La habitación barroca estaba iluminada por unos cuantos blandones, una chica de cabello negro caminaba por la sala, cual si quisiera encontrar una respuesta en sus propios pasos.

-Akeno, si caminas así vas abrir una zanja- dijo un joven rubio acostado en un sofá y con el cuerpo cubierto de vendas.

-No puedo estar tranquila Kiba- dijo la muchacha-, no después de lo que te paso a ti y a koneko

-No fue tan grave- respondió el muchacho.

-¿Que no fue tan grave? Mírate está cubierto de vendas de pies a cabeza y koneko no está mejor

-Pusimos pie en casa ajena, no debimos iniciar ese combate

-Y que más hacíamos, iba a matar al peón.

-Ahora que lo pienso no creo que fuera así, solo luchó contra los que le entablaron combate mas no comprendo cómo fue que perdí. ! Ah! por el rey demonio que rayos hizo.

Un ligero gemido se escuchó suavemente. Una niña de cabello blanco se estaba levantando muy despacio, apenas podía mover su pequeño cuerpo; no comprendía, no veía, no sentía, no razonaba los hechos que, en vista de un hecho muy rápido, apenas se podía analizar en su contexto y resultado de cada acción individua. Le dolía la cabeza, un maremoto de pensamientos la cruzaba; se sentía confundida, innecesariamente tranquila, apenas si tenía heridas.

-¿Qué me paso?- preguntó la niña.

-te desmayaste te trajimos aquí- le dijo akeno.

-¿y la presidenta?- pregunto la chica.

-atendiendo otros asuntos.

Una respuesta impersonal, tanto, que no importa quien la haya dado.

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La gente habla, las congregaciones de personas en diferentes puntos producen un ruido desigual que se riega como una luz irregular por la estancia; un pájaro vuela fuera del salón, vislumbra a través de la ventana a un joven sentado, recostado contra su asiento pensando.

-¡ah! ¿Cómo paso esto?- se dijo. No veía con claridad, aquel chico, toda la información que se le había suministrado anteriormente; se preguntaba si estaba soñando.

-un demonio-afirmó dentro de sí-, un ser del inframundo, que se encuentra con los hombres para repartir el caos, y yo soy uno ¿Cómo paso esto?

Confundido, a si se encontraba, como una marmita de telarañas en medio de una cueva que le impedía ver hacia adelante. Sus ojos abiertos y ennegrecidos por la dudas que lo asaltaban; podía ver pero la facultad de observar le carecía, una mujer desnuda podía estar frente a él y no lo notaria ¿significaba qué sus sueños no eran sueños, sus fantasías no eran fantasías, sus tonterías eran tonterías?

-Ve al salón del club cuando termines las clases- se le dijo- ciertamente no tenía idea de lo que iba a ocurrir. Sin darse cuenta la clase terminó.

Hyoudou caminó hacia el antiguo edificio de su escuela, allí se encontraba un club, el más apetecido, el más buscado y probamente el que tenía las instalaciones más grandes. Se preguntaba por qué tenía que ir, mas en esta empresa no había respuesta.

Abrió la puerta del pasillo, copia exacta de sí mismo cada dos metros, recorrerlo dejaba una sensación de intranquilidad, escena calcada de una clásica película de terror. De esta manera el joven llego a la entrada de la habitación. Abrir aquella puerta de estilo barroco, mientras chillaba anunciándose como un señor de la guerra, estremeció a Issei.

Cuatro personas allí estaban, por la forma en que lo vieron el chico supo que lo estaban esperando. Sentada en escritorio principal de aquella estancia estaba Rias gremory, esta le sonrió –Ya pensaba que no vendrías- le dijo- toma asiento, igual es mi culpa que estés aquí.

Issei observó la habitación mientras se sentaba. Había dos de sus superiores que lo estaban observando, la joven pelirroja y chica de largo cabello negro. Sobre los muebles de la habitación el chico rubio, completamente vendado, dormía plácidamente y junto a él una niña de pelo blanco que también dormía.

-Vaya, vaya estas muy intranquilo, relájate un poco al menos, esta vez no hay nadie que quiera matarte.

Issei rio ante esta sardónica ironía.

-Sabes que ocurrió ¿verdad? fuiste atacado, casi asesinado, ¿sabes quién te ataco?

Issei negó con la cabeza, la chica de pelo rojo sonrío- un ángel caído, alguien que quería matarte y la chica con la que estuviste antes también lo era, ya te lo dije no es así, ahora eres un demonio y tal como nosotros as de combatir contra ellos.

-Espera un momento ¿cómo que combatir? Básicamente fui asesinado dos veces, no quiero morir fácilmente.

Una risita muy suave salió de la voz de akeno-eres un demonio vendrán a matarte quieras o no, tendrás que defenderte sí o sí. Al fin y al cabo ser atacado es natural para un demonio.

-Y eso fue lo que le paso a el-refiriéndose al joven rubio que estaba durmiendo cubierto de vendas.

-no exactamente-respondió la pelirroja-fue... otro caso, nada que te vaya importar de momento. Recuerda Eres un demonio, un demonio que me sirve. Los ángeles caídos buscaran matarte, pero si decides huir por miedo o por evitar recibir órdenes, nosotros serremos quienes cegaran tu vida.- terminó aquella frase sonriendo, una sonrisa que para cualquiera seria cálida y tranquila, pero que, en medio del contexto en el cual se daba, era como un bloque de hielo, extremadamente frio, deslizándose lentamente por la espalda.

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Los azulejos de gris violeta en medio de la habitación sin ventanas, amplia, sin un solo mueble, más que nada por la tina de 15 metros cuadrados que se encontraba en ella; se sentía el vapor que salía de las tuberías y el agua tenue pero suficiente tenía una temperatura perfecta, unos baños para relajarse y caer en la embriaguez y adentro cuatro personas. Eran mujeres tan bellas como cabe en una descripción que no se nos es permitido leer.

-¿Todavía no lo encuentras? Rias -preguntó una chica con lentes.

-No todavía no lo encuentro;- afirmó Rias- dime Sona ¿averiguaste quién era ese extraño sujeto?

-Por la descripción que me diste podría ser un estudiante de esta escuela.- fue su respuesta.

-Un estudiante, ¿Quién?

-Emiya Shirou de segundo año, al menos cumple con el cabello rojo blanquecino, en cuanto lo que dices sobre el no puedo afirmar nada, ha faltado durante tres días a sí que no creo que puedas hablarle

-Tres días-afirmó akeno, que allí se encontraba-¿no una semana?

- No, tanto el lunes como el martes vino- le respondió otra chica, también de cabello largo y negro.

-Entonces es imposible que sea él.

-Tendrías que verlo, la última vez que lo vi, sentí como si se contuviera de una manera extraña.

-Si es él, posiblemente vino a esta escuela ¿por qué sabía quién éramos?

-Si viene el lunes llámalo a consejo estudiantil-le dijo Rias- tenemos que hablar con él, y no le digas directamente que sospechamos de él.

En medio del vapor, el sopor y la tranquilidad una luz roja se materializó en un círculo mágico una y voz vino de él.

-presidenta- gritó esa voz-, Issei está muy herido- era Kiba- llegue tan rápido como puede cuando me llamo, pero no llegue a tiempo, tiene una herida en el pulmón.

-Está bien espérame- le dijo Rias- ya llegare hay.

-No creo que haga falta presidenta, él está aquí.

Dicha frase creó un silencio que rodeó por completo aquel baño y las jóvenes presentes estaban mudas.

Y crono vio el tiempo en el pasado como si de un recuerdo se tratase, pero en el caso del dios del tiempo era imposible recordar nada.

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-¿Cómo es que sigues vivo?- preguntó el joven de cabello rojo blanquecino.

La lanza roja apuntó a chico de cabello castaño, que sorprendido fue perdiendo la noción de sí mismo y se desmayó-tsk-dijo el joven con la lanza en la mano; vio que no habría respuesta y decidió irse.

-Detente-la chica pelirroja que ya estaba ahí le gritó- ¿quieres matarlo? No puedo dejarte.

-¿matarle?- se preguntó Shirou, ya que era él, pensó un rato en que forma responderle a la joven y al final decidió seguirle el juego-puede que tengas razón pero según yo, los no muertos merecen morir-le dijo con una voz despectiva y egocéntrica.

-No es un no muerto-respondió la chica con rapidez y una esfera de energía se formó en su mano

-Entonces ¿cómo es que el que fue asesinado sigue entre los vivos?

-¿Qué quieres decir?... espera ¿Cómo sabes que fue asesinado?

-Lo mismo debería preguntarte yo- dijo Shirou mientras observaba a la chica con mucho detenimiento, con los ojos entre cerrados y apretando la lanza por si fuera necesaria. Estaba preparándose para el combate y su interlocutora lo notó. Detrás de ella tres personas, dos de las cuales se pusieron al frente la chica, los cuales eran un hombre de cabello rubio y una niña de pelo blanco, se preparaban para un combate.

Emiya Shirou no esperaba ni quería plantear batalla, pero las personas frente a él tenían en sus ojos la palabra combate y estaban listos para iniciarlo. Se veían, tenían frente a ellos a un guerrero, el chico rubio y la chica albina, para proteger a algo lucharían contra el pelirrojo, no había duda. Despareció la lanza, como si no fuera importante.

-Trace on- dijo Emiya y sus manos temblaron un poco, brillaron ligeramente. Frente a él el muchacho rubio tenía una espada. Estaban ya preparados y observándose los dos guerreros. Una brisa los vio desaparecer.

Ya en otra parte del parque aparecieron separándose de un salto, el pelirrojo con dos falcatas, una negra y una blanca, el otro chico con una espada a dos manos.

Ambos sonrieron y la pelea se reanudo; corrieron hacia sí, regresó el choque de espadas, el joven pelirrubio era bastante rápido, después de unos golpes desparecía he intentaba atacar por los costados o por la espalda parecía como si estuvieran rodeados de espejos y lo único que hiciera el chico fuera cambiar cual lo reflejaba, pero Shirou lo preveía y justo al momento en el que desaparecía, su posición cambiaba dispuesto a soportar cualquier ataque.

-Trace on- dijo y su cuerpo cambio ligeramente, frente a un ataque de su enemigo cruzo sus espadas y bloqueo el ataque, las giro rápidamente convirtiéndolas en un prensa, oprimió con fuerza y en un segundo la espada de su rival ya no estaba en sus manos.

Viéndose desarmado el chico retrocedió. Shirou con sus piernas reforzadas salto hacia él tan rápido como un pestañeo. Medio segundo transcurrió, el cuerpo inclinado, las rodillas dobladas, el codo hacia el frente con la fuerza para desmallar a una persona. Pero…

Resonó el choque de espadas las falcatas, recolocadas, bloqueaban otra espada, también de dos manos, más delgada para ser más rápida, ante esto Shirou sonrió, había subestimado, aunque sea ligeramente, a su enemigo y dio una patada para alejar al joven rubio.

-¡ah! vaya-dijo-, kendo y esgrima en un mismo estilo, qué interesante, no puedo subestimarte.

Resopló el viento, el pelirrojo apareció frente a su enemigo, las espada blanca en su mano derecha liberó chispas al ser desviada y así tan rápido, como el corte de una bala, la izquierda repitió el ataque también repelido y la espada blanca volvió a caer, luego la negra, repitiéndose en un incesante batir de espadas, cada vez más rápido, cada vez más fuerte. El joven rubio retrocedía mientras desviaba uno y otro golpe, notó que su espada estaba agrietándose y a cada golpe las grietas crecían, la espada fracturándose y el joven supo que lo que pasaría, no le sorprendió cuando vio su espada convertida en un millón de fragmentos.

Shirou vio la espada rota, sonrió y sus espadas se convirtieron en humo, su cuerpo se reforzó al máximo. ¡Pah! un golpe sordo, un gancho derecho justo en el estómago, levantando a su enemigo unos cuanto centímetros y con fuerza dio el siguiente golpe dirigido al hombro, para inmovilizar el brazo, luego el siguiente, y el siguiente y el siguiente y el siguiente y el siguiente y el siguiente y el siguiente y el siguiente y el siguiente y el siguiente. Desde lejos era una lluvia de golpes irascibles que parecía no tener fin, mientras su víctima era paralizada por cada impacto, le atontaban los nervios, y luego un último golpe, justo en el rostro. Volando al sentir el estallido de la nariz quebrándose, su enemigo cayó al suelo, inconsciente. Más de treinta golpes dados con muchísima fuerza.

Su enemigo estaba inconsciente y así como si se cruzase una línea invisible otro enemigo apareció, era la niña de pelo blanco. Shirou esquivó su golpe el cual golpeo el suelo y lo quebró, esta chica era fuerte pero era más lenta el anterior adversario, y así como ella intentó atacarla por la espalda Shirou la supero, puso la mano en su cuello y esta se desmallo.

El joven pelirrojo estaba sonriendo-fue interesante-dijo-pero así como ustedes tienen sus motivos, yo tengo los míos, verifiquen al chico quien sabe cómo este- y entonces se retiró caminando con tranquilidad, sin decir adiós ni dar explicaciones, alejándose de los cuatro cuerpos que estaban allí tirados. Poca importancia tenia para el entonces lo que fuese ocurrir con el cadáver, el moribundo y los dos heridos.

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Hebras de oro fino, más de un millar de cabellos que brillan como el sol; un rostro delgado, labios finos, piel tersa y blanca, unos arrebatadores ojos verdes, una orejas pequeñas hechas de cristal, una cabeza hermosa conectada a lo que se describe como la expresión misma de la delicadeza. Un velo blanco sobre su hermosa cabellera un vestido de una pieza color verde azulado, cubriéndole por completo los brazos y llegándole hasta los tobillos. Era bella, tenía una belleza de porcelana delicada, de escultura de miguel ángel.

Hyoudou Issei observaba absorto, embelesado por la muchacha, se encontraba arrodillada frente un niño pequeño que la veía con ojos míseros. Tenía la rodilla raspada, la muchacha tenía sus manos en ella, de estas se desprendía una luz verde olivo, la herida del niño se desvanecía, ya no habría cicatriz, ya no había dolor. Con la herida sanada el pequeño dio las gracias y se fue con una sonrisa.

Mientras el chiquillo se alejaba corriendo, la joven se veía satisfecha, la leve sonrisa en su rostro y su mirada depresiva; la envolvía en una esencia tan bella como el jade pulido, un aura que relucía como el oro, un espíritu hipnótico que te, incluso, a provocar la furia de Creonte solo por ver aquella escena un ves más. Antes de darse cuenta Issei estaba caminado hacia la muchacha, pies mecánicos que se movían en una sola dirección.

-¿señorita, como ha sanado la herida del niño?-dijo Issei, sin saber siquiera a quien o porque dirigía la palabra.

-¿ah?- pregunto la chica sorprendida. Y en su intento por ver quien la había interrogado, casi cae mientras gira. Su mano, su muñeca de porcelana fina, firmemente sujeta, por la persona que le había increpado. Ayudándole a recuperar su equilibrio le dijo Issei soltándole la mano.

-Lo siento, no quería sorprenderte.

-No hay problema-le respondió con timidez la chica-solo me asuste un poco.

-Lo menos que buscaba era asustarte, solo me preguntaba ¿qué fue lo hiciste hace poco? Me refiero al niño

- Solo le di la gracia de dios.

-¿La gracia de dios?- pregunto el joven-¿y en que consiste tal don?

-Dios me permite ayudar a los demás

-Dios ¿ha?

Hyoudou observó el lugar tan cautivado estaba por esta muchacha que hasta ese instante se percató de un par de maletas-son tuyas-dijo señalándolas, disimulado mal su curiosidad

-¡ha! Es cierto, me perdí ¿me podrías ayudar?

Issei estaba maravillado ante el corazón de la joven, eso o su clara ingenuidad.

-claro- respondió con franca alegría, mientras pensaba "ayudar a una chica hermosa quien no"- y ¿cuál es tu destino?

-La iglesia de…

-La iglesia he ajajajjaajja-dijo-no pasa nada- "mierda" pensó, mientras caminaba, recordó un detalle y preguntó con vergüenza-por cierto ¿Cómo te llamas?

-ha… es… me llamo Asia argento… ¿y tú?

-yo… soy Hyoudou Issei

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-aahh, aahh, aahh, aahh. Me tarde media hora -dijo Hyoudou Issei- que tan lejos estaba esta casa.

-esta vez voy a hacerlo bien, voy a terminar el contrato-dijo con entusiasmo y luego se deprimió- he fallado ya tres veces- recordaba entonces la explicación más sencilla de todas, tal como se dice siempre, los demonios siempre realizan un contrato con un humano, a cambio de un pago ellos cumplirán cualquiera de tus deseos, aunque Issei era un demonio patético y no lo había conseguido cumplir la peticiones ni una vez.

Issei tocó el timbre de la casa y dijo- vengo porque me han llamado-no escuchó respuesta, pensando que no lo habían escuchado volvió a tocarla, tampoco hubo respuesta, extrañado decidió tocar la puerta sonoramente con sus nudillos y al primer golpe esta se abrió, mirándola bien notó que tenía la chapa rota

-¿qué?-Issei empezó a preocuparse, dio un paso dentro de la habitación y sintió algo quebrándose y antes de darse cuenta la ventana y el muro que la sostenía se había hecho pedazos y de la "nueva puerta " salió una persona cargando un hombre en los hombros, no alcanzó a ver bien su rostro.

Dentro de la casa escucho la palabra- perro como te atreves a molestar la obra que sirve al señor.

-a dios dices, yo solo veo a un psicópata-dijo el hombre girándose viendo a su interlocutor.

Issei vio entonces quien era quien era el que hablaba. Difícil era para el no saber quién era este usuario de cabello rojo blanquecino.

-Emiya-dijo en su sorpresa.

El otro chico, entonces, se dio cuenta de su existencia y dijo- Issei.

-Puedo preguntante loco psicópata -dirigiéndose a su anterior interlocutor- ¿por qué es que intentaste matar a esta persona?

-El que busca al diablo busca la muerte-fue su respuesta.

-que argumento tan poco razonable.

-Tu eres uno de eso demonios por que no te vas al inferno.

-Jajjajajaja, ¿es un chiste verdad!-dijo Shirou burlándose de su enemigo.

El sujeto dentro de la casa gruño como perro y fue a atacar a Shirou, antes este movimiento Emiya reacciono y dijo- Issei toma- lanzándole la persona que tenía en los hombros mientras daba un salto hacia atrás y entonces Hyoudou vio quien era el loco psicópata, tenía el pelo color gris, una bata de sacerdote e incluso una cruz colgada al cuello. Tenía en su mano derecha una espada de luz y en la izquierda una pistola.

Issei pensó- lo va a matar-y formó en su mano un pequeño círculo mágico extremadamente pobre –Kiba-gritó. Entonces el sacerdote lo notó-no niño, no harás nada- y le disparo en el pulmón derecho y este se desinflo como un globo. Poco pudo disfrutar aquel psicópata porque Shirou lo ataco gritando- maldito- y cuando se dio cuenta la espada de luz que tenía en la mano estaba partida a la mitad con un corte tan fino que parecía cortado molecularmente y su pistola estaba en las manos de su enemigo.

-¿cómo?-preguntó el peliblanco

-no te importa, ¡ahora muere!

Un destello de luz golpeo el suelo y lo destruyó, detuvo a Shirou a un metro de su enemigo y una voz femenina habló- Freed retírate no podrás tocarle.

-esa voz ¡Raynare? me pides que me retire- le gritó aquel psicópata

-sí, precisamente-dijo aquella mujer de alas negras a unos quince metros de lo ocurrido. Al escuchar esa voz Issei, que todavía seguía consiente, la observó; vio su ropaje exhibicionista, las alas de cuervo en su espalda, en incluso noto que le faltaba una mano.

-Yuma-susurró con rabia, tan suave que a 15 centímetros era difícil escucharle, mientras, poco a poco se desangraba, arrodillado en suelo, perdiendo cada vez más fuerza.

El hombre llamado Freed escupió al suelo y dijo- nah… Por ahora me retiro, pero si los vuelvo a ver no los dejare vivos.

-Eso asegúralo cuando tengas la capacidad de lastimarme- le dijo Shirou devolviéndole la pistola y luego señalo al ángel caído- Raynare, supongo ese es tu nombre, ya que no has intervenido realmente te dejare ir esta vez, pero si noto que está intentando hacer otra cosa no me contendré y perderás más que solo la mano ¿está claro?

El ángel no dijo nada, solo vio al joven de cabello rojo blanquecino con rabia y se retiró en una luz que la envolvió junto con el sacerdote.

Entonces Emiya se acercó a Issei-no es tan grave-dijo-, la herida por suerte no te dio en el corazón, puedo tratarlo.

-Shirou… tu…

-¿qué hago aquí? ¡Ah! es interesante quizá te lo diga más tarde.

Dispuesto a curar al joven, Emiya puso su mano en su pecho y tapo la herida con el dedo. En ese instante una luz carmesí apareció en su espalda brillando como la llama de un antorcha; Shirou vislumbró el circulo carmesí que se formaba en suelo y notó que de él salía una persona, tenía una espada en la mano como si se preparase para un combate, y sonrió ante la curiosidad de su existencia.

-jajaja… Que irónico que este aquí si mal no recuerdo tu nombre es Kiba Yuuto

-¿Qué haces aquí?- preguntó Kiba rápidamente abandonando el bagaje de la diplomacia.

-Supongo… que buscando unas respuestas.- respondió el joven de cabello rojo blanquecino

-Y, si puede saberse, ¿Cuál es la pregunta?

-¡Ah! Nada en especial-dijo-pero ¿Por qué ángeles de alas negras quieren matar a este joven? ¿Cómo, después de ser asesinado, sigue respirando? , ¿Por qué un "sacerdote" masacra por diversión? Y, ¿Por qué tú está aquí?

Pensó, el joven Kiba; razonado como responder; no podía enfadarle, ni quería hacerlo.

-Siendo sincero-le respondió- no puedo darte un motivo concreto, pero se quien sí.

-Oh, ¿enserio?-dijo Shirou sonriendo al suponer de quien le hablaban.

Un círculo mágico se formó en la mano del joven rubio y llamo a esa persona diciendo de ante mano que Issei estaba herido.

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Barrocas pinturas observaron con detenimiento a la chica pelirroja que caminaba de un lado a otro en la habitación. Esperaba la llegada de alguien, su mirada ansiosa, su ceño fruncido y el furor sobre su cabeza lo denotaba. Hacía tiempo que no estaba tan nerviosa, solo su hermano podía ponerla en ese estado, pero ahora necesitaba meditar bien sus palabras, no sabía que podría ocurrir; positivamente creía que si, por los motivos que fueran, era necesario entablar un combate su nobleza entera podría vencer a aquel joven, mas era lo que más quería evitar.

-Rias cálmate- le dijo akeno, que se encontraba en la habitación- esperemos a que las cosas se den, no podemos alterar el futuro.

- Lo sé- fue la respuesta-, pero estoy nerviosa, no sé qué decir.

- Relájate- le dijo Akeno- solo ten confianza.

- Esto no es cuestión de tener confianza, es cuestión de hacer las cosas bien.

-¿Y? -le preguntó Akeno-, de entre estas cosas ¿qué piensas hacer?

- Hablar con franqueza- fue la respuesta

En medio de esta pausada conversación se abrió la puerta, con su peculiar chillido. De la entrada dos personas accedieron a la habitación, el joven rubio (Kiba) y el muchacho de cabello castaño (Issei), mientras el primero cargaba al segundo, el cual herido fue depositado sobre un mueble.

-¿y?- le preguntó Rias- Kiba ¿Qué ocurrió?

-¿Qué ocurrió?- fue la extraña respuesta de él- cuando llegue allí me encontré a Issei herido y a él arrodillado; no sentí que quisiera matarlo, por el contario creo que buscaba curarlo.

- Ahora, no entiendo nada- dijo Akeno mientras, arrodillada frente al herido, curaba a Issei- ¿qué es lo que busca este joven?

- Akeno, céntrate en tratarlo.- le increpó Rias rápidamente y dirigiéndose al joven frente a ella le dijo- Kiba ¿qué hay que hacer?

- Él vendrá pronto- respondió el muchacho- está llevando a uno de los heridos del fallido trabajo de Issei al hospital.

-¿Cuándo llegará?

- Lo desconozco. Quizá ya, quizá mañana.

-¿Qué quiere?

- Lo desconozco más aún.

Pronto Rias se dio cuenta que esta sesión de preguntas no conducía a nada; no tenía sentido preguntarle algo a alguien tan ignorante como ella misma. Estaba nerviosa, quién lo negaba, pensando en muchas cosas y sintió un leve sobresalto al momento en que una mano anónima, extrañamente conocida, toco la puerta con fuerza; eran cerca de las diez y cuarto.

Al expandirse las puertas, se abrió a ellas una total oscuridad; pasó entre los pórticos una ola de tristeza bañada en soledad, cruzó sus fronteras, como el que atraviesa un muro de aire invisible, un joven de cabello rojo blanquecino. El joven saludo con extraña cordialidad a las personas de la habitación. Extrañeza, si no es más, sintieron todos ellos. Él, por el contrario, no sintió nada, sentándose en una silla como si fuera suya preguntó.

- ¿en qué momento podre aclarar mis dudas sobre lo que está ocurriendo? Desde hace tiempo seguía a Issei, tenía un aura extraña, como si no fuera humano. En el momento en que él fue asesinado su importancia simplemente se anuló, pero luego, para mi sorpresa, apareció vivo. Esto no tenía sentido, mas estaba ahí como si su muerte hubiera sido un mal sueño. Parece que esto tiene que ver con ustedes ¿decidme, por qué? Y además ¿qué relación tiene Hyoudou Issei en todo?

- Está bien- le respondió Rias sentada en su escritorio-, ¿Cómo comienzo?

Ella meditó un rato, no mucho apenas unos segundos, para luego responder a su propia pregunta- creo- afirmó- que lo mejor para empezar, es decirte que es lo que somos. No te sorprenderá saber que somos demonios ¡supongo!

-Así que son demonios, curioso. Es cierto que no los sentía como personas normales, pero ahora me dices que eres un demonio y no solo tú también lo son todos los presentes en esta habitación, menos yo claro está. Pero lo cierto es que lo no creía posible, no lo sabía ¿Y? ¿Qué me aclara todo esto? ¿Qué relación tienen los seres del inframundo con lo ocurrido?

- un poco de contexto, creo, es necesario. En todo caso lo que atacaron a Issei son ángeles caídos, cosa que supongo ya sabias.

-No- afirmó rápidamente Shirou-, no tenía idea que fueran ángeles caídos con esos seres estoy igual que con ustedes, me imaginaba algo diferente, cualquier cosa, dentro de lo posible. Pero en vista de lo ocurrido es lo más lógico.

Al terminar esta frase Shirou rio un poco; un demonio interviniendo en la vida de un hombre hasta el punto de otorgarle un nueva vida, la perspectiva de lo más lógico siendo lo más increíble, le daba gracia.

-Pero- volvió a intervenir Shirou-, ahora que ya me has explicado quienes son las partes del conflicto. ¿Qué relación tiene Issei con todo esto?

-Supongo- dijo Rias- que puedo explicarlo de esta manera.

Entonces comenzó a hablar como si recitara una vieja parábola, dijo así- hace tanto tiempo, que el hombre no recuerda su historia, dios vio el suplicio del hombre y decidió darle un regalo, con su manos de artesano creo cuantiosos dones; en los ojos, en las manos , en los pies, en el pecho y el alma. El hombre recibió el regalo divino, uno por cada hombre que vivía entonces. Al morir su dueño el don viajaba como una maquina en busca de un nuevo portador. Por este cambio que funcionaba como engranaje se les llamó gear; al ser sagradas obras de dios su nombre completo fue sacred gear.

-Muy interesante- dijo Shirou-¿y?

-¿Qué crees que porta Issei en su interior?- le preguntó Akeno después de un rato de silencio.

- ah, ya veo- fue la respuesta del joven pelirrojo- ¿y es ése el motivo por el que lo mataron?

-Sí precisamente- fue la respuesta de la chica pelinegra

-¿Qué planeaba Issei para que decidieran matarlo?

-Nada de lo que tengamos conocimiento. Por lo que nos dijo él simplemente era una lástima que poseyera el sacred gear.

- y él no era consciente del poder que ocultaba.

-Quizá- intervino Kiba- era consiente en un ínfima parte del gear, pero no era nada como para prestarle importancia.

- Si es así- preguntó Shirou- ¿Por qué matar a alguien no representa amenaza alguna?

- Porque- respondió en ese momento la dubitativa pelirroja- así eliminan, los portadores más débiles, y pueden extraer las más útiles.

- Cuándo dices "extraer" te refieres a tomar el sacred gear de un persona.

- Precisamente- fue la respuesta- más lo lamentable es que los regalos divinos están arraigados en el alma de su dueño y al separarlos el daño es tal que la persona…

- ¡Muere!- dijo finalmente Shirou con visible irritación.- Lo comprendo ¿pero cómo es que él está vivo?

Akeno entonces tomo la palabra- por un motivo igual por el que yo estoy aquí, igual Kiba y Koneko. Ninguno de nosotros tres era un demonio al principio.

-¿Y, por qué lo son ahora?- preguntó Emiya de la manera más estúpidamente obvia.

-Porque es posible- afirmó en ese momento Rias, con un extraño orgullo.

- Podría parecerte extraño- continuo la pelirroja- pero hace bastante tiempo se desarrolló el sistema de las piezas malignas, con ello un rey puede convertir a quien quiera en sus sirvientes y con ello en demonios. Da igual quien se halla sido antes.

-Entonces- preguntó Shirou- utilizaste ese extraño sistema para salvarle la vida a Issei, Jajajajajajajaj… eso explica porque el sacerdote me llamo demonio y porque Issei se encontraba en aquel lugar.

Ya clamado el joven pelirrojo pensó un poco "todo los seres convertidos en demonios" se dijo a sí mismo. Luego la joven pelinegra, Akeno, continuó con esto y dijo.

-Quizá es menester decirte que, las piezas malignas, funcionan como el ajedrez, se tiene a un rey, una reina, dos caballos, dos torres, dos alfiles, y ocho peones, y como el ajedrez cada pieza tiene un valor numérico, su capacidad para transformar a los hombres.

- ha, ya comprendo, y ustedes los demonios ¿Qué buscan, qué hacen?

-No creo que debas preocuparte por nosotros- le respondió la chica pelirroja sentada en su escritorio- nuestra interacción con los hombres se limita a transformar en demonios a los que quieran y a conceder lo deseos del ser humano. No les hacemos daño, pues no tendría sentido ver a un campesino quemar su cultivo. Nos preocupamos de nuestros propios negocios, e intentamos no inmiscuir a los hombres en ello.

- Entonces- afirmó Shirou- los ángeles caídos hacen más daño en su ambición que los demonios quienes se los conoce por ser ambiciosos. Hoy, extrañamente, veo que este mundo esta torcido de maneras muy interesantes.

La habitación se cubrió en silencio, Rias había meditado cada una de su palabras, de su boca solo había salido el convenciendo típico de los demonios. Por otro lado todos los presentes querían conocer que les diría el joven de cabello rojo blanquecino.

Durante unos minutos, en que el la tensión se convirtió en horas, se esperó la respuesta del joven. Esperaron la sentencia, las palabras de aquel joven.

En ese tiempo, Shirou se había desconectado por completo de todo lo que lo rodeaba, era un maniquí parado en la oscuridad en medio de un silencio que murmuraba. Por otro lado, en su mente, Shirou caminaba por una gran planicie; un camino extenso de mil pasos e infinitas direcciones; un montaña nevada que actuaba como fondo y que parecía nunca alejarse por mucho que se caminara; un yermo de belleza hipnótica parecido a las estepas mongolas y, en medio de todo, el joven Emiya como un hormiga en la carretera.

En medio de este mundo, el chico de cabello rojo pensaba- me han dicho cosas muy básicas, pero no comprendo realmente nada- se decía pero sin atreverse a ir ms lejos. Se preguntaba, a cada paso que daba, que pensar de aquellos demonios ¿debería repudiarlos por convertir a hombres y mujeres? ¿Debería odiarlos por resucitar a los muertos? Aunque no sentía que fuese necesario sentir rencor contra ellos. Por qué estaba en esta situación en la que no podía comprender nada, había demasiadas cosas que no comprendía. Un demonio siendo amable, un demonio que da respuestas sin dudar, hombres convertidos en demonios ¿Qué significaba todo? ¿Por qué la familia con veintiséis legiones de demonios tendría que reclutar a hombres comunes? Nada tenía sentido. Y, aun con todo, se veía a sí mismo sensiblemente orientado a favor de estos seres infernales.

Los ángeles caídos producían más daño, atacar y matar casi por placer los diferenciaba de lo que no intentaban dañar a nadie. No podía simplemente verlos dañar a nadie; necesitaba un motivo para atacar a esos cuervos y vio en los murciélagos la forma de hacerlo sumado a su propia ignorancia decidió aclarar sus dudas.

Rompiendo el silencio como una sierra a la madera el joven dijo

-creo que este momento no se nada, por ello voy a conseguir el conocimiento que me falta. Quiero convertirme en un demonio y aprender con ello lo que realmente ocurre en este mundo. Si no le molesta claro está.

Nota del autor

Primero, este es mi primer canfín.

Segundo, sea cual sea tu opinión, me alegraría conocerla independientemente del idioma o país al que pertenezcas.

Tercero si te preguntas ¿Qué versión de Shirou uso lo revelare más tarde?

Cuarto no soy muy fanático del ecchi pero al ser dxd es necesario, mas no se usara en exceso, así mismo habrá unos cambios en la personalidad de Issei, no será cien por ciento de las novelas ni del anime y va a tener su propio desarrollo.