Ninguno de los personajes pertenecientes a las novelas de Harry Potter me pertenece.

Estos días de cuarentena podría haberme puesto a escribir pero mi computadora portátil ha muerto ya que el cable de la batería no funciona. Así que iré subiendo simplemente lo que ya tengo escrito. Disculpen la tardanza.


FLORES DEL MAL


CAPÍTULO TRECE

EL CEMENTERIO

—Recuérdame por qué estoy haciendo esto—le pidió Theo a su hermana mientras ojeaba distraídamente el libro de Adivinación que tenía en sus manos.

—Creo que ya hemos tenido esta conversación—replicó ella, oyendo como las ruedas del tren comenzaban a desacelerar a medida de que se acercaban a la estación.

—Sí—apartó la vista del libro—. Sólo sigo sin entender cómo es que me vi envuelto en esta situación cuando eres tú la que debes ir con él, dejándome libre en estas vacaciones. Yo planeaba quedarme en casa, durmiendo la mayor parte del día.

Sí, ya había imaginado que su hermano había planeado pasar esa Navidad como siempre lo hacían ambos: encerrados en la enorme mansión familiar de los Nott, cada uno pensando en sus propios asuntos. Ella, usualmente se encerraba a extrañar dolorosamente a su madre, recordando las Navidades pasadas que pasaron juntas. Cada veinticinco tenían la misma costumbre: un almuerzo silencioso con el padre de Theo para luego encaminarse por la tarde al cementerio a dejar flores en la tumba de su madre.

Asumía que su querido hermano, por su parte, también tenía su propia rutina de duelo y dolor. Respetaba eso, pero en este momento realmente necesitaba su ayuda.

—Lamento arruinar tus incontables planes—dijo con sarcasmo—, pero Augusta Longbottom no iba a dejar que yo fuese a su casa. Teme por mi reputación…

Theo soltó un bufido.

—Creo que lo que menos preocupa a mi padre es tu reputación. No, si dormir con él ayuda a cumplir tu misión.

Lessi se ruborizó. Sólo Daphne se había enterado de sus pensamientos sobre Neville y prefería que las cosas siguieran así.

—Es por eso que quiero que estés allí—le dijo—. Quiero que vayas para dejar tranquila a la abuela de Neville pero no quiero que estés como perro guardián cerca de nosotros.

— ¿Así que mi misión en estas vacaciones es entretener a una vieja gruñona para que te puedas besuquear con Longbottom?

—No me besuquearé con él. Sólo quiero que estés cerca pero no tanto.

—De acuerdo—dijo mientras guardaba su libro en el bolso de su hermana—. Yo haré esto por ti, pero me deberás una.

El tren comenzó a frenar ruidosamente.

— ¿No te bastó con que te consiguiera una cita con Hermione?

Theo se ruborizó.

—No fue una cita—replicó.

Lessi contuvo una sonrisa mientras el tren se detenía. Se pusieron de pie, recogieron sus pertenencias y luego buscaron a Neville. No lo encontraron en el tren pero el chico ya los estaba esperando en la estación 9 ¾ junto a su abuela. La anciana estaba vestida prolijamente con un vestido violeta, que estaba cubierto por una capa de viaje negra. Sobre su cabello recogido en un rodete, había un sombrero del mismo color del vestido. Neville agitó la mano al verlos para llamar su atención dentro de la multitud.

—Prométeme que te comportarás bien—le pidió Alessia a su hermano.

—Yo siempre me comporto bien—le dijo él, conteniendo una sonrisa.

Augusta se inclinó sobre Neville y le susurró algo al oído con cierta violencia e inmediatamente el chico fue a su encuentro y tomó de la mano de Alessia su baúl. Estuvo a punto de protestar y decirle que ella era más que capaz de cargar sus cosas pero se dio cuenta que lo mejor que podía hacer era estar en silencio porque la anciana los contemplaba con atención. No quería que encontrara otro motivo para insultar a su nieto.

—Gracias, Nev—le dijo con una sonrisa adorable.

El chico tartamudeó unas palabras que ella no logró oír y se adelantó. Cuando los dos hermanos llegaron delante de la seria anciana, Theodore dio un paso adelante y sonrió con indudable coquetería.

—Mi señora—hizo una leve reverencia con su cabeza—, debe ser la abuela de Neville. Mi nombre es Theodore Nott.

—Señor Nott.

La anciana estuvo por devolverle el gesto de igual manera, con un leve movimiento de su cabeza, pero Theo, con atrevimiento, tomó la mano de la anciana sin que ella se la extendiera antes y dejó un beso justo en la parte superior del anillo familiar de los Longbottom.

— ¡Theo!—protestó Lessi.

Neville sólo miró a su abuela, esperando su reacción. Si él hubiera actuado de ese modo ante cualquier mujer, se hubiera ganado una buena reprimenda de su parte.

— ¡Oh!—Augusta Longbottom se libró rápidamente del toque de Theo— ¡Qué comportamiento tan indecoroso! Pero… tienes una sonrisa encantadora, muchacho.

Las comisuras de sus labios se extendieron mientras contemplaba al chico ante la incrédula mirada de Lessi y Neville. ¿Cómo era posible que él se hubiese ganado tan fácilmente a la seria y estoica anciana? Lessi incluso llegó a pensar que le había lanzado algún tipo de hechizo.

—Señorita Nott, es un placer volver a verla—la saludó con cordialidad aunque sin la sonrisa que había obsequiado a su hermano—. Me encantaría oír cómo les fue en el colegio este medio año pero antes prefiero que vayamos a casa.

No tardaron demasiado en usar una de las chimeneas que había en una pequeña sala en la estación, colocadas exclusivamente para que los magos que vivían lejos las usaran a su antojo. La anciana se marchó primero, luego su hermano, después ella y, por último, Neville.

Cuando ella finalmente salió de aquel remolino de cenizas, casi tropezó al salir de la chimenea, pero un par de manos grandes y arrugadas vinieron a su auxilio para ayudarla a salir.

—Muchas gracias—dijo antes de alzar su rostro al anciano de sonrisa amable que la contemplaba fijamente.

—De nada, niña—su sonrisa se hizo más amplia a medida de que iba pasando sus ojos por ella—. Así que tú serás la nueva integrante de la familia, ¿no?

Antes de que ella pudiera decir algo, Neville apareció por la chimenea. Sus ojos se agrandaron enormemente al ver a su tío abuelo allí, sonriendo como siempre.

— ¡Tío!—exclamó con alegría, dejando los baúles en el suelo para ir a abrazarlo.

— ¡Neville!—el anciano lo envolvió entre sus brazos con mucha fuerza a su sobrino nieto, dejando en claro el gran afecto que había entre ellos— ¡Mírate!—exclamó cuando se apartó—Ya eres todo un hombre. Has crecido… ¿cuánto? Cinco… diez centímetros desde la última vez que te vi.

—No ha sido tanto.

Lessi podía apostar que Neville realmente había crecido en esos cuatro meses que habían pasado en el colegio porque la diferencia de estatura entre ambos era mucho más notable que antes.

—Estaba admirando a tu queridita—le dijo el anciano, guiñándole un ojo.

Neville enrojeció.

— ¡Oh, deja de molestar, viejo pesado!—exclamó una voz femenina que entraba a la sala.

La mujer que entró era mayor, tenía un rostro amable, con ojos claros de color gris y una nariz pequeña. Su cabello platinado colgaba sobre su hombro en una larga trenza que llegaba hasta sus caderas y vestía una larga túnica verde.

— ¡Tía Enid!—exclamó Neville, yendo a saludar a su tía abuela.

Enid dejó un beso en la mejilla de su sobrino-nieto antes de volver a ver a Lessi.

—Tú debes ser Alessia Nott—se acercó a ella—, eres hermosa… Y tú debes ser el hermano. No te ofendas querido pero mi esposo y yo le hemos estado diciendo a Augusta que esto de pedir una chaperona para esta parejita era lo más absurdo que podía ocurrírsele.

— ¡No es absurdo!—protestó Augusta con rotundidad—. Es muy necesario.

—No me ofendo, señora—intervino Theo, volviendo a poner esa sonrisa pícara en sus labios—, pero aquí es Madame Longbottom la que manda y yo voy a hacer todo lo que me pida.

Los ojos de la mujer brillaron con diversión.

—Por supuesto—indicó.

—Ahora, Neville, querido, lleva a nuestros invitados a sus cuartos.

El chico asintió y se inclinó nuevamente para cargar los baúles pero esta vez Alessia intervino sacando su varita mágica para hacerlos levitar.

—Ahora ya soy mayor de edad—le recordó.

—Presumida—gruñó Theo por lo bajo, ganándose una mirada burlona de parte de su hermana.

Los tres salieron de aquella sala y se encaminaron hacia un vestíbulo en donde se encontraban las escaleras que llevaban al segundo piso. Toda la casa estaba decorada con motivos navideños. Al cruzar cerca de un muérdago Theo se lo señaló a su hermana con burla y sus ojos inmediatamente volaron a Neville, que iba delante. Lessi rodó los ojos.

Subieron las escaleras en silencio, doblaron hacia la derecha y luego caminaron por un amplio pasillo.

—El primer cuarto es el tuyo—informó Neville a Theodore mientras abría la puerta—. Mi abuela tuvo en cuenta tu casa y decidió decorarlo así.

Efectivamente, las paredes eran de un color grisáceo que dejaba resaltar los detalles en relieve que las decoraban y que eran de un color verde esmeralda. La colcha que cubría la cama también era verde.

Lessi dejó caer el baúl de su hermano al lado del armario.

—Bonito—comentó casi con aburrimiento Theo y tras una rápida mirada volvió a observar al Neville— ¿Y mi hermana?

—Ella tiene su cuarto al lado del tuyo—le informó rápidamente.

—Es todo lo que necesito saber—Theo se dejó caer en la cama—. Realmente esto de proteger la reputación de Lessi me tiene sin cuidado—dijo con un gesto despreocupado de su mano—, ustedes ya son lo suficientemente grande como para saber lo que deben o no, lo que quieren o no hacer.

—Theo— Lessi dijo su nombre con tono de advertencia.

— ¿Qué?—la miró fijamente, conteniendo una sonrisa— Tú misma me dijiste que me mantuviera alejado para que no interviniera en tu sesión de besos.

Lessi enrojeció furiosamente.

— ¡Yo no dije eso!—exclamó y se volvió rápidamente hacia Neville—Yo no dije eso—repitió.

—Te creo—dijo Neville con vergüenza—. ¿Te muestro tu habitación?

—Sí, por favor. Dejemos al señor gracioso a solas.

Se giró con brusquedad, saliendo de la habitación sin mirar atrás. Neville salió tras ella pero logró escuchar la carcajada que soltó Theodor segundos antes de que cerrara la puerta.

Neville le mostró el siguiente cuarto, no dando ninguna explicación esta vez sobre el color o la decoración. Tenía una cama con dosel en el lado izquierdo con dos mesas auxiliares a cada lado que sostenían elegantes lámparas, las paredes eran de un color azul pálido con pequeñas ramas pintadas de las cuales nacía, cada pocos segundos, unas pequeñas flores doradas.

—Es mágica—dijo maravillada Alessia, señalando la pared.

—Esta… esta habitación la elegí para ti—murmuró Neville—. Si no te gusta puedes cambiarte y elegir otra en el ala este.

Lessi no podía entender cómo es que el chico podría pensar en aquello. El cuarto era magnífico.

— ¿Por qué lo elegiste para mí?—le preguntó.

—El azul es tu color favorito.

— ¿Cómo sabes eso?—inquirió con sorpresa.

—He notado que siempre usas algo azul, incluso cuando llevas tu uniforme que es verde y negro. Tienes esas cintas para el cabello—señaló la que estaba usando ella ahora que, efectivamente, era azul—, la pluma que usas para hacer tus deberes y las tintas de diversos tonos pero siempre en la gama de los azules, tu mochila es de un color azul oscuro…

No podía creer que él hubiese estado tan atento como para darse cuenta de aquellos detalles insignificantes que posiblemente pasarían desapercibidos para cualquier otro chico.

—-No deberías ser tan bueno conmigo—le dijo apesadumbrada.

Fue el turno de Neville de sorprenderse.

— ¿Por qué dices eso?

Había demasiadas buenas respuestas para darle. Pero no podía. Quería ser sincera con él, quería confesarle la verdad y dejar que lo que tuviera que sucederle, le sucediera, pero no podía simplemente actuar de modo egoísta y tranquilizar su consciencia cuando la vida de Theo también dependía de que ella cumpliera con sus obligaciones.

—Porque no sé cuál es tu color favorito—le dijo con una triste sonrisa que intentaba ocultar el dolor que sentía dentro de su pecho.

— ¡Oh!—exclamó Neville—No sé si tengo color favorito—murmuró pensativo—, creo que el verde me gusta, porque me recuerda a las plantas, pero también me gusta el rojo, por los colores de Gryffindor…

— ¿De qué color está decorada tu habitación?—preguntó con curiosidad.

—Roja y dorada, por supuesto. Mi abuela pensó que sería una buena idea re-decorarla cuando entré a Hogwarts y quedé en Gryffindor porque era un enorme honor quedar en la misma casa que mis padres.

Lessi sabía que era un tema delicado aquel. Se había dado cuenta desde el momento en que el profesor Slughorn lo mencionó a principio del año escolar, cuando se encaminaban al castillo en el tren. Sin embargo, sentía curiosidad al respecto.

— ¿Te gusta ser comparado con tu padre?—preguntó suavemente, mirando fijamente la reacción de Neville.

—Estoy orgulloso de ser hijo de mis padres—replicó él con prisa, mirándola con fijeza.

—No dije que no lo estés. Yo estoy orgullosa de ser hija de mi madre, pero detesto que los demás me comparen con ella. Los que la conocieron me dicen que me parezco físicamente a ella pero que tengo otra personalidad… —estaba siendo sincera con él en este aspecto y le decía aquello sin tener segundas intenciones—Estoy agradecida de que sea así.

—Yo sí quiero ser como mi padre—confesó con efusión el chico—. Quiero que mi abuela esté orgullosa de mí.

—Creo que no necesitas ser como tu padre para que tu abuela esté orgullosa de ti.

— ¡Claro que debo serlo!—insistió—Él era tan valiente…

—También tú—indicó Lessi—. No todos hubieran tenido el valor de ir al Ministerio de Magia siguiendo a Harry Potter sólo para defender lo que creías correcto.

—No fue la gran cosa—murmuró avergonzado.

—Lo fue—lo contradijo con suavidad—. Eres más valiente de lo que imaginas.

Neville se ruborizó ante este cumplido pero a pesar de esto no pudo evitar que una enorme sonrisa se instaurara en sus labios al darse cuenta que la chica de sus sueños le decía una cosa así. ¡Ella creía que él era valiente!

Después de eso se despidió de ella, dejándola tranquila para instalarse. Bajó aún con esa sonrisa en sus labios, pensando en que quizás esas vacaciones podría llegar a tener la oportunidad de besarla. Se encaminó hacia la cocina donde se encontraban los demás reunidos, aún pensando en eso, cuando una voz lo interrumpió.

—Me parece que Cupido se adelantó un par de meses y te lanzó un flechazo—se burló su tío abuelo al verlo.

Neville volvió a ruborizarse. Él adoraba al anciano que le había regalado a Trevor pero siempre había disfrutado demasiado avergonzándolo. Sabía que no lo hacía con intención de lastimarlo pero ahora que Lessi se encontraba allí estaba un poco preocupado.

—No sé de qué hablas—murmuró mientras iba a sentarse, sintiendo que los ojos de su abuela seguían cada uno de sus movimientos.

No era difícil estar en aquella casa pero la incomodidad era una sensación que no dejaba de bullir en el fondo de su estómago. Todos los trataban bien pero Lessi era incapaz de dejar de pensar los verdaderos motivos por los que se encontraba allí. ¿Era posible sentirse enferma consigo misma? Dada su actual condición, la respuesta era un rotundo sí. Cada vez les resultaba más y más difícil estar sonriendo, hablando como si nada malo ocurriera, como si no fuera una maldita arpía que sólo estaba engañando a todo el mundo para obtener información sobre Potter… Lo peor de todo es que en realidad ni siquiera eso hacía.

Ir a la casa familiar de los Longbottom sólo sería útil para afirmar su imagen como prometida de Neville, nada más. Si hubiera querido librarse de ir a aquel sitio hubiera sido relativamente fácil: podría haber inventado algún tipo de excusa, aunque fuera falsa. Pero no lo había hecho. Ahora que ya se encontraba en el lugar se preguntaba por qué había aceptado en primer lugar y, aunque pensó por un momento que había aceptado en el apuro de seguir a Snape y a Draco, no estaba segura de que eso fuera todo. Estar allí era como una liberación, sin tener la mirada de nadie sobre ella y mucho menos a un profesor molesto diciéndole constantemente que debía de ir a decirle todo lo que había averiguado…

— ¿Estás bien?

Lessi se sobresaltó cuando oyó a Neville hablándole. Miró alrededor de la sala donde había estado sentada con un libro en la mano, buscando a la abuela del chico pero se dio cuenta que se encontraba los dos solos. Eso era extraño. Estos últimos días, la anciana no los había dejado estar realmente a solas en ningún instante, lo cual Theo había encontrado muy divertido.

—Claro—indicó— ¿Y tu abuela?

Neville entendió perfectamente la razón por la que preguntaba.

—Mi tío abuelo le pidió que le explique la técnica que ella usa para mantener sus prendas libres de polillas—dijo mientras se acercaba cuidadosamente— ¿Puedo sentarme?—señaló el lugar vacío a su lado.

—Es tu casa, no tienes que pedirme permiso—dijo Lessi, cruzando sus piernas para darle más lugar.

Neville perdió su mirada durante unos segundos en aquel movimiento pero finalmente cruzó delante de Lessi y se sentó. Durante unos segundos no dijo absolutamente nada, no como si no supiera qué decir sino más bien como si no supiera cómo decirlo.

—Tu hermano me dijo que venga contigo—finalmente habló.

— ¿Ah, sí? ¿Y dónde está Theo?

—Con mi tía abuela. Le pidió que lo ayude a preparar la cena para esta noche.

Lessi soltó una risa divertida.

— ¿Theo está cocinando la cena de Noche Buena?— preguntó sin poder creerlo—Creo que debería sacar una foto de ese momento…

—Mi tía abuela ya hizo eso—Neville sonrió—. Ella es fanática de la fotografía y cada vez que nos juntamos para celebrar cualquier acontecimiento, saca su cámara y no deja de tomar fotos de todos… Si lo mencionas, te mostrará los álbumes que siempre lleva consigo a donde sea que vaya.

— ¡Me encantaría verlos!—aseguró.

— ¿Y tú cocinas?—preguntó Neville, cambiando de tema.

— ¡Oh, no!—Lessi se rió de sí misma—Verme a mí en la cocina sería tan extraño como ver a Theo—aseguró.

— ¿Quién cocina en tu casa?

Ella estuvo a punto de corregirlo y decirle que en realidad no era su casa, sino la del padre de Theo, pero no vio la importancia de hacer una aclaración tan obvia.

—Los elfos domésticos.

—Oh… ¿Hermione sabe eso?

— ¿Hermione? No lo sé—se encogió los hombros ligeramente, desconcertada por aquella pregunta—. Nunca le hablé precisamente de eso pero la mayor parte de las familias sangre puras tienen elfos.

—Sí, lo sé, pero si Hermione llega a saberlo de tu boca, se enfurecerá. Por algo fundó la P.E.D.D.O.

— ¿La qué?—preguntó algo sorprendida por el desafortunado nombre que había seleccionado su amiga.

Neville le explicó la función de la Plataforma Élfica que abogaba a favor de los derechos laborales de aquellos seres.

— ¡Oh, Merlín!—Lessi intentó no reírse pero fue imposible no hacerlo por más que intentó.

Neville sonrió ligeramente.

—No le gustará saber que te ríes de su idea.

— ¡Pero es absurda!—exclamó—No que intente proteger el trabajo de los elfos domésticos o que pida que sean bien tratados, pero sí que intente liberarlos. ¡Ellos no quieren ser liberados!

—Bueno, la mayoría no.

— ¿Qué quieres decir?

—Hermione me contó que Dobby…

— ¡Ah, claro! El elfo doméstico del señor Malfoy—recordó, haciendo una ligera mueca de desagrado al recordar las veces en que ella y Draco, de niños, se marchaban a otro lado de la casa cuando el hombre reprendía a la pequeña criatura que no tardaba en castigare de los modos más horribles.

Para apartar aquellos horribles recuerdos de su mente, decidió que lo mejor era cambiar de tema.

—La tarde de Navidad, me marcharé por un par de horas—le informó.

Neville la miró con curiosidad.

— ¿Te marcharás? ¿Dónde?

—Eh… yo… quiero ir al cementerio— confesó.

No se avergonzaba de la madre que había tenido, ni tampoco de decir que quería ir a llevarle flores al cementerio, pero tampoco le gustaba hablar de ello abiertamente. Por fortuna, Neville pareció comprender de inmediato y no dijo absolutamente nada más, sólo asintió con la cabeza. Lessi sintió nuevamente que la culpa la invadía. Él era demasiado bueno para ser verdad. ¿Cómo es que podía hacerle creer a todo un colegio que era un tonto despistado cuando en realidad era mucho más atento y dulce de lo que aparentaba? La culpa que casi siempre la acompañaba no hizo más que aumentar. Tenía que hacer algo para remediarlo, tenía que darle una pizca de sinceridad entre tanto engaño.

—Mi padre era un muggle—confesó de repente.

Los ojos de Neville se abrieron como platos ante aquellas palabras.

— ¿Qué? Pero… pensé…

—Pensaste que era un sangre pura, como todo el mundo. Los pocos que saben su verdadero nombre, Robert Crouch, lo asocian con Barty Crouch, por supuesto, y yo nunca los desmiento—miró avergonzada hacia abajo—. No me avergüenza ser mestiza, no me importa que el hombre que me dio la vida haya sido muggle… pero murió cuando yo era muy pequeña y casi no tengo recuerdos de él. Mi madre se casó después con Nott y él tenía ideas muy diferentes a las nuestras. Adopté su apellido, entré a Slytherin… era más fácil para mí dejar que la gente creyese lo que quería en vez de tener que dar explicaciones—se armó de valor para contemplar a Neville a los ojos—. Lamento si te decepciono al contarte esto.

— ¿Decepcionarme?—preguntó Neville con incredulidad—. No estoy decepcionado.

—Pues deberías—dijo firmemente Lessi.

Ella siempre había creído que era una buena persona pero el haber pasado todos estos meses conociendo a Nevillle y al grupito de Gryffindors le había permitido darse cuenta que quizás su concepto de lo que es bueno podría estar errado.

—No me importa que tu padre haya sido muggle, me importa muy poco quienes fueron tus padres. Podría haber sido el mismo Innombrable y a mi…

— ¡No digas que te hubiese dado igual!—lo interrumpió ella—Porque eso sería una gran mentira. Si mi padre sería el mismísimo Innombrable, seguramente estarías escabulléndote lejos de mí, pensando en que tendría segundas intenciones, temiéndome.

—Bueno… quizás tengas razón—indicó Neville con una sonrisa vergonzosa.

Lessi le sonrió a su vez con dulzura.

— ¡Ves!—exclamó una voz que hizo que ambos voltearan el rostro hacia la entrada—Ambos están sentados en la sala, sin siquiera tocarse. ¡No tienes que preocuparte porque estén mancillando tu preciada casa!—decía el tío abuelo de Neville a Augusta— Y si así fuera, estaría bien… ¡Son adolescente por todos los Cielos!

Lessi y Neville enrojecieron como tomates maduros bajo la divertida mirada del hombre, mientras que Augusta Longbottom soltó un grito de indignación.

Esa noche, cuando todos se sentaron a la mesa para cenar, comieron un exquisito platillo de pollo asado con batatas y verduras al vapor, orgullosamente preparado por Theodore. El chico incluso tuvo el atrevimiento de servirle personalmente a la abuela de Neville, entregándole el plato prolijamente decorado con una ramita de perejil y una rodaja de limón.

—Especialmente hecho para usted, mi lady—dijo Theo con tono coqueto que hizo reír a la anciana.

Neville era incapaz de creer el comportamiento de su abuela. Todos se daban perfecta cuenta que Theodore Nott sólo hacía aquello para jugar con la anciana y ésta ¡lo disfrutaba!

—Espero que tus intenciones sean sinceras con Augusta, querido—comentó Algie sonriendo con burla—o seré yo quien tenga que poner un guardián para proteger el honor de la dama.

La abuela de Neville puso rápidamente un gesto gruñón en su rostro.

— ¡No seas absurdo, Algie!—lo reprendió aunque Neville pudo ver que sus mejillas estaban ligeramente ruborizadas.

Comieron tranquilamente, disfrutando del momento. Enid, la esposa de Algie, trajo para el postre un enorme pastel cubierto con crema de coco que repartió gustosa a todos.

Lessi comió un gran bocado, olvidando momentáneamente sus modales, disfrutando enormemente del sabor.

—Eg…—Neville llamó su atención tocándola ligeramente—tienes crema aquí—señaló la comisura de sus labios.

Ella sonrió a modo de disculpa antes de sacar su lengua y lamer su comisura para terminar devorando la crema. Neville se quedó sin aliento, hipnotizado con el movimiento, profundamente perdido en sus pensamientos, hasta que alguien se aclaró ruidosamente la garganta. Lessi, avergonzada, agarró rápidamente la servilleta y se limpió.

—Lo siento—miró alrededor, dándose cuenta que todos habían estado atentos al intercambio que se producía entre ellos—, esto está realmente delicioso.

—Gracias, querida—dijo Enid—, es una antigua receta familiar. Te la enseñaré si quieres, es la favorita de Neville—comentó lanzándola una mirada divertida al muchacho, haciendo que el tío abuelo de éste se riera suavemente.

—No tienes que hacerlo—se apresuró a decir Neville, mirando con los ojos enormes a Lessi porque recordó la conversación que habían tenido esa misma tarde sobre cocina.

—Claro que tiene—la contradijo Augusta—, es una tradición familiar. Tu madre también la aprendió.

—No me importa aprender—dijo Lessi.

Después de todo, la obligaban a hacer cosas mucho peores. Aprender la receta de un pastel no podría ser nada complicado.

La comida siguió con una charla tranquila, divertida en ocasiones porque el tío abuelo de Neville no dejaba de contar anécdotas de su propia juventud que resultaban bastantes hilarantes. Sin embargo, cada vez que ella lanzaba una mirada en dirección a su hermano, lo descubría observándola pero él rápidamente apartaba la mirada y simulaba estar entretenido en la conversación.

Se fueron a dormir tarde esa noche. Theo acompañó a Lessi hasta la entrada de su puerta pero ella no ingresó.

— ¿Me vas a decir que te sucede?—le preguntó a su hermano notando que se encontraba demasiado silencioso.

— ¿Por qué crees que me sucede algo?

—Porque no dejaste de lanzarme miradas durante toda la cena y no sé qué rayos quieres.

—Yo no quiero nada—aseguró Theo con rotundidad—. Simplemente… me daba cuenta de algunas cosas.

— ¿Y qué cosas?—inquirió con seriedad, casi a modo de reto.

—Que te gusta Longbottom.

Lessi hizo todo lo posible para que la expresión de su rostro no cambiara.

—No sé qué te hace pensar eso.

— ¿Lo niegas?

—Ni lo niego ni lo afirmo.

Las comisuras de los labios de Theo se elevaron aunque eso no podría ser considerado como una sonrisa.

—Creo que si la respuesta fuera un "no", me lo hubieras dicho de inmediato…—suspiró profundamente—. Te das cuenta esto cambia todo, ¿verdad?

Lessi no intento corregir la idea de su hermano. Era absurdo hacerlo cuando tanto él como ella sabían perfectamente lo que sentía.

—No, no cambia nada.

—No puedes continuar con esto—murmuró Theo, mirándola con intensidad—. Terminarás lastimada.

¿Y acaso no se lo merecería?, se preguntó.

Sonrió tristemente y dejó un pequeño beso en la mejilla de su hermano.

—Buenas noches, Theo.

Lessi se levantó más temprano de lo normal esa mañana de Navidad, así que se puso de pie para salir de la cama y caminó directamente al baño personal que tenía en su cuarto. Tomó una ducha, se vistió con la ropa que había seleccionado la noche anterior, secó su cabello y lo dejó caer libremente detrás de su espalda. Antes de salir de su cuarto tomó su capa de viaje.

Neville se despertó sobresaltado cuando unos golpes bruscos sonaron. Tardó unos segundos en darse cuenta que alguien estaba tocando su puerta con cierta violencia. Se levantó rápidamente.

— ¿Qué…?—comenzó a preguntar cuando abrió la puerta.

Theo lo interrumpió, empujándolo para pasar al interior de la habitación y contemplar todo el espacio como si buscase algo. Fue hacia la puerta que llevaba al baño con largas zancadas, la abrió y tras comprobar que estaba vacía, volvió a girar sobre sus pies.

—Pensé que mi hermana pasó la noche contigo—explicó cuando notó la mirada de desconcierto que le daba el chico.

Neville se volvió casi del mismo color del tren que los llevaba a Hogwarts pero de alguna manera encontró la voz para decir lo suficientemente fuerte:

— ¡Yo nunca le faltaría el respeto de ese modo! ¡Nunca la obligaría a…!

—No tendrías que obligarla—indicó Theo.

Neville se quedó de piedra ante aquella insinuación. Intentó negarla, moviendo la cabeza de un lado al otro, pero Theo siguió hablando.

—Mi hermana no está en esta casa.

— ¿Qué?—preguntó sorprendido—Debe de estar.

—He revisado su habitación, la tuya y las demás vacías, la cocina, la sala, los jardines… no está.

—Mi abuela…

—Preferiría que dejemos a tu abuela fuera de esto por el momento—le pidió—. Aún es temprano y pude darme cuenta que nadie se levanta a esta hora en esta casa. Si nos vamos ahora, podremos estar de regreso antes de que cualquiera se entere que nos marchamos.

— ¿Marcharnos a dónde?—preguntó desconcertado.

Theo caminó de inmediato hacia el armario de Neville para sacar unos pantalones, un pulóver y una gran capa gruesa.

—Vístete—le ordenó—. Iremos a buscar a mi hermana. Tengo una idea de dónde podría estar.

Dado que ninguno de los dos podían aparecerse aún, debieron usar la red flu para poder trasladarse a una vieja cabaña. Neville salió primero de la chimenea y se encontró cara a cara con un hombre sentado frente a una pequeña mesa de madera que lo contemplaba ceñudo. Tenía el cabello entrecano y un rostro cuadrado. Al parecer, había estado leyendo el periódico pero al oír las llamaradas había alzado la vista para comprobar quién era su inesperado visitante.

— ¿Quién eres tú?—le preguntó con brusquedad.

Por suerte, de inmediato salió Theo, que casi tropezó con Neville dado que éste no se había movido.

— ¡Alfred!—exclamó yendo hacia él para estrecharle la mano con confinaza— ¿Has visto a…?

— ¿A Lessi?—el hombre asintió—Me sorprendió que llegara tan temprano… y sola.

—No sabía que vendría, no a esta hora—suspiró profundamente—. Aunque no debería de sorprenderme. Este año ha sido un poco movido…

— ¿Y quién es este? —señaló a Neville con un gesto de su mano.

—Es su prometido.

Neville no supo qué hacer cuando los ojos pequeños del hombre se posaron en él, contemplándolo con más intensidad que antes.

— ¿La embarazaste?—le preguntó entre dientes.

— ¡No!—exclamó Neville, intimidado por el hombre que de repente se había puesto de pie y lo contemplaba como si quisiese darle un puñetazo en la cara.

—Es un matrimonio contractual—intervino Theo, dando un paso frente al chico—. Es bastante común entre nuestra gente.

El hombre volvió a tomar asiento.

—Ustedes los magos tienen costumbres tan anticuadas—murmuró.

— ¿No eres un mago?—preguntó Neville con sorpresa.

Sin embargo, en cuanto hizo esa pregunta se sintió un tonto porque tras dar una mirada al lugar se podía tener una clara respuesta. Había luz eléctrica, un montón de aparatos muggles que él jamás había visto en su vida y, para completar, el periódico que leía el hombre, tenían imágenes que no se movían.

—Claro que no, soy un… muggle… ¿es así como ustedes nos llaman?—algo de esas palabras le parecieron tristemente graciosas porque las comisuras de sus labios se elevaron ligeramente aunque su sonrisa no parecía auténtica— ¿Quieren esperarla aquí?

—Yo sí, Neville irá con ella—dijo Theo de repente, contemplando al chico—. Le mostraré el camino y luego regresaré.

El hombre asintió una vez antes de volver a contemplar su periódico.

Theo empujó a Neville hacia la puerta que tenía a la derecha, que resultó ser la de entrada, y se encontró con un pequeño pueblo a orillas del mar. Las casas eran igual de sencillas que la del tal Alfred, de madera ennegrecida por el tiempo, y no debía de haber más que unas diez. Hacía mucho frío y soplaba un helado viento del oeste. Todo estaba cubierto de nieve aunque en ese momento no nevaba.

— ¿Dónde estamos?—preguntó mientras seguía a Neville por el lateral de la casa hasta salir a una especie de camino que apenas se notaba a causa de la viene— ¿Quién era ese hombre?

—Este es el pueblo donde la madre y el padre de Lessi se conocieron—le contó Theo mientras avanzaban con prisa para mantener el calor de sus cuerpos—. Él era de aquí y el que acabas de conocer era su hermano.

—Ella nunca mencionó que tenía un tío.

—No suele hablar mucho de ello—lo miró de soslayo, esperando algún tipo de reacción de su parte—. No pareces sorprendido al enterarte que su tío es un muggle… y lo que eso implica.

—Me contó que su padre era un muggle—le aclaró el chico—pero a mí no me importa la condición sanguínea de ella ni de nadie.

¡Vaya! Al parecer su hermana estaba más involucrada con Longbottom de lo que le había hecho ver. Debía de tener una charla con ella lo más pronto posible.

—Sus dos padres están enterrados aquí—le dijo deteniéndose de repente y señalando unos metros más adelante donde se levantaba una pequeña iglesia que a su lado tenía un cementerio—. Ve con ella.

— ¿Yo?—Neville lo contempló con los ojos inmensamente abiertos— Pero…

—Serás su esposo, Longbottom—lo interrumpió Theodore—. Debes hacer esto.

Neville asintió temblorosamente. Entendía eso, realmente lo hacía, pero el inconveniente estaba en que no estaba seguro de que sus atenciones y su consuelo fueran bien recibidos. Tan sólo un día atrás ella le había confesado lo de su padre, no quería presionarla demasiado y obligarla a compartir lo que no deseaba compartir.

—Vamos, te necesita más de lo que crees—lo incentivó Theodore—. Yo los estaré esperando en la cabaña de Alfred.

Theo se marchó y Neville no tuvo más opción que ir hacia el cementerio. Cruzó la cerca que lo rodeaba y sus ojos no tardaron en encontrarse con la chica. Estaba de pie frente a una tumba, con su capa de viaje ondeando a su alrededor a causa del viento. Se acercó lentamente, esperando que ella se percatara de su presencia por el ruido de sus pasos pero cuando no lo hizo, extendió sus manos hacia su brazo para tocarla.

Sobresaltada, giró el rostro hacia él y Neville sintió que su pecho se comprimía al verla con los ojos bañados en lágrimas. Lessi se los limpió rápidamente, apartando nuevamente la cara para que no la viera llorar.

— ¿Qué haces aquí?—preguntó controlando un sollozo.

Alzó los ojos al cielo y se obligó a calmarse.

—Yo… no estabas en casa y tu hermano estaba preocupado—explicó, sin saber qué hacer.

¿Debía abrazarla? ¿Debía dejarla llorar en soledad? Miró hacia adelante y vio un par de tumbas, una junto a la otra en donde se podía leer los nombres de un hombre y una mujer: Isadora Crouch y Robert Crouch. Ambas tumbas habían sido limpiadas de nieve y tenían un ramillete de margaritas encima.

— ¿El señor Nott permitió enterrar a su esposa aquí?—preguntó con sorpresa.

Lessi soltó un bufido y miró a Neville: ya no lloraba pero tenía los ojos rojos e hinchados.

—Eso sería lo último que permitiría, aún menos enterrarla con el apellido de su primer esposo—comentó—. No, la mansión Nott tiene un cementerio privado en el que se encuentran todos los antepasados familiares y el padre de Theo cree que allí está ella. Es un ataúd vacío, por supuesto, pero a menos que alguien le cuente o él mismo lo revise, nunca se enterará…

Tímidamente, Neville extendió su mano y tomó la de ella y hasta que no sintió que Lessi no se apartaba, sino que entrelazó sus dedos con los de él en un gesto íntimo y cómplice, no pudo volver a respirar. Habría sido muy doloroso que lo rechazara.

Se quedaron unos instantes más allí, en silencio, contemplando las tumbas, hasta que ella soltó su mano y giró hacia él para abrazarlo. Neville se sorprendió pero fue inteligente y sin hacer ningún tipo de pregunta le devolvió el abrazo, sintiendo una calidez llenar su pecho al sentirla tan cerca.

Lessi enterró su rostro en el pecho de Neville y se tomó unos instantes para sentir el aroma cálido y familiar que desprendía.

—Rompe el contrato—su voz salió amortiguada porque no se apartó para hablar.

Lo sintió tensarse.

— ¿No quieres casarte conmigo?

Lessi notaba que había puesto un gran esfuerzo por hablar con normalidad pero había un profundo dolor oculto en su tono.

—No te merezco—se apartó de él con lentitud, lo cual le costó horrores—. No soy una buena persona.

— ¿A qué te refieres?—preguntó confundido.

—He hecho cosas malas, Neville. Sé que siempre defiendo a mi casa, diciendo que somos injustamente juzgados, pero algunos de nosotros realmente nos lo merecemos—le dijo con desesperación—. Antes realmente creía que era una buena persona, quizás no perfecta pero creía que no hacía daño a nadie pero ahora que te conocí, me di cuenta de lo terriblemente egoísta que soy, de lo cruelmente manipuladora que puedo llegar a ser cuando quiero conseguir algo… ¡Y soy una maldita cobarde!—le gritó.

Neville estaba demasiado confundido.

— ¿A qué te refieres?

—No puedo tomar una decisión. Debería de hacerlo pero no puedo—siguió diciendo con una rabia que estaba dirigida hacia sí misma—. ¿Por qué querrías casarte conmigo? Ese es un compromiso enorme y sólo tenemos dieciséis, diecisiete años…

—No tenemos que casarnos ahora—indicó Neville con rotundidad.

—Lo sé pero… ¿Quieres tomar la decisión de con quién quieres pasar el resto de tu vida ahora?—le preguntó con seriedad—. Tienes mejores opciones…

— ¿Mejores opciones?—Neville preguntó desconcertado— ¿Qué opciones?

— ¡La de elegir libremente!

Neville se ruborizó ligeramente.

—Te elegiría a ti—murmuró con vergüenza.

Alessia cerró los ojos con pesar.

— ¿Cómo es que lo consigues?—le preguntó, volviendo a mirarlo— ¿Cómo consigues que me sienta tan tonta, tan extraña, tan lejos de lo que soy?

—Yo… ¿Lo siento?

Estaba demasiado confundido y no había entendido bien a qué se refería la chica. Ella le dedicó una sonrisa triste.

—No entiendes, ¿verdad?—lo miró a los ojos— Me gustas, Neville Longbottom—le aclaró—, me gustas demasiado.

Por alguna razón, ella no lo decía como si fuera algo bueno y eso le impidió que sintiera la felicidad abrumadora que supuestamente se debería de sentir cuando una chica te dice algo como eso.

— ¿Y aún así quieres que rompa nuestro contrato?

Quiero que me salves de tener que tomar una decisión, quiso decirle, pero no lo hizo, por supuesto. Así que forzó una sonrisa falsa, una de las tantas que había ya estaba acostumbrada a dar.

—Quiero que tomes una decisión independientemente de lo que yo quiera o de lo que quiera tu abuela. Quiero que pienses y que hagas lo que creas que es correcto.

Ella rogó interiormente para que él dijera que lo correcto era librarlos a ambos de aquello y dejar así que ambos siguieran su camino sin miramiento pero sabía de antemano que eso no sucedería.

—Entonces no romperé el contrato—dijo Neville sin siquiera pensarlo—. También me gustas.

—Lo sé...

—Pero no estás feliz por eso.

—No—confesó, notando su mirada herida.

— ¿Por qué no?

Él merecía tener una respuesta sincera entre tantas mentiras. Quizás le costara demasiado caro pero necesitaba hacer todo lo posible para hacerle entender sin decir realmente cuál era su papel en aquella red de engaños y mentiras.

—Porque estamos en una guerra. Tú no tienes problema en decir que no te importa la sangre pero Theo y yo estamos condenados a seguir con las órdenes de un fanático del Innombrable. Creo que no es secreto que el señor Nott es su seguidor… deberías de haberlo visto en el Ministerio el año pasado.

—Yo… ¡Creí que estaba equivocado!—exclamó con los ojos abiertos como platos—Mi abuela me preguntó si estaba seguro que lo vi y yo no podía decirle que sí…

—Era él—confirmó—. Te aseguro que ni Theo ni yo pensamos como él.

—Es por eso que te comprometió conmigo—comentó Neville de repente.

Lessi sintió que su corazón se aceleraba.

— ¿A qué te refieres?—le preguntó cuidadosamente.

—Es por eso que está castigándote—aclaró—. Él me considera un traidor, cree que toda mi familia lo es, por eso es que te comprometió conmigo, creyendo que era una vergüenza para ti…

¿Cómo es que ese chico podía ser tan jodidamente ingenuo?, se preguntó. Él la miraba con intensidad, esperando a que ella dijera algo pero no lo hizo. Se sentía incapaz de asentir y hacerle creer esa mentira pero no hizo falta porque él tomó su silencio como una confirmación.

Neville tomó aire profundamente, llenándose de valor y seguridad. Extendió su mano nuevamente y tomó la de ella.

—No dejaré que te pase nada—le prometió—. Mientras seas mi prometida te protegeré de todos, incluso de tu padrastro.

La Navidad había dejado un mal sabor en su boca. Neville había sido jodidamente amable con ella, le obsequió un ridículo collar de perlas que valía una fortuna—aunque estaba segura de que eso había sido idea de su abuela—y ahora su hermano no dejaba de caminar por su habitación, gruñendo entre dientes. Era casi media noche; en pocas horas la Navidad habría terminado y ella no podía encontrar ni una hora de ese día en la que no se hubiese sentido desdichada.

—No sé qué quieres que te diga, Theo.

— ¡Podrías haber comenzado con la verdad! ¿Por qué no me dijiste que tenías estos… sentimientos por Longbottom?

—Pensé que tú mismo te darías cuenta de lo que siento o dejo de sentir—comentó con burla—, pareces más experto que yo en el tema.

— ¡Claro que me di cuenta pero cuando ya era tarde! Tú quieres aparentar como si esto no cambiara nada, cuando lo cambia todo. Te conozco lo suficiente como para darme saber que aunque podrías ser capaz de romperle el corazón, jamás harías nada que pusiera su vida en peligro… ¡Y ayudar a derrotar a Potter lo hace!

—No sé qué esperas que haga.

—Habla con alguien—le sugirió—. Habla con Dumbledore.

— ¿Te has vuelto completamente loco?—le preguntó— ¡No puedo hacer tal cosa! Si el hombre se llega a enterar que todo este tiempo he estado espiando a Potter, me matará…

—No hará tal cosa—aseguró con rotundidad.

—Bueno, quizás no, pero no será agradable. No creo que me torturen pero me tendrán lejos, quizás me expulsen de Hogwarts, me mantendrán vigilada constantemente.

—Confiarán en ti si eres completamente sincera. ¡Diles que te den veritaserum si es necesario! Así verán que no le has dicho nada sobre Potter… Porque no lo hiciste, ¿verdad?

—Claro que no. Snape no ha dejado de pedirme información pero no he abierto mi boca.

Supo omitir con inteligencia lo sucedido en el baile de navidad.

— ¡Delata a Snape si es necesario!

—Dumbledore confía en Snape.

—Sí, pero con si estás bajo la pócima de la verdad no tendrá opción más que darse cuenta que nunca ha estado de su lado.

Lessi hizo una mueca ante esta idea.

—No me agrada la idea.

— ¿La de tomar veritaserum?—preguntó Theo.

—La de delatar a Snape.

—Es un modo de salvar tu trasero, Lessi—le dijo con tono represor—. No es personal, no tengo nada contra el hombre pero entre tú y él, siempre te elegiré a ti.

— ¿Y no te das cuenta que siguiendo las órdenes yo intento salvar no sólo mi trasero sino también el tuyo?—le preguntó con desesperación—. Pero si voy con Dumbledore… ¿Qué pasará si no puede protegernos a ambos? Yo no podré quedarme tranquila sabiendo que estás en peligro.

— ¿Y entonces estás dispuesta a dejar que Neville muera por tu culpa?

Alessia se quedó sin aliento, aterrada ante esa posibilidad. Negó con la cabeza lentamente. No podría soportar tampoco saber que era la responsable de la muerte del chico.

—Sé que no puedo hacer como si nada ha cambiado. Él realmente me gusta, mucho. Por eso intenté hoy en el cementerio hacerle entender que tu padre era un mortífago y que yo debería seguir sus ideales aunque no estaba de acuerdo, intenté hacerle entender que debía de romper el contrato. Sé que si él se lo pide, su abuela lo hará. Ella es una mujer estoica pero no es indiferente a la felicidad de su nieto…Pero todo salió mal. Neville salió diciendo que me defenderá de tu padre incluso—gimió lastimeramente— ¿Por qué tiene que ser tan jodidamente noble?

—Gryffindor, ¿recuerdas?—se burló él.

—Creo que lo único que me queda ahora es conseguir que la misma anciana me quiera fuera de su familia. Puedo volverme una arpía sin corazón. Tienes razón en algo, puedo romperle el corazón al chico. Es preferible que tenga el corazón roto antes que se quede sin vida.

—No es lo aconsejable—Theo negó con la cabeza—. A mi padre no le gustará enterarse que no tuviste un comportamiento adecuado, sabrá que lo has hecho intencionalmente y el castigo será peor.

— ¿Entonces qué nos queda? ¿Hablar con Dumbledore o seguir con el plan que me han dado?

—Tendrás que elegir.

—No quiero hacerlo.

—Realmente no importa eso.

— ¿Crees que es fácil para mí?—preguntó al borde de las lágrimas— No sólo estoy eligiendo un bando cuando lo que más quiero es permanecer neutral, sino que esto también me obliga a elegir a Neville o a ti. Si me voy con Dumbledore, nada garantiza que estés a salvo. Un hechizo de sangre bastará para que te encuentre… y si me quedo del lado del Innombrable, pierdo a Neville para siempre… y tú pierdes a Hermione.

Estaba tan cansada de llorar. Sentía que era lo único que hacía últimamente, llorar y sentirse una inútil sin corazón. Theo se acercó a ella y secó con cuidado sus lágrimas con el pañuelo relucientemente blanco que siempre llevaba consigo.

—No te preocupes por mí. Soy fuerte, sé mentir perfectamente y estoy dispuesto a sacrificarlo todo por ti… En cuanto a Hermione—su voz se trabó ligeramente pero tras aclararse la garganta suavemente continuó diciendo—, ya sabía que nada sucedería jamás—hizo una pausa—. Por favor, ve a hablar con Dumbledore.

—Vamos juntos—le rogó.

—Sería demasiado sospechoso. Sabemos que hay infiltrados en el castillo. Si nos ven a ambos ir con el director del colegio, sospecharán. Si te ven a ti sola, podríamos enmascararlo como un castigo, un permiso para la biblioteca, cualquier cosa.

—Iré—prometió con pesar—pero no intercederé por mí solamente, lo haré por ambos. Si él no está dispuesto a ayudarnos a los dos yo… continuaré con nuestro plan, sea como sea. Prefiero vivir con la culpa de haber perdido a Neville pero jamás con la de haberte perdido a ti.