Disclaimer: Dragon Ball es propiedad de Akira Toriyama, Bird Studios y TOEI Animation.
El pescado seco, los dos tazones de arroz decorados con un umeboshi y las dos tazas con té verde dispuestas eran parte de su centenaria rutina de viernes, casi tanto como sus largas conversaciones. Eran felices, y no les bastaba nadie más.
—Hermano Mayor, ¿a qué debemos semejante celebración? ¡Mi aniversario número veinte cómo asesino profesional será hasta mayo!
—¿Pai Pai, tú querer beber conmigo o no?
No acostumbraba, pero no iba a rechazar a la cabeza del Clan Grulla.
Fue más tarde, después de chocar copas y paladear el dulzor del sake, que el mayor de los hermanos anunció, en un tono grave, la ocasión que ameritaba ser amenizada con licor.
—¡Pero creí que te habías retirado definitivamente!—interrumpió su trago a medias.
—Si Emperatriz Harumaki convocarme de vuelta a Mifan, ¿quién ser humilde Tsuru-Sennin para negarse?
«CLARIDAD»
IV: Dos hojas
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Un darkfic de Una Aventura Mística
por
Esplandián
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«No era como ahora que parecemos aventadas nubes o dispersadas hojas.
Estábamos entonces cerca, apretados, juntos. No era como ahora...»
— Rosario Castellanos
Empapado hasta los huesos, Tao regresa a los pasillos cercanos a su dormitorio: las velas consumidas casi por entero dentro de las tenues lámparas.
Pensativo, se lleva las manos a la espalda en puños como es su costumbre, con la altivez característica de su clan. Aguza sus sentidos bajo la lluvia, examina los sonidos nocturnos: el aleteo de las polillas chocando con las lámparas, el croar de las ranas en los estanques, y los peces que chapotean devorando insectos en el estanque cercano, el rechinar de los pulidos pisos de madera, ¡y la sombra liquida que se escurre a escasos dos metros de él!
—En verdad que tú tener aspecto impresentable, Pai Pai. ¡Extraño que tú atrever a salir vestido así!
—Hermano, para ser Ministro ese pijama tampoco te sienta muy bien.
Hubieran sido tiempos anteriores, ambos se hubieran reído del lamentable aspecto y figura que presentaban en privado. Pero ya no estaban en las Montañas de Niebla, en el dojo de la Escuela Grulla: su hogar, abandonado por Tsuru por seguir sus ambiciones políticas; su hogar, abandonado por él, Tao Pai Pai, por seguir a su hermano sin cuestionar…
—Yo ver que tú continuar tu entrenamiento afuera. Tú no poder atender a hermano mayor por entrenar, ¡pero si poder escoltar a esa mujer al puente oeste!
Tao no traicionaría en absoluto lo ocurrido en su alcoba. Pero le inquietaba «qué» y «cuánto» había escuchado Tsuru, siempre el más sagaz de los dos.
Sin embargo, el asesino retirado también podía echar mano de su profesionalismo para salir avante y bien librado.
—Se inspecciona lo que se espera, hermano— contestó con suficiencia, divirtiendo el tema—. La banda del Rey Pilaf ya ha comenzado con el proyecto.
—Espero que tú no "trabajal doble" por supervisar. Yo creer que ser mejor que tú hacerlo sólo, personalmente, y sin "distracciones"—alargó la última palabra para enfatizar.
—Tan sólo quería asegurarme de que mi asistente había cumplido su parte— replicó, con el tono impersonal que reservaba para sus clientes.
Los lentes ahumanos y rojos de Tsuru no ocultaban las cejas arqueadas a causa de la sospecha.
—¿Acaso un paraguas también ser parte de tus inspecciones?
—Necesitaba una excusa para cruzar palabras con ella.
—¿Y eso no parecer inusual? ¿un caballero con una mujer, que ciertamente no ser una "dama": los dos, solos, en medio de la noche?
—Ciertamente no es inusual que un caballero provea a una dama de un paraguas. Sobre todo cuando dicho caballero es lacayo de aquel que la pretende insistentemente… ¡pese a todas las rotundas y muy evidentes negativas!
—¡Cállate! —Tsuru aprieta los dientes, conteniéndose.
Las velas se consumen finalmente rindiéndose a los vientos. En aquella hora oscura, un relámpago rasga los cielos, encegueciéndolos con su dominante blancura.
Tao desvía su mirada, ¿qué hacían los dos discutiendo por una mujer que no les daba la menor importancia como hombres? ¿qué hacían dos hermanos compitiendo por una mujer que, si bien se había acostado con uno, sólo lo hacía por perseguir el placer propio y sin ningún otro fin?
—La fortuna debe de haberme abandonado, querido hermano— algo entre furia y tristeza, entre añoranza y culpa, bulle debajo de la compostura fría que adopta—. No es tarde para que dejemos todo esto, y volvamos a casa.
Es entonces que el sonido del trueno los ensordece.
—Yo no creer en la fortuna, Pai Pai: yo sólo puedo creer en lo qué puedo hacer. Así que, ¿tú ayudar mañana con la esposa del Conde Dai, o no?
