Ninguno de los personajes pertenecientes a las novelas de Harry Potter me pertenece


FLORES DEL MAL


CAPÍTULO CINCO

INICIO DE CLASES

Las clases comenzaron con el usual alboroto de todos los años. Lessi se colocó su uniforme y, mientras se miraba al espejo del baño, se acomodó el cabello a su gusto. Ella no era una presumida como Pansy que sólo quería capturar la atención de todos los chicos pero iba a admitir que le gustaba verse bonita. Además, ahora que estaba comprometida, no podía cometer el error de mostrarse desalineada en público. Era sabido que a las jóvenes que se involucraban en un contrato matrimonial se les exigía el doble en cuanto al aspecto y el comportamiento.

Salió del cuarto que compartía con las demás chicas y fue hacia la sala común. Por los grandes ventanales que había se podía ver la inmensa profundidad del Lago Negro donde, justo en ese instante, un cardumen cruzaba velozmente.

— ¿A dónde vas tan temprano?

Lessi casi saltó cuando la voz de su hermano la sorprendió.

—A ver al profesor Snape—le contestó—. Estamos en sexto año ahora, no podemos perder el tiempo. Este año la distribución de los horarios es mucho más complicada que los anteriores porque el profesor debe confirmar que hemos obtenido las notas necesarias en los TIMOS para continuar con los ÉXTASIS elegidos.

Su hermano puso los ojos en blanco.

—Al menos déjalo desayunar, ¿sí? Y, hablando de eso, ¿por qué no hacemos lo mismo?

Lessi estuvo a punto de decirle que había planeado buscar a Neville pero pensó que eso podía esperar un momento. Acompañó a su hermano, charló con sus amigos y tan sólo después del desayuno fue a ver a Snape. Como esperaba, consiguió autorización para cursar todo lo que había planeado. Lo que no había esperado fue que el hombre la mirase tan fijamente mientras firmaba, como si quisiera decirle algo pero no pudiese hacerlo porque otros alumnos de Slytherin habían llegado. Se despidió rápidamente y no volteó cuando sintió sus ojos siguiéndola.

Su primera clase, Runas Antiguas, comenzaba en pocos minutos por lo que se apresuró a caminar en dirección al aula. Sin embargo, de camino allí, vio a su prometido hablando con la profesora McGonagall. El chico tenía una expresión abatida que podía notarse a leguas de distancia. Caminó lentamente para cruzar a su lado y así poder oír lo que decían.

—… Lo siento, Longbottom, pero un Aceptable no es suficiente para pasar al nivel de Éxtasis. No creo que pudieras seguir el ritmo de trabajo. Pero, ¿Por qué te interesa tanto seguir con Transformaciones? Siempre me ha parecido que esa asignatura no te gustó mucho.

—Mi abuela quiere…—murmuró el chico con vergüenza.

— ¡Bah, bah! —exclamó McGonagall—. Ya va siendo hora de que tu abuela aprenda a estar orgullosa del nieto que tiene y no del que cree que merecería tener. Sobre todo, después de lo ocurrido en el ministerio—Neville se sonrojó—. Lo siento, Longbottom, pero no puedo aceptarte en mi clase de ÉXTASIS. Sin embargo, veo que has obtenido un supera las expectativas en Encantamientos. ¿Por qué no haces ese ÉXTASIS?

—Mi abuela dice que es una asignatura demasiado fácil—volvió a murmurar.

—Haz Encantamientos— decidió ella— y ya le escribiré yo unas líneas a Augusta…

Oh, no. Esas palabras no podían ser buenas. Alessia sospechaba que cualquier cosa que pudiera decir la profesora sobre el nieto de Augusta Longbottom sólo servirían para perjudicar o avergonzar aún más al muchacho.

—Profesora…—Alessia puso su mejor sonrisa de niña buena y estudiosa ante los ojos taladrantes de la mujer que la contemplaban con sorpresa.

— ¿Sí, señorita Nott?

—Me preguntaba si podría no decirle nada a la abuela de Neville—esas palabras sorprendieron enormemente a la mujer—. Estoy segura que usted la conoce mejor que yo y puede intuir cómo va reaccionar. Además, cuando la vea, prefiero hablar yo personalmente con ella.

Neville miraba sin saber qué hacer.

— ¿Usted se relaciona con los Longbottom, señorita Nott?—preguntó con claras dudas.

—Sí, desde este verano.

Los ojos de la mujer viajaron entre sus dos alumnos, con claros deseos de saber más sobre el tema pero Alessia no pensaba decir nada más salvo que preguntara y Neville, a su lado, parecía seguir aturdido porque ella había salido en su defensa.

—Está bien—dijo finalmente aunque aún con muchas dudas—, no le escribiré a tu abuela, Neville, pero debes aprender a hablar por ti mismo y a tomar tus propias decisiones. Eres un chico muy capaz.

Cuando ambos se alejaron de la profesora, el chico todavía parecía estar sorprendido por lo que acababa de suceder.

—La profesora McGonagall tiene razón, Neville—dijo Alessia de repente—. Eres capaz de tomar tus propias decisiones. Tu abuela no es la que debe decidir por ti.

—Pero…ella es mi abuela.

—Lo sé. Sé que la quieres y que la respetas pero ir en contra de sus órdenes no es faltarle el respeto sino tomar las riendas de tu propia vida—le aseguró ella, sintiendo la necesidad de darle un poco más de valor.

Neville asintió, aunque aún no parecía demasiado convencido de sus palabras.

— ¿Tienes clases ahora?—preguntó, cambiando de tema.

Lessi asintió.

—Estoy llegando tarde a clase de Runas—le explicó con calma.

— ¿Y no te preocupa?

La chica se encogió de hombros suavemente.

—Te vi y quise saludarte primero pero supongo que no debería estar llegando tarde a mi primera clase—lo miró con una pequeña sonrisa—. Nos vemos después.

Alessia se apresuró a llegar al salón de clases para descubrir que la profesora ya estaba comenzando a explica el tema nuevo. No le pidió explicaciones y sólo le hizo una seña con su mano para que ocupase el asiento vacío que se encontraba en la parte de adelante que, para su suerte, estaba justo al lado de Hermione Granger. Esa podría ser su oportunidad para intentar ganarse a la chica. No le haría mal tener el favor de la inteligente del grupo de amigos.

Se quedaron en silencio durante toda la clase, tomando apuntes con prisa mientras la profesora hablaba, resolvieron algunas actividades increíblemente complicadas, leyeron de los tres libros que utilizaban casi al mismo tiempo. Este año parecía que Runas Antiguas sería una clase complicadísima. Al salir de allí, Lessi se puso a la par de Hermione, con lo que se ganó una mirada de sospecha por parte de la chica.

— ¿Podrías prestarme los apuntes que tomaste al inicio de la clase?—preguntó con la mayor amabilidad posible.

— ¿Por qué quieres los míos?

—El año pasado se los pedí una vez a Stanhope—explicó ella haciendo mención a su antiguo compañero de asiento de Revenclaw— y fue como intentar entender jeroglíficos.

—Bueno—su mirada ya no era tan sigilosa como segundos atrás pero aún no perdía su sospecha—, supongo que podría prestártelos si prometes devolvérmelos antes de la siguiente clase.

—Si me los das esta noche, te los devolveré mañana durante el desayuno.

Hermione asintió, obsequiándole una diminuta sonrisa. Alessia sintió que había dado un paso hacia adelante, uno muy, muy diminuto, pero había avanzado y eso era lo que importaba.

—Entiendo que no te sientas muy cómoda conmigo—comenzó Lessi con cuidado—, especialmente dado que se supone que nuestras casas deben odiarse… y porque en muchas ocasiones defendí a Draco.

—No quiero hablar de Malfoy—aseguró Hermione.

—Es comprensible que así sea y yo tampoco quiero hablar de él. Sólo dejaba claro un hecho. Tampoco voy a disculparme por eso. Él es mi amigo y debo defenderlo sin importar qué. Eso es algo que tú también entenderás…

— ¿Yo? ¡Nunca he defendido a Harry o a Ron cuando hicieron algo que está mal!—aseguró.

— ¿Realmente?

Hermione enrojeció levemente, recordando de inmediato todas las veces en que ella había querido delatar a sus amigos cuando se metía en demasiados problemas pero que aun así no había hecho. ¿Y cómo olvidar cuando con once años había petrificado a Neville para escapar con Harry y Ron? Ella sabía que había sido por una causa justificada pero no iba a olvidar que, al fin y al cabo, había roto las reglas… o cuando había preparado la poción Multijugos porque creía que Malfoy era el heredero de Slytherin…

— ¿Cómo van la situación entre Neville y tú?—preguntó la Gryffindor, cambiando de tema pero se arrepintió de inmediato— Lo siento, supongo que no es de mi incumbencia.

Lessi se encogió de hombros suavemente.

—Podríamos decir que lo es, si es tu amigo y te preocupas por él.

— ¡Claro que me preocupo por Neville!

—Entonces puedes preguntar—estaba segura que debían darle un premio por ser tan jodidamente bondadosa y despreocupada con aquella chica con la cual jamás había hablado sino para mandarla a callar cuando insultaba a su amigo—. Neville y yo…—comenzó pero de repente se quedó sin saber qué decirle realmente: si exageraba resultaba poco creíble—Nosotros estamos sobrellevándolo.

—Lamento oír eso.

—No lo lamentes. No hemos hablado más que un par de veces pero yo creo que estamos haciéndolo bastante bien dada la situación.

Hermione asintió, sintiendo que no había mucho que decir—después de todo, no conocía a aquella Slytherin—, así que hizo su camino en silencio, hasta que se dio cuenta que ambas estaban caminando en la misma dirección: hacia la clase de Snape.

— ¿También harás Defensa contra las Artes Oscuras?

—Así es—dijo una voz masculina apareciendo detrás de ella—. Mi hermana y yo también estaremos en esa clase.

Hermione miró nuevamente con sospecha al recién llegado y Lessi temió que su hermano arruinara todo lo que había conseguido en esos minutos.

—Theo, estoy segura que recuerdas a Hermione Granger—pegó un pequeño codazo al estómago del chico, aprovechando que él había cruzado uno de sus brazos por encima de sus hombros— ¿verdad?

El chico no mostró ningún tipo de expresión pero aún así extendió su mano hacia la castaña.

—Nos hemos cruzado por ahí—murmuró.

Hermione miró la mano extendida unos instantes, dudando, pero finalmente, armándose de valor, la tomó para estrecharla. Lo que nunca esperó fue que Theodore Nott se inclinara y apoyara ligeramente sus labios sobre el dorso de su mano, utilizando el cortés saludo que implementaban en las reuniones sociales de la alta sociedad mágica.

—Me alegra tener el placer de haber sido presentado formalmente—dijo el chico, sin dejar de sonreírle—. Ahora, si me disculpas, tengo que hablar con mi hermana.

Ella se dejó llevar, dejando atrás a una Hermione anonadada, y en cuando estuvieron lo suficientemente adelantados a la Gryffindor, se soltó bruscamente de su agarre.

— ¿Qué demonios crees que estabas haciendo?—le gruñó— ¿Por qué no podías saludarla como un adolescente normal? O podrías haber estrechado su mano y ya…

— ¿Dónde estaría la diversión en eso?

—No tenía idea de que eres de los que quiere divertirse a costa de una chica—ella gruñó—, especialmente de Hermione Granger. Estoy segura que ella no es como Daphne.

A pesar de que su amiga y su hermano nunca habían tenido un noviazgo real, el año anterior no había pasado momento libre en que alguien no los encontrara enfrascado en un profundo beso en la sala común.

—No es lo que estás pensando.

— ¿Entonces?

—No es nada—le aseguró—. Yo sólo quería buscarte para darte una advertencia. Pansy ha estado diciéndoles a todos sobre tu compromiso. Así que posiblemente para este momento todo Hogwarts está enterado.

Lessi gruñó una maldición entre dientes.

— ¿A caso esa descerebrada no puede mantener su nariz fuera de lo que no le incumbe?

—Ya sabes que no. Pero no tendrás que vengarte porque cuando Draco se enteró dejó de hablarle y eso parece estar comiéndola por dentro—rió entre dientes—. Incluso creo que esta noche intentará disculparse contigo.

— ¿Esta noche?

—Aún está pensando en eso. Ya sabes que no es de mente ágil.

Llegaron primeros a la clase de Snape y esperaron sólo unos minutos antes de que el resto de los alumnos estuviera allí. Cuando Draco apareció fue hacia ella y la abrazó por la cintura, sabiendo que Harry, Ron y Hermione los miraban con atención. Lessi intentó apartarse cuando notó que Neville llegaba y los miraba con el ceño fruncido pero el rubio sólo le giñó un ojo, siendo muy consciente de lo que estaba provocando. Sin embargo, ella no iba a dejar que por algún tipo de rivalidad que tuviera su amigo con Potter, se arruinasen sus planes.

—Suéltame si no quieres que te pegue donde más te duele—le dijo con falsa dulzura al oído.

El rubio se apartó rápidamente, gruñendo por lo bajo.

Por fortuna, muy pronto apareció el profesor Snape e hizo entrar a todos a la clase. Dio un discurso muy bueno que por desgracia no todos supieron comprender y luego los hizo practicar un duelo con hechizos no verbales. Ella supo de inmediato que habría problemas cuando notó que Snape suplía a Weasley, quien hacía pareja con Potter, y por eso no se sorprendió cuando éste último se ganó un castigo. A su modo de ver, merecido, dado que no debió de haber sido tan impertinente conociendo el humor de Snape.

Alessia pensaba hablar con Neville después de la clase para aclararle que no había absolutamente nada entre ella y Draco pero cuando estaba juntado sus pertenencias el profesor la llamó.

—Señorita Nott, quédese.

Draco y Theo la miraron por unos segundos pero finalmente se marcharon con el resto de la clase. Lessi se volteó a contemplar al profesor, esperando a que hablase.

—Siéntese—le ordenó.

—Tengo que ir a clase de Aritmancia, señor—le dijo sin moverse.

—Escribiré una nota excusándola—dijo de prisa, queriendo dejar el tema atrás—.Tengo que hablar con usted de algo importante. Perder una clase no será realmente algo que lamentará.

— ¿Es sobre mi compromiso con Neville Longobottom?

—Qué inteligente—dijo con sarcasmo—. Por supuesto que es sobre eso, tu imbécil padre…

—Padrastro—corrigió ella de inmediato pero el profesor no le hizo caso alguno y siguió hablando.

—… no ha hecho más que decir que se ganará el respeto y la confianza del Señor Oscuro porque sabrá, mejor que nadie, lo que planea Potter.

—No puedo creer que me tenga tanta confianza—murmuró Alessia.

—El saber que puede manipularte le permite creer que triunfarás. Un grave error, si me lo preguntan.

—Con todo respeto, nadie le preguntó, señor—ella lo miró con molestia, sin importarle demasiado que estaba desafiándolo como segundos momentos atrás había hecho Potter.

—Chica impertinente—la reprendió—, no tienes idea en el lío en que estás metiéndote por culpa de Nott. Esto no es un juego. Él le dio la certeza al Señor Tenebroso de que conseguirías esa información y, si fallas, no sólo él sufrirá las consecuencias sino también tú y tu hermano.

—No fallaré—aseguró con rotundidad.

—Es sorprendente la confianza que pones en ti misma pero déjame advertirte que tanto egocentrismo te jugará en contra. Nunca podrás acercarte a Potter tanto como para que te cuente sus secretos—dijo entre dientes—. Lo mejor que puede hacer ahora es dar un paso a un lado antes de que sea tarde.

—Eso sería demasiado estúpido. ¿A caso ha oído de alguien que ha rechazado al señor Tenebroso y ha seguido viviendo?

— ¡¿A caso no piensa?! ¡Está en el colegio, aquí puedo protegerlos!

—Y cuando terminen las clases, ¿qué?—le preguntó ella, hablándole con molestia— ¿Qué se supone que pasará con nosotros?

—Tengo el poder de convencerlo de que esto es una pérdida de tiempo, de que Potter jamás confiará lo suficiente y que así se olvide de usted.

—No entiendo porqué de repente siente tanta preocupación.

— ¿De repente? Señorita Nott, usted pertenece a la casa de Slytherin. Es mi deber preocuparme por los alumnos de mi casa, especialmente los que tienen padres sin cerebro que creen que haciéndole favores al Señor Oscuro se ganarán su confianza—la miró fijamente, viendo como su alumna bajaba el rostro hacia el suelo—. Créame, yo soy uno de sus más fieles seguidores, sé que no perdonará jamás su fracaso y cuando eso suceda, no podré intervenir por usted.

—No me subestime.

—Y usted no lo subestime a él—dijo Snape con enfado y olvidándose momentáneamente de las formas, añadió— ¡Estás siendo terca! Si tantos deseos tienes de unirte a las filas del Señor Oscuro, termina el colegio primero. Quizás ahí tengas más posibilidades de sobrevivir.

—No cambiaré de opinión.

— ¡Maldita sea!—gritó, sobresaltándola— ¡No tienes nada de cerebro! ¡Él querrá verte a ti, querrá buscar en tu mente para comprobar que estés diciéndole la verdad y no será cuidadoso! ¡Te torturará, sentirás deseos de morir y tan sólo después de pasar horas gritando para que te mate, te concederá ese deseo!

Alessia se estremeció y, por más que su corazón se aceleró a causa del miedo ante esas palabras, su rostro se puso demasiado pálido. Ella siempre había sido consciente del riesgo en el que se estaba metiendo pero que lo dijera otra persona lo hacía demasiado real.

Snape notó su reacción y, sin muchos cuidados, la tomó del brazo y la obligó a sentarse.

Ella se tomó unos minutos para poder volver a controlar su respiración para así volver a actuar con normalidad. No quería que nadie se diese cuenta, cuando saliera de allí, cuánto lo habían afectado sus palabras; especialmente Theo y Draco, quienes no tardarían en bombardearla de preguntas en la primera oportunidad que tuvieran.

— ¿Necesita ir a la enfermería?

La pregunta había sido hecho con un tono de burla, como si él esperara demostrar con eso que ella era nada más que una tonta niña débil.

—Claro que no—se puso de pie de inmediato—. Si no tiene nada más que decirme, me gustaría volver a clase.

Snape no intentó convencerla nuevamente de que estaba cometiendo una locura, simplemente escribió en un trozo de pergamino el motivo de su retraso para la profesora antes de dejarla salir de allí sin despedirse y cerrando la puerta con brusquedad, demostrándole así que estaba enfadado por su decisión.

Aritmancia siempre había sido una de sus clases favoritas pero después de haber tenido aquella charla con el profesor Snape lo único que quería era quedarse en su cama, abrazando su almohada, escondiéndose del mundo. Pero eso no iba a suceder. Entró a la clase con la frente en alto y, sin decir nada, le entregó el trozo de pergamino a la profesora. Ésta asintió con su cabeza y le ordenó que se sentara. Como eran pocos en el salón, optó por ir a una mesa solitaria al fondo, sin hacer caso a la mirada que le lanzaba Hermione Granger. Tomó notas y, nada más terminada la hora, salió con prisa hacia la sala común de Slytherin donde se concentró en hacer sus deberes, olvidándose completamente del almuerzo. No es que no sintiera apetito, sino prefería no hacer caso a ninguno de sus compañeros y tampoco quería ver a Longbottom.

Para cuando Theo llegó del almuerzo para hablar con ella durante la hora libre que tenían, Lessi ya había subido a las escaleras a la habitación de las chicas de sexto. Tan sólo cuando fue la hora de ir a Pociones, bajó, encontrándose con la mirada molesta de su hermano.

—Has estado evitándome.

—Claro que no—mintió ella.

Él bufó mientras le lanzaba una manzana verde.

—Come—le ordenó—, y no vuelvas a perder un almuerzo jamás.

—Lo siento y gracias—dijo antes de darle una mordida a la jugosa manzana que su estómago recibió con mucho gusto.

— ¿Me vas contar lo que te dijo Snape?

Pensó unos instante en mentirle pero no se le ocurría ninguna razón por la que el profesor quisiera hablar con ella a solas.

—Este no es el lugar—murmuró por lo bajo.

La clase fue muy diferentes a las de Snape todos lo sintieron. Cuando la puerta se abrió y pudieron ingresar, ella junto con su hermano fueron a sentarse con Draco y Blaise, sintiendo la gran variedad de olores que salían de los calderos con pociones que había sobre una mesa. Lessi no podía distinguirlos todos pero a su nariz llegaba el inconfundible aroma a tierra mojada, lo que la hizo aspirar profundamente para luego soltar el aire con total lentitud, intentando que durara la mayor cantidad posible dentro de sus pulmones.

Cuando el profesor pidió que sacaran sus libros, todos lo hicieron, salvo Potter y Weasley quienes no tenían nada para la clase y tuvieron que utilizar los elementos de la escuela, incluyendo dos viejos libros que estaban en un estante.

El profesor empezó a preguntar por las pociones y, aunque ella pudo reconocerlas a casi todas, no respondió porque no era muy adepta a participar en clases, muy por el contrario de Granger, que no dejó de participar, ganándose la admiración de hombre.

Cuando Hermione dijo que era hija de muggles, corrigiendo el error del profesor al creerla pariente de Héctor Dagworth-Granger, Draco se inclinó hacia Theo y le murmuró:

—Con ese arbusto nadie jamás pensaría en ella como sangre pura.

Pero para tranquilidad de Lessi, su hermano sólo le ordenó al rubio que guardara silencio.

El Félix Felicis sólo causó que todos prestaran más atención que nunca. Tanto ella como Draco se miraron fijamente por unos instantes, siendo conscientes de lo que esa "suerte líquida" podría hacer a favor de sus circunstancias. Sn embargo, por más que intentaron el ganador de aquel premio fue Potter. Por unos segundos fue egoísta y se enfadó con él por haber obtenido lo que ella deseaba con ansias, lo que podría llegar a salvar la vida de su hermano; pero pronto recordó que quizás Potter lo necesitase más que nadie porque estaba siendo siempre perseguido por el Innombrable.

Cuando salían de la clase, oyó que Hermione le preguntaba a Harry cómo había conseguido que la poción que debían de preparar le hubiese salido tan perfecta—Lessi también sentía curiosidad porque, por más que Potter no era un inepto en Pociones, tampoco era el más capaz—, pero el muchacho le respondió que sólo había sido suerte. De inmediato supo que mentía porque les lanzó una mirada molesta a ella y a sus amigos, temiendo que ellos pudieran descubrir su secreto.

El resto de la tarde se quedó en la biblioteca, haciendo la enorme cantidad de tarea que tenía. En años anteriores los profesores no habían estado tan exigentes desde el primer día de clases. Ayudó a Daphne en sus propios deberes y luego, cuando sintió los ojos de su hermano sobre ella, supo que había llegado el momento de contarle sobre su pequeña charla con Snape. Theo la llevó a una esquina vacía de la sala común y ella, entre susurros, le contó lo que había sucedido. Su hermano no dijo nada por un largo rato, observando el vacío.

— ¿No vas a decir nada?—le preguntó ella.

— ¿Qué quieres que diga?

—Lo que estás pensando en este momento—sugirió con tono molesto—. Porque no puedes pensar en nada después de lo que te acabo de decir.

—Pienso que Snape tiene razón…

—Theo, no…

—Sabes tan bien como yo que es la mejor opción—dijo entre dientes el chico—. Acepta su ayuda, escapa de este contrato, de este maldito mundo.

— ¿Y qué hay de ti? ¿Vendrías conmigo?

—No es tan fácil, estuve investigando un poco y descubrí que mi padre al tener una relación consanguínea conmigo puede realizar ciertos hechizos de localización que no podía implementar contigo. Si estoy a tu lado, nos encontraría a ambos.

Lessi se sintió de repente algo tonta al no haber pensado en aquello. Después de todo, la biblioteca de la mansión familiar Nott estaba llena de libros de Artes Oscuras en los que se podía encontrar hasta la cosa más impensable.

—Piénsalo—insistió Theo—, Snape te dijo que puede conseguir convencerlo de que no vales nada, que todo este asunto es una locura. Podrá dejarte en paz.

— ¿Y si encuentra otra función para mí? Ya estoy metida en esto, Theo, él no me dejará marcharse sin más. Sólo debo cumplir bien mi papel y seguir adelante… Además, piénsalo, tu padre parece estar tan desesperado por ganarse el favor del Innombrable que podría ponernos a ambos en sus filas y ese sería un peor destino.

Durante la cena no pudo dejar de notar que los tres amigos tenían las cabezas casi unidas entre sí y no dejaban de hablar en susurros. Aunque incluso si estuviesen hablando en voz alta, con el bullicio que había en el gran comedor, no podría jamás oírlos. Pronto se les unió Ginny Weasley, quien parecía molesta. Miró hacia Neville, quien estaba lejos del grupo, sentado junto a otros dos chicos cuyos nombres ella no recordaba. Cuando él alzó la mirada en su dirección y la descubrió, enrojeció terriblemente, especialmente cuando Lessi con atrevimiento le sonrió y le giñó un ojo.

— ¡Puaj!—oyó una voz más allá, en su misma mesa— ¿Podrías comportarte como una dama y dejar de querer tirarte al descerebrado de Longbottom? ¡Eres un insulto para los sangre pura!

Alessia, en vez de molestarse, miró a Pansy y le dedicó una sonrisa de indulgencia.

—Querida, él es mi prometido, como bien sabes. Lo que hagamos o dejemos de hacer no será tan mal visto como tú queriendo entrar a hurtadillas al dormitorio de los chicos de séptimo.

Todos los ojos estaban puestos ahora en la adolescente que, roja como un tomate, murmuró alguna patética excusa antes de levantarse de la mesa y correr a salvaguardar lo que le quedaba de orgullo.

Alessia no tenía ni un solo problema en que las mujeres durmieran con un hombre antes del matrimonio, pero sí con las hipócritas que se querían hacerse pasar por santas cuando llevaban sobre sus cabezas el cartel de zorras. Aunque, en realidad, no podía culpar a las chicas, sino a la cultura mágica que aún parecía estar en la edad media y que quería obligar a las mujeres a llegar vírgenes al matrimonio.

A veces envidiaba a los muggles, ellos sí tenían un pensamiento más liberal…algunos.

Miró nuevamente a la mesa de los leones, sabiendo que lo que debía de hacer iba a condenar su destino al confirmar los rumores que había hecho circular Pansy ese día. Tomando aire profundamente, se levantó, se despidió de su hermano diciéndole que lo vería nuevo más tarde, y, a pesar de la mirada curiosa de Theo, se encaminó hacia donde se encontraba Neville, sonriendo suavemente cuando captó su mirada. Los dos compañeros que tenía a su lado se la quedaron viendo embobados, casi incapaces de creer que ella estuviese allí. Lo entendía, no sólo era porque era una Slytherin sino también porque era, y ella lo sabía muy bien, lo que muchos chicos considerarían como atractiva. Tenía un cuerpo decente, un rostro armonioso, ojos de color azul y un cabello largo y ligeramente ondulado que, según le había confirmado Draco, había inspirado la fantasía de más de uno que, en sueños, se veían a sí mismo sosteniendo aquel cabello oscuro entre sus manos mientras ella se hacía cargo con su boca de cosas importantes.

Puso cuidado en caminar correctamente, un paso delante de otro para acentuar el movimiento de sus caderas que era acompañado por el vaivén de su falda del colegio, unos centímetros más corta de lo reglamentado.

—Hola, chicos—los saludó.

Neville vio con incredulidad como Seamus y Dean se deshacían en saludos nerviosos, al parecer olvidando por completo que Alessia era una Slytherin. Una profunda molestia comenzó a nacer desde el interior de su estómago, como la que había sentido esa misma mañana al verla abrazada a Malfoy.

— ¿Les importa si les robo un momento a Neville?

—Puedes sentarte con nosotros—dijo repentinamente Seamus, apartándose a un lado para dejarle lugar en el banco.

—Tengo que hablar con él de algo importante—insistió ella y al ver que su prometido parecía no haber captado la indirecta, lo miró fijamente y añadió—a solas.

Neville se puso de pie de un brinco y asintió con la cabeza repetidas veces. Ella giró y comenzó a alejarse para salir del Gran Comedor, sabiendo que él la seguiría mientras sentía que prácticamente todos los ojos estaban puestos en ellos. Una vez que salieron de allí, caminaron a la par en silencio, sin intención de ir a ningún sitio en particular.

El muchacho la miró de soslayo, prestando atención por primera vez a su aspecto físico. No es que no hubiera notado o sabido que era hermosa, sólo que nunca había sido realmente un pensamiento serio en su mente. Sin embargo, al ver la reacción de sus amigos al verla, no podía dejar de pensar en que quizás la palabra "hermosa" no alcanzara para definirla. Tenía unos ojos bonitos, una nariz respingona y unos labios que en esos momentos le parecieron casi perfectos, de un suave color rosado. Su cabello largo era rubio, pero no ese rubio albino de Malfoy, sino de un tono más oscuro que le recordó a los rayos del sol en los días de verano. Y su cuerpo… Sus ojos descendieron casi inconscientemente hacia su cuello y bajaron hacia sus pechos cubiertos por la camisa blanca del colegio; comenzó a sentir un naciente calor en el rostro que iba extendiéndose a todo su cuerpo. Calor que aumento cuando no pudo hacer más que admirar su estrecha cintura y que se transformó en ardor cuando sus ojos notaron la piel de sus muslos al terminar su falda.

Cuando comenzó a sentir un terrible cosquilleo en las yemas de sus dedos y a desear extender sus brazos para rozar aquella piel descubierta, apartó los ojos rápidamente, aterrado consigo mismo. Su corazón acelerado y su rostro rojo eran la evidencia de sus pensamientos. ¡No podía creerlo! Él siempre fue muy consciente de que le gustaban las niñas pero nunca había tenido una reacción tan fuerte hacia una. Las mujeres eran como seres inalcanzables para él, unas criaturas misteriosas y encantadoras que le robaban el aliento pero que no estaban lo suficientemente cerca como para que pudiera hacer algo al respecto. Y tampoco es como si hubiera sido capaz de reunir el valor suficiente.

— ¿Estás bien?

Casi saltó fuera de sí mismo cuando la oyó hablar. Neville la contempló con los ojos abiertos como platos, aterrados ante la posibilidad de que ella hubiera estado oyendo sus pensamientos. No obstante, Alessia sólo lo contemplaba con curiosidad.

—S…sí—tartamudeó y miró hacia el frente, intentando combatir con los latidos alterados de su corazón.

—Neville—lo llamó ella, deteniéndose y tomándolo del brazo para que él también lo hiciera—, yo no tengo ningún tipo de relación más que amistad con Draco.

El chico la miró con sorpresa. No había esperado aquello.

— ¿Por qué me dices eso?

—Porque no quiero que haya algún tipo de malentendido. Hay un contrato entre nosotros, Neville, soy tuya.

—No eres mía—replicó él rápidamente, molesto por esa idea.

—Nos guste o no, así es, Neville—aseguró ella.

—Aún así, no lo digas—le pidió—. Tienes opciones, aunque no lo creas. Si—dudó unos segundos, sabiendo que lo que estaba por decir sería una completa locura y que absolutamente nadie en su lugar haría una cosa así—… si quieres relacionarte con otro, con Malfoy o quien sea, yo no me opondré. No es como si vayamos a casarnos ya.

Alessia no podía creer lo ingenuo que era aquel muchacho.

—No puedo, y con esto no quiero decir que quiera—ante la mirada confusa de él, aclaró—. Estamos comprometidos, lo que me impide tener cualquier tipo de relación que no sea contigo. Si llegase a traicionarte de algún modo, con cualquiera, terminaría maldita de algún modo, al igual que si no me presento el día de la boda. Los contratos matrimoniales siempre han estado atravesados por todo tipo de hechizos.

Para Neville, aquella información era nueva. Había oído, casi como si fueran leyendas, que en los contratos de antaño se añadía algún tipo de maldición como modo de amenaza para que la pareja cumpliese con lo acordado, maldiciones que podían ir desde quedarse sin cabello hasta infertilidad, pero nunca hubiera imaginado que en la actualidad se seguían implementando tales técnicas. Y aún menos que su abuela hubiera acordado algo tan atroz.

—Lo siento—murmuró.

—No es tu culpa—dijo ella con un leve encogimiento de hombros.

—Si mi abuela no hubiera estado de acuerdo con colocar maldiciones, nada de esto hubiera sucedido.

— ¡Estás siendo absurdo!—exclamó Alessia, sobresaltándolo con su repentina ira— Si mi padrastro no hubiese abierto su bocota nada de esto hubiese sucedido. Créeme cuando te digo que si quieres culpar a alguien por todo lo que está sucediendo, es a él.

—Mmm…

Lessi miró la incomodidad del chico y supo de inmediato que había reaccionado mal. Relajó sus hombros tensos mientras suspiraba, dándose cuenta repentinamente que había apretado las manos en puños. Aquello no debía volver a suceder. Estaba furiosa con su padrastro, era verdad, y esa ira había aumentado al oír que Neville culpaba a su abuela por ello. Lo único de lo que había sido culpable Augusta Longbottom era de abrirle la puerta a aquel condenado infeliz.

—Perdóname—dijo, y aunque se sentía arrepentida por su arrebato su tono de voz no logró demostrarlo y terminó sonando como si aquella fuera una disculpa falsa—, suelo enfadarme fácilmente con ciertas injusticias. No te llamé para gritarte, sólo para decirte que entre Malfoy y yo no hay nada y nunca lo habrá.

Él asintió. Aunque había dicho que realmente no le importaba si ella se veía con alguien, no iba a negar que saber que no estaba con Malfoy lo aliviaba enormemente.

—Y también debo disculparme porque ahora todos saben lo nuestro—añadió Lessi.

— ¿A caso no querías que lo supieran?

—No me importa si la gente se entera que estamos comprometidos, Neville, lo que me molesta es la persona que soltó la lengua—gruñó.

— ¿Quién fue?

—Pansy—casi escupió el nombre de su compañera de casa.

—Pensé que eran amigas—dijo sorprendido.

Lessi no pudo contener un bufido.

—Claro que no. Somos compañeras de la misma casa, lo que nos obliga a tratarnos bien en ciertas situaciones, guardar secretos, concordar en algunos sitios, pero no podría jamás ser amiga de una persona como ella ¡Me saca de quicio!

Neville sonrió levemente ante estas palabras.

— ¡Chicos!

Ambos voltearon y vieron a una Hermione que venía con algunos libros y unas cuantas hojas de pergamino en la mano. Algo en su expresión le dijo a Lessi que estaba de mal humor; tenía el ceño fruncido y caminaba hacia ellos con largos pasos. ¿Estaría molesta con ellos por alguna razón?

—Lamento interrumpirlos—les dijo cuando llegó a su lado—pero tengo esto para ti—le entregó a Lessi las hojas de Aritmancia y Runas Antiguas—. Puedes devolvérmelas cuando termines de copiar mis apuntes.

—Gracias—dijo Lessi sorprendida.

Sinceramente, no había vuelto a pensar en aquellas materias durante el resto del día pero dado que Hermione sí lo había hecho, no iba a desaprovechar la oportunidad.

—Te las devolveré mañana mismo.

—No tiene que ser mañana, sólo antes de las próximas clases—miró entre ambos—. Los dejaré solos de nuevo.

Y antes de que ambos pudieran decir cualquier cosa, se alejó nuevamente de ellos con pasos veloces.

— ¿Ella está bien?—le preguntó Lessi a Neville.

—No estoy seguro, pero creo que durante la cena estuvo discutiendo con Harry y Ron.

— ¿Por qué?

—No sé, pero puedo preguntarle más tarde.

Lessi asintió, sintiéndose orgullosa de su propia actitud comedida. Si actuaba sin pensar y con brusquedad, obligando inmediatamente y sin miramientos a su prometido a involucrarse con Potter y sus amigos, podría resultar sospechoso. Por el contrario, su enfoque era más sutil y, a su modo de ver, efectivo.