"Capítulo 12 - Desconfianza"

— ¡Yo no le hice nada a Lincoln! —exclamó Lola a sus hermanas mayores.

Lincoln se mantuvo escuchando la conversación, que más que nada parecía ser más bien una pelea. Eso lo desconcertó un instante, y pensó en que quizá solo se habían peleado por algo tan común en ellas como quien comería el último panecillo o el mejor lugar de la mesa. Eran cosas a las que se había acostumbrado luego de once años de rigurosas peleas, se habían vuelto algo muy trillado y la posibilidad de que estuvieran peleando por algo tan trivial era lo primero que se le venía a la mente cada vez que pasaba algo como eso. Pensaba eso, eventualmente, pudo asimilar mejor la disputa que tenían sus hermanas, una en la que no había justicia. Por alguna razón y para su mala suerte, sus hermanas mayores estaban en contra de Lola por algo que ni él mismo tenía el suficiente conocimiento como para concretar una conclusión a todo eso. No sabía si era algo erróneo o verdadero. A juzgar por el tono con el que se defendía su hermana menor, era evidente que era algo serio y no tanto una pelea tan ridícula como lo había creído.

Se detuvo a medio camino y se sentó en uno de los escalones más cercanos a la sala, asegurándose de no ser detectado gracias a la pared que tapaba todo rastro de su presencia. Quizás habría sido mucho más conveniente aparecer bruscamente en la entrada del comedor, pero prefirió no hacerlo y solo sentarse a escuchar. Había tomado una desición algo acelerada y se detuvo antes de impartirla, agradeció haberlo hecho a tiempo. Rompía con su rutina de siempre, calmar a sus hermanas era una de ellas y no estaba seguro si terminaría arrepintiendose.

Lincoln tenía claro que culpaban a Lola de algo, No sabía qué era exactamente, pero si era lo que suponía, no debía esperar nada bueno de esa pelea. Los detalles eran lo de menos, pero informarse más acerca de la forma en que surgió era lo mejor antes de intervenir. Decidió esperar.

—No nos mientas. Acordamos bien que no íbamos a causarle más daño —dijo Luna, alzando la voz.

—Claro, Lynn no cuenta en esto. ¿¡Verdad!? —replicó Lola en su defensa.

—Luna, Lynn, Lola. ¡Ya basta! —dijo Lori en voz alta. Su voz se escuchó por todo el comedor y parte de la sala, dejando a gran parte sin decir nada.

—Pero, pero Lori. Yo solo quiero que entiendan —añadió Lola.

—Vamos, Lola. Sabemos que eres una experta mintiendo. Es más que obvio que lo estás chantajeando como siempre lo haces —dijo Luna de forma acusadora.

No había duda sobre la veracidad de las grabaciones de Luan. Falsificarlas a tal grado de hiperrealismo era algo ridículo considerando las circunstancias por las que se habrían hecho en primer lugar. Luan no tenía nada en contra de Lola, pero si lo tuviera, no acudiría a manipular los videos, en cambio, tomaría la salida fácil y usaría algo más típico en ella, como usar sus bromas pesadas o contar chistes malos sin parar. Luan no tenía conocimientos informáticos tan avanzados hasta donde sabían, cosa que hacía más verosímil el contenido de los videos.

— ¡No lo estoy chantajeando! De verdad... ¿Por qué no me creen? Pensé que ya confiaban en mí.

Lola se sentía traicionada y dolida a la vez por la gran falta de confianza que sus hermanas le estaban teniendo. Tenían sus razones para no confiar en ella a pesar de haber expresado lo contrario en una ocasión diferente. La falta de confianza se debía principalmente a la personalidad que que tenía Lola. No guardaba secretos, era una chismosa de categoría mayor y siempre rompía sus promesas. Por eso y mucho más se abstenían de confiar en ella. Esta ocasión lo ameritaba más.

—Vamos, Lola. Confiar en ti es algo casi imposible —añadió Lynn, viendo con cierto recelo a Lola.

—Lynn, ya basta. No terminamos nuestra discusión, así que lo mejor para todos es que te quedes callada —interrumpió Lori, haciéndose notar la suma autoridad en el modo en que se expresaba.

Lynn se encogió de hombros, sin contradecirla sabiendo la verdad en sus palabras.

—Chicas, yo creo que Lola está diciendo la verdad —dijo Leni, ganándose las miradas extrañadas de todas.

Era de esperarse que Leni sería la primera en estar a favor de su hermana menor. Lo estaría siempre para aquél que tuviera menos posibilidades de salir victorioso en una pelea. Leni, a pesar de tampoco confiar en su hermana menor, pudo ver en cierto modo que decía la verdad; era una clase de sexto sentido que tenía dentro de ella, o quizá lo encariñada que estaba con toda su familia. Podía verse la confianza que le daba a su pequeña hermana y no había duda en ello.

— ¿Por qué no dejamos que ella nos explique y... ? —Leni fue interrumpida un instante antes de terminar.

— ¿Hola? Tierra llamando a Leni. Estamos hablamos de Lola. Todas sabemos que es una chismosa y sobretodo una mentirosa —dijo Luan, importándole poco que Lola estuviera enfrente de ella.

— ¡Oye! —dijo Lola.

— ¡Luan! —llamó Lori.

— ¿Qué? Es lo que todos pensamos de ella, estoy segura de que Lincoln también piensa así —dijo Lynn, dándole una sería mirada a su hermana mayor, mirada la cual reflejaba una gran molestia.

— ¡Lynn! —exclamó Lori nuevamente, esta vez llamándole la atención a Lynn.

Lincoln estuvo a punto de levantarse e ir directo a la entrada del comedor. No era obligación suya tener que solucionar los problemas de sus hermanas, realmente no era algo a lo que estuviera obligado a hacer, para eso estaban sus padres o ellas mismas. Sin embargo, nunca estuvo en contra de ayudar a los demás, sus hermanas eran lo más importante y se veía en él que nunca las dejaría solas y menos con algo tan grande.

Tras escuchar esas palabras, Lola solamente consiguió sentirse más miserable consigo misma, puesto que, anteriormente esa afirmación por parte de Luan era una realidad, ahora parecía ya no serlo. Ninguna de sus hermanas confiaba en ella y eso estaba claro, ni siquiera su propia gemela o su único hermano, tanto así, que llegaron al punto excluirla de algunas actividades que tuvieran relación sobre revelaciones de secretos.

Lola juró a sí misma ser una mejor persona tras lo sucedido la noche anterior; todo eso lo hacía por Lincoln después de todo. Pero su reputación ya estaba manchada, toda su familia había confiado en ella anteriormente y siempre terminaban siendo apuñalados por la espalda. Quienes la conocían le tenían un miedo extremo, tanto así que todos fingían estar interesados en todo lo que hacía; desde qué sueños tenía cada noche, hasta si había llegado a clase. Tanta era la maldad de Lola que incluso ella misma amenazaba al jurado de sus certámenes para tener un poco de ventaja a la hora de nombrar a la ganadora e incluso a su profesora de clase, quien a pesar de demostrar su impotencia, esta no competía con la de Lola.

A pesar de todo, Lola se sentía arrepentida en cierto modo por todas esas malas acciones, lo único que pedía era el perdón de cada uno, y en especial que su familia volviese a confiar en ella.

—Juro que he cambiado, ya no volveré a ser la de antes. Lo único que les pido es que confíen esta vez en mí.

—Chicas, chicas... tranquilas. No hay necesi... espera, ¿qué dijiste, Lola? —preguntó Leni, con ingenuidad tras lo que había creído escuchar.

—Es cierto... ya no quiero hacerle mal a nadie, quiero que todos me perdonen... y sobre todo quiero que ustedes vuelvan a confiar en mí —dijo Lola, con un tono honesto y algo decaído.

—Lo siento, hermanita. Has dicho eso tantas veces que esta vez no funcionará —contestó Lynn, cruzándose de brazos.

— ¡Estoy diciendo la verdad! Lana, tú sabes que digo la verdad, ¿no es cierto?

Lola miró al rostro de su gemela, Lana estuvo a punto de decir algo, pero las palabras ni siquiera salieron. Lana desvió la mirada al piso, rascándose el brazo con cierta culpa. La capacidad con la que se defendía había desaparecido, sustituida por una repentina tristeza. El rostro de Lola poco a poco se iba apagando, dejando un rastro de un sentimiento de abandono al no conseguir una respuesta de aquella persona a la que creyó sería la única que estaría de su parte.

— ¿Lana?

Lola hizo esa pregunta con una voz a la que le habían arrebatado las ganas de poder hablar. Como una estrella que había perdido todo su esplendor y brillo en un instante.

—Ni siquiera Lana te cree. No importa cuánto trates de convencernos. Siempre serás una mentirosa, malcriada y mala hermana —dijo Lynn, casi levantándose de la mesa, sumamente molesta.

Todas, incluso las que antes incriminaban a Lola quedaron con la boca abierta. Habían pasado el límite desde el principio, pero eso sin duda fue la gota que derramó el vaso. Esas palabras hicieron sentir a Lola una dura apuñalada al corazón, recordando que justo el día anterior su hermana gemela le había dicho exactamente lo mismo. Los ojos de Lola comenzaban a soltar pequeñas lágrimas, su garganta parecía arderle y un profundo dolor dentro de sí se hizo presente.

— ¡Lynn! ¡Ya es suficiente! Habías dicho cosas terribles pero eso sin duda es cruzar el límite. ¡Quiero que te disculpes con Lola en este mismo instante! —exclamó con enojo la mayor de los hermanos Loud.

— ¿Por qué tendría que disculparme? Solo dije la verdad —respondió Lynn, sin inmutarse en lo absoluto.

—Lola, ¿estás bien? —preguntó Leni tras voltear a ver el rostro lleno de lágrimas de su hermana menor.

Lincoln, desde que despertó había esperado que el resto del día pasara sin ningún problema, al menos hasta los estándares de la casa. Lo único que debía hacer era cumplir la promesa que le había hecho a su hermanita, algo simple y que no traería problemas. Al final hubieron más problemas de los que creyó capaz llegaran a pasar en una sola mañana. Ahora tendría que lidiar con algo más y ni siquiera se había librado del todo de su mal estar en la cabeza. Como siempre, alguien debía hacer algo para que los problemas no fueran mayores mientras sus padres permanecían fuera de casa. Ese alguien siempre resultaba ser él. Rápidamente, se levantó del escalón y fue directo al comedor.

— ¡Chicas, paren ya todo esto! —dijo Lincoln, llamando la atención de todas las presentes.

Lola, al ver a su hermano mayor, se secó las lágrimas con su brazo y se paró de su asiento. Con todo el dolor encima, corrió hasta las escaleras sin siquiera voltear a ver a Lincoln o a sus hermanas.

El chico apenas y pudo escuchar sus sollozos cuando pasó junto a él, pero nada más.

— ¡Espera, Lola! Lynn no quiso decir eso.

Lincoln intentó llamarla, tan solo recibiendo un fuerte portazo proveniente del piso de arriba.

«Rayos», pensó Lincoln.

Antes de ver a sus hermanas, suspiró hondo y se dijo unas palabras para sí mismo.

«Aquí vamos de nuevo», dijo en voz baja.

— ¿Qué sucedió? —preguntó el chico, dando una mirada seria a sus hermanas presentes.

—A qué te refieres con "¿Qué sucedió?" ¿Y por qué nos estabas espiando? —preguntó Luan.

—Yo... eso no importa ahora. Solo quiero saber porqué estaban siendo tan malas con Lola.

— ¿Qué? No nos veas a nosotras, se lo tiene bien merecido por chantajearte —dijo Luna con los brazos cruzados y manteniendo una mirada seria.

—Espera un segundo, Lola no me está...

— ¡Sí! Estoy segura de que esa malcriada nunca cambiará —dijo Luan, estando con sus razones de estar molesta.

—Chicas, yo pienso que debi... —dijo Leni, siendo interrumpida por segunda vez por Lynn.

—Leni, no empieces. Ya sabemos que dirás algo para que pensemos que Lola no hizo nada malo, pero no funcionará —dijo Lynn, silenciando a su hermana en el acto.

Leni se encogió de hombros, sintiéndose culpable.

— ¡Oye! ¡No le hables así a Leni! No actúes como si no hubieras hecho nada. ¿Acaso crees que nos hemos olvidado de lo que ocasionaste hace rato? —preguntó Luna, dando un mirada penetrante y molesta a la deportista.

Lynn se quedó completamente callada, sabiendo lo que había ocasionado. De todas formas no hacía nada malo. Solo trataba de proteger a su hermano menor de Lola y no había nada de malo en eso, ¿o acaso estaba equivocada?

—Luna, no seas así con Lynn. Ella está realmente arrepentida y no lo volverá a hacer, ¿Verdad, hermanita? —preguntó Leni, casi con la misma confianza de hace unos momentos.

Lynn sólo se limitó a asentir con la cabeza y no decir ninguna palabra al respecto, recordando lo que le había dicho hace un instante.

Lincoln suspiró y decidió preguntar de nuevo.

—Si ya terminaron su conversación, alguien podría explicarme, ¿Qué rayos pasó aquí?

Ante eso, Lori fue la que decidió responder, no sin antes dar un leve suspiro.

—Bien... creo que mereces saber la verdad, de todas formas esto te involucra.

— ¿Involucrarme? ¿Qué quieres decir?

Lori suspiró, esta vez más hondo. Decidió hablar.

—Vimos lo que hiciste durante la noche.

Esa declaración provocó que un sinfín de preguntas pasaran por la mente del chico, más aun sabiendo que lo que trataba de impedir había ocurrido. Su intento de silenciar a Lisa había sido en vano y además ya no tendría la oportunidad de hacer su promesa sin que sus hermanas sintieran una clase de recelo con él. En pocas palabras, todo se había ido directo a la basura.

La única opción posible que halló fueron las cámaras de seguridad, claro, no había otra forma por la que sus hermanas supieran ese detalle que asombrosamente había pasado desapercibido por todos la noche anterior. No encontraba las palabras exactas para expresar su suma intriga en ese momento, así que decidió guardar silencio y escuchar atentamente a Lori hasta que terminase decir sus declaraciones y así sacar una conclusión lógica ante todo ese asunto. Era de suponer que otra simple pelea provocaría otra pelea que rompiese todos los lazos que tenían como hermanos.

—Escucha, Lincoln. Fue muy valiente de tu parte ayudarla y eso prueba lo buen hermano que puedes llegar a ser.

Lori se levantó de su asiento y se acercó a Lincoln. Agachándose a su altura, lo tomó del hombro izquierdo. Lo vio con una pequeña sonrisa, pero con unos ojos de preocupación. De repente, su sonrisa se había desvanecido completamente.

—El problema es Lola... no sabemos si ella misma se provocó esos cortes para hacernos creer que tú se los hiciste y que mamá y papá te castigaran por eso o si tenía planeado algo en contra de ti o alguna de nosotras.

A Lincoln le costaba aceptar eso. Conocía a su hermana casi a la perfección. Lola cierta mirada cuando hacía algo malo de lo que estaba arrepentida. Mantuvo esa misma mirada desde que la había visto a la hora de la cena del día anterior y cuando la había visto llorar enfrente del baño. Tenía que reconocer que para sus hermanas no sería tan fácil cederle su confianza como para él lo fue. No podía culparlas de no creerle a Lola, había hecho cosas demasiado malas en su contra. Lincoln decidió seguir escuchando a Lori.

—Lo mejor que podemos hacer es mantenernos firmes y no creerle. Todo esto lo hacemos por nuestra seguridad y en especial la tuya.

Todas tenían una razón justa para no creerle a Lola. En el pasado les había hecho muchas cosas malas, en especial a Lincoln. Ahora solo deseaban el bienestar de su hermano, aunque tuvieran que desprestigiar a alguien de su propia familia. Lori se levantó y esperó a que su hermano asimilara mejor las cosas. Lincoln rodeó el comedor con la vista, mirando a sus siete hermanas presentes.

— ¿Hay algo más que deba saber? —preguntó.

—Sí, Lana se comió todo el pastel de manzana de papá —respondió Luna señalando a su hermana, quien tenía toda la boca llena y con un plato con restos de comida.

—Eso no es cierto —reclamó Lana.

— ¿Qué? No. Me refiero a Lola.

—Oh, entonces sí, eso es todo —dijo Luna, con una pequeña risa burlona.

—Bien. Primero que nada, quiero agradecerles por preocuparse por mí, en verdad lo apreció mucho. Segunda, sé que Lola puede ser muy manipuladora y es capaz de hacer cualquier cosa para conseguir su objetivo; pero ella realmente quiere cambiar, puedo sentir la culpa dentro de ella... también puedo entender que no confíen en ella, nos ha hecho sufrir a todos con sus macabros planes. Como la vez en que Lori no le dijo salud y a cambio Lola puso su celular en agua hirviendo.

Lincoln hizo recordar tal acontecimiento, algo que terminó siendo gracioso en su momento, pero algo grave considerando que la familia no podía darse la clase de gastos como reparar un teléfono celular.

—Literalmente ese fue el peor día de mi vida. No pude enviarle mensajes a mi querido Bobby por una semana... ¡Una semana! —dijo Lori, sacando su preciado artefacto y acariciándolo contra su rostro.

—Sí, pero recuerda que Lola se sintió culpable y te pagó la reparación con los pocos ahorros que tenía guardados —dijo Lana.

—Es cierto, o cuando me comí el último pudín que había en el refrigerador y a cambio desinfló uno de mis balones favoritos de fútbol —añadió Lynn, con una pequeña sonrisa.

—Pero no olvides que también se terminó sintiendo culpable y a cambio te obsequió los zapatos de fútbol que tanto deseabas en tu cumpleaños pasado —dijo Leni.

— ¿Lo ven? Lola no es tan mala después de todo, siempre se termina sintiendo culpable y nos recompensa de una u otra forma.

Las siete se vieron mutuamente, siendo evidente la duda en sus cabezas.

—Lincoln... no lo sé. ¿En serio quieres que confiemos en ella? Quiero decir, ¿y si nos traiciona de nuevo? No podemos arriesgarnos —dijo Lucy.

Lincoln vio con desilusión a sus hermanas. No esperaba mucho de ellas en realidad.

—Solo les pido que lo piensen mejor.

Las siete chicas se volvieron a ver, esperando a que alguna dijera algo que complaciera los deseos de su hermano.

—Lincoln... lo siento, no te podemos prometer nada. Pero intentaremos ver qué tan factible será creer en ella.

Lincoln suspiró y con una sonrisa, respondió:

—Eso es más que suficiente para mí.

Un breve silencio se hizo presente. De repente, unas pisadas al pie de las escaleras se escucharon. Lincoln esperaba que Lola se retractara y hubiese decidido bajar para hablar.

—Saludos cordiales, unidades fraternales mayores, me disculpo por la demora... en fin, ¿ya está listo el suplemento de nutrición alimenticia matutina? —preguntó Lisa.

Lincoln se desilusionó un poco, esperaba mucho para serse sincero.

—Si te refieres al desayuno, sí. En unos momentos estará listo, ¿por qué no te sientas y esperas a que termine? —preguntó Lori, ofreciéndole sentarse junto con sus demás hermanos

—Me parece perfecto, unidad fraternal número uno —dijo Lisa, sentándose en una de las sillas restantes que había.

La ausencia de Lola era clara, luego de verla llorando en el pasillo no le extrañaba que una pelea en su contra se hubiera librado mientras no estaba.

Varios minutos pasaron y la mayoría de los hermanos Loud se encontraban sentados en el comedor una vez más, esta vez no para hablar sobre Lincoln, sino para degustar el delicioso desayuno que había preparado Lori, el cual consistía de tocino frito, huevos, y dos panqueques para cada uno. El ambiente no se sentía tan feliz como habrían esperado, pero eso no les iba a quitar el apetito.

—Vaya, esta vez sí te luciste, hermana —comentó Luna al ver el plato de comida frente a ella.

—Gracias, Luna —respondió Lori.

—Ehh... ¿Lori? Estoy algo lleno por los panqueques que preparó Lola para mí, ¿Podría pasar esta vez? —preguntó Lincoln, no queriendo comer más de lo debido.

—Lo siento, hermanito. Sabes que en esta casa no desperdiciamos comida. Ordenes de papá —dijo Lori en tono firme, sirviéndoles con un sartén en mano a las hermanas restantes.

—Bien, supongo que lo guardaré para más tarde.

Al terminar, Lori se sentó en su silla para empezar a comer junto con los demás.

—Bien, hermanos, ¿hay algún tema a discutir el día de hoy? —preguntó Lori.

—De hecho sí, como sabrán, en un mes será el proyecto de arte de los hermanos Lexx y Leif —mencionó Luan, guiñándole un ojo a Lori con la intención más que clara.

Todos en el comedor a excepción de cierta niña sabían de qué se trataba ese "proyecto" y que mejor momento para hablar más perfecto como este, ¿No?

—Oh, es cierto. Lo había olvidado por completo —dijo Luna en tono de no saber nada al respecto.

—Esperen, que no se trataba del cumpleaños de Lo...

Leni trató de hablar, pero Lynn le tapó la boca rápidamente antes de que arruinase todo el plan que tenían entre manos. La chica tenía la fama de arruinar algunas, si no era que todas las fiestas sorpresas. Intentarían mantenerla sin decir nada al menos el tiempo suficiente para que la sorpresa perdurara, aunque la sorpresa no era tanto una al ser de lo más predecible con tantos miembros en la familia.

—Lo que Leni quiso decir fue que... que...

— ¡Demonios! Ovidé que tenía algunas lagartijas que metería más tarde en los pantalones de Lincoln —dijo Luan, interrumpiendo a Lynn con éxito.

—Sí, de hecho... Espera, ¿qué? —replicó Lincoln.

—Espera, ¡¿dijiste lagartijas?! Yo voy por ellas. Ya vuelvo.

Lana terminó su desayuno en cuanto se lo pusieron enfrente, así que ya no había que le impidiera ir a paso apresurado a la habitación de Luan y conseguir dichos animales. Una afición culposa que tenía, pero que a la vez amaba.

—Espera. Ni siquiera te he dicho en donde...

—Déjala, tardará un buen rato buscándolas, eso nos dará más tiempo para hablar —dijo Lori, interrumpiendo a Luan-. Bien, ahora podemos comenzar con lo que tendrémos preparado para la fiesta de las gemelas dentro de un mes -prosiguió, dando a entender que el proyecto de arte se trataba de lo que tendría preparada la familia para aquél cumpleaños.

Si bien, habían doce fechas diferentes para cada cumpleaños de cada miembro de la familia; los cumpleaños de las gemelas siempre eran algo complicados de realizar, debido a que la temática de la fiesta siempre entraba en discusión por ambas, por lo que ponerse de acuerdo era realmente difícil, sobre todo porque tenían gustos totalmente diferentes. Usualmente Lola era la que tiene más invitados, regalos y se llevaba todo el crédito en la fiesta, pero toda la familia se esforzaba para que Lana no se sintiera excluida.

—Estoy de acuerdo contigo, hermana mayor. Según mis cálculos, faltan exactamente veintinueve días, doce horas, cuarenta y tres minutos y cincuenta y cuatro segundos para que llegue dicho día —dijo Lisa, quien no requirió de una innecesaria calculadora para hacer tal cálculo.

—Perfecto, tengo planeado traer a mi banda para tocar algunas de las nuevas canciones que hemos compuesto —sugirió Luna mientras alzaba sus pies sobre la mesa y comía un pedazo de tocino.

—Luna, son niños de siete años. Literalmente odiarán tu música —replicó Lori.

—Todo el mundo ama el rock, hermana. Sé que les encantará.

—Bien, pero si algún niño queda con un trauma como en la fiesta de Lily será tu culpa.

—No me lo recuerdes, esa fue una audiencia difícil y un montón de padres molestos se quejaron de mi... en fin, "deja que haya rock" —respondió Luna haciendo su carismático seño del género rock con su mano.

—Y yo puedo dar los clásicos actos de magia y chistes que a todo mundo les fascina —sugirió Luan.

—Eso se ha vuelto muy repetitivo, pero como nadie se harta de eso, creo que está bien —contestó Lori.

—Suspiro... yo me encargaré de las invitaciones... —sugirió Lucy con su ya conocida voz.

—Estoy de acuerdo, yo daré mi aportación horneando el pastel junto con nuestro progenitor masculino —prosiguió Lisa.

—Más te vale no poner uno de tus extraños experimentos en la receta y que algún niño mute en algún horrible monstruo —dijo Lori.

—Pero por supuesto que nunca haría eso, Lori... a no ser que sean buenos sujetos de prueba —murmullo Lisa para sí misma.

— ¡¿Qué dijiste?! —preguntó Lori algo alterada.

—Yo... Yo... Dije que hay puestos de jalea —dijo Lisa con una sonrisa nerviosa.

—Te estaré vigilando de cerca, pequeña.

—Yo me encargaré de la decoración como en todos los cumpleaños y de ayudar a todos para que la fiesta sea mucho mejor —propuso Leni, muy emocionada.

—De acuerdo, yo me encargaré de buscar el mejor castillo inflable que haya en toda la ciudad y a ayudar a papá con la comida —dijo Lynn.

—Eso se oye bien, solo recuerda que tenemos un presupuesto para las fiestas de cumpleaños y no debe subir del límite.

—Lo tendré en cuenta.

—Bien, como ya es costumbre, yo me encargaré de que todo vaya acorde al plan y que todos se diviertan. Con eso creo que ya tenemos los preparativos, solo falta comentárselo a papá y mamá y...

Lori se detuvo, dándose cuenta de que Lincoln no estaba prestando atención a lo que decían. El chico estaba con la mano izquierda detrás de la cabeza, mientras que con la derecha se comía las uñas de los dedos.

— ¿Cómo me pude olvidar de ti?... ¡Lincoln! —gritó Lori, haciendo que reaccionara su distraído hermano.

—Eh... Eh... ¿Si, Lori? —preguntó Lincoln con una voz algo nerviosa.

— ¿Qué es lo que harás? —preguntó Lori.

—Pues... le prometí a Lola jugar con ella más tarde y quizás después termine de leer el tomo número ciento cinco de Ace Savvy y... —respondió Lincoln ante la pregunta de Lori.

— ¡No, tonto! Me refiero al cumpleaños de Lana y Lola —dijo Lori, molesta de que su hermano no haya prestado ni la más mínima atención a su conversación.

—Cierto —se golpeó la frente con la palma de su mano—, había olvidado por completo que es dentro de un mes... ehh, bueno, seguramente se me ocurrirá algo, ya sabes que me conocen como el chico del plan— dijo, señalándose a sí mismo con el dedo pulgar.

—Nadie te llama así —dijo Luna en gesto de burla.

—Silencio, Luna. ¿No ves que trato de convencer a Lori?

—Escucha, Lincoln. Tienes un mes para que se te ocurra algo, de lo contrario, ten por seguro que recibirás la decepción de ambas y dudo mucho que te perdonen —le dijo Lori.

—Tranquila, se me ocurrirá algo, ya lo verás... en fin, chicas. Hablarémos sobre este asunto después, ahora tengo algo importante que cumplir.

— ¿Qué tienes que cumplir exactamente? —preguntó Lucy al unísono.

—Solo digamos... que debo cumplir una pequeña promesa.

Lori asintió con la cabeza, acto seguido, el chico se dirigió a subir las escaleras, no sin antes haber dejado su desayuno en el refrigerador por si llegaba a sentir hambre.

Todas las hermanas, tras haber terminado de comer, una a una se iban retirando del comedor para comenzar hacer sus actividades matutinas.

Lori decidió llamar a Lynn antes de que se retirara, diciéndole que se sentara junto a ella.

Su hermana menor necesitaría tener otra charla con ella, con más seriedad y en privado claro está, no quisiera que de pronto llegasen sus demás hermanas y que se arruine el objetivo de esa charla, haciendo que termine con más discusiones en lugar de soluciones. De cualquier forma, era algo que debía hacer para el bien de todos.

—Tú y yo necesitamos hablar seriamente, ¿No crees?