Lo lamento! Lo lamento! Lo lamento!

Movistar me dejo un mes sin internet! un mes! Fue horrible! T_T

Agradecimientos:

**beta1b: muchas gracias por leer! espero tus comentarios en esta cap. **

**salome: no me acoses ¬.¬**

**Guest: gracias por leer! me alegro que te guste, ahora que ya me llego el internet acualizare cada domingo, lo juro:3 **

**TheCreepyShadowOMG: Gracias por leer! sera un bebe malo o,..,o**

**Alexamiddleford-19: garcias por leer! de ahora en adelnte la personalidad de kiara ira cambinaod un poco por que ira recordando su vida pasa y tambien en uno capitulos mas se dara a conocer la ´´raza´´ de kiara :p**

**patata: Gracias por leer! me alegro que te gustara! Kiara como toda mujer sacara coraje de su dolor y miedo, se viene grandes cambios para ella y tiene que cuidar de su bebe. y yo tambien llore con el cap 105 del manga u.u**

**tenshineko-chan: gracias por leer! sep, el bebe poco a poco le ira pidiendo sangre! **

**Masha Rue: gracias por leer! la verdad que al ver esas imagenes me inspiro a escribir esa parte, aunque no me guste ver sufir a undertaker habia que darle alguna explicacion a tantas citatrices :p Kiara es como cualquier mujer, ante un hombre guapo que sabe cocinar rico cae embobada xD**

Los personajes son de Yana toboso u.u


Anteriorimente…

Ciel corrió rápidamente tratando de alcanzar a Undertaker, pero estaba seguro de que este ya se encontraba en la habitación de su invitada. Se afirmo en la puerta tratando de recuperar el aliento, nunca le gusto correr. Cuando levanto la cabeza, encontró a los dos hombres mirando a la joven que se encontraba dormida en la cama.

Sebastián se encontraba totalmente pálido, gritaba una y otra vez el nombre de Kiara mientras la movía con brusquedad y desesperación. En cambio Undertaker se había quitado el sombrero y había apartado su flequillo, dejando ver sus hermosos ojos verdes que brillaban con emoción, su gran sonrisa no se hizo esperar e ilumino su pálido rostro.

Es inútil mayordomo. –Murmuro el shinigami con la voz totalmente emocionada y maravillada. Miro con adoración el rostro de Kiara. –Su sueño se terminara cuando todos sus recuerdos se recuperen. –Murmuro fascinado, sin tomar en cuenta los rostros confundidos de los otros dos presentes. –Tranquila amor mío. Yo te esperare hasta que despierte. –Susurro desando las heladas manos de Kiara y recostándose a su lado para apoyar su cabeza en el frio pecho de la joven.

Ese Mayordomo, Nuevo comienzo.

— My lady, ya es hora de que se levante…-Anuncio la jovial voz de su mayordomo mientras abría las cortinas de su habitación, dejando entrar los pequeños rayos del sol. –No sea dormilona señorita…estoy seguro que anoche se quedo hasta tarde leyendo. Recuerde que su profesor de matemáticas llegara en unas horas, no quiero que lo haga esperar…otra vez.

— No quiero...- Se quejo con voz adormilada la niña de 13 años mientras se cubría mas con la cobija.- El profesor me odia, por eso no me gusta que venga…

— No la odia. –Respondió el joven mayordomo riendo, mientras trata de quitar las cobijas de la cabeza de su joven ama. – Solo se enfada por que usted llega tarde y no le presta atención a su clase.

— Pongo atención a su clase.-Exclamo Claudia ofendida mientras se sentaba en la cama. –No puedo despegar mi vista de esa fea, peluda y horrenda verruga de su mejilla. –Tanto ella como el mayordomo se estremecieron de asco y luego estallaron en carcajadas.

— No deberíamos burlarnos de él…-Susurro el mayordomo tratando de dejar de reírse. –La tina esta lista para que se dé un baño, en media hora se servirá el desayuno. Le pido, por lo mas sagrado que tenga…no llegue tarde. –Pidió el mayordomo mirando con angustia a su joven ama que solo le respondió con una sonrisa.

La joven se levanto de la cama y se dirigió al tina para darse un baño, no quería meter a su mayordomo y amigo en problemas, así que tendría que apurarse para bajar a desayunar. Ella y su mayordomo se llevaban por tan solo 3 años de diferencias, así que se volvieron rápidamente en amigos hace cinco años de la llegada del joven a la mansión. Cuando se termino de bañar, se puso un delicado y fino vestido con hermosos encajes rosas y lilas para bajar al comedor donde la esperaban sus padres y abuelos.

— ¡Hasta que por fin llega la princesa de la casa! –Exclamo su abuelo, levantándose de la silla y acercándose a ella con los brazos abiertos para poder abrazarla.

— ¡Abuelito! –Grito ella, corriendo a abrazar al anciano que la miraba con amor.

— Padre, si la consientes tanto solo la malcriaras.- Se quejo su padre, el conde Marc Phantomhive mientras los miraba con el ceño fruncido, pero sus ojos verdes brillaban de alegría.

— ¡Bah! –Exclamo el anciano. –De esta misma manera te consentí a ti e incluso peor. Recuerda que aunque ahora la Reina te nombrara su guardián no significa que dejes de ser mi hijo. –Le reclamo acercándose a él para pellizcarle una mejilla.

— Padre, respeto por favor. Estamos desayunando. –Se quejo Marc sonrojado.

— Mira querida Claudia, tu padre quiere un poco de amor…- Murmuro el abuelo mirando a la niña con una sonrisa cómplice, haciendo que la niña se acercara a su padre y lo abrazara.

— ¡Démosle amor! –Exclamo Claudia, sonriendo cuando su abuelo también se unió en la tarea de darle amor al conde.

— Ya…ya…ya basta..-Murmuro el Conde sonrojado tratando de liberarse de los amorosos brazos de su padre e hija.

— Christian querido, deja desayunar tranquilo a nuestro hijo. –Defendió la anciana mujer que miraba la escena con ternura.

— Está bien Jane, pero solo si me besas. –Respondió Christian acercándose con la trompita estirada hacia su esposa quien sonrojada recibió el beso.

— ¡Iuk!-Grito Claudia cubriendo sus hermosos ojos azules. -¡Qué asco! ¡Padre, dígale que estamos tratando de comer!

— Trato toda mi vida de calmar sus hormonas hija mía, pero es imposible. –Murmuro Marc ayudando a su hija a cubrirse los ojos.

— En esta casa no se puede desayunar tranquila. –Se quejo una bella mujer de castaños cabellos y ojos azules que se había mantenido en silencio. –Primero la mocosa llega tarde y ahora los vejetes se besuquen. Esto es horrible.

— ¡Camille! ¡No hables así delante de nuestra hija! –Exclamo el Conde levantándose de su asiento y mirando con desapruebo a su mujer quien ni se inmuto.

— Te recuerdo que esta también es mi casa, así que tengo la libertad de expresarme como quiera. –Respondió Camille con enfado mientras se levantaba y salía del comedor.

Todos quedaron en silencio en el comedor mirando hacia la puerta por donde había salido la condesa. Por más que intento, Claudia no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas ante el evidente rechazo de su madre.

— No pongas esa cara mi vida. –Le susurro el conde a su pequeña hija para darle ánimos, quien le sonrió en agradecimiento.

— Sabía que algo como esto podría suceder, así que traje su postre favorito para darle ánimos señorita. –Dijo su mayordomo entrando al comedor con una bandeja con un pastel de chocolate para compartir.

— Te lo agradezco Tanaka. –Respondió la joven sentando a un lado de su padre, quien sonreía mirando con agradecimiento al mayordomo.

Después de desayunar entre mismos y bromas de los que quedaron en el comedor, sus abuelos la llevaron en compañía de su mayordomo a dar una vuelta por el hermoso jardín de la mansión.

— Hay veces que me gustaría preguntarle a mi madre el por qué de su desprecio.-Murmuro la niña para que Tanaka que caminaba a su lado la escuchara.

— Su madre es una mujer complicada, no debería preocuparse por eso. –Le respondió sonriéndole mientras agitaba con su mano el negro cabello de Claudia.

— Hay que dar gracias que tu sacaste el carácter de la familia Phantomhive. –Dijo su abuelo mientras sonreía libremente.

Claudia nunca había entendido el por qué de su desprecio de su madre, siempre supo que ella no quería casarse con su padre y que por ende tampoco la quiso tener a ella. Ya estaba acostumbrada a sus desplantes y palabras ofensivas, con el tiempo había aprendido a ignorar cada cosa que viniera de ella y el cariño de su padre, abuelos y amistad de Tanaka había superado hace mucho ese tema.

Siempre tuvo el cariño de su padre y abuelos. Aun que el conde viajaba constantemente por orden de su prima y amiga la Reina, sus abuelos y Tanaka se encargaban de ella. Gracias a la amistad entre su padre y el pequeño lazo de sangre que los unía con la Reina, su familia se posicionaba entre unas de las mejores del país. Aun que no sabía exactamente en qué consistía en el trabajo que le hacia su padre por la realeza, pero tenía entendido que era de gran importancia para la seguridad y tranquilidad del país y que gracias a ello podían vivir con todo los lujos que poseían.

— ¡señorita! –Exclamo Tanaka asustado y asustando a los demás. -¡Su profesor debió haber llegado hace horas! ¡Lo olvidamos!

— Tú lo olvidaste. –Corrigió Claudia ganándose una mirada seria de amigo.

— Si usted lo tenía presente. ¿Por qué no me lo recordó? –Pregunto mirándola con el ceño fruncido.

— No quise. –Respondió la niña tomando de la mano a su mayordomo y llevándolo hacia la mansión. –Nos vemos después –Se despidió de sus abuelos que se habían entado en el césped y corrió de la mano de su mayordomo para llegar más rápido.

— Es usted un caso perdido, señorita. –Se quejo Tanaka con una sonrisa mientras se dejaba llevar de la mano de su joven ama.

— No me gusta ese profesor, siempre busca una escusa para regañarme. –Se quejo Claudia haciendo un adorable puchero a su mayordomo.

— Me quedare con usted esta clase, estoy seguro que el profesor está furioso por la tardanza. –Tranquilizo el mayordomo sonriéndole.

A la niña le brillaron los ojos de la emoción. ¡Adoraba a su mayordomo! Se llevaban por 3 años, lo que hacía su relación más llevadera. Juagaban y reían juntos sin problemas, además él se encargaba de ayudarla a repasar sus estudios. Tanaka era su mayordomo personal, solo se dedicaba a atenderla y cuidarla cada vez que salían de la mansión, el joven sin duda alguna era un prodigio de las artes marciales y defensa personal.

— Hasta que se dignan a llegar. –Reclamo el amargado profesor viendo a ambos jóvenes entrar al estudio.

— Me disculpo. –Dijo Tanaka inclinándose levemente. –Olvide la hora exacta del comienzo de la clase.

— Ya no tiene importancia. Que se siente y me ponga atención, no pienso tolerar más cosas.- Dijo el profesor sin mirar a la joven.

Claudia se sentó frente al escritorio sin soltar la mano de Tanaka quien se mantuvo de pie a un lado de ella. Se dedico a mirar a su profesor, su rostro estaba lleno de arrugas por su avanzada edad, tenia los dientes un poco chuecos y amarillos, su cabeza estaba coronada por una gran calva que se expandía por casi todo su cabeza, tanto que estaba segura que se podría escribir una oración, y claro no podía faltar la enorme, fea y peluda verruga que se movía en su mejilla derecha cada vez que hablaba.

Hizo una mueca de asco cuando el profesor le salto un poco de saliva al pequeño pizarrón que estaba frente a él. Disimuladamente el profesor trato de limpiar la salpicadura de saliva en la pizarra, pero solo logro dejar una mancha mojada. Apretó con fuerza la mano de Tanaka para no reír.

— ¡Shh! –Le susurro su mayordomo, tratando también de contener la risa.

— ¡Por favor jóvenes! ¡Silencio! –Grito el profesor mirándolos y esta vez escupiéndolos a ellos. Eso fue suficiente para que ambos jóvenes estallaran en carcajadas. -¡Esto es el colmo! ¡No aguantare ni un minuto más en esta casa! –Exclamo el profesor totalmente furioso viendo como ambos jóvenes se retorcían de risa. –Que su padre me perdone, pero renuncio.

Esas palabras bastaron para que el mayordomo entrara en sí y dejara de reír, mas no provoco nada en la risueña niña.

— Señor…disculpe…-Pidió Tanaka tratando de hacer que el profesor dejara de guardar sus cosas, pero el profesor salió más que rápido del estudio completamente furioso. Al no poder hacer nada, el mayordomo suspiro con cansancio y miro a Claudia que aun reía.

— ¿Viste…viste como..como escupió? –Pregunto la joven aun convulsionando de la risa.

— Su padre se va a enfadar muchísimo, es el tercer profesor que renuncia…- Dijo Tanaka tratando de no contagiarse de la risa de la pequeña. –Me asesinara…

— Nooo …mi padre te adora. Además te defenderé con mi vida. –Dijo Claudia tratando de darle ánimo a su mayordomo mientras se limpiaba las lágrimas que se habían juntado en sus ojos después de tanto reír.

Como si fuera por arte de magia, su padre entro al estudio rojo de la furia mientras apretaba los dientes y los puños.

— ¿!Se puede saber que paso!? ¡El pobre profesor se fue súper indignado! –Grito Marc completamente furioso mientras miraba a ambos jóvenes.

— Em …papi…-Murmuro Claudia un poco asustada.

— ¿Y bien? –Volvió a preguntar el conde mirando esta vez al mayordomo que se encontraba pálido.

— Yo te explico papa.-Intervino Claudia, poniéndose delante de su mayordomo. –Tanaka y yo estábamos tranquilamente poniendo atención a la interesante clase del profesor Ferrere –Explico tranquilamente mientras su padre alzaba una ceja ante la evidente mentira. –Y de pronto…el profesor..!Escupió por todos lados! -Exclamo la joven volviendo a reír descontroladamente.

— No deberías…reírte de eso…podría ser una enfermedad…-Regaño el conde a su hija, tratando con todas sus fuerzas de no contagiarse de la escandalosa risa de la joven. -¿Algo más que decir? –Pregunto al mayordomo.

— No mj mj…No señor mjmj …-Respondió Tanaka en las mismas condiciones que el conde.

Claudia que aun seguía riendo, se acerco nuevamente a su silla para darle apoyo y tratar de controlar sus convulsiones, pero fue tanta la desconcentración que termino rebotando en el piso sobre la alfombra. Eso fue suficiente para que los tres presentes estallaran en fuertes carcajadas olvidando por completo el tema del profesor.

Ya era de noche, habían olvidado por completo el tema del profesor y su padre los había dejado ir en paz. Se encontraba ahora sentada frente a un hermoso mueble con un gran espejo redondo mientras su amigo y mayordomo peinaba y trenzaba su largo cabello negro azulado, era un ritual que siempre hacían antes de dormir.

— Creo que debería cortar un poco su cabello. –Murmuro Tanaka un poco cansado de trenzar tanto cabello.

— Me gusta largo. –Reclamo la joven mirando atreves del espejo.

— Lo sé. Pero el tener el cabello tan largo está evitando con los nutrientes se vallan a su cuerpo y crezca. Se está quedando enana. –Se burlo Tanaka, jalando suevamente el cabello de su joven ama.

— ¡Hey! Mi estatura esta perfecta. –Exclamo inflando sus mejillas. – Tú deberías tomar clases de meditación, siempre estas moviéndote y haciendo cosas. Tienes que encontrar tu paz interior.

— Con todo respeto señorita. –Murmuro acercando al oído derecho de su joven ama. –Usted es mucho, muchísimo más inquieta que yo.

— Lo sé. –Se levanto del pequeño asiento con sus trenzas ya terminadas y miro a su mayordomo con una gran sonrisa.-Por eso mañana ambos tomaremos clases de meditación para encontrarnos con nuestro yo interior.

— Suena divertido. –Dijo Tanaka con una sonrisa.

— ¡No tiene que ser divertido! –Se quejo Claudia dándole un suave codazo en el estomago a su mayordomo. –Tiene que ser pacifico…-Respondió alzando sus manos y poniendo una expresión de paz, haciendo que Tanaka riera bajito.

— Descanse my Lady. –Se despidió el joven. Apago las velas y arropo bien a Claudia.

— Buenas noches. –Respondió la joven antes de que Tanaka saliera de su habitación.

Eran las cuatro de la tarde y ambos jóvenes se encontraban sentados sobre un gran paño que habían puesto sobre el césped para disfrutar de su día de relajación.

— ¿Puedo preguntar el por qué estas tazas? –Pregunto el mayordomo mientras tomaba entre sus manos la rustica taza japonesa.

— Porque eso sale en el libro. –Explico Claudia mostrándole el libro donde salía un dibujo de una taza junto a las explicaciones.

— Muy bien…¿Qué hay que hacer? –Pregunto esperando las indicaciones de su ama quien leía concentrada el libro.

— Deberías saberlo…tu eres japonés. –Dijo Claudia mirándolo con una sonrisa.

— Mitad japonés y me crie en Londres, así que no tengo conocimiento de eso. –Respondió mirándola con la misma sonrisa.

— Dice acá que tenemos que tomar la posición seiza. –Explico Claudia mostrándole el libro a su mayordomo. –Tienes que poner las rodillas en el suelo y luego apoyarte en tus piernas.

— ¿Así? –Pregunto Tanaka copiando la posición de Claudia.

— Si..¿Que mas? –Se pregunto en voz alta mientras seguía leyendo el libro. –Ahora tenemos que servirnos té y beberlo lentamente después de cada respiración, esto nos ayudara a relajarnos.

— Está bien, le serviré té. –El mayordomo sirvió las dos tazas de té japonesas y le alcanzo una a Claudia que la acepto sonriendo.

— Creo que mi trasero ya encontró su paz interior. No lo siento. –Se quejo la joven tratando de acomodarse sobre sus piernas con la taza de té en sus manos.

— Jajajaja .-Rio Tanaka casi escupiendo el té.

— Noo ~~ Tienes que reírte con calma, recuerda que estamos en paz. –Explico la joven tratando de no reírse. –Así… ja ja ja …Lento y con paz~~

— Muy bien, perdón. …jo jo jo –Rio Tanaka de forma pausada mientras tomaba un sorbo de té, tratando con todas sus fuerzas de contener una carcajada. Ambos cerraron los ojos y volvieron a tomar un sorbo para luego tomar y botar aire. No había nada más relajante y pacifico que eso.

— ¿Qué hacen? –Pregunto el conde Marc mirando de forma extraña a ambos jóvenes.

— Estamos en paz, padre. –Respondió Claudia tomando más de su té.

— Oh…-Musito el conde mientras los miraba con ternura. –Se ven ridículos…

— Lo sabemos padre…ja ja ja …-Rio Claudia con voz pausada y moviendo sus hombros en cada ´´ja´´.

— Jo jo jo…-Rio también Tanaka imitando los movimientos de su joven ama.

— Tenemos que hacer esto cada vez que estemos tensos o queramos encontrar nuestro ´´yo´´ interior. – Explico Claudia a su padre que los miraba con una sonrisa.

— Tengo que hablar con Tanaka, hija. –Murmuro el conde mientras acariciaba el cabello negro de su hija. –Te lo robare por uno minutos.

— Mmm…solo por un momento. –Respondió mirándolo curiosa. –Recuerda Taki, tienes que estar en paz. –Le indico volviendo a cerrar los ojos.

— Jo jo jo . –Respondió el mayordomo poniéndose de pie para seguir al conde que ya se dirigía camino a la mansión.

Al quedarse sola Claudia sonrió a volvió a tomar de su dulce y relajante te.

— Creo que mi yo interior salió a dar una vuelta…no lo encuentro. –Murmuro la joven después de un rato de estar sentada con los ojos cerrados. Sonrió orgullosa, había estado quieta y sentada por más de tres minutos.

Una gran explosión hizo que Claudia se levantara de golpe del césped completamente asustada, miro en dirección a la mansión y la vio en vuelta en llamas. Corrió lo más rápido que puedo mientras gritaba el nombre de su padre, abuelos y el de su mayordomo. El calor que desprendía la mansión era sofocante, tanto que tuvo que volver alejarse un poco mientras seguía gritando por ayuda y llamando a sus seres queridos.

— ¡Padre! ¡Abuelo, abuela! ¡Tanaka! –Gritaba desesperada mientras trataba de ver atreves de las llamas si alguno de ellos salía.

— ¡Señorita! Aleje de acá! –Grito Tanaka, saliendo de la mansión cargando el cuerpo mal herido de Jane.

— ¿Dónde está mi padre? –pregunto Claudia acercando al lugar donde su mayordomo había dejado a su abuela. -¿Qué paso? ¿Estás bien? –Pregunto desesperada mientras revisaba las heridas de su mayordomo.

— No sé cómo paso…todo fue muy rápido..yo …-Trato de explicar mientras lloraba desesperado. – ¡No entre! Por nada del mundo entre! –Grito al ver la intensión de Claudia en ir a buscar a su padre.- Quédese con su abuela, cuídela. –Pidió para luego ponerse de pie y entrar nuevamente a la mansión, ignorado por completo los gritos de su ama.

Claudia lloraba totalmente desesperada mientras se aferraba con cuidado al cuerpo de su abuelita que gemía de dolor. Trato de revisar las heridas de su abuela pero cada vez que la tocaba ella gritaba y lloraba de dolor.

— No te mueras abuelita…no me dejes sola…-Pidió llorando mientras acariciaba los canosos cabellos de la mujer para tratar de darle animo.

El sonido de unos pasos fuertes y lentos la sacó de su trance. Dirigió sus azules ojos a una figura alta y totalmente de negro, sus cabello largo y plateado se movía majestuosamente en cada paso que esa imponente y oscura figura daba. El atrayente hombro estaba absorto leyendo una libreta negro que sostenía con su mano izquierda mientras que en la derecha afirmaba una enorme y escalofriante oz que estaba decorada macabramente con un esqueleto.

Lo siguió con su mirada sin poder apartar la vista, a pesar del temor que sentía, estaba completamente maravillada. La oscura figura siguió caminando murmurando cosas totalmente imposibles de ir por la distancia, pero cuando se dio cuenta de la insistente mirada de la joven se detuvo en seco, dejando de caminar y bajando levemente la libreta para mirar con curiosidad y asombro al lloroso rostro de Claudia. Sus ojos se encontraron por unos escasos segundos, hasta que aquel hombre aparto la vista de ella con el ceño fruncido y con su rostro decorado con una expresión confusa y casi dolorosa. La figura volvió a levantar la libreta para fijar la vista en ella y adentrarse a pasos lentos y fuertes a la mansión completa en llamas.

— ¡No entres! ¡Es peligroso! –Grito Claudia al hombre que la ignoro por completo y se adentro a las llamas. -¡Tanaka! –Grito llorando, esperando que su mayordomo saliera con bien. Esta vez el mayordomo salió solo, llorando de impotencia y rabia.

— ¡Lo lamento tanto! No pude salvar a su padre, señorita…! Perdóneme! –Pidió llorando, tomo las pequeñas manos de su ama mientras le rogaba su perdón.

— ¡No vuelvas a entrar! ¡No te atrevas a dejarme sola! –Pidió Claudia abrazándolo, pero fue tanto el esfuerzo del mayordomo que cayo inconsciente en los brazos de su joven ama.

Volvió a llorar completamente desesperada, no salvia que hacer. Su abuela está muriendo, Tanaka estaba herido e inconsciente y estaba segura que su padre y abuelo habían muerto en la mansión que aun se quemaba.

Los pasos nuevamente se escucharon y la alta y oscura figura salió entre las llamas sin herida alguna.

— Hoy fueron muchas almas. –Susurro con voz seria y profunda mientras miraba su libreta, causando un escalofrió en la joven. –Solo falta una…-Fijo su mirada a las dos figuras que se encontraban inconscientes a un lado de la joven y se acerco con pasos lentos a ellos.

— ¡No! ¡No te acerques! –Grito Claudia poniéndose de pie para empujar y tratar de alejar al hombre quien sin siquiera hacer esfuerzo camino con ella sujeta a su pecho.

— ¿Cómo te llamas? –Pregunto el hombre tomando con una de sus manos el mentón de Claudia para hacer que lo mirara a la cara. La voz ronca y lenta mas los llamativos ojos verdes tenían a la joven totalmente hipnotizada.

— Cla…Claudia Phantomhive. –Respondió completamente maravillada por la hermosura del rosto masculino.

— Mmm…no estás en mi lista de hoy. –Murmuro mirando fijamente y sin haber apartado su mano del mentón de la joven. Miro esta vez a la anciana. –Jane Phantomhive…nacida el 25 de Febrero de 1755 …murió el 14 de diciembre de 1843 a la edad de 88 años…causado por múltiples quemaduras. Es ella. –Murmuro esta vez apartando a Claudia de su cuerpo tirándola suavemente a un costado, con un rápido movimiento enterró la filosa arma en el vientre de la anciana.

— ¡Nooooo! ¿! Que estás haciendo!? –Grito Claudia volviendo a empujar al hombre para poder separar el arma del cuerpo de su abuela. Una brillante luz la distrajo y volteo para mirar unas grandes cintas con imágenes que salían de la herida en vez de la sangre. -¿Qué es eso? –Pregunto en un susurro al ver como en varias de las imágenes salía ella junto a sus abuelos y padre.

— Se le llama Cinematic Record…es el recuerdo de la vida de la persona que murió. –Respondió el atractivo hombre mientras apartaba la gran oz del cuerpo de su abuela y timbraba su libreta. –Es todo por hoy.

— ¿Por qué lo hiciste? –Murmuro Claudia aferrándose con una de sus manos al abrigo negro del sujeto. -¿Tu los mataste…?

— Ya estaban muertos. Mi trabajo es recolectar sus almas, Claudia. No soy un asesino. –Respondió el sujeto tomando la mano de Claudia para tratar de apartarla de su ropa.

— ¿Qué eres? –Pregunto mirándolo con los ojos llenos de lágrimas. Si hubiera sabido que la respuesta le causaría tanto miedo, jamás hubiera preguntado tal cosa. Vio como el hombre acomodaba sus lentes y le sonreía de manera macabra, erizándole los pelos.

— Un shinigami.


Espero les gustara! No se olviden de comentar :)