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FLORES DEL MAL
CAPÍTULO SEIS
ENTRE GALLETAS Y MANIPULACIONES
"La mejor forma de llegar al corazón de un hombre es a través de su estómago."
Ese era un dicho popular conocido tanto en el mundo muggle como el mágico que Lessi consideraba un tanto ridículo. Ella no quería llegar al corazón de Neville Longbottom sino ganarse su confianza, pero suponía que aquellas galletas que le había mandado Narcissa Malfoy con aquella ridícula nota, cumplirían casi el mismo propósito. No había esperado aquella ayuda de parte de la mujer, por lo que se había sorprendido a sobremanera al ver que esa lechuza negra había descendido frente a ella a la hora del correo, justo cuando estaban desayunando, y le había dejado aquel paquete envuelto con una cinta verde y una pequeña notita firmada a su nombre.
— ¿Esas son las galletas de mi madre?—preguntó Draco con incredulidad cuando vio que su amiga abría la caja y del interior salía aquel aroma tan característico que lograba que su boca se volviera agua.
—Lo son.
— ¡¿Y por qué demonios te las mandó a ti?!—exigió saber mientras estiraba la mano por encima de la mesa para tomar una pero la lechuza, que aún no se había ido, le dio un picotazo en su dedo, haciéndola apartar rápidamente— ¡Maldito bicho!
—No toques lo que no te pertenece—le dijo Lessi con una sonrisa burlona mientras acariciaba la cabeza del ave antes de darle un trozo de su tostada.
La lechuza ululó suavemente, agradeciéndoselo, antes de alzar vuelo y marcharse con las demás.
— ¿Cómo es que tú obtienes mis galletas con chips de chocolate?
Draco tenía una expresión molesta.
—Creo que tu madre encontró a la niña de sus ojos—se burló Theo—, mi hermana es la hija que siempre quiso tener.
El rubio rodó los ojos.
—Mi madre está perfectamente conforme conmigo, no necesita otro hijo, aunque sea una mujer—miró a Lessi de mala manera—. Aún no entiendo porqué te dio mis galletas.
—Son mías, Draco, estoy segura que recibirás tu ración mensual como siempre—intentó tranquilizarlo—. Mientras tanto, puedes tomar una.
El rubio, aun de mala gana, tomó una condenada galleta. Si no fueran sus favoritas se mostraría lo suficientemente ofendido y no lo aceptaría pero lo eran y no podía resistirse. Theo también tomó una y, antes de que alguien más se las pidiera, cerró la caja y las mantuvo cerca. Narcissa se las había dado con un propósito y no podía desperdiciarlas.
Fue a sus primeras clases del día y, luego del almuerzo, se puso de pie y, con la caja en mano y la mirada de casi todos encima, se encaminó hacia la mesa de los leones. Había pasado casi una semana desde el inicio de clases por lo que los alumnos del colegio no parecían estar acostumbrados aún a verla hablar, caminar o simplemente mirar a Neville Longbottom a pesar de que todos los días encontraba algún momento de estar a su lado. Le resultaba un tanto tedioso ser ella quien siempre tuviera que ir a él; no es que pensara que aquel muchacho increíblemente tímido fuera capaz de ir hacia la mesa de los Slytherins pero al menos le gustaría que una vez tuviera el valor de encontrarla en un pasillo y hablarle primero.
—Hola, chicos.
Como siempre, Seamus y Dean sonrieron casi tontamente al verla pero esta vez no intentaron apartarse porque parecían haberse acostumbrado en esos pocos días a la idea de que ella no iba a sentarse en la mesa de Gryffindor. Ella siempre buscaba a Neville. El muchacho se limpió la boca con una servilleta, algo que ella encontró de muy buen gusto, antes de ponerse de pie. Estaba a punto de despedirse de sus amigos cuando Lessi pensó que sería bueno recompensar a ese par por haberla tratado bien desde el primer momento.
—Tengo algo que me mandaron, ¿Les gustaría probar?
Les abrió la caja justo delante de sus ojos, inclinándose ligeramente hacia adelante. Neville, desde atrás, apartó la vista rápidamente con el rostro rojo. La falda de su prometida era lo suficientemente larga para cubrir lo necesario, incluso si se agachaba de ese modo, pero al mismo tiempo lo suficientemente corta como para mostrar una gran porción de sus muslos.
— ¡Galletas!—dijeron casi al mismo tiempo Dean y Seamus mientras tomaban un par cada uno.
Lessi contuvo una sonrisa antes de girar y caminar, sintiendo los pasos de Neville detrás de ella. Cuando salieron del Gran Salón, el muchacho gruñó entre dientes algo que ella no logró oír.
— ¿Qué dijiste?
—Ahora ellos estarán más enamorados de ti.
Parecía molesto por esa idea y Lessi no pudo evitar sentirse feliz al notar que sus coqueteos inocentes con Neville estaban rindiendo frutos y que, finalmente, comenzaba a sentir algo como los celos. Sin embargo, no quería que estos perjudicaran sus planes.
—No seas absurdo, sólo me ven como una chica más con la que quieren acostarse.
—Eso tampoco es bueno—gruñó e inmediatamente se avergonzó de sus propias palabras.
Lessi se giró de repente, sobresaltándolo. Ella lo miraba directamente a los ojos de tal forma que conseguía que su corazón se acelerase de forma alarmante. La tenía muy cerca de él y eso lo asustaba un poco.
—Por lo que tengo entendido, Dean está en una relación con Ginny Weasley—le habló suavemente—y créeme cuando te digo que no estoy interesada en Seamus. En ninguno. Así que no te preocupes.
—No estoy preocupado—dijo nerviosamente, casi tartamudeando.
Alessia sólo sonrió a sus palabras, como si supiera que no era verdad. ¿Por qué ella tenía que ser tan bonita? ¿Por qué él debía ser tan tonto y comenzar a sentir esas cosas por ella cuando, claramente, su prometida simplemente estaba siendo amable?
— ¿Quieres una galleta?
Sus pensamientos fueron interrumpidos con esa pregunta que confirmaba su idea anterior. Asintió y tomó una de las galletas que le ofrecía. Se la llevó a la boca y nada más morderla sintió el delicioso sabor y el chocolate derritiéndose en su boca.
—Son buenas, ¿verdad?—preguntó ella con diversión al ver su expresión—Narcissa siempre hizo las mejores galletas que he probado en mi vida.
Neville dejó de masticar de repente cuando ese pequeño trozo de información entró en su cerebro.
— ¿Las hizo Narcissa Malfoy?—preguntó aún con el bocado de galleta en la boca.
Los ojos de Alessia se volvieron rápidamente dos rendijas.
— ¿A caso eso hace alguna diferencia?—preguntó molesta— ¿Crees que dejó caer un poco de veneno en la preparación?
Neville tragó, aun en contra de sus deseos, sabiendo que había reaccionado mal. La galleta era deliciosa pero el saber que la había hecho la madre de Draco era un poco chocante. Nunca la había imaginado precisamente como el tipo de mujeres que cocinan.
—No—mintió—, sólo…—dudó unos segundos—Estoy seguro que estará muy enojada por lo que sucedió en el Ministerio.
Alessia se sintió de repente increíblemente tonta. Debía de haber pensado en eso. Obviamente todos iban a sentir sospecha por cualquier cosa que viniera de Narcissa porque creerían que estaba furiosa con ellos y los culpaba por el encarcelamiento de su esposo. Para dejar en claro que no había peligro tomó una galleta al azar y también la mordió. Neville la miró fijamente hasta que la vio tragar.
—No tiene nada, Nev—lo tranquilizó.
El chico se ruborizó por el apodo y ella se contagió de ese rubor. No había esperado llamarlo por aquel diminutivo de su nombre, simplemente había salido de sus labios sin proponérselo; pero teniendo en cuenta la reacción del muchacho, pensó que quizás no fuera tan malo. Sabiendo muy bien como se vería, se mordió el labio inferior y lo miró a los ojos. Cuando habló, lo hizo con el tono más dulce que fue capaz de conseguir.
—No te importa que te llame Nev, ¿verdad?
El Gryffindor se quedó estático, contemplándola totalmente hipnotizado por su voz y sus ojos, esos ojos maravillosos que si los miraba por demasiado tiempo se sentía perder… ¡Y lo había llamado Nev! Un diminutivo íntimo, como el que diría una chica a su novio. Inconscientemente su rostro comenzó a inclinarse ligeramente hacia el de ella y eso alarmó a Lessi, quien retrocedió un paso. El movimiento logró que Neville volviera a la realidad y fuera consciente de lo que había estado a punto de hacer. Más rojo que nunca, tragó saliva y negó con la cabeza, sintiéndose incapaz de volver a mirarla al rostro.
Alessia no sabía qué hacer con aquel chico. Era dulce, vergonzoso, adorable, torpe… y… y la confundía… pero sobre todo, la asustaba.
—Nev, no te ofendas, por favor—le pidió con toda la dulzura que fue capaz de reunir—. No estoy lista para eso… aún.
—Bien—asintió nerviosamente.
— ¿Quieres otra galleta?—le preguntó—Te aseguro que no tienen nada. Se las he dado también a Draco y a Theo. Además, Narcissa no está enfadada con ustedes por lo que pasó. Está afectada, eso no lo voy a negar, pero no creo que los culpe. Al menos, no como para querer verlos muertos.
Quizás estaba diciendo la más grande mentira con ello. El hecho de que hubiese enviado esas galletas para conseguir algo de Neville le daba a entender que sin lugar a dudas quería que ella cumpliera y saliera victoriosa de su misión, y que muy poco le importaba si, en el futuro, él y sus amigos sobrevivían.
—Claro—asintió y tomó otra—. Lamento haber dudado.
Lo decía en serio. Él sabía muy bien que ese año las medidas de seguridad habían aumentado mucho por lo que no había posibilidad de que ingresaran ningún elemento envenenado. En el mismo momento en que llegaron al castillo revisaron todas sus pertenencias y Hermione le había dicho que también controlaban todo el correo para comprobar que no haya nada peligroso. Ni siquiera dejaban ingresar los famosos productos de los gemelos Weasley, que aunque podrían resultar poco inofensivos, ninguno podría ser considerado mortal.
Mordió otro bocado, disfrutando. Realmente eran unas galletas deliciosas. Se sentaron en un banco de piedra que había al borde del pasillo exterior del castillo, comiendo tranquilamente y en silencio. Durante esos días habían encontrado momentos para verse, aunque sea unos simples minutos. Luego, Lessi siempre era interrumpida por su hermano o por Draco, quien sin siquiera mirar a Neville la tomaban de la mano y comenzaban a hablarle mientras la arrastraban. Lessi era consciente que ese era el motivo principal por el que no había hecho grandes avances. Pero ese día les había advertido a ambos que si se atrevían a interrumpir su charla con el chico, iban a terminar despertándose en plena cancha de Quidditch al amanecer, completamente desnudos, sufriendo un potente hechizo reductor que afectaría sus preciadas partes íntimas.
— ¿Cómo te va con tu compañera en Herbología?—preguntó de repente él.
Lessi lo miró con incredulidad y notó que Neville sonreía con cierta burla.
— ¡Eres tan gracioso!—exclamó ella con sarcasmo—Viste tan bien como yo cómo me fue en la primera clase. ¡No entiendo cómo esa chica puede cursar este año!
—Es algo torpe—dijo.
— ¿Algo? ¡Es un desastre!
—Yo soy torpe—murmuró con vergüenza.
—Neville, te he visto y no voy a negar tus palabras—no podía evitar ser sincera en ese aspecto—pero créeme cuando te digo que tu único inconveniente siempre fue Pociones. En las demás materias no te iba tan mal… especialmente en Herbología… ¿Por qué no te pusieron conmigo?
— ¿Quieres que hable con la profesora para que hagamos equipo de ahora en adelante?
— ¿Podrías hacer eso?—preguntó esperanzada.
—Podría intentarlo—musitó.
Neville sabía que la profesora Sprout tenía cierta predilección por él dado que era uno de los mejores alumnos, aunque no le gustaba alardear sobre esto. Si hablaba con ella podría conseguir ese pequeño cambio. Sin embargo, no le había asegurado nada a Alessia porque no estaba completamente seguro de que accedería y todavía estaba algo sorprendido de que quisiera unirse a él en la clase, en vez de ir con su hermano.
…
Esa misma tarde, al entrar al invernadero para su segunda clase de Herbología junto a su Theo y Blaise, vio a Neville hablando con la profesora en una esquina. La mujer tenía el ceño fruncido y oía atentamente. Al ver que los alumnos entraban, su mirada se desvió hacia ellos para detenerse unos segundos eternos en ella.
—Lo siento, Lessi—dijo Theo mientras iban hacia la mesa y veía que la compañera de su hermana ya estaba ubicada allí—, te toca con la gritona de nuevo.
La Hufflepuff no era en realidad una mala chica, quizás incluso podría decirse que era inteligente. Sin embargo, su incapacidad de tomar cualquier cosa con sus manos sin que se le caiga o de caminar por un piso recto sin chocar con cualquier cosa, era insoportable. Pero su hermano había encontrado otra característica en la chica con la que podía burlarse: su voz. Era inusualmente alta y, por más que la persona estaba al lado, hablaba casi gritando, como si temiera no poder ser oída.
—No seas malo—lo reprendió suavemente aunque tuvo que contener una sonrisa.
Vio que la profesora asentía y que Neville se despedía de ella para voltear con una enorme sonrisa en su rostro. Él caminó hacia su compañero, otro Hufflepuff, para hablarle y señalarle a la chica que había hecho equipo con Lessi la primera clase. Cuando el chico cruzó a su lado, supo que él lo había conseguido.
—De hecho—dijo ella a su hermano con una sonrisa orgullosa—, hoy tengo un compañero nuevo.
Su hermano la miró con confusión. Sin decir nada, caminó hacia su prometido, sonriéndole.
—Lo lograste—le dijo.
Neville se movió incómodamente mientras asentía suavemente con la cabeza.
—No fue nada.
Alessia rodó los ojos.
—Ten algo de orgullo propio, ¿quieres?—le pidió—. Sé que los Slytherin somos conocidos por nuestro narcisismo, quizás un tanto exagerado, pero te aseguro que lo que a mí me sobra, a ti te falta—el chico aún no se mostraba demasiado convencido—. Por favor, Nev, siéntete orgulloso de lo que has conseguido: me salvaste.
—Ahora sí estás exagerando.
Lessi rió suavemente.
—Quizás, pero no me importa.
Alessia descubrió que trabajar con Neville era realmente fácil. El chico era increíblemente bueno en Herbología, sin importar que ese año habían comenzado a trabajar con plantas cada vez más peligrosas. Ella sabía que no era una incompetente en la materia pero admitiría que no era tan buena como él. Se movía con naturalidad sobre la mesa de trabajo, buscando los instrumentos necesarios con maestría y sin dudar.
A unos metros, tanto su hermano como Potter y sus amigos los contemplaban trabajar a ambos como si estuvieran coordinados. Theo estaba estupefacto, incapaz de creer la naturalidad con la que su hermana se desenvolvía con aquel chico tonto que parecía absurdamente fascinado con ella.
Cuando la Tentácula venenosa tomó a Alessia sorpresivamente del brazo y estuvo a segundos de clavarle sus aguijones en la piel, Neville reaccionó rápidamente y, soltando un improperio entre dientes que ella jamás habría creído posible que dijera, cortó el tentáculo limpiamente antes de que pudiera lastimarla.
— ¿Estás bien?—le preguntó.
Alessia se quedó estática, no por la planta que la había atacado, sino a causa de la sorpresa que le causó ver a su prometido actuar con tanta profesionalidad y maestría en esa situación.
— ¿Alessia?—Neville tomó su mentón y la obligó a mirarla a los ojos— ¿Estás bien?
Ella se apartó rápidamente de su toque y asintió, sintiendo como su corazón latía rápidamente y no era precisamente por el susto.
—Sí, gracias por eso—le dijo con sinceridad.
—Para eso trabajamos en equipos—dijo él con liviandad—, para cuidarnos el uno al otro. No fue nada.
Cuidarnos. Alessia quiso reír sarcásticamente. Lo que ella hacía con él era engañarlo para luego traicionarlo de la manera más sucia del mundo.
—Nuevamente con ese tono modesto—se burló, intentando superar el malestar que le causó su propio pensamiento—. Recuerda, Nev, se más orgulloso.
…
— ¿Estás segura de que todo esto que hay entre tú y Longbottom es tan sólo para conseguir los secretos de Potter?—le preguntó en un susurro Daphne esa misma noche en la sala común.
Era tarde ya, pasada la medianoche, y ambas se habían quedado a terminar el trabajo de Transformaciones que debía entregar al día siguiente. Si no hubiera sido porque Theo las había distraído, diciendo que estaba arto de tanto trabajar, y había insistido en salir a pasear por el jardín, aquel condenado trabajo ya habría estado terminado.
Alessia miró hacia el sillón donde se encontraba su hermano, profundamente dormido. Él ya había terminado su trabajo, un tanto incompleto y con letra poco prolija pero a los ojos del chico estaba listo.
—Claro que sí.
— ¿Segura?—se inclinó hacia ella para hablarle aún más bajo—Porque los he estado viendo y parecen estar cada vez más unidos. Y admite que fueron pocos días.
—Se supone que eso lo que debía de pasar—respondió ella con tranquilidad—, y si sucedió pronto fue porque así lo permití.
— ¿Qué quieres decir?—los ojos de su amiga se abrieron enormemente— ¡Lo has besado!
— ¡No lo besé!—las palabras salieron un poco más fuerte de lo que había esperado, logrando que Theo se despertase de golpe.
— ¿Qué demonios…?—miró a su alrededor desconcertado hasta que se dio cuenta de que se había quedado dormido— ¿Qué hora es?
—Pasada la medianoche—le respondió Daphne.
— ¿Por qué no te vas a dormir?—sugirió su hermana—Es tarde.
—Porque quiero saber si besaste a Longbottom—dijo mientras se desperezaba.
— ¡¿A caso estabas escuchándonos?!—inquirió ella con molestia—Pensé que estabas dormido.
—Lo estaba—aseguró con sinceridad—, pero cuando me despiertas gritando que no lo besaste, no necesito tener más de dos dedos de frente para saber de quién hablan.
—Vete a dormir.
—Entonces… ¿no lo besaste?
Lessi se levantó con un movimiento ágil, molesta con los dos.
—Aunque no es asunto de ninguno, les he dicho que no y no pienso hacerlo.
Tomó sus pertenencias con brusquedad y se fue a su habitación. Prefería terminar su trabajo sola mañana temprano y no ser asediada con preguntas idiotas.
…
La primera semana de clases terminó rápidamente y muy pronto también estaba por terminar la segunda. Hermione y Lessi hablaban de vez en cuando en clases de Aritmancia y Runas Antiguas, donde no había ninguno de sus amigos que pudieran lanzarles malas miradas o hacer comentarios despectivos. Draco era el que siempre lanzaba esas malas miradas y Ronald Weasley el que gruñía y acusaba abiertamente a Neville y a Hermione de confabular con el enemigo.
Potter no decía ni hacía nada.
Alessia se había dado cuenta que el muchacho de lentes muchas veces se encontraba leyendo aquel viejo libro de Pociones que le había prestado el profesor dado que él no tenía el suyo. Cuando le preguntó a Hermione sobre ello, siempre actuando como si realmente no le importara, la chica refunfuñó entre dientes y dio una respuesta esquiva. De ese modo se dio cuenta que aquel libro realmente era importante para él, pero ¿por qué?
La semana de las pruebas para Quidditch llegaron. Como era de esperarse, Gryffindor fue quien primero tuvo el estadio para realizarlas. Se había enterado de que Potter este año era el Capitán del equipo de su casa y esto causó un gran revuelo. Repentinamente, todos quisieron participar, incluso los que no eran de la casa de los leones. Por Hermione se enteró que Ron y Ginny habían quedado en el equipo. Cuando mencionó al pelirrojo, la chica se ruborizó levemente y Lessi sospechó que quizás tuviera sentimientos por él.
— ¿Te gusta Ron?—preguntó sorprendida, sin poder evitarlo.
Ella no tenía nada en contra del chico Weasley a pesar de que él no había hecho más que insultarla y decirles a todos que no podían confiar en ella. De hecho, debía felicitarlo por ser tan insistente en ello. Sin embargo, no se imaginaba a alguien como Hermione enamorada de alguien como él.
La Gryffindor se ruborizó aún más ante esa pregunta mientras negaba con la cabeza rotundamente.
—No, Ron y yo somos sólo amigos.
—Yo nunca dije que no lo fueran—respondió Lessi—, simplemente intento comprender. Porque actúas como si te gustase, por eso pregunté. Pero no tienes que decirme nada…
—No me gusta—su respuesta fue dada con demasiada prisa y ella misma pareció darse cuenta de eso—. Es complicado—añadió por lo bajo—, es mi amigo.
Lessi sólo le dedicó una sonrisa de consuelo. Lo que ella opinara de sus gustos con respecto a chicos realmente no importaba y, si decía algo incorrecto, podría ofenderla.
Días después, Slughorn hizo acto de presencia nuevamente y la invitó a ella y a Blaise a otra de sus dichosas reuniones. Ninguno de los dos tenía ánimos de ir pero también eran conscientes que relacionarse con el profesor podría traerle algunos beneficios. Para la cena, se colocó un vestido azul oscuro de mangas largas porque las noches comenzaban a refrescar cada vez más y no se olvidó de volver a colocarse la pulsera que le había dado Neville, la cual sólo se quitaba cada vez que se bañaba. Recogió su cabello en una cola alta y luego fue hacia la sala común a encontrarse con Blaise, preguntándose si Neville también había sido invitado.
Fueron juntos hasta la sala y al llegar se dieron cuenta que el grupo inicial que había sido invitado en el viaje del tren había cambiado. Algunos faltaban y otros se habían añadido.
— ¿Irás con tu querido?—preguntó Blaise con cierta burla en su voz.
— ¿Está aquí?
—Allí—señaló hacia una esquina media oculta donde Hermione, Ginny y él se encontraban hablando entre susurros.
— ¿Quieres venir conmigo?
—No—respondió, sonando como si la simple idea le causara horror.
—Entonces, me quedaré a hacerte compañía.
—No, ve—insistió el muchacho—, tienes que hacer esto. Vi a Lion por allí.
Lessi le dedicó una sonrisa de agradecimiento y se despidió de él con prisa antes de dirigirse hacia donde estaban los demás. Blaise podía no ser tan amigo suyo como lo era su propio hermano o Draco pero el compañerismo y el respeto entre ambos era algo notable.
—Hola—saludó amablemente cuando llegó al lado del trío.
Los ojos de Neville la recorrieron por completo cuando se colocó a su lado, antes de saludarla algo azorado por su cercanía. Hermione también le devolvió el saludo con la misma amabilidad con el que ella lo había dado pero Ginevra simplemente asintió con la cabeza en un gesto de reconocimiento.
— ¿Y Potter?—preguntó al ver que no se encontraba con ellos.
—Tenía que cumplir castigo con el profesor Snape—respondió Hermione.
— ¿El de la primera clase?—preguntó, sorprendida porque no lo había hecho antes.
—Eh—Hermione se mostró algo titubeante—… antes tuvo cosas que hacer y el profesor tuvo que aplazarlo.
Alessia estaba confundida por estas palabras porque no creía que porque el chico tuviera otros asuntos que atender el profesor estuviera dispuesto a aplazar un castigo. Ese no era Snape. La única explicación que podría haber de eso era que alguien lo suficientemente influyente en el profesor, hubiese intercedido por Potter. Pero la única persona que se le ocurría que podría llegar a hacer eso era el mismísimo director… quien últimamente estaba faltando mucho durante las cenas y los almuerzos, recordó ella de pronto.
Quiso preguntar más al respecto pero eso no hubiera sido inteligente. Hermione no parecía dispuesta a hablar más y ella tampoco creía que sería bueno hacerlo estando rodeados de tanta gente. Así que optó por cambiar de tema e intentar seguir haciendo amistad con los Gryffindor.
—He oído que te han incluido en el equipo de Quidditch—se dirigió a Ginny—, felicitaciones.
—Gracias—la miró con sospechas—, ¿no dirás como Malfoy que mi hermano y yo entramos porque somos amigos de Harry?
—Quiero creer que Potter es más inteligente que eso y que tú y tu hermano se valoran lo suficiente como para hacerse respetar.
Esas palabras parecieron tranquilizar un poco la tensión de la pelirroja a causa de su presencia, pero sólo un poco.
—Así es—respondió—y lo comprobarás cuando derrotemos a Slytherin en el próximo partido.
Para fortuna de Lessi, aquel comentario había sido hecho con una pequeña sonrisa burlona pero sin nada de malicia.
—Eso lo veremos.
Cuando el profesor los invitó a todos a ir a la mesa para comenzar con la cena, Neville y ella se sentaron uno al lado del otro. Slughorn dio las gracias a todos por estar allí e hizo un pequeño discurso lleno de tonterías y palabras banales antes de que la comida apareciese. Todo estaba delicioso pero la buena comida fue combinada con el interrogatorio por parte del hombre, por lo que no fue precisamente una velada completamente placentera.
Hermione tuvo que hablar sobre sus padres ante la mirada fija de todos los Sangre Puras que no lograron entender qué demonios eran los dentistas. Alessia se avergonzó al darse cuenta que ella tampoco lo sabía hasta que la Gryffindor explicó que eran una especie de Sanadores de los dientes. No tenía nada en contra de los muggles pero tampoco sabía mucho de ellos. Compartía el mismo país pero era como si fueran extranjeros de los que sólo había oído hablar.
Las preguntas siguieron de víctima en víctima. De vez en cuando el profesor hablaba sobre el colegio, dando un alivio momentáneo a los alumnos, pero sólo eran breves conversaciones.
—Chicos, cuéntenos, ¿cómo terminaron comprometidos?—Alessia contuvo su malhumor— ¿Hay una historia de amor detrás?
Todos los alumnos los miraron con interés, ansiosos ellos también de conocer la historia de boca de sus protagonistas. Sólo Blaise había contemplado con incredulidad al profesor por aquella absurda pregunta ¿Amor? ¿A qué idiota se le podría ocurrir eso?
—No hay historia, profesor—dijo ella con seriedad mientras veía que a su lado Neville asentía una vez, estando de acuerdo con sus palabras—. Lo que seguramente sabe usted de un contrato matrimonial es todo lo que hay.
—Oh, bueno—parecía un poco decepcionado de esa noticia—, pero se llevan bien, puedo ver.
Neville no dijo absolutamente nada.
—Se supone que debemos intentar hacerlo porque, después de todo, nos casaremos en el futuro.
—Un futuro… ¿cercano?
—Aún estamos en el colegio, profesor—le recordó aunque sabía muy bien que él no lo había olvidado—, pero quizás nos casemos al terminar.
Neville tuvo que luchar para no atragantarse con su propia saliva cuando oyó aquello. No habían hablado realmente de fechas y a pesar de que estaban comprometidos, la idea de una boda parecía completamente lejana. Como había esperado, los murmullos entre los demás no se hicieron tardar e incluso los ojos del profesor brillaron notablemente.
— ¡Maravilloso!—exclamó el hombre en voz baja mientras los observaba fijamente, como si internamente estuviera haciendo planes— ¡Qué interesante enlace! ¿No lo creen?—les preguntó a sus demás invitados—La hija de Lis y el hijo de los Longbottom.
Cuando estaban pasando al postre, Lessi se inclinó hacia Neville.
—Lamento si lo que dije te sorprendió—le susurró al oído.
— ¿Quieres que nos casemos tan pronto?
—No, claro que no. Pero este hombre que tenemos como profesor tiene más interés en tener chismes jugosos y en relacionarse con personas con las que cree que puede sacar alguna ventaja. Le gusta conocer a todos los más importantes magos y regodearse de ello.
—Aún no entiendo porqué le dijiste…
—Porque…—lo interrumpió ella—si él quiere hablar de nosotros, seremos nosotros quien controlemos la información que le damos. Debemos ser más listos que él.
Él no entendía aún la razón por la cual debían de hacer aquello porque no creía que hubiera algún problema en que hablaran sobre su compromiso. Seguramente todos se burlarían de él, como siempre lo hacían, pero estaba tan acostumbrado a eso que ya no le importaba… mucho.
— ¿Quieres manipularlo?—preguntó con dudas.
—Sí—respondió Lessi con una sonrisa.
—Oh, bueno.
— ¿No te molesta?
Neville pensó que, aunque aún no le molestaba demasiado que dijeran cosas sobre él, quizás a ella sí le molestaba. Después de todo, no había oído muchos rumores de Alessia Nott más que los típicos de un posible romance con Draco Malfoy.
—No, creo que precisamente por esto estás en Slytherin.
Ella rió por lo bajo, incapaz de sentirse ofendida por sus palabras. La verdad era que le gustaba manejar a la gente a su antojo; aunque, claro, no cuando la obligaban y la vida de alguien dependía de ello.
