61. Severus/Sirius (En una fiesta de antiguos alumnos de Hogwarts, los compañeros de Sirius se vengan de él por lo que les hacía pasar con sus bromas, dejándoselo atado y amordazado en el despacho de quién más le sufrió, Severus Snape)
Severus había huido de aquella estúpida reunión a tiempo para no ver a los ahora ya padres de familia hacer el ridículo bailando alcoholizados y pensando que aún tenían 17 años.
La reunión de la promoción del 78, veinte años después, era patética.
Gracias a Merlín, él ya estaba camino de las mazmorras donde encontraría su adorado remanso de paz.
Creía que no iba a poder sacarse del cerebro ni con un Obliviate la imagen de James Potter saltando con la corbata anudada a la frente.
Aunque bien pensado, podría embotellar el recuerdo y regalárselo a Harry como regalo en las próximas navidades, los traumas era mejor compartirlos.
Cuando abrió la puerta de su despacho que daba paso a su propio dormitorio, lo vio.
Severus se maldijo por no haber sido más previsor, no había alumnos en el colegio en esas fechas, y no imaginó que alguno osaría a adentrarse en su territorio.
Sirius Black, atado y amordazado estaba tratando de desatarse encima de su mesa.
Cuando le vio comenzó a farfullar en una ristra de insultos contenidos por la mordaza.
¿Qué tipo de broma ridícula era aquella?
Juraría que había visto a Black andando a cuatro patas y aullando, junto a Lupin que trataba de contener a su amigo.
Sacó su varita, hacía tantos años de la guerra que debía reconocer que no había esperado algo así, aunque con Black nunca se podía estar seguro.
Pero allí no había nadie más, y efectivamente estaba completamente atado y amordazado.
Severus se le quedó mirando en aquella indigna posición, como un regalo sobre su mesa.
No iba a decir que no lo hubiera imaginado alguna vez así en sus más oscuras fantasías, salvo que con menos ropa.
Ese cretino le había estado gastando bromas durante toda la adolescencia, y aquello parecía como un regalo kármico para que Severus se tomara su propia venganza.
Salvo que él no lo había buscado, y las sorpresas no le gustaban en lo absoluto.
Cuando se acercó completamente a él, reconoció que no estaba atado de cualquier modo, reconocería ese tipo de ataduras que le recorrían todo el cuerpo.
Le recorrió con los ojos, cuerdas cruzando su pecho donde las ropas habían sido abiertas mostrando como sus tatuajes se movían por su piel de un modo hipnótico. La túnica había desaparecido y las cuerdas le cruzaban la entrepierna dejándola en una abultada y aprisionada posición.
Para coronarlo dentro de su boca, la mordaza estaba provista de una ridícula bola roja que le dejaba la boca completamente abierta, por donde la saliva más pronto que tarde se le iba a acabar cayendo.
A Severus se le calentó el cuerpo dándole agradables tirones en partes adecuadamente protegidas por su eterna túnica negra.
Los ojos de Sirius estaban abiertos de par en par, incapaz de moverse atado a su mesa de un modo claramente sexual.
Una sonrisa ladina cruzó el rostro de Severus, y notó el horror en los ojos de su ex compañero.
Le apuntó con su varita, y vio como Sirius cerraba los ojos esperando lo peor.
Salvo que Severus solo le lanzó un hechizo deshaciéndose de las cuerdas. Pero le dejó la mordaza, estar callado no le vendría tan mal.
Molesto, el auror se arrancó la mordaza el solito.
—Les voy a matar, hijos de un trol.
—Para ser auror, das pena, Black.
Sirius le miró todo ojos grises y rabia, pero la postura en la que le habían dejado le había restado fuerzas y dignidad.
—La puerta está por allí—le señaló la puerta del despacho.
Pero Sirius no se movió, y eso exasperó a Severus.
—Vete.
—¿Fui tan cabrón contigo esos años?
Severus sintió que una rabia que había tratado de mantener oculta toda la noche quería salir y azotarle en la cara al estúpido de Black.
—Hace muchos años de aquello, Black.
—¿Me lo puedes decir mirándome a la cara?
Severus se giró y le miró, Sirius era atractivo, el puñetero lo era, siempre lo había sido, y ese había sido uno de sus múltiples problemas durante la adolescencia, que le gustaba el mismo tipo que le hacía la vida imposible.
Patético.
Severus no contestó.
—Austin y Mark creyeron que sería divertido ofrecerme como sacrificio por mis bromas durante todos esos años.—Sirius acariciaba sus muñecas que habían estado fuertemente atadas, aún se veían las marcas en ellas y en el pecho que no se había dignado a taparse, mostrando unos pezones decorados con unos pendientes pequeños de plata.
A Severus le estaba costando dejar de mirarlos, pero decidió que ese era buen momento para recoger el escritorio que esos estúpidos habían desordenado para dejarle su sacrificio sexual.
—¿De verdad fui tan cabrón?—volvió a preguntar esta vez acercándose.
—Me hiciste esos años insoportables—se exasperó Severus, quería que se fuera.
—Vaya, yo no lo recordaba así.
—Como sea, somos adultos, márchate de mi despacho ya.
Pero el muy pesado no se iba, estaba por lanzarle un expulso y hacerlo a la fuerza.
—Lo siento, Severus.
Severus le miró, ¿en serio le estaba pidiendo perdón Sirius Black?
El infierno debía estar congelándose en ese mismo momento.
Severus se sentó detrás del escritorio, una disculpa no cambiaba las cosas.
—No lo dices muy convencido—dijo Severus juntando sus manos bajo su barbilla.
El gesto de Sirius fue, primero de incomprensión, después, sonrió, como hacía años atrás cuando estaba a punto de jugársela.
Después de tantos años, seguía provocándole lo mismo.
Deseo.
Sirius se aproximó hasta quedar sentado en la esquina de la misma mesa en la que antes había estado atado.
—¿Se te ocurre un modo mejor en el que te podría demostrar mi arrepentimiento?
Severus le echó una mirada a toda la piel que seguía sin cubrir, al tatuaje rúnico sobre su pectoral que se movía, a aquellas pequeñas bolitas que cruzaban sus pezones, Sirius aprovechó para hacer su melena rizada hacia atrás, mostrándose aún más.
Lo sabía, estaba claro que lo sabía y disfrutaba de ello.
Severus calculó, visualizó todas las opciones, las de éxito y las de fracaso, estaban al 50% en su cabeza.
Tiró de las dos solapas de la camisa abierta de Sirius atrayéndolo hasta él, quedando cara a cara.
Iba a lanzarle una amenaza, que no jugara con él, que ahora no estaba Dumbledore para salvarle, algún hechizo secreto y doloroso.
Pero Sirius actuó más rápido, y le agarró por la nuca besándole.
Severus lo arrastró hasta colocarlo a horcajadas sobre su regazo, se sentía bien, muy bien.
Quizás la fiesta de viejos alumnos del 78 no acabaría siendo del todo inútil. Menos cuando Sirius recogió las cuerdas con las que sus ex compañeros le habían atado y se las dio a Severus voluntariamente.
Esta idea me la dio Miwen97 espero que te haya gustado.
Me encanta el snack, la verdad, es de mis parejas favoritas.
Creo que la próxima va a ser la última, 10 no está mal, ¿no?
Besitos
Shimi
