Ninguno de los personajes pertenecientes a las novelas de Harry Potter me pertenece
FLORES DEL MAL
CAPÍTULO ONCE
QUIDDITCH Y CUMPLEAÑOS
Alessia no había superado aún su propia reacción ante la imagen ficticia de Neville y ella besándose clandestinamente en los invernaderos. Estaba conmocionada. Neville no era precisamente el joven más apuesto con el que se había topado pero había algo en él… y había pasado la mayor parte de la noche tendida en su cama intentando advertir qué era ese "algo". Estaba demás decir que era caballeroso, servicial, honorable… pero además tenía ojos muy lindos que comenzaba a brillar cuando se entusiasmaba demasiado hablando de Herbología.
— ¿A caso dormiste?—preguntó Daphne al verla.
Se acomodó mejor en el sillón de la sala común de Slytherin.
— ¿Qué haces despierta tan temprano?
—Me desperté y noté que no estabas. Estaba preocupada por ti. Desde anoche te estás comportando de modo extraño—se sentó a su lado, contemplándola con seriedad— ¿Qué pasa?
—Nada. Sólo pensaba en lo cerca que está mi cumpleaños—mintió.
—Eso no puede ser lo que te quite el sueño.
—Nada me quita el sueño.
— ¿Tengo que llamar a tu hermano?—su voz tenía un tono de amenaza.
Alessia se apresuró a negar con la cabeza. Si debía de contarle a alguien qué era lo que le pasaba prefería hacerlo a Daphne, no a Theo.
—Creo que podré manejarlo sin tener que recurrir a él—le indicó.
—Bien… entonces, ¿qué es?—insistió.
—Creo que me gusta Neville.
Odiaba dar cien vueltas al asunto y dudar en contárselo o admitirlo para sí misma; sólo era retrasar lo inevitable. Además, mientras más rápido admitiera cuál era el problema, más rápido podría encontrar una solución.
Su amiga se sorprendió por aquella confesión pero tuvo la inteligencia de no mostrarlo tan abiertamente ni hacer un escándalo al respecto.
— ¿Por qué piensas eso?
Aunque odiaba verse vulnerable y nerviosa, no pudo evitar ruborizarse.
—Anoche Sprout dijo que pensó que Neville y yo estábamos besándonos en el invernadero y que fue por eso que terminó envenenado…—Daphne asintió e hizo un gesto para que continuara hablando—y yo… puede que… que la idea de nosotros besándonos no me resultara tan desagradable.
—Bueno, eso tiene cierta lógica—indicó la chica y ante la mirada fija de Alessia se apresuró a aclarar—. Pasas mucho tiempo con él y es inevitable que comiences a buscar lo bueno que tiene. Además, es atractivo.
— ¿Qué?—estaba sorprendida por aquella declaración— ¿Piensas que es atractivo?
—No en el sentido convencional pero sí—confesó con un ligero rubor—. Tiene manos grandes y aunque no es precisamente atlético, ya no está tan gordito como antes y…—su rubor se acentuó aún más por lo que se silenció de inmediato.
— ¿Y qué?—la diversión se coló en el tono de voz de Alessia— ¿Qué más viste en mi prometido?
Daphne gimió a causa de la vergüenza que sentía.
—Sé que no te vas a enfadar porque creo que sabes demasiado bien que él no me gusta de esa manera. Yo sólo lo comencé a mirar cuando me enteré que estaba comprometido contigo pero por mera curiosidad y…
—Daphne, tranquila—rió suavemente—. No pienso que quieras quitármelo o algo así—aseguró—. Pero… ¿qué más viste?
—Estas cosas deberías de saberlas tú, eres la que tiene más que nadie permiso de mirar.
—Pues no lo hice—aseguró e insistió—, ahora dime…
Daphne rodó los ojos y tardó aun un poco más en comenzar a hablar.
— ¿No has notado que… cuando se inclina…?—hizo un gesto confuso con sus manos y nuevamente la vergüenza la invadió.
Alessia rió sin poder contenerse.
— ¿Le has estado mirando el trasero?—preguntó entre risas—. Pensé que eso sólo hacían los hombres.
—Nosotros tenemos tanta libertad de mirar como ellos, ¿no crees?
—Absolutamente—confirmó con una sonrisa.
—Entonces, creo que deberías ponerte a mirar más a tu prometido.
La diversión se borró en el rostro de Alessia.
—No creo que esa sea la mejor opción. Él ya me gusta y posiblemente me siento más atraída hacia él de lo que podría llegar a admitir… Eso no es bueno. Se supone que lo estoy utilizando. No voy a casarme realmente con él, no voy andar besuqueándolo en los invernaderos…
— ¿Por qué no?—la interrumpió Daphne.
—Porque… ¿qué sucederá si me gusta más? Ya siento culpa por lo que hago. ¿Cómo crees que me sentiré si además de engañarlo con falsas sonrisas uso mi cuerpo?
— ¿Y acaso no lo hiciste al darle tus bragas?—preguntó.
Alessia gimió ruidosamente.
—No debí de haberte contado eso.
—Pero lo hiciste porque quería ver qué ibas a regalarle y yo sugerí que le dieras la que más loco lo volviera—le recordó, como si ella pudiera olvidarse de aquella charla—. Aunque no te guste, ya has usado tu cuerpo. Seguramente te habrás dado cuenta de cómo te mira.
Claro que se había dado cuenta pero obviamente no había hecho nada al respecto porque desde el principio su plan había sido que todo quedara en lo platónico, de preferencia que entre ambos hubiera respeto pero no esta obvia atracción que cada vez se sentía más palpable. Él la miraba y a ella le gustaba que lo hiciera.
—Es mejor que se quede todo en lo platónico—insistió.
—Es obvio que temes enamorarte de él…pero—comenzó a decir pero rápidamente se silenció pero Alessia la miró con insistencia para que continuara hablando—…. ¿A caso sería tan malo? Quizás él sea tu modo de salir.
—No es así de sencillo—la contradijo—. Claro, si llego a confesarle la verdad y por alguna razón del destino no me acusa con el mismísimo Dumbledore, podría "salir" pero, ¿qué pasará con Theo? ¿Y contigo y tu hermana?
—Ya sabes que mis padres prefieren la neutralidad en todo este asunto. En estas circunstancias es la mejor herramienta el no inclinarse hacia ningún bando…y no importa lo que digan los demás…
— ¿De qué hablas?—intentó mostrarse confundida pero aquello pero su amiga rodó los ojos.
—Vamos, no tienes que disimular, sé perfectamente bien que la mayoría habla a nuestras espaldas, llamándonos cobardes o traidores por no aliarnos a quién tú sabes pero en realidad es muy inteligente. Hasta que no haya un ganador, la neutralidad nos mantiene seguros.
—Espero que tengas razón pero en algún momento tendrán que tomar una decisión…
Daphne bajó la mirada a sus manos unidas encima de su regazo.
—O huir—murmuró por lo bajo.
Los ojos de Alessia se abrieron enormemente al escuchar aquello.
— ¿Qué?
—Mi padre tiene todo preparado para realizar un viaje fuera del país en cuanto sea necesario—confesó la chica por lo bajo—. En nuestra casa tenemos los baúles listos y un traslador internacional que no fue precisamente aprobado por el Ministerio. Si esta guerra llega a complicarse aún más, nos iremos del país.
Ella no creía que la familia o su amiga misma fueran cobardes por elegir esa opción. Por el contrario, encontraba cierta inteligencia en el asunto y aunque lo intentó no pudo evitar sentir cierta envidia. Le hubiese gustado también poder tomar lo absolutamente necesario, lo cual incluía a sus seres queridos, y alejarse de los problemas.
—Sólo prométeme que si te marchas, encontrarás el modo de regresar cuando todo se calme o al menos me escribirás para hacerme saber que te encuentras bien—le rogó.
—Claro que sí—la joven tomó la mano de su amiga—. Ahora, lo que tienes que hacer es seguir actuando con normalidad durante el resto de tu compromiso y si es necesario, métete en los invernaderos a divertirte un rato con tu prometido…
—Ya te dije que eso no…
— ¿A caso no sería demasiado raro que no lo beses nunca? El no hacerlo al comienzo es algo entendible pero luego de cinco o seis meses sería raro...y ya estamos a punto de llegar a diciembre. Se supone que deben actuar como una pareja que debe casarse en el futuro…—Daphne comenzó a sonreírle y a mirarla significativamente— Además, debes marcar tu territorio.
— ¿Disculpa?
—Me has oído perfectamente bien. Todos deben saber que estás comprometida con él a estas alturas pero eso no implica que ciertas personas se queden atrás. Van a mirarlo como yo lo hice y descubrir que el chico no está tan mal… pero piénsalo, ¿cuántas van a quedarse de brazos cruzados?
—No creo que ninguna Slytherin lo haga—dijo aunque la duda se coló en su voz ya que en realidad no habían pensado en esa posibilidad.
—Quizás no, pero todos sabemos que hay ciertas chicas bastante avariciosas que no se encuentran en nuestra casa. Neville es de una buena familia, tiene dinero aunque no lo presume y se ha vuelto bastante atractivo este año. Es un buen candidato si se lo piensa… especialmente ahora que tú has comenzado a salir con él.
Alessia no dijo nada pero sabía que su amiga tenía razón. Sólo debía de pensar en qué debía de hacer al respecto si esa situación se presentaba. A ella no le molestaba realmente que alguien más lo miraran pero se volvería loca de rabia si alguna descarada se le insinuaba más allá de lo debido sabiendo que él era su prometido… ¿Y si él llegaba a corresponder esas insinuaciones? ¡Oh, ahí sí se volvería una sádica bruja y no dudaría realmente en sacar lo peor de ella! Pero por alguna extraña razón, confiaba en Neville y no creía que fuera capaz de engañarla incluso si no hubiera un contrato de por medio que podría acarrear algún tipo de maldición.
Poco después, todos sus demás compañeros comenzaron a bajar a la sala común y al rato estuvo encaminándose junto con su hermano al Gran Comedor para desayunar. No tuvo que avanzar demasiado en aquel salón para notar la mirada nerviosa que le lanzaba Neville desde su mesa. Al parecer había encontrado su obsequio. Tan sólo esperaba que no haber cometido un error.
Antes de que pudiera llegar a su propia mesa, lo vio ponerse de pie e ir directamente hacia donde se encontraba. Se detuvo para permitirle alcanzarla y cuando su hermano lo notó le pidió que se adelantara. Theo sólo le lanzó una mirada divertida, como si supiera algo.
—Ya le diste tu regalo, ¿no es cierto?
— ¡¿Cómo te enteraste de eso?!—preguntó escandalizada.
—Sólo lo asumí pero tu reacción me lo confirmó—rió suavemente—. No seas tan dura con él. Claramente el chico nunca antes tuvo alguna prenda como esa en sus manos.
Ella no alcanzó a reprenderlo porque él corrió lejos justo a tiempo ya que Neville apareció a su lado, viéndose bastante perturbado.
—No puedo aceptar lo que me diste—le dijo sin siquiera saludarla.
El sarcasmo no pudo quedar simplemente atascado en su boca.
—Buenos días también para ti, querido.
—Buenos días—su rostro estaba algo rojo aunque ella no pudo adivinar si fueron por sus palabras o por el obsequio que había recibido—… yo… no puedo aceptar lo que me diste.
Neville notó que el comedor estaba llenándose cada vez más y que cualquiera que se acercara lo suficiente podría oír su conversación. Así que tomó gentilmente su brazo y la llevó fuera de la sala.
—No puedo aceptarlo—repitió por tercera vez.
Alessia intentó actuar con aparente normalidad.
— ¿Por qué no?
—Porque… porque… ¡Porque no! No sabía lo que era y lo abrí delante de todos y…ellos…
— ¿Quiénes?
—Harry, Ron y Dean—gimió—. Lo siento, no quería que eso sucediera. Si hubiera sabido que…
—No me molesta—dijo pero al ver la cara de desconcierto que ponía Neville se apresuró a aclarar—. No me importa demasiado que ellos hayan visto mis…—se silenció de repente cuando notó que un par de alumnos de quinto año cruzaban corriendo junto a ellos para ingresar al comedor—Lo que quiero decir es que seguramente no son tan idiotas como para pensar que ese es el tipo de regalos que les doy a todo el mundo. Solo te lo di a ti porque eres mi prometido.
—Aún así no debiste hacerlo—insistió.
— ¿Por qué no?—preguntó con aparente inocencia, sabiendo muy bien que estaba jugando con fuego mientras se acercaba a él con lentitud— ¿No te gustó? ¿Hubieras preferido que fueran de otro color?
Los ojos de Neville se agrandaron graciosamente ante esa pregunta y su rostro, que poco a poco había vuelto a adquirir su tono normal, enrojeció otra vez de un golpe. Dentro de su pecho, su corazón se aceleró.
—No… claro que me gustó…mucho…—su voz tembló ligeramente y sus ojos no dejaron de observarla fijamente—Yo… sólo… no quiero que pienses que soy… un pervertido que…
—No pensé eso en ningún momento. Te lo di por propia voluntad, porque quería hacerlo, porque quería que tú lo tuvieras… y te dije que no era una promesa de nada, lo cual es absolutamente cierto—le recalcó a lo que el muchacho asintió con su cabeza repetidas veces—pero, en cuanto a la prenda en sí—se acercó un poquito más, pudiendo sentir el calor del cuerpo del chico—, te permito que uses tu imaginación como más se te antoje.
Neville bajó la vista hacia sus labios, siendo totalmente consciente de la proximidad entre ambos. Sabía perfectamente que podía terminar acortando la distancia si tan solo bajaba el rostro o si la rodeaba con sus brazos, podría besarla como su mente gritaba que lo hiciera pero eso no sería demasiado inteligente de su parte. Después de todo, acaba de decirle que el que le hubiese dado sus bragas no implicaba que estaba prometiendo acostarse con él o, en el menor de los casos, besarlo en medio del pasillo.
¿Qué podría decir al respecto? No estaba seguro de cómo debía de proceder ante todo ese coqueteo. Sabía que era una especie de juego, de provocar al otro con miradas o palabras, un juego en el que Alessia tenía una clara ventaja. Debía decir algo, cualquier cosa inteligente e interesante que pudiera afectarla del mismo modo en que él se encontraba afectado. Lo pensó unos segundos a toda velocidad, dándose cuenta que debía de hablar lo antes posible pero no logró hacerlo. Ella sólo le sonrió antes de encaminarse nuevamente hacia la sala para tomar su desayuno.
Neville miró el movimiento de sus caderas mientras andaba, mientras pensaba tristemente que era patético.
…
Faltaba sólo una noche para el partido. Una noche, unas cuantas horas nada más, y Harry ya no sabía qué hacer con su amigo. Sabía que era un jugador muy bueno y que de otro modo no lo había dejado entrar en el equipo por el simple hecho de ser su amigo como se rumoreaba. Sin embargo, los nervios siempre le jugaban en contra al pelirrojo y no había palabras que pudiera decirle que elevaran su ánimo y su confianza.
Lo peor de todo fue que sus intentos durante la cena de convencerlo de no renunciar al equipo después del partido del día siguiente no dieron más resultados que los anteriores por el simple hecho de que lanzaba miradas de odio hacia Hermione y que la chica, molesta por su actitud, se había dedicado llanamente a ignorarlo. No culpaba a su amiga, sino al mismo Ron por su actitud tan infantil y, pensando que enfadarse con él sería una mejor estrategia, se lo dijo, esperando que se defendiera, que reaccionara de algún modo, pero sólo consiguió que se mostrara más triste y abatido que antes.
Casi no quedaba nadie en el comedor cuando él también decidió ir hacia la habitación, pensando que iban a perder definitivamente el partido del día siguiente. Ron se había ido a dormir temprano y Hermione había salido corriendo hacia la biblioteca anunciando que debía de sacar un último libro antes de que ésta cerrara. En la mesa de Gryffindor quedaban uno grupito de séptimo que ya se preparaba para salir, Dean, Neville, Seamus, y él mismo. Pero en ese momento alguien más se levantó de la mesa de Slytherin y se encaminó hacia la de ellos.
Harry pensó que la chica Nott iría a donde se encontraba su amigo pero en vez de eso fue directamente a donde se encontraba él.
— ¿Estás bien, Harry?—le preguntó.
Su instinto le decía que le respondiera de mala manera o que la mandara de regreso a su propia mesa pero recordó demasiado bien que le había prometido a Neville ser amable con ella. Era difícil porque se trataba de la amiga de Draco Malfoy, de quien tenían tantas sospechas, pero intentó recordar que Alessia Nott nunca había sido intencionalmente mala con él o alguno de sus compañeros, aún menos desde que había comenzado a pasar mucho tiempo al lado de Neville.
—Eh… sí. Estoy bien.
Ella pareció no creerle pero él no quería contarle sobre el inconveniente con Ron, después de todo, el partido era contra Slytherin.
— ¿Se encuentra bien Ron?
— ¿Por qué preguntas por Ron?
—Hermione me dijo que estaba demasiado nervioso por el partido de mañana.
Se sintió traicionado por su amiga.
—Ella no tenía por qué decírtelo—gruñó.
—Hermione también es mi amiga—le dijo con seriedad—, y si me lo dijo es porque Ron estaba actuando como un idiota.
— ¡Ey! No te atrevas a….
—Por favor, Potter—lo interrumpió—, sé que es tu amigo y no es mi intención insultarlo pero seamos sinceros: su comportamiento hacia ella no es el mejor.
Harry no dijo absolutamente nada pero sabía que la chica tenía razón. Desde su posición, notó que Neville miraba el intercambio que se producía.
— ¿Y por qué te interesa tanto? El partido es contra Slytherin.
Alessia se encogió de hombros.
—El equipo de Slytherin es muy bueno y para probarlo debemos competir con alguien que esté a nuestra altura. Si ganamos porque Ron es incapaz de jugar decentemente…
—Él es más que capaz—aseguró Harry, siempre queriendo defender a su amigo—. Es sólo que… él…bueno, se pone nervioso fácilmente.
La chica lo miró significativamente.
—Quizás necesite algo de suerte—sugirió.
—Esto no es sólo cuestión de tener suerte—dijo Harry pero de repente notó que ella no dejaba de mirarlo con fijeza, como si esperase que finalmente se diese cuenta de algo… ¡Y lo hizo!— Oh… pero… pero eso sería hacer trampa.
Alessia rodó los ojos y como necesitaba hablar con él sin que nadie lo oyese, se inclinó ligeramente sobre la mesa, apoyando una de sus rodillas en el banco para no perder el equilibrio.
—A veces lo mejor no es tener suerte, sino creer que la tienes—le dijo en un susurro antes de ponerse derecha nuevamente y despedirse de él con un leve movimiento de su mano.
…
Alessia no se sentía disgustada por el alboroto que había esa mañana aunque no era precisamente de su preferencia. Como todas las mañanas de los días en los que había partidos de Quidditch, el ruido y las burlas no dejaban de cesar. Sin embargo, en aquel día en particular, sus compañeros de casa estaban más que ansiosos de burlarse de los Gryffindor, lo cual aumentaba el desespero de Ronald Weasley.
Al ingresar con su hermano al comedor, había lanzado una mirada en dirección a la mesa de los leones para ver a Potter intentando convencer a Ron de que tomara algo y, justo al cruzar cerca de ellos, oyó gritar a Hermione:
— ¡No lo bebas!
Harry alzó la vista justo en ese momento y sus ojos se toparon por unos segundos. Ella apenas hizo un gesto de reconocimiento con la cabeza antes de seguir adelante.
—Si llegamos a perder, te echaré toda la culpa—le gruñó Theo al oído.
—No será mi culpa—se defendió—. Yo sólo intenté que Potter confiara en mí…
—Ruega que nadie se entere de lo que has hecho porque sino estarás muerta—le advirtió.
Ella sabía que su hermano no diría nada y quería confiar en que Potter tampoco. Sin embargo, era consciente que posiblemente había ayudado a que Gryffindor se declarara ganador del partido y esa no era una buena sensación. Pero debió de hacerlo. Estaba desesperada. Snape le había escrito una simple nota que pedía que se reuniera con él para darle la información necesaria pero había tenido que decirle con vergüenza que no tenía nada. Claro, sabía que Potter se reunía con Dumbledore ciertas noches y, por lo que había oído en la clase de Herbología, observaban… ¿Recuerdos de Voldemort siendo joven? Ni siquiera estaba segura de si esa conjetura era cierta o había malinterpretado todo así que no podía simplemente ir y decirle aquello. ¿Y si resultaba ser falso? ¿Y si Voldemort deseaba castigarla por ello? ¿Y si dicho castigo involucraba a Theo? No, no podía permitir que eso sucediera.
—No te dije eso para que estés con esa cara—dijo su hermano, sacándola de sus pensamientos—, especialmente hoy.
— ¿Que sea mi cumpleaños me prohíbe preocuparme?—preguntó con cierta diversión.
—Exactamente—Theo asintió, sonriendo—. Además, sin importar el resultado, después del partido tendremos una pequeña fiesta, no lo olvides.
Alessia rió ante el entusiasmo de su hermano.
— ¿Cómo podría?—le preguntó—Me lo recuerdas desde hace semanas…
El partido de ese día fue entretenido pero, como había esperado, Gryffindor ganó. Se sintió un poco mal por sus compañeros pero, más allá de la pequeña idea que le había dado a Potter, no podía decirse que había sido su culpa dado que Draco enfermó misteriosamente ese día y no jugó, y Vaisey, en la práctica del día anterior, había sido herido, quedando incapacitado para participar del partido. Con los dos mejores jugadores fuera, no habrían tenido demasiadas oportunidades.
Alessia había estado sentada en las tribunas durante el partido al lado de Astoria, Daphne, su hermano y Blaise pero en cuanto todo terminó, buscó a Theo pero no lo encontró en ningún lado. No lo había visto marcharse en ningún momento.
— ¿Dónde está Theo?—le preguntó a Blaise.
—No lo sé—el muchacho se encogió de hombros antes de tomarla por un brazo y obligarla a caminar hacia el castillo—. Vamos, necesito empezar a beber ya para olvidar lo desastroso de este juego.
—Es mi cumpleaños, se supone que sea yo la que tiene prioridad, no un estúpido partido—se quejó.
—Y lo eres—le aseguró—. Ahora camina más rápido antes de que Goyle se acabe todo el Whisky de fuego.
A ella le encantaba celebrar su cumpleaños con sus amigos pero dado que en esa ocasión Draco no se había dignado ni a saludarla, no estaba demasiado animada ante la idea de hacer una de las fiestas que organizaba su hermano todos los años. Pero aunque le dijo que no quería, Theo hizo oídos sordos e insistió que era sumamente importante porque ese año ella cumplía la mayoría de edad, lo que le permitiría no sólo ir al Caldero Chorreante y pedir cualquier tipo de bebidas sino también—lo que era aún más importante—podría hacer magia sin que el Ministerio se inmiscuyese. Y según él, ¡Eso había que celebrarlo!
Cuando llegó a la sala común se sorprendió al ver la gran cantidad de gente que le gritó "Feliz cumpleaños" al verla llegar. La mayoría de ellos eran sólo sus compañeros y no sus amigos pero estaban más que dispuestos a disfrutar del momento y olvidarse completamente del fiasco que había sido el partido de Quidditch. Habían robado comida de la cocina e incluso algunos se habían atrevido a llevar a escondidas cerveza de mantequilla y whisky de fuego aunque ella no entendía cómo era posible si se hacían tantos controles. Blaise la tomó del brazo y la acompañó hacia donde se encontraban las bebidas, ofreciéndole una cerveza que Alessia aceptó.
— ¡Te encantará el pastel!—exclamó Astoria apareciendo a su lado.
— ¿De dónde sacaron un pastel?
—La señora Malfoy. Se lo mandó directamente a Snape para que no tuviera que pasar por los controles—le explicó.
Hizo una nota mental para recordar darle las gracias a la mujer. Aunque ella y Draco no tuvieran una buena relación en la actualidad no quería decir que debía de ser desconsiderada o malagradecida después de todo lo que hacía por ella.
— ¿Has visto a Draco?
La chica negó con la cabeza y muy pronto Blaise la imitó. Comenzó a buscarlo con la mirada en la abarrotada sala pero un grupo de quinto se acercó a felicitarla y se distrajo momentáneamente. Luego, cuando pudo salir de la conversación, se disculpó con sus amigos y comenzó a caminar alrededor en busca de su hermano pero él tampoco aparecía por ningún lado. ¿En dónde podría estar? No lo creía capaz de no asistir a la fiesta que él mismo había organizado. Justo cuando estaba por subir a los cuartos de los chicos para ver si estaba allí, vio que la puerta se abría e ingresaba Theo, trayendo consigo a alguien que jamás hubiera esperado ver en aquel sitio y que contemplaba a su alrededor con curiosidad y miedo.
Casi corrió para encontrárselos.
— ¿Neville? ¿Qué haces aquí?
El muchacho se quedó de piedra al oírla y su piel perdió unos tonos de color. No había querido sonar tan dura y fría pero su voz dejó traslucir la molestia que sentía.
—Tranquila, Lessi—Theo sonrió, como si no fuera consciente de lo que había hecho—. Yo lo invité.
Para empeorar la situación, ella no fue la única que se dio cuenta de su presencia.
— ¡¿Qué demonios hace él aquí?!—preguntó Pansy, casi a gritos.
La sala se fue sumergiendo en un profundo silencio y todos contemplaron al recién llegado con expresiones poco amables que, sin lugar a dudas, no ayudaron en el nerviosismo de Neville.
—Yo lo invité—repitió Theo—. Es una fiesta en honor al cumpleaños de mi hermana y ella está comprometida con Longbottom. Tiene incluso más derecho de estar aquí que muchos de ustedes.
Esa respuesta no fue precisamente la mejor que dar un día en el que los ánimos se encontraban rabiosos por la pérdida de un partido de Quidditch. Muchos gruñeron maldiciones entre dientes y ahora las miradas furiosas también fueron a parar en Theo.
— ¡Pero esta es la sala común de Slytherin!—explotó una de las niñas con las que se encontraba Pansy—. No puedes traerlo aquí…
—Tengo la autorización de Snape—replicó Theo—. Aquel que tenga problemas con la presencia de Longbottom aquí, que vaya a hablar con él.
Como era de esperar, nadie se movió porque aunque Snape fuera el favorito de muchos y ellos fueran sus favoritos, nadie era lo suficientemente estúpido como para hacer una cosa así.
—Se supone que esto es una fiesta, ¿no?—preguntó Blaise con voz potente—. Uno más no hará demasiada diferencia así que cada uno siga en lo suyo.
Poco a poco todos continuaron comiendo y bebiendo, hablando en pequeños grupos como lo hicieron momentos atrás. Sólo Pansy y su grupito de cotorras fueron las menos disimuladas que no se molestaron en bajar el volumen de su tono y anunciar a todos los disgustadas que estaban al tener a un traidor en la sala común de la ancestral casa de Salazar Slytherin.
—Me debes una—Blaise le dijo a Alessia antes de tomar otra botella de cereza de mantequilla y pasársela a Neville, quien, aún aturdido y temeroso, la tomó—y tú también, Longottom. Si no fuera por mí seguramente hubieses terminado en la enfermería…—se volteó hacia Theo— ¿Cómo demonios se te ocurre traerlo aquí?
—Ya lo dije, es el cumpleaños de Alessia, se supone que él debe de estar aquí…
— ¿Al menos realmente tienes autorización de Snape?
—Puede que haya dicho una mentira piadosa—confesó Theo sin un poco de vergüenza.
Neville jadeó.
— ¡Me dijiste que él sabía!—lo acusó—Si me llega a ver aquí y…
—Ven—Alessia lo tomó de la mano antes de que el pobre chico empezara a hiperventilar y se desmayara.
Lo llevó a un rincón de la sala, sintiendo que los ojos de muchos se posaban en ellos. Hubiera preferido ir a un sitio menos ruidoso pero subir hacia las habitaciones o salir de la sala acompañada de Neville sólo aumentaría los rumores maliciosos de todos.
—Me iré—dijo Neville.
—No seas tonto, ya estás aquí.
—Pero no quieres que esté aquí—replicó él—. Tu hermano me dijo que me habías pedido que viniera y que Snape lo había autorizado.
—Sí, la gente suele mentir y mi hermano es muy bueno haciéndolo—le aseguró—, pero irte es mala idea, mucho más mala que el haber venido aquí. Si te vas todos en esta sala se darán cuenta de que tienes miedo y se regodearán de ello, sabiendo que son ellos los responsables de asustarte.
Neville lo pensó durante unos instantes y aunque quizás la idea no tenía demasiado sentido, terminó asintiendo con la cabeza.
—Lo siento, no fue mi intención molestarte—se disculpó.
—No me molestas, Nev.
—No quieres que esté aquí.
—Claro que no—confesó pero al ver la expresión de abatimiento de su prometido se apresuró a aclarar—. No quiero que estés aquí pero no por lo que estás pensando, sino porque hay muchas personas que no son mis amigos y no dudarían dos veces en lanzarte alguna maldición. Especialmente hoy que Gryffindor acaba de ganarle Slytherin.
—Te preocupas por mí.
Neville la miraba con cierta sorpresa, como si esa nueva revelación fuera magnánima. Y quizás lo era, incluso para ella que ya lo sabía.
—Claro que sí—murmuró, apartando la vista del chico.
Durante unos instantes ninguno dijo nada más. Alessia seguía siendo incapaz de mirarlo a los ojos mientras que él, por su parte, no podía apartar los suyos de ella.
—No sabía que era tu cumpleaños—dijo Neville finalmente.
—No creo que alguien más allá de mis amigos de siempre lo supieran—se había animado nuevamente a observarlo, agradecida por el cambio de tema.
— ¿Por qué no me lo dijiste?
—No es realmente gran cosa—dijo con un leve encogimiento de hombros.
—No te traje ningún obsequio. Si lo hubiera sabido antes, hubiera tenido tiempo de…
— ¡No es necesario! Me has regalado demasiadas cosas ya—lo interrumpió—. No quiero nada.
— ¿En serio?—la miraba con duda, como si creyera que ella intentaba engañarlo de algún modo.
—En serio.
Él no parecía demasiado convencido pero de todos modos asintió con un movimiento de su cabeza.
—Así que…—él intentó no mostrarse tan nervioso como realmente se sentía— ¿Ahora estoy saliendo con una mujer mayor?
Alessia se lo quedó viendo fijamente por unos segundos hasta que finalmente rió divertida.
— ¿Estás intentando coquetear conmigo?—le preguntó con divertida incredulidad.
—Estoy practicando—confesó, sonriendo levemente.
Ella puso los ojos, aun sonriendo. No le importaba demasiado que coqueteara porque aunque fuera de esa manera torpe, algo dentro de su estómago bullía de emoción cuando él la miraba de esa forma.
—Insinuar que estoy vieja no es precisamente la mejor manera—le dijo con una sonrisa para dejarle claro que no estaba molesta.
—No dije que estuvieras vieja—replicó el chico y armándose de valor, añadió—. Te ves realmente hermosa.
Alessia no dejó de mirarlo y él sostuvo su mirada a pesar de que se encontraba increíblemente nervioso.
—Gracias.
No quería que fuera así, pero su cuerpo parecía tirar de ella para que diera un paso hacia él, como si alguna especie de magnetismo hubiera entre ellos. Le gustaba que la mirase, que le dijese que la encontraba hermosa, que bromeara y dejara de mostrarse tan asustado a su alrededor. Era un buen cambio. Obviamente aún estaba nervioso pero eso, extrañamente, le parecía adorable.
Una mano apoyada en su hombro la sobresaltó, sacándola de su momentáneo estupor y le permitió darse cuenta que se encontraba demasiado cerca de él, que ese magnetismo había hecho acto de presencia y la había empujado inconscientemente hacia su lado. Miró hacia atrás y se encontró con Daphne, quien le lanzó una mirada divertida antes de arrastrarla inmediatamente hacia el pastel que habían traído y que tenía forma de un gran libro de Historia de la Magia con diecisiete velitas encendidas. Cuando todos comenzaron a entonar la canción de "Feliz cumpleaños", Neville se perdió de su vista. Cortó el pastel, lo ayudó a repartir entre todos los presentes, abrió algunos regalos y finalmente se puso a buscarlo.
— ¿Has visto a Neville?—le preguntó a Daphne.
—Está allí—señaló una esquina donde se encontraban unos sillones.
Alessia miró en esa dirección y se encontró con una escena que nunca había esperado: Neville y su hermano se reían con fuerza mientras que Blaise, más recatado, esbozaba una pequeña sonrisita. Los tres tenían bebidas alcohólicas en sus manos y debía de ser precisamente ese el motivo por el cual actuaban como si fueran compañeros de toda la vida, olvidando momentáneamente sus diferencias. Le gustó mucho esa escena e imaginó que sería ciertamente significativa si ella realmente estuviera comprometida con Neville porque demostraría que su hermano podía ser capaz de comportarse decentemente e incluso tener una buena relación con su futuro cuñado.
Pero claro, ese no era nada más que un absurdo pensamiento que no tenía lugar en aquella situación.
Cuando estaba a punto de ir hacia ellos notó que la puerta de la entrada a la sala común se volvía a abrir y que esta vez el que entraba era Draco Malfoy. Sus ojos grises recorrieron toda la sala y se detuvieron unos simples instantes en Neville. Por fortuna no dijo absolutamente nada y siguió caminando en dirección hacia las habitaciones de los chicos de sexto año.
Alessia sintió un nudo en el estómago al verlo cruzar a su lado sin siquiera dirigirle una segunda mirada. Quiso decirle tantas cosas pero no salió absolutamente nada de su boca. Aún dolía demasiado saber que ya no eran amigos y que posiblemente él se estaba metiendo en cosas que sería incapaz de controlar.
—Creo que será mejor que vayas a devolver a tu novio a donde pertenece—le dijo Blaise, quien al verla se había acercado.
—Él no es mi novio. Estamos prometidos.
—Mismo perro, diferente nombre—dijo rápidamente, haciendo un gesto con la mano para restarle importancia—. Será mejor que lo lleves porque creo que ya no coordina muy bien y si no tiene cuidado terminará durmiendo con la señora Noris.
Alessia miró a Neville dándose cuenta que su amigo estaba en lo cierto. Tenía la cara muy roja y sus ojos estaban demasiado brillantes. Además, sonreía con demasiado énfasis teniendo en cuenta que donde se encontraba. Quizás no estuviera completamente borracho pero definitivamente se lo venía un poco más "feliz" de lo normal.
— ¿Cuánto tomó?—preguntó sin poder creer que el alcohol hubiera hecho efecto tan rápidamente—A penas lo perdí de vista por una hora.
—Sólo medio vaso de Whisky.
— ¿Sólo medio vaso?—cuestionó con dudas— ¿No le habrán agregado algo?
—No seas absurda. Tu hermano es como su perro guardián. Quiere que todo funcione y no va a dejar que tu novio salga herido y todo fracase.
— ¡Ya te dije que no es mi novio!
—Y yo ya te dije que el nombre es lo de menos. Están juntos, ¿no?
Alessia rodó los ojos y se encaminó hacia donde se encontraba Neville.
—Bueno—lo miró fijamente—, creo que será mejor que regreses, ¿no? No querrás que Filch te encuentre después del toque de queda.
—No, no, claro que no.
Se levantó algo tambaleante y Theo estiró los brazos para ayudarlo a ponerse de pie como si se tratara de un niño que aprendía a caminar. Sin embargo, Neville lo rechazó con un gesto y por su propia cuenta cruzó delante de ellos, encaminándose hacia la salida.
— ¿Quieres que lo acompañe yo?—preguntó su hermano.
—No, yo iré con él.
Ambos salieron hacia el exterior de la sala común y una vez que la puerta se cerró tras ellos todo el ruido del interior se silenció repentinamente, permitiéndoles darse cuenta lo aturdidos que habían estado momentos atrás.
— No tienes que acompañarme. No estoy borracho—dijo Neville de repente mientras comenzaba a andar por el pasillo al lado de ella.
—No—Alessia sonrió al verlo caminar casi de forma recta. Casi—, pero no te falta mucho.
El muchacho se encogió de hombros como si no le importara demasiado que ella dijera eso.
—Nunca pude soportar demasiado bien las bebidas alcohólicas—confesó—. Mi tío abuelo me dio el año pasado a probar un poco de Vodka y terminé cantando en el jardín, a media noche "Un caldero lleno de amor."
Esta vez no pudo contener la risa que salió de improvisto de su boca al imaginar al chico cantando a todo pulmón: "Acércate a mi caldero lleno de amor caliente e intenso; remuévelo con derroche ¡y no pasarás frío esta noche!"
— ¿Oyes con frecuencia a Celestina Warbeck?—preguntó con burla.
—A mi abuela le encanta—confesó—y a mí también. Me sé todas sus canciones…
¡Oh! Definitivamente estaba afectado por el alcohol de otro modo no hubiera hecho una confesión como aquella tan abiertamente.
— ¿Cantarías algo ahora?—se atrevió a preguntarle, no queriendo desaprovechar aquella oportunidad única e invaluable.
Neville no respondió y Lessi pensó que quizás no estaba tan ebrio después de todo pero muy pronto comenzó a oír un débil tarareo que se fue intensificando a medida de que su prometido cobraba confianza.
—"Si tuviera que vivir hechizada por ti, dejaría que así fuera porque mi amor trasciende las fronteras que la magia creó…"
Lessi se quedó asombrada. No tenía la mejor voz, especialmente porque esa canción fue escrita y cantada para los tonos de una mujer, pero tampoco era tan malo y no desafinaba, lo que hacía que fuera casi disfrutable el oírlo cantar.
—Me gusta esa canción—confesó ella y dando que estaba segura que él no recordaría demasiado de aquella situación, cantó un fragmento —"…y yo, que sola vine al mundo, encontré mi rumbo, hallándote a ti…"
Neville rió suavemente.
—No cantas nada bien—dijo aun entre risas.
— ¡Muchas gracias!—su voz estaba llena de un sarcasmo divertido. Alessia quiso sentirse insultada pero sabía que era verdad lo que el chico decía—. Te reto a que me digas esto mismo mañana, cuando estés completamente sobrio.
—No estoy borracho—volvió a asegurar.
Lessi estuvo a punto de retarlo a volver a decirle aquellas palabras a la mañana siguiente, cuando ya no tuviera ninguna gota de alcohol en su sistema pero como notó que ya estaban aproximándose a la entrada de la sala común de los leones, dejó caer el comentario.
— ¿Recuerdas la contraseña?—le preguntó a su prometido.
Neville asintió varias veces con la cabeza.
—Desde mi tercer año, me obligo a aprenderme siempre las contraseñas y me las repito una y otra vez.
— ¿Desde tu tercer año?—preguntó con curiosidad mientras se detenían frente al retrato de la Dama Gorda que dormitaba.
— Fue ese año que Sirius Black escapó de Azkaban ¿Recuerdas que fue atacada por Black?—preguntó, señalando el cuadro.
—Sí.
—Lo cambiaron por otro, un caballero loco que cambiaba las contraseñas todos los días de la semana. No lograba recordarlas y las anoté todas en un trozo de pergamino que terminé perdiendo—dijo, muy hablador a causa de la bebida que había tomado—. Black entró a la torre y cuando Ron lo vio, gritó y nos despertó…
—Sí, recuerdo eso. Todo el castillo fue revisado. Snape incluso buscó tres veces en las mazmorras.
—Él entró gracias a mí. Encontró las contraseñas y pudo entrar sin problema. McGonagall me castigó sin poder salir a Hogmeade por lo que quedaba del año y prohibió que me dieran las contraseñas así que tenía que esperar fuera hasta que alguien más llegaba y quisiera entrar.
— ¡Oh, por Merlín, eso es horrible!
El chico se encogió de hombros levemente, restándole importancia al asunto.
—Siempre intentaba regresar cuando sabía que la mayoría lo hacía. Fueron pocas las veces que me quedé fuera.
—Aún así ese fue un castigo muy cruel para un niño de trece años—insistió—. Siempre escuché que McGonagall era severa con los castigo pero jamás pensé que fuera tan dura con los de su propia casa…
Un leve carraspeo exasperado se oyó a su lado. Ambos giraron la cabeza y vieron a la Dama Gorda mirarlos con molestia.
— ¿Piensan seguir charlando hasta el amanecer o ya van a despedirse?—les preguntó—. Porque con ustedes dos parloteando no puedo dormir.
—Lo siento—se disculpó Alessia—. Ya me iba—se volteó hacia Neville—. Entra, ya es tarde y yo debo regresar antes del toque de queda.
El chico asintió formalmente y luego, para sorpresa de ella, hizo algo que la dejó completamente estática: se acercó mucho, colocó sus manos alrededor de su estrecha cintura y, al mismo tiempo que la atrajo hacia él, se inclinó y dejó un inocente beso en su mejilla como si fuera la cosa más normal del mundo. Pero fue un beso lento, cálido, que hizo que el cuerpo de Lessi se estremeciera de placer. Luego, giró, dijo la contraseña y entró sin mirar atrás ni darse cuenta que había dejado a su prometida petrificada.
Gracias a todos los que están leyendo esta histora y a los que dejan esos interesantes y hermosos comentarios. He tenido muy poco tiempo para sentarme a escribir últimamente pero he decidido seguir subiendo estos capítulos que ya tenía avanzados desde hace tiempo.
A los que me preguntan, les aviso que la relación de Theo y Hermione será algo que se irá consolidando muy lentamente pero que sucederá de algún modo u otro. Simplemente no quiero apresurar los eventos.
Besos y abrazos...
¡Y feliz año nuevo!
