Acá esta el capitulo del mes!

Me queda 1 semana de vacaciones, tratare de subir otro capitulo antes de entrar a clases.

Gracias a los que aun siguen mi historia, ya queda poco para el final.

Los personajes no me pertenecen, son de la hermosa Yana.


Undertaker miraba con odio a aquellos ojos verdes fosforescentes que tenia dentro de un frasco, tenía el frasco en su mano agitándolo con fuerza para que los globos oculares se movieran dentro de este. Aquellos ojos era un recordatorio de todo lo que tenía que hacer y que el dueño lo estaba buscando para recuperarlos. Para un shinigami era imposible vivir sin sus ojos, podrían durar vivos unos cientos de años pero poco a poco su cuerpo se deterioraría hasta quedar siendo solo restos de polvos y huesos. A Jared le quedaba poco y a su venganza también. Guardo el frasco en un bolsillo de su abrigo y se levanto del suelo en donde se encontraba.

Podía sentir los pies de la joven rubia y ruidosa en la habitación de arriba, desde que supo toda la verdad se negaba a salir de la pequeña habitación que él le había otorgado. Aquella niña no le importaba mucho pero Kiara lo mataría si se enteraba que dejo a su nieta dormir en cualquier lado, además aquella muchacha que la acompañaba se encargaba de pedirle todo lo que la rubia necesitaba. Como un caballero, él las trataría bien.

- Amada mía…siempre cuidare de tu familia ~~ - Susurro Undertaker entrando a la habitación donde se encontraba su pequeño hijo conectado a grandes maquinas. A esta hora del día le tocaba la transfusión de sangre que lograba recolectar del instituto donde tenía trabajando a sus primeras creaciones. Se acerco con cuidado a la cama y vigilo que la intravenosa estuviera bien puesta. – Mi pequeño, espero con ansias el dia en que abras tus ojitos…tienes que abrirlos hijo mío…- Susurro el shinigami mientras se recostaba aun lado del cuerpo y tomaba con cuidado su pálida y delgada manito.

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Sebastián observaba sonriente como su pequeña hija correteaba por el jardín persiguiendo a un hermoso gato blanco de grandes ojos azules. Kiara se encontraba también observando mientras tomaba un poco de té en una de las mesas del jardín.

- Es raro que no seas tú quien persigue al gato, Sebastián. – Comento Kiara viendo a su hija con una sonrisa.

- Meiko dijo que lo atraparía para papá – Respondió el mayordomo sonriente mientras le entregaba otro trozo de pastel.

- Solo te aprovechas de tu hija para poder encerrar más gatos en el armario. Tienes una manía un poco rara, pobre niña. – Se burlo Ciel sentándose junto a Kiara y recibiendo la taza de té y el pastel que el mayordomo le ofrecía.

- Solo fue aquella vez, generalmente los dejo libres en mi cuarto. – Respondió Sebastián con una mueca ofendida, haciendo reír a Kiara. – Pero es mejor que usar corsé y vestidos…

- No me recuerdes eso…- se quejo Ciel mirando molesto al mayordomo.- De todas maneras, no vine a hablar de eso. Tía Frances se está encargando de buscar información de Claude Fauste, hasta el momento no hay nada y la información sobre Alois es muy poco. – Bebió un poco de té y suspiro. – Según los informes es el hijo perdido del difunto conde, lo encontró luego de largos años de búsqueda y lo nombro su heredero. Pero las malas lenguas dicen que lo compro para otros fines…

- Otros fines? – Pregunto Kiara mirando al joven conde de forma curiosa.

- Dicen que en la noche compartían alcoba y que antes de Alois el conde le gustaba jugar con menores de edad. – Respondió el conde con cara de asco.

- Fue bastante inteligente, acostarse con el conde y hacerse pasar por su hijo para quedarse con la fortuna. – Murmuro Kiara. – Y solo el difunto conde puede desmentir todo esto…fue bastante listo, mas si tiene a un demonio de su lado.

- Por supuesto, hacer trabajos sucios como esos son nuestra especialidad. – Dijo Sebastián. – Cambiar papeles, crear vidas falsas y matar personas…

El trió se quedo en silencio, la risa de Meiko se escuchaba de vez en cuando junto a los alaridos del gato. El trata de blanca o la prostitución infantil era algo común en aquella época. Incluso, cuando llego a esa época a ella habían intentado venderla en una subasta pero gracias a Ciel y a Sebastián pudo salir bien. No podía imaginar el miedo que sentían día a día aquellos niños que al igual que Alois, eran vendidos a pedófilos o como esclavos. Si bien, el joven rubio fue inteligente y estaba haciendo sus jugadas contra su familia, no podía evitar sentir compasión por él. Al fin y al cabo, era solo un niño.

Los pasos de Tanaka interrumpió los pensamientos de trió, el anciano se acercaba con un sobre en la mano y una mirada seria que iba dirigida especialmente a Sebastián.

- Una carta para usted, joven Sebastián. – Indico Tanaka entregándole el sobre al mayordomo. Sebastián abrió y leyó rápidamente la carta, frunció el ceño con molestia y arrugo la carta enfadado.

- Sebastián, que dice la carta? – Pregunto el conde preocupado al ver los feroces ojos de Sebastián resplandecer y sus colmillos a la vista.

- Una carta del shinigami…

- Undertaker? – Pregunto Kiara levantándose de su asiento y arrebatándole el sobre de las manos a Sebastián, quien si molestarse a mirarla fue de forma rápida y cargo a su hija en brazos.

- No, Jared…- Respondió Sebastián volviendo al grupo con su pequeña resguardada entre sus brazos.

- …jugando a una linda familia feliz…aquella mujer debe pagar por todo lo que Theo provocó y por supuesto tu hija entra en el juego…entrégame a Theo y podrás conservar a la niña…- Leyó Kiara en un susurro, sus manos temblaban y sus ojos se llenaron de lagrimas de terror al pensar en su pequeña.

- Kiara – Llamo Sebastián a la joven con voz seria, sobresaltándola por haber usado su nombre de manera tan ruda. – Conoces muy bien mi respuesta a esto, solo espero que no me odies…- Susurro el mayordomo dándose vuelta y alejándose de la mansión con Meiko llorando en sus brazos, dejando en el jardín a Kiara totalmente destrozada, a Ciel pálido y con su ojo sangrando y a Tanaka sorprendido.

Sebastián había abandonado la mansión y se había llevado a su hija con él.

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Habían pasado 4 semanas desde que Sebastián había abandonado la mansión junto a la pequeña, Kiara apenas salía de su habitación y la pérdida de peso era evidente en su pequeño cuerpo.

Ciel jamás pensó que Sebastián tomaría una decisión tan abrupta, pensó que la mejor opción era seguir buscando a Undertaker para entregarlo pero se sorprendió cuando no tardo ni 10 segundos en decidir abandonar a Kiara y romper el contrato con él. Sabía que Meiko era importante para el demonio, pero aun así se sentía enfadado. Lo había traicionado.

Unos golpes en la puerta de su despacho lo hicieron levantar su cabeza que anteriormente estaba apoyada en el escritorio.

- La señorita Kiara nuevamente se niega a comer. – Informo Tanaka entrando al despacho. Ciel suspiro, era evidente la depresión que sentía la joven. La habían abandonado…nuevamente.

- Hablare con ella…gracias Tanaka. – Respondió el conde levantándose y dirigiéndose a la habitación de la joven. Cuando entro la vio sentada en la cama abrazando sus rodillas. Lloraba, por supuesto. En sus muñecas resaltaban sus huesos y las ojeras eran cada vez más pronunciadas. – Piensas morir de hambre? – pregunto Ciel mirándola con enfado, ella era su familia y no soportaba verla así.

- Solo un poco mas…- susurro Kiara mientras lloraba. – Ellos estarán bien….solo un poco mas…

- De que hablas? – pregunto el conde extrañado y confundido.

- Solo un poco más…ya vendrá alguien….un poco mas….- Siguió susurrando la joven con la mirada perdida en la pared frente a su cama.

- Kiara. –La llamo el conde, ella fijo sus cansados ojos azules en los azules de él. – a que te refieres?

- Todo va a salir bien…aun que el precio sea mi alma…solo un poco mas…

~FlashBack~

Sebastián y Kiara se encontraban sentados en la cama de Meiko mientras la pequeña luchaba contra el sueño que las caricias de su madre le otorgaban. La pequeña miraba suplicante a su padre, ella quería seguir jugando y no dormir, por más sueño que sintiese.

- Mañana podrás seguir jugando, amor- Respondió Sebastián a la suplicante mirada de su tierna hija, ella rendida cerró sus ojos y luego de unos segundos se durmió.

- Es raro que tú le niegues algo, ella sabe que contigo podrá conseguir lo que desea solo con una mirada. – Se burlo Kiara mirando divertida a Sebastián, este se encontraba embelesado acariciando las regordetas mejillas de la niña.

- Le diría que si hasta en lo más absurdo solo para ver su sonrisa. – Confeso el mayordomo, sabiendo el poder que tenia la pequeña en su persona.

- El bienestar de Meiko debe ser siempre nuestra prioridad…- Comento Kiara levantándose de la cama y acercándose a la ventana. Sebastián confundido se levanto igual y la siguió. – El bienestar de Meiko debe ser siempre tu prioridad, Sebastián. Ante todo y ante todos. – Kiara miro al mayordomo que se encontraba confundido.

- My lady?...- La llamo Sebastián, tratando de entender a que se refería la joven. Para su entender, aquello era algo bastante obvio pero algo en la mirada de su mujer le indicaba que había algo más.

- Si en algún momento, Meiko está en peligro…debes salir de acá…- Dijo Kiara tomando ambas manos del mayordomo.

- Qué? – Pregunto este aun mas confundido. – No, podre protegerlas a ambas…

- Lo sé, amor…pero si en algún momento mi vida y la de ella están en juego, siempre debes tomar como prioridad a Meiko…- Contesto la joven, sus ojos se llenaron de lágrimas al pensar en la posibilidad de separarse de su hija y de Sebastián. – Es tu deber como padre y te odiare si no lo haces…

- Si me marcho, me odiaras? – pregunto Sebastián tomando entre sus manos el rostro de Kiara. Sabía a lo que ella se refería, en algún momento todo iba a estallar y tendrían que pelear o huir. – Yo me odiaría si te dejo…te amo…moriría si te dejo.

- Preferirías ver morir a tu hija? – Pregunto Kiara conmovida y molesta por las palabras del demonio. Supo la respuesta cuando el dolor traspaso los rojizos ojos del mayordomo. – tu prioridad siempre será Meiko, nuestra hija.

- Siempre lo será…- Susurro Sebastián en respuesta. Ahora entendía a todos esos padres que habían vendido su alma para poder salvar a sus hijos, a aquellas madres que deseaban engendrar hijos y entendía a Kiara, pero el dolor de perderla sería demasiado.

- No te preocupes por mí…- susurro Kiara besando fugazmente los labios del mayordomo, veía la preocupación en sus ojos y quería tranquilizarlo. – Tengo un plan…

~Fin FlashBack~

Sebastián se encontraba en una habitación barata de hotel, su hija dormía a su lado. Su pequeño cuerpo aun tenía espasmos del llanto que había tenido antes de al fin dormirse. Meiko no se cansaba de reclamar la presencia de su madre, la extrañaba y se negaba a dormir e incluso a comer si Kiara no estaba ahí. Habían pasado ya cerca de 2 meses y medio desde que se fue de la mansión y las ansias lo estaban comiendo. Extrañaba a Kiara, su hija la extrañaba también y le dolía profundamente verla en aquel estado, pero debía confiar en su mujer. No sabía cuál era su plan, por más que intento persuadirla para que hablara ella siempre se negó, distrayéndolo con besos y caricias.

- Extraño…mamá…- Sollozo Meiko, tomando con fuerza la mano de su padre y acurrucándose más a él para sentir el calor que le faltaba.

- Pronto estaremos con ella, mi amor…- Susurro Sebastián sintiendo el mismo dolor que su hija. – Solo ten un poco mas de paciencia.

Sebastián jamás se había sentido tan vulnerable, siempre supo que aquello que a los humanos los hacía débiles era el amor. Ahora él tenía personas a las cuales amaba y que eran su completa debilidad. Estaba asustado, estaba furioso. Había perdido el alma de Ciel, no estaba junto a su mujer y con suerte podía calmar el dolor que su hija estaba sintiendo. Pero era el amor que sentía por su familia e incluso por su joven amo le estaban dando la fuerza para aguantar. Confiaba en ella y ella confiaba en que él mantendría a salvo a su pequeña. Además, había prometido darle un poco más de tiempo a ese sujeto, aguantaría un poco más. Solo hasta saber que Kiara había puesto en marcha su plan.

- Solo un poco más…solo un poco más…-Susurro aferrándose al cuerpo de su hija.

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Ya casi se completaban 4 meses desde la partida de Sebastián de la mansión, Kiara empeoraba cada vez más. Solo tomaba una comida diaria y no dormía casi nada. Repetía una y otra vez lo mismo…solo un poco más.

Ella sabía que llegaría a un punto donde no aguantaría mas, su plan podía no funcionar pero necesitaba luchar hasta sus últimas fuerzas. Ese tipo ya le había arrebatado a Undertaker, no permitiría que le arrebatara su vida junto a Sebastián y a su hija. Había recuperado a su familia, los Phantomhive sabían su verdad y la apoyaban, y aunque justo ahora los estaba lastimando con su estado y su decisión también lo hacía por ellos.

Quería guerra, quería venganza.

No dejaría que nadie lastimara a su familia y estaba dispuesta a todo. Entregaría todo de ella para poder mantener a salvo a todos los que amaba. Todo.

Sintió su habitación girar y un humo negro rodear su cuerpo. Al fin, estaba pasando.

- Mira que llegar a estas instancias…- Susurro una voz dulce, arrulladora y seductora. – Ya no tienes que resistir mas…has demostrado que era digna de tener un trato conmigo… - Unos grandes ojos verdes olivo de forma gatuna aparecieron flotando en el espeso humo negro que había oscurecido toda la habitación. solo estaban ella y aquellos ojos. Kiara tembló cuando sintió unas afiladas garras tocar sus brazos y aferrarse a ellos. – Dime qué quieres y yo te lo daré…

- Venganza…quiero que Jared Muera…- La voz de Kiara se escucho firme y fuerte a pesar de que su cuerpo temblaba.

- Muerte…venganza…- Repitió aquella voz y los ojos verdes olivo la miraron divertidos. – Te los daré…pero a cambio….

- Te daré el alma de Claudia Phantomhive, la tomaras cuando todo acabe!…- Grito Kiara, haciendo que aquellos ojos la miraran con deseo, con hambre.

- Muy bien, dame un hombre y lo tomare…- Respondió aquella voz. El humo negro comenzó a disiparse y a formar una figura masculina, alta y esbelta. – Tendrás mis servicios, seguiré tus ordenes y trabajare junto a ti y cundo mi parte esté terminada, te tomare. Serás mía.

- Te llamaras Adrien, serás mi mayordomo y seguirás todas mis órdenes. No me traiciones…demonio. – Respondió Kiara levantándose de la cama en donde se encontraba y caminando hasta llegar en frente de la figura que le sonreía con diversión y soltura.

- Tendré que llamarla My lady? – Pregunto divertido el demonio de rubios y despeinados cabellos, sus ojos olivo la miraban curioso y su postura demostraba que era un demonio jovial y despreocupado. – será un placer estar a su servicio.


Nos vemos en la siguiente publicación!

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