"Capítulo 19 – No Pude Hacer Nada"

Las clases por fin habían finalizado, todos los estudiantes salieron de sus aulas para regresar a sus hogares y hacer sus respectivos quehaceres, quizás perder un rato el tiempo jugando videojuegos o haciendo cualquier cosa que no fuera tarea. Nuestro protagonista fue llenado de preguntas por todos sus compañeros desde que regresó a su salón de clases, pero este no tenía ganas de hablar respecto a ese tema, lo único que quería en esos momentos era ver a su hermana sana y salva, no pensó en otra cosa en el resto del día que no fuera en Lola y lo culpable que se sentía por haberla orillado a cambiar de actitud de un momento a otro. Pero al fin todo había acabado y pronto iba a poder verla junto con sus demás hermanas.

Lincoln se despidió de sus amigos y fue a su casillero para dejar parte de sus cosas y posteriormente ir a la entrada de la escuela como lo acordó aquella mañana. El chico caminó un rato sumido en sus pensamientos mientras que a lo lejos pudo notar la silueta de su hermana, Lisa sentada en una banca cerca de la acera fuera de la escuela. No dudo en acercarse a ella y caminó a aquella dirección sin saber cómo explicarle que su hermana había tenido un accidente, pero la idea de que Lisa pudiera sanarla de alguna forma llegó a su mente, por lo que caminó con más rapidez.

Lincoln ya se encontraba justo al lado de Lisa cuando menos lo notó, se veía concentrada en sus pensamientos y no se veía con ganas de iniciar una conversación, usualmente Lisa era así. Por más que intentaba pensar en las mejores palabras para iniciar estas simplemente no salían, era difícil iniciar una conversación con Lisa y más aun lo difícil que le es mencionar a Lola sin imaginarsela herida.

El chico miró decaído el verde pasto que se encontraba a sus pies, tratando de pensar en la mejor forma de iniciar, pero era imposible, lo único que consiguió fue recordar lo dicho el director, este no se puede quitar de la mente lo duro que debió ser para Lola vivir ese trágico momento, en especial se preguntaba ¿qué pudo haber hecho para que nada de eso hubiese sucedido? Un suspiro a su lado hizo que volviera a la realidad y volteara a ver a la responsable de aquél sonido.

– ¿Así que la hirieron de gravedad y alteraron su imagen física?

Lisa se dignó a hablar, sorprendiendo a Lincoln, quien perdió el tiempo pensando en la mejor forma de decirle justo lo que ya sabía.

– ¿Cómo lo supiste? –preguntó desconcertado.

– Puedo estar encerrada en una habitación con infantes de poco intelecto, pero puedo saber todo lo que sucede a mi alrededor por más diminuto que sea.

Lincoln no supo reaccionar ante eso, pero sin duda le vendría bien hablar con alguien para ayudarlo a pensar con más claridad, aun si se trataba de Lisa.

– No he podido dejar de pensar en ella y lo que pude haber hecho para evitarlo –dijo soltando un leve suspiro en el acto.

– Estos seres y su culpabilidad es algo incomprensible –dijo la prodigio en un tono solo audible para ella– escucha, Lincoln. No soy muy apegada a las emociones humanas como ya es sabido, pero puedo asegurarte que no podías hacer nada para evitar ese desenlace tan trágico para nuestra unidad fraternal. La probabilidad de que ese desenlace no hubiera ocurrido basado en un algoritmo científicamente comprobado es una entre diez mil... Esta realidad estuvo propensa a ese desenlace y en alguna otra nada de eso ocurrió y Lola sigue siendo la misma princesa caprichosa sin cambio alguno... Nosotros fuimos los afortunados de tener ese desenlace y posiblemente haga una acción en cadena que provoque muchos acontecimientos posteriores a este, así que te recomiendo que pienses con sumo cuidado tus siguientes acciones si no quieres que algo similar o incluso peor pueda suceder contigo, es como lo que ustedes llaman "efecto mariposa".

Lincoln permaneció inmóvil por unos segundos, procesando lo que acababa de escuchar.

– Solo entendí que debo pensar mejor en lo que hago, ¿Es correcto? –preguntó indeciso.

– Si quieres resumirlo de esa forma, está bien –la prodigio siguió en el asiento esperando a la siguiente declaración de su hermano mayor, consideraba que estaba fuera de sus estándares ayudarlo emocionalmente, pero de cualquier forma era su hermano.

– Lisa... ¿La píldora analgésica puede ayudar a Lola? Dijiste que podía curar toda clase de heridas en tan solo tres días –dijo Lincoln con la esperanza de que esa pastilla pudiera mejorar el estado de Lola para que ya no tuviese que sufrir el horrible dolor que debe estar sintiendo en ese momento.

– Corrección, dije que solo podía curar heridas internas y algunas externas siempre y cuando no fueran de gravedad. En este caso, Lola sufrió cortes que traspasaron su piel y por ende ya son consideradas de gravedad; te advierto que si la llega a ingerir puede tener efectos secundarios si no cumple los requisitos y causar serios daños en su organismo. Lo recomendable sería que sus heridas sanen de forma natural –Lisa lo hizo entender que no podían hacer eso, solo traería más complicaciones y eso era lo menos que deseaba en ese momento– pero tengo algo que podrá ayudar... ¿Recuerdas la vez en que usé uno de mis experimentos en su cabello que la hizo quedarse... calva? – Lisa tapó con su mano algunas risas que llegaron por recordar ese suceso, pero no era el momento de risas en algo tan serio como eso– como iba diciendo, desde entonces modifiqué ese experimento, terminó siendo un completo éxito y con la muestra de su cabello tendrá un efecto positivo, por lo que crecerá y regresará al mismo estado que lo tenía antes.

Lincoln se sintió agradecido por eso, quizás no pueda ayudarla con sus heridas, pero al menos si recuperaría su hermoso cabello rubio de antes.

– Sé lo que dijiste... Pero no puedo quitarme esa culpa dentro de mí... nunca debí permitir que cambiara de actitud... Desearía que esa tormenta nunca hubiera sucedido –dijo Lincoln viendo sus pies tocando el pasto, se sentía bien tocarlo. Una familiar silueta tomó asiento al lado del chico, llamando su atención.

– Te equivocas, todo es mi culpa –dijo una misteriosa pero familiar voz, a lo que Lincoln volteó con asombro al ver de quien se trataba– tú no tienes la culpa de nada, yo fui quien la hizo cambiar de actitud... Si esa pelea entre ambas no hubiera ocurrido... ella sería la misma de siempre y estaría con nosotros en este momento.

Lincoln observó que de quien se trataba era de su hermanita, Lana. Quien se veía deprimida y sin ganas de pensar en nada. Lincoln tenía que saber que no era el más afectado, comprenderlo era difícil, pero intentaría ser fuerte para ayudar a quien resultó más afectada que él.

– Lana, no pienses así, intentaste ayudarla y te agradezco mucho que lo hayas hecho –Lincoln se acercó hasta el otro extremo de la banca y le sonrió un poco.

– Gracias, Linc. Significa mucho para mi viniendo de ti –mencionó Lana.

Lisa no reaccionó mucho ante esa escena, solo los miró un par de segundos para luego apartarla y seguir con su típica mirada apática, no era que no le importaran sus hermanos, solo no sentía el mismo apego que ellos se pueden llegar a tener.

– Eso es adorable –dijo Lucy quien repentinamente hizo su aparición al otro extremo de la banca de donde ellos estaban.

Los tres hermanos gritaron asustados por el susto que les dio Lucy, aunque ya es muy común en ella dar esa clase de sustos.

– Lo siento, pero no pude evitar acercarme y escuchar de qué estaban hablando –se disculpó la gótica acercándose a sus dos hermanos, los cuales se estaban abrazando del susto que les propinó.

– Está–Está bien, Lucy. No te preocupes –dijo Lincoln soltando a la plomera y volteando a verla fijamente.

La mayoría de niños ya se había marchado y muy pocos seguían fuera de la escuela, algunos jugando o charlando entre sí, y otros esperando la hora en que fueran recogidos por sus padres, este es el caso de los hermanos Loud, quienes ya comienzan a preocuparse un poco debido a la repentina tardanza del señor Loud.

– Qué raro, papá siempre es muy puntual –comentó Lana sosteniendo su decaído rostro con ambas manos sobre sus rodillas.

– No te preocupes, seguramente tuvo un contratiempo en el restaurante –comentó el peliblanco quitando la gorra de la fontanera y acariciando un poco su cabeza para no hacerla sentir más preocupada de lo que ya estaba, no logró ayudar mucho, pero no perdía nada con intentarlo.

Al instante los cuatro voltearon a su izquierda y observaron como vanzilla hacía acto de presencia.

– Te lo dije –mencionó el chico devolviendo la gorra a su hermanita.

La camioneta se estacionó justo frente a ellos, esperando a que alguno abriera la puerta metálica para poder entrar.

Al abrir la puerta de la van, los cuatro hermanos menores notaron como sus hermanas mayores los miraban con mucha intriga y preparadas para lanzarles preguntas que no estaban preparados por responder. Sin más, subieron a la parte de en medio de la camioneta y trataron de acomodarse lo mejor posible. Lana cerró la puerta al lado suyo sin muchos ánimos de comenzar alguna conversación; un silencio algo incómodo invadió la camioneta, nadie sabe que preguntar o quien sería el primero en hablar. El señor Lynn decidió quitar las llaves del auto, sabe que una inevitable charla comenzará muy pronto y ahorrar algo de gasolina no sería mala idea, no pensó mucho en sus primeras palabras, solo dijo lo primero que se le vino a la mente.

– ¿Chicos, como estuvo su día?

Esa pregunta provocó que todos voltearan a ver a su padre con algo de enojo al ser clara la situación que están pasando.

– Papá, creo que es más que obvia la situación como para decir algo así –comentó Lori regañando a su padre, a lo que este se disculpó por su actitud.

– ¿Cómo se enteraron? –preguntó Lincoln al ya tener una idea un poco clara a su pregunta, pero decidió escucharlo directamente de la boca de sus hermanas o su mismo padre.

– Tu madre me llamó cuando me encontraba realizando algunos preparativos en el restaurante, al oírla decir que tu hermana fue llevada al hospital salí lo más rápido que pude para acompañarla. Cuando llegué lo primero que vi fue como le estaban vendando los brazos, también cortaban partes de su cabello para que se viera un poco mejor... Pero... Al ver su mirada... No pude... No pude evitar.

El señor Lynn intentó seguir hablando, pero la tristeza que sintió al recordar la mirada su hija provocó que llorara como si de un niño pequeño se tratase sobre el volante del auto; eso es algo que caracteriza al señor Lynn, al ser alguien muy sentimental y de corazón blando.

– Tranquilo, papá. Yo les terminaré de contar –dijo Lori desde el asiento del copiloto tocando la espalda de su padre.

– Los doctores dijeron que se encontraría bien, lograron quitar la abundante pintura que tenía en todo su cuerpo, también limpiaron sus ojos para que la pintura no los dañase permanentemente, solo es cuestión de días para que se recupere –mencionó Lori relatando todo el suceso que su padre fue incapaz de terminar.

Eso respondía algunas cosas, pero no estaban del todo seguros de algunos detalles.

– Perdonen la tardanza, pero papá se detuvo a contarnos todo lo sucedido –cierta niña no pudo quitarse la culpa por todo el día, quizás parte de esta podía irse si le confesaba todo a su familia.

– Perdónenme... No pude hacer nada, ellos me ataron a una silla y me obligaron a ver todo su acto... Sabía que algo así ocurriría desde un principio y permití que siguiera adelante... Le prometí que la ayudaría sin importar lo que pasara y fallé... todo es mi culpa –dijo Lana quien no aguantó las lágrimas y se tapó la cara con ambas manos mientras que algunos sollozos salían de su boca.

– Lana, por favor. No digas eso, tú no sabías que esto iba a ocurrir, fuiste muy valiente al ayudar a Lola así, estoy orgullosa de ti, hermanita –Leni muy rara vez hablaba de esa forma tan directa y llena de emociones.

– Sí, Leni tiene razón, no te culpes por algo que era inevitable. Nada de eso fue tu culpa, ninguno de nosotros tuvo la culpa, los verdaderos culpables fueron esos niños malcriados –mencionó Luna, consolarla era lo menos que podía hacer, no se le ocurría otra cosa que no fuese alguna canción que ayudara, pero no era el momento de canciones de rock que hablaban de depresión y palabras sin sentido.

– Tienes razón –se secó algunas lágrimas con su brazo– nunca olvidaré la cara de esos tontos al ver cómo la señorita Allegra los castigaba de la peor forma posible... Pero... ¿Creen que pudimos detenerla? –preguntó Lana pensando en cómo la estaría pasando su gemela después de ese momento tan difícil que vivió.

Lana no hizo mucho luego de que llegara la ambulancia, ni siquiera tenía muchas ganas de probar ese pastel de chocolate que se veía tan prometedor, luego de sacar todos sus llantos en Meli y Winston, fue al gran contenedor de basura en la parte trasera de la escuela para al menos distraer su mente hasta que tuviese que volver a su salón de clases y tener que ver a la cara a aquellos que le hicieron tanto daño a su hermana.

– No, Lana. Tienes razón, Lola tomó su decisión y eso era algo que no podíamos cambiar aún si hubiese esperado una semana o incluso un mes en disculparse con esos niños –comentó Lynn asomándose detrás de Lana para poner su mano derecha sobre el hombro de su hermana para intentar consolarla, cosa que no sucedió y comenzaba a cansarle tener que extender tanto su brazo.

Nadie llegaba a algo que pudiese ayudar, pero hablar con sinceridad quizás podía ayudar, cosa que Lori hizo con valor.

– Lana... Sé que intentaste ayudarla y te lo agradezco... Pero hay que ser conscientes de esto aun si lo que diga no es lo correcto... Lola es la responsable de que ocurriera... No me lo tomen a mal, yo la quiero y también desearía que no hubiese ocurrido... Pero su actitud la llevó a todo esto y provocó que todos la odien... Lo importante es que todo esto no pasó a mayores, pero sé que a Lola le duele el hecho de perder la popularidad que ella creía tener por su talento... Debemos apoyarla para que pueda seguir adelante aun con solo nuestro apoyo... Somos sus únicos amigos ahora.

Las palabras de Lori provocaron que todos los hermanos reflexionaran acerca de todo esto y trataran de ver el lado positivo a todo esto. aunque de positivo había muy poco, lo único que encontraban bueno era que Lola pudo comprender sus errores e intentara pedir perdón, aun si eso provocó heridas que podían sanar, pero las heridas psicológicas tenían que ser tratadas con más cuidado.

– Lori tiene razón, esto debe ser difícil para ella sabiendo que quienes creía ser sus amigos la traicionaran a tal punto de hacerle daño –dijo Luna.

– ¿Qué les parece si le compramos el pastel de fresa más delicioso que encontremos? Así talvez hagamos que se sienta un poco mejor –propuso Leni a lo que todos incluyendo al señor Loud quien parece sentirse un poco mejor aceptaron y aplaudieron la gran propuesta de la diseñadora, a lo que el señor Loud decidió conducir al centro comercial.

Una hora más tarde...

Los Loud ya consiguieron el pastel y llegaron con un notable retraso a la residencia Loud; sin embargo, nadie sabe en qué situación pueda estar Lola y mucho menos cómo se sienta emocionalmente, lo mejor para todos fue idear un plan por cualquier cosa que fuese a suceder. Todos los Loud salieron de vanzilla y caminaron lentamente a la puerta principal de la residencia, en alguna otra ocasión correrían, gritarían y serían regañados por el Sr. Grouse, pero esta vez era complicado, tampoco es que estén de muchos ánimos como para hacer su rutina diaria.

– Bien, chicos. Ya conocen el plan... Esperemos que funcione –mencionó Lori con una mirada algo preocupada, pero tenía esperanza que el plan que ideó llegara a funcionar.

El señor Lynn decidió ser quien tocaría el timbre, tras algunos segundos de espera, todos fueron recibidos por la matriarca de la familia, mostrando una imagen de ella notablemente decaída, la cual fue percibida por todos; sin más, Rita los dejó pasar y cerró la puerta hasta que el último miembro de la familia entró. Un silencio algo incómodo inundó la sala de aquella ruidosa casa, nadie se atrevía a decir ni una sola palabra ya que la situación es algo delicada, tal y como ocurrió una hora atrás en vanzilla; Lincoln no paró de pensar todo el día en su hermana y lo mucho que la quería ver, así que se dignó a ser el primero en hablar luego de no haber dicho ni una palabra dentro de vanzilla, lo único que quería saber en ese instante era conocer el estado de su hermanita y que tan grave estaba.

– Mamá, ¿Cómo está Lola? –preguntó Lincoln con una mirada de preocupación.

La señora Loud dio un leve suspiro antes de responder a la pregunta de Lincoln.

– Muy mal, ha llorado desde que llegó; no ha querido hablar conmigo y no tiene ganas de comer. Creo que es mejor que la dejemos sola por un tiempo –dijo la señora Rita con la mirada hacia el suelo, ha tratado de hacer lo posible para que su hija se sienta mejor, pero todo esfuerzo es inútil, debe ser comprensible, pues hizo lo mismo cuando perdió por primera vez uno de sus certámenes, pero esto no se trata de simples niñas modelando para jueces.

– ¿Cómo te enteraste? –preguntó Luan.

– Después de llevar a Lily a la guardería, me senté en mi escritorio para escribir un nuevo capítulo de mi novela, pero antes de que pudiera escribir, mi teléfono comenzó a vibrar, era de la dirección de la escuela por lo que conteste. En cuanto su director me dijo lo sucedido fui lo más rápido que pude mis cosas, ropa nueva para Lola y tomé un taxi que me llevara al hospital. En cuanto llegué, le llamé a su padre, creo que su reacción fue peor que la mía –relató dando una pequeña risa al recordar esa situación, aun manteniendo la mirada al piso y sin muchos ánimos– fue muy doloroso ver a Lola tan lastimada, dijeron que perdió una cantidad considerable de sangre, pero no era de qué preocuparse, le dieron un baño para quitar toda la pintura que tenía y desinfectaron sus ojos por el exceso de pintura que logró entrar, también tuvieron que cortarle el cabello y enyesar sus brazos... Con la ayuda de su padre pudimos traerla hasta aquí, todo este tiempo ha estado encerrada ahí adentro sin querer vernos, me preocupó su ojo morado, era como si alguien le hubiera golpeado con mucha fuerza, más de debida.

Al terminar de relatar todo lo acontecido, todos se miraron uno a uno. La situación era como se la esperaban, pero había que esperar a que Lola quisiera hablar con ellas o tendrían que insistirle.

– Mamá, ¿Crees que podamos hacer algo? –preguntó Luna sosteniendo el pastel de fresas que habían comprado ya hace un rato.

– No lo creo, cariño. Ha estado encerrada ahí por cuatro horas, habrá que esperar a que salga de ahí por comida o para ir al baño.

Todos se vieron decepcionados, pero tan solo es cuestión de tiempo para que Lola se digne a salir, cosa que tiene que ocurrir en cualquier momento, así que estarían alerta de cualquier movimiento de esa puerta.

– No creo que quiera salir por alguna de esas cosas. La primera vez que perdió contra Lindsey lloró como nunca antes, no se compara a esta ocasión pero ni siquiera salió cuando le dijimos que compramos su pizza favorita. No hay opción, habrá que esperar a más tarde para que logre calmarse –propuso Lynn a todos los hermanos y ambos padres.

– De acuerdo, nuevo plan. Ninguno de nosotros tocará esa puerta hasta que pasen al menos cuatro horas más, si no llega a salir por alguna razón iremos todos nosotros, ¿De acuerdo? –preguntó Lori por si había alguna duda respecto a ese nuevo plan, no era el plan perfecto, pero no había mucho que hacer más allá de forzarla a hablar con ellas.

– Oh, casi lo olvido, traje la mochila de Lola después de lo que paso –dijo Lana entregando el mencionado objeto a su madre.

– Gracias, cariño. En todo este día no has hecho nada más que ayudar a Lola, sé que ella debe estar agradecida contigo.

Todos los Loud decidieron distanciarse e ir a realizar sus deberes, ya sea tarea escolar o alguna actividad que tuvieran planeada para esa tarde... Pero cierto chico no se sentía satisfecho por lo propuesto por su hermana mayor, cierta intriga lleno su mente, como si lo que estuviera por hacer era un deber suyo.

Lincoln decidió sentarse en el sillón frente a la televisión para pensar sobre qué decisión debería tomar.

– ¿Qué debo hacer? No puedo dejarla así después de lo que ha hecho por mí estos dos últimos días... ¿Qué opinan ustedes? –preguntó Lincoln a los lectores mientras se encorvaba y ponía ambas manos debajo de su cabeza para así sostenerla.

– ¿Creen que deba desobedecer a Lori? Lynn tiene razón, es posible que no quiera hablar con nadie incluyéndome a mí... Pero no quiero que siga sufriendo de esa forma –Lincoln dio una leve pausa, esperando respuesta por parte del lector, ¿Qué crees que deba hacer Lincoln?

– Creo... creo que tienen razón, ella lo hizo para bien y no merece sufrir por un gesto que era completamente inocente... Sí, eso haré.

Nuestro protagonista se levantó del sofá y con precaución de que alguna de sus hermanas lo viera, subió las escaleras en dirección a la habitación de su hermanita, no sin antes pedirle algo más a otra de sus hermanas. ¡Toc! ¡Toc! Se escuchó como Lincoln tocó a la puerta de su hermana científica en busca de algo importante.

– Adelante –dijo la monótona voz de la Lisa.

Lincoln abrió la puerta, topándose con esta última con su bata de laboratorio puesta y un frasco en mano que parecía importante.

– Lisa, ¿Tienes ese experimento del que me hablaste? –preguntó el peliblanco algo apresurado.

– No te preocupes, sabía que desobedecerías a nuestra hermana mayor... Ya lo tengo listo, lo único que Lola debe hacer es beber de este frasco y en cuestión de segundos su cabello regresará a su estado original –dijo Lisa dando entrega del frasco que tenía en su mano.

– Gracias, Lisa. No sabes cómo te lo agradezco –mencionó Lincoln poniéndose de rodillas y dio un rápido abrazo a su hermana científica antes de ponerse de pie.

– Tranquilo, lo hago para que no digas nada respecto a lo que viste ayer... Pero también para que Lola se pueda sentir mejor –Lisa esbozó una pequeña sonrisa por ese gesto, detrás de ese rostro profesional y sin expresión se encuentra una niña de 4 años normal, puede que sea egocéntrica e incapaz de pensar en los demás en ciertas ocasiones, pero siempre habrá un espacio en su corazón para su familia.

Sin nada más que hacer, Lincoln se levantó y cerró la puerta con el frasco en mano y con sumo cuidado se dio media vuelta para tocar a la siguiente puerta, pero esta sería mucho más difícil ser abierta como lo fue con Lisa.

Al ya estar frente a la puerta de la habitación de la princesa, Lincoln respiró hondo y se preparó para lo que tenga que pasar.