Ninguno de los personajes pertenecientes a las novelas de Harry Potter me pertenece
FLORES DEL MAL
CAPÍTULO NUEVE
CASTIGO
Neville se quedó en la cama a pesar de que sabía que dentro de pocos minutos todos sus compañeros se levantarían y que era mejor ponerse en camino al baño para tomar una ducha antes de que todos los demás se abalanzasen y estuviesen discutiendo por quién iba a ir primero. Sin embargo, no era capaz de hacerlo. Estaba demasiado enfrascado en sus pensamientos. La noche anterior se había ido a acostar con tantas preguntas que se había quedado un buen rato meditando sobre el asunto antes de caer dormido.
En estos momentos, al fin, había llegado a una conclusión: las mujeres eran seres complicados de entender.
Al menos para él, porque aún era incapaz de comprender cómo era posible que su prometida hubiese estado todo el día evitándolo, lanzándole sólo un saludo lejano y algo forzado para luego, durante la fiesta de Slughorn, tratarlo como si no se quisiese despegar de él, como si no hubiese sucedido nada raro durante todo el día. Había pasado la mayor parte de tiempo pensando en qué había hecho mal durante la cita que tuvieron, sobre cuáles habían sido los errores que había cometido, hasta que al final Hermione le había explicado antes de la fiesta que Alessia no estaba para nada molesta con él, que su estado de ánimo había sido ocasionado por otra cosa… Pero entonces, si él no tenía la culpa, ¿por qué había actuado así? ¿Por qué había sido fría y distante?
Le hubiese gustado haber podido preguntárselo. Había estado pensando durante toda la velada las palabras correctas que utilizaría para hacerlo antes de que se despidiesen pero cuando llegó el momento ella avanzó y le dio otro beso en la mejilla y… ¡Eso fue todo! Su mente se había quedado en blanco y no había sentido nada más que un cosquilleo que se extendía desde el punto en que sus labios lo habían tocado hasta los dedos de sus pies.
Era un tonto, lo sabía, se sentía irremediablemente atraído hacia Alessia y cada vez que ella lo tocaba todo su cuerpo parecía volverse loco. No ayudaba ni un poco saber que, aunque aún no podía hacerlo, algún día sería capaz de besarla en los labios, tocar su cabello, acariciarla para sentir si su piel era tan suave como parecía…
Se levantó de la cama de un brinco. Su mente había comenzado a conjurar imágenes ficticias que era mejor no tener por el momento, no cuando sus compañeros iban a levantarse pronto. No quería avergonzarse a sí mismo.
…
Lessi intentó que la indiferencia de Draco hacia ella no la afectara. Fue imposible, pero de todos modos actuó como si así fuera y cuando fue a desayunar, su hermano y ella se sentaron junto a las hermanas Greengrass. Varios pares de ojos notaron esto pero sus compañeros de casa fueron prudentes y no abrieron la boca para decir absolutamente nada. Sólo Pansy con su séquito de ineptas la miraron y luego se voltearon a cuchichear entre ellas para reír después por lo bajo. Alessia no era precisamente una persona vengativa o violenta pero en ese instante sintió un gran deseo de enterrar en rostro de Pansy en su tazón de cereal que estaba comiendo… o quizás debía de usar algo que marchara algo más su lustroso uniforme.
Pero se contuvo porque no quería meterse en problemas. Posiblemente Snape no le dijera nada pero en ese momento en la mesa de profesores se encontraba McGonagall y conocía lo suficientemente bien a la mujer como para saber que ella no la liberaría de un castigo, incluso si el ataque no había sido a uno de los alumnos de la casa de los leones.
Esta vez, cuando se encontró con la mirada de Neville, lo saludó con una sonrisa enorme a través de la sala, para que no tuviera duda alguna que estaba dirigida a él. El chico se la devolvió aunque con más timidez y a su lado, Seamus y Dean lo codearon sin disimulo y le dijeron algo que ella fue incapaz de oír pero que causó que Neville se volviera tan rojo como un tomate maduro. Se preguntó qué le habían dicho, si había sido alguna idea sucia que le había hecho pensar a su prometido en ellos en esa situación. Aunque no pensaba acostarse con él, la idea de que la deseara no le desagradaba; por el contrario, la emocionaba.
Fue a sus clases durante la mañana pensando en lo que podría hacer para ganarse aún más su confianza e influir en él para que se juntara más con Potter. Tomó apuntes pero realmente no prestó demasiada atención porque se le había ocurrido algo, algo drástico, que no estaba completamente segura si resultaría… pero se arriesgaría.
Cuando fue la hora del almuerzo y lo vio entrar junto a sus amigos, se encaminó hacia ellos sin permitirse dudar. Si lo hacía, se arrepentiría. Así que miró siempre adelante, siempre al rostro de Neville, siendo capaz de observar atentamente cómo su expresión iba cambiando cuando la notó y cuando se dio cuenta que iba hacia él.
—Hola, chicos—los saludó con una sonrisa para luego inclinarse hacia Neville, poniéndose de puntillas para alcanzarlo, y darle, delante de los ojos divertidos de Seamus y Dean, un beso suave y lento en su mejilla—. Hola, Nev.
—Ho…hola…—tartamudeó, rojo.
Lo vio tragar saliva y tuvo que contener una sonrisa.
— ¿Ya te lo llevarás para darle un poco de tu amor?—preguntó Seamus con burla— ¿No lo dejarás comer siquiera para que tenga energía?
Alessia hizo caso omiso a su insinuación.
—De hecho, me estaba preguntando si por hoy podría acompañarlos a almorzar.
— ¿A nuestra mesa?—preguntó Dean con sorpresa.
— ¿Hay alguna regla que lo prohíba?
—No, creo que no—respondió el muchacho con un leve encogimiento de hombros.
Alessia los siguió cuando volvieron a andar y, ante la mirada atónita de casi todos los presentes del salón, tomó asiento al lado de Neville y comenzó a servirse jugo de calabaza en su vaso con suma tranquilidad. También puso encima de su plato un poco de comida y comenzó a comer como si fuera lo más normal del mundo que ella se encontrara allí. Los tres chicos la miraron con sorpresa. Neville especialmente no podía de dejar de sentirse maravillado ante esto. No estaba seguro que todos serían capaces de hacer algo así. Él, por su parte, no tendría jamás el valor suficiente como para ir a sentarse en la mesa de Slytherins.
Para fortuna de la chica, ser el centro de atención no duró demasiado porque pronto todos comenzaron a comer, incluso el trío que la acompañaba. Lessi notó el momento en que otro trío entraba al Gran Salón y notaba su presencia en su mesa. Ella los saludó con normalidad y sólo Hermione, superando la sorpresa, le devolvió el gesto.
— ¿Estás segura que estás cómoda estando rodeada de leones?—preguntó Seamus mientras cortaba un gran trozo de carne horneada— ¿No temes ser devorada?
Alessia negó con la cabeza sin dudarlo.
—Claro que no. Además, el único que tiene permitido devorarme es Neville—dijo siendo muy consciente del doble sentido de sus palabras.
El aludido se atragantó con el bocado de comida que se había llevado a la boca al oírla mientras que Seamus y Dean estallaron en carcajadas ruidosas que nuevamente llamaron la atención de todos hacia donde ellos se encontraban. Lessi no les hizo caso y golpeó la espalda de su prometido para ayudarlo a volver a respirar. Cuando lo consiguió, Neville la miró con los ojos abiertos enormemente y ella sólo le sonrió, sin comentar ni aclarar nada.
…
— ¿Debo preocuparme?
Alessia miró a su hermano sin entender a qué se refería mientras caminaban juntos a la clase de Herbología. El viento se había marchado pero una neblina persistente poblaba todos los rincones del jardín por lo que tenía que prestar mucha atención para no confundirse de invernadero.
— ¿Por qué?
—Porque parece que me has cambiado. Pasaste todo el almuerzo junto a los Gryffindor mientras me dejabas a mí con Blaise…
—Pensé que Blaise era tu amigo.
—Lo es, pero tú también lo eres y no me dijiste que te ibas con tu noviecito.
— ¡Oh, vamos, no puedes estar celoso por eso!—exclamó.
— ¿Celoso de Longbottom? Claro que no. Preocupado, mucho. Lo que hiciste casi fue suicidio.
—Estás siendo más dramático que Pansy—se burló de él, ganándose una mirada de molestia.
—Sabes tan bien como yo que se supone que nuestra casa y la de ellos son enemigos consumados. El hecho de que ustedes estén prometidos en matrimonio no te protege de nada.
—Estábamos en el Gran Comedor, con cientos de alumnos y casi todos los profesores mirando. Nadie se hubiese atrevido a dañarme de algún modo… Además, lo mismo podría decir de mi propia casa.
Theo frunció el ceño ante estas palabras.
—No es cierto. Ninguno de los nuestros te haría daño—indicó y ante la mirada que ésta le dio, se apresuró a añadir—. Sé que Draco está molesto y realmente prefiero que se mantenga alejado de ti pero no lo veo capaz de hacerte daño intencionalmente.
Entraron al invernadero que creían que era el correcto y descubrieron que sólo un puñado alumnos se encontraban presentes mientras que otros aún no habían aparecido, entre ellos Harry Potter y sus amigos.
—Tengo que ir con Neville—le dijo, sin comentar nada más sobre el tema.
—Claro, ve con tu "querido, Nev"—se burló su hermano.
Ella le sacó la lengua infantilmente.
—Y luego dices que no estás celoso de él—lo acusó antes de irse hacia su prometido.
Oyó que su hermano bufaba ruidosamente.
—Hoy comenzaremos a trabajar con las cepas de Snargaluff—dijo Neville al verla, poniendo en su rostro una sonrisa enorme mientras señalaba planta que no dejaba de retorcerse frente a ellos— ¡¿No te parece emocionante?!
Alessia sonrió sin poder evitarlo, contagiada por su expresión, pero negó con la cabeza.
—Teniendo en cuenta lo peligrosa que es, ni un poco—admitió mientras lanzaba una mirada sobre todas las cepas que se encontraban distribuidas sobre las mesas.
—Pero tenemos los elementos de seguridad—indicó mientras le entregaba los guantes gruesos que ella no dudó en colocarse para después pasarle el protector dental.
— ¡Me veré ridícula con eso en mi boca!—se quejó.
—Claro que no—dijo Neville mientras se lo entregaba para después buscar el suyo y colocárselo—. Y si es así, todos nos veremos ridículos—añadió con voz patosa por tener el protector puesto.
Neville comenzó a trabajar en la planta mientras que justo en ese momento Harry, Ron y Hermione entraban y se sentaban detrás de ellos. Ella simuló estar buscando sus gafas protectoras mientras intentaba oír lo que decían.
— ¡Uf, qué miedo debía de dar el joven Quien-tú-sabes! —Lessi oyó a Ron decir en voz baja— Pero lo que sigo sin entender es por qué Dumbledore te enseña todo eso. Ya sé que es muy interesante y demás, pero ¿para qué sirve?
El corazón de Lessi se aceleró al oír aquello. Así que Dumbledore estaba enseñándole algo a Potter. ¿Qué podría ser? ¿Y a caso estaban hablando del Innombrable siendo joven?
—No lo sé —Harry le respondió—. Pero, según él, es muy importante y me ayudará a sobrevivir.
Ella estaba segura que cualquier tipo de información podría serle útil al chico si quería sobrevivir a lo que se avecinaba.
—Yo lo encuentro fascinante —opinó Hermione—. Es fundamental reunir el máximo de información acerca de Voldemort. Si no, ¿de qué otro modo podrías descubrir sus debilidades?
¿Y eso que acaso tenía debilidades?, se preguntó Lessi.
— ¿Qué tal estuvo la última fiesta de Slughorn? —Harry había cambiado repentinamente de tema.
— ¡Ah, pues muy divertida! —contestó Hermione—. El profesor se pasa un poco hablándonos de ex alumnos famosos y alaga mucho a McLaggen porque conoce a mucha gente influyente, pero nos ofreció una comida deliciosa y nos presentó a Gwenog Jones.
— ¿Gwenog Jones? —la voz de Ron estaba llena de asombro—. ¿La famosa Gwenog Jones? ¿La capitana del Holyhead Harpies?
—Sí…
Lessi notó que la profesora Sprout estaba acercándose más a ellos así que se puso con prisa sus gafas e intentó observar lo que hacía Neville, quien tenía el brazo derecho metido hasta el codo en el interior de la planta que no dejaba de retorcerse e intentaba golpearlo con sus ramas que parecían tentáculos. Ella intentó atrapar uno de ellos pero se le escabulló de la mano y dio en el rostro de su prometido. Se disculpó rápidamente antes de volver a intentarlo, aferrando con fuerza esta vez la rama que no dejaba de retorcerse.
— ¡Basta de charla! —los reprendió la profesora Sprout cuando estuvo cerca del trío—. Se están quedando atrás. Sus compañeros ya han empezado y Neville ha conseguido extraer la primera vaina.
Efectivamente, Neville tenía el labio ensangrentado y varios arañazos en la mejilla que seguramente comenzarían a inflamarse con el paso de las horas, pero aún así sonreía con orgullo mientras aferraba un objeto verde del tamaño de un pomelo que parecía latir como un corazón vivo… era algo repugnante.
— ¡Sí, profesora, ahora mismo comenzamos! —dijo Ron, y cuando la profesora se dio la vuelta, añadió en voz baja— Tendrías que haber utilizado el muffliato, Harry.
¿Qué rayos era el muffliato?
— ¡De eso nada! —saltó Hermione con enfado— ¡Vamos, vamos! Pongámonos a trabajar...
— ¿Puedes pasarme el cuenco?—pidió Neville.
Ella asintió y mientras se lo pasaba preguntó:
— ¿Qué es lo que hay que hacer ahora?
—Exprimirla—contestó.
Lessi hizo una mueca de asco que hizo al muchacho reír.
—Lo haré yo.
—No—ella le apartó el cuenco con la vaina en el interior—. Ya hiciste lo otro, esto me toca a mí.
Ella no era ninguna chica tonta que temía ensuciarse las manos. No le gustaba hacerlo, obviamente, pero eso no quería decir que iba a permitir que todos los demás hiciesen su trabajo como si tuviera algún tipo de discapacidad. Comenzó a estrujar la vaina con toda la fuerza que era capaz de reunir pero las manos de Neville tocaron las suyas y la obligaron a apartarse.
—No se hace así—le dijo con suavidad—. Toma esto. Debes pincharla con algo punzante.
Lessi pinchó la vaina con cuidado pero al ver que no surgía efecto aplicó un poco más de presión hasta que se hizo una hendidura lo suficientemente grande como para permitir salir a un montón de tubérculos de color verde que se retorcían como gusanos. De nuevo, aquello era demasiado repugnante.
Cuando ambos estaban trabajando en la segunda seta, Lessi oyó a Hermione comentarle a Ron y a Harry sobre la fiesta de Navidad a la que estaban invitados y, como esperaba, Ron no tomó demasiado bien la noticia, especialmente cuando ella lo llamó por el mismo nombre que le había dado el profesor.
—Club de las Eminencias—se lo oyó decir con burla— ¡Qué patético! Bueno, espero que te lo pases muy bien en esa fiesta. ¿Por qué no intentas ligar con McLaggen? Así Slughorn podría nombraros rey y reina de las eminencias...
¡Oh, no podía ser verdad! Algunos chicos eran demasiado tontos, se dijo interiormente mientras intentaba comprender cómo era posible que una chica como Hermione estuviera enamorada de alguien como Ronald. No era un mal chico pero tampoco podía decirse que era lo suficientemente inteligente como para captar las indirectas que su amiga le daba.
—Podemos llevar invitados—oyó que decía Hermione con tono serio— y yo pensaba pedirte que vinieras conmigo. Pero ya que lo encuentras tan patético… ¡Invitaré a otro!
Bien dicho, Hermione, la felicitó mentalmente. Quizás con eso aprendiera Ron a no abrir la boca antes de tiempo.
Al finalizar la clase todos fueron a lavarse las manos a consciencia para luego salir. Alessia vio a Theo esperándola pero le hizo una seña para que se adelantara mientras caminaba a la par de Neville. Su hermano entendió y rápidamente se alejó hacia el castillo.
—Tengo tu bufanda para devolverte...—le dijo mientras sacaba del interior de su bolso la prenda del chico.
—Oh, no tienes que hacerlo. Puedes quedártela… es decir… si quieres…
— ¿Realmente me la darás? Quiero decir, sí, claro que la aceptaré, pero ¿no la necesitas?
—Tengo otras dos—dijo.
Lessi quería tener aquella bufanda aunque se negaba a pensar en los motivos de aquel deseo. Sin embargo, no le gustaba la idea de que él ya le hubiese dado su cuarto obsequio y que ella no le hubiese regalado nada aún.
—Bien, te daré algo a cambio—dijo con determinación.
—No tienes que darme nada.
—Claro que sí. Tú me diste mi pulsera—le mostró que aún la llevaba alrededor de su muñeca—, la flor de Saturno, el brote de Helios y ahora esto.
—No te di todas esas cosas porque quería algo de ti—aseguró el chico mientras ingresaban al interior del castillo—, sino porque quería dártelas. Además, nada de eso realmente fue costoso o nuevo.
—Bien, te daré algo que ya tengo…—pensó en qué podía darle pero no se le ocurrió absolutamente nada—Sólo déjame pensar en ello.
Durante la semana que siguió, eso fue lo que ocupó su mente. ¿Qué podría llegar a darle a Neville? Ella tenía una interesante colección de libros pero la mayoría de ellos eran sobre Historia de la Magia y dudaba seriamente que el chico los encontrase tan fascinante como le resultaban y tampoco tenía nada de Herbología más allá de los escolares. Lo peor de todo es que no creía tener cosas valiosas sentimentalmente de las que pudiera desprenderse. Tenía algunas joyas de su madre pero, ¿para qué las iba a querer Neville?
Una tarde, mientras ella y su hermano hacían la tarea en un rincón de la sala común, decidió pedirle ayuda.
— ¿Qué es lo que le gusta recibir a los chicos?
Theo la miró con confusión.
— ¿A qué te refieres precisamente con recibir?
—A un regalo— aclaró.
— ¿A quién quieres regalarle algo?
— ¿No puedes simplemente responder?
—No hasta que me respondas primero.
Theo la perforaba con la miraba, poniéndola incómoda, y aunque había estado dispuesta a pedirle ayuda, decirle precisamente a quién iría dirigido ese regalo la avergonzaba un poco.
—Para Neville—dijo finalmente.
Su hermano estrechó sus ojos.
— ¿Y por qué razón quieres darle algo a Longbottom?
—Porque tengo que hacerle creer que me intereso por él, necesito que sus amigos también crean eso para que confíen más en mí—explicó mecánicamente.
— ¿Estás segura que no hay una razón oculta detrás de tu pretexto?
—No es un pretexto—gruñó—, es la verdad.
Él siguió observándola fijamente por unos instantes y el corazón de Alessia comenzó a acelerarse por alguna extraña razón. Sus ojos se desviaron hacia la puerta, sintiéndose repentinamente acorralada y con deseos de huir.
—Nosotros no somos como las mujeres que guardamos cada cosa absurda que nos regalan…
— ¡Ey!—protestó ella.
—Estoy hablando en serio. Recuerdo que Daphne me mostró un envoltorio de la primera rana de chocolate que le regalé. Aún no entiendo para qué demonios lo quería…
Sí, para ella también sonaba absurda una cosa así pero tenía que defender a su amiga.
—Lo guardó porque era importante para ella, porque tú lo eras.
—Sí, pero ¿no bastaba con decírmelo? No tenía que guardar basura por mí… Los chicos no hacemos eso. Guardamos cosas verdaderamente significativas: regalos valiosos…
—Neville no quiere que gaste dinero.
—Regalos útiles.
— ¡No tengo nada que pueda serle útil!
Theo pensó un poco más hasta que su sonrisa se volvió divertida.
—Guardamos trofeos.
— ¿Trofeos?
—Sí, trofeos—confirmó—. Objetos que nos engrandecen y que podemos presumir delante de nuestros amigos. En quidditch puede ser la escoba del inútil al que derribaste. O, en el caso de alguna chica, algo íntimo.
Los ojos de Alessia se abrieron con horror ante lo que insinuaba su hermano.
— ¿Quieres que le regale mi ropa interior?—preguntó con un hilo de voz— ¿Quieres que se la regale como trofeo para que se la muestre a toda la torre de Gryffindor?
—Piénsalo, estarías haciéndole un favor—le dijo—. El chico ganará una buena reputación entre sus compañeros.
— ¡Pero pensará que quiero dormir con él!
— ¿Y no quieres?—cuestionó Theo, contemplándola fijamente.
— ¡Claro que no!—exclamó enfadada— ¡Eres un maldito bastardo! ¿Cómo puedes sugerir algo así?
Guardó sus cosas a toda prisa y se alejó de su hermano sin mirar atrás.
No obstante, esa noche, cuando estaba tendida su cama en la oscuridad de la habitación, el enfado comenzó a marcharse de ella mientras razonaba lo que había dicho Theo. Todo el mundo sabía que Neville nunca había tenido ningún tipo de noviazgo antes, al menos uno que saliera a la luz, y por ese motivo, sumado a su torpeza natural, todos lo creían un tanto idiota. Esto era algo triste porque Lessi sabía muy bien que no era cierto. Neville era inteligente, capaz y valiente. Sólo había que conocerlo un poco para darse cuenta de ello.
Quizás darle un premio para ostentar delante de sus amigos no sería una mala idea. Él quedaría como el héroe y, por más que ella se vería como una cualquiera, podría justificarse al ser su prometida… además, no es que fuera a dormir realmente con él. No, sólo lo ayudaría a hacerle creer a los demás que sí lo habían hecho.
…
Lessi caminó directamente hacia la chica y cuando esta alzó la cabeza del libro que leía y la vio, le sonrió amablemente a modo de saludo. Había estado buscándola en la biblioteca pero ese día pareció preferir sentarse sobre el marco de uno de los ventanales enormes que bordeaba el pasillo exterior del castillo.
—Necesito pedirte un favor.
Hermione se sorprendió un poco por aquel pedido pero de todos modos asintió.
— ¿Qué puedo hacer por ti?
—Necesito que entres a la habitación de los chicos de Gryffindor cuando nadie esté y que dejes algo encima de la cama de Neville.
—Ese es un pedido un poco extraño.
—Es un regalo para Neville—aclaró—, y quiero que sea una sorpresa.
—Oh, bueno, sí, claro que lo haré—dijo al oír aquello— ¿Qué le compraste?
—Nada. Le voy a regalar algo mío porque él me dio su bufanda.
—No creo que Neville se atreva a usar la bufanda de Slytherin—comentó.
Lessi sonrió y negó con la cabeza.
—No es una bufanda lo que le voy a dar.
Hermione no entendió al principio pero cuando lo hizo sus ojos se agrandaron graciosamente y su rostro se volvió rojo.
— ¡Oh!... eg… bueno, se lo dejaré en su cama en cuanto vea que no hay nadie allí arriba.
Le agradaba Hermione. La chica era inteligente y perspicaz.
Buscó en el interior de su bolso la cajita de cartón forrada en la que había colocado la prenda y se la entregó. Hermione se apresuró a guardarla en su propio bolso.
—Te agradecería que no menciones a nadie esto—le rogó.
—Por supuesto que no. Esto no es asunto de nadie más que de ustedes.
—Seguramente pensarás que soy…
—Yo no pienso tal cosa—la interrumpió Hermione—. Ustedes son una pareja que se casará en el futuro. Creo que están en la libertad de hacer lo que les plazca.
Sí, definitivamente le agradaba ella. Se sentó a su lado.
— ¿Ya has invitado a alguien más a la Fiesta de Navidad?
— ¿A alguien más…? ¡Me escuchaste!—la acusó cuando comprendió.
Alessia se encogió de hombros.
—Estaban detrás de nosotros y no puedes decir precisamente que cuando tú y Ron discuten lo hacen en voz baja—Hermione gimió mientras se llevaba las manos al rostro para cubrírselo y tapar su vergüenza—. Realmente creo que invitar a alguien más es la idea más inteligente que podrías tener.
—No lo sé—Hermione la miró—. Estos días Ron ha estado comportándose amablemente… bueno… hasta hace unos días atrás
— ¿A qué te refieres?
Hermione se mordió los labios con nerviosismo mientras se debatía internamente si debía de decirle la verdad a aquella chica o no. Finalmente decidió que podría hacerlo porque, después de todo, ella le había pedido un favor muy íntimo.
—Ginny me contó que Ron y Harry la descubrieron besándose con Dean. Ron enloqueció y Ginny no es precisamente la persona más tranquila cuando se enfada con él. Le gritó que nunca había besado a nadie y que Harry, yo y ella sí lo habíamos hecho… ¡Y ahora eso parece que lo tiene tan enfadado que lo hace jugar mal!
—Realmente no entiendo qué ves en él—Hermione la miró de mala manera—. Sólo fue un comentario. Ron parece un tanto infantil, no sabe controlar sus emociones…—se arrepintió de haber abierto la boca cuando la mirada molesta de la chica se profundizó—. Lo siento, es tu amigo y yo no tengo derecho a hablar mal de él, sólo decía lo que pensaba. Pero, volviendo a lo que importa, realmente creo que deberías invitar a alguien más… quizás logres ponerlo celoso…—sugirió.
…
Neville comía con prisa. Esa mañana la profesora Sprout lo había buscado para pedirle que luego del almuerzo fuera a los invernaderos a regar los Topiarios venenosos que habían trasplantado el día anterior porque ella tenía clases a primera hora y parecía que nadie más estaba dispuesto a hacer aquella tarea. Sabía que la mujer no se molestaría si llegaba unos minutos tarde pero antes tendría que hablar con Alessia para disculparse por no poder pasar juntos el rato como lo hacían siempre. El inconveniente era que ese día ella se había sentado su mesa, con su hermano y sus amigos, lo que significaba que si quería hablarle tendría que ir allí y… y encontrarse con todas las serpientes. La había estado mirando desde que la había visto entrar al Gran Salón pero no había podido captar su atención porque se había sentado de espalda.
Así que no le quedaba otra opción más que ir.
Dejó el tenedor a un lado, bebió un largo sorbo de jugo de calabaza y luego se limpió la boca para que no quedara ninguna miga o marca. Luego, armándose de valor, se levantó y comenzó a caminar hacia la mesa de Slytherin. Su corazón latía velozmente y sus piernas parecían ser demasiado pesadas. Su mente recordaba cada uno de los maleficios que había recibido por parte de ese grupo en particular, cada burla, cada insulto. Casi se sentía como si estuviera caminando hacia su sentencia de muerte pero a pesar de que su valor flaqueó, siguió avanzando.
Daphne fue la primera en verlo ya que lo tenía en frente.
—Longbottom a la vista—dijo en voz baja, inclinándose ligeramente sobre la mesa para que Alessia lo oyera.
— ¿Qué?
—Tu prometido está viniendo hacia aquí.
La chica la miró con sorpresa y, aunque sintió deseos de voltear y comprobar si lo que decía era verdad, no lo hizo. Si Neville estaba en la casa de los leones debería de tener el valor suficiente como para hacer aquello por su cuenta.
— ¿No vas a salvarlo?—preguntó Theo a su lado.
— ¿A caso está en peligro?—miró a todos los que tenía cerca y aunque algunos no estaban demasiado contentos con la idea, negaron con la cabeza.
Draco, que se encontraba un poco más allá, sólo hizo una mueca de desagrado.
—Eg… Hola…
Al oír su voz, se volteó y colocó una hermosa sonrisa.
—Hola, Neville. ¿Quieres sentarte con nosotros?—le preguntó con amabilidad aunque ya conocía la respuesta a aquella propuesta.
—Eh…—su voz tembló ligeramente—. Gracias, pero no puedo—sus ojos se movieron nerviosamente hacia las demás serpientes que no disimulaban y lo contemplaban fijamente, haciéndole sentir cierto pánico—. Tengo que ir al invernadero a hacer un favor a la profesora Sprout…
— ¿A caso no…?—comenzó a decir Pansy, quien estaba sentada al lado de Draco, pero éste le lanzó una mirada de advertencia que la silenció.
Neville había tenido el valor de ir hacia allí y eso era suficiente para Lessi. No había motivo alguno por el cual alargar la tortura del pobre chico. Se puso de pie, pero no sin antes tomar un trozo de tarta y una servilleta.
— ¿Te importa si te acompaño?
—No—estaba un poco sorprendido al ver que ella quería ir—. Vamos.
Estar frente a todos esos sangre puras que no dejaban de verlo tan fijamente le recordó los modales que le había enseñado su abuela. Extendió su brazo hacia ella y Alessia lo tomó como correspondía para dejar que la guiara. La imagen habría podido ser perfecta, salvo porque ella aún no había terminado de almorzar e iba comiendo el trozo de tarta que había robado de la mesa. Sabía muy bien que Narcissa estaría escandalizada si la viera pero la madre de Draco no se encontraba allí para reprenderla.
— ¿Qué tienes que hacer?—le preguntó con curiosidad antes de dar un nuevo bocado.
— ¿Recuerdas los topiarios que trasplantamos ayer?—ella asintió— Necesitan mucha agua y la profesora tenía clases con los grupos de primero a quinto y no quiere traerlos a este invernadero porque puede ser peligroso para ellos por lo que me pidió que los regase.
— ¿Y no te molesta hacer esto?
—No—contestó con sinceridad— Me gusta mucho Herbología.
Llegaron al invernadero en el que había estado trabajando el día anterior y vieron todas las plantas distribuidas encima de las mesas. Los Topiarios tenían apariencia de ser inofensivos ya que no parecían ser más que unas simples plantas que se podrían encontrar en algún jardín de cualquier casa, incluso muggle, pero en cuanto uno se acercaba parecía sentirse amenazada y casi de la nada salían unas lianas verdes, largas y ásperas que al contacto con la piel soltaban un potente veneno que te paralizaba en pocos segundos y, en grandes cantidades, te podría matar.
A Alessia no le había gustado la idea el día anterior de trabajar con ellas y tampoco le agradaba la idea de hacerlo ahora.
—Te ayudaré—dijo aun en contra de sus deseos.
—No tienes que hacerlo—le aseguró Neville mientras caminaba hacia la canilla que se encontraba en una de las paredes y tomaba una de las regaderas que había al lado.
—No puedo simplemente quedarme aquí y ver cómo trabajas. Me sentiré inútil.
El chico dudó unos segundos.
—Yo… preferiría que… que no hagas nada—le dijo finalmente, lanzándole una mirada cuidadosa—. No quiero que te pongas en peligro.
— No soy estúpida, Neville. ¿A caso recuerdas que yo estuve ayer contigo en clases?
—No, claro que no lo eres, pero ayer teníamos protección.
Alessia se quedó viéndolo durante unos segundos con el ceño profundamente fruncido.
— ¿Me estás queriendo decir que tú no usarás protección ahora?—preguntó mientras el corazón se le aceleraba a causa de la preocupación— ¡Podrías morir!
—Sólo si mi cuerpo absorbe altas dosis del veneno—aclaró Neville con una calma que crispó un poco los nervios de la chica—y para regar los Topiarios no necesito protección.
— ¿Y si uno te toca qué se supone que debo de hacer? ¿Quedarme viendo?
Por alguna razón que ella no comprendió, sus palabras causaron diversión en su prometido, quien sonrió levemente.
— No, me conformaría con que avisaras a Madame Pomfrey—ella no sonrió a su respuesta y siguió mirándolo con enfado lo que le causó cierto placer porque demostraba que estaba preocupada por él—. Las plantas se petrifican con magia por lo que no se moverán mientras las riego.
— ¿Se petrifican? Pero… Entonces, ¿Por qué no hicimos eso ayer en clases?
—Porque si se las trasplantan cuando están petrificadas, al ponerlas en una nueva maseta, se secan. El movimiento defensivo que hacen genera que su propio veneno circule por ellas, permitiéndoles sobrevivir en el nuevo ambiente. El veneno es indispensable para su supervivencia. Es fascinante, ¿no crees?
—Mucho.
No lo decía con sarcasmo pero tampoco estaba fascinada como su prometido. Alessia prefería la historia, hechos pasados que ayudaban a comprender por qué hoy en día el mundo es tal como se lo conoce. Lamentablemente, el profesor que impartía aquella materia no sabía transmitir el entusiasmo por ella hacia los demás alumnos, quienes se terminaban durmiendo en plena clase.
—Bien, yo terminaré de comer esto—le mostró lo que quedaba de su tarta—y me sentaré quieta, dejándote esto de regar a ti.
Buscó un banco alto y lo llevó a un rincón del invernadero donde no había plantas venenosas y se sentó allí a observar cómo Neville trabajaba mientras que ella terminaba su almuerzo.
Neville abrió el grifo y dejó que el agua llenara la regadera. Mientras esperaba, sacó su varita mágica y lanzó un hechizo para inmovilizar a todos los Topiarios que, sin siquiera sentir la amenaza, se quedaron inmóviles y sin posibilidad de defenderse ante la proximidad del chico.
Neville lanzó una mirada en dirección a su prometida, comprobando que aún estaba quieta en su lugar, terminando el último bocado de tarta que tenía entre sus manos. Podría haber sido un acto totalmente natural e inocente, de no haber sido porque después de eso, llevó uno de sus dedos al interior de su boca para limpiarlo. Neville se quedó tan petrificado como las plantas que estaba a punto de regar mientras que su corazón se aceleraba y su mente creaba conexiones inexistentes con otra situación totalmente diferente pero que también involucraba la boca de la chica.
Para su mayor desgracia, ella alzó la mirada justo en ese momento, notando que la observaba y enrojeció profundamente. Él estaba por disculparse inmediatamente, sintiéndose profundamente avergonzado, pero Alessia se adelantó.
—Lo siento. Sé que no es propio de una buena dama comer de este modo pero… —enrojeció aún más— ¡Adoro la tarta de queso! Sé que si tu abuela o Narcissa me vieran así seguramente me darían un tirón de oreja.
—A mí no me molesta—le dijo con prisa, sintiéndose profundamente aliviado al comprender que ella había malinterpretado su mirada.
Claro que no le molestaba pero había sentido algo de incomodidad al notar que sus pensamientos se volvían puramente primitivos ante una acción tan simple. ¿Por qué debía ser ella tan sexy cuando era perfectamente claro que la atracción que había entre ellos era absolutamente unilateral? Él moría por besarla pero claramente ella prefería mantener las distancias y seguir como hasta el momento, charlando de trivialidades y del colegio.
Comenzó a regar en completo silencio, apesadumbrado y ya no tan emocionado por tener que hacer esa tarea. Iba a comenzar por la última hilera de plantas cuando oyó que ella volvía a hablar.
—Encontré el regalo perfecto para ti.
Detuvo sus movimientos y la contempló algo confundido.
— ¿Regalo?
—Te prometí que te regalaría algo, ¿recuerdas?
—Te dije que no era necesario que me compres nada—le aseguró con cierta vergüenza.
— ¡Oh, pero no lo compré!—indicó poniendo una sonrisa en su rostro que hizo que Neville sintiera demasiada curiosidad—Es algo mío que te doy libremente pero…—buscó las palabras adecuadas— no quiero que me malinterpretes. No es una promesa de nada.
Eso lo confundió aún más. ¿Qué quería decir que no era una promesa? Estuvo a punto de preguntárselo pero en ese momento notó que los ojos de la chica se abrían enormemente y miraban con terror.
— ¡MUÉVETE!—le gritó.
Sólo cuando sintió que algo se posaba en su mano, algo alargado y áspero, Neville comprendió a qué se había referido la chica. Se movió de inmediato, desprendiéndose de la liana venenosa que lo había tocado, sintiendo el cosquilleo extenderse desde el punto de contacto hacia el resto de su brazo.
Alessia volvió a petrificar al Topiario mientras corría hacia su prometido para tomarlo por el brazo sano.
—Vamos, te llevaré a la enfermería.
Él sólo asintió, algo atontado. Sabía que no estaba en peligro de muerte porque apenas había sido un roce pero el veneno había entrado a su cuerpo y ahora comenzaba a distribuirse por su torrente sanguíneo.
—Apóyate en mí—le ordenó y cuando notó que él no parecía querer hacerlo, añadió—. No soy tan delicada, Neville, no me voy a romper.
Aún así no quiso hacerlo pero a medida que avanzaban por el jardín hacia el castillo, sentía que sus piernas comenzaban a perder estabilidad y no le quedó otra opción más que apoyarse en la chica, quien hizo todo lo posible para mantenerse andando y no perder el equilibrio. Por fortuna, la misma profesora Sprout estaba caminando en dirección a los invernaderos para comprobar por su alumno favorito cuando los encontró. No dudó en ayudar a cargar al muchacho y unos minutos después se encontraban en la enfermería.
Neville fue puesto en una camilla, casi inconsciente, siendo atendido por la medimaga mientras que ella y la profesora esperaban a un lado. La mujer le lanzaba miradas cada cierto tiempo y eso le ponía los nervios de punta.
— ¿Qué?—preguntó finalmente, cuando ya no pudo soportar más que la observara así.
— ¿Qué sucedió?
Ella le contó rápidamente lo ocurrido desde el momento en que llegaron al invernadero, sin entrar en detalles pero también sin dejar información importante fuera.
— ¿Y eran los únicos en el invernadero?
— Yo no vi a nadie más.
—Mhm…
— ¿Qué se supone que significa eso?
—Nada, nada—la profesora se apresuró a decir aunque sus ojos se desviaron un poco hacia el escudo bordado en la parte frontal de su capa escolar.
Debía de estar acostumbrada pero no pudo evitar sentirse profundamente herida cuando entendió finalmente lo que la mujer pensaba. Aún así, en vez de ponerse a llorar o hacer una ridícula escena, se enfadó y no le importó estar dirigiéndose a una profesora del colegio.
— ¿A caso cree que por ser una Slytherin quiero poner en peligro la vida del resto de los alumnos?
—Yo no dije eso, señorita Nott. No debería insinuar tal cosa…
—Pero lo pensó—la interrumpió ella—, y no se atreva a negarlo. ¿A caso los profesores creen que no vemos como nos miran a los de mi casa? Se supone que deben ser neutros en ese aspecto y ninguno lo son. ¡¿Cómo quieren que haya respeto entre nosotros si usted no es capaz de dar el ejemplo?!
— ¡Señorita Nott, es suficiente!—gritó la profesora, con el rostro regordete completamente rojo.
— ¿Qué va a hacer? ¿Castigarme?
— ¡Exactamente! Esta noche antes de la cena cumplirá castigo conmigo en los invernaderos. ¡Y diez puntos menos de su casa!
— ¡Pero eso es injusto!—protestó.
— ¡Usted deberá aprender a no faltarle el respeto a los profesores de esta institución!
Madame Pomfrey se volteó en ese momento y les lanzó una mirada a ambas que las silenció de inmediato.
—Por si ninguna de ustedes dos ha recordado, esta es una enfermería, donde se intenta mantener la tranquilidad para el bienestar de los pacientes—les dijo con frialdad—. Así que será mejor que ustedes se marchen…
—No, por…—comenzó a decir Alessia pero nuevamente la bruja la interrumpió.
—Ahora mismo.
—Pero Neville…
—Él estará bien, señorita Nott. Si un poco de veneno en su cuerpo no lo mató, sólo significa que lo volverá más fuerte. Ahora, fuera, necesito encargarme de él. En menos de una hora estará en perfectas condiciones.
Lessi se volteó, furiosa con las dos, pero más que nada con la maldita profesora de Herbología que la había castigado injustamente. A su modo de ver, sólo estaba defendiéndose. ¿Por qué tenían todos que hacerlos los malos de la historia? Hizo una mueca, arrepintiéndose inmediatamente de haber hecho una pregunta tan estúpida, incluso cuando sólo fue en su mente. ¿Cómo es que no iban a pensar en ellos como los malos si la mayoría de los magos tenebrosos había salido de esa misma casa? Pero la sociedad mágica tampoco parecía darse cuenta que comparándolos con ellos, atribuyéndole siempre las mismas características, los condicionaban a ser así.
Ella era orgullosa, algo engreída e iba a admitir que muchas veces manipuló a las personas para conseguir lo que quería pero, ¿eso la hacía mala persona? ¿O es que a caso el calificativo de ser "buenos" sólo valía para las demás casas?
Se encaminó hacia la sala común de su casa con un muy mal humor, maldiciendo entre dientes a la profesora Sprout. Cuando llegó notó que ésta no estaba vacía. Por el contrario, había unos pocos alumnos de años inferiores pero dos personas se destacaban por sobre todos, dos personas que nunca antes habían estado solos ni congeniado bien a pesar de que tenían amigos en común: Pansy y Goyle.
Cuando la vieron entrar, los ojos de Pansy se mostraron brillosos a causa de la emoción mientras que los de Goyle bajaron al suelo como si estuviera avergonzado por algo. Eso le causó sospecha. En otras circunstancias hubiera dejado pasar el asunto pero en ese momento, con el enfado aún presente en su interior, no pudo evitar caminar directamente hacia ellos, dispuesta a averiguar lo que pasaba.
