"Capítulo 4 – Tú Eres En Quien Más Confío"

Ambas gemelas, después de almorzar, subieron a su habitación para charlar de forma más clara acerca del problema que sufría Lola y que parecía no poder superar por sí misma. Lola no se sentía muy motivada a hablar, por parte de Lana, sentía mucha curiosidad por la petición que su hermana le pediría. Tenía una idea un poco clara luego de haberla escuchado mencionar a Lincoln cuando estaban sentadas en el sofá. Algo como eso sonaba en cierto modo insignificante, aunque para Lola sonaba algo más importante. Aun y con lo pequeño que sonara, la ayudaría con lo que fuera. Lana optó por romper el silencio que había entre ambas y así empezar una plática que prometía demasiado.

—Está bien, Lola. Cuéntame. ¿Qué te sucede? —preguntó, mostrando gran interés e intriga al rostro extrañamente decaído de su hermana.

—Pues... es... yo... eh... —comenzó a jugar con sus dedos impacientemente.

Lamentablemente, la motivación de la pequeña se había desvanecido completamente tras el almuerzo, aunado a los nervios que sufría y no la dejaban hablar con fluidez solo la hacían ver muy indecisa. Esa forma de actuar solo conseguía que Lana tuviese más interés en el tema.

—Vamos, no te sientas nerviosa, sabes que puedes confiar en mí —dijo Lana.

Al instante, rodeó su brazo derecho detrás del cuello de su hermana, con la intención de hacerla sentir en confianza. La forma tan retraída en que Lola se comportaba le era extraña. La mayoría de las veces siempre era segura de sí misma y mostraba impotencia, no al mismo nivel de Lori, pero siempre intentaba dar un aire de respeto, caso opuesto a esta ocasión, en la que sentía inseguridad y debilidad en ella. Lola dejó de juguetear con sus pequeños dedos y postró su mirada a los ojos de su hermana. Con el poco valor que tenía, dijo:

—Yo quiero... quiero... quiero disculparme con Lincoln.

Eso a Lana no la tomó con demasiada sorpresa. La gemela mayor retiró su brazo del cuello de su hermana y lo retornó a su posición anterior.

—Con que era eso.

Cierta alegría llegó a la pequeña mecánica, eso solo quería decir que había decidido cambiar las cosas con su hermano mayor y mejorar todo para bien.

—Puede parecer algo simple... pero es más difícil de lo que parece —puso su mirada al suelo, siendo muy notoria su tristeza y dolor.

Lana podía entenderlo un poco, aunque la petición pareciera simple, para Lola no lo era sabiendo todo el daño que le había hecho a Lincoln y que ahora lo comprendía luego de recapacitarlo mejor.

—Tranquila, Lola. Sé que no debe ser tan difícil.

—No es tan fácil, Lana. ¿Acaso no te das cuenta de todo el daño que le he hecho? Yo... soy un monstruo... seguramente está muy molesto conmigo por todo.

—Tú no eres ningún monstruo, Lincoln no debe estar molesto contigo, estoy segura de eso, él no es alguien que guarde rencor y lo sabes. Tranquila, sé que se nos ocurrirá algo para hacer que te pueda perdonar.

—Pero-pero esta vez fue diferente, esta vez lo que hice fue muy malo. Lincoln esperaba el momento para hacerme algo como venganza por haberlo hecho tantas veces mi mayordomo o arruinarle el día. Él debe odiarme.

Lana sintió lástima por ella, por lo que no pensó mucho en su siguiente acción y siguió su instinto de hermana gemela. Velozmente, le otorgó un muy conmovedor abrazo que la pudiera ayudar a despejar su mente y hacerla entrar en confianza.

—No debes pensar esas cosas. Lincoln no te odia, jamás podría hacerlo. Él te quiere, solo que la forma en la que lo has tratado no ha sido la correcta, quizás por eso piensas eso, pero la verdad es que no es así.

Lola pareció salir de su trance, porque enseguida, le regresó el abrazo.

—Aun así... ¿crees que Lincoln acepte mi disculpa? ¿Y si no lo hace?

—No debes preocuparte, nuestro hermano lo hará.

—Pero-pero ni siquiera sé por dónde empezar. ¿Y si piensa que no estoy siendo sincera y solo lo estoy haciendo para chantajearlo?

—Lola, por favor.

Lana apartó a Lola, tomándola de los hombros y viéndose ambas fijamente.

—Si realmente te sientes culpable por todo, no te será difícil comenzar, solo dile lo que dice tu corazón, verás que todo irá con normalidad.

Por un instante, Lola pareció comprenderlo. Debía decirle a Lincoln cómo se sentía y lo arrepentida que estaba. Ir sin juegos o engaños, solamente ser honesta y hacer lo correcto.

—Lana... realmente... creo que sé lo que debo hacer. —Ahora podía estar alegre y con confianza sabiendo que contaría con la ayuda de su gemela, y más aún, teniendo una idea de cómo iniciar con aquella disculpa —. Gracias, Lana.

Lola decidió verla a los ojos para contemplar el rostro tan alegre de su más querida y unida hermana. Sin embargo, fue más un disgusto lo que logró contemplar, aunque conocía la razón de ese disgusto, cosa que Lana notó.

— ¿Qué sucede?

—Es solo que... —Lola señaló al ojo hinchado que poseía, viéndola con preocupación— te lo dejé realmente mal.

— ¿Te refieres a esto? Nah... no te preocupes, estoy bien. Ya sabes lo que dicen: lo que no te mata te hace más fuerte. Además, es lo menos que me pude haber llevado de la ira de la princesa rosa —comentó Lana entre risas.

A pesar de la molestia que le causó ese comentario que pudo haberla hecho enojar, Lola no tenía intenciones de molestarse. Por el momento, quería pasarla bien con ella, después de todo, le brindó su ayuda para solucionar sus problemas con su hermano. Sabía que, sin importar sus constantes peleas o problemas, ambas siempre se amarían, se ayudarían y apoyarían la una a la otra cada vez que alguna situación se llegara a presentar, cosa por la cual, Lola estaba muy agradecida.

Lana se dio un respiro y continuó hablando.

—Espero que te haya servido lo que dije.

—Lo fue... creo que necesito tiempo para pensar en algo para comenzar. ¿Te molestaría si me ayudas con eso más tarde?

—Tengo cero problema con eso —pasó su mano frente a ella en gesto de decir que todo estaría bien—. En ese caso, iré un rato afuera, tengo algunas lagartijas que cazar.

Lana se preguntaba por qué Lola había decidido pensar a solas tanto tiempo. Tampoco era que le preocupara demasiado, pensaba que era alguna de esas cosas relacionadas con princesas que tanto le gustaban, o posiblemente algo más.

—Vaya... no te aburres de eso, ¿no es cierto? —preguntó Lola con ingenuidad.

—En lo absoluto, mis amigas siempre me necesitan y yo las necesito a ellas.

—Está bien, diviértete —dijo Lola con una sonrisa despreocupada.

—Sí, tú igual. Si necesitas algo ya sabes dónde encontrarme —mencionó la amante del lodo mientras bajaba de la cama y caminaba a la salida de la habitación.

Lana aún tenía la duda sobre qué habría hecho Lincoln para que Lola se enfureciera de ese modo. Preguntarle a Lola no era una sabia decisión, eso la habría hecho sentir mal por recordar esos momentos y no era el propósito que quería conseguir. Con la duda en su cabeza, abandonó la habitación y siguió con su plan de preguntarle a su hermano mayor en cuanto volviese de su reunión con Clyde.

Lola, por su parte, optó en realizar alguna actividad que le fuera útil para concentrarse y pensar la forma más adecuada de comenzar con su disculpa.

Cinco de las hermanas Loud que habían salido retornaron a su hogar: Lori, Leni, Lynn, Lucy y Luna volvieron después de haber tenido una mañana entretenida.

— ¿Eso hiciste hoy? —preguntó Lynn, mientras abría la puerta por completo para dar paso a sí misma y a sus acompañantes.

—Suspiro... sí, fue agradable expresar mis oscuros poemas al público amante del sufrimiento y la oscuridad —respondió Lucy con su típica voz monótona.

—Claro... —dijo Lynn sin mucha intriga.

Las recién llegadas se dieron un tiempo para saludar a sus padres e ir a sus habitaciones para pasar el rato mientras llegaba la hora de la cena u otra de sus hermanas retornaba de sus reuniones. Mientras Luna, Lynn, Lucy y Leni subieron las escaleras, Lori se dio la preferencia de quedarse en el sofá.

Rita no se contuvo en preguntar acerca del paradero de sus dos hijas restantes, así que decidió aclarar su duda con su hija más próxima. Lori le contó sobre Luan, diciendo que tenía un compromiso que hacer con su grupo de payasos. En cuanto a Lisa, mencionó que tuvo un incidente en la universidad y que no volvería pronto. Rita ya conocía a sus hijas, era muy común que esa clase de situaciones se presentaran, además, era demasiado temprano para actuar precipitadamente. Por lo tanto, esperarían al resto antes de iniciar la cena de esa tarde.

Pasaron las horas, siendo ahora las cuatro treinta de la tarde. Lincoln estaba en camino a la casa Loud tras su ya finalizada reunión con Clyde. La calle estaba parcialmente vacía sin contar algunos autos que pasaban. La tarde que hace poco era soleada y llena de ese color azul claro pronto se convirtió en un cielo tapado por las densas nubes grises que cubrían todo rastro del brillante sol. Lincoln se encontraba caminando en la acera de la calle, con su mano izquierda entre su bolsillo y la derecha sosteniendo su mochila azul, de manera cansada y abrumada.

Aunque esa reunión había sido de su total agrado, no dejaba de quitarse de la mente el horrible desastre que se encontraría al llegar a su habitación. Estaba más que seguro que todo su cuarto habría quedado en muy malas condiciones; posiblemente toda su colección de historietas estaría desaparecida, todos sus posters rayados con diferentes cosméticos y sus figuras de acción destrozadas. Eso solo era el principio, pues al llegar tendría que sufrir todo lo que tuviese planeado para él.

Con cada paso, su miedo y su alma sucumbida en terror se hacían cada vez más y más grandes. Tan solo pensar en lo enfadada y el desprecio que mostraría Lola lo hacía sentirse miserable por los acontecimientos de esa mañana.

—Creo que lo merezco.

Lincoln mostraba culpa en su mirada por sus actos tan egoístas que la misma preocupación por llegar a casa.

— ¿Por qué las cosas siempre se me tienen que escapar entre las manos al pensar en mis planes? —se tapó la cara con su mano izquierda— Siempre tengo que meter la pata.

Regresó su mano a su bolsillo.

—Esta vez no analicé muy bien la situación y lo digo más por las consecuencias que este plan tuvo y va a tener. Aunque esta reunión con Clyde y el juego valieron totalmente la pena.

Una brisa fría cayó sobre su espalda, provocando que su atención regresara al ambiente en el que caminaba. Levantó la mirada al cielo y no tardó mucho en sorprenderse del abrupto cambio del clima y la inminente tormenta que se avecinaba para esa noche.

—Qué extraño, hace poco estaba soleado. Parece que habrá una tormenta esta noche, será mejor darme prisa si no quiero quedar atrapado en la lluvia.

Lincoln seguía la ruta que lo llevaría a casa, distraído y poco atento a lo que sucedía a sus alrededores. Aunque su más reciente plan había fracasado, eso no le impidió crear uno nuevo y que esta vez no implicaría fuerza física ni cosas sacadas de la manga.

—Se me acaba de ocurrir una idea. Seguro Lola estará molesta conmigo, pero puede que mañana ya no siga tan enojada. Lo mejor será arreglar todo con ella mañana. Sí, es un buen plan. Por hoy trataré de no hablarle, ni tampoco intentar disculparme con ella, si hago eso, es posible que el problema empeore y esto se alargue por algunos días.

Al chico le pareció un plan demasiado simple para su gusto, pero era lo más conveniente y no traería más problemas si es que Lola no se precipitaba y ya tenía algo planeado para vengarse de él. Permaneció caminando con la fuerte corriente de aire frío que soplaba y no lo dejaba tranquilo.

—Sé que debo disculparme con ella por haberla atado y arreglar cualquier mal entendido... pero no lo haré hoy. Será mejor esperar. A veces esperar puede ser la mejor opción que puedes elegir.

Esperaba que así fuera y no llegara a mayores como usualmente suelen ser las disputas en la casa Loud, en especial tratándose de Lola.

— ¿Pero qué? Se supone que estamos en verano, el aire no debería ser así de frío —sacudió repetidas veces sus brazos uno del otro—. Cre-creo que debería pensar mejor en las consecuencias que pueden llegar a tener mis planes y no dejarme llevar por mis instintos.

Lincoln se mantuvo por todo el camino hablando para sí mismo, como también reflexionando respecto al suceso de esa mañana e imaginando la inevitable pelea que se debió dar entre Lana y Lola. Deseaba que nada malo haya salido de la furia de Lola. Era muy violenta y más cuando la hacían enojar.

Unos segundos fueron suficientes para que el chico pudiese darse cuenta de algo y detenerse, dándose cuenta de que su casa estaba justo a su derecha. Volteó a verla con ingenuidad. De pronto, una pequeña gota de agua cayó sobre su cabeza, apenas pudo sentirla y reaccionar.

—Parece que lloverá mucho esta noche —dio un último vistazo al cielo y caminó a la entrada de la casa Loud.

Antes de abrir la puerta, inspiró en tono de derrota, esperando que su habitación no quedara tan mal como lo había estado imaginando, y mucho peor el comportamiento que Lola tendría hacia él. Y entonces, decidió abrir la puerta de la casa.

Al instante, observó a la mayoría de sus hermanas en la sala, mirando su tan amado programa: "The Dream Boat", algo demasiado habitual y nada fuera de lo común. Las únicas que no estaban presentes eran sus hermanas menores, Lola, Lana, Lisa y Lily.

Lincoln se detuvo a saludarlas y preguntar cómo había estado su día, él recibió la misma pregunta de su parte, respondiendo un tanto alegre por recordar lo bien que se la había pasado. Justo cuando estaba por abandonar la sala de estar y dirigirse a su habitación, fue sorprendido por la repentina aparición de Lana, quien llegaba desde el comedor. Al ver a su hermano, hizo algunas señas con su mano derecha para llamar su atención. Lincoln caminó hacia donde estaba, sabiendo la razón por la que lo llamaba.

—Hola, Linc —saludó la pequeña, viéndose un poco seria.

—Ehh... hola, Lana.

Lana lo jaló un poco para que estuviera a su alcance y se acercó a su oreja, susurrándole unas palabras que solo podían ser audibles para él.

—Tenemos un asunto pendiente que discutir, ¿lo recuerdas?

El chico asintió con la cabeza, correspondiendo ante tal afirmación.

—Sí, lo recuerdo —dijo en voz baja.

Lana le hizo una seña para que ambos subieran y no alertar a sus hermanas. Fue la primera en subir por las escaleras y Lincoln solo la siguió. Al llegar al piso de arriba, Lana comenzó a ir rumbo a la habitación del peliblanco, sin embargo, cuando estuvo a punto de girar la perilla, fue detenida por el tacto de la mano de Lincoln sobre su hombro. Ese acto hizo que se detuviera y volteara a verlo, estupefacta.

— ¿Qué pasa? —preguntó confundida.

—Lana, ¿qué le pasó a tu ojo? —preguntó, agachándose a su altura para poder observar mejor el ojo mal herido que logró notar al momento en que la vio.

— ¿Esto? Creo que será mejor que te lo explique junto a lo que me tienes que decir —respondió con total serenidad.

— ¿Estarás bien? ¿Fue Lola, verdad?

Lana estuvo dudosa sobre responder a la segunda pregunta, la situación era delicada y si respondía afirmativamente, era probable que su hermano estuviera molesto con su gemela, o al menos eso pensaba, no quería traer más problemas.

—No te preocupes por eso, estoy bien. Solo... me golpeé con la mesa cuando intentaba atrapar a Hopps.

Lincoln no quedó seguro de esa respuesta, sabía que había algo más detrás de esas palabras, por lo que solo la vio con ojos entreabiertos.

—Bien, creeré en ti —mintió—. Entremos.

—Claro, vamos.

Lincoln giró la perilla de su puerta, imaginándose lo peor. Para su sorpresa, todo estaba exactamente como lo había dejado antes de irse; su pila de comics estaba ligeramente inclinada a la derecha, como si algo o alguien la hubiese movido, pero no era algo de suma importancia. Todo fue tan raro para él, ya que Lola era popular por sus distintas formas de vengarse. Pese a ello, agradecía que su imaginación terminó estando equivocada. Aun así, mantendría precaución en todo momento.

Lincoln cerró la puerta detrás de él para comenzar una charla que mantendría ocupados por un rato a ambos hermanos. Cuando eso pasó, una singular silueta se acercó y se puso al pie de la puerta para escuchar la conversación entre ambos. Lola, tras oír la voz de su hermano, no pudo evitar sentirse culpable nuevamente. Recordó los diversos maltratos que le hacía: la mala forma en que le hablaba, las distintas ocasiones en que lo obligaba a ser su mayordomo o su sirviente y el mal trato que le daba cuando algo no salía como quería, sin mencionar lo sucedido con "el incidente", el cual marcó un antes y un después a la relación de Lincoln con toda su familia. Lola deseaba ya no recordar ese suceso nunca más y su familia tampoco, querían tirar ese mal recuerdo por un precipicio para no verlo nunca más. Ahora solo se arrepentía de no haberle dado la importancia en el momento que debía, y peor aún, haber tenido que seguir con su arrogancia después de haberlo hecho sufrir. Era consciente de que, aunque Lincoln parecía un chico débil por fuera, por dentro era alguien muy fuerte y capaz de hacer cualquier cosa por sus seres queridos. El hermano casi perfecto.

Lola se despegó de la puerta de la habitación y, cabizbaja, entró a su habitación con los ánimos completamente decaídos.

La tarde ya estaba presente en Royal Woods, tarde en la cual, habría una fuerte tormenta eléctrica debido al drástico cambio del clima que se presentó. Había fuertes corrientes de aire por todo el vecindario y algunos rayos no tardaron en escucharse por encima del cielo.

Lisa había regresado hace unos minutos, después de un ligero retraso por un incidente que hubo en el laboratorio de química de la universidad. En el caso de Luan, tuvo un percance con sus amigos, aunque no era de qué preocuparse.

La gran mayoría de las hermanas Loud estaban sentadas en la sala, viendo por séptima vez la repetición del programa de citas barato de la televisión. Todas esperaban a que sus padres dieran los últimos preparativos para la cena y así, acabar rápidamente con toda la comida que estuviera en la mesa. El programa fue rápidamente cortado por estática, eventualmente, se mostró a la reportera de noticias locales estando al aire libre, con un impermeable y una gran cantidad de aire arrasando con todo lo que había en el lugar. Podían verse las ramas de los árboles y mucha basura volar. El aire no ayudaba en nada al camarógrafo, pues toda la imagen se movía de un lado a otro. El exabrupto cambio de programa hizo enojar a las chicas, quienes solo se limitaron a abuchear y cruzar los brazos resignándas.

— ¡Oye! Estábamos viendo eso. Cambien el canal o nos perderemos a quién besará Brittany —dijo Leni, molesta.

—Según nuestras fuentes, nos informan que fuertes corrientes de aire se avecinan a Michigan, dando aviso a la llegada de una fuerte tormenta eléctrica. Por suerte, y gracias a algunos análisis de los científicos atmosféricos, este diluvio no será tan fuerte en Royal Woods, pero sí será duradero. Les recomendamos a todos nuestros televidentes que aseguren bien sus casas y cierren toda abertura para evitar la filtración de agua.

Todas se vieron la una a la otra, sabiendo lo que tenían que hacer. Lynn se levantó rápidamente del sofá, dando un gran salto y corriendo hasta la cocina, para después, dar un fuerte gritó para advertirles a sus padres sobre la tormenta, haciendo que su padre diera un breve grito por ese susto. Tras eso, el señor Loud les dijo a sus hijas que debían cubrir toda abertura en la casa, desde las ventanas de sus habitaciones hasta el ático. Ellas correspondieron y fueron a hacer lo que les pidió.

Mientras tanto, Lincoln se encontraba recostado en su cama leyendo uno de sus tantos cómics tranquilamente. Hace unos momentos había terminado de hablar con Lana. El chico le contó el motivo de su improvisado plan y todo su trayecto para llegar a su destino, como también compartirle algunos de los buenos momentos que pasó junto a su amigo. Por parte de Lana, se contuvo en mencionar el estado actual de su gemela, pues le hizo creer a Lincoln que Lola no seguía tan molesta como él creía, pero en realidad su estado era un tanto preocupante. Era mejor no mencionarlo, era mejor que todo se solucionara a su ritmo y que Lola le dijera en persona todo lo que sentía.

Lincoln seguía con su plan actual de buscar la mejor manera de disculparse por esos inconvenientes. No hablarle directamente ese día era lo principal y lo que creía era lo correcto.

Mientras seguía sumido en sus pensamientos, un fuerte golpe proveniente de su puerta hizo que reaccionara y saliera de su mente. Luna pateó la puerta de la habitación como ya era costumbre, avisándole del drástico cambio del clima y que debía cerrar su única ventana cuanto antes, Lincoln respondió que lo haría, y Luna cerró la puerta fuertemente.

—Sabía que el clima empeoraría —se dijo Lincoln.

Se levantó sobre su cama para alcanzar la ventana en forma circular, asegurandola lo más fuerte posible, tarea que no fue nada difícil de realizar.

—Eso fue fácil. Es la mejor parte de tener una habitación pequeña, no tienes que preocuparte por moverte demasiado para alcanzar ciertos lugares —dio un salto para bajar de su cama.

— ¡Chicos! ¡Es hora de cenar! —llamó la señora Rita desde el pie de las escaleras.

— ¡Es hora de cenar! —exclamó emocionado antes de salir de la habitación e ir rumbo al comedor.

Tras terminar de asegurar las ventanas de sus habitaciones, los hermanos Loud acataron al llamado de su madre y fueron rumbo al comedor para degustar de la genial cena que seguramente disfrutarían. Casi todos, excepto por dos: Lola y Lana. La pequeña amante del rosa se encontraba en su habitación nuevamente deprimida. La voz de Lincoln la hizo recordar todos los malos momentos que le hizo pasar y el sufrimiento que debió sentir. Por nada del mundo quería encontrarse con él, no ahora y sabiendo que le recriminaría lo sucedido hace bastantes horas, eso imaginaba y no pensaba en la posibilidad de que no fuera así.

Lana había terminado de asegurar toda abertura en la que podría salir agua e inundar todo el lugar, solo necesitaba dejar todas sus herramientas en su habitación antes de ir a cenar y encontrarse con todos sus hermanos.

—Bien, ya están aseguradas todas las ventanas y posibles aberturas. Me muero de hambre, ya quiero ver lo que papá tiene preparado. Ojalá sean sus deliciosos tentáculos de pulpo o pescado recién salido del supermercado —comentó con gran apetito mientras caminaba a su habitación.

Al entrar en su habitación, Lana se pudo dar cuenta de la silueta de su hermana, que estaba sentada sobre su cama con la mirada en el piso. Era visible a pesar de la oscuridad que se comenzaba a presentar en el lugar. Lana no esperaba encontrársela ahí, creía que ya estaba abajo junto con sus demás hermanos, pero supuso que algo había ocurrido.

— ¿Lola? ¿Qué haces aquí? Dijiste que bajarías en un segundo.

—No quiero bajar —respondió sin siquiera quitar la mirada del suelo.

— ¿Qué? ¿Por qué no? —preguntó antes de sentarse a su lado.

—Porque no lo quiero ver.

—Pero creí que ya lo habíamos arreglado.

—Solo... no quiero ver a Lincoln.

Lana supuso que había pasado algo como para que regresara a su actitud de antes, pero no la iba a dejar ahí sola mientras todos cenaban felices.

—Oh... Oye, no tienes por qué hacer eso.

—Claro que sí, él me odia y estoy segura que lo que menos quiere es verme —se tapó los ojos con ambas manos para que la conmoción que sentía no fuera tan visible.

—Vamos, no pienses eso. Lincoln no te odia, todo estará bien, te lo prometo.

—No puedo hacerlo, va a pensar que lo quiero lastimar y se va a alejar de mi... yo... no quiero lastimarlo.

—Sé que Lincoln no pensará eso. ¿Acaso nos ha tenido rencor luego de haberle hecho pasar tantos malos momentos? Él te quiere sin importar como seas y puedo apostar lo que quieras a que no es como tú lo piensas.

— ¿Enserio lo crees? —dio una mirada llena de esperanza; sin embargo, fue rápidamente intercambiada por una inquieta y nerviosa—. Pero, pero... y si quiere hablar sobre eso... y... yo... y...

Lana la tomó de los hombros para tranquilizarla y ayudarla a entrar en razón.

—Mírame, Lola. Eso no pasará, estaré junto a ti para que no tengas que hablar con él y distraerlo si lo necesitas, ¿De acuerdo?

— ¿Harías eso... por mí?

—Haría lo que fuera por mi gemela favorita.

Lola la miró, dándole una sonrisa pese a lo intranquila que estaba en ese momento.

—Gracias, Lana —agradeció, estando un poco más calmada y sin tantos nervios.

Lana la soltó y bajó de un brinco de la cama.

—Bien... ahora vamos.

—Sí —asintió con la cabeza.

Ambas comenzaron a caminar directo al comedor, para así superar el duro desafío que pronto vendría.