Hola, me alegro que les esté gustando la historia.
Ya me he fijado más en la ortografía y gramática, espero y se entienda.
No olviden comentar para que no pierdas las esperanzas de seguir publicando. Los días que actualizaré serán los martes sin falta.
Nos leemos pronto.
El pequeño corazón de la azabache se detuvo por unos segundos ante la propuesta tan atrevida de aquel apuesto chico. Él solo la viola con una sonrisa socarrona al darse cuenta de que ella había mal interpretado sus palabras aunque, si tuviera la atención, era un gran partido para llevarla a la cama. Acortó la distancia que había entre ellos, había sentido, y pudo percibir el olor a jazmín que despedía su pequeño cuerpo.
Sus miradas se conectan.
— Y-yo no cre-creo que sea adecuado que ...
El chico de cabello oscuro la interrumpió con su risa, dejando más desconcertada a la pobre joven. Llevó su mano izquierda al mentón de la femina y le aclaró con coquetería.
— Pequeña musa, creo que tiene mal interpretado las cosas. Si yo - acercó su rostro a la azabache - quisiera hacer otras cosas con usted - tenía abstraído los ojos violetas de aquella bella mujer para después desviar su rostro hacia la oreja izquierda de Rukia y susurrarle - haría las cosas más entretenidas.
Por fin se separó de ella y dio un paso hacia atrás para tomar una posición más relajada.
El corazón de Rukia apareció que se le saldría del pecho en cualquier momento, sus manos sudaban, sus labios estaban un poco secos y sus mejillas estaban ardiendo. En un instante, aquella riña que había tenido con aquella mujer, que en algún momento se hizo llamar a su mejor amiga, había borrado de su memoria para luego ser ocupado por aquel hombre de dudosa procedencia. Cuando su alma regresó a su cuerpo, reaccionó.
— Señor, no entiendo a que se refiere ¿A caso está jugando conmigo? - Supuesto a la defensiva.
— Uy ~ primera vez que escucho que una mujer tan guapa me llama señor, por favor llámame Shiba o cariño. - Dijo el DJ mientras hacia una pequeña reverencia al estilo caballeresco - Como usted ha maltratado ciertas partes de mi auto, Creo que es justo que usted me pague ¿O no?
Rukia comenzó a sentir como la temperatura de su cuerpo aumentaba y sus manos sudaban un poco más. Sintiendo como se hizo pequeña gracias al cuerpo perfectamente ejercitado del joven atractivo.
La chica meditaba rápidamente las palabras de aquel hombre y tenía un poco de razón pero ¿Llevarlo a un hotel? ¿Para qué? Inconscientemente metió su mano en su bolsillo para sacar las llaves de su auto. El adulto tomó rápidamente las llaves y presionar un botón del control, para que el coche de aquella dama dañe el seguro de las puertas y le notifique donde estaba. Él se sorprendió ligeramente al ver qué el auto se vio detrás del suyo.
Caminó hacia él.
— ¿Qué no viene? - le preguntó a Rukia al ver qué ella seguía en el mismo lugar, absorta en sus pensamientos.
Rukia reaccionó y caminó hacia el auto para después sentarse en el asiento del copiloto. Una vez que los dos estaban adentro, el DJ ajustó el asiento del piloto para estar cómodo. Luego, movió ligeramente el espejo retrovisor y encendió el auto, unos segundos después les mandó un aviso para que pusieran los cinturones de seguridad.
— Señorita, hágame el favor de ponerse su cinturón por favor. - Pidió él amablemente pero Rukia seguía absorta en sus pensamientos.
"¿Por qué te has dejado llevar por tus impulsos y golpeado a una mujer? ¿Por qué Rukia? Tonta y luego destruido un auto. Ahora el dueño está en el asiento del piloto de tu auto para después llevarte a un hotel. tienes 8 años? "
— Señorita ¿Usted se encuentra bien? - Solicito un poco preocupado al no obtener respuesta y este sentimiento más al ver como unas cuantas lágrimas escapan de sus bellos ojos - O-oh ~ Si quiere que me vaya me iré, no era mi intención ...
Vio como ella soltaba el cinturón de seguridad y las palmas de sus manos raspadas, lo más seguro es que las heridas se han provocado por la caída en el pavimento. Un poco más tranquilo, al saber porqué lloraba se acercó al cuerpo de la azabache provocando que ella detuviera su llanto por la sorpresa.
— Tranquila, solo le pondré el cinturón e iremos a una farmacia para poder sanar esas tersas manos.
Sus miradas se conectarán por unos segundos y ella se conectará a lo que había visto en algún otro lado pero no sabía dónde.
—¿Te conozco? - planteó Rukia un poco más tranquila. El joven comenzó a conducir tranquilamente.
No lo creo, esos bellos ojos no los olvidaría. - contestó seguro de sí mismo.
"Mentira" se dijo él.
Pasaron unos minutos llenos de silencio hasta que ella se animó a hablar.
— Yo ... perdón por la escena tan bochornosa que presenciaste, n ...
— Tranquila, te viste genial. Pocas veces tengo la oportunidad de ver a Orihime tan enojada. Hemos llegado.
Detenido el auto, se desabrochó el cinturón de seguridad, bajó del auto y caminó rápidamente hacia la puerta del copiloto para abrir, desabrochar el cinturón de Rukia y ayudarla a bajar. Él la vio atentamente, acercó una de sus manos a su cabello para sujetarlo en su oreja y así dejó al descubierto su piel.
— Vamos - mando él mientras cerraba la puerta del auto a sus espaldas.
Los dos caminaron hacia la farmacia y él pidió lo necesario para poder limpiar las manos de la joven.
— Son cinco mil yenes. - dijo la chica que los atendía con una sonrisa en su rostro, esperando que uno de los dos pagara.
— Paga - dijo el DJ sínicamente a Rukia. Ella lo vio sorprendida. - Tú te lastimarte sola al armar todo ese salvajismo con mi coche. - Se defendió con un poco de molestia al recordarlo.
La azabache buscó con cuidado en su bolsa y sacó el dinero para pagar.
— Muchas gracias por su compra, que tengan un lindo día. - dijo la chica al ver como la pareja salía de la tienda una vez que habían pagado.
— Hay un parque a la vuelta, vamos allá para que pueda curarte.
Rukia asintió con la cabeza. Todavía se había apenado por lo que había pasado, así que prefería no hablar.
Se adentraron al parque en busca de una banca. El invierno estaba apunto de llegar, por lo tanto habían árboles que ya no habían hojas de colores ocres en sus ramas y estás hojas hacían en el suelo formando una capa, que al pisarla tronaban como pequeños fuegos artificiales. Pocos niños salían a jugar a esas horas, así que el lugar se sentía casi solitario. Una vez que encontraron un lugar que les agradó a los dos, a pesar de que no habían dicho ninguna palabra desde que habían adentrado.
El joven Shiba sacó los sobres que contenía las gasas, desgarró el papel que las cubiertas cubiertas, abrió el pequeño frasco con agua oxigenada y vertió un poco de este líquido en las gasas.
— ¿Me permites? - le dijo él viéndola dulcemente. Rukia posó una de sus manos sobre la él con la palma hacia arriba donde estaban las raspadas. Él pasaba suavemente la gasa húmeda por la piel lastimada de la joven. Estaba tan concentrado que parecía que el mundo estaba limitado en ellos dos.
Aquellos momentos de silencio y concentración le permiten a Rukia poder observar mejor a aquel hombre de cabello negro, sus facciones tan varoniles, sus labios carnosos y ligeramente rojizos, sus pestañas largas.
De repente una briza pasó entre ellos, quitando lentamente el cabello de aquel joven. Inconscientemente se acercó más a él, quería saber a qué olía para mantener un recuerdo de él o poder identificarlo mejor, pues una parte de ella le dijo incesantemente lo que había visto en algún otro lado. Shiba había terminado con una mano, así que pasó a la siguiente con otra gasa, repitiendo el mismo procedimiento.
Él terminó con una ligera sonrisa llena de satisfacción, levantó su rostro para encontrarse con el de ella a unos cuantos centímetros. Al principio se sorprendió pero segundos después se redujo la pequeña distancia que había entre ellos hasta que sus labios se rozaron.
— Señorita ... Rukia - susurró pausadamente a causa de la adrenalina que estaba expulsando su cuerpo por la situación tan excitante. Claro que desde la noche que viola en su concierto había soñado en tener sus labios junto con todo su cuerpo pero nunca lo había pasado tan rápido.
— Llámame Kia, así me llaman mis amigos. - contestó la azabache sin separarse de él, siguiendo el juego.
— Señorita Kia, desde que la conocí aquella noche tengo curiosidad - puso su brazo en la espalda de la chica para acercarla más a él -, ¿Me concedería el deseo de probar el sabor de sus rosados labios?
No hubo contestación por parte de Rukia así que se acercó más a ella y tuvo como su rostro era tocado por los cálidos dedos de su acompañante. Tomó eso como un sí y los dos cerraron sus ojos para unir sus bocas profundamente hasta el celular de la linda chica sonó interrumpiendo el momento. Los dos se separaron y sin decir palabra alguna al respecto, atendieron su llamada en un lugar apartado para tener un poco de privacidad.
— ¿Hola? ¿Quién habla?
— ¡Kia-chan, que bien que contestas! Habla Ichigo y quería decirte que estoy en el parque que está enfrente de tu casa.
Ella hizo una cara de hastío al escucharlo.
— Piérdete mocoso.
Acto seguido colgó la llamada sin esperar lo que él estaba por decirle.
Caminó hacia donde estaba el DJ esperándola. Una vez que tenían más cerca, él se había de la banca con una ligera sonrisa.
— Creo que ya es momento de que me dejes en mi hotel. - Pedí mientras comenzaba a caminar hacia ella. La pérdida de su cintura delgada, la atracción de su cuerpo y el dio un corto pero cálido beso en los labios.
Rukia algo decepcionada se separó del joven Shiba y dibujó una sonrisa forzada en su rostro. Le dio unas cuantas palmaditas en los pectorales de él, una manera de consolación. Tomó las cosas las cosas que habían ocupado para sanar sus raspones y caminaron juntos hacia el auto. El viaje fue muy tranquilo y divertido.
Cuando por fin llegamos al hotel de lujo en el que el DJ se hospedaba, Rukia no pudo esconder su sorpresa al admirar aquel lugar tan bonito. A ojo de buen cubero, dedujo que aquel lugar tenía más de 20 pisos, que la fuente que estaba enfrente de la entrada principal estaba tallada en mármol puro y que pagaba el alojamiento de un lugar como ese, una noche le costaría el sueldo completo de un mes más horas extras. Una vez que Rukia detuvo su auto enfrente de la entrada principal, Shiba se quitó el cinturón de seguridad y giró levemente el torso para restringir a la chica que tenía su lado.
— Gracias por traerme hasta aquí.
Rukia se sonrojó por el agradecimiento sin embargo si no hubiera sido por sus sentimientos y acciones tan impulsivas no se hubiera metido en ese lío, meditó para después reprimirse mentalmente.
— No, fue mi culpa que ...
Él la interrumpió poniendo uno de sus dedos índices sobre los labios de la chica. Luego tomó las manos de ella entre las suyas y les dio vuelta para ver las palmas levemente irritadas, con la yema de sus dedos rozó las banditas que cubrían las heridas, luego llevó aquellas blancas manos a sus labios les dio un tierno beso a cada una . Rukia lo veía embelesada.
— Gr-gracias Shiba. - pronunció débilmente y con la cabeza perdida pues ahora su corazón era el que reinaba su cuerpo.
Sus miradas se cruzan por unos segundos y al final, él bajó del coche.
Rukia abandonó el lugar para dirigirse a su casa o al parque.
El DJ se quedó en la entrada unos segundos viendo como el coche se alejaba del lugar hasta que otro más moderno se estacionó frente a él.
— Aquí esta su otro auto señor. - Dijo uno de los trabajadores del lugar mientras le daba las llaves de este y le hacía una leve reverencia.
Acto seguido se subió, tocando con un extraño afecto las pieles de los asientos. Estaba extasiado. Ahora cumpliría con aquella "cita sorpresa" que tendría con cierta mujer.
El sol comenzaba a desaparecer por el oeste, provocando que varias personas encendieran las luces. Tal era el caso del director que encendía la luz de la sala para seguir trabajando a gusto sobre todos los programas que tenía que supervisar y revisar las nuevas propuestas por algunos de sus empleados. Pasó sus manos por su rostro con pesadez y cansancio. Se sintió del tatami para después dirigirse al refrigerador y estirar un poco las piernas.
Tomó un té helado, luego checó la hora que era, 6:40 PM, al parecer no era tan tarde como él pensaba. Caminaba hacia su mesa para seguir con su trabajo hasta que de repente sonó su celular. Sacó el dispositivo del bolsillo trasero de su pantalón y vio el nombre del contacto soltando un suspiro.
— ¿Qué pasó Uryu? - contestó la llamada retomando su camino a su trabajo.
— Parece que la señorita no se encuentra bien ¿O me equivoco? - contestaron del otro lado de la línea un hombre.
— Ja ja, que gracioso. Tengo muchas cosas que leer y checar así que dime rápidamente lo que necesitas.
—Pues precisamente de eso quería hablar contigo. Estuve esperando tu correo con la planeación del nuevo programa y nunca me llegó. ¡Mucho menos el listado de los nombres que trabajarán conmigo! ¿Qué pasó amigo, todo bien? - expresó con notable disgusto y un poco de preocupación.
El presidente Shiba al escuchar las quejas de su amigo se dio un golpe en el frente ¿Cómo era posible de que se le olvidara algo como eso? Incluso recordó que ese mismo día no le había dicho decir a Rukia acerca del proyecto porque había salido furiosa de su oficina al enterarse de que Renji ya no trabajaba allí, además de que ya no la volví a ver en lo que restó del día.
— Disculpa, se me pasó por completo eso. De hecho una de las chicas que te servirá mucho no se ha enterado del proyecto.
— Mmm ~ ¿Chica? ¿Y que tan sexy es? - preguntó su amigo con notable interés. Shiba sólo se limitó a rodar sus ojos demostrando su molestia ante la pregunta.
— Mucho, es muy linda pero no creo que Rukia se interese en un idiota y mujeriego como tú. - defendió.
— Vaya, vaya. Parece que alguien está enamorado ¡Ja, ja, ja, ja! No te preocupes campeón, le hablaré bien de ti en la cama.
— Uryu ~
— Tranquilo, por cierto voy para tu casa. ¿Qué te parece si vamos y salimos, me hablas de esa chica mientras definimos unas cosas del programa? - propuso el joven con naturalidad. Aunque el presidente quisiera negar la propuesta, no perderá marcha atrás.
— De acuerdo, te espero. - después de colgó la llamada y soltó un penetrante suspiró.
El manto negro estaba por cubrir el cielo, anunciando que la noche ya había llegado.
Por el parque de Karakura paseaba tranquilamente un hombre cuya estatura era más de 1.80, un cuerpo visiblemente cuidado por el ejercicio, facciones masculinas y cabello rebelde con un color bastante común.
Desde que había regresado a Japón visitaba los lugares que habían marcado su niñez, especialmente con esa bella mujer. De repente a lo lejos escuchó la voz del señor que vendía takoyaki. El mismo puesto, el mismo señor pero ahora más envejecido, el mismo tono de voz y la misma ropa. Si no fuera porque el tiempo había hecho de las suyas para dejar una que otra marca de su paso, cualquiera que hubiera dicho que todo seguía igual, que no había pasado más de 20 años.
— Rukia-chan, cómprame comida, tengo hambre. - mandó el pequeño niño que paseaba sujetado de la mano de la pubescente.
— No tengo dinero. - contestó ella un poco cansada pues ya pasaban de las diez de la noche y Rukia seguía paseando a Ichigo para que se cansara y por fin decidiera dormirse para dejarla a ella en paz. La azabache sabía que ese tipo de trabajo le correspondía a su madre y no a ella, pero se encontraba enferma y no se sentía con la energía suficiente para cuidar del niño de sus señores Kurosaki, así que lo dejó en manos de su hija que había resultó ser responsable y autosuficiente.
— ¡Rukia quiero takoyaki!
— ¡Que no tengo dinero!
— ¡Es una orden!
La niña desesperada levantó la mano que tenía libre y con fuerza la llevó al rostro del niño para darle un golpe fuerte, sin embargo se detuvo a la mitad del camino oprimiendo esas acciones violentas en lo más profundo de ella. Si la familia Kurosaki se enteraba de que ella había golpeado a su hijo adorado, su madre asumía las consecuencias.
" Además mi madre ama más a este niño que a mí".
Cansada, fueron al puesto de comida que estaba por el parque. El niño no se había percatado de que ella estaba a punto de pegarle, incluso se puede dudar de lo que había registrado en su memoria. Contento por aquel acto de cariño, según él, comió felizmente takoyaki.
El hombre seguía paseando por el parque con una sonrisa de añoranza y deseo, hasta que decidió sentarse en una banca.
Rukia conducía con total calma a su casa, estacionó al auto una vez que había llegado a su destino, caminó a su puerta y una vez que estaba a un punto de poner la clave de entrada, se detuvo. Dio la media vuelta intranquila y comenzó a caminar hacia el parque, donde supuestamente se encontraría Ichigo.
Miró el reloj de su celular 8:45 PM. Ya era tarde, lo más probable es que aquel sujeto ya se hubiera ido del parque decepcionado por la ausencia de Rukia pero, una parte de ella le habría dejado fuera.
Estuvo alrededor de diez minutos paseando en el parque buscando una cabellera naranja y despeinada pero no lo vio. Ligeramente desilusionada caminó a su casa sin embargo al ver un rostro familiar sentado en una de las bancas del parque la hizo detenerse.
— ¿Señor Shiba?
