Si hay forma alguna para explicar cómo se encontraba la cabeza de Rias Gremory en ese momento, sería confusa. Se podrían pensar en otras maneras para expresar esta idea, pero lo cierto es que resultarían insatisfactorias. El joven de cabello rojo blanquecino frente a ella era la causa de su extrañeza.

— ¿Qué has dicho?— le preguntó ella.

— He reconocido mi ignorancia— afirmó él— por eso quiero perderla.

— Eso no es lo que pregunté— dijo ella en respuesta.

— Puede que les resulte insatisfactorio, pero es la verdad. Poco puedo afirmar de ello; me encuentro ignorante ante lo que me han dicho, me veo incapaz de actuar de manera natural y presiento que hay más un simple ángel caído. Eh ahí mis motivos.

— Tus motivos— le dijo Kiba— no son, para mí, algo de confianza.

— ¿Confianza?— le preguntó Shirou— esto no es de confianza, es de acción y no soy alguien que traiciona a sus compañeros. Quiero convertirme en un demonio porque gracias a ello entrare en todo y, confió, podre intervenir en un punto más crítico del mundo entero. Además no tendré que matar a todo el mundo y eso siempre es bueno.

Esa última frase contenía todos los sentimientos de Shirou, sus ambiciones y cobardías; para él convertirse en un demonio implicaba mucho, eliminar la maldición de Archer podría cambiar su historia, su vida entera, el camino que necesitaba recorrer. Lamentablemente Emiya se encontraba vez más cerca de convertirse en aquello con lo que luchó años atrás. Éste era su mayor motivo, allí se encontraba, junto con su desconocimiento, la verdadera razón para su repentina decisión.

— ¿Qué quieres conseguir?— Le preguntó entonces Kiba

— Mi búsqueda, no es algo tan importante en este caso— fue su respuesta— más bien, busco conocimiento.

Aquel joven rubio, visiblemente irritado, le iba a responder con violencia; aun así, sintió la mirada penetrante de su ama que lo incitaba a calmar su ira.

— Creo comprender lo que has dicho— dijo entonces Rias— mas no veo que ganas tú de todo esto. ¿Estarías dispuesto a servirme por siglos o, incluso, el resto de tu vida?

— Creeme, mis palabras no están tomadas al azar, si digo que quiero convertirme en un demonio es porque obtendré más de lo que puedas creer.

Akeno se acercó a Rias en ese momento, y susurrándole al oído le dijo— ¿crees que será da confianza?

— no lo sé— le respondió está muy suavemente— si lo convierto en un demonio podría tener jurisdicción sobres él. Pero…

Todos los presentes observaron a Shirou, el cual tenía una calma extrema, ironía en el propio cinismo de su sonrisa, extrañamente cautivante. Así, en medio de la calma de los pensamientos propios, que darían como resultado una respuesta a la que se necesitaba tanto.

— ya lo dije ¿no es así?— increpó Shirou interrumpiendo los pensamiento de todos— no soy una persona que traiciona a sus compañeros, y tampoco me retracto de mis palabras. Pueden creer lo que quieran creer, pero si me ven como un mentiroso sus creencias serian falsas.

Aquel joven, visiblemente orgulloso de sí mismo, sorprendió a Rias con esta última frase. Sí, en definitiva es chico le serviría, no cabía ápice de duda. Mas en su interior ella se preguntaba el por qué de esa seguridad; cerró los ojos dos segundos y se levantó con fuerza de su asiento – está bien— dijo rápidamente— aceptare, tú te convertirás en un demonio, un miembro de mi nobleza.

— Me alegra escuchar eso— fue la única respuesta.

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Llamas, podredumbre y destrucción; cenizas que, levantadas en el aire con fuerza de huracán, consumen tus pulmones y cierran tu garganta como un tapón ardiente, tierra que por el fuego se ha cocido y es dura como el ladrillo, casas que ya no existen, que son polvo en medio del viento; las pocas personas que allí de encontraban, no eran humanos, eran huesos cubiertos en la grasa derretida de sus propios cuerpos No era el infierno, pero si algo muy cercano a ello.

Resaltaban en medio de todo esto, dos figuras, dos caballeros con grandes armaduras que podrían pesar fácilmente los 50 kilos. Uno ataviado de un rojo sangre que resaltaba a pesar de las llamas, el otro impuesto en un blanco níveo al que el hollín del fuego le era indiferente. Estos dos guerreros estaban drogados en medio de una lucha encarnizada contra sí. A cada golpe la tierra temblaba y el viento se estremecía. Era como ver la guerra representada en la figura de dos hombres, seres vestidos con armaduras que parecían un dragón en miniatura pero que, en todo, eran solo la forma condesada del mismo. Llegó un punto de la sangrienta lucha en donde los dos se separaron, embelesados en su propia rabia dijeron, pero no ellos sino un millar de hombres que prevenían de sus bocas cargadas en odio, las siguientes palabras

— ¡YO, AQUEL QUE DESPERTARÁ!

— ¡YO, AQUEL QUE DESPERTARÁ!

Aquellas palabras resonaron como un terremoto y el fuero de la tierra empezó a temer; era el miedo y hambre en todos los hombres, era el despertar de un dios.

En ese instante se despertó, ya no había muerte, ni guerreros invencibles solo una estancia, con cosas simples, un techo simple, era su habitación y Hyoudou Issei se preguntaba qué significó aquel sueño.

Él estaba mareado, cansado a causa de aquel extraño sueño. Sentado en su cama no advirtió su completa desnudez; se frotó la cabeza con una mano, en un intento por controlar el abatimiento físico que le dominaba. Aun así perdió ligeramente el equilibrio y se sostuvo con sus manos, como si fuera el trípode de una cámara. Allí notó, para su sorpresa, la venida de la mañana y la luz le cegó durante unos segundos, donde la estabilidad de su cuerpo desapareció por completo y calló de su cama en una forma patética.

Se encontraba con la sien en el suelo, su cuello torcido como una L, y las sabanas cubrían apenas su pierna izquierda. En esta incómoda posición, Hyoudou Issei se percató de la desnudez de su cuerpo, y como una metáfora extraña este hecho le recordó la última vez que se encontró de esta manera, también la grata compañía con la que contaba en aquel momento. Pero ella no estaba y tampoco estaba la herida que, por desgracia del destino, recibió en el pecho la noche anterior, suponía el motivo de esto, mas, para él, tenían prioridad otras cosas. En ese momento se levantó, el duro suelo de su recamara no era para nada cómodo; Se vistió rápidamente y bajó a desayunar. Ya en las escaleras vio a sus padres, aquellas personas de mediana edad, sentadas en la mesa comiendo, él notaba la satisfacción en sus rostros, la alegría que de ellos se irradiaba y como una gruesa manta sintió una calidez acogedora que lo embriagó por unos segundos— buenos días, — dijo con satisfacción, saludándoles.

Dicho eso se halló en el primer piso, y junto con la cálida sonrisa de su familia se encontró, como si frente a su vista se encontrara un fosforo encendido, con una larga y bella cabellera pelirroja que resaltaba en medio de sala— ¡presidenta! ¿Qué hace aquí?— dijo Issei con incredulidad.

—Jejeje— rio la joven, con una sonrisa pícara— buenos días Issei, lamento importunarte pero dormí en tu casa anoche— por la entonación el joven comprendió que ella no lo sentía en lo más mínimo.

— ¿Por qué tuvo que dormir aquí? — Preguntó Hyoudou como un idiota.

— Porque te desmayaste y fue necesario traerte aquí, como era tarde, tus padres me ofrecieron una habitación— dijo la joven en respuesta, como si no importara.

Palabras mayores, palabras menores, en todo caso Issei estaba mudo. Su silencio no era comparable a un rehén al que le cierran la boca con cinta, por otro lado tampoco parecía un cadáver, sería achacable al preso que guarda silencio porque sabe que todo lo que diga empeorará su situación. Sentado en la mesa, comiendo un desayuno compuesto por café, tostadas y huevo, esperaba que sus padres no crearan una idea errónea de lo que allí ocurría, mientras un silencio incómodo y pesado se cernía sobre toda la sala.

Ya los platos vacíos y los estómagos llenos, la luz del día entraba por una ventana iluminado de manera extraña la estancia, se podía ver, incluso, su mágico camino.

— Esta bien— dijo Rias destrozando el silencio— ya estoy satisfecha, señores gradezco mucho su generosidad.

Tras esto, dejo ella con elegancia los cubiertos encima del plato y levantándose con una finura excesiva a fuerza de ser meditada dijo— Issei, llegaremos tarde si no nos vamos ya.

No había expresión para decir cómo se encontraba la mente del joven cuando, como si de una marioneta gigante se tratara, se levantó de su asiento sin ningún tipo de voluntad.

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Tal que si fuera agua que se escurriese del pecho la sangre brotaba de su pecho como un manantial, y con cada gota que salía la energía era robada de su cuerpo, cuando cayó al suelo producto de la debilidad solo pudo sentir el duro contacto con el asfalto. Encontrándose patético, sucio y estúpido Issei solo podía decirse las mismas tres palabras— soy muy débil— repetía esta frase como un clero, una guía a seguir y se gravo a fuerza en su mente.

En ese momento el joven regresó a la realidad, se encontraba en el salón del clase, el ruido de sus compañeros era el advenimiento de lo presente y el motivo por el que no estaba ensimismado se refería a dos idiotas en su espalda. Bueno ¡idiotas? llamarlos de esta manera sería ir demasiado lejos, lo cierto es que eran unos subnormales, unas personas que tenían más "neuronas" en la entrepierna que en el cerebro, digamos en defensa de Issei que la presencia de estos dos los molestó en cierta medida, agreguemos en su culpa que la ligera ira se esfumó en un segundo.

— Matsuda, Motohama ¿Por qué me molestan? … ¿Eh? ¿Por qué me miran como si fuese un asesino?

— Maldito— le gritaron en coro perfectamente sincronizado— llegaste con Rias de tercer año, sabes cuántas personas morirían por tal privilegio ¿Qué hiciste?

— Absolutamente nada— respondió él con una voz grave, sonora y ligeramente petulante, como si fuere un lord inglés.

— Desgraciado— fue la respuesta del coro.

Tras lo dicho llegó el profesor, organizó todo de una manera desesperantemente metódica y dijo, con su voz acartonada— voy a tomar asistencia, cuando diga su nombre respondan y los anotaré.

Decía todos aquellos nombres de manera lenta como si esperase que uno de los dueños llegara en medio de su pronunciación. En este caso, por extraño que parezca, ocurrió. Cuando el maestro llegó al decimotercer nombre sonó el abrir de la puerta mientras se pronunciaba— Emiya Shi…

— Estoy presente— interrumpió Shirou como si quisiera llamar la atención posándose en la puerta del salón, tal como general en guerra. Sobra decir que esta acción generó revuelo en todos los presentes, en especial en el caso del pobre profesor que tiró al suelo todas sus notas por la impresión.

Recogiendo las copias y los libros, el maestro le preguntó al joven— señor Emiya me sorprendió no muy gratamente, no lo esperaba ¿puede saberse el por qué de su inasistencia?

— Tenía mis motivos— dijo el muchacho—, lo cierto es, que me encontraba enfermo.

— Está bien, tome asiento.

Dicho esto, Emiya se dirigió a su puesto habitual. Al sentarse, la clase fue rápidamente intervenida por la cantidad de alumnos que se pararon a preguntarle cosas a él; seamos sinceros poco o nada importaban dichas preguntas que no se referían a otra cosa que a enfermedad por la cual, dicho en palabras de Shirou, tuvo que ausentarse unos días. Rápidamente la multitud se deshizo al notar la indiferencia del joven ante su propia enfermedad.

De manera contraía Issei también quería hablarle, pero el tema por el que quería entablar conversación no podía decirse en público, motivo por el cual apenas si movió de su asiento cuando apareció el joven de cabello rojo blanquecino.

La clase comenzó entonces, tal siquiera pensaban en lo posible, las personas que, embaucadas por el calor, se aprisionaban en el aula como un prisión poco ventilada. El profesor hablaba con una pausa y serenidad que producía en su voz el efecto de un analgésico, una cantidad de alumnos dormidos o casi dormidos fue el resultado de todo esto acumulado. Ver a sus estudiantes dormidos no sorprendió al profesor al que, también, la mano de Morfeo lo estaba seduciendo, simplemente lo ignoró.

Las clases transcurrieron de forma natural y sonó la campana que indicaba el final de las mismas. Issei en ese momento se dirigió al asiento de Shirou, tenía varias preguntas que hacerle, pero para su sorpresa él ya no encontraba allí. Hyoudou salió del aula entonces; se dirigió al pasillo con la esperanza de encontrar en ese lugar a quien buscaba, miró a izquierda y derecha pero no notó el cabello rojo blanquecino de Emiya. Hyoudou caminaba rápidamente y con cierta rudeza, pero no chocaba con nadie, todas la mujeres al verlo se alejaban de él como si fuera una especie de plaga.

De esta manera mientras avanzaba concentrado en sus asuntos alguien le tocó la espalda, basta decir que esto lo golpeó en sorpresa como un picahielos y giró con la rapidez de aquel que intenta defenderse de un asesino. Por suerte para el joven su violenta reacción fue recibida por una persona que detuvo su brazo a tiempo, era un muchacho de su edad, tenía el cabello corto y rubio, sonreía con cierta ironía y una curiosa alegría.

— Kiba ¿Qué haces aquí?— le preguntó Issei.

— No importa— le respondió él— tengo un mensaje para ti, "nos encontraremos en el salón del club dentro de media hora, no antes, no después" espero este claro.

— Sí, lo comprendo perfectamente, pero ¿en serio solo viniste aquí para decirme eso?

— No, ciertamente, nuestra señora tiene un nuevo "juguete" llamémoslo de esa manera, vine a decirte que tengas cuidado con él.

— Ah, ya veo, lo que dices que la presidenta tiene un nuevo siervo.

— Recuerda, media hora— y dicho esto Kiba se retiró.

Terminada la conversación Issei no podía obviar el que todos a su alrededor lo veían y hablaban a su espaldas; cosas como "¿Por qué Kiba le dirige la palabra a ese pervertido?" o "¿Qué habrá hecho ese idiota par que le dirigiera la palabra? Eran algunas de las frases que él alcanzaba a escuchar. Realmente a él no le importaba en lo más mínimo esta especie de insultos, se retiró rápidamente de aquel lugar.

Dado lo dicho no sobraría decir, entonces, que por el lapso de media hora Issei no hizo nada más que esperar, cargado en su propio aburrimiento.

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Escena repetida en el salón barroco, la puerta que chilla con estridente coro se abre, cruzándola un joven de cabello rojo blanquecino entra en la habitación, en ella solo una persona que le esperaba, una joven sentada en la silla de su escritorio.

— Llegaste bastante temprano— le dijo Rias Gremory al verle entrar.

— Estoy acostumbrado a ser puntual— fue la respuesta de Shirou.

— Bueno saberlo— respondió la muchacha con una sonrisa entre lo pícaro y maquiavélico.

— Y bien— preguntó el joven— ¿para qué me llamaban?

—Bueno— dijo entonces Rias— no creo tener que informártelo, pero, aun así, los demás miembros del club tienen, y está fundamentado además, cierta desconfianza en ti.

— Comprendo que no soy del todo aceptado, pero me agradaría que me hablase sin poner tantas trabas en sus palabras.

— está bien, está bien, quiero decir que nadie cree en tus palabras, yo misma tengo mis dudas, aun cuando ya eres una parte oficial del grupo entero.

— ¿Y? ¿Cómo se soluciona este pequeño inconveniente? Admito que no soy la persona más apegada a la causa demoniaca que se pueda encontrar, también que tengo mis propios motivos para unirme, pero aseguro que no pienso traicionar a nadie, a menos, claro, que la raza humana pueda desaparecer.

— JA, JA, JA, JA, JA, JA… ¿Es en serio? por favor. — Le preguntó a Emiya, la joven pelirroja, la cual tras calmar su risa dijo— Emiya Shirou, creo que puedo ayudarte con tu problema. Veras existen ciertos demonios que escapan de sus amos, estos son un problema tanto para nosotros como para la sociedad, por lo que es necesario eliminarlos.

— ¿Problema?— dijo Shirou— ¿qué clase de problema?

—Pierden el control y se vuelven caníbales, ¿acaso no es mejor eliminarlos? Además, de no ser nosotros lo hará la iglesia, la diferencia es el tiempo en que estos últimos enviaran a alguien.

—lo comprendo, pero ¿Y, esto es importante por…?

— porque hay dos en la ciudad en este momento— le respondió con velocidad la señorita Gremory— tu trabajo, en este caso, es detener a uno mientras nos encargamos del otro.

Dicho esto, Rias le dio a Shirou una hoja, en ella estaba escrita la dirección. Tras leer aquel papel durante unos segundos el joven de cabello rojizo se retiró, pero antes la chica la chica le dijo – por cierto trabaja de noche.

— Lo comprendo— fue la respuesta. La puerta volvió al chillar al abrirse y el joven se fue.

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Habían pasado cerca de dos horas desde que el sol le brindó a la tierra su último rayo; abandonado el día, se habría paso la noche, esta se exhibía con tal orgullo que, en la ausencia de alumbrado, la oscuridad era total. Dicha negrura envuelve a los edificios como un manto, pero en un punto, como en animal que huye al ver a una mofeta, las tinieblas corren despavoridas ante la luz de una ventana. Si se miraba a través de esta última, se podían ver tres personas, una niña de platino cabello, un joven de rubia cabellera y aun muchacho cuyo cabello castaño no resaltaba tanto, no solo por lo común del mismo sino por el rostro compungido que cargaba consigo. ¿Qué razón había detrás de la tristeza de aquel rostro? Quizá una certeza obscura que le avasallaba como la negra noche.

Las tres personas esperaban a su dueño en un ambiente tenso. Era un espera insoportable, el por qué se debía al destino, los tres jóvenes, aunque con pensamientos distintos, comprendían que algo estaba en la puertas de su existencia. Mas, en lo referente a sus pensamientos, poco o nada esto importaba. Pronto, aunque no se sintiese así, entraron en la habitación entraron dos mujeres, ambas de extraordinaria belleza, aunque ya las conocemos.

— Presidenta— dijeron al unísono los tres jóvenes ya presentes

— Issei, Kiba, Koneko— dijo la presidenta— esta noche tenemos que lidiar con dos demonios renegados, vamos a ir por uno y luego por el otro.

— Sí, no hay problema— dijeron Kiba y Koneko rápidamente.

— ¿Qué es un demonio renegado?— preguntó Issei con cara de idiota, como si en vez de rostro se hubiese estampado con un hierro candente un signo de interrogación en su rostro. Tal imagen enmarcó en el propio Issei lo patético que se veía en ese momento.

— Es cierto— dijo Akeno tras una ligerísima pausa— no te hemos dicho qué es un demonio renegado, vaya ¿por qué se nos habrá olvidado?

— El motivo— dijo la presidenta en ese momento— se debe a que Issei solo ha durado una semana como demonio y no he tenido motivos para decirle todo.

— Vaya, ¿no es un poco negligente, Rias?— le preguntó Akeno.

— ¿Por qué? — fue la respuesta de la joven pelirroja— Issei— dijo está dirigiéndose a él— te lo explicare todo más tarde, de momento hagamos nuestro trabajo.

Rápido, con esa palabra se podría describir lo ocurrido, pero se quedaría corta ya que solo implica una mera suposición temporal, en ella no se encapsula todo lo turbia que se encontró la mente de Issei cuando el encargarse de un demonio renegado se había convertido en su labor.

En el camino para encontrase con el ser cuyo nombre dejaba a Issei confundido, se le explicó, por Rias y Kiba, qué era un demonio renegado.

— de manera que es un demonio que abandona a su amo y pierde el control de su propia conciencia o ¿me equivoco completamente?

— No— le dijo Akeno—, lo entendiste perfectamente.

Dicho eso el grupo entró en una bóveda abandonada y decadente, allí todo estaba acompañado de muchas cajas putrefactas y mal olientes, en donde las ratas disfrutaban de su cínica existencia.

— Ya nos acercamos a nuestro objetivo— dijo Rias de manera repentina— quiero que estén preparados, pero Issei tú solo observaras, es necesario que comprendas como luchan los demonios.

— Entiendo— gritó Issei de forma estúpida, tan estúpida de hecho que un voz susurró en la obscuridad.

— ¿Vienen a molestar o simplemente no les gusta su propia vida?— dijo aquella voz con un tono femenino, mas completamente torcido.

— Eso te lo preguntaría yo, El que no tiene aprecio por su vida eres tú. — le dijo la joven pelirroja.

— Serán insolentes— dijo la voz y de la negrura apareció el torso de una mujer desnuda.

— ¡Genial!— dijo Issei al verla, centrándose en sus pechos como si estuvieran hechos de joyas.

— Eres terrible— le dijo Koneko, con una mirada de desprecio, la cual hasta ese momento no había dicho una sola palabra, dicha mirada era como la de aquel que limpia polvo de su propio hombro.

— Podrías no insultarme— le rogó Issei en respuesta.

— No— fue la respuesta de la joven.

Mas ello no tenía importancia, cualquiera de los allí presentes hubiese podido afirmarlo sin problemas. El suelo tembló entonces, el torso desnudo del ser que ignoraron por unos segundos se adelantó ante ellos.

—Me sorprende y repugna su presencia aquí, más me irrita su despreocupación. Me pregunto ¿Qué tan deliciosos serán ustedes?— dijo aquella cosa, mostrando la completa repugnancia de su ser.

Issei se paralizó ante ello ¿Cómo describirlo? Una bella mujer con un boca llena de colmillos les observaba. Debajo del torso de aquella, en donde debería estar sus piernas, se encontraba el descontrol en forma monstruosa; una especie de abdomen similar a una cabra aplastada cubierta por las escamas de cientos de cucarachas; cuatro patas abiertas como las de un reptil, todas con garras que recordaban a una mantis religiosa; los huesos de las costillas sobresalían como colmillos de su abdomen; tenía, además, una cola de serpiente que sobresalía de su malformado cuerpo como si fuese una inserción no cicatrizada. Todo lo acompañaba el rostro psicótico de la mujer que se encontraba encima de aquella abominación y un olor nauseabundo que desprendía cada uno de sus poros, como cadáveres en la alcantarilla ¿quizá ello, el queso rancio, gusanos y ratas no completasen lo repugnate de aquel aroma? Todo ello medía más de 5 metros.

— Issei— le dijo Rias en ese momento—. ¿Recuerdas lo que te dije que pasaría si nos abandonabas?

—Sí, lo recuerdo perfectamente— dijo él, y como si fuese una grabación las palabras exactas vinieron a su mente "si decides huir por miedo o por evitar recibir órdenes, nosotros seremos quienes cegaran tu vida". Esas palabras eran un epígrafe de su existencia actual.

— Me alegro que lo recuerdes Issei, en este momento no solo haremos nuestro deber, sino también te mostrare lo que ocurrirá si nos traicionas.

Las palabras de la joven pelirroja eran un taladro que habría la caverna del miedo. Durante esto, el monstruo gruño, gritando como un dragón dividido que gime por el estómago. La mujer encima de aquella cosa decía.

— Ya estoy impaciente, voy a matarlos ¿Cuánto lo disfrutaré? Especialmente contigo— señalando a Rias en ese momento—, cuando termine tu cuerpo será tan rojo como tu bello cabello.

—No— le respondió ella— la única asesinada esta noche serás tú. En nombre de la Familia Gremory promulgo tu ejecución.

"¿esto es un demonio?" Se preguntó Issei mientras, para su asco, imaginaba el cuerpo despellejado de su ama. Pero, con esa imagen, se sorprendió de su propia morbosidad.

— Issei— le preguntó su ama a él— ¿conoces cómo funciona el ajedrez?

— sí— fue la respuesta— ¿por?

—Ya lo verás. ¡Yuuto!

— Sí, mi ama. — respondió esté y en ese instante desapareció. Issei estaba sorprendido al comprender que no podía ver a una persona corriendo. Mas Kiba producía una ligerísima brisa, se detuvo frente a la bestia, tiempo suficiente como pare ser notado, y desapareció. A esto la criatura gritó con dolor cuando de golpe una de su extremidades fue cortada de un tajo, todo tan rápido que como un golpe en el aire.

— Bastardo— gritó el monstruo, pero el al joven rubio no le afectaron sus insultos, más rápido que antes le cercenó otra de la extremidades a aquella "mujer". Esa cosa cayó al suelo de forma patética, y mientras lo hacía Kiba le cortó un brazo al cuerpo de mujer. Ya en la tierra, de las piernas cortadas de aquel monstruo salía una sangre pantanosa más repugnate que su aroma.

— Issei— dijo Rias, mientras la bestia se tambaleaba y Kiba se retiraba— nosotros transformamos a nuestros demonios con piezas de ajedrez, llamadas piezas malignas (evil pieces) cada pieza se destaca en algo, Yuuto es un caballo, estos se caracterizan por su velocidad. ¡Koneko, ahora es tu turno!

— Si maestra— dijo la niña con un rostro frío, mientras caminaba lentamente.

— Issei, Koneko es una torre, quiero que me digas en centran la torres.

—Está bien— respondió este.

Tras esto, todo comenzó, la niña se acercó al monstruo, no los separaba más de medio metro. La mujer, ya herida, se paró en las dos extremidades que le quedaban y con una intentó aplastar a Koneko. No sirvió de nada, la niña peliblanca detuvo aquella extremidad con un brazo, tan ligeramente como si fuera una pluma, movió la mano ligeramente hacía arriba. El monstruo perdió el equilibrio y casi cae de espaldas, mas se recobró y abrió su fétido estómago para tragarse a la chica, de nuevo un intento inútil. En el momento en que los dientes de aquella cosa estaban al alcance de los brazos de la niña, fueron detenidos, los sujetó con fuerza y los quebró.

—Aaaaa…— chillo aquella mujer, tan lastimero, tan doloroso, tan repugnante que afuera de edificio se oía el llanto de cucarachas. Tras esto la niña la niña dio un salto, cinco metros acompañados de un poderoso puñetazo. El resto de la mandíbula estomacal del monstruo se desquebrajó y aquella cosa cayó al suelo, podía escucharse un ligero llanto, como si la mujer llorase sin energía para gemir de dolor. Koneko terminó si trabajo.

— Ahora Issei— dijo Rias tras esto— ¿en qué se centran las torres?

— Creo, por lo que vi— dijo aquel joven—, que su especialidad es la fuerza, actuar como un tanque. Si es así, también deberían tener una gran resistencia al daño, una piel tan dura como el acero.

— Perfecto— le felicitó la pelirroja—, aunque la defensa es bastante más fuerte.

Issei lo comprendió perfectamente, también supuso lo que generaría en su propio cuerpo recibir un puñetazo de aquella niña, lo mejor era no molestarla.

—Ahora es mi turno— dijo Akeno, la cual había estado estoica ante todo lo ocurrido, se adelantó ante la bestia herida.

— Bueno era tu turno en todo caso— dijo la pelirroja—, Akeno, simplemente muéstrale lo patética que es a ese demonio traidor.

— Vaya, pero no tienes que decírmelo ¡planeaba hacerlo de todas formas!— esa última frase dicha con tal desidia que Issei sintió que un cuchillo, uno muy frio, bajó lentamente por su espalda, percibió a la parca mirándole por detrás.

— Jijijij— decía la chica pelinegra—, vaya y ahora ¿Qué debería hacer?

La cosa levantándose con el único brazo que le quedaba y severamente lastimada, vio a Akeno con odio, pero era el odio del que perdió ya el combate.

— Parece que todavía tienes energía ¿Por qué no la pierdes?— dijo Akeno, con la misma voz que erizaba a quien la escuchara. Levantó entonces el brazo y, observando al monstruo, como procrastinando su decisión cayó un rayo encima de aquella cosa, unos segundos después.

— Gyaaaaaaaaaaaaaa…— grito la bestia con tal fuerza, era obvio que la electricidad del rayo le dio la energía para tal alarido.

— No es suficiente— dijo Akeno tras esto y otro rayo cayó. La bestia gritó otra vez, con la voz apagada, ya parecía que aquel trueno le quemó la laringe.

— Tu castigo no ha terminado— exclamó a viva voz la pelinegra y un tercer relámpago cayó sobre el demonio. Akeno, linda loca que ríe con sadismo, con el monstruo en el suelo dejo un cuarto estallido de electricidad sobre él. Ya en este punto sonaba como un animal muriendo, se encontraba ya en completa afasia, incapaz de hablar y moverse. Ver a aquella cosa sin producir un solo movimiento, sin nada, con su repugnante sangre convertida en vapor, realmente daba lastima.

Rias se acercó aquella cosa, la cual, con tan poca energía como ella tenía, le observó, su mirada decía una palabra— MATAME—. La joven pelirroja como si se burlase de la miseria ajena, no lo hizo durante un rato, y luego la fulmino completamente, de una manera tan simple como el resplandor de una lámpara al romperse. Del demonio convertido en repugnancia no quedó ni siquiera un átomo en su memoria.

Issei se encontraba es un estado difícil de describir, estaba entre lo catatónico y la sorpresa más adusta, pero por sobre todo tenía miedo. Miedo a convertirse en la bestia que acababa de morir, miedo a ser cazado, miedo a morir con suplicio. « ¿Esto es un demonio?» se decía, comprendió entonces lo que implicaba serlo y los riesgos que traía el haber obtenido esta "nueva vida".

—Issei— mientras estaba sumido en sus cavilaciones, Rias le dirigió la palabra. —, ahora, con todo terminado, te explicare el resto. Para empezar, Akeno es una reina, la pieza de la reina es rápida como un caballo, fuerte como una torre y tiene la magia de un alfil, bueno al menos en teoría ya que el centrarse en varias cosas impide la especialización. Aunque no impide que existan reinas que destaquen por completo en todos los campos. ¿Lo has entendido?

— ¡Sí, de momento no he perdido nada!— exclamó Issei.

—Bien— dijo la pelirroja—, ahora, como podrás notar Akeno se especializa en magia, tanto la humana como la demoniaca, es capaz de usar los cuatro elementos básicos para destrozar a sus oponentes. Además ella no se detiene cuando la batalla se inicia, es una verdadera sádica, creo que de ello no necesitas explicación.

Issei asintió a esta afirmación, la joven pelirroja continuó mientras salía del fétido edificio. — por otra parte se encuentran los alfiles, la pieza de alfil mejora las capacidades mágicas de su usuario, por lo que le es útil a los magos.

—presidenta, quiero saber ¿qué pieza soy yo?

—Issei, tú eres un peón.

Y ya. Ahora era un peón, Issei lo comprendía, conocía el ajedrez, no era tan estúpido como para no comprender el valor de un soldado raso. ¿Por qué motivo siempre se pone a los peones al frente? Pues porque son la carne que cae más rápido, son la fuerza desechable. Al ser demonios era natural suponerlo así.

Salieron del edificio, todo había terminado, nadie quería regresar a la peste que implicaba ese lugar. Bueno, el fin de la noche todavía estaba lejano y tenían trabajo que hacer, fue Kiba quien lo recordó.

— Maestra, — dijo— si mi memoria no me falla, creo que esta noche nos encargaríamos de dos demonios renegados.

— En efecto, Yuuto— le respondió su ama— de hecho ya nos dirigimos para el lugar en donde se encuentra ese traidor, estén atentos porque es probable que nos esté esperando.

Dicho eso Rias creó un círculo mágico, el cual rodeó al grupo entero. No hubo problemas, las luz carmesí lo rodeo por completo como un fuego enceguecedor. Ya, para cuando la luz desapareció se encontraban en otro lugar. El aire deprimente del lugar había desaparecido, la luz de las farolas, que rodeaban el lugar, iluminaban todo de tenues naranjas que, aunque parezca extraño, chillaban como el Halloween más tenebroso ¿Qué había ocurrido allí? El edificio donde se encontraba su presa era por lejos más bello que el anterior, más estéticamente agradable, pero Issei sintió que prefería encontrase entre las caja podridas, le temblaba el alma.

Todos, como si una avalancha se tratase, entraron en aquel lugar. No era nada fuera de lo común, pero parecía que los muros gritaban temerosos. Y entonces paso, llegaron a donde el demonio renegado se escondía. En una habitación sin ventanas, todo era obscuro, pero el olor, sin ser desagradable, entraba como hierro candente por la nariz, era cobre y agua empantanada. Sin que ni siquiera la vista de un demonio pudiese vislumbrar algo, Akeno creó una gran bola de fuego, la colocó en medio de la habitación, en el punto más alto y las llamas permitieron ver por completo el lugar. « Increíble » Fue lo que pensó Issei en toda la horrida naturaleza de lo presenciado. La habitación estaba hecha añicos; el suelo otrora blanco y pulido, no era más que la destrucción de sus baldosas, llena de cráteres en la tierra expuesta, polvo tan espeso como el betún; la estancia estaba llena de pilares, los cuales estaban casi todos rotos, podía verse el concreto y el refuerzo de acero con el que lo habían construido; los muros no se encontraban en un estado mejor. Por otro lado, todo estaba teñido de rojo, de una "pintura fresca" naturalmente era sangre; además, como si fueran la basura de un matadero, todo el lugar estaba tapizado con carne. Era carne extraña color marrón, junto a ella y con ella, lo que parecía ser escamas de reptil, caparazones de insectos, patas de ciempiés, garras de león. El lugar se encontraba apestado con esto, infestado con la sangre, lleno de huesos, grandes como un fémur y delgados como los de un pescado.

Mas, entre todo esto destacaba algo. Había una especie de hombre en el suelo, no tenía los brazos, parte de su espalda estaba desollada; no tenía piernas, en lugar de eso, se presenciaba el cuerpo de un tritón sin cola, pero era un cuerpo desteñido, del mismo color que la carne en el suelo. Aquel hombre descansaba sobre un charco de sangre, su mitad inferior parecía modificada con un cuchillo de carnicero, era claro que todo lo que se encontraba en el suelo le pertenecía. Aquella… cosa no podía siquiera moverse, las cuencas oculares le sangraban y se agitaba como el pez ciego que has sacado del agua. El grupo entero presenció esto, incluso la espina que le sobresalía a aquel por la espalda.

Con todo, la escena no terminaba, mientras el hombre moribundo intentaba adelantarse como una serpiente hasta donde, creía, estaba la salida, un pie le detuvo pisándole la cabeza. La cola de tritón destruida fue clavada al suelo con una espada. Con la cabeza completamente sujetada al suelo, aquella cosa dejo de luchar, resignándose a su suerte. La persona que le detenía no podía verse por completo, por lo que Akeno bajo la gran bola de fuego para observar sus facciones. Issei se sorprendió, de nuevo, aquel joven, más alto que cualquiera en la escuela, mirando a aquella cosa con frialdad, totalmente erguido, resaltaba su cabello rojo blanquecino «¿Emiya Shirou?» pensó para su completa locura ¿Qué hacía el Allí?

Pero incluso el joven Emiya no podía ser inconsciente de todo lo que le rodeaba, observó al grupo durante un rato y con los ojos calmados les dijo.

—Llegan muy tarde— con una voz tan pausada que cada palabra parecía durar el doble. ¿Por qué? ¿Por qué en esta sanguinolenta escena se encontraba el hombre de cabello rojo blanquecino?

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Nota del autor

Primero, este es mi primer canfín.

Segundo, sea cual sea tu opinión, me alegraría conocerla independientemente del idioma o país al que pertenezcas.

Tercero si te preguntas ¿Qué versión de Shirou uso lo revelare más tarde?

Cuarto no soy muy fanático del ecchi pero al ser dxd es necesario, mas no se usara en exceso, así mismo habrá unos cambios en la personalidad de Issei, no será cien por ciento de las novelas ni del anime y va a tener su propio desarrollo.

Lamento la tardanza.

Soy estudiante de arquitectura