"Capítulo 14 - Siguiendo El Guión"
— ¡Wow! Este traje es increíble —dijo Lana muy emocionada al ver su traje.
Un traje que parecía más una botarga al ser bastante robusta, tener incluido una larga cola con puntas afiladas hechas de plástico y una gran cabeza de dragón en la que solo habían dos pequeñas aberturas en la parte de la boca para dejar ver a quien la tenía puesta.
—Sabía que te gustaría —comentó Lola.
—A propósito, ¿De dónde lo sacaste? —preguntó Lana con algo de intriga, pero sin borrar la felicidad en su rostro.
—Oh, ya sabes... por ahí.
—Bueno, creo que no importa. Esto es genial, hace que mi aspecto se vea realmente espeluznante y aterrador.
Lana hizo un gesto con las manos, intentado asustar a Lola con eso. Cosa que para su sorpresa no sucedió.
—Oh, Lana. Eres muy graciosa —dijo Lola.
Esperaba alguna queja de su parte, o por lo menos le dijera que lo dejara de hacer. Lana no podía asimilar el cambio tan pronto y se vio capaz a solo hacer una risa forzada. Por un momento, Lana dejó su expresión de entusiasmo de antes y una de pena llegó en su lugar.
—Lola, yo... no debí dejarte sola ahí abajo. Debía defenderte y yo... no pude hacerlo. Realmente lo siento.
Lola la miró con desconcierto. Se acercó a ella y le sonrió.
—No importa, era lo mejor para que no te metieras en problemas con las demás. Fue lo mejor que pudiste hacer.
—Espera... ¿Hablas en serio? —preguntó con asombro.
—Por supuesto que hablo en serio, boba. No dejaría que mi hermana se metiera en problemas por algo que no tiene la culpa.
Lana se sentía desconcertada por el hecho de recibir una respuesta tan fuera de lo común.
—Vaya... no sé que decir. Esto es algo... cómo decir... Inusual.
—Supongo que es normal que te sientas así por responderte de esa manera, ¿verdad?
—Si... creo que es difícil acostumbrarse a esta nueva Lola que apareció tan de repente.
—Pues acostúmbrate lo mejor que puedas, porque este será el primer paso para conseguir una mejor yo.
La sonrisa que Lana daba solo fue perceptible para ella. Si era el comienzo como ella decía, era probable que una larga lista de malas acciones hecha por 4 años estuviera en proceso de ser corregida. Sería difícil como todo, por supuesto, el camino a una vida plena y feliz siempre era un paso que se debía dar con cautela. En el caso de Lola, había dado un primer paso algo acelerado.
De repente, tres leves golpes en la puerta de la habitación se escucharon. Lola ya tenía una pequeña idea sobre quién podía tratarse, por lo que se resguardó en sus suposiciones.
—Hmm... Me pregunto quién podrá ser —dijo.
Lola abrió la puerta, encontrándose con Lincoln, quien tenía el mismo traje blanco de príncipe que había vestido el día anterior.
—Mi lady, he llegado —dijo Lincoln, arrodillándose ante Lola.
—Mi caballero, no es muy educado hacer esperar a una princesa de esa forma.
—Lo lamento, mi hermosa princesa. Mi noble corcel se lastimó una pata y tuve que venir corriendo hasta aquí solo para verla.
Lincoln, un poco dudoso de su acción, decidió tomar la mano de su hermana para darle un pequeño beso.
—Espero que me perdone por la demora.
—Pero por supuesto que lo perdono. Un príncipe con tan buenos modales no merece tener un mal trato.
Lola parecía disfrutar del pequeño juego que había armado, aunque llegó a sentirse extraña por la acción que Lincoln decidió hacer al tomar su mano. No le tomó importancia.
—Ejem... Si ya terminaron, ¿podríamos comenzar con esto? Hace mucho calor aquí adentro —dijo Lana, llamando la atención de sus dos hermanos.
—Creo que tiene razón —Lincoln se levantó y cerró la puerta.
Al entrar en la habitación, se pudo percatar de los preparativos que había hecho Lola para la ocasión, realmente se había esmerado aun con el poco tiempo que tuvo para hacerlo. No podía esperar menos de alguien que era sumamente detallista en cada situación que se presentaba. Se sentó junto a Lana en la cama de Lola. Ella, por su parte, fue a sus cajones y sacó lo que parecían ser dos folletos. A Lincoln no le fue difícil deducir que ambos folletos pertenecían a su obra al haber visto uno de ellos el día anterior.
—Lincoln, creo que sería buena idea que lo leyeras una vez más.
Lola le entregó el pequeño folleto, a lo que Lincoln lo recibió con agradecimiento.
La portada tenía un dibujo bastante atrayente; un caballero con armadura protegiendo a sus espaldas a una linda damisela en apuros de las garras de un dragón que escupía fuego.
—Y Lana, quiero que te mantengas alerta e intervengas cuando sea tu momento. Puedes leerlo en el guion, ahí menciona la parte en la que tendrás que atacar a Linky —dijo, dándole el folleto en las manos.
Lana no pareció muy emocionada, más que nada tenía las ansias de empezar a atacar todo lo que se le topara en lugar de leer un folleto de ocho páginas. Leer no era un pasatiempo que adorara, pero al menos no necesitó de ayuda para lograr tal hazaña.
—Gracias, Lola. Ayer no pude terminar de leerlo —agradeció Lincoln, hojeando un poco el contenido del folleto.
—No hay de que, Linky... en fin, los dejaré solos para que puedan memorizar sus líneas, yo iré con el señor Sprinkles y los demás a terminar cierto asunto.
Lola caminó rumbo a una de sus sillas que estaban alrededor de su mesa de té, solo para tomar asiento junto con sus animales de peluche, un poco molesta con el señor Sprinkles por lo que había dicho antes sobre su hermano.
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Lincoln ya se encontraba en las partes finales del guion. Había logrado aprenderse casi todas sus líneas con algo de dificultad, pero lo hizo en cuestión de minutos. Su gran memoria era una de las tantas cualidades que poseía. Siempre lograba memorizar los cumpleaños de cada persona que era cercana a él, tanto así que recordaba casi con exactitud cada suceso importante que había vivido con su familia y seres queridos. Aunque a veces solía subestimar bastante su memoria y terminaba olvidando ciertas cosas.
Lincoln siguió leyendo con atención, no faltaba demasiado para terminar y comenzar a ensayar. Tal vez actuar no era su pasatiempo preferido, pero tenía su estilo para improvisar como era costumbre en él. Agradeció tomar un corto curso de actuación con Lucy un tiempo atrás. Para ser un guion algo corto, le fue notoria la creatividad que habían tomado para hacer una historia tan simple pero a la vez tan elaborada. No era nada comparado a sus comics, pero admitía que era lo mejor para una obra escolar. El chico detuvo un momento su lectura. Releyó al menos tres veces el mismo diálogo para comprobar si estaba en lo correcto. Así había sido.
—Ehh... Lola, ¿Podrías venir un momento? —preguntó, apenado.
—Claro que sí, Lincoln —respondió, levantándose de su silla tranquilamente.
— ¿Es necesario que haga esta parte? —Lincoln le señaló, un poco apenado la parte del guion.
Lola leyó con atención, al leer aquella parte mencionada por Lincoln, la tomó por completa sorpresa. A pesar de que había memorizado sus líneas desde que le habían otorgado el papel de princesa, nunca se tomó la molestia de leer el guion por completo y había optado por lo fácil que era aprenderse sus respectivas líneas. Estaba un poco de más aprenderse las partes de los demás, de todas formas no influenciarían demasiado con ella. O al menos eso pensaba antes de leer ese diálogo por parte del príncipe.
—Eh... eh... no... No es... no es...
El nerviosismo que sintió al leer las pocas palabras le impidieron casi en su totalidad la capacidad de hablar fluidamente. Quedó completamente paralizada, sin hacer o decir nada. Lincoln y Lana la miraron con confusión, era como si su hermana acabara de ver un fantasma o un reptil de Lana parado en frente de ella sin que ellos se dieran cuenta.
— ¿Lola? ¿Te encuentras bien? —preguntó Lincoln, sin recibir una respuesta al instante.
«Eso... eso quiere decir que... ¿Tendré que besar a Winston?». Pensó ella.
Un silencio algo incómodo inundó por completo la habitación, todos se quedaron callados por unos segundos. Era como si el tiempo se hubiera detenido de un momento a otro.
— ¡Sí! ¡Sí! ¡Besaré a mi querido príncipe! ¡Sí! —gritó Lola, con la emoción que sentía casi por los aires.
La pequeña saltaba extasiada de un lado a otro, sin intenciones de detenerse. Los dos hermanos la volvieron a ver, con mucho asombro en sus caras.
Winston Whisper, el pequeño niño de siete años con una familia algo adinerada, con buenos modales y un extravagante gusto por lo culinario. Lola, después de haberle entregado aquella carta tal y como todos sus hermanos habían hecho a sus respectivos enamorados, para su sorpresa no había recibido contestación alguna como había pensado con ilusión. Sin embargo, eso no le impidió intentar conquistarlo e intentar enamorarlo a su propio estilo. Esta era la oportunidad perfecta para lograr algo más con Winston, después de todo, era él en primer lugar el motivo por el que se había inscrito a la obra.
— Diablos, tranquilizate, Lola. ¿Que te sucede? —preguntó Lana.
Lola salió de su trance y se detuvo a prestarle atención. Con una sonrisa, respondió:
—Oh, no es nada... ¡Es solo que besaré al chico de mis sueños! —exclamó Lola con alegría.
—Espera... ¡¿Te refieres a mí?! —preguntó Lincoln, asustado y señalándose a sí mismo como si se tratara de él.
— ¿Qué? ¡No! Estoy hablando de ese chico... Winston Whisper —Lola Inspiró hondo al momento de pronunciar su nombre.
Su sonrojo fue perceptible para ambos hermanos. No se le daba bien disimular, y ni siquiera hizo el intento por hacerlo.
—Espera, ¿no estás hablando del chico a quien le enviaste tu carta esa vez? —preguntó Lana.
—Si... ese mismo —contestó Lola, con las mejillas rojas y un tono que mostraba lo enamorada que estaba.
—Vaya... te felicito, Lola. Por fin mi hermanita se está convirtiendo en alguien mayor —añadió Lincoln, sintiéndose profundamente orgulloso.
—¡Genial! ¿Y cuántos hijos tendrán? —preguntó Lana, intentando aguantarse la risa que podría salir en cualquier momento.
Ante esa pregunta, el rostro de Lola quedó completamente rojo. La expresión que mostraban sus hermanos era una burlona, sus bocas delataban las carcajadas que estaban por salir. Lola lo notó y apartó la mirada avergonzada e intentando cubrir su notable sonrojo.
— ¡Lana! No digas esas cosas —dijo, tapándose el rostro con uno de sus brazos.
Lincoln y Lana comenzaron a carcajear sin preocuparse del volúmen de sus voces. este acto provocó que Lola regresara la mirada a ambos con molestia.
—Muy graciosos —dijo Lola, poniéndose ambas manos en sus caderas.
El sonrojo era aún perceptible, eso no lesayudaba a los dos hermanos para detener su risa.
—No te molestes, Lola. Solo es una pequeña broma —dijo Lincoln, limpiándose una pequeña lágrima que brotó de su ojo hasta su mejilla a causa de su excesiva risa.
—Ja, ja, sí, solo es una pequeña broma inofensiva —replicó Lana.
—En fin, dejémonos de todo esto, creo que deberíamos empezar, ¿qué les parece? —propuso Lincoln a sus hermanas menores.
Ambas gemelas asintieron con la cabeza, listas para iniciar lo que parecía un largo ensayo sin una duración estimada.
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Los tres hermanos pasaron buenos momentos en un tiempo de tres horas; algunas peleas de almohadas y retrasos a causa del comportamiento de Lana por dejarse llevar demasiado en su papel, destruyendo gran parte del utiliario. Pese a todo, estaban por concluir aquél ensayo de la obra prevista para dentro de tres semanas. Un lapso de tiempo bastante largo a decir verdad.
—El príncipe lo había llegado a su destino, logró derrotar al temible dragón después de una larga y dura batalla. El valiente caballero sufrió algunas heridas, pero eso no le iba impedir encontrarse a quien tanto ansiaba ver desde hace mucho. Cansado, caminó rumbo al castillo con gran emoción. Soportó vientos despiadados, infernales desiertos, escaló hasta el último cuarto de la torre más alta... pero todo ese sufrimiento había valido la pena solo para ver a aquella hermosa dama. Al llegar al cuarto, el príncipe abrió la puerta de la habitación de la princesa, solo para encontrarse a una hermosa mujer que yacía en una cama durmiendo profundamente como el día en que la malvada bruja la había hechizado. Tan solo faltaba hacer una cosa para romper el hechizo...
Lana narraba aún con esa botarga de dragón puesta, pero eso no le impidió sostener el folleto. Observaba a Lincoln acercándose a la cama de Lola, donde esta mantenía sus ojos cerrados fingiendo estar dormida. Regresó la mirada al folleto luego de ver tal escena.
—El príncipe apartó las cortinas de la cama y se acercó a la princesa, solo para brindarle un suave y bello beso en los labios.
—Muy bien, Lincoln. Ya puedes parar de...
Sin previo aviso, Lincoln se acercó a su mejilla para otorgarle un dulce beso, tomándola por completa sorpresa y ruborizándola un poco. Lo vio con incredulidad, Lincoln sostenía una suave sonrisa.
—El guion no decía que forzosamente debía ser en los labios —dijo Lincoln.
Ante eso, Lola le sonrió levemente y con el rubor aún presente en su rostro. Lana se limitó a solo ver a lo lejos con algo de extrañeza, pero le daba gusto que sus hermanos se llevaran mucho mejor que antes.
—Ehh... creo que deberíamos seguir —dijo Lola, recostándose de nuevo como si nada hubiera pasado.
Su sonrojo ni siquiera se había ido.
Lincoln solo la miró con alegría y accedió a su petición.
—Lana, ¿podrías seguir con la historia? —preguntó Lincoln
—Claro, Linc —respondió.
Lana regresó a leer el pequeño folleto.
—La princesa comenzó a despertar de aquél profundo sueño que le provocó la malvada bruja hace ya unos días. A pesar de haber despertado de aquél sueño que parecía que duraría para siempre, esto en lugar de provocar alegría en la princesa, lo único que provocó fue tristeza. La princesa se acercó al príncipe y lo abrazó con todas sus fuerzas, pero el príncipe no sabía el porqué de su tristeza. Con la duda aún en su cabeza, el príncipe no dudó dos veces en preguntar.
Lincoln: ¿Por qué lloras, amada mía? Una chica tan joven y hermosa no merece arrastrar ninguna pena.
Lola: Lloro porque ya no soy más una princesa, mi padre ya no me reconoce y mandó a que me expulsaran del palacio. Estoy sola y sin amigos, y nadie me quiere por haber sido tan egoísta.
Lincoln: No te preocupes, todo se arreglará. Si quieres, te puedo llevar conmigo a mi reino. Ahí seremos felices por siempre.
—El príncipe le tendió una mano y le ayudó a levantarse de la cama.
Lincoln: No importa si no eres una princesa, lo importante es que cambiaste y que ahora eres buena en el fondo.
Lola: Gracias, ahora sé lo que es el amor.
—Ambos se marcharon de aquella desolada torre y fueron al palacio del príncipe junto a su noble corcel. La princesa dejó de ser cruel con las personas y comenzó a ser gentil y amable con todos los ciudadanos del reino. La princesa se casó con el príncipe y ambos se convirtieron en rey y reina del reino de Castlehard y vivieron felices por siempre. ¡Terminamos! —exclamó Lana con alegría.
Lincoln y Lola sonrieron de igual forma
—Eso fue agotador —dijo Lana, pasando su brazo izquierdo por su frente para quitar algunas gotas de sudor que le había ocasionado leer y a la vez el tener ese traje por tanto tiempo.
—Lo único que hiciste fue narrar la historia y destruir las torres de almohadas —replicó Lola
—Incluso ser dragón es agotador.
Los tres rieron un momento. Se sentaron en la cama de Lola y se mantuvieron en silencio un rato.
—Sé qué harás un gran papel, Lola —comentó Lincoln, poniendo un brazo en el hombro de esta.
—Gracias, Linky. Tú también lo hiciste muy bien, eres un gran actor.
—Oh, vamos. Tú lo hiciste mucho mejor que yo. Además, todos sabemos que serás la estrella del escenario —siguió.
—No digas eso, Linky. Sé que todos harán un gran trabajo.
En ese momento, tocaron a la puerta. Un imprevisto que ni ellos se veían venir.
«Parece que se ha vuelto costumbre tocar educadamente las puertas últimamente», pensó Lola.
La pequeña se incorporó a la puerta para atender al llamado. Al abrirla, se encontró con su hermana mayor, Lori, quien mantenía un rostro apenado y distante.
—Hola, hermanita. Que inoportuno encontrarte aquí —dijo Lori, con clara incomodidad.
—Tú fuiste la que vino aquí —añadió Lola.
Lori se sintió tonta por actuar así en frente de su hermana menor. Algo tan sencillo le estaba costando demasiado, algo que no creyó posible en ella.
—Oh... si, si, es cierto... dime —se acarició el brazo con su mano derecha—, ¿podrías bajar un segundo? Es algo importante.
Lola quedó pensante. ¿Y si la llamaban para seguir culpándola? No estaba segura, tampoco estaba segura si la llamarían para disculparse o para algo que no tuviera relevancia alguna. No perdía nada intentándolo.
—Está bien si no quieres ahora, entiendo que sigas enojada.
—No, Lori, descuida. Bajaré en un segundo. —dijo, sorprendiendo a su hermana por la tranquilidad con la que había respondido.
— Oh... bien. ¿Qué acaso no ese es el vestido que usarás para la obra? —preguntó Lori.
—Solo estuve ensayando la obra con Lana y Linky.
Lola abrió la puerta de la habitación por completo, haciendo ver a Lori a sus dos hermanos, quienes charlaban muy alegres entre sí.
«Literalmente Lincoln se ha comportado muy amable con Lola últimamente... Será mejor no preocuparme por eso, seguramente solo quiere pasar tiempo con su hermanita, eso es todo», pensó.
—Está bien, los estaremos esperando en el comedor.
Lori se despidió y bajó las escaleras rumbo al comedor.
—Oigan, será mejor que bajemos —dijo a sus dos hermanos.
— ¿Quién era? —preguntó Lana.
—Era Lori, quiere que los tres bajemos, dice que es para algo importante.
— ¿Qué puede ser tan importante? —quiso saber Lana.
—No lo sé, Lana.
—Será mejor bajar cuanto antes. Las dejaré solas. Yo iré a mi habitación —dijo Lincoln, levantándose de la cama.
—Está bien, Linky. Te llamaremos cuando estemos listas —dijo Lola.
—No me demoraré mucho, ya sabes lo que dicen: "No es muy educado hacer esperar a una princesa" —dijo antes de abandonar la habitación
Lincoln solo tuvo que girar a su izquierda para tomar su picaporte y girarlo, ingresando a su alcoba.
Tan pronto como había entrado, se quitó la capa, los guantes negros, las botas y desabrochó cada uno de los botones dorados hasta quitárselo por completo. Lo asimiló como haberse quitado un gran peso de encima, así había sido. Guardó todos los complementos del traje en su respectivo lugar. Había tardado menos de lo que se esperaba, pero sabía que sus hermanas si tardarían, en especial Lola, por lo que decidió recostarse en su cama y esperar hasta que sus hermanas lo llamaran
—Eso fue divertido —se dijo a sí mismo—. Ha sido el mejor día que he pasado con las gemelas. Casi siempre terminan peleando, pero esta vez ni siquiera lo hicieron. Ojalá y pueda repetirse alguna otra vez... bueno, es hora de leer el número ciento cinco de Ace Savvy. Nunca se sabe cuándo una nueva convención de comics vendrá a la ciudad... espero y el mazo completo esté ahí para ganar algún otro concurso, el último no terminó muy bien... no importa, sigamos con esto.
Lincoln tomó el primer comic de la pila que había al lado suyo y se dispuso a leer un par de viñetas.
Habían pasado diez minutos desde entonces y ya estaban llamando a su puerta. Fue un tiempo de relajación que había querido desde la mañana, diez minutos le eran más que suficientes para despejar su mente.
—Lincoln, ya estamos listas —dijo Lana desde el otro lado de la puerta.
El chico cerró su comic, se levantó de su cama y abrió la puerta, encontrándose con sus pequeñas hermanas ya vestidas como siempre.
—Bien, bajemos —Lincoln tomó de las manos de ambas niñas y se dirigió a las escaleras.
Al bajar, caminaron hasta la entrada del comedor, donde fueron recibidos por todas sus hermanas.
—Por fin llegan, justo estaba pensando en tomar una siesta —comentó Luna.
— ¿Siesta? o ¿noesta? —preguntó Luan, con su típico humor —. Ja, ja. ¿Entienden?
Todos suspiraron agobiados por el mal chiste de Luan, una costumbre que aún perduraba hasta estos días.
Los tres hermanos tomaron asiento en diferentes lugares y esperaron.
—Lola —la llamó Lori—. Ellas... digo, todas nosotras te debemos una disculpa sincera. Y... Lynn tiene algo que decirte.
Lynn vio momentáneamente a Lori, sintiendo un peso muy grande por admitir algo que ni ella misma admitía con seguridad. Finalmente, decidió hablar.
—Lola... yo... yo lo-lo si-siento —dijo tras vacilar, con la dificultad que sus dientes apretados con firmeza le daban.
—Lo que Lynn quiso decir fue que lo siente y que no volverá hacer, ¿verdad Lynn? —preguntó Lori, dirigiéndose a su hermana menor.
Lynn no hizo nada.
Luna habló antes de que Lola pudiera abrir la boca, interrumpiéndola.
—Perdónanos por haberte tratado mal hace rato. Es solo que... ya sabes cómo es esto.
—Lola... lo que queremos decir es que... intentaremos confiar en ti.
Lola aguardó unos segundos, inspiró y miró hacía Lori.
—No se preocupen, chicas. Sé que no me merezco su confianza después de todas las veces que he roto mis promesas... pero esta vez es diferente, ya no volveré a hacer sufrir a nadie, ni siquiera a ustedes. Sé que les costará trabajo, pero quiero que confíen solo esta vez en mí... esta vez será diferente.
—No hace falta que des explicaciones, confiamos en ti, ¿no es así, chicas? -preguntó Leni.
Todas se miraron entre sí. Con duda, asintieron con la cabeza. Una sonrisa se formó en Lola, rápidamente dijo:
—Gracias, chicas. Les prometo que no les fallaré.
Lori suspiró, intentado dejar salir sus preocupaciones con eso y le habló de nuevo a su hermana menor.
—Por cierto, nunca nos dijiste a dónde fueron mamá y papá.
—Cierto —se pegó ligeramente en la frente—. Lo había olvidado. Fueron a la consulta trimestral de Lily y arreglarían algunos asuntos en el restaurante de papá. Dijeron que llegarían a las cinco... ¿o era a las seis? —murmulló con eso último.
—No falta mucho para las cinco, ya deben estar por llegar —mencionó Lucy.
—En fin, ¿Qué quieren hacer mientras esperamos a mamá y papá? —preguntó Lori.
— ¿Qué les parece recordar viejos momentos? —propuso Lincoln.
—Eso suena bien —dijo Lori.
—Yo tengo uno, ¿recuerdan cuando fue el cumpleaños de papá e intentamos conseguirle un buen regalo? —dijo Lynn.
—Claro, gastamos mucho dinero en tontos regalos y todo para que nuestro álbum fuese el regalo perfecto —añadió Lana.
—O la vez en que un tornado llegaba a Royal Woods y quisimos que destruyera la casa para tener una mejor —comentó Luan.
—Sí, pero al final nos retractamos —replicó Luna.
—Nuestra casa también es parte de la familia y siempre será así —dijo Lincoln.
Era curioso y agradable encontrarse con un puñado de recuerdos lejanos y a la vez cercanos con los que alguna vez habían compartido vivencias de todo tipo, algunas muy absurdas e ilógicas. Lo cierto era que se la pasaban bien y podían estar ahí por horas, contando tantas historias como les fuera capaz hasta que la noche cayera y aún así podrían seguir un poco más. Hasta donde ellos sabían, todos los problemas habían quedado solucionados, sin embargo, uno en particular había quedado al aire, sin una solución eficiente que le diera a Lynn, el sentimiento de reconciliación que tanto anhelaba.
