¡Hola personitas! Como estan? como se los va?Jajaja lo se y entiendo, tarde DEMASIADO! en actualizar pero pasaba por una crisis inspiracional :/

peero aqui estoy nuevamente con un nuevo capitulo,espero que les guste! Mmm por el momento es todo, no es demasiado largo pero es algo ;). Nos leemos en unos minutos!

NOTA:: Los personajes pertenecen a nuestra admirada y querida Stephenie Meyer.


En la casa Cullen…

La señora Cullen se levanto molesta de aquella gran silla y miro de una forma reprobatoria a su hijo.

-Edward acompáñame- le ordeno y el dudo un momento. –Edward- le llamo de nuevo, el aludido suspiro y miro a Isabella.

-No tardare- le dijo en un susurro y beso ambas manos de la joven. Ella solo asintió algo intimidada por la dura voz de la señora Elizabeth Cullen. El joven Edward la siguió hacia una habitación en donde pudieran hablar sin ser escuchados, cerró la puerta en cuanto entro esperando los sermones de su madre que le daba la espalda.

-Has enloquecido- declaro ella con aquella severidad impregnada en su voz. – ¿Cómo puedes hacerme esto?- le reclamo volviéndose para mirarlo de frente.

-La amo madre, la quiero como madre de mis hijos y la necesito a mi lado- declaró él sin temer a su madre y sus prejuicios.

-Pero que dices, ¿Quieres a una jovencita con tierra en sus manos cargando y alimentando a tus hijos? Ella no es de TU clase, NO es de NUESTRA clase Edward. Según sé es hija de un simple ayudante. ¿Qué dirá la gente cuando te vea por las calles con esa mujer? ¿Qué dirán cuando vean que desposaras a una cualquiera que vivió en tu habitación por tanto tiempo?- le dijo de una forma acusadora e intimidante, aunque en su hijo no surtía tanto efecto como en otras personas del pueblo. Él se irguió con calma.

-No será de nuestra clase pero es una mujer inteligente, fuerte y hermosa. Isabella no sería capaz de tocar a nuestro hijo con manos sucias, de hecho es mucho más admirable que cualquier joven de nuestra clase. No me importa de quien podrá ser hija, me importa un comino lo que la gente piense pues jamás dejaran de hablar y siempre encontraran algo malo en las personas. Isabella es una mujer decente, las razones por las cuales estuvo en mi habitación todo este tiempo solo son de mi incumbencia y los demás no tienen porque saberlo- le dijo manteniendo la calma, su madre lo miraba con los ojos muy abiertos, claramente exaltada. –La amo- le dijo él al término de un suspiro con una soñadora sonrisa en su rostro, un suspiro de reconocimiento.

Isabella seguía en el mismo lugar en donde la había dejado el joven Cullen, solo seguía dándole vueltas al asunto de contraer nupcias con aquel mal hombre que tanto la había dañado por fuera y por dentro.

-Solo te advierto algo hijo- le dijo Elizabeth señalándolo con el dedo índice, su hijo espero paciente. –Si llegas a casarte con esa… muchacha deberás decidir entre mi herencia y las comodidades o esa mugrosa desnutrida- le dijo muy seriamente

-Seré un simple obrero si deba serlo por ella- le rebatió a su madre que indignada salió de la habitación con su hijo pisándole los talones, llegaron a donde estaba Isabella. Ella poso su atención en la mueca de hostilidad y superioridad cuando la Sra. Cullen le miro de pies a cabeza. Edward llego junto a ella sonriendo ligeramente. Elizabeth paso de largo hacia el jardín.

-No te preocupes por mi madre, es muy prejuiciosa… -comenzó Edward a excusar a Elizabeth Cullen, Isabella lo miraba con rostro inescrutable.

-No- dijo ella simplemente, Edward le miro frunciendo el ceño pues no entendía a que se refería con esa negativa, Isabella pudo verlo y suspiro, soltando su mano del agarre del joven Cullen. –No sé si sea lo correcto aceptar ser tu esposa- le dijo ella y en un segundo la tristeza y la confusión invadieron el rostro de Edward.

-¿Por qué Isabella?- le pregunto acentuando la expresión de su rostro.

-Por todo lo que paso entre nosotros, por todo lo que me hiciste pasar, todo el dolor- murmuro ella sin mirarlo pues el solo recordar hacia que se sintiera miserable.

-Perdóname, con todo el alma te pido que me perdones- le dijo Edward cayendo al piso sobre sus rodillas abrazándola por las piernas, derramando un lagrima.

-Tengo que pensarlo mucho- declaro ella cerrando los ojos con el rostro hacia un costado. –Necesito sepárame de ti para aclarar mi mente- dijo al cabo de unos segundos. Edward alzo el rostro buscando la mirada de Isabella, seco la lagrima que escapo y respiro hondo.

-Bien, empacaremos tus cosas y te llevare a casa con tus padres. Haremos las cosas como debieron de ser desde el principio, de la manera correcta- dijo él con una nueva emoción floreciendo en su interior, se levanto del piso con un nuevo brillo en sus ojos tanto que pareciera como si fuera a llorar de nuevo.

-Estoy de acuerdo- dijo Isabella pues fue lo más elocuente que pudo decir en ese momento, no habría comprendido del todo el significado de ''haremos las cosas como debieron de ser desde el principio, de la manera correcta''.

-¡Jessica! ¡Embry!- grito con entusiasmo, la joven apareció casi enseguida, el otro joven alto, de piel morena y delgado perfil apareció al cabo de un minuto después.

-¿Si joven?- dijeron ambos cada uno por su lado con un segundo de diferencia.

-Jessica vaya a recoger las pertenencias de la joven Isabella y empáquelas- le indico, ella asintió sonriendo.

-Enseguida joven Cullen- dijo ella, hecho una ojeada a Isabella con aquella sonrisa ensanchándose mas no por un motivo de alegría porque quedara libre de aquella casa y subió las escaleras con prisa.

-Necesitare una carreta de inmediato- le pidió Edward con un poco de severidad. Embry asintió una sola vez.

-Enseguida joven Edward, con su permiso señorita- le dijo a cada uno mirándolos con respeto. Edward sonrió satisfecho y llevo a Isabella a caminar un momento por el jardín, ninguno dijo nada, sin embargo no se sentían incómodos al no llenar ese espacio con alguna conversación o comentario.

En la casa Brandon…

Eleazar llego corriendo a su casa.

-¡Alice!- grito emocionado de tener a su hija nuevamente con él, pero nadie contesto. La casa estaba desierta como solía estarlo la mayoría del tiempo, cuando no estaba él en casa. Abatido se dejo caer en una de las sillas del patio central de la pequeña casa.

Se escucho una carreta detenerse justo afuera de la casa, Eleazar estuvo de pie de un salto y corrió hacia la calle esperando ver a Alice, pero no era ella.

-Por todos los cielos Kate, me alegra tanto tenerte de vuelta- le dijo su esposo abrazándola con alivio y esperanza, sin embargo ella ni se inmuto.

-Estoy aquí por mis hijas, no por ti Eleazar- declaro ella con una expresión en el rostro que no dejaba lugar a dudas de su afirmación.

-Lo sé, y hare lo que sea para redimir mi error- le dijo Eleazar casi suplicante, Katherine negó con la cabeza.

-Hagas lo que hagas no borraras los horrores por los que pasaron nuestras hijas Eleazar, nada hará que borres el hecho de que estuvieron cautivas en la habitación de los 2 peores hombres con menor educación en todo el pueblo. Te puedo asegurar que ni Isabella, ni Alice, ni siquiera yo te perdonaremos lo que hiciste por el resto de nuestras vidas- le aclaro y entro en la casa seguida de un chico que metió su equipaje hasta el centro de la estancia. Eleazar sufrió con sus palabras y sufría aun mas porque ya lo sabía de antemano, pues dudaba que el mismo pudiera perdonarse por haber dejado a sus hijas ir con esos dos hombres a los que conocía bien. Dos amantes del vino y el coñac, promiscuos, ricos y por encima de la autoridad.

En la casa Hale…

El joven Hale llego ebrio y con lagrimas marcadas en sus mejillas entro en su mansión directo a su habitación dejándose caer contra la pared sin molestarse en cerrar la puerta derramando mas lagrimas reflejando el dolor y el arrepentimiento que lo carcomía por dentro.

-¡ALICE!- grito de una forma que desgarraba el alma, a la servidumbre de la casa se le erizo la piel con aquel grito de dolor. Algo que a Garrett tomo por sorpresa pues jamás había escuchado un grito que le hiciera sentir tanta pena en su vida, sintiéndose mal por primera vez de que aquel grito fuera proveniente de su hijo por una mujer y sabiéndose culpable del comportamiento que lo hizo perder a la mujer que al parecer quería de verdad y que hasta podría haber llegado a amar por mas imposible que pareciese.

En la hacienda del Conde Alcázar…

Las cosas de Alice estaban acomodadas en su habitación, la segunda más grande de toda la construcción. Tocaron a su puerta mientras ella miraba por la ventana al horizonte y a nada a la vez, hundida en sus pensamientos, acariciando su vientre por encima de su vestido.

-Alice, soy Carlisle- le dijo al otro lado de la puerta.

-Pasa- le dijo ella en tono amable. El Conde entro cerrando la puerta a su espalda.

-E venido a daros las buenas noches e informaros que podéis andar libre por la hacienda, mi servidumbre esta a vuestra disposición y os harán caso sin problema- le dijo él tomándola de la mano. Alice suspiro y asintió.

-Muchas gracias por recibirme después del incidente de esta mañana, gracias Carlisle- le dijo Alice al borde de las lagrimas y lo abrazo instintivamente, el respondió a ese abrazo con suma calidez.

-No tenéis nada que agradecer, lo hago con gusto, lo que vos necesitas es tranquilidad y no seré yo quien os niegue algo tan urgente en vuestro estado- le dijo acariciando su mejilla pero en lugar de provocar algo bueno en ella, solo trajo recuerdos de la obscura mirada de Jasper cuando la acariciaba de esa manera y la besaba a la fuerza para después abusar de ella, Alice cerró los ojos con fuerza y alejo el rostro de la mano de Carlisle. –Entiendo, os dejare para que podéis dormir, nadie vendrá a buscaros mañana por la mañana- le dijo y beso su frente para después irse de la habitación.

Alice se despojo del gran vestido rojo que había terminado hecho un desastre y se alisto para dormir, por primera vez sin la preocupación de que Jasper llegase a buscarla y llevársela de nuevo, sin la inquietud de tener la esperanza de que aquel mal hombre llegara ebrio y no quisiera abusar de ella como solía hacerlo, sin el miedo de que la golpease por no querer ser poseída, durmiendo con la tranquilidad que le daba saberse liberada de aquella casona Hale.

El Conde deambulaba por el gran salón mirando por las ventanas pensando y estructurando un plan en su mente.

-Primo ¿Que hacéis despierto a esta hora?- le pregunto Aro.

-Pensaba- dijo con simpleza. Aro llego a su lado.

-¡Ah! La chavalita que duerme escaleras arriba- dijo con entendimiento.

-He pensado en una propuesta- le dijo mirando a la nada. Aro lo miro curioso. –Os sabrás a su tiempo- le calmo Carlisle, palmeo su hombro y subió a su habitación para conciliar el sueño y planear bien las palabras que diría al día siguiente para que fueran aceptadas.

En la casa Brandon…

Alguien llamo a la puerta y Kate fue a atender, al abrir la puerta se sorprendió y comenzó a llorar.

-Mamá- murmuro Isabella sonriendo ampliamente, y se lanzo a los brazos de su madre la cual respondió al abrazo con gran fervor.

-Isabella- dijo Kate con voz estrangulada, su sonrisa se desvaneció cuando vio la persona que acompañaba a su hija.

-Buenas noches señora Brandon, ¿Puedo pasar?- le pregunto Edward cordialmente, Kate dudo un momento extrañada al ver la educación que destilaba, nada parecido a su último encuentro cuando fue por una de sus hijas aquella noche hacia ya tantos meses. –Por favor- le insistió él, ella no sintió ninguna advertencia y después de soltar a su hija mayor asintió a su petición.

Pasaron a la sala principal, Edward se sentó frente a Isabella y Kate. Eleazar llego a casa después de haber vuelto al despacho de los Hale, pues Garrett había enviado a un niño para que volviese.

-¿Qué haces aquí?- le pregunto atacante a Edward.

-Buenas noches Eleazar- se disculpo el levantándose del sillón, Eleazar lo empujo al saberse seguro en su propiedad. El joven Cullen no hizo amago de defenderse.

-Eleazar- le llamo la atención su esposa, respiro hondo y fue a sentarse en una silla cercana a la puerta.

-Vine a devolverles a su hija, pero el motivo por el cual insistí tanto en venir aquí y hablar con ustedes es porque quiero pedirles perdón por lo que hice, fui un idiota jamás debí dejarme llevar por mis instintos y el ansia de poder- comenzó a hablar. –No puedo mirarlos a los ojos después del daño que le hice a Isabella, cuyo sufrimiento cargare en mi consciencia por el resto de mis días, un dolor que no me dejara dormir por las noches de solo saber que herí a una mujer como Isabella- dijo mirándola a los ojos, algo que Kate noto y no le hizo mucha gracia.

-Te conozco Edward, y jamás te expresarías así por algo que hiciste y mucho menos con una mujer, a menos que quieras algo que de verdad ansias- le recrimino Eleazar con mirada amenazante.

-Me conoces bien Eleazar sin embargo en este momento ni siquiera yo puedo reconocerme, hace días que desconozco quien soy y todo gracias a Isabella. Y acertaste en otra cosa ansió algo con verdadera ambición y anhelo- le dijo mirándolo de forma casi diplomática.

-Ya decía yo, si no eres más que un arrogante, ambicioso- comenzó a decir Eleazar. Kate tomo la mano de Isabella y al mirarla supo de lo que se trataba pero no habló.

-Quiero la mano de Isabella- interrumpió Edward a Eleazar el cual quedo pasmado de sorpresa.

-¿Qué quieres qué?- repitió incrédulo. –Primero te llevas a mi hija de nuestro lado, sabrá el cielo que tantas atrocidades tuvo que pasar en tu compañía y ahora tienes el descaro de venir a pedirme su mano. Eres un maldito sin vergüenza- le dijo Eleazar exasperado por tal desfachatez de su parte. Edward acepto su reclamo sin poder mirarlo a los ojos pues estaba consciente de la verdad que tenían sus palabras y las aceptaba con resignación y pesar.

-Eleazar, Katherine les pido me perdonen por todo lo que hice, todo el dolor que le cause a Isabella ahora es mi propio dolor, me quita el sueño y si pudiera sangrar por ese dolor ajeno lo haría. Es extraño y aun no logro comprender como paso o en qué momento, pero al saber que Isabella se iría de mi lado hacia otro lugar lejos de mí, no pude dejarla ir la amo y sería insoportable para mí el saberla tan lejana. Jamás había anhelado contraer nupcias con alguien hasta ahora- les dijo sin titubeos ni dudas, mostrando una faceta del joven Cullen que Eleazar jamás pensó que tuviera, una faceta que hizo que el corazón de Isabella se detuviera y acelerara sin poderlo evitar, una sensibilidad que Kate reconoció como genuina al ver aquel brillo en su mirada.

-Te conozco muy bien Edward Cullen y dudo de cada palabra que dices- le dijo Eleazar de mala gana aun notando un rastro de verdad.

-Como dije, tampoco yo sé quien soy cerca de Isabella, pero de lo que estoy seguro es de que mi mundo gira a su alrededor, antes creía que mi corazón estaba inerte pero ella ha logrado despertarlo de su frialdad e indiferencia, gracias a Isabella conocí lo que es el amar a alguien y les puedo jurar que cuidare y velare por su bienestar con mi vida si es necesario- les dijo a cada uno pero más que nada miraba a los ojos a Isabella para al final tomar su mano. –Si llegara a tocar uno solo de tus cabellos una vez más, yo mismo clavare una daga en mi corazón- le juro con tal intensidad que la sangre en el rostro de Isabella se esfumo dejándola pálida como la nieve, junto con un escalofrió el cual no sabría decir si significaba algo bueno o que algo malo se avecinaba.

-Toma tus falsas prom…- comenzó a recriminar Eleazar pero Kate alzo su dedo índice y silencio al momento. Sería la primera vez que ella hablara durante toda esa conversación.

-Te daremos el beneficio de la duda Edward- dijo simplemente y con un simple gesto le invito a retirarse, el joven Cullen asintió.

-Todo lo que he dicho es cierto, amo a Isabella y mis intenciones a partir de hoy son serias. Con permiso y gracias por escucharme- les dijo y acto seguido salió de la casa de los Brandon. El joven Cullen se fue con pesadumbre al saber que no había obtenido el perdón de los Brandon.

La casa quedó en silencio, Katherine miraba curiosa la expresión de su hija que miraba un punto invisible en el piso frente a ella con la mirada perdida pero con cierto destello.

En la hacienda del Conde Alcázar…

-María hacedme el favor de no decid nada al respecto sobre… esto- le dijo Aro en voz baja cubierto hasta el abdomen.

-Aro vuestra desconfianza me ofende, os sabeís que no diré nada ni al Conde, ni a nadia mas- le respondió ella con una sonrisita disimulada mientras ajustaba los lazos de su vestidura de servicio.

-Bien, ahora andaos antes de que alguien pueda veros salid de mi recamara a esta hora- le regaño levemente Aro, ella asintió y camino a la puerta.

-Buenas noches Duque Cantillana-


...Y aqui estamos de nuevo! Ok, que les parece si hablamos por casa y/o familias?¡ jajaja... Que tal doña Cullen?! Que piensan de la desicion de Edward? Y como ven su disculpa con los padres de Isabella, ustedes le creen?; Siguen los Hale: Les da lastima Jasper o creen que lo tiene merecido? Le siguen deseando la horca o ya bajaron su condena?; Mientras tanto en la hacienda del Conde Alcazar, que creen que el Carlisle tenga en mente? Por cuanto tiempo creen que esos recuerdos abrumen a Alice? A que no se esperaban eso de Aro Cantillana?; y pues para terminar ustedes que creen que hagan los Brandon?.

...Lamento la tardanza y espero que este cap haya sido de su gusto y me encantaria que me lo hicieran saber :D

...Muchisimas gracias por su apoyo y las sonrisas que provocan en mi cuando veo nuevos reviews o favorites, de verdad que lo suyo, lo suyo es el drama jajaja.

...Debo irme, cuidense mucho! Nos leemos en el proximo capitulo ;). Xoxo