Felices pascuas!

Traigo un nuevo capitulo, espero sea de su agrado.


Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Yana Toboso.


Advertencias: Lemon.


Ese Shinigami, de Regreso.


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Sebastián se encontraba en una pequeña casa cerca del mar, se encontraba lo suficientemente alejado de la mansión para que su hija no corriera peligro. Pero le preocupaba que estuviera tan lejos que no pudiera intervenir si algo malo sucediera.

Estaba molesto, furioso. Había perdido el alma de Ciel y se encontraba lejos de Kiara. Tenía el consuelo de tener a su pequeña consigo, pero aun así no se sentía bien. Observo a su pequeña jugar en la orilla del mar mientras recolectaba conchitas y las guardaba en un balde con diseños de gatitos. Cada día crecía mas, ahora aparentaba uno años, estaba más alta y su cabello rizado llegaba hasta su cintura. Sabía que en unos meses llegaría a la etapa adulta y ahí se detendría, luego de eso le enseñaría a alimentarse como un verdadero demonio para así poder mantener su existencia largamente.

Se sentó en la arena y siguió observando a su hija, el parecido con su madre cada vez era mayor. Cuando se encontraba realmente satisfecha –con comida humana- sus ojos cambiaban a un azul tan profundo como el mar, idéntico a los ojos Phantomhive. Abrió una pequeña canasta de picnic que traía consigo y estiro un mantel para poder servir el alimento que había traído para su pequeña. Era una lástima que Kiara se perdiera el crecimiento de su hija.

- Meiko-chan ven a comer. – Llamo Sebastián a su hija, esta corrió hacia él moviendo sus risos a cada paso, dándole el aire angelical de una pequeña muñeca. Sebastián sonrió cuando la vio sentarse de forma descuida sobre el mantel y engullir uno de los panecillos rellenos. Tenía el mismo aire despreocupado que su madre. – Debes sentarte de forma correcta, estar con piernas cruzadas cuando usas vestido no es apropiado. – La regaño. Meiko solo sonrió y comió otro panecillo.

- Tu no me dejas usar pantalones – Respondió Meiko sonriendo, mostrando sus blancos dientes, haciendo que unos hoyuelos se formaran en sus mejillas. – Si me dejaras, esta sería una forma apropiada para sentarme.

Sebastián meneo la cabeza mientras sonreía. Era tan igual a su madre.

Miro el océano e intento tranquilizar el malestar que sentía al no estar cerca de Kiara. En el fondo sabio que ella no lo erigiría a él y eso le molestaba, pero estaba listo para poder afrontar esa situación en cualquier momento. Tenía pensado aprovechar cada momento de duda de la joven pero ahora estando lejos de ella no estaba resultando como él quería.

Se había encargado de averiguar sobre la situación de Kiara y la respuesta que encontró no le había gustado y estaba seguro que a Undertaker tampoco le agradaría cuando se enterara. Se preguntaba si aquel sujeto estaría al lado de Kiara justo ahora, entendía sus razones para abandonarla pero no entendía porque no le contaba la verdad, así se aseguraría de tenerla a su lado. Pero Undertaker a pesar de lo raro que es, era una persona noble, no utilizaría a su hijo para estar junto a Kiara.

Le daba asco.

Si fuera él, lo haría sin pensarlo. Lo hizo muchas veces mientras estuvo en la mansión y lo haría una y mil veces si eso significaba tener entre sus brazos el frágil cuerpo de Kiara.

Si, en definitiva era una criatura cruel.

Volvió a mirar a su pequeña, ella era la única que lograba sacar lo mejor de él. Con ella sentía un amor tan grande e incondicional que sabía que teniéndola a su lado podría afrontar la perdida de Kiara. Sonrió nuevamente, aceptando el futuro que ya veía desde hace tiempo.

o.o.o

Elizabeth seguía de cerca a Undertaker, sus mejillas estaban llenas de lagrimas y sus ojos estaban rojos he inyectados de rabia. Se acababa de enterar que el cuerpo del verdadero Ciel había sido desconectado, por lo que estaba definitivamente muerto.

- Cómo pudiste! – Exclamo furiosa mientras bajaba la escalera siguiendo al shinigami. – Lo mataste!

- La persona a quien tu esperabas ya estaba muerta desde hace mucho, a quien acabado de matar no fue a tu conde. – Respondió Undertaker totalmente serio. Esa chiquilla le estaba colmando la paciencia y justo hoy no estaba del mejor humor.

- A dónde vas? – Pregunto Lizzy al ver que salía por la puerta directo a la calle. Ella lo siguió y lo detuvo de la manga negra de su gabardina.

- A la mansión Phantomhive. – Respondió suspirando. – Tu deberías hacer lo mismo…claro, si el conde te perdona por abandonarlo~~~

Lizzy palideció y quedo de pie en la puerta viendo como Undertaker se marchaba a paso veloz. Hace unos momentos había ido a la habitación de su prometido para leer un cuento como lo hacia todos los días desde que estaba ahí, Paula había ido al pueblo a comprar unos dulces que le había pedido ya que aquel hombre no tenía nada más que galletas de formas tétricas, pero cuando entro Undertaker estaba guardando el cuerpo frio y pálido de Ciel en un cajón, lo cerraba y lo dejaba en medio de la habitación. Lo vio salir de la habitación y entrar unos minutos después, completamente arreglado. Una cola de caballo pulcramente realizada, una camisa blanca impoluta, pantalones negros y su larga gabardina negra. Sus escalofriantes ojos estaban llenos de tristeza pero su rostro mostraba una determinación seria. Lo había visto tocar el pequeño cajón y dirigirse a la salida. Ahí es donde ella pudo salir del shock y lo siguió para reclamarle.

Ahora estaba llorando a los pies de la escalera, completamente sola en aquella lúgubre mansión. El cuerpo de su prometido estaba aun en la habitación de arriba y ella no sabía qué hacer. Se había ido porque estaba furiosa con su…con…con él, por haberla engañado de aquella manera y tuvo la esperanza de que Ciel desaparecería y podrían estar juntos, que su Ciel apagaría el dolor que él le había causado. Pero no, su Ciel ya no despertaría y aquel dolor cada vez se hacía más grande. ¿Qué podría hacer? ¿Volver a la mansión, junto a él? No podría, no sería capaz de mirarlo a la cara, no después de todo lo que ocurrió, porque en el fondo ella estaba arrepentida, sabía que había actuado de forma impulsiva y solo ella sabía cuanto lo extrañaba, cuanto lo amaba. No a Ciel, a él.

Undertaker tenía razón, debía volver a la mansión y aceptar lo que él sea capaz de darle. Escucharía su explicación y luego vería si ambos podrían sanar el dolor de sus corazones. Juntos o separados.

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Kiara estaba sentada en la cama que estaba en la habitación que era de su hija, abrazaba a un largo peluche en forma de gato. La extrañaba demasiado, Sebastián no había mandado ninguna carta y entendía el porqué. No quería comprometer su ubicación para así mantener a su pequeña a salvo. Pero los extrañaba tanto que cada día se le hacía más difícil seguir sin ellos. Hundió su cabeza en la almohada mientras soltaba un pequeño gritito de frustración, su vida era mucho más sencilla cuando era una joven del siglo XXI, solo tenía que preocuparse por terminar sus estudios y no quedar embarazada de un patán.

Sintió unos golpes a su puerta y se enderezo en la cama, Adrien entro con una deslumbrante sonrisa en su rostro y sus rubios cabellos tan desordenados como siempre.

- Tengo una bomba. – Dijo sentándose en la cama junto a Kiara.

- ¿Literal o hipotética? – Le pregunto sonriendo, Adrien era encantador y alegre, estaba segura de que se llevaría muy bien con Grell.

- Hipotética, por supuesto. – Respondió revoloteando sus hermosos ojos verde olivo. – No traería una bomba a la mansión, a no ser que la quieras. ¿La quieres? – Le pregunto esperanzado.

- Obvio no. – Le respondió Kiara sonriendo aun más. – Vamos, suelta la bomba. – Pidió impaciente.

- Undertaker está abajo, en el salón principal. – Dijo sonriendo con emoción. Vio a Kiara levantarse y salir corriendo de la habitación totalmente sorprendida. – Esto es tan romántico. – Susurro suspirando.

Kiara corrió escaleras abajo rápidamente, el tonto vestido la hiso tropezar un par de veces cuando bajaba pero el quitarse los molestos zapatos de tacón le facilito la tarea. Entro al estudio abriendo las puertas fuertemente, busco con la mirada a Undertaker y lo encontró mirándola sorprendido, de pie junto a la biblioteca donde reposaban unas fotos de ella y Meiko.

- Tú! – Exclamo Kiara molesta. – Maldito insensible! Me abandonaste! – Le acuso mientras caminaba dando grandes zancadas hasta tenerlo en frente suyo y poder golpear su pecho. - ¿Por qué lo hiciste? Responde!

- En verdad lo lamento. – Se disculpo, dejando que los delgados puños de la joven impactaran – con nada de fuerza- sobre él. – Pero créeme cuando digo que fue más difícil para mí que para que para ti.

- No hables sin saber! – Le grito apuntándolo con un dedo, con sus ojos llenos de lágrimas. – No tienes idea lo que sufrí!

- Si, imagino que sufrió mucho mientras se acostaba con el mayordomo. – Le recrimino Undertaker totalmente serio. La vio contener las lágrimas y voltearse para salir del salón. Undertaker suspiro mientras la seguía de cerca, lo que menos quería era discutir con ella. – Lo lamento, no quise lastimarte.

- Claro que lo querías. – le contesto Kiara mientras subía las escaleras y se dirigía a su habitación. – Y estas en todo el derecho, como yo también estoy en el derecho de estar molesta.

- Je~je~je~ Lo sé. – Se rio al darse cuenta que seguía siendo igual de terca. – Pero sé que hablando podremos solucionar nuestros problemas.

- Hay problemas que no se pueden solucionar hablando. – Le respondió Kiara entrando a su habitación y sentándose en su cama. – Por mucho que se hablen, hay cosas que jamás dejan de doler. – Le dijo refiriéndose al abandono y a que se hubiera acostado con Sebastián en su ausencia.

- Entonces deja que te muestre lo mucho que te he necesitado este tiempo. – Pidió Undertaker de forma seria mientras se sentaba a su lado y tomaba firmemente sus mejillas para limpiar sus lágrimas. – Déjame demostrarte que pase lo que pase, siempre nos perteneceremos. – dijo para luego acercarse y besarla lentamente, permitiendo que ella se apartase si lo deseara, pero ella solo se aferro a su gabardina y profundizo el beso.

Mentiría si dijera que ella no lo había extrañado y que estaba dispuesta a perdonarlo incluso si no le decía el motivo por el que decidió irse. Ella necesitaba tanto a Undertaker que estaría dispuesta aceptar lo que él fuera capaz de ofrecerle. Y eso dolía. Dolía porque no quería formar parte de un amor tormentoso, y tampoco quería ser un tormento para él. Sabía que había sido una maldita en haberse acostado con Sebastián y que estaría mal de su parte solo poner la culpa en el demonio ya que Sebastián a pesar de dejar muy clara sus intenciones de aprovechar la ausencia del shinigami, siempre dejo abierto una brecha donde ella fácilmente se podría negar a estar con él. Era incluso más noble de lo que él mismo creía, y eso era lo que la hacía caer.

Se aferro a los hombros de Theo cuando él la recostó suavemente en la cama y paseo una de sus manos por su silueta, hasta posar delicadamente su delgada mano en el fin del corsé color morado. Se separo unos centímetros de sus labios y vio los fosforescentes ojos verdes mirándola con tanto amor y ternura que sus ojos se volvieron a llenar de lagrimas. Sabía que Theo estaba buscando su permiso para poder seguir tocándola, para poder demostrarle cuanto la había extrañado y cuanto la necesitaba, así que se acerco nuevamente a él y profundizo su beso, buscándolo con la lengua para poder llenarse de su sabor. La lengua de Undertaker salió a su encuentro y la sintió como chocolate liquido dentro de su boca, la sintió ardiente y apasionada pero también la sintió llena de una necesidad que le quitaba el aliento y la hacía temblar, provocando que su cuerpo se pegara aun mas al cuerpo largo y fuerte del shinigami. Ambos se necesitaban, ambos necesitaban decirse cuanto se habían extrañado y debían calmar aquella necesidad de alguna manera.

Siguieron besándose ferozmente, mordiendo sus labios y apretando sus lenguas mientras intentaban ir quitando la ropa. Theo no perdió el tiempo y desgarro por completo el vestido de Kiara hasta dejarla con sus pechos al airé, luego solo se dedico a bajar por sus piernas el resto inservible del vestido para dejarla solo con las medias hasta los muslos. Para Kiara la tarea fue un poco más complicada, ella no tenía la fuerza para poder desgarrar la ropa del shinigami, así que con su ayuda fue quitando la ropa lo más rápido que pudo para poder tocar directamente su pálida y suave piel. Cuando al fin pudo dejar libre la parte superior del cuerpo de Theo bajo a besar su cuello y recorrer su refinado abdomen, blanco y duro como mármol.

- No me vuelvas a dejar…- Pidió Kiara mientras Theo besaba sus pechos y ella desabrochaba su pantalón para bajarlo con ayuda de sus pies. – No te lo perdonare de nuevo. – Gimió cuando el shinigami mordió con algo de rudeza su sensible pezón.

- No sobreviviría si lo vuelvo a hacer. – Le respondió besando sus labios fuertemente mientras acariciaba lentamente los húmedos pliegues vaginales de Kiara, tratando de no lastimarla con sus largas uñas. Hiso un proco de presión en el hinchado clítoris mientras volvía a besar los suaves pechos de la joven que temblaba bajo su cuerpo. – Te amo tanto. – Susurro extasiado por los suaves gemidos que Kiara soltaba con cada roce.

- Mmm…también…te amo…-Suspiro Kiara enrollando sus piernas en la cintura del shinigami para poder juntar sus cuerpo, ansiosa por tener contacto con él. Theo deseoso igual que ella no la hiso esperar y entro en ella lentamente, disfrutando del primer contacto de forma quieta, dejando que el interior de Kiara lo absorbiera lentamente y lo envolviera con su humedad y tibieza. – Por favor…muévete. – Le pidió Kiara moviendo lentamente sus caderas, ansiando un contacto más profundo.

- Ji~ji~ji~ siempre tan ansiosa, pequeña saltamontes. – Se rio Undertaker acomodando sus piernas en la cama para poder comenzar a embestirla lenta y profundamente. – Deberías dejarme disfrutarte un poco más. – Gimió besando su cuello y moviéndose cada vez más rápido. La había extraño tanto. Siguió moviéndose mientras apretaba los suaves pechos de Kiara, recorría su espalda hasta sus nalgas y las apretaba generosamente, erizando la piel de la joven y haciéndola arquear su espalda para darle mayor acceso al níveo cuello y poder besarla sin reparos. Sintió temblar las piernas de Kiara y aumento la velocidad de cada embestida mientras metía una de sus manos entre sus cuerpos y apretaba entre sus dedos ese delicioso pedazo de carne tan sensible en el cuerpo de una mujer. La sintió temblar aun más y una abundante humedad mojo su pelvis, prueba de que su mujer había alcanzado el orgasmo. Siguió embistiendo un poco más y se derramo en ella con un suspiro, escondiendo su rostro en el delgado cuello de la condesa. – Estoy en casa. – Susurro besándola y luego sonriendo.

- Bienvenido, cariño. – Le respondió Kiara con las mejillas llenas de lágrimas.

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Espero lo disfrutaran, cada vez estamos as cerca del final.

Nos leemos en el prox capitulo.

fuera!