Disclaimer: Los personajes y el mundo de Kimetsu no Yaiba no me pertenecen.

Existimos por el amor.

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Fue entrado el verano, justo para su cumpleaños número 16, que su grupo de amigos junto a su hermana decidieron visitar a las chicas de la finca mariposa y hacer una gran celebración invitando a todos sus seres queridos, ya que parecía que ese lugar era el centro de reunión y en donde muchas memorias se forjaron durante las largas o cortas estadías que utilizaba el antiguo grupo de cazadores de demonios para recuperarse después de cada misión.

Tanjiro, quien estaba ubicado en el pórtico disfrutando de la briza nocturna y de la luz de la luna, se sentía especialmente nervioso en ese lugar en esta ocasión. Era extraño aún para él intercambiar palabras con la nueva líder de la finca mariposa y agradecía como también maldecía que debido a la cantidad de gente que lo fue a saludar no pudiera casi ni compartir un poco con Kanao, quien estaba atenta de los preparativos junto a Nezuko y sus hermanas adoptivas que quedaron a su cargo luego de la lamentable muerte de Shinobu.

La muerte de Shinobu.

Las chicas mariposa.

Y su ceguera prácticamente total.

¿Cómo estaría sobrellevando Kanao todo eso?

Tanjiro se sentía nervioso porque hasta en ese momento no sabía cómo expresar su agradecimiento hacia ella por haber sacrificado tanto para que él volviese a la normalidad y cuánto sentía que hubiese tenido que pagar ese precio tan grande por su causa. Kanao era una chica realmente buena y noble; no podía seguir evitando esa conversación. Sin embargo, cada vez que se presentaba la oportunidad, Tanjiro se quedaba en silencio, sin saber cómo abordar el tema.

Suspiró cansado. Ahora que su vida era muchísimo más calmada y que su brazo le impedía hacer ciertas actividades que para él no eran nada del otro mundo hacía unos meses, tenía demasiado tiempo libre para reflexionar todos estos temas. Si bien era feliz junto a Nezuko, Zenitsu e Inosuke, era inevitable sentirse inútil al lado de ellos; no sabía qué hacer con su vida y era difícil conversar con ellos sobre su crisis existencial porque ellos no estaban pasando por lo mismo que él. Fue fácil tomar el antiguo oficio que hacía con su familia, pero él se limitaba solo a observar a sus amigos y hermana cómo trabajaban y a él le encargaban vender el carbón en los pueblos.

Suspiró nuevamente y fijó su único ojo útil en su mano arrugada e inútil. Estaba demasiado decaído desde el fondo de su corazón y también los nervios no le dejaban dormir por estar en el mismo techo de la chica que salvó literalmente su vida. El tiempo no parecía aclarar sus ideas, ordenarlas y darse a sí mismo un sentido.

- ¿En qué momento todo se volvió tan complicado? – Lamentó en voz baja, mirando el infinito y oscuro cielo hasta que un suave aroma a flores llamó su atención.

- ¿Tanjiro? ¿Eres tú? - Preguntó con voz suave la chica que había evitado durante casi dos días y quien llevaba meses en su cabeza de manera constante.

- Sí, Kanao. – Respondió sin girarse a verla, sin embargo, su compañera se ubicó a su izquierda y se limitó a observar el cielo dentro de lo que podía. - ¿Qué haces despierta tan tarde?

- Necesitaba beber agua y escuché ruido. No te interrumpí ¿verdad? – Dijo preocupada, mientras la antigua serpiente de Iguro, Kaburamaru, hacía su aparición desde el cuello de la chica.

- No, claro que no. – Respondió rápidamente, encontrándose con el rostro de la pelinegra siendo bañado por la luz blanquecina de la luna y se quedó hipnotizado por unos segundos.

Kanao no solo era una buena chica, sino que también era muy linda. Vestía con su kimono blanco para dormir, igual que él, pero su figura pequeña se hacía notar levemente, haciéndolo sentir nervioso, pero de otra forma. Era primera vez que la veía con su cabello suelto; ni tan largo ni tan corto, fino, más oscuro que la noche misma y contorneaba su rostro, haciendo que contrastara más su pálida piel con él.

- ¿Estás bien? - Pronunció la chica, sin separar su vista del cielo estrellado. Tanjiro no respondió hasta que sintió la piel escamosa de la cabeza de Kaburamaru en su rostro, sorprendiéndolo. Ella rio levemente. – Lo siento, creo no sabe respetar el espacio de los demás.

- No importa, no me molesta. – Dijo despreocupado, pero con las mejillas levemente coloradas, para luego volver al silencio y acariciar a la serpiente juguetonamente.

- Yo… - Susurró esta vez la pelinegra, nerviosa, jugando con sus dedos pulgares, ya que sentía que podía incomodar si repetía la misma pregunta. – Feliz cumpleaños.

Claro, se había esforzado tanto por evadirla, además de que la cantidad de gente fue demasiado grande durante el día y los preparativos, más las visitas adelantadas que ayudaron a dejar todo listo para ese 14 de julio, hicieron que en realidad no hubiese oportunidad de tener una conversación tranquila y mucho menos Kanao pudo felicitarle como debía ser.

En ese momento Tanjiro se sintió peor. La chica no merecía ese trato y tampoco entendía por qué de pronto le estaba gustando tanto complicarse la vida. Él no había hecho nada y ella mucho menos, ya que no le exigía nada. Entonces… ¿Cuál era su maldito problema?

- Había olvidado darte las gracias por todo lo de hoy, Kanao. – Habló finalmente, ocultando un poco su nerviosismo y mirándola de reojo a ratos. – Perdón por siempre hacerlas trabajar tanto incluso cuando ya se terminaron las misiones.

- Para nosotras no fue nada… - Dijo negando con las manos al frente, sonriendo. – Las chicas extrañaban el movimiento en la casa y yo aún me estoy adaptando… - Se interrumpió inmediatamente; Tanjiro comprendió al instante. – Espero que hayas pasado un bello día.

- Así fue, muchas gracias.

El canto de los grillos era el único acompañante de ese silencio incómodo. Tanjiro podía olfatear perfectamente que Kanao estaba nerviosa y algo triste, y no era para menos. La Tsuyuri deseaba en esos momentos volver a usar su moneda para decidir si preguntar qué sucedía o no, ya que le inquietaba que luego de tanto tiempo sin verle, el pelirrojo se comportara de esa manera tan extraña con ella.

- ¿Está todo bien, Tanjiro? ¿He hecho algo malo? – Preguntó finalmente sin poder ocultar su angustia, girándose inútilmente para mirarle a los ojos, sin embargo, la oscuridad y sus propios orbes solo hacían que viera algo de la silueta del chico.

En esos momentos, leyendo lo que sucedía en el ambiente, Kaburamaru se alejó adentrándose a la casona, dejando al par de jóvenes solos y sin notar que la serpiente se había alejado de ellos.

- No, Kanao. – Respondió rápidamente sin alcanzar a decir otra cosa.

- Pero es obvio que algo extraño sucede entre nosotros. – Dijo rápidamente, acercándose un poco a él en un intento para mirarlo más claramente. – No me gusta y quiero… quiero saber qué pasa contigo y arreglarlo.

Kanao había cambiado tanto desde la primera vez que conversaron en ese mismo lugar hacía casi un par de años. Le alegraba que se dejara llevar por lo que realmente quería porque era una persona muy agradable y fácil de tratar. Su propio corazón se oprimió al máximo por ver la angustia en sus ojos y ya no podía contener la vergüenza que sentía de sí mismo por generar una situación innecesariamente incómoda. Respiró profundamente y desviando la mirada prosiguió.

- Lo lamento, Kanao. – Dijo demasiado desanimado, pero sin intenciones de detener su discurso improvisado. – Es solo que no sé cómo verte sin sentir cierta culpa porque por mi sacrificaste… De seguro ha sido difícil para ti, más con el deber que tienes aquí como la nueva líder. Tampoco sé cómo darte las gracias porque fuiste tú quien me permitió cumplir el sueño de ver a Nezuko como humana otra vez y compartir con ella, mientras yo solo te hice daño… - Se vio interrumpido cuando vio a la chica posar su delicada y pequeña mano encima de la de él que ya no podía utilizar y donde ya no podía sentir nada, sorprendiéndose.

- No hay nada que lamentar ni agradecer, Tanjiro. Fue mi decisión y no me arrepiento de nada. – Su sonrisa sincera hizo que el corazón del chico se agitara, dejándolo sin habla. – Estoy feliz porque estás aquí, con vida y quiero verte sonreír como siempre, aunque no lo pueda hacer bien ahora. – Esta vez Kanao volvió su vista al cielo, ya que le ganó la timidez y la vergüenza al sincerarse tanto con él, sonrojándose, pero sin quitar su mano.

Tanjiro volvió a quedarse en silencio, pero sonriendo mientras observaba nuevamente el lindo rostro de Kanao. Era extraña la calidez que sentía al estar a su lado; le hacía sentir bien y no quería detener para nada esa emoción que recorría todo su cuerpo en esos momentos.

Entrelazó su mano derecha con la pequeña que estaba encima de la arrugada y sin vida. La chica se sobresaltó y se quedaron unos minutos mirándose nerviosos. Más ella que él, por obvias razones, sin responder a las leves caricias que le daba el chico con sus dedos a los suyos, haciendo que el pelirrojo sonriera aún más al no haber un rechazo claro por parte de Kanao.

- ¿Puedo venir a visitarte más seguido? – Preguntó Tanjiro sin preámbulos.

- No necesitas preguntarlo. Sabes que eres bienvenido. – Respondió la pelinegra levantándose de golpe, sin soportar la avalancha de emociones que le hacía sentir el chico y buscando a su acompañante Kaburamaru, olvidando que la había abandonado hacía un buen rato. – Será mejor ir a dormir.

- Claro ¿Quieres que te ayude? – Dijo Tanjiro poniéndose de pie, más relajado y extendiendo su mano sabiendo que la serpiente no tenía intenciones de volver a aparecer para guiar a su dueña.

Kanao no podía decirle que no. Primero porque no quería y segundo, sabía que Tanjiro se sentía mejor después de esa pequeña conversación. Podía imaginar su sonrisa y no podía evitar pensar en que ella era la causa de una, lo cual la hacía sentir una felicidad difícil de contener.

Aceptó asintiendo en silencio. Tanjiro nuevamente entrelazó su mano con la de ella y se dirigieron hacia el interior de la gran casona. Fue una despedida corta cuando Kanao entró a su habitación; Tanjiro volvió con Inosuke y Zenitsu quienes no percibieron su ausencia.

Era entrada la madrugada ya, faltaban un par de horas con suerte para que amaneciera y esa fue la primera noche en a donde ambos chicos les costó conciliar el sueño debido a la emoción cálida que sentían en sus corazones y que genuinamente los hacía sentir muy felices.

Y Tanjiro moría de ganas de hablar de muchas cosas más con Kanao, porque la tristeza había desaparecido al expresar sus preocupaciones, quizás y podría ayudarle en otras cosas más como él intentaría hacerla sonreír todas las veces que la viera.

o-o-o-o-o-o-o

¿Fin?

No lo creo.

La verdad es que me he enamorado de esta pareja y necesitaba escribir algo sobre ellos. La idea primero era un one-shot algo largo, pero debido a mis muchas responsabilidades en la universidad, no logro el tiempo necesario para desarrollarlo bien, por lo que decidí hacer una serie de one-shots que van entrelazados unos con otros hasta quedarme satisfecha con lo que quería expresar.

Espero que les guste y recibir sus opiniones al respecto.

No prometo una continuación pronta, pero intentaré subir algo durante mis vacaciones.

Deseo de todo corazón que ustedes, sus familiares, amigos y seres queridos estén muy bien debido a esta pandemia y los tiempos locos y llenos de incertidumbre en los que vivimos.

Un abrazo.