El joven Shiba se hizo a un lado para dejar que su empleada pasara al interior de su casa. En el recibidor Rukia se despojó de sus zapatillas blancas y, totalmente descalza, recorrió los pasillos del apartamento hasta llegar a la cocina. Su jefe en silencio la seguía, vigilando cada movimiento de la mujer de estatura baja.

La azabache caminó hasta la cava de vinos de su jefe y sacó un vino espumoso para depositarlo sobre la mesa e ir por unas copas. El pelinegro agarró la botella con cuidado para leer la etiqueta de esta, sus ojos se abrieron desmesuradamente al ver la selección.

· A ti sí que te gustan los vinos caros — dijo mientras devolvía el vino a la cava y agarraba otro menos costoso — Con este estaremos bien… — el joven Shiba quedó pasmado al ver el rostro lleno de lágrimas de Rukia.

En silencio devolvió el vino y agarró el que ella había tomado.

· Sin embargo creo que es la ocasión perfecta para abrir este vino ca-ri-si-mo. — mientras más avanzaba la frase, su reluciente sonrisa se iba desdibujando.

Rukia retiró las lágrimas salinas con el dorso de su mano y caminó lentamente hasta llegar frente a él. A una distancia realmente corta. Rukia inhaló y exhaló con lentitud.

Por más que trataba esa pequeña mujer de retener sus lágrimas no podía, sus piernas temblaban al igual que su labio inferior. Shiba al notar el estado de su amiga, tomó las copas que tenía ella en su mano, las dejó sobre la mesa y rodeó con sus fuertes brazos el delgado cuerpo de la azabache. Cuando sintió que ella estaba más tranquila, en un rápido movimiento, levantó a Rukia para cargarla como princesa.

· O-oye to-ton-to ¿Qué haces? ¡Bájame! — pedía Rukia, todavía con pequeñas gotitas en sus ojos, mientras pataleaba con toda la fuerza que tenía y le daba unos golpes en el pecho desnudo de su jefe. Shiba sonreía divertido.

· Silencio, se supone que los sushis no hablan. — contestó el pelinegro divertido. Rukia detuvo sus ataques al sentir la tersa y cálida piel de su amigo, su corazón se detuvo repentinamente para después latir con violencia.

· ¿Su-sushis? — el aire que todavía quedaba en Rukia abandonó su cuerpo cuando vio que su jefe la había llevado a su habitación y la estaba depositando espaldas a la cama. Shiba dejó a Rukia sobre el lecho, llevó sus manos hasta los hombros de la chica y las fue bajando lentamente rozando la piel nívea de Rukia, hasta llegar a las delgadas manos. Las agarró con firmeza y las llevo a los lados de su cuerpo.

Cuando el contacto se interrumpió entre ellos dos, Rukia liberó un pequeño gemido y Shiba tragó grueso al ver la imagen casi celestial de la mujer vestida de blanco sin embargo despejó sus libidinosas ideas y con rapidez envolvió a Rukia con una cobija negra como si fuera un taco, para después volverla a cargar y llevarla a la sala.

· ¡Oye! ¡Bájame! — pataleaba torpemente ya que a penas podía mover su cuerpo gracias al amarre de la cobija.

· Ya, ya. Tranquila mi rollito. — molestaba el chico de cabello negro con una sonrisa en su rostro. Cuando llegó al sillón la depósito en los cojines con cuidados y después se sentó frente a ella. — Dime ¿Qué ha pasado? — preguntó más relajado. Poniendo su antebrazo sobre el respaldo del sofá para encontrar un poco de soporte. Su torso seguía descubierto pero los dos ignoraban ese hecho.

· Pensé que me propondría matrimonio pero … — de nueva cuenta, un nudo se formó en su garganta y sus ojos ardieron anunciando que más lágrimas saldrían de su delgado cuerpo — Decidió terminar con nuestra relación.

Shiba, al ver como las lágrimas salían de sus ojos, se acercó a ella y eliminó el líquido pasando sus dedos sobre su piel sin embargo más gotas brotaban de sus ojos, así que la abrazó con fuerza acostándose a su lado en el sofá.

· Llora. Sácalo. — dijo mientras acercaba el rostro de la chica a su pecho. Le dolía verla así.

A pesar de que llevaba unos meses con ella, había llegado a apreciarla demasiado. Desde siempre. Una hora después, dejó de escuchar sus sollozos, se movió un poco para ver el rostro deprimido de la chica con la vista vacía mirando en dirección a su bien definido pecho.

· ¿Todo bien, Kuchiki? — preguntó preocupado sin separase de ella.

· No… no te muevas y, cállate.

Él la obedeció y recargó ligeramente su barbilla en la coronilla de la chica. Pasaron las horas y los dos cayeron rendidos en los brazos de Morfeo.

Pasaron las horas y los dos se despertaron a las cinco de la mañana.

· Buenos días. — saludó Rukia perezosa sin poderse mover por el agarre de la cobija.

· Buenos… Mierda. — se recriminó a sí mismo por ser hombre y que su cuerpo se lo recordara cada mañana.

· ¿Todo bien?

· Sí, solo… solo no te levantes hasta que yo te diga. — pidió nervioso y cuidando de que ella no lo viera.

· ¿Por qué? No en… — de repente su vista se detuvo en la erección matutina del apuesto hombre que era su jefe — ¡Oh! Ya entendí. — dijo para después desviar la mirada a otro punto.

Shiba al saber que ella ya había visto el bulto que se pronunciaba por debajo de su pantalón, se levantó rápidamente y se cubrió con sus dos manos para ir al baño y darse una ducha. Por lo tanto, Rukia salía del amarre que tenía con la cobija. Se levantó del sillón, puso sus manos a lado de su cuerpo e inhaló, sintiendo como sus pulmones se llenaban con un olor dulce. Caminó hacia el cuarto de Shiba en busca de un espejo, encontrándose uno de cuerpo completo a lado de la puerta de la habitación. Con sus manos, peinó su cabello oscuro, son la yema de sus dedos limpió ligeramente el rímel que había manchado la parte de abajo de sus ojos. Estaba tan ensimismada limpiando su rostro que no se dio cuenta cuando el hombre de cabello negro la veía desde la puerta del baño.

· Sí quieres puedes pasar a mi baño y limpiarte mejor tu rostro.

Rukia lo volteó a ver asustada. Más tranquila, asintió con un gesto y caminó con confianza al baño de su jefe. Al pasar lo primero que observó, fueron unas cajas de tinte para el cabello de color negro. Se acercó al cesto de la basura y agarró una caja para leer con detenimiento la etiqueta.

· ¿Te tiñez el cabello?

Shiba que se estaba poniendo tranquilamente su camisa blanca, palideció al escuchar la pregunta de la chica.

· Mierda… — susurró el hombre al sentirse, posiblemente, descubierto. — E-eh, sí. ¿Algún problema con eso? — contestó tratando de sonar normal.

· ¿Por qué? — Rukia ya había dejado en el cesto de la basura la caja y ahora se estaba mojando su rostro en el fregadero del baño.

· Po-porque — ¿decirle o no decirle? Eh ahí el dilema — me salen muchas canas. — contestó avergonzado.

· Oh, ya. — Rukia estaba saliendo del baño y ahora con un aspecto más fresco y jovial. — Pues creo que es hora de que me vaya, ya que tengo que pasar a mi casa a cambiarme. — comentó mientras se acercaba a Shiba, quien ya estaba completamente vestido, para despedirse.

· Sí quieres yo te llevo a tu casa y de ahí nos vamos juntos al trabajo. — propuso alegremente mientras se ponía su loción tan varonil que a ella la ponía loca.

· E-esta bi-bien. — se dio la media vuelta embriagada por el olor de la loción y caminó lentamente hacia la salida con el corazón disparado y la respiración suspendida.

Cuando Shiba salió de la habitación, buscó su abrigo, su cartera, su celular y las llaves del coche para después salir del departamento y dirigirse hacia su auto. Los dos abordaron y emprendieron el camino hacia la casa de Rukia. Al primera parte los dos se sumieron en un silencio, dejando que el sonido de la radio inundara el ambiente para nada incómodo, la segunda mitad empezaron a hablar de la comida más extraña que habían probado, esta vez, siendo Shiba el ganador al decir que había comido huevos de avispa.

En cuarenta minutos ya estaban en la casa de la mujer.

· ¿Quieres pasar? — le ofreció la azabache a su jefe sin embargo él se había planteado un nuevo plan cuando vio a unos metros adelante un auto que se le hacía más que conocido.

· Voy ha hacer una llamada y ahorita entró. No te preocupes. — contestó con una sonrisa mientras se quitaba el cinturón de seguridad.

· Okay ¿Sabes cuál es la contraseña de la puerta? — su pregunta fue contestada con un ligero "Mmm" afirmando. Después de esto salió del auto y entró a su casa.

Shiba estacionó el auto, lo apagó y salió de este para caminar hacia el auto que estaba adelante. Una vez que llegó a la puerta del copiloto, golpeó levemente la ventana de esta para que le abrieran. Segundos después, la ventana se empezó a deslizar hacia abajo dejando ver el rostro molesto del hombre.

· ¿Qué haces aquí? — preguntó Shiba mientras se recargaba tranquilamente sobre el marco de la ventana del automóvil.

· ¡Ja! Lo mismo me preguntó yo ¿Qué haces tú aquí dejando a mi mujer en su casa? — preguntó ahora él haciendo énfasis en la palabra "tú" de forma despectiva.

· Lo has dicho tú, he dejado a Rukia en su casa porque ayer vino a mi casa llorando por qué su tonto novio la había dejado y no, no pasó nada entre nosotros Renji. — contestó controlando su enojo. — ¿Por qué lo hiciste Renji? Me habías dicho que la amabas y cinco minutos después la dejas.

El nombrado inhaló y exhaló con pesadez.

· Quería saber si ella me amaba. — contestó viendo hacia la nada.

· Y te ama.

· Pero no lo suficiente para rogarme a que regrese a su lado.

· Si serás idio….

· Sí, seré idiota pero así funciono. — contestó tan seguro de si mismo haciendo que eso molestará más a Shiba.

· Será mejor que te vayas si no quieres que ella te vea.

Segundos después Renji había partido en dirección a su casa.

Mientras Shiba caminaba a la casa de Rukia, meditaba las palabras del que se podría llamar su amigo. ¿Qué Rukia le rogara? ¡Por favor! Esa mujer es indestructible y Renji ¿quería que se destruyera para saber si era la correcta? Antes tenía dudas sobre, sí su amigo sería un idiota y ahora confirma que lo es.

Una vez que estaba frente a la puerta principal de la casa de su amiga, tecleó los números en el seguro de la puerta.

140184.

Después sonó un ligero pitido anunciando que la puerta hacia sido abierta. Él pasó con una ligera sonrisa en su rostro.

· ¿Todo bien? — preguntó Rukia desde la cocina al escuchar que Shiba había pasado a su casa.

· Todo perfecto. — un ligero aroma a té de matcha llamó su atención caminando hacia el origen del delicioso olor.

· Oh, ya. Cómo has tardado un poco, me preocupe. — comentaba sin separar la vista de la comida que estaba cocinando.

· ¿Te has bañado? — le preguntó a la mujer al ver su cabello mojado cayendo sobre su espalda.

· Sí, por eso cuando salí y no te vi, pensé que la llamada era algo importante o que había pasado algo. — decía todo eso mientras servía el desayuno y ponía los platos llenos sobre la mesa — Está servido, siéntate, yo terminaré de arreglarme y te acompaño.

Dicho esto, abandonó la cocina y caminó hacia su habitación para secarse su cabello, maquillarse y vestirse para el trabajo. Cuando estuvo a punto de salir de su cuarto, su celular empezó a vibrar anunciando una llamada entrante. Extrañada se acercó al aparato que estaba sobre su cama.

Número desconocido.

· Hola ¿Quién habla? — preguntó directamente.

· Oh, Kia-chan ¿Así es como me contestas después de tanto tiempo? — habló una voz varonil desde el otro lado de la línea telefónica. Rukia al escuchar que le llamaba "Kia-chan" el rostro de un niño con una sonrisa reluciente, cabello naranja y con poco cerebro llegó a su mente.

· Ichi-ni, que sorpresa. — contestó arrastrando las palabras pues había apretado su quijada por el enojo acumulado. — Pensé que nunca volveríamos a hablarnos ¿Cómo conseguiste mi número?

· Muy fácil Kia, se lo pedí a tu mamá. Ella siempre ha sido tan buena conmigo. Bueno, te hablo para decirte que he venido a Japón y como no tengo donde quedarme, pensé en hospedarme en tu casa. — comentó tranquilamente el hombre.

· Imposible. — contestó Rukia inmediatamente.

· ¿Por qué?

· Porque vivo con mi novio y a él y a mí nos gustaría tener mucho sexo. De hecho yo soy muy gritona y no creo que puedas dormir en las noches por mis gemidos tan fuertes. — primero su voz sonaba tranquila, sin embargo, en el transcurso de la oración fue subiendo el tono de su voz hasta gritar con el enojo, después colgó la llamada.

Tratando de mantener la postura tranquila de siempre, salió de su habitación para dirigirse al comedor donde se encontraba Shiba desayunando con una gran sonrisa. Rukia se sentó en silencio en la silla que estaba del lado contrario donde él se había sentado y empezó a desayunar.

· ¿Qué es tan gracioso? — cuestionó la chica mientras tomaba entre sus dos manos la taza con el té de matcha.

· Así que vives con tu novio y eres una chica muy … — Shiba dejó los cubiertos sobre la mesa y llevo una de sus manos a su barbilla para darle un aire pensante — escandalosa.

· Cierra la boca y come. — sentenció Rukia fulminándolo con sus ojos violetas.

· Si cierro la boca ¿Cómo entrará este delicioso hot cake a mi cuerpo escultural? — le encantaba cabrearla porque podía observar cómo su facciones se modificaban perfectamente para poder pasmar sus sentimientos.

· No te preocupes, ya que, si sigues hablando yo me encargaré de que te entre por el cul….

· Está bien, ya entendí. Me callo.

Minutos después los dos terminaron de desayunar y se fueron hacia su trabajo.

Mientras más se acercaban a su destino, más nerviosa se sentía ella. Tenía miedo de encontrarse a Renji, ya que después de todo, los dos trabajaban para la misma empresa. Shiba, quien todavía seguía con ella en el elevador, pudo observar la ansiedad de la mujer al ver que acercaba una de sus manos a su rostro en señal de que se mordería las uñas, así que, con un rápido movimiento, tomó la mano de Rukia provocando que ella lo voltear a ver desconcertada.

· Tranquila, todo saldrá bien. No estás sola.

El corazón de Rukia se apaciguó y un nudo se formó en su garganta, pero a pesar de eso dibujo una sonrisa en su rostro.

Las puertas del ascensor se abrieron, se soltaron de las manos y entraron al piso. Las personas al verlos, especialmente a ella, empezaron a susurrar y toda la valía que había tomado ella se fue esfumando.

· Yo también la dejaría por zorra. — dijo un empleado.

· Renji se merece más que una puta.

· A penas la dejan e instantáneamente, va detrás de otro hombre.

Pasaba los comentarios por alto, sin embargo, las ganas de salir corriendo de ese lugar se intensificaban. Agradeció el momento en que llegó a su oficina. Una vez que entró, cerró la puerta sin despedirse de Shiba quien la veía con lástima.

· Vienen aquí a trabajar, señores y señoras. — dijo Shiba con su voz varonil, interrumpiendo todos los chismes que estaban corriendo en el lugar. — Hinamori, Matsumoto, Sosuke, a mi oficina. Ahora.

Los nombrados hicieron caso y en silencio caminaron hacia la oficina de su jefe.

· ¿Qué ha pasado aquí? — preguntó el jefe mientras cerraba la puerta de su oficina una vez que estaban los tres empleados nombrados. Ellos, se miraron extrañados y preocupados.

· Lo único que sabemos es que creen que Rukia mantiene relaciones sexuales con usted para poder ascender de puesto pero nosotros sabemos que eso no es verdad. Rukia es demasiado inteligente y hábil para poder cumplir sus metas sola. — contestó Aizen con una voz bastante varonil según las chicas.

· También están diciendo que Renji dejó a Rukia ayer y que ella corrió a sus brazos y a… todo su… cuerpo. — continuó Hinamori apenada por lo que hacía dicho.

· ¡Son unos tontos! Rukia no mantendría una aventura con otro hombre cuando se va a casar con Renji. — defendió Matsumoto enojada cruzando sus brazos a la altura de su pecho. Shiba los escuchaba y veía con atención, sentado en la silla de su escritorio. Él cruzó los dedos de sus manos y apoyó los codos sobre la mesa.

· ¿Eso es lo que les dijo ella?

· No, pero era más que obvio que él nunca la dejaría. — contestó Matsumoto todavía molesta.

· Ayer Renji terminó con ella. — expuso Shiba con seriedad. Los tres amigos de Rukia suavizaron sus gestos. — No digan nada. Ahora, a trabajar.

Los tres asintieron en silencio y salieron de la oficina shockeados por la noticia. Decidieron esperar hasta que llegara la hora del almuerzo para poder hablar con ella.

A penas habían pasado dos horas y Matsumoto ya no podía más con su ansiedad, así que tomo cierta cantidad de papeles y caminó apresuradamente a la puerta de la oficina de Rukia. Una vez frente a esta, tocó dos veces y sin esperar respuesta de su jefa, entró a la oficina. Sus dos amigos al verla entrar, caminaron rápidamente a la oficina.

· ¿Qué ha pasado? — preguntó sin rodeos la mujer de cabellera anaranjada, tirando los papeles al piso mientras caminaba hacia el escritorio con los brazos sobre la cintura. Rukia, quien estaba ensimismada leyendo el cronograma de la semana, interrumpió su lectura al escuchar a su amiga molesta. Hinamori y Aizen llegaron al interior de la oficina cuando su amiga estaba interrogando a su jefa, en silencio pasaron y cerraron la puerta detrás de ellos.

· No sé a qué te refieres. — contestó Rukia dejando los papeles sobre la mesa.

· ¿Qué ha pasado para que todos estén hablando así de ti? — se escuchaba molesta y entristecida a la vez. Ella sabía lo que se sentía cuando alguien hablaba de ti a tus espaldas por eso le dolía que ella no buscara su apoyo. Se suponía que son amigas y las amigas siempre se apoyan ¿O no?. Relajó su rostro y volvió a preguntar al no obtener respuesta — ¿Es cierto que Renji a terminado contigo?

Rukia al escuchar la pregunta un nudo en su garganta se formó. Con toda la tranquilidad del mundo, contestó lo siguiente:

· ¿Terminar? ¿Conmigo? — entrelazó sus manos y recargó los codos sobre la mesa — Ningún hombre termina conmigo, yo termino con ellos. — trataba de subirse el ego aplastado y los ánimos que pendían de un hilo.

· A lo que nos referimos es si Renji ha acabado con su relación. — intervino, esta vez, Hinamori mientras daba unos pasos hacia adelante en dirección a la chica de cabello azabache. Rukia tragó grueso, descruzo sus manos para poder abrazarse a sí misma y darse un poco de seguridad.

· Sí. — No, no pudo evitar sostener las lágrimas que inundaban su pequeño cuerpo. Dicho esto, empezó a llorar en silencio pues no quería que los demás trabajadores la escucharan. Sus amigos al verla en ese estado, se acercaron a ella para poderle dar un gran abrazo, y así poder consolar a su amiga. Hinamori se separó levemente del grupo y propuso alegremente.

· ¿Qué les parece si vamos hoy a la fiesta de bienvenida de K. Shiba? Sirve de que nos distraemos un poco y que tú — dijo señalando a Rukia quien se estaba limpiando las lágrimas que humedecían su rostro — conozcas al guapísimo cantante, compositor, dj, modelo, etcétera y también uno que otro chico… o chica ¡Uno nunca sabe!

Matsumoto y Aizen asintieron alegremente con un fuerte sí y Rukia con uno más ligero. Después de un intercambio de chistes, los tres empleados salieron de la oficina de su jefa-amiga.

Pasaron las horas y el momento del almuerzo había llegado. Rukia guardó sus cosas y caminó parsimoniosa al comedor del edificio. Los cuatros caminaban alegres en busca de una mesa desocupada ignorando los comentarios despectivos hacia la mujer de cabellera azabache.

· Entonces nos vemos en Shibuya a las nueve para irnos juntos y disfrutar de una buena música. — organizaba Hinamori una vez que estaban sentados en una mesa. Rukia y Matsumoto estaban sentadas frente a Aizen y Hinamori.

· Me parece per…

Aizen no termino de decir su oración pues veía como Renji se acercaba, con un gesto inconsolable, hacia ellos. Las dos mujeres que estaban frente a él, decidieron mirar hacia la misma dirección que su amigo. El pequeño corazón de Rukia se aceleró al verlo sin embargo no sabía qué hacer, sí ignorarlo o saludarlo, como si nada hubiera pasado.

· Kuchiki, Abarai. A mi oficina. — mandó una voz varonil desde la entrada del comedor. Los nombrados, junto con otras personas, voltearon a ver a su jefe Shiba. Rukia se paró de su asiento y Renji desvío su camino para así, poder ir a la oficina de Shiba.

Durante todo el trayecto no se dirigieron la palabra. Entraron en silencio a la oficina y se sentaron en las sillas que estaban colocadas frente al escritorio. Shiba estaba sentado del otro lado con un gesto concentrado por lo que diría.

· Necesito que los dos trabajen juntos para la creación de un nuevo programa. — propuso esperando lo peor.

· Imposible. — dijeron los dos al unísono.

· ¿Por qué?

· Sabes perfectamente que a penas y puedo con los tres programas que tengo. — defendió Rukia.

· Pero la serie de época "Juana de Arco" está a punto de llegar a su fin. Además primero quiero que hagan el marco teórico conceptual. — contra defendió, esta vez, Shiba. — Y para ti — dijo mirando a Renji — ¿Por qué es imposible?

Renji lo veía sin seguridad al no saber si contestarle en ese momento o en otro.

· Yo, bueno… ¿Te lo puedo decir en privado?

Shiba volteó a ver a Rukia y con un ligero movimiento de mano, le indicó que saliera de oficina. Una vez fuera, ella pudo respirar tranquilamente.

· ¿A caso es porque ya no andas con Rukia? — preguntó Shiba con molestia pues si era eso, su amigo se dejaba llevar mucho por las emociones y eso no era algo bueno.

· Quiero renunciar.

A pesar de que le agradaba la idea de salir con sus amigos, no se sentía con el ánimo suficiente. Ella quería sumirse en su cama y escuchar música tradicional japonesa.

No sabía que ponerse para un evento con una temática demasiado abstracta e indefinida, la única pista, por así decirlo, que tenía era:

"Ponte algo sexy pero formal"

Después de una, casi, intensa búsqueda en su armario decidió ponerse un vestido color rosa pastel, donde la espalda tenía un gran escote en forma de "U" y se podía sostener el vestido por el cuello. Se recogió su cabello para que se pudiera apreciar mejor el escote de la espalda, se enchinó las pestañas, se delineó los ojos y se puso un poco de gloss en sus labios, tomó un suéter blanco y en su bolsa de mano metió sus tarjetas de crédito, dinero en efectivo, licencia, identificación y su celular. Una vez lista, tomó las llaves de su auto y se dirigió a Shibuya con un vacío en el estómago.

Una vez que los cuatro llegaron al evento empezaron a explorar el lugar. En realidad, ese lugar era un antro. Según el programa la gran aparición de K. Shiba sería a las doce de la noche, así que los chicos aprovecharon para tomar uno que otro trago.

· Ladies and gentlemen, tonight we have the honor of introducing you to the great composer and DJ ¡K. Shiba! — anunciaba el presentador con mucha energía

· ¡Wo! Se llama como este Shiba, nuestro jefe. — expresó Rukia con asombro, recibiendo, a cambio, unas miradas de obviedad por parte de sus amigos.

De pronto, un hombre alto de cabellera negra con una playera gris y jeans azules apareció en el lugar saludando a todos para luego ponerse frente a la mezcladora y colocarse los audífonos. Sin decir nada, su música empezó. Para ser la primera vez que Rukia escuchaba música electrónica, le gustó, así que empezó a bailar al ritmo que la mezcla le proponía, buscando liberarse de todo lo sucedido en estos dos días, cerrando los ojos y moviendo el cuerpo según su instinto se lo podía.

El joven dj le gustaba ver como las personas disfrutaban de su música, así que empezó a ver cada uno de los rostros que podía, deteniéndose en uno que había llamado su atención. El de una mujer con piel blanca como la porcelana, cabellera negra como la noche y labios rojos como las manzanas, provocando que recordara el cuento que le contaban de chiquito "Blanca Nieves" . Seguía mezclando la música sin perder la vista de aquella hermosa mujer. Había pasado una hora y media hasta que Rukia decidió abandonar la pista de baile y dirigirse a la barra de bebidas donde seguramente, ahí estarían sus amigos. Shiba al ver que es bella mujer se iba, utilizó su plan de escape, puso su disco con la música programada y salió corriendo en su búsqueda. Sintió que su alma regresaba á la tierra cuando la vio platicando con otras dos mujeres en la barra.

· Chicas no sé emocionen mucho pero K. Shiba nos está viendo. — dijo Hinamori mientras acercaba su copa a sus labios para poder darle un sorbo.

Matsumoto no se esperó y con un rápido movimiento se dio la media vuelta para poder ver al apuesto hombre. Shiba al ver a la mujer de cabellera naranja le sonrió con cortesía pero ella no era su objetivo. Poco a poco Rukia se volteó para poder ver al dj. Sus miradas se cruzaron y ella le regaló una tierna sonrisa para después volverse a voltear y seguir platicando con sus amigos. Él, al ver que no obtenía una gran respuesta por parte de ella, decidió acercarse más y más. Una vez que estaba a centímetros de Rukia, tocó levemente su hombro descubierto y ella lo volteó a ver con una sonrisa.

· Disculpa ¿te conozco? — habló primero él.

Rukia dejó sobre la barra su copa y tomó su bolsa mano.

· Me temo que no.

· ¡Shiba-kun! — gritó una mujer a unos cuantos metros de ellos, los dos voltearon a la dirección donde provenía el llamado. Los ojos de Rukia se abrieron desmesuradamente por la sorpresa al conocer aquella mujer que se les acercaba con una sonrisa.

· Orihime. — contestó él sin separar sus ojos de ella. Rukia ahora lo volteó a ver a él estupefacta. Cuando Orihime estaba con ellos, ella pudo reconocer inmediatamente a la mujer que estaba con él.

· Kuchiki-chan, cuánto tiempo sin vernos. — saludó con una gran sonrisa posicionándose a lado del hombre mientras lo abrazaba de manera posesiva — Veo que no has crecido mucho. — bromeó mientras la veía de arriba a bajo de manera despectiva. Rukia apretó la bolsa que tenía entre sus manos.

· También veo que no se te ha quitado lo zorra. — comentó la azabache con irá, ganándose las mirada sorpresiva de sus acompañantes. Orihime se separó de Shiba y posicionó sus manos a los lados en forma de jarra para darle un porte más imponente.

· Mira virgen de convento, cierra la boca y regresa a tu nicho ¿Quieres?

Esta vez Rukia no dijo nada, sin embargo decidió abandonar el lugar.

Shiba volteó a ver a su amiga quien tenía una sonrisa melancólica y divertida. Después volteó a ver en dirección por donde la mujer había abandonado el lugar. Sin dudarlo dos veces, salió corriendo esperanzado de encontrarla de nueva cuenta pero tal fue su desgracia que, una vez en la calle, no la encontró.