Disclaimer: Los personajes y el mundo de Kimetsu no Yaiba no me pertenecen.
Existimos por el Amor.
3
Las heladas de finales de año hicieron que los viajes entre la casa de los Kamado y la finca mariposa fueran disminuyendo considerablemente, ya que las chicas en general no querían que nadie se expusiera más de lo debido. Sin embargo, esa mañana el chico de ojos rojizos llegó agitado y angustiado a la mansión, encontrándose con las más pequeñas del lugar que no ocultaron su sorpresa al verlo.
- ¡Tanjiro-san! ¿Qué haces aquí? – Chilló la chica de coletas bajas, Sumi.
- No deberías venir con este clima. – Le siguió la niña con trenzas, Naho. – Kiyo, avísale a Aio-san y a Kanao-sama.
- ¡Sí!
No pasaron más de cinco minutos cuando las cinco chicas, todas vestidas con su traje habitual blanco, y Tanjiro, estaban reunidos en el salón principal de la mansión. Ellas estaban desconcertadas, ya que su visitante se había puesto de rodillas para pedirles un favor demasiado simple para ellas, pero que parecía algo de suma importancia para el pelirrojo.
Aoi suspiró con burla; las niñas comenzaron a reír sutilmente y Kanao sonrió con ternura; el Kamado no dejaba de sorprenderla y su corazón no se acostumbraba a cada acto lleno de amor que realizaba y su nivel de compromiso y seriedad ante cosas pequeñas para algunos, pero importantes para él, le daba un toque más adorable.
Las cuatro chicas ni se molestaron en sacarla de su ensueño, por lo que rápidamente Naho, Kiyo y Sumi dieron el ''vamos'' para ir a comprar junto al pelirrojo un kimono para Nezuko por su cumpleaños.
- Se los agradezco mucho. – Dijo solemnemente el chico, agachando su cabeza en gratitud.
La visita a la ciudad se extendió un poco porque el chico de ojos rojizos compró no solo el Kimono, sino que todos los accesorios, incluyendo un de par de sandalias tradicionales, por lo que regresaron a la mansión pasada la hora de almuerzo, siendo Tanjiro quien invitó a las niñas a comer un poco de ramen como agradecimiento por la gran ayuda que le ofrecieron.
Al llegar a la finca mariposa, Tanjiro fue directo al encuentro con Kanao, quien estaba en su habitación de rodillas, observando desde su ventana el hermoso paisaje que tenía de la montaña nevada. En el fondo adora esa época del año porque se sentía más comprendida por los colores y el ambiente, aunque los días fuesen más oscuros y, con su nueva realidad, tenía menos actividades que hacer, ya que no salía demasiado y solo se preocupaba de su jardín al interior de la mansión.
El joven se posicionó en silencio al frente de ella. Pensó en cómo iniciar la conversación, debido a que era por primera vez consciente y tenía el tiempo para recordar lo sucedido con su familia. Pensar en el cumpleaños de Nezuko y en año nuevo, era también traer ese hecho doloroso a su cabeza y aunque sabía que debía seguir adelante y que estaba todo bien, esa herida se hacía más presente en esas fechas.
- ¿Han encontrado un kimono lindo para Nezuko? – Preguntó la oji violeta, sonriendo levemente y girándose a mirarlo.
- Sí. Espero realmente que sea de su agrado, aunque las chicas hicieron un excelente trabajo en elegir, así que no debería haber problemas. – Respondió entusiasmado. – Aunque de camino para acá, nos dimos cuenta de que olvidamos comprar un ornamento para el cabello. – Agregó llevando una mano atrás de su cabeza, avergonzado.
- Si quieres puedo hacer uno. – Mencionó rápidamente con ilusión, sorprendiendo a su acompañante. – He… He estado practicando manualidades con Aoi… Así, podría hacerle un obsequio también a Nezuko.
- Si no es mucha molestia… - Ambos sonrieron.
- No es ninguna molestia. Será un detalle al lado de lo que has preparado para ella. – Dijo levantándose para ir a buscar un costurero y una caja en donde tenía guardadas cintas de todos los colores. - ¿De qué color crees que podría ser? – Extendió las cajas para que eligiera hilo y cinta.
- Magenta. – Anunció sacando ambos objetos en esa tonalidad colocándolas a un lado.
- Es un lindo color. – Dijo sacando agujas. - ¿Me podrías ayudar a enhebrar, por favor?
- Claro.
No fue fácil. Por mucho que él gozara de un ojo completamente bueno, seguía teniendo uno igual de perdido. Kanao se lo tomó con gracia, porque ella debía sostener la aguja y, más que nada porque le gustaba ver el lado perseverante y terco del chico, además de tener una expresión adorable cuando se concentraba. Internamente deseaba poder apreciarlo mejor, pero sabía que era inútil sentirse mal por eso.
No podía negar que incluso esas tareas simples, como hacer una flor de kanzashi, tomaban el doble de tiempo para ella. Sin embargo, estas actividades más hogareñas lograban mantenerla ocupada y en sintonía con las chicas de la casa, lo que le alegraba aún más al haber una conexión más cercana con ellas ahora que vivían en paz y llenaba un poco el vacío que dejó el término de los Cazadores de Demonios.
Tanjiro logró su cometido después de unos minutos, triunfante, haciendo reír a Kanao. Su risa era suave y cantarina; todo en ella lo llevaba a una desconexión con todo su alrededor y lo transportaba a un lugar lleno de paz, pero no menos emocionante.
- Creo que te aburrirás quedándote aquí viendo cómo peleo con cintas. – Comentó la chica.
- No lo haré. – Afirmó rápidamente. – Quiero ver.
- Nezuko tiene mucha suerte de tener a un hermano como tú. – Dijo después de un silencio de unos minutos, sin despegar su vista de su tarea.
- Solo quiero lo mejor para ella. – Respondió sin darle mucha importancia al comentario, incómodo. – Ella desea lo mismo para mí.
- Bueno… No todos logran desear ese bien o hacer algo por sus familiares, Tanjiro. – Contraatacó con un poco de culpa en su mirada, apretando un poco los puños. El pelirrojo se fijó al instante en la pequeña tensión de su cuerpo.
- Es lo mínimo que puedo hacer después de que no estuve ahí para protegerlos a todos. – Murmuró, sonriendo tristemente. – Es mi única hermana.
- ¿Te sigue doliendo, Tanjiro? – Preguntó preocupada. Podía fallarle su vista, pero podía notar perfectamente el cambio de ánimo del chico. Ya lo conocía lo suficiente.
- Siento que nunca viví el duelo, Kanao. – Confesó al fin botando unas pequeñas lágrimas, apretando lo dientes. – Perdóname, no quiero incomodarte.
- Eres libre de sincerarte conmigo. - Dijo curvando sus labios en una leve sonrisa para reconfortarlo.- Nunca sería capaz de juzgarte por lo que sientes, Tanjiro.
Fue en una milésima de segundo que el chico rodeó con sus brazos el pequeño cuerpo de la pelinegra, ocultando su cabeza en el espacio entre su cuello y hombro, acto que dejó inmovilizada y llena de nervios a su compañera al no esperar esa reacción y ese contacto tan cercano entre ellos.
- ¿Ta…Tanjiro?
- Por favor, será solo un momento. – Pidió mientras la apretaba con más fuerza y sus sollozos eran levemente audibles. El corazón de Kanao se apretó solo con escuchar esa angustia y pasó tímidamente y dubitativa sus brazos por la espalda, ahora más ancha del chico.
No fue consciente de cuánto tiempo estuvieron entrelazados. Ella podía sentir sus propios latidos en sus oídos y estaba segura de que también estaba notablemente sonrojada, pero disfrutó la cercanía y la intimidad que estaban compartiendo en ese momento, al punto de que la chica posó su cabeza en el hombro de Tanjiro y acarició su cabello rojizo para tranquilizarlo y hacer sentir su apoyo en ese instante.
- Kanao… - Llamó el chico quedo, sin moverse ni un milímetro después de un largo rato.
- Dime.
- Gracias por esto. – Y como si fuese posible, apretó su abrazo aún más.
- No es nada, pero… - Se oía incómoda.
- ¿Pero?
- Me estás asfixiando un poco. – Tanjiro se alejó al instante, con rastros de lágrimas en su rostro un poco secas ya y se fijó en las mejillas rosadas de la chica.
- Lo siento.
- No dije que te alejaras… - Susurró sin mirarle; sorprendiendo al Kamado.
- ¿Ah? – Preguntó confundido.
- Si aún te sientes triste… o si… o si solo necesitas un abrazo… No me molesta.
Desde ese día Tanjiro no solo la abrazaba cuando estaba deprimido. Lo hacía cada vez que la saludaba y se despedía; también porque sí, cuando estaban solos conversando y le nacía hacerlo. Kanao no se negaba, aunque era demasiado tímida aún para iniciar el contacto, pero una vez que sentía los brazos del chico alrededor suyo, los suyos rodeaban su espalda o los enganchaba a su cuello, mientras disfrutaba del sonido tranquilo del corazón del dueño de sus pensamientos.
Como nunca el chico se quedó casi cuatro días en la mansión mariposa y solo se retiró porque ya era el día del cumpleaños de Nezuko. No podía fallar cuando había hecho un gran esfuerzo por conseguir ese precioso kimono color crema, con flores estampadas en blanco y lila, y detalles violetas. El kanzashi que hizo Kanao combinaba con el obi y los ojos de su hermana.
Quedaron de celebrar todos juntos Año Nuevo en la mansión, invitando también a sus amigos para hacer una gran celebración y despedir con mucho respeto ese año tan pesado emocional y físicamente. Recordando también a todas las pérdidas que sufrieron como grupo tras la última batalla contra Muzan.
Nezuko lloró de felicidad al recibir aquel regalo. Abrazó a su hermano y prometió estrenar el atuendo para cuando fueran donde las chicas mariposas, además de agradecerle a ellas por su gusto exquisito y obviamente, agradecerle a Kanao por la hermosa flor para adornar su cabello.
- Hermano, mi deseo de cumpleaños es que te declares de una buena vez. No hay nadie mejor que Kanao-san para ti. – Dijo una vez terminando la cena preparada por todos, en aquella mesa con Zenitsu e Inosuke presentes.
- Maldito Tanjiro… - Susurró con envidia el rubio.
- ¡¿De qué me perdí?! – Gritó con la boca llena de comida Inosuke, agarrando del cuello a Zenitsu mientras lo miraba amenazante.
- ¡Qué me preguntas a mí! ¡Tanjiro es el responsable de todo!
- ¡Pero lo sabías!
- ¡No te hagas el imbécil ahora. Todos sabemos que estás de la misma forma con Aoi!
El chico de ojos verdes gritó sonrojado y se lanzó en contra de Zenitsu para darle uno que otro golpe. Al final, eso terminó en una discusión sin sentido demasiado larga como para tomarle la atención necesaria. No obstante, los hermanos Kamado no olvidaron el comentario de su amigo, porque siendo sinceros, no se habían percatado del todo de la relación que se estaba forjando entre Inosuke y Aoi, pero en ese instante Tanjiro quiso averiguar primero cómo se había enterado de sus propios sentimientos su hermana pequeña, ya que según él estaba siendo muy bajo perfil con el tema.
- ¿De qué hablas, Nezuko? – Preguntó nervioso por lo bajo, sonrojado.
- De lo obvio, hermano. – Respondió con una leve sonrisa. – Te daré hasta mi próximo cumpleaños. No me decepciones.
O tal vez debía reconocer primero que no estaba siendo muy discreto como él creía.
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¡Yay!
Vengo a dejar este capítulo que me costó terminar, pero lo importante es que aquí está.
Gracias por los muy lindos reviews. De verdad me alegran demasiado y ando como máquina escribiendo todos los días. Lamentablemente, son de muchas cosas a la vez, pero les aseguro que siempre avanzo un poco con estos dos chiquillos.
Sé que piensan que el próximo será el último porque voy por las estaciones del año. Sin embargo, tengo pensado escribir un par de one-shots más después de ''Primavera'' porque ¿A quién no le gusta tener más material de los tuertolitos más lindos?
Les mando un abrazo y las mejores vibras y ánimos!
Nos estamos leyendo.
