Disclaimer: Dragon Ball es propiedad de Akira Toriyama, Bird Studios y TOEI Animation.


Si de guerras de miradas se trataba, era Tsuru quien siempre ganaba.

—No tengo opciones, querido hermano. ¿Qué sugieres? O mejor dicho, ¿qué ordenas? —quería desembarazarse y ducharse lo antes posible, por lo que prefería evadir cualquier discusión con Tsuru.

—Ten Shin Han requerir más aliado en corte. El Ministro Dai podrá no escucharme a mi, o a ti, pero seguramente escuchar a su respetable esposa.

—¿Así que ahora sí quieres que actue cómo el agente de "relaciones públicas" de Ten? Iba a hacerlo de todas formas en su gran debut en "El Gremio", así que no hay remedio…

—Vamos. Sus talentos serían desperdiciados en "El Gremio", y tú saberlo. Sólo necesitar ser tú mañana, beber un té con Condesa Dai, y discutir minucias mientras yo reunir con su marido para discutil planes estlatégicos. ¿No parecer vacaciones para ti?

—Casi cómo ir a las paradisiacas Islas del Sur— a visitar a Muten Roshi, por supuesto...

Tao estaba demasiado cansado para disentir. Se había convertido en asesino profesional para evadir los sueldos bajos y las intrigas, pero PRINCIPALMENTE las "charlas" con la Condesa Dai, ¡quién siempre lo había tratado con una cercanía inadecuada!

—En ese caso, yo ir a tomar mi sueño reparador con tranquilidad. Sugerencia que tú hacer igual, ¡mañana esperar un largo día en nuevo nombramiento de Ten!

Tao se adelantó a su habitación para eliminar toda evidencia de "su crimen".

Tomando una ducha caliente (hirviendo, para no sentir la frialdad en sus adentros), decidió terminar lo inconcluso rememorando lo que sólo debería quedarse como un recuerdo, y no como una tentación de un posible. Con su mano izquierda, imitó el ritmo que la coronel le había impreso en la carne enhiesta.

Conociendo cómo conocía su propio cuerpo, el alivio vino tan pronto como la realización de su vergüenza. Aún así, el deseo no se vio saciado del todo.

Ya fuera de la ducha, cepilla su largo cabello negro con esmero, y se ve al espejo: realmente es un hombre entrado en años, cuyo rostro había sido cincelado en una mezcla de brutalidad y refinamiento. Su labio inferior apretaba en un gesto de frustración que se extendía debajo de los altos pómulos. Y sus ojos rasgados y negros: ¡crueles y severos cómo los de un verdugo!

Maquinalmente, por fuerza del hábito, trenza su cabellera: no hay nada de humano en él, salvo el amor a su hermano. Por lo demás, bien podría ser un androide o un demonio sujeto a las ordenes de un amo. No era muy diferente a Akkuman y los monstruos que servían a Uranai Baba, ni en disposición ni en edad…

Afuera el cielo retumbó bajo un trueno, reanudando la lluvia.

Después de mentalizar el plan para el día siguiente, se tumba en su cama aún impregnada del aroma de Violeta. Con su palma izquierda recorre las sabanas, y el espacio en el que ELLA debía de estar.

Paulatinamente, la lluvia arreció de nuevo doblegando al durazno, el árbol fuera de su ventana…

Tao no era un hombre que se entretuviera en "los posibles", pero esa noche se preguntó:

«¿Qué será compartir un lecho?»

Pensó en aquel cuerpo tibio y su presencia, en el deseo y la furia y el resto… en esos ojos claros de fuegos fatuos…

Siendo honesto, le hubiera gustado que se quedara.


«CLARIDAD»

VI: Antipatías

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Un darkfic de Una Aventura Mística

por

Esplandián

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«Las antipatías violentas son siempre sospechosas y revelan una secreta afinidad.»

William Hazlitt


En el micro-universo que es el Imperio Mifan, tal y como Tao ha constatado con los siglos, el detalle intricado de las prácticas ritualistas imperiales inducían sopor hasta en los más leales súbditos de la corte. Al menos tres ministros habían suprimido bostezos detrás de sus mangas y abanicos, y Tao se sentía invitado a imitarles.

¿Por qué querría alguien, en su sano juicio, convertirse en el Emperador de Mifan y practicar tal parafernalia inconsecuente todos los días, a la misma hora, por el resto de su vida? El Emperador era en verdad Hijo de el Cielo, y descendiente de dragones, si le era posible endurar todo aquello día tras día, pese a no tener más de siete años, y unos escasos 138 centímetros de estatura.

Ataviado en imperial rojo, con el emblema de «El Dragón y la Perla» bordado en oro y filigrana, no había nada en ese niño que no estuviera cubierto de perlas y piedras preciosas. Para Tao, un asesino, le era evidente el hedor a muerte que desprendía el pequeño incluso con el pesado olor a incienso presente en toda la instancia real.

Bastaba ver la palidez mortecina de el pequeño Emperador, disimulada con un maquillaje blanco, y chapetes carmines, para darse cuenta de que había algo falso y perturbador en aquel niño que gobernaba una nación entera: el Emperador Chiao Tzu I, real soberano de Mifan, la Capital del Este, la Tierra Sagrada de Karin, y las Montañas de Bruma en las Fronteras del Norte.

A los pies del Emperador Chiao Tzu se inclina un joven altísimo y de porte impresionante.

Ten Shin Han, de apenas dieciséis años, se arrodilla demasiado, incomodo y acalorado por la pesada túnica verde, las botas de montar, y el sombrero del que pende una única pluma de pavo real. Pero es el distintivo en su pecho el que anuncia el verdadero y nuevo rango que ostenta, pese a su incipiente juventud y desconocimiento: es ahora el consejero personal, y erudito encargado de la educación del Emperador.

¡Cuántas aspiraciones había truncado de tajo! Aún el mismo, Tao Pai Pai, el Asesino Más Famoso de el Mundo, es sólo un simple guardaespaldas por carecer de aquel arbitrario requerimiento que elevaría a cualquiera en los escalones del poder en el Imperio.

La jerarquía en el micro-universo que es el Imperio Mifan estaba determinada por un solo factor: el poder psíquico.

El joven emperador lo poseía a raudales, incluso con sus habilidades selladas; y sólo segundo a él, estaba el pupilo que tanto Tsuru y Tao habían tomado bajo sus alas, aquel muchacho de inmenso poder que había despertado un tercer ojo. Y como tal, le correspondía un lugar cercano al "corazón de el imperio"…

Susurros malintencionados.

Exclamaciones disputadas.

Envidia silenciosa.

Amenazas veladas.

Sólo Tsuru Sennin sonríe ampliamente complacido con el nuevo nombramiento, mientras que la mayoría de los presentes ven evaporarse sus oportunidades de aspirar al poder: Ten Shin del Clan Han es un arma de dos filos; un peón posible para los que conspiran; un asesino en potencia que bien remplazaría al niño cadavérico de mermada salud que ocupaba el trono…

O peor aún: ¡un sujeto enteramente leal al Emperador!

El joven y rubio General de la Guardian, Ao Blue, murmulló al terminar las formalidades de el nombramiento de Ten Shin Han a manos del Emperador. "Murmullar" no era tan exacto como decir "exclamar": impoluto y gallardo, Blue siempre era el imán de atenciones y miradas, tanto de hombres como de mujeres. Por ello, ninguna intervención suya pasaría jamás desapercibida.

—Refrésqueme la memoria si puede, Excelentísimo Primer Ministro Tsuru—pronuncia en su voz fresca, de dicción impecable —. ¿No son los Han acérrimos enemigos del Hijo del Cielo? ¿No es el tercer ojo el estigma y castigo justo por su traición?

— General Blue, ¿acaso se atreve a poner en tela de duda sabías resoluciones de su majestad? —responde Tsuru con toda la templanza que le permitía su volátil temperamento—¿Acaso no ser el Emperador, el Hijo del Cielo, magnánimo con enemigos al ser estos sus súbditos también?

Con el tiempo Han aprendería sobre la malicia, y encontraría los matices escondidos en la disputa entre Tsuru y Blue.

Tsuru sabía bien que hilos movía, incluso cuando Ten ignoraba su propia importancia.

Tao había tenido que "ceder" a Ten, su potencial sucesor en el negocio de el asesinato bajo pedido (o mejor dicho, exigencia) de Tsuru. Incapaz de contrariar a su hermano mayor, vio esfumarse de sus manos la oportunidad de comenzar su propia escuela de asesinos con un alumno digno de sus enseñanzas.

Primero había sido lo de Ten, y después su carrera de veinte años cómo asesino: Tsuru había ido tomando paulatinamente, más y más de Tao. Aunque se había prometido no volver a yacer con la Coronel Violeta, se sentía tentado a repetir la experiencia esa misma tarde tan sólo para descargar la frustración que lo corroía por dentro.

Frustración que sólo crecía cuando se encontraba con el General Blue, su acérrimo enemigo en la corte... enemigo que lo humilla al pasar a su lado con una sonrisa despreciativa por estar encima de Tao dentro de la jerarquía palaciega, pero que lo ignoraría para encarar a Tsuru ante la menor provocación.

—El Emperador es magnánimo sin mesura, Ministro. Pero ¿a qué providencia se debe tal resolución? ¿Qué ave debió posarse en su divino hombro y cantarle al oído? —pausó, fingiendo juvenil ingenuidad al alzar el tono a una nota extrañamente afeminada— ¿Una grulla tal vez?

—¡Cierra la bocota! — si alguien podía inducir en su hermano Tsuru una rabieta, era ni más ni menos que Blue.

De naturaleza más bien reservada, Ten interviene en la discusión entre Blue y Tsuru con su presencia física. La vergüenza le cruza el rostro: imposible, por siempre, para el adolescente Han olvidar que un tercer ojo marca su frente como una maldición. De haber seguido el camino del asesino a sueldo, aquel ojo sería motivo de notoriedad y no de escarnio…

Pese a ser tímido (y un poco bruto), Ten Shin Han era mesurado más allá de sus años. Tenía la cualidad de inspirar confianza en otros, y de encontrar siempre las palabras atinadas para suavizar los entuertos propios y ajenos.

—General Ao Blue, las aves migratorias son pasajeros augurios. Es la recomendación del azul del cielo el que inclinó la balanza finalmente: su majestad confesó que desea ser un erudito, y un guerrero como usted. Y cómo tal, solicita su presencia al instante—esa si que era una intervención divina, antes de que Tsuru y Blue dieran un espectáculo en plena sala del trono—. Por favor, permítame acompañarle.

El Emperador Chiaotzu, Hijo del Cielo.

Y Ten Shin del Clan Han.

Dos que deberían odiarse por pertenecer a clanes imperiales antiguamente en pugna. A Tao sin embargo no escapa la mirada blanda en los tres ojos del ciclope, y en los dos ojos azules del General, cuando se trata del Emperador. Detalles cómo esos haría notar a su hermano bajo la fachada de servil profesionalidad.

—Bajo todo ese musculo y altura, Ten Shin Han es un sentimental, Ministro Tsuru. Aunque sabe cultivar alianzas por demás inesperadas, ¿quizá sea del gusto del General Blue?

—Cualquier hombre joven ser "del gusto" del General Blue, Tao Pai… cómo cualquier hombre ser "del gusto" de la Coronel Violeta…

¡Lo estaba tanteado! Centrando su atención en el General Blue y en Ten Shin Han conversando animadamente con el Emperador, pretendió desinterés ante la ofensiva indirecta.

—Ah, sí.

Extrañamente, Tsuru desistió en su intento.

—Ayuda a este viejo, Tao Pai— simula cojear ligeramente, encorvándose un poco para parecer más frágil de lo que realmente era. ¡El mayor de los Grulla era un actor nato capaz de fingir demencia senil y bonachonería cuándo se lo proponía!


A un par de pabellones lejos del salón real, con la vista luminosa del lago que rodeaba el palacio, el mayor de los Grulla dio por finalizado su acto al estar fuera de la vista del resto de los ministros y altos mandos.

—Yo tener tu bienestar en mi agenda de importancia, querido hermano.

—¿Entonces vas a pagarme honorarios equivalentes a los que estoy perdiendo con esta "incursión" tuya?

Siemple ser tan ambicioso, Pai Pai… pero bienestar no ser tan sólo monetario. Tú tal vez deberías saber con quién estar lidiando, por que tu "asistente personal" no ser inofensiva dama acosada por un viejo cómo yo exactamente.

Tsuru no se iba a quedar tan tranquilo hasta no ver una reacción en Tao. Blue lo había provocado y necesitaba alguien en quién desquitarse: su hermano menor, ni más ni menos.

—Ella fue amante del Comandante Red… aunque él no pareció muy acongojado de partir con la coronel con tal de cerrar trato con Emperador—sonrió de medio lado, al tirar de su gris y escaso bigotillo que lo hacía parecer un bagre—. Yo no poder evitar más que preguntarme, ¿por qué?