Sé que prometí subir esto en semana santa pero la universidad y la vida social se interpusieron. Y a decir verdad todos los trabajos de la universidad son muy jodidos, estudio arquitectura, y si hay carrera que consume tiempo y dinero es esa.
Además de esto decidí fraccionar el capítulo en 4 partes para que no se saltara el orden en qué estado subiendo esta historia, es decir 5000 palabras por episodio se que dije que seria 20000 pero considero que este es el mejor método para narra la historia que tengo planeada.
Gracias por sus atenciones
Negrura absoluta, obscuridad perpetua en donde no llegaba ni el más exánime rayo de luz, no existía ojo humano que hubiese podido ver lo que acontecía allí adentro, pero en aquel lugar, que podría creerse un pequeño infierno, todo estaba lleno de vida. Mas, a pesar de lo dicho, el lugar estaba completamente muerto, la vida era la imaginación de la escena pútrida que allí se gestaba. Como una alcantarilla en todo el lugar se escuchaban chapoteos; gotas que caían de una superficie indefinida, espesas cual río empantanado. El olor a cemento, unido a un polvo parecido a la arena, convertía el aire en una sustancia espesa e inaguantable. Era una imagen carente por completo de toda vida, aun así no podía verse nada.
Con todo esto, el aroma del concreto, inaguantable en todo momento, era intransigente, porque el lugar entero olía como una carnicería, una en donde se abrieron sin cuidado las tripas de los animales y la carne, tirada sin cuidado sobre el suelo, se hubiera mesclado con los excrementos de aquella criatura. Era el bálsamo a la repugnancia. Se escuchó de nueva cuenta un chapoteo, pero no era una espesa gota de sustancia indefinida cayendo desde un punto inconcebible, era una pisada. Una la lisada de alguien, un ser que, pese a todo, estaba allí.
Se escucharon los pasos de aquel ser sin rumbo alguno, mientras su pies salpicaban aquella sustancia espesa, tirada en suelo, y sus pisadas movían carne y quebraban cascaras que crujían como las de un insecto. Pero él no era el único en ese lugar, se escuchaba el bramido ¡no! la exhalación lastimera de un ser que arrastraba hacía un lugar que carece de importancia mientras su movimiento se escuchaba como la rama podrida que intenta mover un cadáver en un pantano. Desde la completa oscuridad, ese lugar, esa habitación en tierra de nadie producía mareo y el deseo de vomitar ayudando a que aquel lugar se llenase de porquería.
El sonido de aquellos pasos se escuchó de nuevo, su dirección estaba en ese instante fija, aquel ser era en toda aquella negrura algo conformado por solo pies, y su caminar exalto hasta lo indecible a aquella cosa que se arrastraba moribunda por el suelo. Esa cosa lo sabía, esos pies en ningún momento dejaron de moverse. Eran los pies de su verdugo, los pies de un ejecutor enviado a matarle por el mayor de sus delitos, su mera existencia. Su caminar le decía en todo momento que todavía se encontraba allí. ¿Quién lol hubiese dicho? ¿Quién hubiera pensado que aquel joven, con características irreconocible gracias a la oscuridad, fuese un asesino? Pero en ese instante eso no importaba, estaba desmembrado, desollado y ciego; su lengua fue cortada por la espada de aquel joven y su mandíbula rota.
Ser arrastraba con desaparición, intentando con todos su medios alejarse del sonido de aquel caminar, que para aquella cosa era el sonido de la muerte. Su estómago sin piel se corroía contra el cemento a cada centímetro que conseguía avanzar, su mandíbula rota no podía contener la saliva en su boca, y esta se esparramaba por el suelo mezclándose con su cúprica sangre. Pero en su momento escuchó pasos, eran pasos diferentes a los de su verdugo, era un sonido que le decía con fuerza de grito dónde se encontraba la salida. Esa información, valiosa por sí misma, le dio un poco de esperanza en su lucha por la vida, por lo que comenzó a arrastrase con todo su ser hacía aquella dirección.
Entonces esos seres encontraron aquel lugar, el sonido de la caminata cesó y fue reemplazado por el de una antorcha quemada en la nada. En ese momento a excepción del fuego todo era silencio. Aquella cosa desesperada por encontrar la salida se arrastraba como un pez desesperado por encontrar agua, tal era su angustia. Pero no pudo hacer nada, mientras avanzaba en medio del dolor más augusto, restregándose en la tierra como una lija y chapoteando en su propia sangre, el pie de su verdugo le pisó la cara y cablo un espada en lo que quedaba de su abdomen. Entonces dijo.
—Llegan muy tarde— con una voz tan pausada que cada palabra parecía durar el doble. Entonces aquella cosa lo supo, no tenía duda alguna, las pisadas que le dijeron la ubicación de la salida pertenecían a los compañeros del verdugo. Ya no tenía sentido luchar, se resignó a su suerte, se resignó a la muerte.
Cosa curiosa a pesar todo, sus verdugos discutían, no podía verlos no tenía idea de cómo podrían ser pero su charla solo le decía lo poco que él valía entonces.
— ¿Qué ha ocurrido aquí?— preguntó una voz femenina.
— Hice mi trabajo— respondió su verdugo— contuve a un demonio renegado y tal como se me ordenó no lo maté.
Aquella cosa no pudo evitar escuchar en la voz de su ejecutor una pequeña sombra de ironía.
— ¿Te parece que lo has detenido?— volvió a preguntar la misma joven.
— En efecto en este momento no se puede mover más allá de donde le permito ir, está completamente contenido.
— Si podías hacer esto ¿Por qué no lo mataste y ya?— preguntó la voz de un joven.
— Porque mis órdenes eran claras, no se me permitía matar a mi enemigo. –respondió de nuevo el verdugo.
— Si fuese necesario— dijo el otro joven— matarlo por la seguridad de toda la ciudad ¿lo harías aunque no hacerlo rompiera una orden?
— Claro— fue la respuesta—, pero en este caso no tenía sentido esforzarse.
Aquella frase fue para el ser moribundo en el suelo la prueba más álgida de lo insignificante que era él en ese instante. Era una nada un insecto aplastado con la cabeza consiente, ya no tenía sentido si quiera mantener la conciencia, pero el dolor de sus heridas lo mantenía despierto con terca tenacidad.
— ¿Te encuentra bien Issei? – Preguntó la voz de la joven. — estas muy pálido
— Sí, me encuentro bien, no te preocupes— dijo aquel joven llamado Issei— no sería mejor terminar rápido para irnos de aquí, estamos perdiendo el tiempo.
— Tienes razón— dijo la joven— shirou muévete, yo terminaré con esto.
— Si así lo quiere— dijo su verdugo ¡Ah! Así que se llamaba shirou, para el moribundo era una formación sin importancia que llamó su atención. Escuchó los pasos de la joven acercándose a él, la ligereza de su caminar era nula, casi no producía ningún chapoteo y pronto la escuchó estar a no más de un metro. La bestia se relajó, cerró los ojos en su mente y esperó. En ese instante ya no era cada segundo, cada parte de este duraba una eternidad desesperante. Sonó un pequeño chasquido eléctrico y la conciencia de aquella bestia desapareció para siempre; ya no quedaba nada todo terminó, lo curioso es que para aquel ser eso fue lo mejor. Quizá, en una remota posibilidad, estaba feliz con su muerte, aquella cosa.
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"La he visto, he presenciado la muerte, la repugnancia, la oscuridad, la miseria. He conocido todo cuanto es aborrecible, todo lo que tortura a los hombres. Curiosamente el que me ha observado con ese mensaje, el que me ha atravesado hasta el corazón con su mirada, era ciego. El que me la ha ha dicho en su cruel naturaleza era ciego."
Issei se encontraba quieto, sentado en el diván del salón de club escribiendo una carta mental hacía sí mismo. Estaba completamente pálido, su mente no se encontraba en ese lugar. Tenía muchas dudas y no podía responder ninguna, tampoco hacer las preguntas correctas. En ese instante solo escuchaba.
Rodeando a Issei se encontraba toda una nobleza demoniaca, todo los sirvientes de una pieza de rey, él no tenía reamente importancia. A su alrededor se libraba una acalorada disputa, un joven de cabello rubio platino discutía con otro de cabello rojo blanquecino.
— ¡Eres un asesino!— gritaba el joven de cabello rubio
— No lo soy— respondió tajante el joven pelirrojo— el asesino es aquel que mata, yo todavía no lo he hecho.
— Es, por mucho, peor aquel que tortura a los hombres. — Dijo débilmente el primer joven— Dime cuál era tu meta al dejar a ese demonio así.
— No tenía meta alguna— fue la respuesta— se me dijo que lo detuviera, pero aquel demonio no esperó ni quiso discutir por nada. Naturalmente cuando la palabra falla es necesario recurrir al combate, pero no se me permitía matarlo, he ahí el resultado.
— Emiya Shirou, tu escusa es muy mala— le dijo su ama, la muchacha pelirroja, sentada en el diván de su escritorio.
—Supongo que así es— dijo él con cierto cinismo. — supongo que ahora me odian.
—No, no es así en lo absoluto— dijo la joven pelirroja—, aunque sea con cinismo, cumpliste las ordenes que se te dieron. Soy miembro de la familia Gremory reconozco algo que se cumplió según mis órdenes, pero Shirou, por favor, mantén la brutalidad al mínimo.
— no existe brutalidad que sea reconocida como algo bueno— dijo el joven rubio (Kiba para hacerlo rápido) con velocidad y cierto enojo.
— Si dices eso— le respondió Shirou en ese momento—, es que no conoces que tan horrible es el mundo.
— ¿conocerlo? Soy un demonio, sé que es la crueldad, pero ello no justifica ser un monstruo.
— Entonces ¿Qué son los demonios?
— El hombre es muchas veces peor que un rey demonio—dijo Kiba con cierta pesadumbre—, nuestro objetivo no es demostrar crueldad o poder. La vida de un demonio no se rige en ello. Mas no sé qué es lo que realmente buscamos.
— Y eso me ayuda mucho— dijo Shirou con ironía.
Rias empezó a hartarse de esa conversación sin objetivo. Ella no tenía el tiempo ni la paciencia como para soportar una discusión sin base, por lo que se levantó de su asiento y dijo con fuerza— Dejen de discutir, no son niños compórtense. Kiba, cálmate. Shirou, solo te pido que no exaltes la barbarie ¿Qué obtendríamos con un sacrificio innecesario? Aun con todo no es necesario torturar, y más si, como en tu caso, no se obtiene nada de la tortura.
—Lo comprendo— dijo Shirou—. Y he de añadir que me sorprende lo razonables que son tus palabras.
— Eres un maldito— le dijo Kiba al joven pelirrojo con rabia.
—Si estoy maldito—respondió el joven pelirrojo—es menester romper la maldición; quizá ustedes tengan la forma de romper este encantamiento.
— ¿Qué quieres decir?—le preguntó Rias con cierta extrañeza
— Implica el por qué me uní a ustedes— fue la respuesta— en este punto carece de desarrollo.
—No confío en ti— le dijo Kiba de manera directa observándolo como si fuese un asesino.
— ¡Cállense!— gritó Akeno, que pese a no decir nada en esa conversación ya estaba harta—ustedes son compañeros, si no confían mutuamente solo nos traerán la perdición. Cálmense y dejen de discutir.
La intervención de Akeno fue un bálsamo que alivió de aquella estresante conversación. Sobra decir, entonces, que ambos callaron. Aun así, el silencio de los dos jóvenes se expandió a través de todo el salón, era incómodo y todos lo sabían. El reloj repicaba, marcaba las 11 con treinta minutos, el viento mecía las hojas de los árboles y desde las afueras aquella sala parecía una morada de bandidos, y el silencio continuaba. Ya pasados cinco minutos una voz interrumpió el con brusquedad.
—Presidenta, el peón no ha hecho nada desde que llegamos— la persona que dijo esto fue Koneko, aquella niña de pelo blanco con su habitual rostro inexpresivo.
— Tienes razón— respondió Rías— Issei… Issei te encuentras bien.
Pero a estas palabras no hubo respuesta, la mente de Issei no se encontraba en ese lugar ni en ese presente, se hallaba en la habitación oscura de la que habían salido unas horas antes. El joven repetía el momento una y otra vez, había comprendido que Emiya Shirou era ahora el nuevo siervo de su ama. Pero aquella revelación carecía por completo de importancia, no se refería a quién fuese el nuevo sirviente, era lo que este había conseguido. Aquella estancia llena de carne, el olor y su propia sorpresa solo le gritaban una cosa ¡ERES DÉBIL, ERES PATÉTICO E INSIGNIFICANTE! ¿Qué podría decir un ser humano cuando ha notado su inutilidad? Pero Issei no era un humano, era un demonio y eso lo entristecía más.
—Issei, Issei…— repetía Rias contantemente pero el joven no daba respuesta alguna. Ciertamente, ya era obvio para ellos que aquel joven no les prestaba ninguna clase de atención. Por lo que en medio de cierto hastío, Koneko decidió regresarlo a la realidad de manera directa y sin palabras, le dio un puñetazo en la cara. El golpe lo tiró al suelo e Issei estuvo inconciente durante escasos tres segundos, tras los cuales se despertó confundido.
Ya despierto, vio la habitación barroca en donde se encontraba, las farolas y le gente que le rodeaba, y se sorprendió al darse cuenta que no se percató cuando entro a ese lugar. Se sintió estúpido al notar que no estaba consiente de nada.
—Issei ¿te encuentras bien?— le preguntó Akeno al joven tirado en el suelo.
—Sí, me encuentro bien, solo estaba meditando.
—Es bueno que pienses— le dijo Kiba a Issei—, siempre que no lo hagas en medio de un combate y te causes la muerte.
—No creo ser tan tonto. Aun así es probable que muera con o sin pensamientos.
— Issei, no es necesario que te preocupes por ello— le dijo Rias en ese momento.
— ¿Por qué lo dices?— le preguntó él.
— ahora es solo un Hipótesis, cuando tenga más información te lo diré todo.
—Lo comprendo— dijo Issei con desgana.
Pero había algo que merecía más la atención de Issei, con todo lo que se la había explicado, todavía faltaba un detalle muy simple "presentar al nuevo miembro" o al menos a él mismo, no era necesario decir su nombre, pero si Rias tenía un caballero nuevo por cortesía era necesario presentarlo y así lo exigió. — ¿Cuál es la nueva pieza que pertenece a este juego?— fue su pregunta.
—Issei— le dijo Rias— él es Emiya Shirou, espero tu relación con él sea amistosa.
— Sí— respondió el joven—, pero no pregunté eso, no hay nadie en la escuela que no le conozca. Yo soy un peón ¿Qué pieza es él?
—Bueno— dijo la muchacha pelirroja—, Emiya Shirou es un alfil.
Simple, e Issei estaba ligeramente sorprendido, no implicaba más de aquello de lo que esas palabras significaban, Emiya Shirou es un alfil.
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Un incendio en una gran casa, las escaleras destruidas, las vigas cayendo y los muros de concreto que impedían salir. La gente muere quemada y el agua de las tuberías es un vapor hirviente. Cualquiera quisiera no haber estado allí, aquellos gritos de insondable sufrimiento, personas orando, rogando para salir con vida. Los que se encontraban en aquella casa, lloraban gemían y morían, amén del polvo que les impedía siquiera quejarse. Esas personas seguían siendo humanos, aunque fuesen crueles asesinos, sus gritos de agonía recordaba, gritando con fuerza, que tenían una conciencia y una humanidad. Pero aun así no podía obviarse lo obvio, si eran 15 o 20 personas los que morían, de la manera más cruel, en aquella casa, seguramente podrían salvarse 50, 60 u 80 personas que no serían asesinadas. Unos asesinos, la gente que murió en aquel lugar eran unos asesinos. Era una lógica muy simple, si podían salvarse 3 la muerte de un ser humano era justificada.
A pesar de esto, aquel que observó aquellos gritos de sufrimiento, aquel que cerró las puertas de aquella vivienda bloqueando la entrada como si un golem la bloquease, aquel que le prendió fuego, sabía que esto estaba mal, pero ¿Qué más podía hacer? Él sabía, con cruda certeza, que realmente nada podía hacer… y observó, como un cruel verdugo, la muerte de aquellas personas, observó el pasar del tiempo con lenta parsimonia. Era lo menos que podía hacer, "acompañar a sus víctimas". Pasadas unas horas la casa se encontraba completamente deshecha, apenas si se mantenían en pie unas cuantas vigas. El joven, le cual estaba sentado a unos 50 metros viendo el fuego al atardecer, se fue entonces, el viento ondeaba su cabello rojo y su mente estaba embargada en la tristeza. No podría decirse con certeza, ni entonces ni ahora, pero parecía, a la luz del sol poniente, que aquel joven lloraba. Él no lo recuerda y nosotros tampoco.
En ese momento, Emiya Shirou se despertó, preparándose rápidamente, salió de su casa, tenía trabajo que hacer.
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—Anda ser infinito, anda ser despreciable. Corazón que, volcando en los sublimes recuerdos, le es imposible conmoverse. ¿Cuánto dolor traería el que ya no puede ver, enceguecido por la ira? Cae y vislumbra el abismo, negro y lleno de cenizas. Tú lo has construido, tú no lloras a los muertos, tú no sientes dolor. Miralo y ve al mundo consumirse contigo.
Era una mente distinta la que, como proveniente de un espíritu carcomido, le hablaba entonces a hyoudou Issei. Mientras este, preparándose para ir a la escuela, se arreglaba el uniforme. Aquella voz era extrañamente tétrica, su hablar era ronco y famélico, no podía el joven saber por su tono si era hombre o mujer. En todo caso el muchacho consideró que aquella voz era un signo de locura, de la sangre vista y un símbolo de una maldición mental. Issei veía a aquel ser invisible como el signo que acaecía su transformación completa a un demonio.
Sea lo que sea salió de su habitación y desayunó, sus padres estaban callados, viendo como el rostro de su hijo les impedía pronunciar palabra. Era un silencio incomodo que a nadie le importaba. Hecho esto Iseei se retiró, abrió la puerta de hogar y vio, en la acera a dos personas. El hombre de cabello rojo blanquecino y al muchacho rubio.
— ¿Qué están haciendo aquí?— les preguntó disimulando mal la sorpresa que esto le causaba.
—Una orden sencilla— le respondió Shirou— "evitar que te maten"
Ante aquella frase Issei apenas pudo reír con ironía. ¿Es en serió? – les dijo.
—No tenemos motivos para mentir, y menos para visitarte ahora— le dijo Kiba con fiereza— sino se nos hubiese encomendado. Te desmallas con facilidad y eres susceptible a las heridas.
— Es decir, necesitas que te cuiden— intervino Shirou con franca decepción.
Naturalmente el que viniesen no le importaba en lo más mínimo a Issei, lo que realmente le dolía era su notoria inutilidad. Inquietante indiferencia, lo acompañaban porque necesitaba protección, pero también, con ello, le decían de manera clara que no era necesario, aquel que requiere de un escudo en el combate posee menos respeto que aquel que porta dos espadas o una pesada claymore. Así se sentía Issei como aquel que requiere dos escudos porque no puede defenderse por sí mismo y tampoco atacar, ya lo había corroborado cinco veces. Era triste.
Aun con todo, aquellos escudos parecían estar hechos de imanes iguales.
— Debo admitir que cuando me dijeron que debía protegerte estaba bastante sorprendido— le dijo Shirou con bastante franqueza.
—Ciertamente— respondió el joven rubio—, pero yo podría hacer este trabajo perfectamente solo,…incluso con un cuchillo de cocina.
— ¿En serio?— dijo el joven pelirrojo— si es así entonces mi presencia aquí sobra… Que estén bien… hasta luego.
— Tienes el descaro— le dijo Kiba a Shirou con disgusto mientras este se alejaba— de abandonar tu trabajo. ¡Eres un…! (No trascribiré el insulto, carece de importancia, pero podéis creer en cualquier blasfemia)
— Me insulta— dijo Shirou con petulancia, pero más que una respuesta parecía ser un llamado, una insinuación a la ira— aquel que no pudo defenderse a sí mismo.
— ¡Y este, que no pudo defenderse a sí mismo- respondió Kiba con ímpetu- tiene más respeto por su palabra que aquel que sí!
La persona que (en teoría) estaban protegiendo tenía más miedo de ellos dos y de un posible combate entre ellos que de un enemigo cualquiera que lo atacase en ese momento.
- ¿No es respecto a la palabra- dijo el joven de cabello rojo blanquecino- el creer en lo que has dicho y, con ello, aceptar que no soy necesario?
-Podría ser- respondió el otro joven-, pero solo tergiversando mis palabras. Si has dicho algo cúmplelo.
-BAH, esto no importa- dijo Shirou con cierto fastidio-, es de día, en el camino a una escuela con mucha gente. Realmente aquí no hago falta, no es necesario intimidar de más, no creo que nuestros enemigos sean tan idiotas.
Dicho eso, el joven se largó (no merece la pena usar otro termino), se fue, rápidamente se alejó de Kiba e Iseei y este último lo perdió de vista entes que el primero. Con ello solo restaba irse a la escuela. Y así se hizo.
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No es necesario limitarse a lo que un camino sin peligros y sin problemas es, describirlo sería muy simple. Como el lector supondrá ello sería muy aburrido, limitándome a decir que tanto Issei como Kiba llegaron a la escuela sin problemas y esta los recibió con su acostumbrado ambiente.
Por otra parte, los dos se sorprendieron al enterarse que Shirou, el cual, como ya sabemos, se largó, había llegado tiempo después de ellos, para ser precisos llegó tarde. ¿Qué estaba haciendo? Bien, la respuesta se encuentra en una tergiversación, una curiosa tergiversación. El joven de cabello rojo blanquecino estaba caminando, sus pasos eran lentos y su mirada fija en cada detalle de lo que frente a ella aparecía. Él estaba buscando algo ¿Qué? No lo diré, pero si afirmaré que, sea lo que sea, lo que buscaba tenía un interés bastante particular, no solo le interesaba a él sino a todo el grupo para el cual ahora servía.
-estoy seguro que lo sentí con el incidente del sacerdote loco- dijo con cierta desgana-, pero pareciera que ha desaparecido de la ciudad, se ha ido, ja, ja, ja, ja… ¿acaso tenía interés en la joven que lo acompañaba? Vaya mierda ¿Dónde estás pequeña rata?
En todo caso, a pesar de la lentitud de sus pasos Shirou se dirigía a la escuela. Lento pero seguro tenía un objetivo fijo; pero incluso cuando la tarea humana sea de lo más sencilla la naturaleza nunca te dejara hacerlo con tranquilidad, más si eres un demonio. El joven pelirrojo caminó, de una manera pausada cruzó un árbol de abeto, en medio de una calle gris muy pequeña y al hacerlo sintió una energía que lo envolvió como un manto, una ventisca repentina que lo golpeó con energía, lo atrajo hacia sí y lo abrazó con fuerza. Al soltarlo, como si aquella energía fuera una dama esquiva, Shirou cayó al suelo mareado, intentó ponerse de pie pero la piernas le flaquearon, tenía la mirada borrosa y era incapaz de ver a más de 10 centímetros al frente de sí mismo. Pero el joven de cabello rojo blanquecino sintió como si la tierra a su alrededor desapareciera.
Ya al ponerse de pie, ya con la mirada aclarada, él no se encontraba en una calle pequeña cerca de un abeto. Era un lugar totalmente distinto un lugar que obviaba todo lo que podía pensarse correcto. Shirou se encontraba en una habitación, o un salón, o una casa, o un castillo, o una fortaleza o el interior de una montaña, todo de magnitudes difícilmente apreciables y de un color azul profundo. Dicho color era tan frío que solo su presencia permitía a la temperatura bajar 10 grados Kelvin. El suelo parecía de hielo o de cristal opaco, aunque también podría ser Halita. Las paredes, las que difícilmente alcanzaban a notarse, eran picudas y lisas a la vez, el azul de su propio comportamiento las dotaba de personalidad. La profundidad y la lógica desaparecían de aquel lugar.
Shirou atravesó aquella indescifrable sala, y mientras avanzaba notó cuadros, o fotos vivientes con personas (dibujadas o fotografiadas con el más obsesivo de los detalles) que parecían vivir dentro de los mundos de aquellos cuadros; eran tierras completamente vivas que no se acercaban a nadie porque los marcos de las fotografías actuaban como ventanas irrompibles. Debajo de cada una de ellas una inscripción, Shirou leyó atentamente y con detenimiento las pocas que pudo notar. Eran tres líneas en cada epitafio que decían lo siguiente
Rodrigo Diaz de vivar: caballero notable, guerrero sorprendente,
Clasificación: héroe; nivel 3.5
Se rechaza debido a su propia nobleza.
Roland le preux, incansable e inagotable, a de vivir una leyenda.
Clasificación: héroe; nivel 4
Se rechaza debido a su odio, racismo y fanatismo.
Sirgud das volsug, insuperable e inigualable, su nombre ha de ser inmortalizado
Clasificación: héroe; nivel 4.2
Se rechaza debido a su excesiva confianza.
El Pelida Aquiles, no existe otro como él los poetas recordaran su nombre por generaciones
Clasificación: héroe, nivel 4.2
Se rechaza debido a su excesiva cólera que solo causará infinitos males.
Gaius Marius: gran dirigente, estratega inigualable.
Clasificación: héroe, nivel 3.
Se rechaza ya que no sabe dirigir su ambición.
Aníbal barca: si ha de existir guerrero envidiable es él.
Clasificación: héroe, nivel 3.5.
Grandes victorias le ha ceñido, pero se rechaza ya que no podría controlarlo.
Jeanne d'Arc: si existe ha de ser contado y no hay mejor narrador que la pureza por ello ella es la doncella de Orleans
Clasificación: héroe, nivel 5
Aquel no que no necesita poder no es necesario otorgárselo, por ello se rechaza.
Así como estos, había muchos otros epitafios, con diferentes nombres, con diferentes personalidades de la historia. Cualquiera que por motivos que no hace falta explicar entrara en aquel lugar por, digamos, "la puerta principal" diría que se haya en un lugar extraño, o en la habitación de un dios coleccionista. Pero Shirou no era una de esas personas, su mente se desvió en gran medida de esa suposición, sus ideas no podían estar más alejadas que de esa impresión común.
- ¡El trono de los héroes!- dijo el joven y esas fueron sus primeras palabras tras haber sido abrasado por aquella extraña fuerza. No dijo más, no dijo absolutamente nada más, estaba mudo. Aquella habitación lo sorprendió de tal manera que a Shirou le era imposible pronunciar palabra alguna, pero no hacía falta. Digamos también que el visitante común como Shirou se equivocaron en su apreciación, pero he de ser franco, la naturaleza de aquel lugar y su extraña atmosfera hacen tan complicado afirmar cualquier cosa que, sinceramente, hacen preferible cualquiera de las otras interpretaciones.
El joven siguió caminando, continuó avanzando y leyendo los epitafios con tal lentitud que era exasperante. La naturaleza del tiempo en aquel castillo era tan difusa que no puedo afirmar si el joven pelirrojo estuvo leyendo un minuto o seis horas. Pero incluso en lo más lento, la tarea más tediosa tiene un fin y en este caso es igual. No pasó mucho tiempo, o por el contrario pasó una eternidad, antes de que Shirou llegase, a través de un sinfín de caminos de enrevesada naturaleza, a una extraña sala.
Aquel lugar era diferente al resto, era más sencillo y podía decirse con completa seguridad que era un gran salón. En él, colgadas de las paredes como si fuera un tapis, había pantallas, no eran cuadros ni fotografías, eran pantallas de una definición no descubierta. En ellas se vislumbraba fuego y guerra, pero también paz. Era una paz extraña, un pájaro durmiendo entre las balas y el fuego de una sonrisa. Con todo el joven de cabello blanquecino estaba asombrado, no tanto por lo que veía, sino por la normalidad de todo. También, tres lapidas, o más que lapidas monumentos, o más que monumento estantes muy bello.
En esto último, a aquellos estantes brillaban, brillaban como si reflejaran una luz que no provenía de ninguna parte. Los tres eran hipnotizantes, tenían forma de una pequeña pirámide escalonada. El primero, el que Shirou tenía a su derecha, brillaba con un azul aguamarina intenso, el de su izquierda brillaba con un rojo con remates dorados, y el del centro pululaba entre el negro y el dorado. En dos de los tres estantes había un objeto, que flotaba como si un viento suave lo elevara. A quien le faltara su reliquia era al estante rojo, en el azul no podía verse del todo bien, era como si a los ojos de Shirou fuera un objeto indistinguible, pero ciertamente, le producía dolor el sentir la presencia de aquel objeto, que parecía envuelto en niebla. Pero en el estante del centro si había claridad. Flotando cual espada de Damocles otra espada. Tenía un mango color rojo, era largo, suficiente como para dos pares de manos, el cuerpo de la hoja, parecía un dispositivo que se habría para liberar una hoja hecha de luz. Si es así entonces la espada tenía dos partes, la primera que se unía al mango a través de un círculo enchapado en uno de sus costados y que, alrededor de este poseía la forma más simple de un mandoble, con un refuerzo extra en la parte izquierda. La segunda parte se unía como una grapa a la parte derecha de la hoja alargando aquella zona con el aspecto de una katana. Todo tenía un color que, a falta de mayor claridad, parecía provenir de quien lo mira.
Shirou se concentró en aquella hoja, observándola durante un rato, tras el cual escuchó pasos. Observando su dirección notó que parecían provenir de ninguna parte, y así, como si fuese un alma repentina, apareció un joven. Aquella persona camino por la habitación ignorando a Shirou por completo. Era un joven con presencia de viejo, tenía una camisa roja y unos pantalones cafés que le llegaban a hasta los tobillos, ojos azules y cabello rubio despeinado, no parecía tener más de 17 años, sus brazos no eran demasiado largos y su mirada era tranquila, no parecía ser violento o tener deseo de guerra. Se acercó a la espada, la miró con detenimiento y la tocó ligeramente con la yema de sus dedos. Tras esto observó al que lo miraba con sorpresa.
- Te veo aquí, tal como quería- le dijo a Shirou aquel hombre- no te diré dónde estas, no te diré que es todo esto.
Tras esto el joven rodeó un poco la espada y ubicándose entre ella y Shirou le dijo este último – no sería divertido si te lo dijera tan rápido ¿no lo crees? Aun así, mirala- el joven señaló la espada- ¿no es bella? Todo tiene su momento y llegara en el que sabrás que es, a menos que te conviertas en cualquiera de los otros retratos. En todo caso ven a visitarme.
Tras decir esas palabras otra energía rodeo a Shirou, esta vez era visible y de un color morado, lo rodeó con fuerza y lo estranguló con una soga, se vio envuelto en una nube de torbellino que lo halaba con fiereza. La habitación, la extraña mazmorra se vieron desvanecidas y Shirou notó como si saliera de una montaña nevada. Cualquier palabra al respecto no tendría sentido y luego después de un rato él golpeó con el duro concreto. Como un huracán todos sus sentidos volvieron y vio aquel lugar, la calle estrecha tras el abeto y lo embargó el dolor, rodeándolo por completo cual millar de agujas. Ya nada tenía sentido y Shirou intentando ponerse de pie se vio vomitando, expulsando algo que no parecía de su cuerpo. Ya tenía búsquedas que hacer y ahora sin noción del tiempo se desmayó.
Nota del autor
Primero, este es mi primer fanfín.
Segundo, sea cual sea tu opinión, me alegraría conocerla independientemente del idioma o país al que pertenezcas.
Tercero si te preguntas ¿Qué versión de Shirou uso lo revelare más tarde?
Cuarto no soy muy fanático del ecchi pero al ser dxd es necesario, mas no se usara en exceso, así mismo habrá unos cambios en la personalidad de Issei, no será cien por ciento de las novelas ni del anime y va a tener su propio desarrollo.
