Ninguno de los personajes pertenecientes a las novelas de Harry Potter me pertenece.
Muchas gracias a todos por sus hermosos comentarios. Me encanta leerlos, aunque no suelo tener tiempo para responderlos a todos.
FLORES DEL MAL
CAPÍTULO DOCE
LA FIESTA DE NAVIDAD
El clima de aquella noche de fiesta cambió al día siguiente. Neville se mostró increíblemente avergonzado por su comportamiento y no dejó de disculparse una y otra vez.
—Juro que si te escucho decir "lo siento" una vez más, huiré de este compromiso sea como fuere y dejaré que cualquier tipo de maldición caiga sobre mí—había amenazado Lessi con exasperación—. No me importará, si con eso consigo dejar de escucharte.
Neville se había mostrado profundamente conmocionado por sus palabras.
—Pero sé que actué mal—había insistido—y dije cosas que no debía.
—Escucha—ella se había parado en medio del pasillo por el que habían estado caminado, obligándolo a detenerse también—, te diré una única vez esto y no pienso repetirlo: nada de lo que hiciste o dijiste esa noche me molestó. Créeme, si hubiera sido así, te habrías dado cuenta de inmediato.
— ¿No estás molesta porque me emborraché?
—Tú mismo dijiste que no estaba borracho—le había recordado.
—Hablé demasiado…
Alessia había sonreído.
—Me encantaría volver a escuchar historias sobre como cantaste ebrio a mitad de la noche.
Las mejillas de Neville se volvieron rojas.
—Y te besé.
En esa ocasión, Lessi también se puso ligeramente roja.
—Lo sé.
— ¿No estás molesta?
—Cuando algo me moleste, te darás cuenta—había vuelto a decir—, y sólo fue un beso en la mejilla. Realmente, Neville, ¿no podemos dejar el tema de una vez? No quiero volver a escuchar que te disculpas, me exasperas.
El chico había asentido.
—Ahí me di cuenta que estabas molestándote—había intentado bromear.
En contra de sus mejores deseos, Alessia había sonreído.
Sin embargo, más allá de esta situación, el gran cambio que se produjo fue el corte en la amistad de Hermione con Ron. Lessi no estaba ni un poco sorprendida, menos aún al enterarse que el pelirrojo estaba en una especie de relación con Lavender Brown. Ella no conocía muy bien a la chica pero entendía perfectamente la molestia de Hermione, molestia que no hacía más que aumentar cada vez que tenía que soportar estar en la misma habitación que esos dos quienes no dejaban de besarse como unos desesperados.
—Creo que la próxima vez que veamos a Ron, no tendrá labios—comentó una mañana a Hermione mientras salían juntas de la sala común luego de tomar el desayuno.
Habían pasado ya varias semanas desde que ese par eran la nueva pareja del colegio y no había casi nadie que no los hubiese encontrado enfrascado en un apasionado y busco abrazo ya fuera dentro de la sala común tanto como en los pasillos o aulas desiertas o armarios... Parecía que la baja temperatura era una excusa suficiente para que la chica se lanzase en brazos del pelirrojo en busca de calor.
—Realmente me importa poco—le respondió Hermione, mirando siempre al frente.
Lessi giró el rostro hacia ella y notó que estaba apretando firmemente los labios.
—Lo siento, Hermione.
La aparente frialdad del rostro de la chica fue se descongelando poco a poco hasta mostrar verdaderamente su expresión angustiada y abatida.
—No es tu culpa.
—Quizás sí lo es. Te podría haber golpeado en la cabeza con uno de esos libros gruesos que tanto lees y quizás te hubieses dado cuenta de que Ron no es el indicado—comentó con cierta diversión, intentando sacar una sonrisa en su amiga pero ésta permaneció triste.
Estaban cruzando frente a la baño de niñas cuando oyeron una voz que ambas reconocieron rápidamente.
—El muy tonto no se dio cuenta que realmente no era sólo chocolate—decía Romilda Vane a su grupo de amigas mientras entraban al interior del baño—y estoy segura que cuando se lo dé a Harry tampoco se enterará de nada.
Hermione y Lessi intercambiaron una mirada antes de ir hacia la puerta del baño que había quedado ligeramente entreabierta. Desde allí, a pesar de no ver nada más que los cubículos cerrados, podían oír la conversación.
— ¿Y cómo piensas dárselo?—preguntó una chica con curiosidad.
— ¿Por qué?—preguntó Romilda— ¿Piensas copiarme?
— ¡Claro que no! No necesito copiarte. Yo puedo darle a Harry Potter mi propia poción de amor sin necesidad de robar tus ideas.
—Eso lo veremos—dijo Romilda.
Hermione frunció el ceño y antes de que Lessi pudiera impedir que lo hiciera, ingresó al baño, sorprendiendo a las muchachas. Maldiciendo entre dientes, la siguió. Los ojos de Romilda se estrecharon peligrosamente cuando la vio.
—Denme las pociones—les ordenó Hermione con firmeza.
— ¿Qué pociones?—preguntó otra chica aparentando desconcierto.
—No me crean tonta. Las hemos oído.
— ¿Y qué, se supone, has oído?—preguntó Romilda.
Hermione la miró desafiante.
—Que intentarán dar una poción de amor a Harry. No funcionará.
Romilda rió tontamente.
—Oh, pero no hablábamos en serio, Hermione—aseguró—. Sólo era una broma. ¡Merlín sabe que Harry se ha vuelto más sexy este año! Pero nunca nos atreveríamos a hacer una cosa así, ¿verdad, chicas?—preguntó y las demás estuvieron de acuerdo con ella a coro—. No deberías desconfiar de nosotras, Hermione…—le lanzó una mirada significativa a Lessi—Es de otras de quién debes sospechar.
— ¿De mí?—preguntó Alessia rápidamente—Creo que eres la menos indicada para decir una cosa así cuando el año anterior tuve que impedir que Draco bebiera aquel jugo de calabaza infectado por aquella burda pócima que tú misma intentaste preparar. Lo peor de todo es que ni siquiera hubieras conseguido que se enamore de ti, lo habrías matado por envenenamiento. Espero que esta vez al menos te hayas dignado a comprar la poción.
Romilda enrojeció de rabia y, con un gruñido furioso, salió seguida por su grupo de amigas.
Lessi miró a Hermione con seriedad.
—Adviértele a Harry por las dudas.
La chica asintió de inmediato.
— ¿Realmente intentó dar una pócima de amor a Malfoy?—le preguntó y Lessi asintió— ¿Y no la acusaste con los profesores?
— ¿Para qué?
—La habrían castigado—dijo Hermione como si fuera obvio.
—Seguramente pasaría unas semanas limpiando algún aula o ayudando a alguno de ellos. Ese no es suficiente castigo…—una sonrisa se instaló en los labios de la Slytherin.
— ¿Qué le hiciste?—Hermione preguntó de inmediato, leyendo su expresión.
— ¿Realmente quieres saber?
La chica asintió pero tras un segundo de duda negó con la cabeza.
—Mejor no. Seguramente tendría que acusarte con la profesora McGonagall y no quiero hacerlo.
Lessi sonrió. Cada día le agradaba más Hermione.
…
Una semana después de esto, la situación entre Hermione y el pelirrojo no hizo más que empeorar. Durante la clase de Trasformaciones, Lessi tuvo que ser testigo del desastroso comportamiento de Ronald Weasley al burlarse de su amiga, imitándola en su afán de dar respuesta a cada pregunta que hacía la profesora. Burla que no hizo más que aumentar cuando Lavender y Parvati estallaron en carcajadas. ¿Por qué—se preguntó Lessi— tenía que compartir clase con ese tipo de personas? Antes no había sido una persona muy aficionada al pelirrojo pero a medida que pasaba el tiempo lo encontraba más y más desagradable.
Cuando terminó la clase, Hermione salió corriendo, intentando ocultar su llanto. Ella juntó las cosas que la otra chica había dejado y salió tras ella, olvidándose de despedirse de su hermano, para ser seguido muy de cerca por Harry. Ambos la encontraron en el piso de abajo, en el baño de niñas, con Luna Lovegood intentando consolarla.
—Te has olvidado tus cosas—le dijo Harry.
Hermione las tomó, siempre con la cabeza inclinada para que el chico no viera sus lágrimas.
—Ah, sí… gracias. Lo siento, me tengo que ir.
—Hermione, espera…
Lessi intentó llamarla pero la chica salió corriendo rápidamente de allí sin hacerle caso. Fue detrás de ella, dejando a Potter y a Luna en el baño, y aunque no la encontró inmediatamente, finalmente dio con ella en un aula vacía en el primer piso. Su hermano, para su sorpresa, estaba sentado junto a la chica intentando animarla. Cuando la oyeron entrar, ambos alzaron la cabeza y la miraron fijamente. Theo se sonrojó ligeramente pero lo disimuló bien.
—Le estaba diciendo a Hermione que Ronald Weasley es incapaz de ser malo verdaderamente. No tiene estilo—dijo el muchacho.
— ¿Y se supone que eso debía de consolarla?—quiso saber Lessi.
—No, pero debe darse cuenta que debe sentir lástima por él. El chico es infantil y tiene verdadera intención de lastimarla, pero es tan trivial su comportamiento—Theo rodó los ojos—. Claramente está herido por algo y quiere fregarte en la cara que ahora él tiene novia, como si eso lo hiciera importante…
—Quizás sea hora que se lo devuelvas con la misma moneda—comentó Lessi a Hermione.
—Estoy de acuerdo—asintió Theo.
Hermione miró entre los dos hermanos sin entender muy bien a qué se referían.
— ¿Qué sugieren que haga? ¿Qué me burle de él porque es incapaz de responder una pregunta básica que sabría decir un alumno de segundo año?—preguntó con cierta maldad.
—Claro que no—dijo Theo.
—Lo que debes hacer es encontrar una cita para la fiesta de Navidad de Slughorn. Una cita que sea lo suficientemente impactante como para hacerlo rabiar.
Hermione parpadeó sorprendida.
— ¿Una cita?—preguntó—No pudo encontrar una cita de inmediato ¡La fiesta es mañana a la noche! Yo pensaba ir sola y…
— ¡Oh, no, nada de eso!—la interrumpió Lessi—. Casi nadie te diría absolutamente nada si fueras sola, pero dadas las circunstancias tienes que ir con alguien.
— ¿Con quién? No elegiré ir con alguien como Cormac sólo porque sé que Ron echará espuma por la boca. Eso sería un doble castigo.
—No pensaba dejar que vayas con tal inepto—le aseguró Alessia con rotundidad—. Por el contrario, pensaba que quizás podrías ir con Theo.
Hermione miró aún más sorprendida al chico que estaba allí. Éste tenía los ojos inmensamente abiertos y parecía profundamente conmocionado por aquella sugerencia.
—No, yo no podría pedirle que…—comenzó a decir Hermione.
— ¡Lo haré!—la interrumpió el muchacho con quizás demasiado entusiasmo. Rápidamente se obligó a tranquilizarse—. Quiero decir, no me importa ir. Weasley no me agrada y será divertido molestarlo.
— ¿Seguro?—preguntó Hermione con duda.
—Sí…—se apartó de ambas chicas—. Nos veremos mañana a las ocho en el vestíbulo, ¿te parece?—Hermione asintió, aún sorprendida por haber encontrado pareja tan pronto—. Nos vemos después, entonces.
Theo salió con rapidez, dejándolas a solas. Hermione lanzó una mirada hacia Lessi aunque ésta no fue capaz de interpretar su significado.
— ¿Qué?
—No creo que esto sea una buena idea.
— ¿Te avergüenzas de ir con mi hermano?
—No, claro que no…
—Entonces, no es una mala idea. La gente va a hablar, de eso no tengas dudas, pero sólo será una noche, una velada—Hermione parecía aún poco convencida—. Escucha, cuando llegues a la sala común intenta no huir si ves que Ron está, aún menos si está con Lavender. Intenta sacar el tema de la fiesta con cualquier persona y di, lo suficientemente alto como para que él escuche, que irás con Theo… y si te preguntan si estás saliendo con él… ¡Di que sí!
—No creo que…—volvió a intentar decir Hermione pero la mirada firme de Lessi la silenció.
— ¿A caso no quieres vengarte de lo que te hizo Ron?—le preguntó—Su comportamiento ha sido muy malo desde hace tiempo. Te ha tratado mal injustamente.
La expresión de Hermione se endureció mientras recordaba el modo en que Ron la había tratado.
—Tienes razón—asintió con determinación.
…
Neville leyó por tercera vez la carta que tenía en sus manos.
Cuando vio que la lechuza de su abuela llegaba trayendo una carta no se había sorprendido dado que ella siempre le escribía al menos dos veces por semana, pero cuando la abrió y comenzó a leerla, no pudo más que pensar en que aquello era una completa locura.
— ¡Ey, Neville!—Miró hacia un lado, aún desconcertado, para encontrarse con la expresión confusa de Ginny— ¿Estás bien?
—S…sí—tartamudeó.
Guardó la carta rápidamente, maldiciendo su suerte. Ese día ya estaba nervioso por la fiesta de Navidad a la que asistiría con Lessi… y ahora recibía aquello. ¿A caso su abuela, que había estado muy consciente de lo importante que era esa noche para él, no se daba cuenta que aquel pedido lo alteraba más? Se suponía que durante la fiesta tendría que sacar a relucir todos sus conocimientos sobre el correcto comportamiento de un joven sangre pura en una celebración de esa categoría ¡Tenía que demostrarle a Lessi que no había motivo para avergonzarse de él! Pero, ¿cómo iba a conseguirlo si tenía en mente constantemente lo que acababa de leer?
— ¿Seguro?—volvió a preguntar la pelirroja.
Asintió con la cabeza presurosamente antes de volver a poner su atención en el desayuno que tenía en frente. Sin embargo, no lo volvió a tocar. El resto del día la pasó como si estuviera llevando un enorme peso sobre sus hombros y no dejó de pensar en todas las posibles repercusiones que podría tener el pedido que quería su abuela que hiciera. Para la hora de la fiesta, su estómago estaba hecho un nudo, sentía náuseas y su cabeza estaba en otra parte. Había atado el moño negro de su traje tres veces pero había quedado de todos modos torcido; de tantas veces que se había sentado y parado, tenía el pantalón arrugado y su cabello estaba revuelto porque se había pasado las manos por él incontables veces a causa del nerviosismo.
—Tranquilo—le aconsejó Harry al ver el estado en el que se encontraba mientras intentaba acomodarle el moño, dejándolo igual que antes—. No es la primera vez que sales con ella. Fueron muchas veces a las cenas de Slughorn.
—Esto es diferente—murmuró.
— ¿Por qué?
Neville no sabía si podría darle una respuesta que Harry entendiera. El chico se había criado toda su vida con muggles y, aunque algunas de las costumbres entre las dos culturas eran parecidas, otras eran muy diferentes. En lo referido a matrimonios, más específicamente a matrimonios arreglados, las tradicionalistas normas del mundo mágico eran algo anticuadas y retrógradas para los muggles.
—No quiero que se avergüence de mí—le dijo escuetamente.
—No lo hará, Neville—intentó animarlo.
Harry salió para encontrarse con Luna, a quien había invitado finalmente el día anterior cuando se encontraron en el baño de niñas tras ir por Hermione. Neville salió poco después y se encaminó hacia el punto intermedio en el que se iba a encontrar con su prometida.
Cuando llegó, el pasillo estaba desierto. Pensó, asustado, que se había equivocado o que había entendido mal pero pocos segundos después oyó el sonido de unos pasos presurosos que iban hacia su dirección y más pronto de lo que esperaba, la tuvo frente a él.
—Lo siento, Nev—se disculpó—. Lamento haberte hecho esperar. Hubo un incidente con el moño del traje de mi hermano y yo… ¿qué?—se interrumpió— ¿Qué es? ¿Mi vestido no está bien?
Se miró a sí misma pero no encontró nada malo en su persona.
Neville era incapaz de apartar los ojos de ella. Todo el colegio sabía que era una de las chicas más hermosas que había pero esa noche su apariencia era demasiado para su pobre corazón: usaba un vestido corto de color rojo oscuro que se pegaba a cada curva de su cuerpo como si fuera una segunda capa de piel. Tenía tirantes muy delgados que cruzaban por encima de sus hombros y era unos cuantos centímetros más corto de lo que cualquier dama de la alta sociedad mágica hubiera considerado decoroso… pero para él… ¡Oh, para él era como tenerla salida de una de sus fantasías! El escote no era profundo pero hacía que sus senos se vieran más firmes y redondeados. Él deseaba con tantas ansias trazar con las yemas de sus dedos el contorno…
Alessia sonrió cuando dejó atrás la prisa con la que llegó y finalmente comprendió porqué Neville la miraba de esa forma.
—Jamás usé algo así—le dijo, sacándolo de sus ensoñaciones—. Cualquiera que me viera con él pensaría que es indecoroso.
— ¿Y por qué lo usas entonces?—preguntó él.
Alessia sonrió con cierta coquetería.
—Porque tenía que marcar mi territorio.
Neville la miró sin comprender.
— ¿Qué?
Se acercó a él y mientras se explicaba comenzó a acomodarle el moño de su corbata para que quedara derecho.
—No quiero que otras chicas se acerquen a ti.
Neville se sorprendió por aquella confesión.
—Sé perfectamente cómo me veo usando esto—siguió diciendo Lessi—. Aunque suene engreída, diré que sé que me veo muy bien y que no muchas otras podrían usar este vestido de la misma manera que yo.
—Aún no entiendo…
—Verme bien para ti es la idea central. Quiero que me mires, quiero que los demás noten que lo haces, especialmente las demás chicas. Quiero que se den cuenta que no pueden tenerte—se apartó de él y miró orgullosa el moño perfectamente acomodado.
Neville rió suavemente ante tal ocurrencia.
—Eso no es necesario—le aseguró—. No hay ninguna chica detrás de mí.
Lessi no compartió su diversión, lo que le causó cierta curiosidad pero se abstuvo de preguntar.
—Eso es lo que crees—le respondió de manera escueta antes de cambiar de tema—. Será mejor que nos pongamos en marcha, sería muy irrespetuoso de nuestra parte llegar tarde.
Neville le ofreció su brazo, como correspondía, y ella lo tomó antes de comenzar a caminar a la par.
La fiesta se iba a realizar en el despacho de Slughorn que había sido mágicamente ampliado para que entraran sin ningún inconveniente todos los invitados. Al llegar vieron que el techo y las paredes habían sido decoradas con adornos de color verde, rojo y dorado. Del centro del techo colgaba una enorme y antigua lámpara que iluminaba todo el ambiente.
—Esto está lleno—comentó Neville al notar que los elfos domésticos abrían paso con dificultad llevando enormes bandejas de plata con comida.
El profesor Slughorn apareció rápidamente a su lado al verlos y los llevó a un rincón para presentarle a la principal "estrella" de esa noche cuya presencia ya había anunciado con emoción muchos días antes: el vampiro Sanguini. El vampiro estaba al lado de Worple, el escritor de "Hermanos de sangre: mi vida entre los vampiros". Éste último se mostró muy entusiasmado en hablar de sí mismo y de su libro mientras que Sanguini simplemente miraba fijamente a Alessia, como si fuera un delicioso bocadillo al que quería devorar sin miramientos. Neville, al notarlo, colocó su brazo protectora y posesivamente alrededor de la cintura de su prometida. Para su placer, ella se reclinó ligeramente hacia su lado.
Cuando Lessi vio a su hermano entrar con Hermione del brazo, sonrió sin poder evitarlo. La chica estaba nerviosa y Theo intentaba ocultarlo lo mejor que podía. Aunque no lo hubiese admitido jamás en voz alta, al menos no a ella, sabía que a Theodore le gustaba Hermione Granger. No entendía cómo había nacido esa atracción hacia la leona y realmente no le importaba. Theo podría haberse enamorado de la mismísima McGonagall y ella habría sido feliz sabiendo que él también lo era… Bueno, quizás exageraba un poco con aquella comparación pero la idea era que no le importaba que tuviera sentimientos por la chica. El único inconveniente era que, hasta el momento, no era correspondido.
—Si nos disculpan—Lessi interrumpió la perorata del escritor—, acabo de ver a una amiga y me gustaría saludarla. ¿Amor, vienes conmigo?—le preguntó a Neville con una dulzura empalagosa.
El muchacho asintió a toda prisa, tan agradecido de poder apartarse de ese par de personajes que ni siquiera tuvo tiempo de ruborizarse al darse cuenta que ella lo había llamado "amor".
— ¿A quién quieres saludar?—preguntó cuando estuvieron lo suficientemente lejos.
—A nadie. Sólo quería alejarme de ellos—confesó Alessia—. Vi a mi hermano y a Hermione pero es mejor dejarlos solos de momento.
Los ojos de Neville se agrandaron graciosamente al escuchar aquello.
— ¿Hermione y tu hermano? ¿Están saliendo?
—No, claro que no. Sólo es esta noche… pero si alguien te pregunta, di que sí.
—Con razón Ron estaba furioso—comentó.
Lessi lo miró con atención.
— ¿Ron estaba enojado?
—Sí, y no entendía por qué. Hasta ayer pasaba la mayor parte del tiempo sonriendo o besando a Lavender—hizo una mueca de desagrado—, pero luego estuvo malhumorado y no dejaba de gruñir entre dientes.
—Supongo que su mal humor comenzó cuando se enteró de lo bien acompañada que estaría Hermione esta noche… aunque creo que cualquier compañía que no fuera él lo hubiera puesto celoso.
— ¿Ron?—la incredulidad estaba presente en la voz de Neville— ¿Celoso de Hermione?
Lessi rodó los ojos.
— ¿No te diste cuenta del modo en que actúan? Son como una pareja que vive discutiendo. Ron no parece capaz de darse cuenta de lo que siente por ella pero es más que obvio: le molesta demasiado verla con otros.
Neville no entendía cómo es que ella y las demás mujeres del planeta, podía darse cuenta de una cosa así. Era como una especie de sexto sentido que tenían sólo ellas que les permitía estar demasiado atentas a todos esos asuntos del corazón. Él mismo sólo se había dado cuenta que Ron y Lavender estaban juntos porque los había encontrado besándose en la sala común… y había siso una revelación sorprendente.
A los pocos minutos, la llegada de Harry acompañado de Luna causó, como era de esperarse, cierta conmoción. El profesor Slughorn no tardó en acercársele y nuevamente los llevó a donde se encontraba Sanguini.
—Señorita Nott—dijo una voz a sus espaldas.
Horrorizada, giró el rostro y contempló los fríos ojos de Snape que no abandonaban los suyos. Había olvidado por completo que todos los profesores también habían sido invitados pero, en su defensa, jamás imaginó que Severus Snape precisamente estuviera dispuesto a concurrir a una celebración como aquella.
A su lado, Neville tembló. Le daba vergüenza confesar que muchas veces se había reído de ese absurdo temor; sin embargo, en la actualidad, entendía perfectamente al muchacho. Ella estaba tan asustada como él. Haciendo acopio de una falsa valentía, le sonrió amablemente, como si no supiera el motivo por el cual el hombre la contemplaba con tanta molestia.
—Profesor Snape, ¿cómo se encuentra?
Pero el profesor no cayó en su simulada inocencia.
—Creí haberle mandado más de tres notas pidiéndole que se reúna conmigo, señorita Nott—dijo con frialdad.
—No las recibí—mintió.
— ¿En serio?—su voz destilaba sarcasmo.
—Lo siento, señor, pero no. Si hubiera sido de otro modo hubiera ido a verlo inmediatamente.
Snape se acercó a ella, lanzándole una mirada furiosa.
—No me tome por idiota, señorita Nott.
—No me atrevería. Ahora, si me disculpa…—tomó del brazo a Neville e intentó arrastrarlo lejos del profesor.
—No tan rápido—la interrumpió.
Pero el destino quiso que no sufriera demasiado esa noche porque Slughorn justo en ese momento llamó al profesor Snape.
— ¡Alegra esa cara y ven con nosotros, Severus!—le dijo el hombre con los ojos ya demasiado brillantes a causa del alcohol que había bebido— ¡Estaba hablando de las extraordinarias dotes de Harry para la elaboración de pociones! ¡Hay que reconocerte parte del mérito, desde luego, porque tú fuiste su maestro durante cinco años!
Alessia se dio cuenta que Harry y Luna habían estado tras ellos y que ahora el chico de lentes contemplaba con el mismo horror que había sentido ella momentos atrás al profesor Snape. Sin embargo, aunque lamentaba la suerte del chico, no iba a desaprovechar la oportunidad que se le presentaba. Sin que nadie se diera cuenta, apretó el brazo de Neville y lo arrastró lejos de aquel grupo.
— ¿Qué quería el profesor Snape?—preguntó el chico con curiosidad cuando estaban en la otra punta de la habitación.
Ella, que buscaba con desespero a su hermano para que la ayudara a mantener alejado a su jefe de casa, volteó el rostro hacia su prometido.
—Eh…—no pudo ser capaz de crear una mentira lo suficientemente rápido—Yo… no lo sé. Creo que quiere hablar sobre la última tarea…
Neville frunció el ceño.
—Pero él nunca habla con nadie sobre…
Joder. Este no era el momento para que él fuera perceptivo.
— ¿Tienes planes para las vacaciones?
Cambió de tema esperando que fuera suficiente como para distraerlo de aquello. Lo fue. Aunque no entendió el motivo por el cual él de repente bajó la vista hacia el suelo y sus mejillas adquirieron un tono rojo.
—Yo…yo… Mi abuela quiere que vaya a casa. Ella… eg…
— ¿Qué sucede?—la pregunta la hizo con mucha curiosidad.
Los ojos de Neville volvieron a su rostro y la miraron con súplica.
—Por favor, no te enfades. Ella me escribió y me pidió que te invitara a pasar las vacaciones de invierno con nosotros.
Lessi sonrió.
—No me enfadaré por una invitación, Neville.
—Pero no puedes ir sola—dijo él a toda prisa, enrojeciendo aún más.
— ¿Qué quieres decir?
—Mi… mi abuela cree que sería demasiado indecente que vayas sola a donde yo vivo. Quiere que vaya alguien contigo para proteger tu reputación.
Lessi hubiera reído si no hubiera sabido que eso habría hecho sentir peor a Neville. ¡Si tan sólo supiera que ella ni siquiera había besado a su nieto!
— ¡Está bien no me han invitado!—giró el rostro rápidamente al oír la voz de Draco—Quería colarme ¿Satisfecho?
Caminó unos pasos, alejándose de Neville, para ver cómo Filch sostenía a Draco con brusquedad por la túnica delante de Slughorn, Snape, Harry y Luna.
— ¡No, no estoy nada satisfecho! —repuso Filch—¡Te has metido en un buen lío, te lo garantizo! ¿Acaso no dijo el director que estaba prohibido pasearse por el castillo de noche, a menos que tuvieras un permiso especial? ¿Eh, eh?
—No pasa nada, Argus —lo apaciguó Slughorn—. Es Navidad, y querer entrar en una fiesta no es ningún crimen. Por esta vez no lo castigaremos. Puedes quedarte, Draco.
Filch se marchó molesto por esto. Draco agradeció amablemente al profesor y no tardó en comenzar adularlo con toda esa palabrería que era capaz de dejar salir de su boca. Lessi, por su parte, lo conocía demasiado bien y pudo notar que debajo de esa sonrisa aparentemente cordial se ocultaba un sentimiento de decepción… Pero, ¿decepcionado por qué? ¿Qué podría haber estado haciendo fuera, en la noche, si no era querer colarse dentro de la fiesta? ¿A dónde había querido ir realmente?
— ¿Aún siguen sin hablarse?—preguntó Neville detrás de ella, notando la dirección de su mirada.
—Sí—contestó escuetamente mientras oía que Snape le ordenaba que fuese afuera con él para hablar sobre su castigo.
—Eh… en cuanto a la invitación…—comentó él, volviendo al tema que habían estado charlando segundos atrás.
Lessi se volteó rápidamente al ver salir a un molesto Draco seguido por Snape.
—Nev, me encantaría ir. Dile a tu abuela que mi hermano irá conmigo. Ahora, si me disculpas, tengo que ir al lavado.
El chico asintió, mirándola con cierta confusión. Lessi no tardó en salir y en cuanto estuvo a una distancia prudente de la fiesta apresuró sus pasos para alcanzar a Draco y Snape, justo cuando ingresaban a un aula vacía de ese mismo piso.
—Creo que has sido ya demasiado imprudente en tu actuar…—Snape se interrumpió bruscamente cuando ella abrió la puerta y entró—Señorita Nott, ¿qué se supone que hace aquí?
—Yo les podría hacer la misma pregunta—replicó ella, cerrando nuevamente la puerta— ¿Intentando convencer a Draco también, profesor?
Los ojos de Snape se estrecharon.
—No sea impertinente.
— ¿O qué? ¿Le dirá a Dumbledore lo que hago?—preguntó con estúpida valentía—Si lo hace también tendrá que darle una cuantas explicaciones…
— ¡No te atrevas a amenazarme, chiquilla estúpida!
Sí, sabía que estaba cavando su propia tumba al hablarle de ese modo a Snape.
—Alessia, vete—le ordenó Draco, hablándole por primera vez después de mucho tiempo.
Ella posó sus ojos en él.
—Tú tampoco tienes derecho a darme órdenes… ¡Mírate! Estás tan pálido.
—Harías bien en meterte en tus propios asuntos—le dijo Draco con rabia—. ¿Qué importa cómo me veo? ¿Por qué no vuelves con tu queridito?
—Pues mi "queridito" es…
— ¡SUFICIENTE!—gritó Snape, haciéndoles cerrar la boca de inmediato—Los dos se comportan como un par de críos sin cerebro. No entiendo cómo es que alguien puede confiar en ustedes. He intentado ser paciente. Si algún otro alumno no hubiera asistido a mi despacho después de que yo se lo ordenara…
— ¡Pues denúncieme! ¡Dígale a Dumbledore!—estalló Draco.
—Ambos saben que no haré tal cosa. Se supone que estoy aquí para ayudarlos…
— ¿Ayudarme?—Draco preguntó, soltando una risa sarcástica—.Yo no necesito su ayuda. Tengo un plan… uno que no es de su incumbencia.
Snape, harto de esto, apuntó su varita directamente al rostro del joven pero rápidamente desistió, bajándola con expresión frustrada.
—Vaya, ya veo que tía Bellatrix te ha estado enseñando Oclumancia. ¿Qué pensamientos pretendes ocultarle a tu amo, Draco?
— ¡A él no intento esconderle nada, lo que pasa es que no quiero que usted se entrometa!
Snape posó sus ojos en Lessi y ella se estremeció sin poder evitarlo. La oclumancia era un arte que jamás había aprendido. Sin embargo, antes de que el hombre pudiera hacer algo, Draco intervino.
—Lo que ella haga tampoco es de su incumbencia.
—Es cierto. Pero en cuanto a ti, sólo intento ayudarte. Le prometí a tu madre que te protegería. Pronuncié el Juramento Inquebrantable…
Alessia jadeó ruidosamente al oír aquello.
—Entonces deberás romperlo—replicó Draco, totalmente inmune a esas palabras.
Ya no podía soportarlo más, necesitaba saberlo.
— ¿Qué te pidieron hacer?—preguntó.
Los dos hombres la contemplaron. Snape deslizó sus ojos de ella hacia Draco.
— ¿No le has dicho aún? ¿Por qué? ¿Te avergüenzas? ¿Temes no tener el valor?
El rubio lanzó una mirada fría a Snape antes de avanzar hacia la puerta, abrirla y salir de allí a toda prisa. Tras esto, los ojos de Snape se posaron en ella.
—Si no me pasas la información que el Señor Tenebroso quiere, él mismo encontrará el modo de llegar a ti y extraerla—le dijo con una mortal seriedad.
Luego, él también se marchó, dejándola sola.
Alessia se dejó caer contra el banco más cercano, sintiendo que todo su cuerpo temblaba y no precisamente a causa del frío. Se llevó una de sus manos hacia la boca para cubrírsela por si emitía sin querer un grito. Estaba tan asustada, tan aterrada por los enormes acontecimientos que se movían alrededor de ella, arrastrándola de un lado al otro sin posibilidad de tener voz ni voto.
Salió unos cuantos minutos después, cuando sintió que volvía a tener el control de sus propias emociones, y se encaminó hacia la fiesta nuevamente a toda prisa. Estaba tan apurada en ir con Neville y justificar con cualquier mentira su tardanza que no se dio cuenta que cierto chico de lentes sacaba la cabeza detrás de la pared en la que había estado oculto y la contemplaba con fijeza.
