13. Sirius Black/Rodolphus Lestrange (En el mundo de los sangres pura, los contratos matrimoniales concertados son lo más común para perpetuar los linajes más antiguos. Sirius tiene un prometido que no le dejará escaparse de su contrato con los Lestrange)


Sirius no iba a casarse con Rodolphus Lestrange, ni en esta vida ni en ninguna otra.

Su compromiso había sido firmado por sus padres cuando Sirius dio sus primeras muestras de magia.

Y el más mayor había sido una sombra ceniza en su horizonte a la que rechazaba por sistema.

A él los sangre pura, los sagrados 28 y sus obsoletas tradiciones le chupaban un huevo y parte del otro. No iba a casarse y punto.

Cada año, en cada fiesta a la que era obligado a asistir bajo pena de "mientras vivas bajo nuestro techo y uses nuestro dinero harás lo que nosotros digamos" de su queridísima madre, le veía. Alto, delgado, más oscuro que los huevos de Moony cuando se transformaba en lobo. Y siempre mirándole, el cabrón le daba una grima horrible.

Y ya le tuvo que maldecir el culo cuando se atrevió a espantarle un ligue hacía un año.

—Me follaré a quien me dé la soberana gana, hoy y siempre.—Fue su frase final cuando lo dejó enfadado y dolorido.

Así le quedaría clarito que a él nadie le decía qué hacer, o casi nadie.

Su madre y Remus no contaban, los dos eran insoportables a su propia manera.

Y allí estaba de nuevo, James le había prometido que en cuanto acabaran la escuela se irían a vivir juntos. Aunque por la cara de enamorado del cuatro ojos, iba a tener que buscarse un plan solito.

La fecha de su boda con Rodolphus estaba fijada para el 29 de julio de 1978, sábado, a las siete de la tarde.

Eso no iba a ocurrir, eso no iba a ocurrir.

Ese era su mantra desde los 12 años cuando sus padres realizaron una cena con los Lestrange para anunciarlo, como si ellos dos no estuvieran presente. Un Rodolphus de 15 años lo miraba sin decir nada, ni siquiera cuando Sirius hizo explotar la fuente de guisantes.

Sirius se mataría antes de casarse con él, quizás no hiciera falta tanto drama, con fugarse era más que suficiente.

Una mierda para su madre, y otra para Lestrange.

Pero allí estaba, en Hogsmeade, y Sirius no creía una mierda en las casualidades, mucho menos cuando tenían que ver con su prometido.

Ni se acordaba del nombre de su cita de ese sábado, le daba igual, se lo tiraría igual. Estaba bueno.

De hecho, le comió el morro delante de Rodolphus para joderle. ¡Qué no se iba a casar con él!

—Sirius, no hace falta que seas así, él no tiene la culpa—le dijo Remus, a veces de verdad que su amigo le tocaba las pelotas. Menudo hombre lobo de pacotilla, lo que tendría que hacer era morderle, pero no, su amigo tenía más interés en ver qué andaba haciendo Regulus y que le escuchara, que en defender a bocados a su amigo.

—Este discursito conciliador no te va a ayudar a que mi hermano te deje metérsela—lo dijo lo suficientemente alto como para que ambos lo escucharan.

Era su último año en Hogwarts ya era hora de que le echara huevos y se lanzara.

A Moony parecía que le iba a dar una embolia, Regulus solo le miró sabiendo que su venganza llevaría veneno.

También lo había oído Rodolphus y estaba sonriendo, Sirius le había visto sonreír poquísimas veces, y era inquietante cuanto menos.

Sirius le levantó el dedo corazón y buscó al ¿hufflepuff? con el que se estaba enrollando.

¿Dónde se había metido? Sirius le buscó por el local, y camino del baño no lo encontró a él, sino al intenso de Lestrange.

Puto grano en el culo.

—Se ha ido.—Su voz era profunda, y su nuez se movía rítmicamente.

—No me digas—bufó Sirius—, encontraré otra cita.

Se estaba por marchar cuando le agarró por el brazo.

—Tenla conmigo.

Sirius se volvió brusco, y le dio su peor mirada.

—Ni...

Rodolphus no le dio tiempo a contestar algo hiriente, le estampó contra la pared mugrienta del local favorito de Sirius, y le comió la boca.

Sirius le estaba rechazando más a patadas que con la boca, porque después de un par de ataques poco productivos tenía la lengua de Rodolphus lamiendo la suya y él devolviéndole la caricia. No era tan malo besando, ni metiéndole mano.

Para algo las tendría tan grandes, aquello era un magreo y lo demás eran tonterías, si a Sirius le diera por pensar, pensaría que se lo iba a follar allí mismo.

Y hasta se hubiera dejado, en fin, podría ser un buen polvo.

Pero el capullo se separó, ¿tanta tontería para parar después?

—¿Puedo invitarte a algo de beber?

Sirius estaba alucinando, un polvo se lo aceptaba, ¿una cita?¿Quién carajos se creía que era él?

—¿Vamos a follar?—dijo bruscamente.

—Esta noche no—dijo seriamente Rodolphus—, pero espero hacértelo muchas veces en el futuro.

Quizás Sirius tenía un problemita con el sexo y se pusiera caliente con nada, pero no iba a morder el anzuelo. Ese quería boda.

Se fue, sin mirar atrás y sin ver a James de la manita con Lily, a Remus hablando tímidamente con Regulus y a Peter emborrachándose mientras miraba a su prima Narcisa como un imbécil.

Pero no, no iba a hacer el camino a la escuela solo, no.

Tenía escolta, y Sirius le ignoró.

Capullo, le espantaba la cita, le hacía pensar que tendría sexo, e iba a tener que acabar la noche con su mano y su varita.

Cuando las protecciones de Hogwarts solo le dejaron entrar a él, le escuchó.

—Te veo el sábado que viene.

Sirius de nuevo le levantó el dedo corazón.

El sábado siguiente estaba allí, y no dejaba de mirarle sonriendo cuando se besó con una Ravenclaw.

Tampoco desaprovechó la ocasión para volver a besarle él, solo que besaba bastante mejor que esa chica de quinto.

Semana a semana, Rodolphus estaba allí, y fuera con quien fuera acababa arrinconado y siendo besado y sobeteado por él.

Cada vez más deseoso, pero el mayor siempre se retiraba y le invitaba a seguir la noche conversando.

Sirius no quería hablar una mierda, para eso ya tenía a sus amigos. No quería uno nuevo.

Y por el bulto que le clavaba Rodolphus todos los sábados él no solo quería hablar.

Esa noche le metió la mano dentro del pantalón, nada mal, pensó Sirius sosteniéndole en la mano duro, hinchado y de unas proporciones más que óptimas.

Esa noche lo tenía claro, allí iba a haber sexo. Comenzó a masturbarle mientras le besaba, y el muy cabrón se retiró cuando Sirius ya saboreaba con darse la vuelta y enseñarle el premio gordo.

—¿Quieres algo de beber?

Puto disco rallado.

—No, quiero follar.

—Hoy no.

—¿Cuándo?

—El 29 de julio a las siete y un minuto.

Sirius se reiría si no estuviera tan cabreado.

—¡No me voy a casar contigo!

Se fue, con dolor de huevos y enfadadísimo, todo eso era por el jodido compromiso.

El sábado siguiente Sirius se quedó en Hogwarts. Y el siguiente también.

¡Error! Porque cuando le volvió a ver le tenía mil veces más ganas, se volvió dejar arrastrar, besar y acariciar.

Esta vez Rodolphus le abrió la túnica y la camisa, Sirius sintió la lengua húmeda y cálida por su pecho. No era el único que había sufrido la espera.

Cuando casi llegó al cierre de su pantalón Sirius gimió de gusto, para encontrarlo de vuelta a sus labios.

—Nooo—gimió apartándose—. Mamada.

Rodolphus le miró con una de esas sonrisas.

—Voy a disfrutar tanto de ti nuestra noche de bodas.

Sirius le empujó.

—¡Que no me voy a casar contigo, joder!

Rodolphus le besó de nuevo.

—No entiendo esta estupidez, ni que fuera virgen, me he tirado a medio Hogwarts—se quejó mientras el otro le besaba el cuello.

—Pero no lo has hecho conmigo.

—Porque lo debes de hacer fatal y necesitas que esté casado para defraudarme y que no pueda escapar.

Rodolphus de nuevo le sonrió y le metió una mano por dentro del pantalón, le tenía más sobado el culo entelado que nada. Pero una mano sobre la piel sensible de su interior, eso era nuevo.

Conociéndole le dejaría a medias y enfadado. Pero a veces Sirius se equivocaba, y esa era una de esas veces, sintió un dedo colándose en su interior que le hizo jadear.

Sirius se agarró con fuerzas de sus hombros disfrutando las penetraciones demasiado certeras, al primero le acompañó un segundo y Sirius se mordió los labios.

Mierda, a ese ritmo iba a correrse con tres metidas más.

—Como me dejes a medias te mato y luego te revivo para matarte otra vez.

Rodolphus le besó hasta que Sirius se corrió, y le tuvo que ayudar a mantenerse de pie y que el hechizo que les daba intimidad se mantuviera hasta que se recuperara.

—¿Podemos tener ahora una cita?—le pidió tranquilamente.

Sirius estaba aún demasiado en la nube postorgásmica como para insultar, así que el otro lo tomó como un sí, y le plantó una cerveza de mantequilla delante.

Y esa noche hablaron, le acompañó de vuelta a la escuela y le dijo que le vería al sábado siguiente dándole un beso de despedida.

Sirius después de un buen orgasmo se quedaba muy suave y se maldijo en la cama aquella noche cuando se dio cuenta del lío que le había hecho su prometido.

Pero al sábado siguiente hubo una escena muy similar, dedos en Sirius, próstata complacida y orgasmo buenísimo.

Rodolphus desde luego sabía como hacerlo con las manos, luego lo invitaba a una cerveza de mantequilla y le contaba como le había ido en su trabajo en el Ministerio.

A la tercera, no fue solo Sirius el que se corrió, y sonrió orgulloso cuando lo consiguió. Se llevó su dosis, un par de marcas de chupetones y una conversación donde le contó que quería ser auror y a Rodolphus le pareció que le pega bastante.

Varias "citas" después Sirius necesitaba más.

Enganchado de su cuello y rodeándole con las piernas, se frotaba contra la polla durísima de Rodolphus.

—Follemos ya—dijo quejumbroso y cachondo.

Rodolphus le besó.

—Aún no...

—El 29 de julio, a las siete y un minuto.

—Exactamente.

—¿No te das cuenta de que eso no va a pasar?

Sirius se bajó y se le quitaron las ganas de todo.

—¿Por qué no quieres casarte conmigo?—le preguntó queriendo abrazarle.

—Y tú, ¿por qué sí quieres hacerlo?

—Porque eres mi prometido.

—Pues vaya mierda de respuesta.

—Porque eres divertido, tienes tus propias ideas, y eres más caliente que el mismísimo infierno.

—Lo soy, sí—sonrió Sirius—pero eso no es suficiente.

—Para mí sí, yo siempre he querido casarme contigo.

—Pero nunca nos querremos—se quejó Sirius, si se iba a casar, quería hacerlo por amor y no por tradición.

Rodolphus le acarició la mejilla, era más cursi que Remus.

—Yo no estoy tan seguro—luego le besó.

Cita tras cita llegaron los exámenes finales, Sirius quería ser auror y aunque pareciera alguien a quien le importaba todo una mierda. Estudió duro para los EXTASIS, no entendía porqué todos le miraban como si le hubiera salido dos cabezas, no era ningún estúpido.

—Me he enterado que has sacado muy buenas notas en los EXTASIS.—Aquel sería el último sábado del curso, el último sábado en Hogwarts, y el último sábado que ellos se verían así.

—Mi hermano tiene la lengua muy larga, ya podría darle un mejor uso con Moony.

Rodolphus le besó, y Sirius se dejó, en el fondo le sabía un poco mal que ya no iban a tener esos largos preliminares nunca más. Pero antes se cortaba un brazo que reconocérselo en voz alta. Seguro que lo solucionaba todo con su "cásate conmigo".

—Te mereces un premio.—Eso ya le iba gustando más a Sirius. Que comenzó a elevar las cejas en clara señal de que tenía claro lo que quería.

—Sexo.

Rodolphus sonrió y suspiró, debía reconocer que sí era atractivo, a su forma alargada y seria.

—Cuando nos casemos.

Sirius ya no gritaba y blasfemaba cuando lo decía, lo había dejado por imposible. Y en el fondo quería despedirse bien.

Se estaba volviendo un cursi también.

Aquella noche le habló de la casa en la que vivirían, de la habitación que había hecho construir para él como campo de entrenamiento. E incluso del cuarto para los niños que pensaba tener con él.

Sirius solo le miraba mientras comía la porción de empanada que Rodolphus le había pedido.

—Yo no quiero tener hijos—dijo Sirius sin darse cuenta de que había entrado en el juego.

—Somos muy jóvenes, no hay prisa alguna.

Sirius solo cabeceó, solo conocía a alguien más testarudo que Rodolphus y al final había conseguido salir con Lily y de hecho ya le había pedido matrimonio.

La empanada se le atragantó, y ya tenía ganas de irse.

Se levantó, le iba a dar las gracias pero mejor le dio un morreo, y se sintió un poco tonto.

—Nos vemos—se despidió, porque el "hasta nunca" que quería decir se le hacía complicado.

Fiel a su tradición, le acompañó hasta la escuela, y solo alargó el momento incómodo un rato más.

—Te veo la semana que viene—le dijo al despedirse, esta vez sí de verdad, Rodolphus.

—Las clases acaban dentro de tres días.

—Te veo la semana que viene, Sirius.

Estaba entre pegarle un puñetazo o darle un beso, era exasperante. Solo se fue sin mirar atrás.

Despedirse de Hogwarts era agridulce, Sirius estaba deseando comenzar una nueva etapa, quemarla a tope y ser libre.

Pero en casa de sus padres aquello era imposible, casi sintió alivio al ver, efectivamente, a Roldolphus al sábado siguiente.

La invitación de su madre le supo a traición, pero con tal de no escucharla un par de horas, ambos se quedaron en la Biblioteca con Regulus como carabina.

Su madre debía estar jodiéndole, se follaría a quien le diera la gana delante de su hermano, y el que acabaría traumado sería este.

—¿Qué haces aquí?—le dijo de malas formas, aunque la verdad es que tenía que obligarse un poquito a hablarle así.

—Te prometí que nos veríamos.

Regulus intentó esconder la sonrisa que se le estaba formando detrás de su libro.

El humor de Sirius era una cosita caprichosa de normal, en Grimmauld Place se ponía rabiosa perdida, y Regulus nunca ayudaba.

—¿Te vas?—No era una pregunta.

—No, madre quiere que esté aquí.

—Madre me puede comer...

—Regulus—intervino Rodolphus—, será nuestro secreto.

Y le guiñó un ojo, a su hermano, al mierdecilla lameculos. Por primera vez sintió unos celillos sospechosos, máxime cuando Regulus se fue.

—¿Qué tratos tienes tú con mi hermano que te hace caso?

—Ninguno que tenga que preocuparte—. Rodolphus estaba sentado como un perfecto sangre pura mientras que él estaba despatarrado vulgarmente. En esa casa lo hacía todo muy vulgarmente.

—En serio, ¿a qué has venido?

—¿Tan raro te parece que quiera pasar tiempo contigo, sobre todo después de todo lo que ha pasado entre nosotros?

Olía a trampa.

—Poco hemos hecho...y no me vengas con el cuando nos casemos, no nos vamos a casar, no me voy a casar, tú podrías buscarte a otro.—Esa idea era buena—Cásate con Regulus, además él te hace caso.

El mago sería serio pero también era rápido y le tumbó en el sillón viejo y ortopédico que adoraba su madre.

—A mí no me gusta Regulus, me gustas tú, y me gustas mucho.

Notaba una cosa dura clavándosele en la cadera, y esperaba que no fuera la varita precisamente.

—Estoy deseando que llegue el día en que podamos estar tú y yo solos, en nuestra casa, y que seas todo mío.

—Yo si fuera tú me cogía ahora que estoy en oferta, en unas semanas quién sabe.

—Hoy no.

Sirius se lo quitó de encima, quedaban cuatro semanas para la fecha, y la broma ya no le hacía ni puta gracia.

Le faltaba el aire, era aquella maldita casa, eran las malditas tradiciones que no servían para nada, y que ese cretino le gustaba un poco. Pero de ahí a algo más.

Le sintió acercarse y abrazarle por detrás, se dejó y no sabía muy bien porqué.

—Míralo como un acuerdo ventajoso para los dos, te irás de aquí, tendrás tu propio dinero, harás lo que tu quieras, estarás meses en la academia...

—Un chollo.

—Piénsatelo, me harías muy feliz.

—Eres tan raro, ¿no te cansas de que te rechace?

—A mí no me parece que lo estés haciendo.—Sirius miró la escena, se estaban moviendo lentamente y Sirius se dejaba acariciar. No, así visto no lo parecía.

—No me refiero a esto—lo que iba a decir lo pensó más de lo que pensaba las cosas normalmente—esto lo hago con cualquiera.

No es que sus encuentros fueran desde hacía tanto tiempo y en la mitad de ese tiempo se la pasaban comiéndose la boca, pero notó el cambio en él.

Le dio un beso en el cuello y se apartó.

Se volvió a sentar y cogió la taza con té que habían preparado los elfos domésticos para ellos.

Sirius le miró de reojo, había dicho la verdad pero debía reconocer que Rodolphus nunca le había hecho nada malo, y que él siempre había sido un cretino con él.

Pero no tenía nada más que decirle, y aún así quería acercarse y darle un beso para que volviera a mirarle como llevaba haciéndolo toda su vida.

Dos tazas de té y kilos de silencio después, Rodolphus se despidió. En cuanto salió por la puerta Regulus entró.

—¿Qué le has hecho?—le acusó su hermano.

—Solo le he dicho la verdad, que no me voy a casar con él.

La cara de Regulus pasó del enfado al espanto.

—Madre ha hablado con sus abogados, si no lo haces te desheredará.

—No necesito el dinero.

—¿Y tu carrera de auror? Que yo sepa no se paga sola.

—Le pediré un préstamo a James.

—¿Y de donde crees que viene su dinero?

—Los Potter me adoran.

—Son primos, te guste o no, que te desherede te conecta con casi todos en el mundo mágico. A veces no sé cómo puedes ser el hermano mayor y el heredero.

Eso no lo había tenido en cuenta, podría trabajar, ahorrar y pagar la academia más tarde, ¿cuánto necesitaba?

—Me las arreglaré.

—Por Salazar, eres...

—¿Libre?—Reconocía que sacar de quicio a Regulus era su pasatiempo veraniego preferido.

—Si tú no te casas, ¿sabes que ocurrirá?

—Ya me lo has dicho, deshora, pobreza, bla, bla, bla...

—Que yo estaré obligado a casarme con él por contrato, lo pone bien claro en el acuerdo.

Sirius lo había dicho por decir hacía un rato, pero en realidad no lo había visto nunca como una opción.

—¿Para mí es bueno y para ti no?—No era eso en realidad lo que quería decir.

—Rodolphus lleva enamorado de ti toda la vida, ¿en qué posición me deja a mí? Además, yo...—su hermano tartamudeante y nervioso, ver para creer—yo quiero a otra persona.

Sirius le hubiera contestado algo hiriente, pero nunca había visto a su hermano así, y se temía quién era la otra persona.

Acabó hundido en el sofá comiendo galletas con cara de perro pulgoso.

Al sábado siguiente Rodolphus no apareció, y Sirius se sintió entre traicionado y culpable.

¿Realmente estaba enamorado de él? ¿Y por qué ahora se ofendía? Le llevaba diciendo que no meses. Incluso años.

Era época de bodas sangre pura, y Sirius fue a la de la semana siguiente porque iba James, nada que ver que los Lestrange estuvieran presentes.

—¿Qué le pasa a tu hermano?—le preguntó James que estaba tan aburrido como él. Había ido porque Lily estaba de viaje con su familia y podrían emborracharse juntos. Planazo.

—Creo que se está tirando a Moony, y lleva semanas si su dosis lobuna.—Se encogió de hombros, pero era cierto que desde aquella tarde Regulus estaba muy agobiado, triste y resentido. Un cóctel complicado.

—Tu prometido/acosador te está mirando.

Sirius se giró demasiado rápido, efectivamente Rodolphus le estaba mirando, inclinó la cabeza en forma de saludo y siguió hablando con otro invitado.

—Uy, ¿ya no te quiere?—se rio James, pero Sirius no se reía.

¿Se había rendido? Bueno, no es como si fuera a aceptar, pero vaya, no se esperaba esa retirada tan abrupta.

Que mejor, claro, pero le molestó.

Al final tuvo que acercarse él, porque la cara de Regulus era un poema y porque alguien no le prestaba atención durante... siempre y ahora le ignoraba.

—¡Qué boda tan aburrida!—dijo cuando llegó a su lado.

Rodolphus solo asintió, y siguió bebiendo de su copa.

—Se me ocurre algo que podría animarnos—continuó insinuante, se conformaba con una magreo pueril.

Vio su sonrisa pero ya no era esa sonrisa, sino una más ¿triste?

—¿Vamos?—lo intentó de nuevo.

—Lo siento, hoy no puedo.

—Dirás que no quieres—se enfadó Sirius.

—Puede ser.—Los ojos se le fueron a Regulus que los miraba con poco disimulo para ser él.

—El otro día realmente no sabía que si yo me niego, será Regulus el que ocupe mi lugar.

Con eso sí se ganó su atención, pero no sabía qué significaba su expresión.

—¿No hay alguna manera de que se cancele el compromiso?

Rodolphus terminó su copa y le miró unos segundos.

—Buenas noches, Sirius.

Y se fue, de verdad que se fue. Hasta le vio en la zona de desaparición. Ya está, nada más.

Sirius se emborrachó como una cuba, James también, y los acabaron invitando a irse de la boda.

Con los papeleos para la academia estuvo entretenido lo suficiente para olvidarse un poco del asunto, además se aseguró de que su madre firmara los pagos de la primera matrícula.

Cuando le hablaba de los preparativos de la boda y de si quería flores blancas o marfil, él solo sonreía.

Firma, vieja bruja.

Lo malo era la cara de Regulus, que era un grano en el culo, pero era su hermano pequeño, y también el novio de uno de sus mejores amigos.

Novio, tócate los huevos. Esos que el más joven no tenía, porque ya sabía él que no iba a ser capaz de enfrentarse jamás a su madre.

Si no era con esta boda sería con la que ella le organizara, y era estúpido si pensaba que la retrógrada de su madre iba a dejar entrar a un hombre lobo más pobre que una rata pero de gran corazón en la familia.

Si él fuera Regulus se fugaría, si él podía hacerlo, Regulus también.

De Rodolphus ni noticias, no tenía que molestarse, eso era lo que él quería.

Pero estaba hasta los huevos de la cara de cordero degollado de su hermano y las cartas tristes de Moony.

—A ver, James ha alquilado una casa en Cornualles—le explicó cuatro días antes de la fecha de la boda a su hermano—te vas allí, estará Remus esperándote y os largáis del país, yo creo que en un año o dos a madre se le habrá pasado. Aún seguirá enfadada conmigo—le guiñó un ojo.

Por primera vez desde que Regulus era muy pequeño vio a su hermano llorar, y no fue de alegría precisamente.

Se fue aún más alicaído, no iba a fugarse.

¿Estaba loco? ¿Es que no quería a Remus como él había imaginado?

Para mantener el papel, Sirius estuvo en su casa hasta la mañana del enlace tratando de convencer a Regulus.

—Vete, Sirius—le pidió el más joven.

—Ven conmigo, no quiero que te cases con él.

—Por un momento pensé que serías capaz de pensar en alguien más que en ti.

—Madre no pensó en mi cuando firmaron sin mi consentimiento.

—No me refería a ella, sino a Rod.

—¿Desde cuándo le llamas con esa familiaridad?

¿Estaba celoso? Imaginó juntos a Rodolphus y a Regulus y no le gustó nada, por Remus, claro.

—Lo peor es que él sí te gusta, no digo que estés enamorado, pero sí te gusta.

—Me lo tiraría pero de ahí a algo más.

Regulus meneó la cabeza y se colocó su túnica de gala, no era la del novio. Esa estaba en su habitación.

Le vio salir de su habitación, y se quedó allí.

Tenía una maleta preparada con sus cosas, él sí iba a ir a Cornualles, al menos hasta que a su madre se le pasara la sed de sangre.

Se escabulló de la casa a la que nunca más volvería, no la iba a echar de menos.

Tenía un traslador que podía activar cuando quisiera, pero no paraba de darle vueltas en su mano.

Remus se iba a quedar destrozado cuando no viera aparecer a Regulus, lo sentía por su amigo. Si él hubiera estado enamorado lo hubiera dejado todo, todo. Solo de imaginar como otra persona besaba a su ser amado se volvería loco, y más sabiendo que le dejaba por algo tan estúpido.

Estúpido Regulus, que se casaría, que tendría su noche de bodas con Rodolphus, que tendría hijos con él, que recibiría esos besos tan buenos que daba.

Estúpido.

Estúpidas tradiciones, estúpidos sangres puras, estúpidos Black y estúpidos Lestrange.

Con lo dramático que era Remus acabaría tirándose de un acantilado y caería sobre su conciencia.

Guardó el traslador. Entró en la casa de nuevo, todo estaba atestado de flores, de adornos nupciales, los elfos corrían por todos lados.
Iba a ir a llevarse a rastras a Regulus, pero este no se separaba de su madre en ningún momento.

—Vamos, Sirius. Es hora de que te vistas, la fotógrafa llegará en cualquier momento.— Miró fúrico a su hermano, pero este no quería mirarle a la cara.

Tuvo que ponerse la túnica, la verdad es que le quedaba como un guante, debía reconocerlo.

Aguantó media hora de órdenes y estupideces sobre su pelo y su lado bueno, antes de mandarlos a todos a la mierda. Pero Regulus se le había vuelto a escapar.

Aquella ridícula carrera secreta de Sirius tras Regulus les llevó hasta un punto sin retorno. Los invitados estaban allí y Sirius se vio inmerso en saludos, ¿iba a tener que sacarlo de allí a rastras?

Entonces le vio, Rodolphus y su hermanos Rabastan, igual de oscuros y siniestros, pero el suyo era más guapo.

Mierda, qué suyo ni suyo.

—Regulus—le siseó enfadado. Su hermano le ignoró.

—Vamos, vamos—le empujó su madre llevándoselo de allí en cuando vio a los Lestrange—Da mala suerte que los novios se vean.

Le dieron ganas de decirle que no solo ya se habían visto sino que se habían corrido más de una vez juntos.

Pero se calló, Sirius Black se calló por una vez en su vida y miró a su hermano con ojos de asesino. Regulus solo se encogió de hombros.

En una habitación contigua al salón que apestaba al tabaco "perfumado" de su tío Zacarías, Sirius se quedó estático.

Estaba a punto de empezar su propia boda y él estaba allí.

¿Por qué demonios había vuelto? Regulus le estaba evitando.

Un grupo de primas demasiado entusiastas llegaron riendo y detrás de ellas estaba su hermano.

—Ya es la hora, primito.—El tono de burla de Bellatrix le tocaba los huevos, y sacó su varita para maldecirla un rato, era un buen desestresante en cualquier caso, y era su boda, seguro que se lo permitirían.

—Vamos, vamos, vamos.—Su madre siempre arruinando la diversión.

Sirius sentía que llevaba horas siendo arrojado a la carrera de un lado para otro, y del mismo modo le ocurrió cuando su padre entró para llevarle junto a Rodolphus y un coro de primas imbéciles.

Sirius trató de agarrar a Regulus pero este le esquivó y solo le seguía a cierta distancia.

Todo el mundo parecía haberse quedado mudo cuando entraron, aunque a él más bien le estaban arrastrando.

Al final del todo, y junto a su hermano y un druida, estaba Rodolphus que le miraba sorprendido.

No le extrañaba él no debía de estar allí.

Le sonrió tan radiante que Sirius se atragantó, iba a joderle la fiesta y por una vez sí pensó que Rodolphus no se lo merecía.

Llegó hasta su lado, le tomó las manos, Sirius miró a Regulus y este le suplicaba con la boca pequeña.

—Por favor, por favor, por favor.

Sirius imaginó a Remus con la cabeza partida en el fondo del acantilado desde el que se había tirado por no poder estar con su amor verdadero.

Lo cierto y verdad era que los estaban casando y Rodolphus no le soltaba las manos, dándole pequeñas caricias tranquilizadoras.

Cuando llegó su momento del "sí, quiero", todos le miraban, todos, pero Sirius solo podía mirar los ojos un poco asustados de Rodolphus. Solo fue un instante, pero le vio bajarlos entristecido y como sus manos le estaban soltando.

Sabía que Sirius iba a decir que no.

—Sí.

Le volvió a mirar, ¿qué mierda había dicho?

Magia, chispitas y un coro de "aww" dio por finalizada la unión.

Rodolphus le besó, y solo ahí Sirius fue consciente de lo que había pasado.

—¿Qué he hecho?—dijo pegando su frente a la de su "esposo".

—Hacerme el hombre más feliz del mundo.

¡Venga ya! A Sirius hasta se le aceleró el pulso con esa declaración.

Miró a su hermano que sonreía aplaudiendo.

Miles de saludos, enhorabuenas y fotos después, volvió a estar entre los brazos de su marido.

—Te hice un a promesa, y no quiero faltar a ella, son las siete y media—le dijo bajito al oído.

Sirius sonrió por primera vez arrastrando a Rodolphus a la misma habitación aledaña.

—Más vale que ese polvo perezca la pena—le amenazó Sirius besándole y cerrando la puerta.

o0o

Regulus salió al jardín donde tenía a una lechuza esperando, la carta hacía horas que la había escrito. Solo esperaba que llegara a tiempo.

Cuatro horas después tres ex gryffindor entraron en la mansión Black, pero Regulus solo tenía ojos para uno.

Fue a su encuentro y antes de que pudiera decir nada le besó, su madre le hubiera matado sino estuviera tan contenta por la boda se su primogénito.

Remus le devolvió el beso un poco avergonzado, pero muerto del alivio.

—¿De verdad se ha casado?—dijo James alucinado.

—Míralo tú mismo.

Sirius estaba tan pegado a Rodolphus tras lo que él sabía era su momento postorgásmico que parecía otra persona.

Sus amigos fueron corriendo hasta su hermano, y su cuñado le sonrió apartándose del grupo.

Regulus le ofreció una copa mientras miraban al novio y sus amigos.

—Enhorabuena—le felicitó Regulus.

—Gracias—chocaron sus copas—. Y gracias.

—Te dije que lo haría.

El verano anterior Rod y él tuvieron una larga conversación, aún no entendí que veía en su hermano pero estaba loco por él y quería conquistarlo a toda costa.

—Sexo.

—¿Qué?

—Tienes que atraerlo con sexo, pero no un revolcón, algo que lo mantenga en vilo se cansa rápido de sus conquistas.

Y fue así como orquestaron un plan de ataque a Sirius Black. Mucha teoría y alguna clase práctica que le costó a Rodolphus un ojo de la cara. Le hicieron un amante digno de tener en cuenta.

La primera parte del plan había funcionado, Sirius había picado pero Regulus sabía que no era suficiente para llevarle al altar, necesitaba una noble causa, así eran los Gryffindor.

Y los tres cabeza de chorlito que tenía su hermano por amigos no cayeron en leer la letra pequeña del contrato, no. Solo idearon un plan de escape suicida.

Regulus nunca se hubiera casado con Rodolphus, solo había un motivo para que eso hubiera ocurrido y era si Sirius moría y Rodolphus aceptaba. Su cuñado nunca le hubiera aceptado, hubiera preferido quedarse soltero.

Pero eso Sirius no lo sabía.

Diría que lo había hecho por la felicidad de su hermano, porque ese tipo le quería y él no tardaría en corresponderle.

Él tenía sus propios motivos, y estaban allí, con esos ojos ambarinos que le volvían loco y con una maldición que teniendo que ser el heredero Black nunca podrían haber salvado.

Ahora ya no lo era, y su querido hermano ahora era el heredero y con más voz y voto si su madre amenazaba con expulsarlo de la familia.

Bebió de su copa y sonrió al saber que su plan había salido a la perfección.

—¡Qué vivan los novios!—gritó James, haciendo que un coro de vivas le siguieran.

Remus le miró ilusionado, Regulus tenía claro que era hora de retirarse y disfrutar de su propia vida.

Remus le siguió pasillo arriba.


De esta idea me enamoré, ya sabéis cuanto me gusta una pareja rara, y el gusto que le tengo al otro Lestrange.

!Me gustan!

Hasta la próxima.

Besitos

Shimi