Rukia bajó del auto una vez que lo estacionó frente a su casa, en ese momento no tenía ganas de meterlo a su garaje. Estando frente a la puerta principal de su hogar, se detuvo por unos segundos, su mente y corazón seguían vagando por la voz de su madre. Recordarla dolía, escucharla le acuchillaba el corazón, especialmente cuando recordaba las veces que cantaba hermosas canciones de cuna o regalaba abrazos con sus cálidos brazos. Todas esas hermosas y melancólicas imágenes se instalaban en su cabeza, su madre arrullando a Ichigo, su madre abrazando a Ichigo. Siempre él.

Respiró hondo, sacudió ligeramente el cuerpo y adoptó una postura más relajada. Desde el lugar donde estaba podía escuchar las risas de sus amigos.

Una vez que entró a su casa, dejó las llaves de su auto en la mesita del recibidor, su abrigo colgado en el perchero y los amargos recuerdos, en su corazón.

— Hola, disculpen la tardanza pero…

Se interrumpió a sí misma al ver a su amiga Matsumoto y Aizen con una galleta en el rostro, tratando de llevarla a su boca con los músculos faciales, mientras Hinamori les echaba porras. La escena le provocó gracia, permitiendo que en sus labios rosados se curvara una adorable sonrisa. Durante años se lamentó la fatídica historia de su familia pero sus amigos lograban tejer los pedazos rotos de su corazón, realmente los amaba y no se podía imaginar un mundo sin ellos.

—Vamos Matsu, tú puedes. — animó Rukia acercándose más a ellos.

Aizen se distrajo, por lo tanto su galleta cayó al piso y Matsumoto resultó la ganadora. La chica se levantó de la silla con demasiada energía.

—¡Eso! Sabía que podía vencerte. — gritó con efusividad.

Hinamori, Aizen y Matsumoto se acercaron a Rukia y le dieron un gran abrazo, extrañando a la chica. Al no poder deducir qué los impulsó a hacer un acto tan afectivo, se permitió sentir la calidez de su abrazo.

—Señorita Kuchiki, sea usted bienvenida a su casa. — dijo Hinamori cuando se separaron de ella.

Cuando el grupo de amigas se reunieron, decidieron que ya era momento de cambiar de atuendo y ponerse sus pijamas. Rukia y Matsumoto decidieron preparar los bocadillos para la película y la larga charla que lo secundaría. La azabache trataba de ya no seguir pensando en la llamada de su madre, en la relación confusa con el DJ y también la loca posibilidad de que él fuera Ichigo. Habían tantas cosas en su cabeza que le costaba concentrarse en el ahora.

La actitud pensativa de su amiga no pasó desapercibida por Matsumoto, así que aprovechó que sus dos amigos se encontraban extrañamente ausentes para entrevistar rápidamente a su amiga. Dejó los platos sobre la mesa y se colocó a lado de ella.

— Kia, cariño ¿Te encuentras bien?

La nombrada siguió ordenando el lugar para poder concentrarse en otras cosas.

—Claro que estoy bien ¿Por qué piensas que hay algo mal conmigo? — contestó la azabache de una forma tan directa que parecía que se encontraba molesta.

Esa no era una buena señal para Matsumoto, así que decidió acortar más las distancia que había entre ella y su amiga, la tomó de los hombros, la vio directamente a los ojos y comenzó a hablarle con sinceridad.

—Porque estás dispersa — al ver qué Rukia iba a negarlo, decidió hablar con rapidez y poder interrumpirla — Acabas de poder las galletas restantes dentro de una taza.

Al sentirse delatada por su propio inconsciente, bajó el rostro derrotada y una pequeña lágrima de frustración descendió por su rostro. Matsumoto la limpió con delicadeza y calidez para después regalarle un abrazo.

—Querida, sabes que aquí estoy para ti. Cualquier cosa que me quieras decir, te escucharé. Eres como una hermana pequeña para mí. — declaró la chica de pronunciadas curvas mientras pasaba sus dedos entre las finas hebras azabaches de la cabellera de Rukia.

Una vez que se sintió con mejor ánimo, las dos se separaron y siguieron charlando hasta que aparecieron sus otros dos amigos. Ya que todo estaba listo, llevaron las cosas a la sala y prepararon las mascarillas.

—Yo tengo algo que contarles. — dijo Matsumoto mientras peinaba a Hinamori, todas la voltearon a ver — En el departamento que está a lado mío se acaba de mudar un chico, es un año mayor que yo y — hizo una pequeña pausa para aumentar la tención entre sus oyentes y cuando se sintió satisfecha, prosiguió — está soltero.

Todos la voltearon a ver entusiasmados.

—¿Crees que él sea el indicado? — preguntó Aizen mientras bebía de su té.

—¡Ay, por favor! Eso no existe. El amor romántico ya está sobrevalorado por la inexistencia que tiene en el mundo actual. — respondió hastiada la chica — Pero, creo que podría compartir muy buenos recuerdos con él. No creo que sea mi media naranja porque aceptémoslo, este mangazo como yo, ya está completa… Todas estamos completas.

Las chicas se sonrojaron levemente por las palabras tan alentadoras de su amiga y a Aizen se le hizo maravilloso que sus amigas compartieran ese sentimiento. Él preparaba la mascarilla así que después de untársela en el faz de Rukia con cuidado, pasó con Hinamori aprovechando para poder apreciar mejor el rostro de la fémina. Ella al no poder moverse le pidió a Aizen que le pasara una galleta y la colocara en su boca. Este acto fue parcialmente erótico para el varón pero hizo todo lo posible para mantenerse al margen.

La actitud de su amigo no pasó desapercibida por Rukia quien prefirió mantenerse callada.

Entre el amplio catálogo otorgado por Netflix, escogieron una película titulada ¿No es romántico?, a pesar de que tenía demasiados distractores visuales, Rukia seguía divagando en la voz resucitada de su madre y nuevamente, está actitud no pasó desapercibido por el resto de sus amigos.

—¿Todo bien, Rukia? — preguntó Aizen mientras se sentaba a lado de ella y la tomaba de la mano.

Ella dudó por unos segundos si podía contarles lo sucedido con su madre pero eso significaba hablar sobre toda su infancia y ese era un tema tan amplio y doloroso que decidió cambiarlo por otra situación más entretenida.

Se sentó en el piso, tomó una gomita, se la llevó a la boca y comenzó a hablar.

—Un chico me invitó a la playa — soltó con toda la naturalidad del mundo.

Sus amigos impresionados, pausaron la película y concentraron toda su atención en su amiga

—Y creo que… Nos gustamos. — prosiguió, bajando su rostro sonrojado y con el corazón al mil por hora.

Sus amigos intentaron sacarle más información sobre aquel chico que había cautivado su corazón sin embargo por más que le insistieron no lograron nada. Frustrados, siguieron viendo la película, con sus mascarillas limpiando su piel y el azúcar de los dulces entrando por su cuerpo.

Al día siguiente Rukia se levantó temprano para limpiar un poco la estancia y pensó en preparar el desayuno para sus amigos pero dedujo que hacerlo en equipo sería más divertido. De pronto, Aizen salió entre la penumbra de la habitación en la que se había dormido y decidió ir al comedor, se sobresaltó ligeramente al encontrar a su amiga de baja estatura en aquel lugar con la vista perdida en el horizonte y sus pensamientos en los futuros alternos.

Se talló los ojos con pereza y caminó hacia ella, al parecer estaba muy adentrada en sus pensamientos pues a pesar de la cercanía no se percataba de la presencia del varón. Ante este ensimismamiento, él aprovechó para darle un leve golpe en la cabeza.

La azabache se llevó las manos a la zona afectada y soltó un pequeño chillido, se dio la media vuelta y se encontró a su amigo con una gran sonrisa.

—Buenos días feo durmiente. — saludó Rukia con molestia mientras acariciaba su cabeza

—Buenos días gnomo zombi, ¿En qué tanto piensas? — preguntó el varón mientras se sentaba en una de las sillas de mesa, señaló la silla contigua a la suya para que la chica se sentara.

Rukia dudó en contarle todo lo sucedido a su amigo.

—¿Es acerca del chico? — volvió a preguntar Aizen con amabilidad. El silencio de la chica parecía decir todo lo que él necesitaba saber.

—No me quiero enamorar, al menos no todavía. — confesó mientras bajaba la cabeza abatida.

—¡Ja! No te quieres enamorar cuando… — hizo una breve pausa mientras su amiga volvía a levantar la mirada para conectar con el suya — Cuando ya te has enamorado.

"Touché" pensó la azabache al sentirse rápidamente descubierta.

—No creo que sea conveniente de hablar de miradas perdidas y corazones alborotados ya que me he dado cuenta de como ves a Momo. — contratacó Rukia con firmeza mientras adoptaba una postura altanera.

Aizen se sintió indefenso al ser descubierto por su amiga.

—¿Se nota demasiado? — preguntó en voz baja.

—Sí.

Contestó una voz femenina que los dos reconocieron inmediatamente, la sangre de ambos descendió rápidamente por su cuerpo al pensar que habían escuchado su breve pero reveladora conversación.

— Buenos días Momo. — saludó Rukia con toda la normalidad que pudo adoptar en cuestión de segundos.

—¿De qué hablaban? — preguntó Hinamori mientras se acercaba a sus amigos junto con Matsumoto.

Al parecer su amiga no había escuchado nada, lo que les permitió respirar tranquilamente.

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Ese día, el DJ Shiba se despertó una hora antes de que la alarma de su celular sonara, el cual era un comportamiento extraño por parte de él sin embargo sus pensamientos estaban ocupados por el fino rostro de aquella fémina que lo había cautivado desde la primera vez que la vio.

Encendió su televisor para tratar de entretenerse en otra cosa sin embargo le resultaba imposible.

¿En qué momento aquella pequeña bruja había lanzado un hechizo a sus ojos para que estos le pidieran verla cada vez que su cuerpo le pedía oxígeno?

Era evidente su falta de concentración, así que decidió bajar el volumen del aparato y dejarse llevar por el sonido de sus cavilaciones. Su corazón les decía que está vez las sensaciones que su cuerpo sentía cada vez que estaba a lado de ella eran diferente pero su cerebro le decía que se tomara su tiempo. Siendo sincero consigo mismo, Orihime tenía razón, se había comportado como un patán con la mayoría de las chicas con las que había estado. Si era cierto que sus sentimientos hacia Rukia eran diferentes en comparación con las otras chicas, tenía que demostrarlo pero ¿Cómo?

Con frustración se sentó en borde de su cama, apoyó los antebrazos sobre sus muslos y removió su cabello con sus manos, se quedó en esa posición durante unos minutos hasta que decidió actuar. Se reincorporó y tomó su celular que estaba sobre la mesita de noche, buscó entre sus contactos el número de su amiga. La espera se le hizo eterna a pesar de que no había sonado el tercer pitido en la línea telefónica.

· Bu-bueno ¿Quién habla? — contestó Orihime con una voz adormilada.

— Buenos días, señorita Inoue. — saludó Shiba más tranquilo, volviendo a acostarse en su cama. Pasaron unos cuantos segundos más hasta que la chica recobrara los sentidos en su totalidad.

—¿Kaien? ¿Qué quieres? — preguntó ella con fastidio.

—Quiero hacer las cosas bien.

La respuesta del varón fue tan ambigua que ella comenzó a pensar que su amigo hablaba dormido o sería sonámbulo.

—Pues márcame cuando estés cien por ciento despierto.

—No me comprendes Hime, quiero hacer las cosas bien con Rukia. Ya no quiero ser un patán como dicen las mujeres. — aclaró el chico ligeramente molesto.

Del otro lado de la línea se escucharon unas cuantas palabras casi inteligibles por parte de la fémina pero Kaien decidió restarle importancia.

—Muy fácil, comienza a pensar qué es lo que la otra persona necesita.

—Entonces ¿Le compro cosas nuevas?

—¡No! Si serás idiota — regañó Orihime a su amigo, inhaló y exhaló para poder serenarse y así continuar — ¿Algunas vez le has preguntado a alguien como se siente?

El DJ hizo un breve pausa para pensar en la pregunta planteada por su amiga, dándose cuenta de que esas palabras nunca fueron tan relevantes ya que en su familia no se trataban los sentimientos. Un pequeño pero molesto nudo se le formó en la garganta, carraspeó y contestó abatido:

—No, pero, si satisfago las necesidades de ella ¿Cuándo satisfaré las mías? — un toque de molestia se podía distinguir en su voz.

—Todo depende de la comunicación que tengas con tu pareja.

Una parte de Orihime no podía creer que estaba ayudando a su amigo a mejorar en una relación amorosa donde su mejor amiga de la infancia estaba involucrada. Se sentía feliz de que su Kaien intentará cambiar por el bien de los dos y la relación que estaban construyendo, sin embargo, otra parte de ella tenía miedo a que los dos metieran la pata, arruinando mucho de ellos. Tanto su corazón como alma. Sólo le quedaba ser optimista ante la situación.

—¿Cómo sabré cuales son las necesidades de Rukia? — volvió a preguntar Shiba.

A veces parecía que su amigo no escuchaba o simplemente no sabía usar el cerebro. Fastidiada contestó con la palabra clave.

—Comunicación. — fue lo único que dijo y sin esperar respuesta por parte de su amigo, colgó la llamada.

Con miles de dudas atacando su cabeza, decidió ver unos cuantos videos e imágenes sobre couple goals. Una vez que sintió lo suficientemente ilustrado, decidió mandarle un mensaje a Rukia y después vestirse para poder verla.

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Los cuatro amigos comían alegremente en la casa de Rukia.

Ella se sentía más feliz de lo normal, en especial cuando leyó el mensaje de Kaien.

Shiba

Buenos días, cariño.

7:37 AM

De pronto el timbre de la puerta principal sonó por la casa, llamado la atención de los ocupantes. La anfitriona decidió atender la nueva visita, lo cual no exigía demasiado esfuerzo. Entre risas por las anécdotas de sus amigos, caminó hacia la puerta, una vez que la abrió, su corazón se detuvo por unos cuantos milisegundos, descendiendo su temperatura.

Delante de ella se encontraba el hombre que le había arrebatado tantos besos, caricias e incluso gemidos. Recorrió su mirada de abajo hacia arriba, pudiendo apreciar mejor su vestimenta, llevaba unos pantalones negros, una playera del mismo color pero con cuello de tortuga, resaltando las facciones masculinas de su rostro, con un abrigo beige y en sus manos se encontraba una rosa rosa.

—Hola, y-yo… — tartamudeó torpemente el DJ una vez que estaba frente a ella. Durante el camino estuvo practicando lo que le diría una vez que se vieran a los ojos pero las ideas abandonaron su cabeza. — Te he traído está rosa.

Tonto, así se sentía.

Rukia tomó la flor entre sus dedos sin embargo, el talló de está se encontraba impregnada de espinas, las cuales, al entrar en contacto con la fina piel de la chica, la pinchó. Cómo acto reflejo dejó caer la rosa y en sus dedos la sangre comenzó a brotar.

Rápidamente, Kaien tomó la mano de la azabache y la llevó a su boca para poder absorber la sangre que emanaba. Al principio ignoraban la situación tan erótica pero sus gemas se conectaron y algo semejante a la magia, hizo que el oxígeno regresara a su cuerpo. De nuevo se sintieron vivos.

El varón alejó sus labios de la mano de Rukia. Tomó de la cintura a la chica y acercó sus labios a los de ella para poderle dar un beso. El primero fue tierno, pero con el paso de los segundos sus cuerpos exigían gozar de sus salivas.

Las amigas de Rukia al ver qué ella no regresaba, decidieron salir del comedor e ir hacia el lugar donde se encontraba su amiga. Grata fue la vista al ver como la azabache se comía a besos con otro hombre que no fuera Renji. El tiempo seguía circulando y parecía que los tórtolos no iban a separarse, así que Aizen dio un pequeño carraspeo para que se dieran cuenta de que no estaban solos, sin embargo no funcionó. Ligeramente anonadados, los tres hicieron el mejor y más audible carraspeo para sacar del ensimismamiento en el que se encontraba la pareja.

Después de lograr escuchar los sonidos emitidos, ambos se separaron.

Rukia vio a sus amigas con timidez, se mordió el labio inferior y sin decir palabra alguna, los tres se marcharon para seguir desayunando y poder marcharse. Una vez que volvieron a estar a solas, Kaien tomó la rosa que se había caído minutos atrás y luego la depósito con más cuidado en las manos de la chica.

—¿Sueles regalarle flores a las mujeres para que después puedan tener sexo? — preguntó Rukia directamente mientras rozaba con sus dedos los suaves pétalos rosas.

—No, de hecho es la primera vez que hago algo así. — contestó con toda la sinceridad que pudo.

De pronto un silencio se instaló en el lugar, los dos se volvieron a acercar pero está vez con una diferencia, no era para besar sus labios sino para acariciar su alma. Shiba volvió a tomar a Rukia de la cintura y la apoyó en su torso, compartieron el calor que emanaban sus cuerpos, ella colocó el perfil de su rostro sobre él y escuchó la rapidez con la que sus latidos bombeaban sangre al cuerpo del chico. Ese pequeño momento fue tan íntimo que hubieran dado lo que fuera para que durara más sin embargo el destino no lo planeaba así.

—Kia, nos iremos a cambiar. — dijo Matsumoto interrumpiendo, nuevamente, a la pareja. Los dos la voltearon a ver sin separarse — Si quieres tómate tu tiempo y yo te cubro en el trabajo hoy. —propuso la fémina con una sonrisa picaresca y sin esperar una contestación, se fue del lugar.

Los azabaches compartieron una corta risa y se volvieron a separar.

—Deberías cambiarte, yo te llevo a tu trabajo — ofreció el chico con cariño mientras veía de arriba a bajo a la chica — Aunque, con tu pijama de conejos te ves bien.

Rukia le propinó un merecido golpe por burlarse de su atuendo y después lo dejó en la sala para que la esperara.

Los cuatro amigos salieron de la casa de Kuchiki preparados para un nuevo día en más trabajo. Se despidieron momentáneamente y cada uno se fue en su auto.

Una vez que el lugar se encontraba deshabitado, pasaron unas cuantas horas para que alguien entrara a la morada sin problema alguno, gracias a que poseía la clave de entrada. Vagó con nostalgia por el lugar, observando la limpieza de las habitaciones a pesar de que esa misma noche había tenido visitas.

No podía estar mucho tiempo en ese lugar porque podrían reconocerlo así que caminó hacia la sala y dejó sobre la mesa central, un diario que alguna vez le perteneció a un pequeño niño con cabellera naranja.