CAPÍTULO CATORCE


AÑO NUEVO


Alessia no estaba segura de qué esperar de Dumbledore cuando le confesara que había estado siguiendo las órdenes de un Mortífago todo este tiempo y por más que recreaba en su mente múltiples escenarios de cómo se desarrollaría la conversación, no dejaba de pensar que uno era más absurdo que otro.

Era 31 de diciembre y aún faltaban tres días para tomar el tren que los regresara al colegio… lo cual era toda una eternidad teniendo en cuenta la clara tensión que había entre ella y Neville. Desde la charla que había tenido con su hermano, le resultaba muy incómodo estar en su presencia y era obvio que algo había cambiado no sólo para el chico sino también para toda su familia. La misma Enid le había pedido la tarde anterior que la acompañase a caminar por el jardín y había aprovechado para interrogarla. Al parecer la mujer mayor tenía el temor y la sospecha de que Neville se había comportado mal hacia ella, lo que había generado el distanciamiento. Alessia se apresuró a aclararle que no había sido así. Se sentía demasiado mal por todo como para tener que añadirle el permitir que los familiares del chico pensaran mal de él.

Sin embargo, dado que ese era el último día del año, la situación no podía seguir así.

Cuando se encontraron por primera vez le había pedido que hicieran algo juntos y él había aceptado. Aunque no había sido una promesa propiamente dicha, había dado su palabra y no iba a faltar a ella.

—Necesito que esta noche entretengas a Augusta—le pidió a su hermano.

Theo, que apartó perezosamente la mirada del libro que leía, la contempló fijamente.

— ¿Finalmente te decidiste a dormir con él?

Lessi jadeó e hizo una seña con su dedo para que guardara silencio. Estaban en el salón, sólo ellos dos, pero nunca se sabía cuándo alguien de la familia Longbottom podría entrar.

— ¡Claro que no!—exclamó entre dientes, acercándose a él para sentarse a su lado en el sillón—Y no entiendo tu obsesión con el tema. Cualquiera que te escuche y sepa que somos hermanos pensará que eres un enfermo.

Theo rodó los ojos.

—Realmente me importa poco qué decidas hacer con tu cuerpo—le aseguró, hablándole en voz baja—, basta que sea decisión tuya.

—Entonces, deja de preguntar—le rogó—. No es un tema que me sienta cómoda charlando contigo.

Theo sonrió burlonamente.

—Ahí está mi placer. Es tan divertido verte molesta.

— ¡Qué maduro de tu parte!—exclamó— Estoy hablando seriamente. Necesito que mantengas ocupada a Augusta. No haremos nada indebido, sólo ver florecer una planta.

—No entiendo porqué tanto empeño en mantener alejada a la anciana, entonces. Sólo verán una flor.

—Exactamente por eso—le explicó entre susurros— No aprecia la Herbología y no hace más que humillar a Neville.

— ¿Es esa planta ridícula que siempre cuidabas? ¿La que te regaló?—le preguntó.

—Es una planta increíblemente rara—lo corrigió con molestia—, no es ridícula.

—Si tú dices…—suspiró—. No te preocupes, yo me encargaré de entretener a la anciana. Tú ve con tu noviecito.

Esa noche la cena estuvo tan deliciosa como la de Nochebuena y el almuerzo de Navidad. Al llegar el postre, Algie sacó una botella de champagne dulce con aroma a arándanos que sirvió a todos. Brindaron pero a la hora de beber Neville supo apartar disimuladamente su copa. Theodore aprovechó y rápidamente la cambió por la que Augusta dejaba vacía. Lessi le lanzó una mirada significativa. Ella quería que la distrajera, no que la emborrachara.

— ¿Me hace el honor de bailar esta pieza conmigo?—.preguntó el muchacho, tendiendo su mano hacia la anciana.

—No hay música, señor Nott—le recordó la mujer.

— ¡Oh, pero eso puede arreglarse!—exclamó Enid y rápidamente conjuró el gramófono que tenía en su habitación.

Emocionada, lo hizo funcionar para que reproduzca el disco que ya tenía. La casa comenzó a llenarse con la voz melodiosa de Celestina Warbeck que cantaba "Un caldero lleno de amor". Lessi sonrió al recordar la conversación que había tenido semanas atrás con un Neville borracho y él parecía estar recordando lo mismo porque cuando ella miró en su dirección se encontró con sus ojos y su rostro plagado de vergüenza.

— ¡Oh!—exclamó Augusta— Me encanta esta canción.

Theo no tardó ni un segundo en tender su mano hacia la anciana con galantería, haciendo una ligera reverencia. La mujer rió y aceptó la invitación. Inmediatamente, ambos comenzaron a mecerse de un lado al otro al compás de la música. De vez en cuando, Theo la hacía girar con suavidad, siempre sonriendo y procurando que sus ojos estén en los de ella.

Enid y Algie se unieron al baile y fue ese el momento en que Lessi aprovechó para tomar la mano de Neville, sorprendiéndolo, para comenzar a arrastrarlo lejos de allí.

— ¿Dónde…?—comenzó a preguntar pero se silenció cuando ella se llevó un dedo a los labios.

Aún no estaban lo suficientemente lejos de la abuela del chico y no quería arriesgarse a que se diera cuenta tan pronto de su ausencia. Apresuró sus pasos hasta llegar a la puerta de atrás que daba al patio. Salieron al exterior y sin perder tiempo ella lo siguió guiando hacia el pequeño invernadero que Neville había instalado en donde tenía todas sus plantas cuidadosamente protegidas.

Allesia se volteó a verlo antes de poder llegar al invernadero que tenía la puerta entreabierta.

—Cierra los ojos—le ordenó.

Neville la miró con extrañeza pero ante la mirada insistente de ella, dejó caer sus párpados.

—No los abras hasta que yo te diga—indicó mientras volvía a tomar sus manos para guiarlo.

Neville oyó la puerta abriéndose y cerrándose detrás de él una vez que entró. Dentro no hacía frío como en el exterior porque él se había encargado de colocar un hechizo que regulara la temperatura para preservar las plantas.

— ¿Por qué hemos venido acá?—preguntó aún sin abrir los ojos.

— ¿Lo olvidaste?

Podía sentirla cerca de él, sosteniendo sus manos con seguridad. El aroma del perfume que usaba llevaba hasta su nariz; era un aroma suave, afrutado. Le gustaba.

— ¿Lo olvidaste?—repitió ella.

Neville se tuvo que obligar a concentrar en la conversación y no en la cercanía de su cuerpo.

—Lo siento…—pensó qué era lo que debía de recordar sin conseguirlo—yo… siempre me pasa lo mismo. Mi abuela me compró una vez una recordadora…

—Sí, lo recuerdo. Fue en primer año. Draco la robó y fue Harry quien la recuperó al vuelo—completó ella—. Sólo da un par de pasos más… Ahí, espera. Sigue con tus ojos cerrados. Te voy a soltar las manos pero no te muevas.

La sintió alejarse y de repente, detrás de sus párpados notó que el invernadero se iluminaba. Oyó sus pasos y luego silencio. Se preguntó qué estaría haciendo y por qué la necesidad de hacerlo cerrar los ojos.

—Bien, ya puedes mirar—le dijo.

Abrió los ojos y tras unos segundos para acostumbrarse a la nueva iluminación, la vio delante de él, con el cabello suelto cayendo sobre sus hombros, usando sobre su cabeza el brote de Helios que había transformado en una corona. Verla así, con las diversas plantas rodeándola, le aceleraba el corazón. Era como una ninfa del bosque que sin ser llamada había aparecido en su vida para ponerla de cabeza. Tenía una delicada sonrisa en sus labios, una sonrisa amable que iba más allá de la que podría haber aprendido tras muchos años de educarse en etiqueta.

—En menos de un minuto estaremos comenzando un nuevo año… y, dado que al parecer has olvidado lo que dijimos el primer día en que vine a verte…—esperó unos segundos para ver si sus palabras hacían mella en su memoria— ¡Mira, Neville!—exclamó riendo, señalando la mesa que tenían al lado en la que se encontraban una planta que le resultó muy familiar.

— ¡Oh, por Merlín!—exclamó el muchacho mientras giraba hacia allí y miraba emocionado la maseta— ¡Lo había olvidado por completo!—se volteó a verla con una enorme sonrisa llena de emoción— ¡La has cuidado!

Su emoción la enterneció de un modo extraño por lo que cuando le respondió lo hizo con una sonrisa dulce.

—Por supuesto que sí. No iba a dejar que se muera después de todo lo que has hecho para cuidarla.

— ¡Y sólo falta unos minutos!—siguió diciendo con emoción.

—Lo sé. He buscado en un libro de herbología las características de estas plantas y logré sacar la cuenta del momento exacto en el que la flor se abrirá. Tenías razón con lo del año nuevo, pero aún así repasé muchas veces los libros y logré conseguir la hora exacta. No sólo influye la posición de Saturno, sino también la de la Luna.

— ¿Lo hiciste?—Neville la contemplaba con completa fascinación, como si no pudiera creer que ella se hubiese tomado la molestia de hacer aquello.

Alessia se sintió ruborizar bajo la intensa mirada que le daba y se sintió ridícula por su propia reacción.

—Claro, tenía que hacerlo si quería que viéramos cuando la flor se abre. Y…—se alejó rápidamente para comprobar la posición de la luna, necesitando mantener un poco de distancia entre ellos—eso sucederá dentro de un minuto.

Por suerte, esa noche no nevaba. Las nubes no habían desaparecido por completo pero el viento que soplaba hacía que estas se movieran y, al hacerlo, dejaban entrever retazos de un cielo estrellado y oscuro. La luna no se distinguía por completo pero su brillo se podía distinguir a través de la leve nubosidad que había.

Alessia sabía que tenía que volver al lado de Neville, quien no dejaba de contemplar con fascinación aquella planta pero algo le decía que era una mala idea hacerlo. No porque podría suceder algo malo, sino porque ella podía cometer algún tipo de equivocación. Había algo en la forma en la que él la miraba o le sonreía que le hacía sentir su estómago lleno de cosquillas y eso no era bueno… Pero dado que no podía seguir simulando estar entretenida con la luna, se acercó y concentró toda su atención en el ser vivo que sería el protagonista de la noche.

A simple vista era una planta común, de hojas anchas y gruesas, perteneciente a la familia de las suculentas, pero al dar una mirada más cercana se podía distinguir unas pequeñas motas liliáceas que cubrían la parte inferior de las hojas. Del centro salía un tallo de unos cinco centímetros que terminaba en una flor aún cerrada. Todos sus pétalos comprimidos eran de color lila que a medida que se iba intensificando en los bordes hasta volverse de un tono negro intenso.

Ninguno de los dos dijo ni una sola palabra y ni siquiera el sonido del interior de la casa, las risas y la voz melódica de Celestina Warbeck, interrumpieron el momento. Había cierta electricidad en el ambiente, producto de la misma ansiedad y expectación que ambos sentían. Neville prácticamente contenía el aliento y ese minuto fue transformándose lentamente en eternos segundos en los que apenas podía contener la emoción.

No sucedió como ninguno de los dos esperaba. No fue algo lento y pausado. Los pétalos no se fueron abriendo con parsimonia, sino que sucedió de repente, haciendo que ambos soltaran jadeos de sorpresa. Pero no fue simplemente por el movimiento brusco de la flor sino también porque una pequeña explosión de magia que ninguno esperaba salió de repente. Se trasladó a través del ambiente con una pequeña onda expansiva; como si hubiese estado retenida todo este tiempo en ese capullo y finalmente hubiese podido conseguir la libertad.

Era una clase de magia diferente a la que ellos mismos portaban como magos pero que aún así eran compatibles, como si compartieran el mismo origen antiguo.

Alessia se estremeció, aunque no porque sintiera frío. Todo lo contrario, de hecho, sentía una calidez que casi podía jurar que salía de la flor y que invadía cada porción de su cuerpo.

Era una flor hermosa. La magia que había salido del interior de ella aún permanecía en el aire mientras los pétalos abiertos formaban una especie de estrella oscura con un centro color oro. Los pistilos eran tan largos como los mismos pétalos.

— ¿Sientes en aroma?—preguntó de repente Neville.

Alessia lo miró y vio que se inclinaba ligeramente hacia delante, colocando su nariz encima de la flor. Aspiró y de inmediato sus ojos se cerraron con parsimonia. Entusiasmada por esa reacción, se acercó también e imitó su acción, aspirando profundamente. Al igual que a Neville, sus párpados cayeron por propia voluntad cuando un aroma dulce, fresco y placentero invadió sus fosas nasales y llegó a sus pulmones.

Neville abrió los ojos con lentitud, encontrándose con el rostro de Alessia muy cerca. Tan cerca que su aliento chocaba con el suyo. La tentación era enorme. Sólo debía de acortar el par de centímetros que había entre su boca y la suya podría besarla como tantas veces había deseado hacerlo. El único problema que había era que estaba completamente seguro de que sería rechazado.

Esa triste realidad fue suficiente como para empañar la burbuja de emoción que sentía y aunque aún estaba feliz por haber tenido la posibilidad de observar florecer una planta tan exótica y única como aquella, ya no se sentía del mismo modo. Se aparó lentamente, volviendo a posar los ojos en la flor.

—Son sus últimos minutos—murmuró, notando que los pétalos comenzaban a adquirir un tono marrón.

Lessi abrió los ojos y también observó. Era triste. Una de las flores más magníficas del mundo cuya belleza era tan fugaz como un suspiro.

Los dos observaron en silencio como la flor iba marchitándose lentamente. Neville se apresuró a juntar cuidadosamente los pétalos secos en su mano a medida que iban desprendiéndose y los colocó el recipiente de su mortero de piedra.

—Esto duró tan poco—se lamentó Alessia.

—Lo sé, pero piensa en todo lo que se podría hacer con estos pétalos—les dijo señalándoselos—. Puedo pisarlos hasta volverlos un polvo fino y luego… úsalos en la clase de pociones.

— ¿Yo?

—Yo no soy bueno en pociones—dijo con un tono de obviedad.

—Creo que sin Snape como profesor tienes grandes oportunidades.

—Gracias, pero prefiero la Herbología.

Neville dejó a un lado el recipiente con los pétalos y se acercó lentamente a la joven. Se había dado cuenta de algo que ella parecía no haber notado aún. La miró con timidez aunque no estaba completamente seguro de porqué se sentía así. La emoción de haber visto aquella flor abrirse estaba todavía burbujeando en sus venas pero de un modo más calmado que antes.

Lessi lo miró sin decir nada.

—Feliz año nuevo—le dijo con suavidad él.

La realización llegó a los ojos de la chica y las comisuras de sus labios no tardaron en estirarse en una sonrisa dulce. Neville no se creía un tonto enamorado pero siempre que ella le obsequiaba aquel gesto su corazón se ponía ansioso, sus manos sudaban y tenía que combatir contra sus propios impulsos.

—Feliz año nuevo, Nev…

No pudo evitarlo. Segundos después de que lo hizo sintió una culpa abrumadora que lo carcomió por dentro, pero en ese instante, verla, sentirla, tenerla tan cerca, pudo con sus mejores intenciones. Se inclinó hacia adelante y pegó sus labios a los suyos.

Alessia retrocedió casi dando un salto, mientras los ojos de Neville se llenaron de horror y vergüenza.

Ella no podía dar crédito a lo sucedido. Él la había besado. Claro, se había dado cuenta de que había querido hacerlo antes pero nunca hubiera imaginado que realmente algún día tuviera el valor para hacerlo; aunque, por su expresión, podía apostar lo que fuera a que había sido un impulso y no algo que había planeado. Ahora estaba avergonzado. Ella misma lo estaba y no sabía cómo proceder…

—Lo sien…

— ¡Silencio!—lo interrumpió.

No quería escucharlo pedir disculpas.

—Pero realmente lamen…

Lessi se inclinó hacia él y cubrió su boca con sus manos.

—Para que te quede claro, es horrible que te besen y luego se disculpen por hacerlo—le dijo—, como si hubiera sido algún tipo de equivocación…

Aún podía sentir el cosquilleo en sus labios y todo su cuerpo parecía pedir un poco más de esa sensación. No había sido precisamente el mejor primer beso que podrían haberse dado pero ya había sucedido. El problema era que no lo había esperado pero ahora que había ocurrido no podía dejar de pensar cómo se sentiría ser besada por Neville… realmente ser besada por él…

Neville la miraba fijamente, aguardando por su reacción. Temiéndola. Casi podía imaginar cómo terminaría siendo hechizado por ella o siendo retado a duelo por su hermano cuando se enterase de lo que había hecho.

Lessi alzó sus manos con lentitud, deslizándola hacia los costados de la cabeza del chico para terminar rodeando su cuello con ellas. Sus ojos se posaron en los labios que tenía delante e inconscientemente se estremeció. Si ella lo besaba sería un momento decisivo en su relación, uno del que no habría marcha atrás…

Podría ponerse a pensar en las consecuencias…

O simplemente hacerlo.

La segunda opción pudo con ella.

Lo miró fijamente a los ojos, diciéndole en silencio lo que estaba a punto de hacer. Se puso de puntas de pie para poder alcanzarlo y acercó sus labios a los de él pero no lo besó de inmediato. Sus ojos se alzaron al rosto de Neville. El chico parecía completamente aturdido pero para nada disgustado así que sin perder más tiempo terminó de acortar los centímetros que los separaban y unió sus labios. Al comienzo fue simplemente un mero contacto, apenas una presión, pero luego, poco a poco, cuando nuevamente el cosquilleo comenzó a recorrer todo su cuerpo, comenzó a moverlos encima de los de él, esperando a que reaccionara.

La respuesta de Neville, más allá de la profunda sorpresa que lo dejó petrificado por unos segundos, fue tímida al comienzo. No sabía bien qué hacer y no quería arruinar el momento que durante tanto tiempo había esperado. Con lentitud, deslizó sus manos que hasta la cintura de la chica y ella, aunque ese no había sido su intención, no tardó en tomarlo como un impulso para pegar su cuerpo al de él. Neville se sintió en el cielo. Sus párpados cayeron sobre sus ojos y el resto de sus sentidos se elevaron. Este era su primer beso y para él no podía ser más perfecto. Ella era cálida y sabía al champagne dulce que había bebido momentos atrás.

Su corazón nunca antes había latido con tanta velocidad.

Muy lentamente, como si no deseara hacerlo, la joven apartó su boca, tomando una respiración profunda. Neville también lo hizo. No se había dado cuenta de cuánta falta había estado haciendo el aire a sus pulmones sino hasta que aspiró. Abrió sus ojos ligeramente, notando que ella aún mantenía los suyos firmemente cerrados y no hacía ni un solo movimiento para apartarse de él.

Distraídamente, Neville movió sus manos para acariciar el contorno de su cintura. Sin quitar sus ojos de ella, la vio morderse el labio inferior ante el toque. ¿A caso era posible que deseara ser besada de nuevo? ¿Por él? ¡¿Por él?! Casi no podía creerlo… pero dado que el Destino parecía creer que había hecho algo muy bueno como para darle ese premio, no dejó de desaprovechar la oportunidad. Acercó su rostro nuevamente al de ella y la besó.

Alessia no protestó. Por el contrario, no dudó ni un segundo en devolverle el beso. Se apretó contra él, sintiendo maravillosas sensaciones recorriéndola cada vez que sus labios se movían uno contra otro. Sus brazos rodeaban el cuello de Neville pero poco a poco deslizó uno de ellos hasta que una de sus manos se enredó en el cabello del chico. Neville se estremeció al sentir sus dedos jugando con su pelo.

— ¡Neville Frank Longbottom!

El chico podría haber roto el techo del invernadero si hubiera saltado más alto, tan lejos de ella como fuera posible ante el grito represor que dio su abuela.

Los dos miraban a la anciana que se encontraba en la entrada, sin ningún tipo de abrigo, con una expresión que iba entre el horror y el descontento. Detrás de ella, se encontraba Theo, que a pesar de no verse molesto como lo hacía la anciana, tenía el ceño fruncido y no dejaba de mirar a Neville. A pesar de que sentía una terrible vergüenza por haber sido descubierta besando a Neville, Lessi intentó actuar con aparente tranquilidad y les sonrió, rogando para que le rojo de sus mejillas se marchara pronto.

—Feliz año nuevo…—comenzó a decir suavemente en un intento de amortiguar las miradas furibundas que daba Augusta Longbottom a su nieto pero su voz fue muriendo lentamente.

—Debo tener una muy seria charla contigo—le dijo sin responderle a la chica.

Alessia intentó protestar o decir al menos algo lo suficientemente inteligente para salvar a Neville de lo que obviamente sería una dura reprimenda pero en cuanto abrió la boca notó el gesto que hizo Theo para llamarle la atención. Lo miró y su hermano le ordenó con una mirada que guardara silencio. Quiso protestar pero algo en los ojos que él le lanzaba le decía que su prometido no sería el único en tener una charla seria.

Cuando Neville y su abuela caminaron hacia la puerta, Theo se apartó de la entrada para dejarlos salir y luego hizo un gesto con su mano para que ella lo siguiera. Tomando aire profundamente, hizo lo que le pedía.

—Te lo juro, abuela…

Su abuela le lanzó una mirada que lo silenció de inmediato.

La anciana lo había llevado al antiguo despacho de su padre que sólo era usado en ocasiones como aquellas, cuando la mujer mayor estaba realmente furiosa y quería reprenderlo duramente.

—Estoy muy decepcionada de ti. Ella es una la hija de…

—Hijastra—corrigió sin poder evitarlo.

—Terminología sin importancia—hizo un gesto con la mano para dejar de lado aquel comentario—. Ella pertenece a una familia mágica importante y tú sólo eres capaz de faltarle el respeto de ese modo.

— ¡Sólo la besé!—se defendió y el rubor de sus mejillas se acentuó al decir esas palabras, lo que hizo que su abuela lo contemplara significativamente, como si no creyera en sus palabras— ¡Lo juro! Incluso… esta fue la primera vez que nos besábamos—confesó con una profunda vergüenza.

Algo produjo que la mirada de la anciana se suavizara.

—No cometas el error de creer que no entiendo lo que es ser adolescente—le dijo sin alzar la voz pero con la usual firmeza—. Por el contrario, lo sé. Es por eso que quiero que ambos estén vigilados.

— ¡Pero no haremos nada!—exclamó Neville con enojo.

—Quizás no aún pero créeme, conozco perfectamente esta situación. Lo último que deseo es que la señorita Nott aparezca anunciando un embarazo ¡A su edad!

— ¡Eso no sucederá!

No es que no había pasado por su mente la posibilidad de tener una relación mucho más íntima con ella, claro que lo había hecho; sin embargo, un embarazo estaba fuera de toda discusión. ¡Eran adolescentes, por Merlín, no podían ser padres! Además, a penas esa noche se habían dado su primer beso. Había un largo camino que recorrer hasta que finalmente tuviera la oportunidad de hacer algo más que besarla… pero este no era ni el momento ni el lugar y mucho menos la compañía adecuada para tener ese tipo de pensamientos.

—Abuela, te juro que nunca fue mi intención faltarle el respeto a Alessia, ni a su familia—aseguró cuando notó que la anciana permanecía en silencio.

—Quiero que te vayas a disculpar inmediatamente con su hermano—le ordenó.

Neville se sintió empalidecer.

— ¿Qué?

—Me has oído muy bien. Debes ir y disculparte con él por el modo en que has tratado a su hermana.

—Abuela, yo no…—comenzó a decir con desespero.

—Ahora mismo.

Su abuela no había elevado el tono al decir aquellas últimas dos palabras pero algo en el modo en que las dijo sumado a la mirada penetrante que le lanzaba no dejaba lugar a la discusión. Así que con una resignación abrumadora, la cabeza gacha y los hombros caídos, salió del despacho de su padre y se encaminó hacia la habitación de Theodore Nott. Decir que estaba asustado era poco. Aunque su relación con el chico no era precisamente mala tampoco eran amigos y estaba seguro que a ningún hombre le gustaría tener que ser testigo de cómo besaban a su hermana.

—No entiendo cuál es el problema.

Theo no dejaba de caminar por su habitación, sin mirar a su hermana en ningún momento. Ella, sentada en el borde de la cama, lo seguía con la vista.

— ¡¿No entiendes?!—preguntó sin quedarse quieto.

—No. Hace unas horas me decías que no te importaba qué demonios hacía con mi cuerpo, que era mi decisión… ¡Siempre preguntándome si había dormido con él o si planeaba hacerlo! ¿Qué sucede contigo? ¿Cómo puedes estar tan enojado ahora? Sí, Neville y yo estábamos besándonos ¿y qué?

Theo se detuvo de repente y ahora sí la miraba directamente a los ojos.

—El problema, el cual obviamente no pareces querer ver, es que niegas rotundamente tener cualquier tipo de sentimientos por él. Sí, dijiste que te gusta pero, ¿eso es todo?

— ¿Qué…?

—No—la interrumpió—. Déjame terminar. ¿No lo entiendes? Estás engañándote a ti misma y mintiéndote, me mientes a mí…

—Siempre he sido sincera contigo, Theo—le aseguró pero él hizo un gesto con las manos que la volvió a callar.

—Tienes que tomar decisiones difíciles que no sólo afectan a tu vida sino también a la mía y a la de tu prometido… sin tener en cuenta al resto del mundo mágico. Sí, sé que quieres hacer lo mejor para nosotros y que me prometiste que hablarías con Dumbledore pero me resulta tan difícil de creerte cuando noto el modo en que miras a Lonbottom. Estás enamorada de él.

— ¡No, yo no…!—se puso de pie e intentó protestar ante esa absurda idea que tenía su hermano.

— ¡Por Merlín, abre los ojos!—le pidió con cierta rabia— Nunca fuiste tonta aunque admito que tienes una excelente capacidad para simular serlo cuando quieres…

— ¡Oye…!

—Lo que intento decir es que no puedes estar jugando con los sentimientos del pobre chico.

—No sabía que estabas tan preocupado por él—dijo con cierto tono despectivo que inmediatamente se arrepintió de usar.

—Es un buen chico—se encogió ligeramente de hombros—y sólo intento hacerte ver qué es lo mejor para ti. Por mi no deberías preocuparte, yo puedo simular indiferencia, puedo hacerle creer a mi padre que estoy de acuerdo con sus absurdos ideales aunque no lo esté…

—Yo también.

—No. Ya no puedes. Ahora está Neville en medio…

—Estás subestimándome.

—Estoy protegiéndote—la contradijo—. No estoy enfadado porque lo hayas besado. De hecho, creo que es lo mejor que podía haber sucedido dadas las circunstancias. Quiero, repito, que te des cuenta que él es el camino que debes elegir, que no seas tan terca…

—Si lo que intentas decirme es que me olvide de ti…

—Sé que no lo harás. Simplemente te pido que veas las cosas con claridad.

La voz de su hermano había sonado tan cansina. Alessia entendía qué era lo que quería decirle pero le costaba tanto hacerle caso. Era lo lógico, lo mejor para ambos simular estar separados, teniendo ideales diferentes, cada uno intentando sobrevivir a esta guerra tomando caminos diferentes…

—Siento que ya hemos tenido esta conversación—musitó ella.

—La hemos tenido, aunque quizás con otras palabras—concordó él antes de acercarse—. Haremos lo que esté en nuestras manos por permanecer juntos pero si eso no es posible, no sacrifiques lo que sientes por Longbottom por mí.

—No es justo que tú sacrifiques tus propios sentimientos…

—Mis sentimientos no son correspondidos así que el daño no es tan grande—murmuró con amargura.

Alessia se acercó a él y se dejó caer contra su pecho. Los brazos de Theo no tardaron en envolverla.

— ¿Cómo es que siempre que comenzamos a gritarnos terminamos así?—preguntó suavemente Alessia, con la voz ahogada contra su pecho.

Theo sonrió con tristeza.

—Eres mi hermana—dijo como si esa fuera una explicación suficiente.

El abrazo que se daban tenía el sabor a despedida aunque ninguno dijo absolutamente nada al respecto. Alessia clavó sus dedos en la espalda de su hermano con fuerza, sintiendo casi que su corazón quedaba a la altura del de Theo y que podían sentir los latidos del otro.

—Ve con él—le susurró al oído.

Lessi besó la mejilla de su hermano antes de desprenderse de su agarre y abrir la puerta para salir de allí. Sin embargo, antes de avanzar por el pasillo, se encontró con Neville de pie, con la mano elevada, dispuesto a tocar la puerta. El recuerdo de sus labios sobre los de ella la invadieron de inmediato y no pudo evitarse morder su propio labio inferior, sintiendo en su estómago cientos de mariposas… ¿Cómo podía ser?

—Eh…—las mejillas de él inmediatamente se ruborizaron cuando la vio hacer aquel gesto, como si hubiese estado pensando lo mismo—yo… ¿podría hablar con tu hermano?

Aquel pedido le pareció demasiado extraño pero recuperándose, así asintió lentamente y se apartó a un lado para dejarlo entrar.

—Longbottom—dijo Theo con seriedad.

El color rojo de las mejillas de Neville se marchó de inmediato, volviéndose pálidas de repente.

—Yo… yo… sólo quería… disculparme por…

A pesar de las emociones anteriores, Theo no pudo evitar sonreír ligeramente ante aquello. Sólo a él se le podría ocurrir venir y disculparse.

— ¿Por qué precisamente?—preguntó volviéndose serio y contemplándolo con absoluta fijeza.

—Porque… por faltarle el respeto a tu familia y… y…

— ¿Enredarte con mi hermana y poner tu lengua en su garganta?—inquirió simulando estar profundamente enojado pero al ver que el pobre Gryffindor parecía estar a punto de desmayarse, ya no pudo contenerse más y terminó riéndose en su cara.

— ¡Muy gracioso!—exclamó Lessi con sarcasmo—Vamos, Neville. No necesitas disculparte.

Antes de que él pudiera decir cualquier cosa, algo tan absurdo como una nueva disculpa, lo tomó de la mano y lo arrastró fuera del cuarto de su hermano. El pasillo estaba desierto, por suerte, y nadie los vio salir y tampoco dirigirse hacia la habitación del dueño de la casa.

Neville comenzó a sentirse nervioso cuando estaban frente a la puerta de su cuarto. No sabía qué pretendía hacer Lessi y estaba bastante aterrado ante la posibilidad de ser descubierto nuevamente por su abuela. Miró nerviosamente el pasillo, cosa que no pasó desapercibida para la joven.

— ¿Puedo entrar?—le preguntó ella, mirándolo atentamente.

No supo de dónde pero encontró algo de coherencia dentro de su cerebro que mandó la orden a los músculos de su cuello para asentir. Ella se apartó unos centímetros para permitirle asir el picaporte de la puerta y abrir. Como le habían enseñado, no entró primero sino dejó que ella ingresara antes como estipulaban las reglas de comportamiento para luego seguirla. Estaba por dejar la puerta abierta pero en cuanto ella se dio cuenta se acercó para cerrarla con suavidad, sacando apenas unos segundos sus ojos de los del chico.

Neville se aclaró la garganta, incapaz de saber qué hacer a continuación pero ella lo resolvió rápidamente, sonriéndole con coquetería antes de casi literalmente lanzarse contra él para besarlo por tercera vez en la noche. No es que se quejara pero aquello lo tomó por sorpresa. Se separó lo más suavemente posible.

—Si mi abuela…

—No me importa—lo cortó y estuvo por volver a besarlo pero un pensamiento repentino la detuvo—. Pero, si no quieres…

Fue el turno de Neville de inclinarse hacia ella y besarla para silenciar la absurda de su idea. Su temor era por ser descubierto por su abuela, nada más; porque ¿cómo no iba a querer besarla si aquello era lo que durante meses había ansiado hacer?

Las mismas sensaciones que la primera vez que la besó comenzaron a recorrerlo. Aquello había sido como encender una chispa, una mecha, que poco a poco iría consumiéndose con cada movimiento de sus labios. Ella volvió a colocar sus manos alrededor de su cuello, a enredar sus dedos en su cabello y a pegarse a su cuerpo sin demasiados estímulos. Neville no podía dejar de estremecerse y le complació enormemente darse cuenta que al acariciar su cintura también podía causar las mismas sensaciones a Alessia.

Lessi se separó de sus labios pero siguió pegada a él. Sabía que haberse dejado llevar por el impulso de querer besarlo nuevamente no había sido demasiado inteligente de su parte pero… ¡qué importaba! Era una adolescente y ¡por Merlín! besar a Neville resultaba ser una experiencia muy excitante.

—Sólo quería desearte buenas noches—musitó.

Las comisuras de los labios de Neville se estiraron en una sonrisa que le hizo sentir a la chica cosquillas en la boca de su estómago.

—Creo que ahora es mi turno de desearte buenas noches—le dijo antes de besarla de nuevo.

Este beso fue diferente. Comenzó lento pero pronto Lessi tomó prestada la valentía del Gryffindor y deslizó una de sus manos por la mejilla de Neville, acariciándolo con sus dedos hasta su mentón, presionando ligeramente aquella zona. Por fortuna, su prometido fue lo suficientemente inteligente como para entender el mensaje que quería darle y no tardó en abrir sus labios. Tampoco tardó ella en mordisquear ligeramente su labio inferior antes de deslizar su lengua dentro.

Neville abrió los ojos enormemente al sentir la suave caricia de la lengua de Lessi con la suya pero rápidamente sus párpados volvieron a caer mientras se concentraba en imitar todos sus movimientos. Esa era una sensación que nunca antes había experimentado y, a pesar de que había escuchado de aquel beso tan íntimo, jamás habría podido suponer que pudiera causar tantas sensaciones en él, como si las millones de terminaciones nerviosas de su lengua produjeran una electricidad placentera que deseaba que sólo se repitiera.

Le gustó sentir que ella mordisqueaba sus labios pero le gustó casi aún más morderles los de ella porque cuando lo hizo, Lessi se apretó contra su cuerpo y gimió despacito. Ese sonido llevó un potente cosquilleo a su entrepierna…

— ¿Neville? ¿Estás ahí?

Neville se separó de sus labios reprimiendo un gemido de molestia ¡Merlín, sólo quería seguir besándola un poco más!

— ¿Quieres que me esconda?—Lessi preguntó entre susurros conteniendo una sonrisa.

Su prometido negó con la cabeza. Era sólo su tío y él nunca le diría a Augusta Longbottom que su nieto tenía una preciosa y sexy chica en su dormitorio… ¡Por las barbas de Merlín, ni él podía creer su suerte!

Se acercó a la puerta y abrió un poco. Su tío tenía esa sonrisa pícara que le advirtió que ya había sabido que estaba allí dentro, que no estaba solo y lo que estaba haciendo.

—Creo que será mejor que tu chica vuelva a su habitación—le dijo en anciano—mientras tú y yo tenemos una charla.

Neville quiso encontrar una buena excusa para salvarse de esa charla que ya podía adivinar de qué iría, pero no se le ocurrió nada. Oyó una risa detrás de él y al girar la cabeza vio a Lessi cubriéndose justo la boca con sus manos para ocultar una sonrisa. Ella también sabía de lo que quería hablarle su tío-abuelo.

—Creo que esa es mi señal para marcharme—dijo antes de avanzar, empujar la puerta para dejar que el hombre la viera y despedirse de ambos con prisa.

—Tío—comenzó Neville una vez que ella se marchó—, no creo necesario que…

—Oh, yo creo que sí—Algie le giñó un ojo con complicidad—. Sé que ya no soy un adolescente pero aún puedo recordar lo que se siente tener una joven tan hermosa como la que acaba de irse.

Sin tener otra opción, dejó pasar a su tío y se preparó para tener la charla más vergonzosa de su vida.