No me maten .

Perdon! .

La verdad tengo muuuchos capítulos escritos, solo hay poco tiempo para pasarlo al computador .

Muchas gracias a todos los que comentan, las amo a todas .

Espero les guste, espero sus comentarios y regaños :B

Los persojanes son de Yana Toboso u.u


Cap 8 Ese Shinigami. Obsesionado.

Anterioromente….

¿Por qué lo hiciste? –Murmuro Claudia aferrándose con una de sus manos al abrigo negro del sujeto. -¿Tu los mataste…?

Ya estaban muertos. Mi trabajo es recolectar sus almas, Claudia. No soy un asesino. –Respondió el sujeto tomando la mano de Claudia para tratar de apartarla de su ropa.

¿Qué eres? –Pregunto mirándolo con los ojos llenos de lágrimas. Si hubiera sabido que la respuesta le causaría tanto miedo, jamás hubiera preguntado tal cosa. Vio como el hombre acomodaba sus lentes y le sonreía de manera macabra, erizándole los pelos.

Un shinigami.

Cap 8 Ese Shinigami. Obsesionado

Habían pasado apenas 2 días del fallecimiento de su padre y abuelos. Su ánimo estaba completamente por los suelos y por más que se trataba de convencer de seguir adelante los acontecimientos ocurridos solo la hacían perderse más en su depresión y confusión. Los oficiales habían investigado lo ocurrido y solo habían concluido que fue producido por un accidente y que ninguna persona ajena a la familia entro a la mansión, pero…¿Y aquel hombre? Estaba segura de que era real, ella lo vio….lo toco, era real. No estaba loca.

Limpio por enésima vez sus lágrimas, el alegre techo de su habitación que había pintado junto a su padre en la casa de verano-donde se encontraba ahora- no estaba cumpliendo la misión de alegrar su día, al contrario solo lograban deprimirla más. Esta vez decidió cerrar sus ojos y acurrucarse más en su cama, podía escuchar desde ahí los murmullos de los sirvientes desde fuera de su habitación. Le tenían lastima, la llamaban loca por lo que relato y lo que más le dolía; decían que su madre fue la culpable de todo.

Sintió la puerta de su habitación abrirse y unos pasos lentos acercarse a la ventana para abrirla, dejando pasar el aire húmedo y saldo del mar.

— Señorita, ya es hora de que levante. –Murmuro Tanaka en voz baja. Las heridas de Tanaka aun que fueron leves, le seguían causando molestias al caminar y al hablar por la gran cantidad de humo aspirado. – La ceremonia de entierro será en unas horas, tiene que vestirse. –Claudia abrió los ojos lentamente y lo miro, la venda que cubría sus manos y parche en las mejillas le apretaban el pecho.

— ¿es necesario ir? -Pregunto con un hilo de voz, aguantando las lágrimas al verlo así.

— Sé que es difícil señorita.-Murmuro Tanaka, acercando la bandeja con el desayuno que había traído unas horas antes, el te estaba frio pero aun así los panqueques se podrían comer. –Hay que dar una despedida digna a su padre y abuelos, no podemos abandonarlos en su último momento. – Los ojos de ambos se llenaron de lágrimas. –Prometo no separarme de usted, no la dejare sola jamás, solo le pido que tampoco me abandone. Por favor. –Pidió Tanaka acariciando las mejillas húmedas de Claudia.

Eso basto para convencer a Claudia, su gran amigo Tanaka estaba sufriendo al igual que ella, no podía permitirse dejarlo solo en momentos tan difíciles como estos. Tenían que apoyarse para salir a delante, solo estaban ellos dos desde ahora en adelante.

.o.o.o

Después de dejar a Claudia bañándose y lista para desayunar, Tanaka se apresuro a dar las indicación a los sirvientes para que trasladaran los ataúdes hacia la iglesia en donde se realzaría la misa de despedida. La mayoría de la nobleza estaría presente para despedir al querido primo y guardián de la Reina.

Por razones de seguridad, su majestad la Reina no podría asistir a la despedida de su familiar, pero por medio de una carta demostró sus condolencias y apoyo a los restantes de la prestigiosa familia Phantomhive, queriendo dar las gracias a su primo y los padres de este por los cuidados que tuvieron para con ella antes de que se casara con el actual Rey. Aunque su difunto amo nunca lo había pedido, su prima insistió en darle el título de conde y guardián del reino, y sabia que esa responsabilidad caería ahora en los hombros de su pequeña y joven ama. Tenía que empezar a encontrar sirvientes calificados para darles apoyo a su joven ama y a la Reina. Tenía que seguir llevando a la altura el apellido Phantomhive, por la memoria de su amo y el futuro de joven ama.

Lo que más le preocupaba era la llegada de un nuevo mayordomo que acompañaba siempre a la señora Camille. Sentía que no era alguien de fiar y que no podía encargarle la seguridad de su joven ama. Además, la manera en la cual miraba a Claudia le producía escalofríos.

No sabía por qué la señora lo había contratado ni de donde consiguió sus servicios, pero se le hacía muy extraño que llegara sin decir nada y que solo trabajara para ella. Escondían algo y él lo sabía, pero se encargaría de averiguar que era y de proteger a su ama.

— Tengo que apresurarme, estoy seguro de que la señorita querrá mi ayuda con el vestido. –Murmuro Tanaka subiendo nuevamente las escaleras.

— Puedes preocuparte tranquilamente del traslado, mi señora me ordeno asegurarme de que la joven dama este lista. –Murmuro el nuevo mayordomo apareciendo de repente detrás de él, asustándolo.

— No te preocupes. Encargarme de la señorita es mi deber. –Aclaro Tanaka, mirando con seriedad los dorados ojos del nuevo mayordomo.

— Un poco de ayuda nunca esta demás. –Insistió el mayordomo, arreglando con sus delgados dedos enguantados los elegantes dedos que cubrían los serios y fríos ojos dorados. Era por mucho más alto que Tanaka, su cabello negro pulcramente peinado y su piel blanca le daban un aire fantasmal, haciendo relucir aun más el fuerte oro liquido de sus ojos.

— No necesito ayuda para atender a mi señorita. – Tanaka se detuvo y bloqueo la entrada a la habitación de Claudia, mirando con el ceño fruncido al mayordomo.

— Como quieras. De todas maneras no estoy para atender a niñas malcriadas. –Espeto el mayordomo mirándolo fríamente mientras se volteaba para alejarse de la habitación de la joven.

Cuando Tanaka entro a la habitación, se encontró a Claudia aun en bata de baño y sentada frente al hermoso espejo mientras peinaba su cabello, tenía la mirada perdida.

— ¿En qué piensa, my lady? –Pregunto Tanaka mientras le sonreía. Ella se sobresalto y lo miro sorprendida.

— No..no te sentí entrar Tanaka. –Susurro Claudia sonrojándose.

— Me di cuenta. –Respondió el mayordomo con una sonrisa. -¿En qué pensaba? – Volvió a preguntar.

— Na..nada importante…- Murmuro la joven completamente sonrojada, tomo con rapidez el cepillo y se encerró en el baño.

No podía decirle a Tanaka que estaba pensando en el extraño hombre de cabellos plateados, ojos verdes, voz fría y atractivo rostro. Pero no podía evitarlo, tenía aquella verdosa mirada pegada en su retina.

Un shinigami…

¿Sera verdad? Desde niña leía cuentos donde hablaban de los dioses de la muerte, pero jamás pensó que pudieran existir en verdad. Puede que solo sea un lunático contratado por alguien para matar a su familia, pero…¿Por qué no la mato a ella? ¿Vendría a por ella?

Se miro en el espejo y toco su rosto, tenía la piel pálida y áspera por tanto llorar. No se comparaba en nada a la suave y blanca piel de porcelana del atractivo hombre, su blanca tez hacia resaltar a un mas sus enigmáticos ojos verdes. Solo de recordar que miro de cerca aquellos profundos ojos, producían en ella un escalofrió que la entumía por completo, su voz, su presencia y su mirada le atraían por completo. El sentimiento de nostalgia que causaba en ella le apretaba el pecho.

Suspiro y meneo la cabeza lentamente. Hoy tenía que concentrarse y preocuparse de la ceremonia, no podía estar pensando en aquel extraño y atractivo hombre. Sabía que había una diminuta posibilidad de que aquel extraño hombre volviera para matarla y tenía que estar alerta por cualquier cosa, no quería poner en peligro a su amigo Tanaka.

Se miro en el espejo nuevamente y se arreglo el cabello, desde hoy se encargaría de la mansión y tenía que concentrarse en mantenerla y cuidarla tal como su padre lo hacía. Salió del baño y le sonrió a Tanaka que estaba sentado en su cama con un vestido negro con delicadas flores grises en los bordes.

— El carruaje está listo, solo falta usted. –Susurro Tanaka mientras se acerca a la joven y la ayudaba a quitarse la bata para poner el hermoso vestido oscuro. Para ellos era algo normal, des que llego Tanaka siempre la ayudo a vestirse.

— Todo esto terminara pronto. –Murmuro Claudia dándose ánimo mientras hacia un par de respiraciones.

— Todo terminara pronto. –Repitió Tanaka sonriéndole. El golpeteo en la puerta los interrumpió, y los pasos pausados del mayordomo entraron a la habitación, mirando de manera fría a ambos jóvenes.

— Mi señora los está esperando. –Murmuro de manera fría, pero con una sonrisa en su blanco rostro. –No la hagan esperar, mi señora no tiene tanto tiempo libre como ustedes.

— Bajaremos en unos minutos- Respondió Tanaka. Sintió a Claudia aferrarse a su brazo y esconderse detrás de él, huyendo de la fría mirada del mayordomo.

— ¿Se encuentra bien, señorita? –Pregunto el atractivo hombre mientras se acercaba a pasos lentos a ellos y miraba por encima del hombro de Tanaka, fijando sus dorados ojos en los temerosos ojos azules de la joven. - ¿Se encuentra bien? – Volvió a preguntar al no ver respuesta alguna.

— Si…estoy bien emm..ehh. – Respondió en un murmuro sin recordar el nombre, tratando de no mirar por mucho tiempo los viciosos ojos dorados del mayordomo.

— Claude Faustus. Espero que tenga el coeficiente intelectual para recordarlo esta vez, señorita. –Murmuro el mayordomo sonriéndole para luego salir de la habitación.

La habitación se quedo en completo silencio tras la salida del mayordomo. Claudia aun se aferraba al brazo de Tanaka mientras trataba de tranquilizar los temblores que la mirada de aquel sujeto le causaba. A pesar de la belleza del Claude y de sus atractivos ojos, causaban en ella un temor palpable que anteriormente solo le habían causado las arañas, sus hermosos colores y la delicada fiereza le recordaban al mayordomo de ojos dorados.

Después de haberse terminado de arreglar, bajo junto a Tanaka para dirigirse al carruaje en donde esperaba su madre. El carruaje en donde estaban los ataúdes se había marchado hace unos minutos atrás junto a los sirvientes de la mansión.

— Pensé que te habías olvidado de bajar. –Reclamo Camille mirándola con el ceño fruncido. El elegante vestido rojo que utilizaba su madre hacia resaltar la tez blanca y su cabello rubio.

— Madre…su vestido. –Claudia la miro sorprendida, era de conocimiento global que por respeto al luto tenían que usar vestidos oscuros para los funerales, pero ella había elegido el vestido más vistoso y colorido para este día.

— No me gustan los vestidos negros. –Murmuro mientras se subía al carruaje con la ayuda de su mayordomo, -Además, para mí este día hay que celebrarlo, no me importa para nada la muerte del bueno para nada de padre. –le lanzo una venenosa mirada a su hija le sonrió con sorna mientras se acomodaba en el asiento.

La sangre de Claudia se helo en sus venas mientras sus ojos se llenaban de lagrimas. Era sabido por todos los integrantes de la casa -incluyendo a los sirvientes- que su madre Camille no le tenía aprecio alguno al generoso Conde Phantomhive y que cada vez que podía se encargaba de dejarlo en claro. Aun así le sorprendía la frialdad y la burla en sus palabras, la falta de respeto le molestaba de sobremanera.

— Debería al menos señora, mantener respeto al hombre que la vistió y alimento todos estos años. –Replico Tanaka completamente molesto mientras ayudaba a subir al carruaje a Claudia. –Recuerde que gracias a él usted no está en la calle. –Recordó mirándola con el ceño fruncido para luego cerrar la puerta y dirigirse a sentarse a un lado de Claude, en el lugar del chofer del carruaje.

— Ese mayordomo es un insolente…-Murmuro Camille mirando la puerta con enfado, totalmente molesta por las palabras de Tanaka.

— Madre…-La llamo Claudia, provocando que la condesa volteara su rostro hasta ella. –Te pido por favor que no entres a la iglesia vestida así y por favor deja de insultar a Tanaka. –Pidió en voz baja, apretando fuertemente el regazo de su vestido.

— No tengo intención de entrar, solo me asegurare de que noten mi presencia. –Aclaro la condesa mirando a través de la ventana.

— Muchas gracias…- Murmuro suspirando. Al menos sabía que no causaría un escándalo en la iglesia.

— Dentro de unos meses te comprometerás. – Murmuro Camille mirando hacia la ventanilla. –El hijo de unos amigos nobles están de acuerdo con el compromiso, tenemos pensado que cuando Cedrik termine sus estudios ambos de casaran. Solo no lo estropees.

— Pero madre…pensé que mi padre estaba en des acuerdo con ese compromiso…-Murmuro Claudia sorprendida.

— Tu padre está muerto, su opinión no cuenta mucho ahora. –Respondió la condesa mirándola con una sonrisa cínica. – Además los Rose son una familia bien catalogada y casi tan reconocida como los Phamtomhive.

— No estoy de acuerdo en casarme, madre.- Murmuró Claudia tratando de aguantar las lagrimas. Hace tan solo unos días su padre moría y su madre ya se quería deshacer de ella.

— Entiéndelo, es por el bien de la familia. Tú no sabes cómo administrar la empresa ni los negocios de tu padre con la Reina –Respondió Camille tomándola de las mejillas con brusquedad. – Lo mejor será pasar todas esas responsabilidades a otra familia que pueda sostenerla. Tu querida tía la Reina, es muy exigente con sus favores. – Rio al ver el asombro ante sus palabras y soltó su rostro.

— ¿Favores? ¿Por qué mi padre tendría que hacerle favores a la Reina? –Pregunto Claudia mirando a su madre.

— ¿Crees que los Phantomhive tienen riqueza y poder así nada más? – Camille rio con sorna y miro llena de rencor a Claudia. – Nada es como tú crees Claudia. ¿De verdad creías que tenias un mayordomo experto en todas las artes marciales solo porque si? No seas ingenua querida…- Antes de que Claudia tuviera tiempo de responder el carruaje se detuvo frente a una hermosa y enorme iglesia rodeada de una bella vegetación en la cima de una linda colina.

La puerta del carruaje se abrió y el mayordomo de su madre tendió la mano para ayudar a bajar a la condesa, cuando su madre estuvo afuera tendió la mano para ayudarla a ella, dándole una mirada seria, haciendo brillar sus dorados ojos y una sonrisa totalmente sádica se extendió en su rostro.

— Señorita, déjeme ayudarla…-Murmuro Claude sonriendo, su voz sonó de ultratumba y seria, tanto que le erizo los vellos del cuerpo.

— No te preocupes, de la señorita me encargo yo. –Intervino Tanaka haciendo a un lado al alto mayordomo y tomando la mano de Claudia que se encontraba apretando su vestido, totalmente temerosa. Víctor miro de manera desafiante a Tanaka y se volvió acompañando a la entada a la condesa.

Cuando Claudia pudo poner ambos pies en el suelo y tranquilizar su respiración, levanto la mirada y lo vio. Aun lado de la iglesia, bajo la sombra de un hermoso árbol la alta e imponente figura oscura del shinigami que se encontraba mirando con curiosidad a las personas que se saludaban entre sí a la entrada de la iglesia. Ahí supo que nada fue un sueño, el sujeto había vuelto a por ella.

Su sangre se congelo en sus venas, mas el rubor fue inevitable al recordar los hermosos ojos y la aterciopelada voz de aquel hombre que hace unos días era dueño de sus pesadillas y de sus más grandes temores. ¿Y si lastimaba a Tanaka? ¿O a los invitados? No podía arriesgar a las demás personas, si aquel hombre la buscaba a ella no podía darse el lujo de ser egoísta y poner en peligro a los demás, mucho menos a Tanaka.

— Tanaka, vendré en unos minutos. Por favor entra a la iglesia y recibe a los invitados –Pido la joven mirando a Tanaka con seriedad.

— ¿Dónde va señorita? –Pregunto extrañado, sin soltarla a un de la mano.

— Solo será un segundo, necesito hablar con…- Cuando volvió a mirar, aquel sujeto ya no estaba. ¿Lo imagino todo?

— ¿Señorita? – La llamo Tanaka al ver que ella miraba asombrada a un lado de la iglesia. -¿Esta bien?

— Si…-Murmuro confundida, podría jurar que lo había visto. Tal vez era tanto lo que había pensado en él que ya lo veía en todos lados. –Entremos…

Tomo del brazo a su amigo y mayordomo para sentirse más segura, y juntos caminaron hacia la iglesia. Las personas se juntaban alrededor de ella para abrazarla y darle las condolencias correspondientes. Ella solo les sonreía y respondía con un débil y tímido gracias. Lo que más le extrañaba y sorprendía, era que varias familias preguntaban acerca del negocio de su padre para con la Reina. ¿Solo habían venido para eso? ¿Qué clase de negocio manejaba su padre que todos estaban tan interesados en conseguir?

— Te lo dije…-Murmuro su madre cerca de su oído cuando estaba entrando a la iglesia. – Tu padre tenía un gran secreto a voces, nada es como tú crees…- Volvió a murmurar Camille antes de salir de la iglesia y subirse a su carruaje para marcharse.

Claudia quedo parada en el centro de la iglesia, asimilando las palabras de su madre. ¿Qué secreto escondía su padre? Volteo lentamente su rostro y trato de buscar a su madre con la mirada, pero el ruido del golpeteo de las patas de los caballos la hicieron comprender que su madre ya se había marchado como había prometido.

Sintió un extraño escalofríos recorrerla de pies a cabeza y la extraña sensación de que alguien la observaba la invadió. Recorrió rápidamente con sus ojos el interior de la iglesia y lo vio nuevamente. Esta vez sus miradas chocaron con fuerza, él la miraba fijamente con su rostro totalmente serio, pero al igual que la otra noche sus ojos mostraban una gran curiosidad. Su rostro era tal como lo recordaba, blanco y terso, podría jurar que tanta hermosura era irreal y solo la hacía confirmar que aquel sujeto no era humano.

Sin pensarlo mucho, soltó el brazo de Tanaka y se dirigió a paso firme a donde se encontraba el dueño de aquellos ojos totalmente atrayentes e irreales. A cada paso que daba sentía su miraba seguirla en sus torpes movimientos. Su cabello plateado estaba finamente tomado en una coleta alta, el cuello alto de su gabardina negra más sus elegantes lentes le daban un aire sofisticado y misterioso que solo conseguía atraerla aun más. ¿Cuántos años tendría?

Temerosa se acerco aun más y sentó a un lado de él, en la última banca de la iglesia justo en un rincón donde la ultima luz de la vela no alumbraba como las otras. Se sentó tan cerda de él que sus hombros se rozaban y su aroma a canela, menta y tierra húmeda la invadió.

— Hola…-Murmuro Claudia con timidez, toda valentía que había sentido antes se esfumo al tenerlo tan cerca.

— No deberías hablarme, pensaras que estás loca. –Respondió aquel sujeto en voz baja y lenta, pero fue suficiente para hacer sonrojar a la joven.

— ¿Por qué..? –No alcanzo a terminar de formular la pregunta cuando él la miro y respondió de la misma forma de antes.

— Solo tú puedes verme, pensaran que estás hablando sola. –Aparto su verdes ojos de ella y miro hacia delante, donde todas las personas se despedían frente los ataúdes.

— ¿Por qué solo…?- Nuevamente fue interrumpida por la aterciopelada voz del hombre a su lado.

— Acabas de tener una experiencia cercana a la muerte. Esa es la única explicación que puedo darle. –Respondió de forma seria, esta vez cerró los ojos levemente molesto.

— ¿Qué haces acá? –Pregunto rápidamente Claudia, rogando que esta vez no la interrumpiera.

— Me parece totalmente curioso y retorcido ver como los humanos envuelven en halagos y rosas aun cuerpo inerte, cuando en vida solo lo envidiaron y desearon su muerte…-Murmuro mientras apoyaba sus codos en el respaldo de la banca de adelante y dejaba colgando sus manos con sus dedos entrelazados.

— ¿Tan raro es? –Pregunto Claudia en un susurro, mirando en dirección al ataúd de su padre. Siempre supo que muchas personas envidiaban la vida de su padre.

— Todos tenemos derecho morir al menos una vez en su vida…-Murmuro el shimigami plateado con una leve sonrisa, ocasionando una leve risa en la joven a su lado. Volteo su rostro y la miro sorprendido. Generalmente siempre ignoran sus comentarios absurdos y sarcásticos. Todos en la sociedad de alma conocían su retorcido sentido del humor.

— Jajajaja…Lo que dices es cierto, pero totalmente incoherente… -Rió Claudia, tapando sus labios delicadamente con sus delgadas manos. El shinigami se sorprendió aun más al darse cuenta de que se había quedado totalmente pegado mirando el redondo y tierno rostro de la joven. –Mi abuela solía decir que el funeral de una persona era el último momento de enmendar nuestros errores, por eso las personas solo dicen palabras lindas y tristes ante la muerte.

— Tu abuela era una mujer muy cursi…-Respondió de forma cortante, frunció el ceño al darse cuenta que había sonado cruel ante una niña que acababa de perder a sus seres queridos, pero solo escucho nuevamente la tierna risa de la niña.

— Supongo que sí. –Respondió Claudia mirándolo con una sonrisa melancólica, mientras unas cuentas lagrimas rodaban por sus mejillas. Se miraron por unos segundos e inconscientemente el shinigami limpio con sus fríos y delgados dedos el camino que recorrió el suave llanto de la joven. - ¿En verdad eres un shinigami? –Pregunto Claudia, aun con su mirada conectada a los verdes ojos del hombre.

— Lo soy. –Respondió en voz baja, aun sin quitar su mano de la mejilla de la joven.

— ¿Me mataras?...-Al ver que el shinigami quitaba su mano, la tomo rápidamente y la volvió a juntar con su mejilla.

— No soy un asesino, solo recolecto las almas de las personas que ya murieron. –Respondió quitando con brusquedad su mano. –Tu alma está en mi lista, pero falta mucho tiempo aun. –Volvió su mirada al frente, donde el cura empezaba la ceremonia.

— Debe ser un trabajo difícil…-Murmuro Claudia al no saber que comentar, pero se sintió completamente estúpida luego de decir aquello.

— Para nada…-Respondió El shinigami con una sonrisa torcida mientras sus ojos se oscurecían. Claudia tembló levemente. –Me encanta ver la cara de los humanos cuando les digo que ya llego su hora.

— ¿Me podrías decir tu nombre? Tú ya sabes el mío. –Comento Claudia, sintiéndose completamente pequeña al lado de la alta y hermosa figura del shinigami.

— Mi nombre es clasificado, niña. – Respondió con seriedad, mas una leve sonrisa adornaba sus delgados labios.

— Mi nombre es Claudia, por favor dilo. –Pidió Claudia tomando entre sus delgadas manos el varonil y blanco mentón del shinigami.

— Cla…Claudia…-Respondió el shinigami, totalmente sorprendido por el atrevimiento de la joven. Al ver que Claudia sonrió, un leve sonrojo se hizo presente en sus pálidas mejillas.

— ¿Podría ponerte un nombre? –Pregunto Claudia aun sin soltar el rostro del shinigami. Este asintió aun sin despegar su verde mirada de los ojos azules e inocentes de la joven.

— Cla..claro…- Respondió esta vez apartando su rostro y cubriendo sus ojos con el flequillo que caía en su rostro.

— Hace mucho mi abuelo me leyó una historia sobre un circo y un asesino al cual llamaban Grim. En el libro lo describían como un personaje hermoso e irreal. Supongo que te describe un poco…-Murmuro Claudia sonrojada.

— Hermoso e irreal…-Repitió él con una sonrisa, sus verdes ojos brillaban de emoción. Jamás lo habían descrito de una manera tan agradable, a pesar del oscuro significado de ese nombre. – Me parece bien…-Respondió conforme. Eso era lo que siempre le sorprendía de los humanos, podían estar frente a la misma muerte, pero aun así no podían evitar sentirse atraídos hacia él.

Se quedaron en silencio nuevamente, mirando la ceremonia sin despegar sus ojos del cura, disfrutando la presencia del otro. Claudia no podía evitar que su corazón latiera desenfrenado, tenía el aroma masculino de Grim pegado en sus fosas nasales y sentía aun el tibio tacto en la piel de sus dedos cuando acaricio el mentón masculino. Estaba segura, a pesar de su corta edad y del terror que sentía, ella ya lo sabía. Recostó su cabeza en el hombro de Grim y volvió a respirar su aroma, sonrió y cerró los ojos.

— Estoy enamorada…-Murmuro sonriendo aun mas. Sintió saltar levemente a Grim a su lado.

— Eres una niña…-Respondió Grim con el ceño fruncido.

— Lo sé…

— Eres humana…

— Lo sé…-Esta vez Claudia sonrió al darse cuenta de lo fantástico que sonaba eso. Sabía que nada de esto podría ser real, ni siquiera permitido. Ella se casaría en unos años más y Grim jamás se fijaría en ella. Lo escucho suspirar y su corazón galopo en su pecho. ¿Cómo era posible enamorarse tan rápido?

La misa duro por unas cuentas horas, el cura rezaba por cada persona que se acercaba a los ataúdes y ellos dejaban unas delicadas rosas blancas alrededor del cuerpo. Sintió la mirada de Tanaka sobre ella y se enderezo de inmediato, recordando que solo ella podía ver a Grim. Le sonrió a su amigo para tranquilizarlo, se notaba en su mirada que su comportamiento le preocupaba.

— Deberías ir con él. –Murmuro Grim levantándose de la banca.

— ¿Te volveré a ver? –Pregunto Claudia tomando su brazo delicadamente, tenía miedo de que si soltaba jamás volvería a verlo. Sus miradas se encontraron nuevamente, la de ella ansiosa y cristalina y la de él curiosa y pensativa.

— No lo sé…-Respondió Grim, aparto la mirada del rostro de Claudia y dio un paso más para luego desaparecer por completo. Claudia tembló al verlo evaporarse y sonrió con tristeza, tenía el presentimiento de que no lo vería en mucho tiempo.

Se levanto con cuidado de la banca y camino a paso lento hacia donde su amigo que ya se encontraba en la entrada de la iglesia. Las personas ya habían salido y se dirigían al entierro. Suspiro y le sonrió a Tanaka al encontrarse con sus ojos grises mirándola con el ceño fruncido.

— ¿Se encuentra bien, señorita? –Pregunto Tanaka ofreciendo su mano para guiarla hacia el cementerio a un lado de la iglesia.

— Muy bien…-Respondió con una sonrisa triste, sintiendo la necesidad de tener nuevamente cerca a Grim.

— Bien…-Murmuro Tanaka poco convencido con la respuesta de su amiga. - ¿Quién era su amigo? …-Pregunto provocando que la joven se detuviera de golpe.

— ¿Tu…tu..puedes verlo? –Pregunto Claudia totalmente sorprendida.

— Su experiencia cercana a la muerte, al igual que la tuya le da la posibilidad de verme…-La suave voz de Grim se escucho a sus espalda y ambos voltearon para encontrarse con la alta figura del shinigami.

— Me quedo claro que no eres humano, muchas personas me preguntaron por qué mi señorita se encontraba sola en un rincón. Ellos no te veían, pero yo sí. –Respondió Tanaka con su mirada seria fija en los ojos verdes del hombre que tenía en frente. –Le pido por favor que no lastime a mi señorita. –Vio a Grim fruncir el ceño y girar la cabeza hacia el otro lado, apartando la mirada.

— No podría, me está totalmente prohibido recolectar almas que aun no están listas. –Respondió con brusquedad, levemente molesto por la insistente manera de referirse hacia la joven. –Jamás lo haría…

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-Actualidad-

Undertaker se encontraba recostado aun lado del cuerpo de Kiara, jugueteando suavemente con sus negros cabellos mientras tarareaba una dulce melodía. Sintió la puerta abrirse y sonrió al saber de quién se trataba.

— Me alegro que hasta ahora sigas cumpliendo tu promesa…-Murmuro Tanaka entrando a la habitación.

— Te dije que la cuidaría, por toda la eternidad de mi existencia ~~ -Canturreo Grim mientras apoyaba su mejilla en el pecho de Kiara. – Fuiste cruel Tanaka, dejaste que ella se enredara con aquel demonio…-Murmuro mientras lo miraba con el ceño fruncido.

— Sabes mejor que nadie que esto tenía que pasar. Un alma está destinada a vivir siempre lo mismo en cada vida, era el joven Sebastián o cualquier otro. –Respondió Tanaka acercándose al cuerpo dormido de su antigua ama y amiga.

— O pudiste ser tu…~ ~ -Canturreo Grim con una sonrisa burlesca. –Pero ya estás muy viejo jje je eje~ ~

— Jamás estuve destinado a estar con ella ene se sentido, el corazón de mi joven ama siempre te perteneció Theo..siempre lo hará…solo tienes que cuidarla. –acaricio con cuidado el pálido rostro de Kiara y sonrió con ternura.

— ¿La reconociste? – Pregunto Grim mirándolo con curiosidad.

— Por supuesto… ¿Cómo no hacerlo? –Respondió con una sonrisa. –Pero ahora mi deber es proteger al joven Ciel, ya estoy demasiado viejo para andar de romántico tratando de conquistar un a una adolescente.-el murmullo era suave y bajo, pero lo suficientemente claro para los oídos se Grim. - La única manera que tengo de demostrarle cuanto la amo es cumpliendo su deseo, ese sueño y anhelo por el cual vendió su alma y perdió la posibilidad de ser feliz junto a usted; Proteger el apellido Phantomhive.


Si les gusto no se olviden de comentar, juro solemnemente que publicare mas seguido u.u/