo iban a reaccionar al verme allí?
—Supongo que tienes razón.
—Tengo razón—dijo pero se dio cuenta que sonaba demasiado petulante—. Ya no importa, en realidad. Son tus amigos y yo los respetaré aunque no me gusten.
—Pero no los conoces.
—Ellos tampoco me conocen a mí—replicó con prisa Alessia.
—Lo sé, por eso hablé con ellos y prometieron que de ahora en más se comportarán.
Lessi miró con gran sorpresa a Neville. Él parecía no haber sido capaz de enfrentar a sus amigos en su presencia pero sí les había dicho algo cuando se fue. Quizás no era tan cobarde como había imaginado.
—Gracias—le dijo con profunda sinceridad—. Yo prometo que mis compañeros de casa no se meterán de ningún modo contigo.
Neville hizo una mueca al oír aquello. Estaba tan acostumbrado a que las serpientes se burlasen de él, que le lanzaran hechizo para aumentar su torpeza y que lo insultaran que dudaba que porque ella les pidiese, dejasen de hacerlo.
—Sí, gracias—fue todo lo que pudo decirles— ¿Quieres volver con nosotros a nuestro compartimento?
—Prefiero evitar conflictos. Creo que tus amigos aún están demasiado conmocionados por la noticia—miró a la chica Weasley que no les quitaba los ojos de encima—. Nos veremos en el colegio.
Neville recordó los modales que tanto le había recalcado su abuela e hizo una seña para que ella cruzase por delante y saliera primero pero antes de que pudiera avanzar, el profesor Slughorn apareció delante de ellos.
— ¿Esa es un brazalete de compromiso?—preguntó con sorpresa, mirando la joya con los ojos abiertos —. No sabía que se había comprometido, señorita Nott.
Ella quiso responderle que ese no era asunto suyo pero prefirió jugar bien sus cartas. No quería que Neville pensase que se sentía avergonzada de que la vieran con él. Prefería evitar cualquier clase de conflicto que pudiera distanciarla de él y de, especialmente, Potter.
—Lo estoy—le dijo con una leve sonrisa, tomando la mano de Neville.
El chico enrojeció notablemente al sentir el toque. No había esperado jamás que ella hiciese una cosa como aquella.
— ¡Oh!—el hombre pareció quedar momentáneamente sin palabras y no hacía más que mirar primero a uno y luego a otro para después observar sus manos entrelazadas— Están en orden las felicitaciones, entonces—les dijo y, superada la sorpresa, sonrió enormemente— ¡Les deseo lo mejor! Y espero que inviten a la boda.
Ellos prometieron hacerlo y rápidamente se disculparon para poder marcharse de allí. Al salir, se despidieron con cierta prisa para cada uno ir con sus amigos. Blaise y ella se fueron al compartimiento donde se encontraban los de sexto año. Lessi entró primero y luego Blaise. Cuando éste quiso cerrar la puerta, por alguna extraña razón, no lo logró. De hecho se abrió como si alguien la hubiera empujado de repente. Blaise saltó hacia atrás con sorpresa y, sin haber visto donde ella se había colocado, terminó chocándola y haciendo que ambos terminaran en el suelo.
— ¡Demonios!
Goyle se levantó de inmediato, cerró la puerta de un movimiento ágil y se volvió hacia ellos. De un solo movimiento quitó a Blaise de encima de ella y la ayudó delicadamente a ponerse de pie. Lessi le sonrió a modo de agradecimiento mientras veía de soslayo que su hermano rodaba los ojos. Goyle era un idiota la mayor parte del tiempo pero siempre había sido todo un caballero con ella. Theo no dejaba de decir que estaba algo enamorado pero Lessi se negaba a aceptar tal cosa.
— ¿Y de qué iba todo?—preguntó Draco finalmente.
Lessi vio que Pansy estaba completamente ensimismada acariciando el cabello de rubio como si fuera la cosa más maravillosa del mundo y él, como siempre, no le hacía caso alguno.
—Slughorn sólo quería ganarse el favor de algunas personas bien relacionada—contestó Zabini—, aunque no consiguió demasiadas.
— ¿A quién más invitó?—inquirió Draco con el ceño fruncido, seguramente molesto por no haber sido invitado él también.
—Además de nosotros—contestó Lessi—, a McLaggen, de Gryffindor, a un tal Belby, de Ravenclaw…
— ¿A ese?—inquirió Pansy de repente, haciendo una mueca de desprecio— ¡Pero si es un mocoso!
—A Longbottom, a esa Weasley y a Potter—complete Blaise.
Draco apartó de inmediato la mano de Pansy al oír aquello y de inmediato miró a Lessi.
— ¿Invitó a Longbottom? Entiendo al maldito de Potter, pero, ¿por qué Longbottom?
—No lo sé—mintió rápidamente porque se sentía incapaz de contarle lo que se había enterado ese día. No le importaba demasiado que Draco se enterase pero no quería que Pansy lo supiese. Seguramente se burlaría de él aunque se trataba de algo terrible—. Realmente no importa. No pareció muy impresionado con él.
Blaise la miró significativamente pero no dijo nada. Lo bueno de estar en Slytherin era que la mayoría de ellos sabían guardar un secreto.
—Por lo visto, Slughorn tiene muy mal gusto—se quejó Draco—. Es una lástima; mi padre siempre decía que en sus tiempos fue un gran mago, y él era uno de sus alumnos predilectos. Seguramente Slughorn no se ha enterado de que yo viajaba en el tren, porque si no...
—Sí, seguramente…—mintió ella nuevamente.
No quería decirle que el anciano profesor no tenía ninguna intención de relacionarse con Mortífagos por eso ni siquiera había invitado a su hermano.
—Aunque realmente no importa—gruñó el rubio—. Es tan sólo un estúpido profesor. Además, ni siquiera sé si el año que viene iré a Hogwarts—añadió—. ¿A mí qué más me da si le caigo bien o mal a un viejo gordo y estúpido?
— ¿Qué quieres decir?—preguntó Pansy con los ojos abiertos como platos— ¿Cómo es que no vendrás el próximo año?
—Nunca se sabe—el rubio se encogió de hombros mientras sonreía pícaramente—. Quizás me dedique a hacer cosas más importantes.
— ¿Te refieres a…?—comenzó a preguntar Pansy pero Lessi la interrumpió de repente.
—Tengo una noticia que darles—todos los ojos se volvieron hacia ella—. Alguno de ustedes ya lo saben pero es mejor que los demás se enteren. Prefiero que se enteren por mí antes de que alguien más se lo diga.
— ¿Estás segura?—preguntó Theo colocándose a su lado, poniendo un brazo protector alrededor de su cintura.
—Muy segura.
— ¡Ya diles!—exclamó Draco con irritación.
Ella le lanzó una mala mirada. Después de haber pasado todas las vacaciones evitándola, ahora quería ordenarle. Pero tenía razón. Lo mejor era decir las cosas con claridad de una vez.
—Estoy comprometida con Longbottom.
Pansy y Goyle se quedaron de piedra mientras que Blaise sólo suspiró como si oír una confirmación de lo que había visto antes le resultara agotador.
— ¿Estás bromeando?—preguntó Pansy.
—No.
—Puedes debes estar bromeando—insistió—, porque no puedo creer que hayas aceptado casarte con ese inepto traidor de la Sangre.
—No tuve opción, Pansy—le aseguró con molestia—, pero las cosas son así.
Pansy soltó de repente una carcajada ruidosa que casi pareció el sonido molesto de una hiena.
— ¿Quieres hacer el favor de cerrar la boca?—le gruñó Theo a la chica.
—Mejor desaparece—ordenó Draco—, nos harías un favor a todos.
La chica miró a sus dos amigos con indignación pero no dijo nada más. Se cruzó de brazos y miró enfurruñada a través de la ventana.
—Quiera yo o no, Longbottom es parte de mi vida—dijo Lessi a sus compañeros, mirándolos uno a uno—, así que no quiero que ninguno de ustedes se meta con él.
— ¡No estás siendo justa!—se quejó Blaise—Potter y Weasley se meten siempre con nosotros.
—No estoy pidiendo por ellos, sino por mi prometido—les dijo con absoluta seriedad, dándoles a entender que no era algo que estaba en discusión.
—Lo haremos—dijo Draco de repente, antes de que cualquiera pudiera decir algo más.
Lessi lo miró con sorpresa pero rápidamente asintió y se lo agradeció suavemente. Pansy, a su lado, lo miró como si hubiera perdido de repente la cordura pero como parecía haberse auto-coronado como la boba que colgaría del brazo del rubio ese año, no protestó. No quería perder el lugar que había ganado con tanto esfuerzo.
—No nos meteremos con Longbottom—aclaró el rubio—, sólo con Longbottom.
Después de esto, vieron el castillo crecer en el horizonte. Buscaron sus pertenencias y se dispusieron a ir a cambiase. Draco fue el que quedó último. Cuando Lessi miró atrás, él le sonrió suavemente.
—Adelántate—le dijo—. Yo comprobaré algo antes.
Alessia lo miró extrañada por este comentario pero tras dudar unos segundos, salió de allí dejándolo solo.
…
Draco se sentó al lado de Alessia durante el banquete de bienvenida, empujando bruscamente a Goyle par que le diera lugar. Theo, al lado del muchacho grandote, no se movió, por lo que el chico tuvo que buscar un nuevo asiento.
— ¿Dónde te habías metido?—le preguntó ella.
—Resolviendo unos asuntos—colocó una sonrisa orgullosa en sus labios pero al notar el modo en que ella lo observaba, la borró inmediatamente— ¿Qué?
—Nada—dijo Lessi rápidamente—. Simplemente no puedo dejar de preguntarme si no sufres de algún conflicto de personalidad. Durante las vacaciones no hacías más que evitarme pero ahora has vuelto a hablarme e incluso te sientas a mi lado.
— ¿Prefieres que no lo haga?—inquirió con cierta molestia.
—No quise decir eso y lo sabes muy bien—replicó.
—Y tú sabes que estuve ocupado en las vacaciones.
—En realidad, no lo sé. No me cuentas nada.
—No querrías saberlo…
—Eso no lo sabes.
—Sí, lo sé—la contradijo—. Mira, Lessi, eres mi mejor amiga pero eso no significa que te enterarás de cada condenado detalle de mi vida. Hay cosas que es mejor que no sepas. Lo digo por tu bien.
Alessia no se molestó por sus palabras. De hecho, las comprendía muy bien. A pesar de que no sabía qué tarea le habían encomendado a su amigo, asumió que debía ser increíblemente importante como para que él se negarse a contarle al respecto, él que siempre disfrutaba de regodearse de tener la atención de las personas más importantes.
El banquete comenzó como todos los años. La comida era exquisita y la conversación llevadera. Hasta que la entrada de alguien interrumpió el momento. Potter entró sin túnica y con el rostro lleno de sangre seca. Draco refunfuñó por lo bajo algo que ella no pudo escuchar pero inmediatamente tuvo el mal presentimiento de que su amigo estaba involucrado en lo sucedido.
— ¿Draco?
—No preguntes.
Y no lo hizo. Quizás era mejor no saberlo, como había dicho él momentos atrás.
Después de aquello, el próximo evento llamativo que aconteció fue el anuncio del director, avisando que Slughorn ocuparía el puesto de profesor de Pociones mientras que Snape el de Defensa contra las Artes Oscuras. Los murmullos de consternación no tardaron en hacerse oír. Aunque no le gustaba que todo el mundo detestara a su profesor favorito, entendía por qué lo hacían. El profesor Snape era un hombre serio y exigente pero con un claro favoritismo hacia los Slytherins… por el cual ella no iba a quejarse demasiado.
Un carraspeo de parte de Dumbledore fue suficiente como para hacer callar a todos. El anciano deslizó su mirada por las cuatro mesas pero sus ojos se detuvieron unos segundos más de lo normal en la de ellos.
—Como todos sabemos—continuó el anciano—, Lord Voldemort ha vuelto a reseguir y con él, sus aliados. No sé qué palabras emplear para enfatizar cuán peligrosa es la actual situación y las grandes precauciones que hemos de tomar en Hogwarts para mantenernos a salvo. Este verano hemos reforzado las fortificaciones mágicas del castillo y estamos protegidos mediante sistemas nuevos y más potentes, pero aún así debemos resguardarnos escrupulosamente contra posibles descuidos por parte de algún alumno o miembro del profesorado. Por lo tanto, pido que tengan cuidado y que respeten cualquier restricción de seguridad que impongan sus profesores, por muy fastidiosas que les resulten. En particular, la norma de no levantarse de la cama fuera de la hora establecida. Les suplico que si advierten algo extraño dentro o fuera del castillo, informen de inmediato a un profesor. Confío en que se comportarán en todo momento pensando en su propia seguridad y en la de los demás. Pero ahora los esperan sus camas, cómodas y calentitas, y sé que en este momento la prioridad es estar bien descansados para comenzar las clases mañanas. Entonces, digamos buenas noches.
Lessi suspiró cansadamente después de este largo monólogo. A muchos, quizás la mayoría, les pareciese útil y aceptable. Pero para ella, que se encontraba en una misión en la que debía de engañar al mismísimo Harry Potter, sólo era como un preludio de malos augurios. Tantas advertencias para Potter y sus amigos no serían de ayuda.
