Hola! Acá estoy de nuevo :3

Agradezco con todo mi corazón a las personas que dejaron comentarios, me siguieron y dieron favorito, les un hijo a cada una de ellas :3

En este capitulo tratare de explicar como Kiara llego y que tiene que ver Undertaker en todo, pero recuerden, recién el comienzo de todo o,..,o

Se tocara una canción en medio de la historia, les dejo el nombre de la canción cold Rain de 4Minute *-* busquenla en youtube :3

ADVERTENCIA: Contenido para adulto mayor responsable. Leer bajo la presencia de un adulto)?

Tiene sexo explicito, agradecería a la buena persona que me enseñe como cambiar de categoría y me explicara en que categoría debería ponerla (Si es que es necesario cambiarlo). Soy nueva en esto :3

Disfrútenlo!

Ah, los personajes no son míos. Son de Yana Toboso u.u


Anteriormente...

Lo más probable conde, es que este hermoso saltamontes se encontrara a punto de morir. Pero el shinigami que debía evaluar su muerte, decidió muy tarde que ella merecía seguir viviendo.- Explico Undertaker, dejando salir de la prisión de sus brazos a la pálida joven. – Cuando pasa eso, generalmente el alma se pierde, puede vagar siendo un fantasma o busca la manera de volver a la vida, reencarnando años más adelante. Este es el primer caso que veo donde el alma viaja con cuerpo y todo hasta el pesado. Sin duda muy interesante je~ je~

Por eso el aroma a muerte quedo grabado en su cuerpo.- Murmuro Sebastián pensativo. – Tengo entendido que esas personas suelen vivir el doble que las personas normales.

¡Claro! Sus almas piden a gritos que le devuelvan los años que le quitaron je~ je~ Viven hasta que sus cuerpo se pudren je~ je~

Ahora que lo mencionas.- Murmuro Kiara totalmente pálida, tomando la mano que le ofrecía Sebastián para sentarse al lado del conde.- Recuerdo que un automóvil me arroyo, tenía sangre por todos lados y muchos personas mirándome. No lo recuerdo muy bien, son imágenes borrosas.

Eso significa que moriste en aquella ocasión, pequeña saltamontes.- Respondió Undertaker acariciando la mejilla de la joven.

¿No podre volver?- Pregunto con un hilo de voz.

Me temo que no preciosa.- Le respondió Undertaker, pero esta vez con un tono serio y neutral.

Me temo que tendrás que acostumbrarte a usar esos estúpidos vestidos. – Se burlo el conde, ganándose una mirada de color verdoso llena de ira.- Serás una Phantomhive por mucho tiempo.

Ese mayordomo, Respondiendo

Se encontraban cenando en la mansión Phantomhive. Sebastián presentaba sus deliciosos platillos de forma elegante mientras los colocaba frente a los jóvenes sentados a la mesa, Kiara maravillada los contemplaba con los ojos iluminados.

— Espero que los disfruten.- Dijo el guapo mayordomo inclinándose levemente.

— Seguro que sí. Se ve exquisito. – Alago Kiara mientras comía feliz de la vida. – Aun no entiendo porque Undertaker no pudo venir a comer con nosotros, fue muy amable. – Se quejo mientras comía.

— Ese tipo me da escalofríos.- Le respondió Ciel mientras comía con el ceño fruncido, sin siquiera mirar a la joven.

— ¡Pero si es un amor! Fue muy amable conmigo y es cálido, huele bien, es blandito…- Fue interrumpido por el conde, mientras Sebastián reía silenciosamente.

— Tu solo lo quieres usarlo como almohada.- Se quejo el conde aun mas enfadado que antes, dejando de comer para frotarse el puente de su nariz.

— Puede ser. – Rio Kiara jugando con el tenedor. – Es el caso, es que me agrado mucho, mucho…- Murmuro más para sí que para el conde.

— Ya deja de quejarte, llevas menos de un día acá y ya me causaste jaqueca.- Le dijo el conde en un murmuro, tratando de controlar su mal genio. – Vete a dormir. Mañana empezaras con algunas clases. Sebastián se encargara de enseñarte modales, etiqueta, danza y algo más sobre arte. Las dos primeras te hacen falta urgente.- Le dijo levantándose y caminando hacia la puerta.

— Me ofendes cariño.- Rio Kiara mientras ponía una fingida cara triste.- Tome clases de danza desde pequeña, al igual que de música, se tocar piano, violín y guitarra. Además dibujo a carbón. – Respondió con una gran sonrisa satisfecha al ver los rostros de sorpresa.

— Vaya my lady, me sorprende. – Alago Sebastián con una sonrisa.- ¿Le interesaban las artes desde pequeña?

— Algo.- Sin razón alguna comenzó a reír.- En realidad mi madre me hacia tomar clases de lo que sea cuando se daba cuenta de que tenía tiempo libre, creo que no tenía mucha paciencia para tenerme en casa todo el día.

— La entiendo, yo estoy haciendo lo mismo. Eres desquiciante. – Se burlo Ciel.

— Tengo que reconocer que puedo ser algo cargosa, pero es solo porque soy hiper-activa.- Respondió Kiara aun riendo. – Supongo que en lo de etiqueta tengo que aprender algo, siempre he sido bien bestia para esas cosas. – Se levanto de la mesa y se abrazo a Sebastián que se encontraba de pie a un costado del conde.

— ¿Qué manía tienes de abrazarte a las personas?- Pregunto el conde al ver como su mayordomo era estrujado.

— Nunca sabes cuál puede ser tu último abrazo. – Murmuro dando un bostezo.- Tienes que aprovechar hasta el más pequeño momento para amar y recibir amor. Además los abrazos son gratis y nunca se acaban. – Se soltó de Sebastián y corrió a abrazar al pequeño conde. – Buenas noches. – Se despido saliendo del comedor.

Camino por los largos y oscuros pasillos y se dirigió a la habitación que le habían prestado. De noche los pasillos se veían tétricos y más largos, las pinturas y esculturas tomaban un toque sombrío y escalofriante, suponía que las ampolletas aun no se expandían. Le encantaría tener su notebook para poder distraerse un poco.

Llego a su habitación por fin y trato de encontrar las velas para encenderlas, le gustaba la oscuridad pero no al extremo de estar completamente sin visión. Dejo el candelabro prendido cerca de la cama y se recostó boca abajo, tratando de callar los sollozos que amenazaban con salir de sus labios. Nunca fue una persona que lloraba con facilidad, le gustaba estar alegre y su hiperactividad le ayudaba mucho a distraerse cuando estaba triste, pero ahora de verdad necesitaba desahogarse. Todo lo que le estaba pasando era grave, gravísimo y desesperante.

Toda su vida lucho y se esforzó para estudiar y sacar buenas calificaciones. Sus estudios siempre fueron importantes para ella, como cualquier joven criada en el siglo XXI su sueño era ser una profesional universitaria, sacar su titulo y ejercer en la carrera que le apasionaba. ¡Pero ahora todo estaba perdido! ¡Todo el dinero, esfuerzo y tiempo invertido en su futuro se había ido pro el caño! Todo el sacrificio de sus padres por ayudarle a pagar sus estudios, sus noches soñando con ser una mujer independiente, todo, ya no estaba…

Sin poder evitarlo las lágrimas corrieron por sus mejillas, ladeo la cabeza apoyando su mejilla derecha en la almohada y fue ahí que se dio cuenta de la figura oscura que estaba de pie junto a la ventana, mirándola fijamente.

— ¿Necesitas algo Sebastián? – Pregunto con voz apagada mientras limpiaba sus mejillas y se volteaba quedando de espaldas en la cama.

— Solo quería asegurarme que se encontrara en buenas condiciones.- Murmuro el mayordomo con voz lenta mientras se acerba a la cama. – Le recuerdo my lady, que puede pedirme lo que sea.

— Muy amable de tu parte, pero estoy bien. Gracias. – Le respondió con una leve sonrisa.

— No se le da bien mentir.- Rio Sebastián recostándose suavemente al lado de la joven, tomando su rostro húmedo en sus desnudas, manos sin guantes. – Se que está pasando por un momento difícil. Se siente sola y triste.- La voz del mayordomo se torno cautivante, lenta y ronca. Acaricio el rostro de Kiara limpiando las lágrimas que seguían corriendo.

— No sigas Sebastián. No es correcto que…- Trato de alejarse, pero el mayordomo la tomo de la cintura y se posesiono sobre ella, rozando su nariz respingada con la pequeña nariz de Kiara.

— Solo quiero que se sienta bien. Déjeme quitar el dolor que está sintiendo su noble corazón. - Cada murmuro del mayordomo era mas y mas seductor. Sus palabras la hacían temblar e impedían que su cerebro funcionara correctamente. Abrió sus labios para decir algo, mas ningún sonido salió. Estaba totalmente perdida en los ojos del atractivo hombre que se encontraba rozando su cuerpo. – Solo déjate llevar por mí, Kiara. – Murmuro el mayordomo antes de besarla de forma voraz, hambrienta y desesperada.

Ella completamente rendida en el encanto, se dejo llevar abriendo la boca, dejando entrar la venenosa, caliente y húmeda lengua de Sebastián. Las manos del apuesto hombre se movían con delicadeza por las suaves curvas de Kiara, despojándola lentamente de la chaqueta y camisa que le había prestado, dejándola solo en el blanco corsé. Bajo sus labios al níveo cuello de la joven y lo mordió con fervor, dejando leves marcas rojas.

Kiara se armo de valor y tomo al mayordomo por el cabello y lo atrajo nuevamente hacia sus labios, necesitada del exquisito sabor de sus besos. Con dificultad y torpeza quito la pequeña chaqueta y camisa de Sebastián, dejando el camino libre para que sus manos tocaran y rasguñaran la firme y suave piel de la espalda del mayordomo. Termino con el beso cuando su cabeza comenzó a girar y sus oídos comenzaron a pitear. Pero aun así sus manos no se quedaron quitas, ambos se acariciaban y besaban la piel de hombros y pecho. Arqueo su espalda para darle facilidad a Sebastián de quitar el incomodo corsé. Sebastián lanzo sin cuidado el pequeño instrumento que segundos antes torturaba los pequeños pechos de la joven, inclino su rostro y tomo entre sus labios un rosado pezón mientras con sus manos le daba pequeñas caricias al gemelo.

— Sebastián…- Gimió Kiara mientras se arqueaba y jalaba el cabello del mayordomo. Este levanto la mirada y le sonrió de forma coqueta.

— Tu piel es muy suave, Kiara.- Alago el mayordomo bajando sus besos por el plano vientre de la joven. Se detuvo cuando llego al pantalón. – Ya no necesitara este pantalón.- Murmuro de forma ronca mientras lo quitaba junto al exageradamente grande calzón, rozando con las punta de sus dedos la blanca piel de las piernas de Kiara. Se sorprendió al no ver vello púbico y miro a la joven con curiosidad.

— Supongo que aun no está de moda el depilado. – Rió Kiara sonrojada por la atenta mirada a tan intima parte. – Me gusta así por comodidad, no es muy raro en mi tiempo. – Cubrió sus ojos con su brazo, totalmente avergonzada.

— Oh, ya veo. – Musito Sebastián relamiéndose los labios y bajando su cabeza para explorar el lugar recién observado.

— Oh por Dios…- exclamo Kiara separando por instinto sus piernas para darle más lugar a la húmeda lengua del mayordomo para acariciar. Acaricio los hombros de Sebastián agradeciendo el dichoso placer que le otorgaba. Suspiro desconforme cuando la lengua de Sebastián la abandono.

— Realmente deliciosa. – murmuro Sebastián, se puso de rodillas en la cama y quito su pantalón liberando su dura erección. – Tengo algunas dudas. – Susurro inclinándose sobre Kiara para rozar su miembro con los húmedos pliegues. Ella abrió los ojos sorprendida y sonrió traviesa. Reunió fuerzas y cambio de posiciones, dejando a Sebastián recostado en la cama.

— ¿En serio? - Pregunto al sorprendido mayordomo. Sin darle tiempo de responder, se sentó en sus muslos y se inclino rozando sus labios por el duro miembro del mayordomo.- de hecho, yo también tengo dudas. Sobre algo que Undertaker me dijo antes de salir de su local. – La sonrisa de la joven creció al ver la molestia en el bello rostro de Sebastián.

— ¿De verdad quieres hablar de ese sujeto, AHORA? – Pregunto con el ceño fruncido.

— Solo es una duda, no tomara más de un minutos.- La joven se agacho y lamio la rosada punta de aquel miembro viril.

— ¿Cuál? – Pregunto Sebastián en un jadeo, cerrando los ojos complacido.

— Me dijo que tenía que cuidarme de caer en las garras del demonio.- Volvió a lamer el glande, pero esta vez lo metió en su boca y lo succiono. – Eres un demonio ¿Cierto? – Pregunto mientras masajeaba a lo largo del pene.

— Si … - Susurro Sebastián, totalmente entregado al placer. De un momento a otro, la burbuja de lujuria que lo rodeaba se rompió y abrió los ojos sorprendido. De un rápido movimiento, recostó nuevamente a Kiara en la cama, tomando sus manos por encima de su cabeza inmovilizándola con una de él. – Es usted muy cruel, my lady. Mire que sacarme información en este tipo de situación. La verdad es que si. Soy un demonio.- Le susurro rozando su nariz con la de ella y entrando de golpe al húmedo hueco entre sus piernas, provocando que la joven cerrara los ojos con fuerza y gimiera de forma ahogada.- Debería sentirme avergonzado. Caer en mi propio juego. Pero la sorpresa es mayor. – inclino sus labios y mordió los de ella haciéndola retorcerse bajo su cuerpo, buscando mas ficción es su parte baja. Pero él se encontraba inmóvil, torturándola. - Nunca pensé que una humana me provocaría tanto placer, llegando al punto de nublar mis desarrollados sentidos. En verdad me sorprende, gratamente debo mencionar.

Soltó las manos de la joven y la tomo de la cintura, moviendo se forma lenta dentro de ella, con un ritmo pausado y profundo. Beso su cuello y mordió sus hombros aumentando de a poco la velocidad de las penetraciones. Ella enredo sus piernas por la cintura de Sebastián y apretó con una de sus manos un pálido glúteo, indicándole que se moviera más rápido y profundo. Apoyo su frente junto a la de ella y compartieron el cálido aliento mientras se besaban y miraban directamente a los ojos.

Kiara se aferro con firmeza a la espalda de Sebastián totalmente llevada por el placer de tan deliciosa intromisión. Los movimientos rápidos y profundos del mayordomo la estaban llevando al límite, se arqueo descontroladamente mientras sentía como sus piernas temblaban, enviando una corriente eléctrica que comenzó en su húmedo centro y recorrió toda su columna vertebral, enterrando sus uñas con fuerza en la espalda de Sebastián. Unos movimientos más y Sebastián se derramo dentro de ella, soltando un ronco, sensual y masculino gemido.

Se quedaron quietos un rato, acariciándose y besándose de forma lenta. Totalmente complacidos.

— Tengo la sospecha, de que dormiré profundamente esta noche. – Murmuro Kiara cansada y satisfecha, con una sonrisa tímida en el rostro.

— Descanse, my lady. – Susurro Sebastián, saliendo de ella lentamente y cubriéndola con las cobijas. La observo parpadear cansada y luego solo cerró los ojos, dormida.

Sebastián se levanto de la cama y busco su ropa. Su ceño se encontraba fruncido y su molestia se notaba de lejos. Se vistió rápidamente sin hacer ruido, miro por última vez a Kiara de forma seria y totalmente sombría, sin hacer ruido salió de la habitación, llevándose consigo las velas.

Cuando Kiara despertó, Sebastián no se encontraba en su cuarto. La ropa que había utilizado ayer se encontraba doblaba a los pies de su cama. Se estiro con pereza y se cubrió bien con las cobijas para seguir descansando. Pero sus planes no eran compartidos por la persona que entraba por la puerta, escucho los pasos dirigirse a la ventana para abrir las cortinas, provocando que el radiante sol le llegara directo a los ojos.

— Sé que esta despierta, my lady.- Hablo Sebastián de forma amable mientras la destapaba descaradamente.

— Noo~~ Quiero seguir acostada.- Se quejo volviendo a cubrirse.

— Me temo que no podrá.- Volvió a destaparla, pero esta vez la tomo en sus brazos y la llevo al baño, dejando completamente desnuda en la helada bañera vacía. – El desayuno se servirá en media hora. Dese un baño tibio y baje, el joven amo la espera.

— Ok, Ok, como digas. – Murmuro viendo como el mayordomo le sonreía y salía del baño, cerrando la puerta. Se levanto de la bañera y abrió el grifo de la llave para llenarla con tibia agua.- No dormí casi nada y me duelen las piernas.- susurro para sí, sonrojándose al recordar la actividad de anoche.

Salió de su habitación ya vestida, Sebastián se había encargado de dejar en la cama un ligero vestido que no necesitaba corsé, y ella había dejado su cabello negro suelto. Camino por la mansión rápidamente directo al comedor, sus tripas le exigían comida y estaba segura que si lo les hacía caso, ellas llevadas por la desesperación se comerían entre sí. Entro al comedor y se encontró con Ciel leyendo un gran periódico mientras comía de forma lenta, Sebastián como siempre, se encontraba a un costado del conde.

— ¡Hola! – Saludo emocionada, sonriendo alegremente. Hizo una mueca cuando el conde la ignoro. – Y se supone que la de malos modales soy yo.- Murmuro en tono de burla, mientras le picaba la mejilla al conde cuando paso por el lado de su silla.

— ¿No crees que es muy temprano para molestar?- Pregunto el conde sin despegar la vista del periódico.

— Nunca es muy temprano para molestar.- Rió ella comiendo su desayuno alegremente.

— Sebastián me dijo que ya estas enterada de que es un demonio.- Murmuro el conde, separando por primera vez su mirada de las noticias, doblando el periódico y dejándolo en la mesa. – Esta de más decir que nadie se puede enterar ¿Cierto? - Pregunto mientras jugaba con su tenedor, con la mirada fija en los oscuros ojos de la joven.

— Tranquis hermano. – Respondió Kiara levantando ambas manos de forma juguetona, teniendo claro que lo anterior era una amenaza disfrazada.- Se bien lo que me conviene y lo que no, están de más las amenazas. Además, supongo que ya estoy condenada.- murmuro con un sonrojo. Escucho la risilla de Sebastián y su sonrojo aumento.

— Esta equivocada si cree que por lo de anoche a condenado su alma. – Dijo Sebastián en tono amable. – Aun está a tiempo de redimirse por caer en los brazos de un demonio.

— Te mando a reunir información de ella.- Hablo el conde con los ojos cerrados, notoriamente molesto e incomodo. – Pero te acuestas con ella y eres tu quien término hablando de más. Me sorprendes, no pensé que alguien pudiera controlarte, Sebastián. – Se burlo mirando de reojo a su mayordomo.

— Ya decía yo.- Rió Kiara, totalmente incomoda. – Sabía que por alguna razón habías ido a buscarme. Supongo que al final la que termino aprovechándose fui yo. Lo lamento.

Siguieron comiendo en silencio, Ciel con la vista fija en el periódico, Kiara mirando su plato fijamente, jugando distraída con su comida y Sebastián con la mirada atenta a cada movimiento que ella hacía.

Después de haber acabado de desayunar, salió del comedor y se dedico a conocer la gran mansión. Las bibliotecas eran las que más la complacían, siempre le gusto leer y al verse rodeada de extensas áreas llenas de libros la complacían mucho, maravillándose mientras leía cada título buscando uno que llamara su atención. Los únicos que encontró fueron Romeo y Julieta, Alicia en el país de las maravillas y otros pocos más.

Siguió recorriendo la mansión, curioseando cada rincón, encontrando varias habitaciones vacías. Ya cansada y decidida a volver a su cuarto, encontró a una espaciosa habitación de color rosa pastel, un hermoso y gran piano de cola blanco se encontraban en medio de este, varios instrumentos más adornaban la hermosa habitación y unos cuantos sojas de un rosa más fuerte hacían de esta, una habitación magnifica para ella. Totalmente emocionada, camino al piano dispuesta a tocar un rato. En su tiempo eran pocos los pianos de este tipo, la mayoría ya estaban todos actualizados con la tecnología eléctrica.

Levanto la cubierta de las teclas y acaricio con cuidado las teclas de un bello marfil blanco, tan suaves que parecía que tocaba seda. Comenzó a tocar de forma lenta, llenando la habitación de una dulce y triste melodía, acompañándola con su voz.

(Canción cold Rain de 4Minute, búsquenla :3)

chakhage saranghan joe nappeun ibyeore apaya aljyo
sarangeul mollaseo geujeo sarameul mideotjyo
geu ttatteutan geojitmare jeomjeom deo michyeogatjyo
ttaemachim biga naerineyo chanbiga naerineyo
ttururu tturururururururu ttuk ttuk heulleo
naerineun i bitmureun seulpeumeuro jamgigetjyo
ttururu tturururururururu ttuk ttuk heulleo
gaseume maechyeo sori nae uljyo –
Tanto las notas como la voz se fueron apagando lentamente, hasta quedar en silencio.

— Cada vez me sorprende más. Tiene mucho talento.- Dijo Sebastián, de pie a unos metros detrás de ella.

— No te sentí entrar. – Murmuro Kiara mientras se daba vuelta en el asiento, dándole la espalda al piano.

— Esa era la idea. No quería que perdiera la concentración.- Le sonrió de forma amable y se acerco para sentarse al lado de ella, frente al piano para tocar una dulce melodía. – Su voz es muy dulce, pero la note algo triste.

— Supongo que es normal. Todo lo que ha pasado me tiene un tanto complicada.- Le respondió, apoyando su cabeza en el hombro de él. – Dame unos meses y estaré como nueva. – Cerró los ojos y se dejo llevar por la dulce melodía que Sebastián tocaba. – Sabes, siempre pensé que los demonios serian criaturas feas, mitad chivo y mitad hombre, con grandes cuernos y colas puntiagudas. – Murmuro risueña, sonriendo a un mas al escuchar la suave risa del demonio. – Pero tú eres bastante guapo. Aun que claro, estoy segura de que esta no es tu verdadera forma…- Se quedo en silencio abruptamente y se enderezó, dejando de tocar a Sebastián. Este extrañado, dejo de tocar y la miro preocupado, encontrándose con un pálido rostro.

— ¿Pasa algo? – Estiro su mano para tocarla, pero ella se aparto rápidamente.

— Por favor. Dime que no eres chivo. – Murmuro de forma rápida y atropellada.- Dime que no tuve sexo con un chivo. – Pidió totalmente pálida, mirando con los ojos totalmente abiertos al mayordomo. Esta vez, Sebastián estallo en carcajadas, llevando ambas manos a su estomago para cubrirlo de tan brusca sacudida. Por un momento pensó que Kiara estaba bromeando, pero al ver su rostro pálido, supo que tenía que responder de forma seria.

— No soy un chivo. Puede estar tranquila.- Respondió ya calmado, tomando entre sus manos el rostro -ahora sonrojado- de la joven. Esta en lo correcto al pensar que esta no es mi verdadera apariencia. Pero definitivamente, no soy un chivo. – La vio suspirar exageradamente y no pudo evitar sonreír con ternura. – Tiene usted, una imaginación muy rara. – Murmuro sobre los labios de ella, besándolos suavemente.

— Es un alivio. – Susurro sobre los labios del mayordomo, besándolos de nuevo.- Ya me imaginaba teniendo pequeños bebes chivos. – Rio de forma nerviosa, mientras apartaba el rostro, sonrojada.

— Eso es imposible en muchas formas. Se me es totalmente imposible embarazar una humana, no somos compatibles. – Dijo Sebastián, levantándose del piano y caminando a la puerta de forma seria. – Recuerde que las clases empiezan en unas horas. Le pido por favor, no llegue tarde. – Sin decir más, salió de la habitación, dejando a la joven totalmente muda.

— Vaya, eso fue incomodo.- Murmuro poniéndose de pie para recortarse en uno de los rosados sofás. – Es una lástima. Sus hijos serian hermoso, pero solo lanza aire.

Ya sin ánimos de seguir fisgoneando, se quedo recostada en el sofá, mirando los hermosos diseños que estaban pintados en el techo. Las flores de hermosos colores lo cubrían de tramo a tramo, haciendo resaltar mas el pálido color rosa de las paredes.

Suspiro con cansancio. En verdad, había tenido suerte de que Ciel la recibiera en su mansión. Si no fuera por él, estaría durmiendo en la calle. Aunque sabía que este favor no era gratis, de alguna manera el pequeño conde le haría pagar por su hospedaje. Pero no se quejaba, tenia comida, ropa, techo y abrigo, sin contar al guapo mayordomo que la complacía en todo sentido.

Sabía que lo que menos necesitaba, era enamorarse del mayordomo, así que tenía que plantearse de manera adulta la situación. Ella ya no era una niña, había tenido su primera vez hace bastante, y aunque jamás lo repitió, sabia a lo que iba anoche, no era tonta. Tenía claro que fue todo sin compromiso, lo que menos esperaba era un anillo y una propuesta de matrimonio, sabía de antemano que una relación con el apuesto mayordomo era totalmente imposible. Pero…¿Sería muy tonto desaprovechar estas oportunidades? Ella no quería aprovecharse de la amabilidad de Sebastián, pero tampoco quería andar de tonta y rechazar seguir teniendo sexo con él, porque el hecho de que la este besando cuando quiera, significa que se va a presentar en más de una ocasión. Solo tenía que tener presente una cosa. No enamorarse.

— Muy bien Kiara, solo eso. Sin enamorarse.- Murmuro antes de caer dormida en el cómodo sofá.

Sintió que alguien la mecía lentamente, apretó los ojos y pretendió no sentir nada para seguir durmiendo.

— Señorita, despierte.- Le susurro la inconfundible voz de Sebastián. – Tiene visitas.

— ¿Quién? – Pregunto extrañada. Ella no conocía a nadie más aparte de los que viven en la mansión. A no ser que…

— Undertaker.- Respondió el mayordomo de mala manera.- Esta en el salón.

Kiara se levantó rápidamente y salió corriendo a recibir a su invitado, dejando al demonio con el ceño fruncido. Cuando entro al salón, se lanzo directamente a los brazos del extraño hombre de cabello plateado, ignorando por completo al conde.

— Je~ je~ je~ ¿Cómo estas hoy, pequeña saltamontes? – Pregunto acariciando el largo cabello negro de la joven. Pero aun sin devolverle el abrazo.

— ¡ahora que llegaste, mucho mejor! – Respondió la alegre joven, apretándose más al cuerpo delgado del hombre.

— Por lo que veo. Ya caíste en las garras del demonio.- Murmuro Undertaker con voz apagada. – Desprende un asqueroso aroma a demonio je~ je~ - Esta vez, su voz volvió a ser la misma rasposa y juguetona de siempre.

— ¿En serio? – Pregunto ella asombrada.

— Mi aroma le marcara la piel por un tiempo, my lady. – Respondió el mayordomo que entraba al salón con unas tazas de té y galletas.

— ¿A qué se debe tu visita, Undertaker? – Pregunto el conde, recibiendo una taza de té que su mayordomo le ofrecía.

— Tengo información sobre este hermoso y feliz saltamontes~~- Dijo el shinigami, mientras picaba una mejilla de la joven.

— ¿En serio? ¿Qué cosa? – Pregunto ella totalmente emocionada. ¡Tal vez si podría volver!

— Como dije anteriormente. Eres un alma viajera.- El tono de voz sonó neutra y fría, causando escalofríos en el cuerpo de la joven.- Tu alma nació hace muchos años. – Comenzó explicando. Sus ojos eran cubiertos por su grueso flequillo, apartando su mirada de los presentes. – tenias que haber muerto en 1866, te puedes dar cuenta con eso de lo antigua que es tu alma. El shinigami que tenía que dar tu juicio, dudo. Retrasando así tu muerte, cerrándote la posibilidad de viajar al cielo o al infierno. Arrepentido, el shinigami cuido de tu alma hasta encontrarle un nuevo cuerpo portador. Luego de unos años lo consiguió, te dio un nuevo cuerpo, pero debilitado, sucumbió al decimo día de haber nacido. Nuevamente tu alma se encontró vagando, siempre siendo cuidada por aquel shinigami. – Un silencio reino en la habitación cuando Undertaker tomo aire para seguir hablando.- Una vez más encontró un cuerpo, pero murió antes de ser dado a luz. Esta vez tu alma se perdió, era imposible para aquella persona encontrarte. Desesperado, busco muchas maneras de traerte de vuelta. – Suspiro pesadamente y volteo a ver el rostro de Kiara, encontrándose con sus bellas mejillas bañadas en lágrimas. – Supongo que este fue el resultado. Te trajo en cuerpo y alma.

— ¿Quién es ese shinigami? – Pregunto el conde al ver que la joven no podía pronunciar palabra.

— Soy yo…- Murmuro, sin despegar la vista de la triste mirada de Kiara. – Lamento profundamente todo lo que pasaste. – Tomo entre sus pálidas manos, el pequeño rostro de la joven, limpiando con sus pulgares los caminos de lágrimas y la atraía a él, apretándola en un fuerte abrazo.

— Eso puede ser respuesta a la extraña atracción que tiene por usted, Undertaker. – Dijo Sebastián totalmente serio, mirando expectante la escena.

— Puede ser.- Murmuro el shinigami, sin separarse de la joven. – Mi presencia la siguió desde siempre, en cada momento. Por eso le resulto cómodo y familiar.

— Pero…si antes de venir acá, morí. ¿Por qué vino también mi cuerpo? ¿No debería haber viajado mi alma sola?- Pregunto Kiara, separándose del pecho de Undertaker para tratar de mirarlo a los ojos.

— Cuando un alma adquiere fuerza propia, alcanza un poder sobrenatural. Lo más probable, es que su alma cansada de vagar sin un cuerpo, se aferrara al que ya posee. – Explico Sebastián, ofreciéndole una taza de té.

— Es una opción…-Murmuro Undertaker, acariciando una de las manos de Kiara.

— ¿Existe otra?- Pregunto el conde, mirando fijo al escalofriante hombre. – Responde, Undertaker.

— Supongo que recuerdas el incidente de las muñecas bizarras en el ferry y en la escuela.- Respondió en un susurro. Vio al conde y al mayordomo asentir y continuo.- Esos no eran más que experimentos para darle un cuerpo al alma de Kiara, o más bien, para atraer el alma de Kiara. Todas esas personas asesinadas por las muñecas bizarras, tenían como finalidad encontrar el alma de Kiara y a traerla a su cuerpo, como un grito, llamándola. Lo más probable, es que el llamado provocara que su alma se aferrara a su cuerpo, arrastrándola con todo y recuerdos.

— Grell me comento, que varias de esas almas no fueron recolectadas. – Dijo Sebastián mirando a Undertaker.- Supongo que esas almas fueron a dar en el cuerpo de la señorita. Su fin era buscar un alma, pero también encontraron un cuerpo donde reposar. Eso también explica tanto olor a muerte.

— ¿Tengo almas de otras personas en mi cuerpo? – Pregunto la joven asqueada, mientras se miraba las manos.

— Espero me perdones, pequeña saltamontes. – Le susurro el shinigami, tomándola nuevamente de las mejillas y acercándola a él, esta vez para rozar sus labios con los de ella, pero sin llegar a besarlos.

— No tengo nada que perdonarte. Me cuidaste todo el tiempo. – Le respondió cerrando los ojos, ansiando mas contacto.

— Lo mejor será que la señorita descanse. – Dijo con voz firme Sebastián, separando a Kiara de los brazos del shinigami.- Se puede retirar Undertaker, muchas gracias por la información.

— Je~je~je pero que mal educado tiene a su mayordomo. – Rió el shinigami oscuro, volviendo a su tono habitual de voz, tétrica y rasposa, pero mirando de forma fija y desafiante al mayordomo, este le devolvió la mirada de la misma manera. – Mire que correr de esa manera a los invitados je~je~je

— Basta los dos.- Exclamo el conde enfadado.- Kiara ve a descansar. Sebastián prepara la cena y Undertaker, largo de mi mansión. – Ordeno de forma brusca, levantándose del sofá donde se encontraba.

Sebastián y Kiara obedecieron enseguida. Kiara fue guiada rápidamente por el mayordomo hacia su habitación, sin darle el tiempo para despedirse. En cambio, el shinigami solo se puso de pie y miro seriamente al joven conde.

— Te aconsejo que te cuides joven conde~~- Le murmuro, agachándose a su altura, mirándolo fijamente con sus electrizantes ojos verdes.- Esa mujer es capaz de volver loco a un demonio, supongo que te diste cuenta. Ya lo hizo conmigo, tu mayordomo no durara mucho en caer je~ je~- Rio levemente de forma tétrica, haciendo fruncir el ceño a Ciel.- Pero descuida ~~ Muy pronto vendré por ella. Puede que sea antes de que se descontrole.

— ¿A qué te refieres con eso?- Pregunto el conde, tomándolo de la manga al ver que se marchaba.

— Piensa un poco conde~~ - Le respondió ya sin mirarlo.- Ella no es humana del todo, nadie que posea más de un alma es humana. Ella es un no-humano completamente desconocido, las muñecas bizarras no son nada en comparación a ella. No sabemos de lo que pueda ser capaz y hasta donde pueda llegar su extraño poder. Pero ten en cuenta, que ya esta embrujando a tu mayordomo~~

— ¿Piensas que es peligrosa?- Pregunto preocupado.

— No del todo~~- Le respondió dando unos suaves golpes a la cabeza del conde.- Solo hay que mantenerla observada. Así que cuida bien de mi pequeña saltamontes. – Le murmuro antes de salir de la habitación.


Espero les gustara! No se olviden de comentar cualquier queja, duda o idea que tengan.

Y quería pedirles un favor. De verdad me a costado bastante buscar el verdadero nombre de Undertaker, agradecería mucho que alguien me ayudara buscarlo o dieran ideas para invertirle un nombre digno de él.

Muchas gracias! Nos vemos el próximo Fin de semana :)