Disclaimer: Los personajes y el mundo de Kimetsu no Yaiba no me pertenecen.

Existimos por el amor.

2

Fue en otoño cuando Aoi y Kanao recorrieron el camino anaranjado de aquella montaña que las llevaría directo a la casa de los Kamado. El día estaba agradable y el paisaje claro; vivir en las montañas podía ser solitario, pero también daba más tranquilidad, aunque agradecerían que los chicos a quienes iban a visitar se acercaran un poco más al pueblo, porque ahora entendían cuando Tanjiro iba a visitarles desde su cumpleaños, pedía quedarse una noche al menos para que el viaje valiera un poco la pena e increíble era que el chico hiciera eso todas las semanas.

Kanao estaba sonrojada gracias al sol y a la idea de finalmente conocer el hogar del muchacho que se ha ido robando más sus pensamientos y corazón día a día. No entendía bien ese sentimiento aún, pero la frase de su fallecida maestra y hermana, Kanae, no dejaba de generarle un eco constante que la tenía más sensible y nerviosa que de costumbre. Sin embargo, agradecía que aparentemente el pelirrojo aún no era consciente de todo aquello, porque aún actuaban con total normalidad cuando se reunían. Lo cual, la hacía inmensamente feliz a su vez.

Divisaron finalmente una casona. Se acercaron un poco más y vieron a Nezuko barriendo el frontis de esta y su sonrisa ''marca Kamado'' brilló en su bello rostro cuando las dos chicas aparecieron, yendo hacia ellas inmediatamente, envuelta en un lindo kimono color rosado con detalles celeste.

- ¡Estamos tan felices de recibirlas! - Exclamó emocionada, tomando las bolsas que cargaba Kanao sin siquiera poder reprochar algo. - Espero que no les haya sido tan pesado su viaje.

- Se nos ocurrió venir muy cargadas; Kanao-sama no pudo evitar traer presentes. - Respondió harta Aoi con su tono serio y duro; la pelinegra que fue acusada se sonrojó un poco.

- No era necesario, Kanao-san. - Comentó Nezuko agradecida. - Por favor, pasen y siéntense cómodas.

La casa era simple y grande para cuatro personas, estaba muy limpia y ordenada. Nezuko dejó en un rincón de la sala las bolsas que le arrebató a Kanao y fue directo a la cocina. No había rastros de trío de chicos, al menos no cerca. Estaba silencioso y solo el canto de los pajarillos se escuchaba claramente.

- ¡Inosuke-san! ¿Por qué has empezado a comerte las cosas de la merienda? - Oyeron las chicas desde lo que parecía ser la cocina, obviamente Nezuko gritándole al chico jabalí.

- Eso explica el silencio sospechoso. - Comentó Aoi burlesca y altanera. - Falta Zenitsu para que se una al desastre.

- Creo que no es correcto hablar mal de los dueños de casa, Aoi. - Reclamó Kanao, sentándose junto a la mesa de centro, tranquilamente y con una sonrisa suave; Aoi bufó.

Tres minutos más tarde, Inosuke apareció sin su máscara, en silencio y con cara de pocos amigos con una bandeja en sus manos que contenía Té y unas tazas, además de bocadillos. No saludó y se sentó a un lado de Kanao de manera brusca y se dispuso a servirles a las chicas sin pronunciar ni una palabra.

- Claramente no has aprendido en este tiempo sobre modales, Inosuke-san. - Alegó la chica de ojos azules, ubicándose en frente de él, sin mirarle y tomando una taza de Té.

- Estoy en mi casa; yo mando y hago lo que quiero. - Respondió seco, tomando una taza igualmente.

- Repite nuevamente eso, Inosuke-san. - Mandó amenazante Nezuko, apareciendo a sus espaldas, con ambas manos en su cintura. - Se suponía que te quedarías conmigo para ayudar, pero siempre buscas cómo meterte en problemas.

- Todos se estaban demorando demasiado y tenía hambre ¿Cuánto le falta a Monitsu para volver? - Se quejó muy a su estilo brusco.

- Debe estar por regresar y mi hermano está tomando un baño. - Respondió cansada.

- Inosuke, con Aoi hemos traído de los onigiris que tanto te gustan. - Mencionó Kanao, tranquila y sonriendo levemente. - Podemos servirlos para ti por mientras.

- ¡Kanao...! - Alegó la chica de dos coletas.

- Anda Aoi, de todas maneras, las trajimos para compartir. - Insistió.

Los ojos de Inosuke brillaron levemente y miraron curiosos a Aoi, que con una vena en su cabeza se levantó y tomó una de las bolsas que habían traído.

- Al menos guíame a la cocina si quieres algo de esto. - Bufó seria poniendo la bolsa en frente de sus ojos, a lo que Inosuke en silencio, se limitó a hacerle caso dejando a las otras dos chicas solas en la sala.

- Es complicado vivir con chicos con tanto carácter. - Comentó Nezuko acostándose en el suelo mirando el techo. - Ahora que lo pienso... - Dijo sentándose y mirando fijamente a la oji lila seria. - No hemos tenido la oportunidad de hablar, Kanao-san.

La pelinegra reaccionó sorprendida y sus nervios volvieron a aflorar. Claro, Nezuko es la hermana de Tanjiro y tenía razón: Nunca habían conversado seriamente. Qué tonto de su parte no haber tomado más atención en aquello. No eran amigas cercanas y no recuerda haber interactuado con ella en los momentos en que fue un demonio. Su maestra era la que compartía más con ella.

- Quería agradecerte por todo lo que has hecho por mi hermano. - Interrumpió su hilo de ideas con una sonrisa. - No solo por salvarle la vida, sino que desde que decidió tenerte más presente en su vida, se le ve más alegre. -

Las mejillas de Kanao se tiñeron en rojo e intentó devolver el gesto a la chica, no obstante, fue en ese instante que el susodicho hizo su aparición con su cabello rojizo alborotado, húmedo y un poco más largo, vestido en su tradicional kimono con el antiguo diseño de su haori de sus tiempos de cazador. La chica se quedó mirándolo fijamente, mientras él le sonrió de inmediato y se ubicó a su lado. La menor de los Kamado los observó pícara, casi con burla y con emoción también, pero ninguno de los dos notó eso.

- Perdón por no recibirles; creí que llegarían más tarde. ¿No fue pesado el viaje?

Pero Kanao no respondió porque maldita sea; Tanjiro se veía mucho más atractivo y maduro con el cabello húmedo.

- ¿Estás bien?

- Hermano - Llamó ansiosa, robando la atención del pelirrojo. - Iré a buscar a Zenitsu-san. - Dijo rápidamente y de la misma forma dejó a los dos chicos solos antes de que alguno pudiera decir algo.

- Es raro que busque a Zenitsu cuando odia tenerlo cerca todo el tiempo. - Comentó extrañado volviendo su atención en su visitante. - ¿Dónde está Aoi?

- Con Inosuke. Aunque están tardando ya. - Respondió nerviosa, pero sin quitarle la vista al pelirrojo de encima. Fue ahí que las palabras de la chica Kamado hicieron eco en su mente y recordó lo que tenía en la bolsa más grande que traía. - Te traje un regalo.

- ¿Un regalo? ¿Por qué? - Preguntó sonriente, aunque muy sorprendido.

- Es primera vez que venimos aquí y pensé que sería un lindo detalle. -

Kanao se puso de pie y acercó la bolsa al chico, aunque parecía traer más que solo un regalo porque también se veía pesada. Tanjiro se acercó inmediatamente para ayudarla a cargarla y como se estaba haciendo costumbre en ambos, cierta corriente les atravesó todo el cuerpo cuando sintieron la cercanía del otro.

A veces se sonrojaban ambos y no hablaban; otras podían estar mirándose sin tener noción del tiempo, como si fueran los únicos que existieran en el mundo; y cuando charlaban animadamente, solían entrelazar sus manos o acariciarse el cabello, con un poco de vergüenza, pero con la satisfacción de poder consentir y estar más cerca del otro.

No era un secreto lo que sucedía. El grupo de Tanjiro no sabía tanto del asunto como el de las chicas de la finca mariposa, pero la atracción entre ambos estaba más viva que nunca y muchas veces generaba irritación en los demás porque la inocencia y lentitud de ambos desesperaba. Sin embargo, se veían obligados a no hacer comentarios al respecto por respeto a su par de amigos y porque, aunque iban al ritmo de una tortuga, cada paso que daban era seguro.

- ¿Podemos salir? No quiero ensuciar aquí. - Mencionó quedamente la chica sin dejar de mirarle.

- Vamos. - Sonrió el chico y la guio al pórtico, sentándose uno en frente del otro. - ¿Qué es lo que has traído, Kanao?

- Es... una planta. - Respondió dubitativa sacando un macetero, una pala y muchos instrumentos de jardinería, incluyendo tierra y algunos fertilizantes. - Quiero que la plantemos juntos, en realidad.

- ¿Y qué tipo de planta es? - Preguntó Tanjiro, mirando fijamente cómo el último objeto era una bolsa más pequeña con unos 5 bulbos dentro. -

- Eso... es un secreto. - Dijo con una sonrisa tímida, a lo que Tanjiro quedó decepcionado y más confundido aún. - Son flores, pero no te diré de qué tipo. Quiero que lo descubras por ti mismo, sin ayuda de nadie.

- ¿Qué? Pero ¿Por qué? - Kanao rio porque el rostro del pelirrojo cambiaba muy rápido, quedando ahora más desconcertado. - No es justo.

- Su significado es especial. - Respondió tímida y lo miró un segundo seriamente. - ¿Me prometes no hacer trampas?

Kanao por un lado sabía que había elegido bien las palabras para comprometer a Tanjiro. Era más que consciente de su personalidad dulce y atenta; después de todo era esa la razón por la que se había fijado en él y por la que se había atrevido finalmente a dar un paso a una posible confesión, pero su personalidad aún muy tímida e insegura la detenía a ser una imprudente con respecto a sus sentimientos. Aún le costaba bajar la guardia, no obstante, se sentía orgullosa de su avance desde su pelea contra la luna superior no. 2, Douma.

Tanjiro le sonrió con ternura, emoción que hizo brillar hasta a sus ojos, y posicionó su dedo meñique derecho en frente de la pelinegra. Quería darle esa atención al punto de ignorar su curiosidad y sus impulsos; no le importaba. Había aprendido con el tiempo que su aroma era una mezcla de delicadeza y amabilidad, pero también tenía un poco de miedo, por lo que siempre intentaba atraerla a un lugar más ameno y en donde se sintiera feliz la mayor parte del tiempo.

- Es una promesa de meñique. - Anunció con solemnidad, haciendo reaccionar a Kanao como no creyó jamás: Unas pequeñas lágrimas se asomaron en sus ojos violetas y él entró en pánico. - Ah, Kanao... ¿Qué sucede?

- Lo... lo siento, Tanjiro. - Dijo limpiando su rostro e intentando tranquilizarse. - Supongo que aún me afecta... Lo siento.

- ¿Qué cosa? - Cuestionó posando su mano sobre el rostro de la chica, acunándolo con cariño sin eliminar su expresión llena de preocupación.

- La extraño... las extraño. - Confesó la pelinegra rompiendo en llanto y Tanjiro no tuvo que seguir preguntando. - Lo siento. Se suponía que sería un momento agradable y estoy siendo una molestia, pero intento mantenerme fuerte por las chicas en la finca... Soy un desastre. Dudo que pueda siquiera a acercarme a lo que ellas fueron para hacerlas felices algu...

- Kanao. - Interrumpió el pelirrojo con su ceño fruncido, haciendo que la chica lo mirase fijamente. - No seas dura contigo misma; a tu manera has hecho un trabajo increíble y mantienes ese lugar como el hogar que ha sido para todas ustedes. - Tomó su pequeña mano con fuerza y le sonrió, haciendo que el corazón de la chica saltara de inmediato. - Y no eres una molestia, al contrario, me alegra que te abras a mostrar tus emociones y no quiero que te guardes nada si te sientes sobrepasada.

- Gracias, Tanjiro. - Dijo ahora con lágrimas de felicidad, correspondiendo el gesto con la misma fuerza. - Me alegra tenerte en mi vida.

- ¡OYE TANJIRO! ¿QUÉ SE SUPONE QUE HACES? - Gritó horrorizado Zenitsu corriendo hasta donde estaban ambos, su vista viajó desde sus rostros hasta las manos unidas de ambos. Kanao lo soltó inmediatamente avergonzada. - Te dejamos solo un momento y te aprovechas así... ¿Qué hacen con todas estas cosas aquí? - dijo mirando los utensilios de jardinería. - ¿Esos son bulbos de...?

- ¡NO! - Gritaron ambos chicos desesperados, sorprendiendo al rubio.

- Acabo de hacer la promesa de que descubriría por mis medios qué es lo que es. Ni se te ocurra hacer un comentario al respecto en mi presencia ¿Entendiste Zenitsu? - Habló poniéndose de pie para encararlo.

Tanjiro no se percató, pero fue la mirada amenazante de Kanao que hizo que el chico se quedara en completo silencio y asustado. No su discurso que muchas veces era inútil cuando se trataba de sus amigos.

Nezuko observó un poco más alejada la escena algo divertida y resignada porque era una escena más que común para ella el verlos discutir por una u otra cosa.

De Inosuke y Aoi no se supo mucho después, siendo un misterio qué fue lo que hicieron tanto en la cocina de los Kamado esa tarde.

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Prometí avanzar al menos más de un par de capítulos durante mis vacaciones, pero no pude. Soy demasiado dispersa y empecé a escribir muchas cosas a la vez; perdón a todos por eso.

Les prometo recompensarlos pronto con el siguiente capítulo porque las ideas están muy claras. Les agradezco mucho los reviews y las agregadas a favs. Me alegró que les haya gustado el primer one-shot y espero que este les guste más, porque al menos yo lo disfruté bastante, así que no duden en escribirme algún mensaje al respecto.

Deseando que estén muy bien, me despido.

¡Un abrazo!