Disclaimer: Dragon Ball es propiedad de Akira Toriyama, Bird Studios y TOEI Animation.
Empapado, el pequeño felino añil se sacude pareciendo una molesta bola de pelo.
—Yo no fui quien te retuvo afuera: tuviste oportunidad de entrar y hasta ahorita lo hiciste. No me culpes por terminar como trapeador después de tus correrías…
El animalillo camina hacia ella, ronroneando al frotarse contra sus pantorrillas. Con fingida desgana, ella lo recompensa con una caricia detrás de la oreja.
Violeta acepta tener una debilidad por esa criatura poco agraciada y difícil de domesticar. Era una pequeña cosa brutal que había mordido unos dedos, y sacado otros ojos, de más de un (ex) oficial fusilado de la doble erre. Era tan feroz que, aún asustada y nerviosa, terminó por morderle la mano al Comandante Red durante una junta con el Ministro Tsuru. En cuanto el sennin abandonó la sala, Red sacó su revolver.
«¡Maldito animalejo traicionero! ¡Me has hecho quedar en ridículo!»
«Comandante Red, es un desperdicio de balas sacrificarlo. Si no lo quiere, yo sí.»
Violeta no lo culpaba: el Ministro Tsuru ponía nervioso a cualquiera.
Preciosura —sí, así le bautizó el Comandante— era un pequeño desastre de pelo añil: uñas, colmillos y largas orejas puntiagudas. Su carilla achatada y ojillos rojos se encargaban de hacerlo parecer más un demonio que un gato; bufaba más de lo que maullaba, y era exigente por añadidura.
Seguramente la comida seca del hoy no se parecía en nada a las viandas del ayer, pero «Preciosura» ya no vivía con el Comandante exactamente…
—Agradece que estoy dispuesta a gastar una parte de mi salario en ti. No estamos para desperdiciar.
Era agradable tener quien le recibiera en casa desde el primer momento. Antes de mudarse a ese departamento tan pequeño, después de terminar alguna campaña de la Red Ribbon, acostumbraba a regresar al lujoso Penthouse que compartía con Black. A cada regreso había una constante: siempre estaba vacío.
El Penthouse estaba ubicado en la bahía, con una vista espléndida al mar; y de lejos podía apreciar también el anaranjado Templo de Oorin aferrado a la roca de las montañas del norte.
La vista que más le fascinaba era la Ciudad Prohibida de Mifan erigida sobre un sitio imposible—un cráter dentro de un cráter dormido, un lago dentro de otro lago—. Sus rojos palacios y templos formando un tupido laberinto en la maleza, sus murallas, sus torres y sus puentes asomándose al vacío. Todo, una miniatura de un cuento de dragones y magia.
Podía contemplarla por horas, imaginando las historias que la Abuela Fan le había narrado alguna vez, mismas que ella repitió a su hermana menor cuando aún eran niñas. Esa nostalgia le conducía a llamarle por teléfono a RanFan, y a avisarle que había regresado con vida tan sólo para escuchar su risa.
Esperaba el día, tratando de disfrutar de una domesticidad a la que se volvía extraña después de cada batalla.
«Violeta, felicidades: otra campaña exitosa» era Black con su queda sonrisa, con un ramo de rosas fragantes. Siempre llegaba a altas horas de la noche, despertándola en la cama que compartían tras un sueño intranquilo.
No era dada a romanticismos, ni tenía inclinación por la dulzura, por que quizá eso le era ajeno. Pero todo el amor que sentía por él se le agolpaba en el corazón para decirle lo más que podría permitirse:
«Te extrañé»
Su abrazo, su cariño, eran la paz después del combate. Junto a Black encontraba una tranquilidad y una confianza que no podía tener con nadie más. Daba a su amor, a su fidelidad y a su lealtad la fuerza de un juramento inquebrantable.
Una década de todo eso: un mundo tan ilusorio como lo era Mifan a la distancia.
«¿Royal Nature Park? ¿Isla Monster? No, allá no me sirve del todo, Coronel Violeta. ¡Irá a Mifan!
» Si no está de acuerdo con la transferencia, necesitará la firma de Tsuru-Sennin y de su General…
» Pero antes, quiero que le de un mensaje a Blue de mi parte…»
Suspira, ahora que el Palacio de Mifan aparece a su vista como una perspectiva más mundana desde la ventana de su recamara: a lo alto, sólo es unos puentes en semicírculo, unas pagodas viejas y unos techos de tejas azules.
Lo único «mágico» de Mifan era que Violeta vió su cheque reducido a un tercio desde su transferencia…
—Creí que la siguiente semana iba a poder darte una de esas latas de comida exageradamente caras—si, así se había encariñado con Preciosura—. Pero hoy hice una tontería, ¡sólo espero que no me despidan por eso! En todo caso, los dos tendremos que acostumbrarnos a comer comida seca por un rato…
«CLARIDAD»
VIII: Indecente
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Un darkfic de Una Aventura Mística
por
Esplandián
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«En la esencia misma de la poesía hay algo indecente: expresamos cosas que ignorábamos tener en nosotros.»
—Czeslaw Milosz
Si Tsuru-Sennin no había optado por convertirse en poeta o literato durante su retiro, realmente debía reconsiderarlo, puesto que tenía dotes suficientes para ello…
—Yo verlos ahí, en sala de reuniones: ¡juntos como dos granos de arroz!
Tendría que felicitar a su hermano mayor por encontrar tan excelente uso de las figuras retóricas. Si planeaba despertar celos en él, erraba por mucho: era consciente de lo casquivana que era Violeta, su asistente personal. Tan bien le parecía una muchachita como Mai, como un hombre de (aparente) mediana edad como él mismo (y todo un arcoíris entre medio) si de intercambios "afectuosos" se trataba.
—El Comandante Red, rapaz como halcón, con manaza recorriendo fino talle; el zafiro de su anillo titilando bajo turbias lámparas…
—Hermano, todas las cuestiones relacionadas con la Red Ribbon son «turbias», incluso para mis estándares…
—¡¿Tú querer callarte y dejarme seguir!? Y bien… ¿En qué ir yo?
—En sus «turbias lámparas».
—¡Ah, sí! —Tsuru aclaró su garganta antes de continuar—. Ella casi reclinada sobre escritorio, con delicada mano suya en la corbata de Red. La Coronel Violeta vestida con qipao corto e indecente, provocándolo, como ser su costumbre e inclinación…
Realmente, ni Tsuru ni Tao tenían la autoridad moral para hacer comentarios sobre la «decencia» de nadie, mucho menos de una prenda de vestir…
Tao no se sentía capacitado para emitir evaluaciones morales de un «qipao corto e indecente» después de la noche anterior: un uniforme militar mostaza de Mifan no había prevenido que Violeta y él realizaran actos indecentes en manera alguna, sin importar lo espantoso, y poco favorable, del corte y diseño.
—Tan adentrados estar ellos en su arrebato carnal, que ignorar mi presencia al umbral de la puerta…
¡Kame-Sennin y Son Gohan si que hubieran disfrutado el relato completo!
—¿Y supongo que todo eso te dio la idea de que ella podía hacer lo mismo por ti, querido hermano? —ahora, el viento soplaba a su favor, y podía contratacar con gusto al primogénito de la familia —¿Es por eso qué firmaste el leonino contrato con Red?
–¡Sí! —graznó Tsuru con convicción antes de captar la barbaridad dicha en la emoción del momento— Es decir… ¡No! A lo que yo ir es que tú despedir a ella antes que meternos en problemas.
—Yo soy quien paga, por lo tanto, yo soy quien decide—respondió reacio—. Además, si la despido seguro nos delataría con mayor razón…
—Siempre tú poder liquidarla tal vez.
—Creí que dijiste que no liquidara a nadie…—estrechó los ojos, desconfiando de su hermano. Por un lado, no paraba de hostigar a Violeta, y por otro le sugería eliminarla… ¿qué estaba tramando?
—Yo realmente referir a que tu pagar su silencio, y dejar de emplearla.
Realmente no estaba dispuesto a ceder en esto: pudo ceder a Ten Shin Han; y su carrera de dos décadas. Pero no haría una tercera concesión, fuera cual fuera… si seguía cediendo, Tsuru tomaría aún más de él hasta dejarle vacío…
—Permíteme clarificar —Tao cerró los ojos, exasperado—. ¿Quieres que trabaje para ti, sin hacerme notar, sin liquidar a nadie, y empleando una milésima parte de mis capacidades para parecer inofensivo? ¿Y encima esperas que lo haga yo solo?
—Sé que tu poder darte abasto con eso y más, Pai Pai.
—Yo no me doy abasto con ser tu secretario, asistente personal, e informante—se da media vuelta, tratando de ocultar su expresión de molestia—. ¡Bien puedo echar mano de ella y delegar! Tú haces tus cosas a tu manera, y yo hago las mías a mi estilo.
Su hermano mayor lo conocía lo suficientemente bien cuando se exasperaba en una medida sin retorno; entonces cambiaba su tono a uno mesurado, dispuesto a razonar.
—Ella ser enviada de Red—atajó Tsuru—. Información que tú dar a ella, información que llegar a él. ¿Cuánto sabe?
—Sólo sabe que es un proyecto sorpresa para el Emperador, por lo que es importante que guarde discreción.
—¿No te pareció sospechosamente fácil la manera en la que pasaron por delante de las narices de Blue? ¿Ya les consiguió pases de estadía en el palacio?
—Está en proceso de hacerlo. Sí.
Pudo sentir la inquietud de Tsuru acrecentarse.
—¡Tú olvidar eso, Pai Pai! Yo no desear que quede constancia de estadía de Pilaf y compañía en el castillo. Habrá que eliminarlos una vez que terminen. Ve y busca a la coronel, ¡tú retirar tu orden cuanto antes!
Ya en los pasillos, si el asesino retirado no había sopesado las palabras de su hermano mayor, ahora las tomaba en consideración. Sin embargo, Violeta no parecía tener demasiadas razones para estar involucrada en la política: claro que él tampoco las tenía, y sin embargo apoyaba a Tsuru.
Y si el fin de la mujer era informar, ¿no le hubiera sido más fácil dejarse galantear por Tsuru?
Una parte de él se sentía torpe por haberse permitido que ella lo sedujera, si es que realmente era la informante de Red. ¿Cuál era la preocupación primordial que la movía a actuar cómo lo hacía?
A la Coronel le preocupaba perder su nuevo empleo de medio tiempo. Tal vez entregar o-bentos para ese curioso trío iba a ser su última tarea, así que lo había hecho de buena gana.
El duendecillo azul, el ninja canino, y su adorable "gatita" Mai habían redecorado el laboratorio con diagramas, planos y esquemas en menos de un día. Seres inofensivos si los había: los pobres habían derramado un par de lágrimas por comer algo medianamente decente…
—¡Esto está delicioso! —sólo alguien famélico como ellos hubiera dicho tal cosa de la comida de tienda de conveniencia.
En cuanto a los pases… Tao y ella habían estado "demasiado ocupados" anoche como para recordar el formato debidamente sellado que estaba en la oficina de Tsuru-Sennin.
Francamente, una "noche de pasión" no valía un empleo de medio tiempo que pagaba bien; especialmente cuando ésta ni siquiera calificaba como una noche de pasión exactamente.
Tao era un 6 de 10: apenas pasable en su escala amatoria. Como regla general, no se quedó a dormir, no después de semejante decepción… decepción que no repetiría con su potencial ex jefe de medio tiempo a menos que no tuviera suerte en otro sitio.
Le había agradado Mai en primer lugar: le agradaba aún cuando engullía su comida con avidez desmedida, y estaba a punto de ahogarse con un onigiri. ¡Era francamente adorable!
Si Violeta se había rendido con Mai, había sido precisamente porque ya no tenía tanta paciencia como para invertir toda la noche en "instruir"a una primeriza, y encima el asunto ponía de malas a Tao Pai Pai, su jefe de medio tiempo.
Pero cuando se quiere algo, no importan los medios sino el fin. De ambas opciones, Tao había parecido la más viable, ya que por su edad aparentaba ser un veterano retirado que no conseguía mucha acción (a juzgar por su cara de amargado), pero con suficiente experiencia en campo como para ahorrarle las molestias.
De hecho, Violeta había esperado una negativa: pero nada se perdió con intentar. Era mejor que acostarse con algún otro de sus superiores oficiales, Tsuru Sennin, o sus inferiores… cosa que realmente podría costarle como en la ocasión pasada.
Mientras el "trío dinámico" rendía cuenta de un segundo o-bento por cabeza, Violeta se cruzó de brazos en una esquina, cavilando.
Decapsuló el paraguas rojo: ese había sido un detalle extraño, fuera de carácter. Inspecciona el paraguas inusualmente pesado, un sonido de clic llama su atención: el mango es retráctil, y ella se anima a examinarlo más detalladamente hasta descubrir una hoja metálica.
—Una katana oculta… ¿quién lo diría?— el brillo plateado del arma se refleja en el rostro de la coronel.
Después de todo, parecía que el hombre realmente era un guardaespaldas profesional, y no sólo un secretario quisquilloso…
Tal vez Tao era un 7 de 10... si lo reconsideraba…
Aunque Tao era un igual en la jerarquía palaciega, no era su igual cuándo se trataba de sus encargos. Detalle en el que debió pensar antes de hacerle una propuesta…
Ridículo. ¡Claro que él no iba a despedirle por eso!
En verdad, tener sexo poseía el mismo significado que irse a tomar una cerveza o a comer juntos, en su opinión se traducía a pasar un buen rato con alguien que le agradaba lo suficiente como para no dispararle.
Si fuera un hombre, sus elecciones, amoríos y demás hubieran sido perdonados con mayor facilidad, e incluso le hubieran ganado el título indiscutible de "Casanova".
Claro que había un detalle: Violeta no era un hombre. Le iban a llamar "indecente", cómo mínimo.
Como siempre, a Violeta terminaba por vencerle su avaricia traducida en lujuria… ¡y ya después del rapto, pensaba en la consecuencia de sus actos!
Este error iba costarle, ¡aunque claro estaba que ella no se rendiría tan fácil!
